Panadera, soldadera,
que vendes pan de barato,
cuéntanos algún rebato
que te aconteció en la Vera.

Di, Panadera.

Un miércoles que partiera
el príncipe don Enrique
a buscar algún buen pique
para su espada ropera,
saliera sin otra espera
de Olmedo tan gran compaña,
que con muy fermosa maña
al puesto se retrujera.

Di, Panadera.

El señor rey, desque viera
como el príncipe venía,
con muy gran melancolía
luego en punto proveyera;
y mandó sacar afuera
el su pendón ensalzado
para pasar luego el vado
con noble gente guerrera.

Di, Panadera.

La de Estúñiga, que era
escuadra bien conveniente,
la mitad de la su gente
sabe Dios lo que quisiera;
mas como gente granjera,
de su señor natural
con ardimiento leal
acompañó su bandera.

Di, Panadera.

En cátedra de madera
vi al obispo Barrientos
con un dardo sin avientos,
que a predicarles saliera,
e por conclusión pusiera
que el que allí fuese a morir
que le faría subir
al cielo sin escalera.

Di, Panadera.

Aforrado en peñavera
el perlado de Toledo
no se movió un solo dedo
de cabe la talanquera,
diciendo: «Quien se acelera
cuando un tal fecho le viene,
nunca jamás queda tiene
la barba en la cebadera».

Di, Panadera.

Por más seguro escogiera
el obispo de Sigüenza
estar, aunque con vergüenza,
junto con la cobijera,
mas tan gran pavor cogiera
en ver fuir labradores
que a los sus paños menores
fue menester lavandera.

Di, Panadera.

Con una rica cimera
armado muy gentilmente,
se halló el de Benavente
en esa escuadra tercera,
mas su gente regatera,
malandantes campesinos,
como cobardes mezquinos
ficieron la perseguera.

Di, Panadera.

Con lengua brava e parlera
y el corazón de alfeñique,
el comendador Manrique
escogió bestia ligera,
y dio tan gran correndera
fuyendo muy a deshora
que seis leguas en un hora
dejó tras sí la barrera.

Di, Panadera.

Con costumbre vocinglera,
temblando como las fojas,
va don Fernando de Rojas,
no manco de la cadera,
e por verdad muy certera
fue a la villa de Portillo,
de miedo muy amarillo,
donde guarecer quisiera.

Di, Panadera.

Salido como de osera,
Ruy Díaz el mayordomo,
tan velloso vientre y lomo
como osa colmenera:
si la fe que prometiera
la guardase, según fallo,
no comiera su caballo
en el real la cibera.

Di, Panadera.

Tomando yegua ligera
con mayor miedo que saña,
Fernán López de Saldaña,
más negro que una caldera,
saltando la barbillera
encomenzó de decir
que al que quisiera fuir
él le iría a la estribera.

Di, Panadera.

Por persona mensajera
se partiera el mariscal:
desvióse del real
con maña sutil, artera,
y maguer diz que así era
por poner paz en el ruido,
e si no fuera partido
él mismo lo resolviera.

Di, Panadera.

La persona tabernera
del vil conde de Medina
el cual será muy aína
echado en una buitrera,
lleno de figos de sera
e de torreznos e vino,
fizo más sucio camino
que jamás hombre fiziera.

Di, Panadera.

Persona tan postrimera
nunca oí yende o destroza
como Pedro de Mendoza
que es fama que se escondiera,
e dicen que descendiera
del rocín y entró en un pozo
porque de él hubiese gozo
la madre que lo pariera.

Di, Panadera.

Juan de Tovar como viera
el fecho tan mal parado,
puso su firme cuidado
en buscar la madriguera,
lo cual por obra pusiera
según que lo bien pensó,
por lo cual no falleció
a su rocín espolera.

Di, Panadera.

Más recio que lanzadera,
sin esperar adalides,
Manuel de Benavides
de este fecho se partiera;
por pesquisa verdadera
se falla cómo fuyó
e cómo en sí non dejó
quijote ni canillera.

Di, Panadera.

Su bondad non encubriera,
don Enrique el de Zamora;
por ganar honra a deshora
los contrarios ofendiera,
mas la gran gente ropera
que con él fue a desranchar
fizo, por cierto, quedar
su persona prisionera.

Di, Panadera.

Maguer de malla y gorguera
se armaba el maestre mozo,
mas no hubo menester bozo,
pues a ninguno mordiera,
antes diz que se escondiera
con gran sabor de mirar
si le cumplía apeldar
por guarecer a La Vera.

Di, Panadera.

En una cepa o mimbrera,
por su muy fuerte pecado,
estropezó el de Alvarado
e cayó en una junquera,
e la vil gente ovejera,
villanaje de peones,
sin cadena de eslabones
le ataron a una figuera.

