De entre otros muchos, cuatro profesores, cuatro maestros de vida. La “Señorita Josefina”, “el Cayón”, el “señor Valls” y el “señor Camps”. A ellos todo mi agradecimiento y admiración…

Jaume Camps Poch

Jaume Camps Poch. ¡Qué decir del viejo Camps! ¡Qué decir de aquel curso inolvidable! Me mostró los dones que poseía, que es lo máximo que puede hacer un profesor por nadie. Catalanista inteligente, demócrata hasta la médula, trató por igual a falangistas, a militantes de Bandera Roja y del FRAP, a secretarias apolíticas, a cantautores amateurs y a los artistas anarquistas. Su vocación era desvelar el pensador que todos llevamos dentro y sus clases de historia y de literatura eran un compendio de magnanimidad: Lorca, Alberti, Miguel Hernández, Machado, Unamuno, Galdós, Baroja, Espronceda, Ortega, El extranjero de Camus… siempre con ese mínimo pitillo liado en los labios, casi una colilla, preguntando, preguntando, huyendo del dato para encontrar el razonamiento. Me enseñó que era posible expresarse libremente, que podíamos organizar concursos literarios y recitar poemas a la luz de las velas. Nos enseñó a ser nuestros propios maestros.

Cuatro profesores

Joan Valls Borí. Enseñaba a pensar. Enseñaba a querer lo que enseñaba. Amable, serio, atento, cercano, afable, dedicado. Se hacía respetar con la palabra en la mano y en la boca. Se hacía respetar respetando. Explicaba repitiendo siempre diferente. Explicaba dialogando. Los niños le querían y las madres le admiraban. Inteligente, muy inteligente. Un avanzado a su época.

Cuatro profesores
Cuatro profesores
Cuatro profesores
Cuatro profesores

Don Emilio Cayón. Su disciplina y su sentido del respeto acompañaron los años de mi infancia. En el patio, a las nueve de la mañana, hiciera el tiempo que hiciese, clase de gimnasia “sueca” (frente a nosotros hacía todos y cada uno de los ejercicios). Luego, de todo, geografía (los ríos, las capitales, las cordilleras), gramática (sus famosos dictados: En La Haya la aya se halla sentada bajo una haya y quizás nos haya visto), historia, ciencias naturales… Maestro a la antigua usanza, de los que usaban la regla para mortificar las manos y capaz de hacer en la pizarra círculos perfectos sin usar el compás. Cazador, nadador, instruido, severo, gallego. Maestro.

Dedicatoria de mi maestra la Señorita Josefina

Señorita Josefina. Acogió mi timidez, mi ignorancia de todo lo que no fueran las cuatro paredes de mi casa. Me enseñó a escribir las cinco vocales, los diez primeros números (me confirmó que el cero también era un número), a disfrutar de los colores, a pedir permiso… Un hilo invisible nos aproximó sin palabras. No soy capaz de recordar su cara, solamente su traje oscuro, la voz de sus palabras suaves, su firmeza, su cariño, su comprensión.

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