Benito Prieto Coussent (Ribadeo, Lugo, 6 de junio de 1907 – Granada, 3 de febrero de 2001).

Desde muy temprana edad muestra vocación artística, primero se inicia en el dibujo y muy pronto también en la pintura. Su padre, fotógrafo de prestigio, supo iniciarlo en la búsqueda incansable de la belleza. Sus primeras experiencias artísticas las vive experimentando con los utensilios del ilustre pintor Dionisio Fierros, abuelo de su amigo Dionisio Gamallo Fierros. Se traslada para estudiar en Madrid con quince años y cobra una pensión de la Diputación Provincial de Lugo pero —al no contar con la edad mínima para el ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando— pasa un año formándose con el grabador Manuel Castro Gil.

Ya en la Academia, tiene como maestros a Cecilio Plá, Moreno Carbonero o Romero de Torres y a condiscípulos como Salvador Dalí. Recién terminada su formación con un brillante expediente, consigue plaza de profesor de Dibujo y se incorpora al Instituto de Tui. Funda -junto con sus alumnos- la revista cultural Tude y realizan exposiciones al final de cada curso; más tarde será nombrado Director Honorario del Instituto por toda esta importante labor. Estalla la Guerra Civil y es encarcelado en Tui por su relación con obreros —a quienes impartía clases nocturnas— y anarquistas; experiencia que marcará profundamente su carácter y su sensibilidad.

Cuando sale de la cárcel se recluye en el Monasterio de Guadalupe en Extremadura hasta que termina la guerra, y una vez terminada, contrae matrimonio con una granadina. En 1941 se trasladan a la localidad de El Padul, próxima a Granada. Se sumerge en este periodo en una etapa de introspección, de reflexiva soledad, y se aleja del mundo exterior. En la localidad granadina discurrirán los años centrales de su vida y es donde realiza su obra más emblemática y significativa, entre ellas su célebre y polémica pintura de Cristo en la Cruz, que le catapulta a la fama y es reconocida como una singular y revolucionaria aportación a la tradicional iconografía de Cristo crucificado.

Su actividad expositiva es muy escasa y en 1971 -inaugurada la Galería Bética en Madrid- se reúne gran parte de su producción, en la que sería la primera y casi única muestra individual del artista; siempre descontento con sus creaciones —por su extremo deseo de perfección— y reacio a exponerla. Su obra está presente en museos y colecciones de España y de muchos otros países.

Artista singular cuya pintura se encuadra dentro del realismo, su dibujo presenta una perfección enfermiza y su paleta es sobria y expresiva. La crítica ha calificado su obra como trágica y tremendista, y, debido a su inconformismo, que le hacía rectificar y destruir muchos de sus trabajos (llegó a pintar tres versiones más de su Cristo), su producción ha sido relativamente escasa. Destacó especialmente en el género del retrato y en los temas religiosos, aunque ha explorado las más variadas temáticas. No firmaba su obra y podemos considerarla como su propio autorretrato, pues es la plasmación de su propia espiritualidad humanística.

 

Fuente | AFundación