Carta de Buñuel y Dalí a Juan Ramón Jiménez

«Sr. Don Juan Ramón Jiménez

Madrid

Nuestro distinguido amigo:

Nos creemos en el deber de decirle -sí, desinteresadamente- que su obra nos repugna profundamente por inmoral, por histérica, por cadavérica, por arbitraria.

Especialmente:

¡¡MERDE!!

para su Platero y yo, para su fácil y malintencionado Platero y yo, el burro menos burro, el burro más odioso con que nos hemos tropezado. Y para V., para su funesta actuación, también:

¡¡¡¡MIERDA!!!!

Sinceramente

LUIS BUÑUEL SALVADOR DALÍ».

Carta de Buñuel y Dalí a Juan Ramón Jiménez

Salvador Dalí explica la carta anterior

En aquel momento queríamos mandar, para crear una especie de subversión moral, una carta a la persona más prestigiosa de España, únicamente para provocar una reacción y que la gente dijera: “¿Por qué lo han hecho?”, y tal y cual. Entonces habíamos escogido dos o tres, y habíamos pensado en Falla, que tenía un gran prestigio, para decirle que era un hijo de puta, etc.: lo más que se puede decir; los pusimos en un sombrero (los nombres), y salió Juan Ramón Jiménez. Justamente acabábamos de visitar a Juan Ramón el día anterior, que nos había recibido sentimentalmente: “A ver, esa juventud maravillosa…”, y dijo haber encontrado unos chicos magníficos en nuestro grupo. Entonces, sale en el sombrero y escribimos la carta, que era una carta terrible contra Platero, que el asno de Platero era un asno podrido, aquello de las estrellas era un sentimentalismo…; además, es verdad, a mí nunca me ha gustado Juan Ramón Jiménez, encuentro que es un poeta pésimo. En el momento de echar la carta, Buñuel tuvo una duda, pero la echó, la echamos, y al día siguiente Juan Ramón estuvo enfermo, diciendo: “No comprendo, un día antes recibo a estos chicos; me parecen… Y al día siguiente me insultan de la manera más grosera…” Y no lo comprendió nunca. Fue una cosa incomprensible.

[Agustín Sánchez Vidal, Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin, Barcelona: Planeta, 1988, pp. 191-192.]

Respuesta de Juan Ramón Jiménez

La historia de la carta, teniendo en cuenta el carácter surrealista de sus autores, tal vez no habría tenido tanto recorrido de no ser porque obtuvo respuesta: «Pero ustedes son, además de unos surrealistas, unos majaderos y unos cobardes», les escribió Juan Ramón Jiménez, poco después de reconocer, con claro sarcasmo, que se avergonzaba de su obra, «aun cuando, por desdicha mía, y según dicen constantemente los críticos de ambos sexos y del otro sexo de ustedes, haya salido de ella la mejor parte de la escritura actual española e hispanoamericana en verso y prosa, lírica y crítica».

Respuesta de Juan Ramón Jiménez
Respuesta de Juan Ramón Jiménez

En el momento pocos entendieron cómo tres de las cumbres de la cultura de nuestro país llegasen a tales palabras bochornosas —y, sobre todo, tan directas—; pero como siempre, todo hay que mirarlo desde la perspectiva de los primeros que lanzaron la piedra: «En aquel momento queríamos mandar, para crear una especie de subversión moral, una carta a la persona más prestigiosa de España, únicamente para provocar una reacción y que la gente dijera: ‘¿Por qué lo han hecho?'», cuenta Dalí en el libro de Agustín Sánchez Vidal, Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin. «Entonces habíamos escogido dos o tres, y habíamos pensado en Falla, que tenía un gran prestigio, para decirle que era un hijo de puta, etc.: lo más que se puede decir; los pusimos en un sombrero (los nombres), y salió Juan Ramón Jiménez. Justamente acabábamos de visitar a Juan Ramón el día anterior, que nos había recibido sentimentalmente: ‘A ver, esa juventud maravillosa…’, y dijo haber encontrado unos chicos magníficos en nuestro grupo. Entonces, sale en el sombrero y escribimos la carta, que era una carta terrible contra Platero, que el asno de Platero era un asno podrido, aquello de las estrellas era un sentimentalismo…».

Para rematar, concluye casi con jactancia: «En el momento de echar la carta, Buñuel tuvo una duda, pero la echó, la echamos, y al día siguiente Juan Ramón estuvo enfermo, diciendo: ‘No comprendo, un día antes recibo a estos chicos; me parecen… Y al día siguiente me insultan de la manera más grosera…’. Y no lo comprendió nunca. Fue una cosa incomprensible».