Di, Panadera.

Asaz honroso acudiera
a sus valientes varones
mosén Diego de Quiñones
cuando las piernas batiera;
tan adentro se metiera
que le hubiera de haber fin,
mas allí con un faquín
mucho bien se combatiera.

Di, Panadera.

Con celada sin visera
y por divisar mejor
dicen que iba el relator
más seco que esparraguera;
entre la gente pechera,
decía: «Quien tuviera hito,
para siempre será quito
de la moneda forera».

Di, Panadera.

Sin cubiertas ni testera
y sin armas, casi al mox,
el viejo al quiquiricox
llegó fasta la ladera,
dónde nunca se moviera,
como falcón madrigado,
que el aire le habían mudado
el cuchillo e la tijera.

Di, Panadera.

Vide el sellar de Jorquera,
Alonso Pérez Vivero,
con escribanía e tintero,
colgada en su linjadera,
e dentro una alcoholadera
con polvos para escribir;
quisiera dello reír,
si huiera do me acogiera.

Di, Panadera.

Vi sentado en una estera
al segundo contador,
fablando como doctor,
vestido como partera,
y si lo que a él pareciera
se pudiera allí acabar,
él quisiera más estar
cien leguas allende Vera.

Di, Panadera.

Amarillo como cera
estaba el conde de Haro,
buscando algún reparo
por no pasar la ribera;
desque vida la manera
como el señor rey pasaba,
tan grandes pedos tiraba
que se oían en Talavera.

Di, Panadera.

Aunque algún miedo toviera
el repostero mayor,
encubrió bien su temor
como aquel que le doliera
del gran miedo que hubiera,
fizo él a sus criados
juntarse con los navarros
en la batalla primera.

Di, Panadera.

Obra muy clara e placera
se mostró ser, y notable,
la que fizo el condestable
con los que se combatiera,
mas quebraran la barrera
muy aína sin dubdanza
si la su buena ordenanza
algún poco se durmiera.

Di, Panadera.

Con habla casi extranjera,
armado como francés,
el noble nuevo marqués
su valiente voto diera,
e tan recio acometiera
con los contrarios sin ruego,
que vivas llamas de fuego
pareció que les pusiera.

Di, Panadera.

Por donde se acaeciera,
maguer amarillo y seco,
el buen fidalgo Pacheco
gran espanto les pusiera,
tanto, que por sí fiziera,
según fizo, llegar donde
estaba el valiente conde,
el cual él mismo prendiera.

Di, Panadera.

El conde de Alba, maguera
buen caballero esforzado,
muchas veces se ha loado
de cosas que non fiziera;
en la batalla primera
fizo su deber por soma,
pero no tanto ni coma
por sus cartas escribiera.

Di, Panadera.

Con cara muy falaguera
e con discreción e seso,
viendo a su hermano preso,
el mariscal de Herrera
atanto se entristeciera
e se sintió tan turbado,
que después gran gasajado
nunca jamás recibiera.

Di, Panadera.

Con palabra lisonjera
e con talle gordo e feo,
el conde de Ribadeo
sin armas apareciera,
el cual, por cierto, quisiera
que el robo fuera sobejo,
porque a mozo ni aun a viejo
tan gran parte le cupiera.

Di, Panadera.

Diciendo: «¡Guarda, Herrera!»,
bullendo como graduña,
asomó Pedro de Acuña
con una falsa grupera,
mas la su lanza lardera,
pintada, garrida, ufana,
a Dueñas volvió tan sana
cual salió de la lancera.

Di, Panadera.

Tan gran trabajo sintiera
con el muy gran calor Payo,
que le vino tal desmayo
que pensó que se muriera;
maguer diz que se pusiera
con los hombres esforzados,
mucho son maravillados
cómo no se derritiera.

Di, Panadera.

Viniendo de la frontera
el mayor comendador,
desamparó a su señor,
de quien gran bien recibiera,
e como quien desespera
de toda gran nombradía,
más vergüenza no tenía
que una puta carcavera.

Di, Panadera.

Por persona consejera,
don Juan, el conde chiquito,
cabe el rey fincó su hito
e tendió su arpellera
e dicen que le dijera:
«Señor, si pasáis los trigos
sacaréis los enemigos
todos de la raposera».

Di, Panadera.

Acerca de una reguera
el alférez quedó estando;
con gran sabieza mirando
la su gente recogiera,
e en tanto que día fuera
miró sin melancolía
a qué parte convenía
apertar la calzadera.

Di, Panadera.

