El videoarte de MARCK no debe desligarse de los aparatos que lo muestran y de las instalaciones que lo contienen. Por lo tanto, está firmemente en un linaje que comenzó con Wolf Vostell, Martial Raysse y, sobre todo, Nam June Paik en la década de 1960. MARCK supera a sus predecesores al desdibujar las líneas entre video e instalación. En sus piezas con agua en las que en el vídeo una mujer se mueve dentro de una palangana hay un cuadro idéntico, real, instalado en el monitor.

En el espacio entre el nivel superior del monitor y el nivel de iluminación hay otra parte de este marco real. Debido a que los tres (el cuadro en el monitor, el del espacio intermedio y el cuadro filmado) son idénticos, para el espectador no está claro qué es la realidad y qué es la película. Especialmente porque nuestros hábitos de visualización nos sugieren que lo que vemos en el monitor es siempre un video. MARCK engaña así a nuestra percepción sensorial y nos hace pensar que donde hay un objeto real, en realidad hay una película.

Las obras de MARCK se interrogan así sobre la esencia de la imagen y del objeto representado. Desde “Ceci n’est pas une pipe” de Magritte sabemos: No es una pipa, es la imagen de una pipa. MARCK invierte esto y podríamos alterar lo que dice Magritte: “Mais si, c’est une pipe!”: ¡Y sí que es una pipa! !” Porque lo que consideramos un video, lo que consideramos una imagen, es de hecho el objeto real.

Thomas Haemmerli 2016