He aquí algunos escritos, originalmente en versos, del interesante poeta Aurelio Clemente Prudencio. Su clave interpretativa está en la doctrina cristiana y bíblica. Nótese el aporte creativo que hace el vate a la espiritualidad cristiana. Fue uno de los primeros poetas en personificar las virtudes y vicios, representándolo como un combate del alma.

UNA NUEVA RAZA ESTÁ A PUNTO DE NACER; es otro hombre venido del cielo, no del barro de la tierra, como el primero; es Dios mismo revestido de la naturaleza humana, pero libre de las imperfecciones de la carne.

El Verbo del Padre se ha hecho carne viviente; hecha fecunda por la acción divina, y no por las leyes ordinarias de la unión conyugal, una joven le ha concebido sin mancha y va a darle a luz.

Un antiguo y violento odio reinaba entre la serpiente y el hombre; el motivo era la futura victoria de la mujer.

Hoy la promesa se ha cumplido: bajo el pie de la mujer, la víbora se siente humillada.

La Virgen que ha sido digna de dar a luz a Dios, triunfa sobre todos los venenos. La serpiente, ya sin armas, retuerce sobre sí misma con rabia su tortuoso cuerpo, y vuelve a arrojar su impotente veneno sobre la hierba, del mismo color verde que sus impuros anillos.

¿Cómo nuestro enemigo no tiembla, atemorizado por el favor divino hacia el humilde rebaño? Este lobo recorre ahora entristecido las hileras de ovejas sosegadas; olvidado ya de los destrozos, contiene para siempre sus fauces famosas por tantos estragos.

Por un maravilloso cambio, en lo sucesivo es el Cordero quien manda a los leones; y la paloma del cielo, en su vuelo hacia la tierra, quien hace huir a las águilas crueles que atraviesan las nubes y las tempestades.

ME LLAMO LA DISCORDIA; por sobrenombre Herejía; mi dios es cambiante -dice-; ora menor, ora mayor; a veces doble y a veces uno; cuando me place es aéreo o mera aparición fantástica; o es un alma inmanente al mundo cuando quiero burlarme de la divinidad. Mi maestro es Belial; mi casa y mi país, el mundo.

Catemerinon

 

16. Penetra luminoso en los corazones puros, que resplandecen consagrados como templos después que se han empapado de Dios en sus más íntimos senos.

19. Pero, si advierte que en las intimidades ya consagradas nace algún vicio o crimen, en seguida se aleja como de un templo profanado. El remordimiento horrible que sigue siempre a los ardores de la culpa brilla tristemente con densas humaredas, y, perverso, aleja la inocencia mancillada.

25. Y no solamente el pudor y los deseos inocentes constituyen un templo perenne a Cristo en las más hondas intimidades del corazón, sino que ha de comprimirse dentro hasta la unificación completa del asiento, renovado con los alimentos de la fe, evitando los vahos de la crápula.

31. Los corazones no embarazados con las comidas reciben con más gusto al Dios que les visita; éste es el alimento del alma y el sabor deleitable. Mas tú, ¡oh, Padre!, preparándonos un doble alimento, fortificas y llenas de vigor nuestros cuerpos y nuestras almas en ambos convites.

37. Así, tu ínclito poder en otro tiempo nutrió con manjar inopinado al hombre arrojado entre los rugientes leones. Los privados de la corte de la cruel Babilonia, juntamente con su tirano, habían condenado a muerte y a ser arrojado a las fieras, para que al momento lo devoraran con sus hambrientas fauces, a aquel que execraba la divinidad del metal fundido y que juzgaba un crimen contra Dios el inclinar su cabeza a los pies de una estatua fabricada de bronce.

46. ¡Oh piedad y fidelidad siempre segura! Los fieros leones lamen los pies al santo y temen, sin tocarlo, al que Dios ha nutrido.

49. Se tienden junto a él y humillan sus melenas; su rabia se amansa, y el hambre, refrenada, rodea la presa con fauces no manchadas por la sangre. Y cuando el encarcelado llevaba mucho tiempo y estaba falto de comida, elevó al cielo sus palmas y rogó al Señor, que de él no se olvidaba;

67. “Toma alegre y come con gusto -le dice- los manjares que el Padre celestial y el ángel de Cristo te envían a ti, constituido en tal peligro». Y, tomados los alimentos, Daniel levantó su faz al cielo; y, cobradas las fuerzas con los manjares, «Amén -dijo-, alabad a Yahvé.»

73. Así, nosotros, ¡oh Señor, dador de todos los bienes!, fortalecidos con tus dádivas, te damos gracias y cantamos himnos.

