Antonio Saura Atarés nació en Huesca, el 22 de septiembre de 1930. Está considerado como uno de los más grandes artistas del siglo XX.

«La mayor parte de la obra de Antonio Saura es figurativa y se caracteriza por el conflicto con la forma. Sus cuadros son expresivos y dan la impresión de ser obsesivos en su franqueza pictórica. Es un conflicto con un mundo lleno de contradicciones y falto de seguridad, en el que impera el pesimismo».

Fue el mayor de cuatro hermanos, creciendo durante la Guerra Civil Española entre Madrid, Valencia y Barcelona. Comenzó a pintar durante cinco años en cama, obligado por una tuberculosis ósea que se le desencadenó en 1943. Tras la enfermedad inició su carrera, sin formación académica, de forma autodidacta.

Expuso por primera vez en 1950 en una librería de Zaragoza, y en 1952, así mismo en una librería de Madrid, donde exhibió temas oníricos y surrealistas. Entre 1954 y 1956 residió en París, donde se unió en un principio al  movimiento surrealista, del que se apartó muy pronto. Inició posteriormente algunos trabajos experimentales en varias series a las que tituló «Fenómenos y Grattages». En 1954 abandonó también la abstracción, y en 1956 realizó sus primeros trabajos en blanco y negro, todos ellos partiendo de la estructura de la figura femenina.

De regreso a España, fundó el grupo El Paso, junto a, entre otros artistas: Manolo Millares, Pablo Serrano, Rafael Canogar, y Luis Feito, que estuvo activo entre 1957 y 1959. En 1957 expuso por vez primera en París, en la Galería Stadler. En 1958, junto a Antoni Tàpies y Eduardo Chillida, participa en la Bienal de Venecia; y en 1959 asiste invitado a la segunda edición de Documenta en Kassel, Alemania. En 1958 realizó su serie «Retratos Imaginarios», en los que plasma a personajes históricos y antiguos maestros de la pintura y representantes famosos contemporáneos. Entre 1957 y 1970 fueron diferentes series en las que trabajó, todas ellas de gran formato, con temas recurrentes que representó a lo largo de su carrera, además de los citados Retratos Imaginarios, Crucifixiones, Damas, Sudarios, Retratos, Desnudos, Desnudos-Paisaje, Curas, El Perro de Goya y Multitudes.

Durante esta época su paleta de colores se limitó casi exclusivamente a los negros, grises y tierra. Tras asumir y dominar las últimas tendencias informalistas europeas, y el expresionismo abstracto estadounidense de ese momento,
su pintura maduró con un estilo absolutamente personal, bebiendo de la influencia recibida de Diego Velázquez, Francisco de Goya y los maestros del barroco español. Como ilustrador y litógrafo, tuvo una prolífica producción.
Sus ilustraciones para ediciones de alta calidad, como el Quijote de Cervantes, el El Criticón de Baltasar Gracián, 1984, de Orwell, Las aventuras de Pinocho, los Diarios de Kafka, o los Sueños y discursos de Quevedo entre otros.

En 1958 expuso con Antoni Tàpies, que junto a él, constituyen los máximos exponentes del informalismo español, en una muestra en la Documenta de en Múnich. A partir de 1960 abandona el uso exclusivo de los tonos blancos y negros. Desde 1961 comienza a exponer de forma regular en la Galería Pierre Matisse de Nueva York. En 1965 decide destruir más de cien de sus lienzos. En 1967 establece de forma definitiva su residencia en París, y continua  exponiendo, ya de forma regular en en la Galerie Stadler. En 1968 abandona la pintura, retomándola en 1979; tiempo en el que continua con sus grabados e ilustraciones y a dedicarse a escribir ensayos sobre arte, de gran valor.

En 1997 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla-La Mancha, y dado su nombre a la Facultad de Bellas Artes de Cuenca. En 1998, poco antes de morir, lo hace la Galerie Lelong. Murió en Cuenca, el 22 de julio de 1998.

Su obra está representada en los más importantes museos de arte moderno de todo el mundo; en España entre otros, el Guggenheim Bilbao alberga dos magnificas pinturas y el Museo Reina Sofia de Madrid, una importante muestra.