El de Olmedo cabecera
que era el buen rey de Navarra,
no se fue meter tras barra,
antes bien se combatiera,
ca a un caballero asiera
al cual dio asaz cuchilladas,
que lo fizo mil tajadas
junto con una ribera.

Di Panadera.

Con discreción muy somera
más que con seso constante,
el ardid señor infante
fue a dar de cabecera
en la batalla primera
que delante se falló,
por lo cual no dudo yo
que su gente se perdiera.

Di. Panadera.

Con ardideza muy fiera
según que fallo por rastro,
se lanzó el conde de Castro
en la suerte que le cupiera
ardiendo como foguera
con cuatrocientos rocines,
mas ellos fueron tan ruines
que ninguno le acorriera.

Di, Panadera.

Por ir a la sementera,
la gente del almirante
detrás de él, y no delante,
estaba cuando cayera,
aguardando la zaguera
de espaldas en un barbecho,
alejados más que un trecho
de una piedra volandera.

Di, Panadera.

Fernando que prometiera
de Quiñones por su amor
de ser muerto o vencedor,
fue muerto por la mollera;
la Virgen, procuradera
que es de todo hombre contrito,
ruegue a su Hijo bendito
que le dé gloria llenera.

Di, Panadera.

Muy puesto en la delantera
el mayor caballerizo,
más armado que un erizo,
fue el primero que fuyera,
pero un lindo encuentro diera
en un gran odre de vino;
fízole perder el tino,
tanta sangre de él saliera.

Di, Panadera.

Temblándole la contera
el repostero mayor,
del grandísimo temor
le recreció cagalera;
fuyendo en la delantera,
cuasi fuera de sentido,
todo cuanto había comido
trastornó por la babera.

Di, Panadera.

Este fecho procediera,
como oyen vuestras orejas,
por las notables iglesias
que el dicho rey destruyera,
el cual cierto mereciera,
por fazer tan gran pecado,
que con su honra y estado
al abismo se sumiera.

Di, Panadera.

Tú, Señor, que eres minera
de toda virtud divina,
saca la tu medicina
de la tu santa triaquera,
porque ya, Señor, siquiera
hayamos paz algún rato,
ca del dicho disbarato
a muchos queda dentera.

Di, Panadera

Coplas de la panadera, Anónimo, Siglo XV

Las Coplas de la panadera o Coplas de ¡Ay panadera! constituyen un poema anónimo castellano del siglo XV que describe satíricamente la cobarde actuación de la nobleza de Castilla durante la primera batalla de Olmedo (19 de mayo de 1445), en la que solo hubo 22 muertos. En esa batalla se enfrentaron Juan II de Castilla y su valido Álvaro de Luna contra Juan II de Navarra (futuro Juan II de Aragón), el infante Enrique y los nobles castellanos enemistados con don Álvaro.

Se trata de una sátira finamente escrita contra la cobardía de muchos caballeros que se hallaron en la famosa batalla de Olmedo, donde las tropas de Juan II y don Álvaro de Luna vencieron a los nobles sublevados contra el favorito real.

Consta de 47 estrofas de octosílabos divididas en una cuarteta inicial (abba) y otras cuarenta y seis coplas octosilábicas, divididas en dos redondillas (abbaacca) con el estribillo pentasílabo “Di, Panadera”. Se suelen agregar a estas dos coplas más: una, un supuesto envío del poeta Juan de Mena a Íñigo Ortiz de Estúñiga, y otra la respuesta de este quejoso por haber sido maltratado en las coplas. Estas estrofas carecen de estribillo.

Este poema político-satírico degrada con un léxico popular y hasta vulgar la dignidad de los personajes nobles salvo el rey castellano y su valido, y suele relacionarse con otras dos obras del mismo sesgo del siglo XV, junto a las cuales se erige como los tres mayores exponentes de esta tradición que critica la revuelta situación de Castilla en el siglo XV: las Coplas de Mingo Revulgo y las Coplas del Provincial. No es tan brutal ni amarga como estas últimas ni tan moderada y literaria como las de Mingo Revulgo. La crítica ha atribuido esta composición a Rodrigo Cota, Juan de Mena e Íñigo Ortiz de Estúñiga.

Entre diversos procedimientos expresionistas que se utilizan para ello se encuentran la escatología, el humor y la animalización. Se pone de manifiesto el orgullo ridículo, la avaricia, la cobardía de los altos señores. Se trata de poesía de protesta y denuncia social de los vicios y de la baja moral de los poderosos que van a la guerra sin pensar en las consecuencias desastrosas para el resto.

Hay ediciones modernas de Vicente Romano García (Pamplona: Aguilar, 1963) y Julio Rodríguez Puértolas (1989), entre otros.

Coplas de la panadera, Anónimo, Siglo XV