76. Tú nos guardas mientras estamos como encerrados por un funesto tirano; esto es, por el torbellino del mundo prepotente, y reprimes la fiera, que va bramando en torno e intenta devorarnos, afilando sus dientes rabiosos de furor, por lo cual te rogamos a ti solo, Dios poderoso.

82. Nos vemos aherrojados, oprimidos, arrollados por los impíos; nos odian, nos despedazan, nos arrastran, nos ultrajan; la fe va unida con frecuencia a los suplicios más inicuos.

85. Pero no falta algún consuelo en los tormentos, pues se introduce en las cárceles el alimento celestial, refrenada la ira carnívora de los leones. Si alguno quisiera llenar lo más íntimo de sus arterias bebiendo ávidamente, a boca llena, no con sorbitos delicados.

91. Éste, saciado por el profeta santo, tomará los manjares de los varones justos, que recogen sus mieses para un señor eterno. No hay cosa más dulce ni más sabrosa, nada que pueda agradar más al hombre, que los prenuncios piadosos de un profeta.

97. Tomados estos alimentos, aunque la tiranía insolente nos juzgue rebeldes y nos dé la muerte, y aunque suelten contra nosotros los hambrientos leones, nosotros, confesando siempre a Dios Padre en ti, Cristo Dios, confesaremos siempre la unidad y llevaremos siempre tu santa cruz.

Himno 5

 

05. Así premió antiguamente a nuestros padres la insigne piedad del Dios único, por cuya providencia también nosotros nos alimentamos nutriendo el corazón con manjares divinos.

137. Nosotros pasamos esa noche en convivencia santa, con gozo sobrenatural, y aunamos a porfía en la vigilia nocturna nuestras súplicas, que llegan al Señor, y sobre el altar bien preparado celebramos los misterios.

Himno 9

58. Con el alimento de cinco panes y dos pececillos se sacian por completo millares de comensales y se recogen doce canastas de sobras de comida.

61. Tú eres nuestra comida y nuestro pan, tú la eterna dulzura; no puede ya sentir hambre quien recibe tu alimento; no llena el vacío del vientre, pero se nena de vida.

Aurelio Clemente Prudencio, Calahorra, 348-410

​Apoteosis

 

355. ¿No adviertes, desgraciada, que tú retratas al vivo nuestra pascua y que con las prolongadas figuras de la antigua ley representas todo el misterio que contiene la verdadera pasión, la pasión que protege con sangre nuestra frente y que, señalando el rostro, unge la casa de nuestro cuerpo?

430. Se amansaron los getas, y la cruel fiereza de los gelonos, que ávidamente mezcla en sus copas la sangre con la leche, ya bebe el licor precioso de la sangre de Cristo.

Psicomaquia

 

59. Después, Cristo Señor que es el verdadero Sacerdote nacido de Padre inefable, ofreciendo su alimento a los dichosos vencedores, entrará en la pequeña morada del corazón puro, dando a conocer el honor de la Trinidad inhabitadora.

64. Después, el Espíritu, unido amorosamente al alma su esposa, la hará fecunda en obras eternas, aunque antes hubiera carecido de todo fruto. Entonces, la tardana madre, provista ya de su dote, llenará la casa del Padre con un heredero digno.

¿No os acordáis del maná celestial que Dios enviaba a los campamentos de nuestros abuelos, y del que en esta era tardía se ha dado al pueblo, y que es el cuerpo de Cristo? La crápula de la torpe lascivia os arrastra a su inmundo lupanar a vosotros, que os habéis saturado con esos manjares del cielo.

Peristefanon

Himno 2

65. Se ha divulgado que ésta es la costumbre y ésta es la ordenación de vuestros sacrificios, que es la táctica de vuestra sociedad: que beban los sacerdotes en vasos de oro.

69. Dicen, que la sagrada sangre humea en copas de plata y que las antorchas de cera están fijas en candelabros de oro durante vuestros nocturnos sacrificios.

Himno 3

 

Así, conviene adorar sus huesos, sobre los que se ha levantado un ara. Ella, acurrucada a los pies de Dios, atiende nuestros votos y propicia por nuestros cánticos, favorece a sus pueblos.

Himno 11

 

169. A tales reconditeces se ha confiado el cuerpo de Hipólito, junto al lugar en que está puesta el ara dedicada a Dios.

171. Aquella mesa dispensadora del Sacramento, hecha al mismo tiempo depositaria fiel de su mártir, guarda en el sepulcro los huesos que ha de premiar el Juez eterno y alimenta al propio tiempo con manjares divinos a los habitantes de la orilla del Tíbet.

175. La santidad admirable del lugar y el ara propicia a los que suplican robustece la esperanza de los fieles con benignas concesiones.

Aurelio Clemente Prudencio, Calahorra, 348-410