…el pasado quedó atrás, el futuro aún no ha llegado,
el presente se nos escapa;

las cosas cambian continuamente, sin ningún fundamento firme;
tantos nombres y palabras confusamente creados por sí mismos…

¿cuál es la utilidad de la vida, que transcurre inútilmente día a día?
no retengas tus viejas ideas; no persigas tus nuevas fantasías;

sincera e incondicionalmente, indaga y reflexiona en tu interior;
indagar y reflexionar, reflexionar e indagar,

hasta que llega el momento en ya no son posibles más indagaciones;
ése es el momento en que podrás comprender

que durante todo tu pasado has estado en el error…

Crepúsculo… Se levanta el humo desde la aldea,
un ganso de invierno grazna en el cielo,
el viento sopla por los pinares.
Solo, con el cuenco de arroz vacío,
tomo el camino de regreso.

Con el cayado en la mano, voy por la orilla del río
hacia la aldea.
La nieve permanece indecisa, pero el viento del Este trae
las primeras noticias de la primavera.
El canto de un uguisu deambula entre los árboles;
la hierba comienza a mostrar un toque de verde oscuro.
Me encuentro por casualidad con un viejo amigo.
Sentados en una colina, mirando el valle, conversamos.
Más tarde, en su cabaña, abrimos muchos libros
y bebemos té.
Esta noche estoy traduciendo en verso la escena
de la tarde…
Flores de ciruelo y poesía, ¡qué maravillosa combinación!

Daigu Ryokan, poeta, Niigata, Japón (1758-1831)

N Matsuno-O

Ha comenzado el noveno mes; mientras caminamos
hacia Matsuno-o
un ganso solitario pasa por el cielo
y los crisantemos están en plena floración.
Los niños y yo llegamos a este bosque de pinos.
Hemos viajado una distancia muy corta,
pero el mundo está a cientos de millas de aquí.

Me siento en silencio a escuchar las hojas que caen…
Una cabaña solitaria, una vida de renunciación.
Se esfuma el pasado y olvido las cosas.
La manga de mi túnica, humedecida por las lágrimas.

La vida es como una gota de rocío,
vacía y fugaz;
se han terminado mis años
y ahora, frágil y tembloroso,
debo desvanecerme.

Un estrecho sendero rodeado por un bosque espeso;
por todas partes, montañas en oscuridad.
Han caído ya las hojas del otoño.
No llueve, pero a las rocas aún las ennegrece el musgo.
Regreso a mi ermita por un camino que pocos conocen,
con una canasta de hongos frescos
y una jarra de agua pura del pozo del templo.

Daigu Ryokan, poeta, Niigata, Japón (1758-1831)

Noche de verano.
La pasé en vela
contando pulgas.

Lavo el puchero
y se mezcla mi ruido
y el de las ranas.

Mi cabaña está en lo más profundo del bosque,
Cada año las malas hierbas crecen más recias.
Sin noticias de los asuntos del mundo.
A veces el canto lejano de un leñador.
El sol brilla y remiendo mi ropa.
Cuando sale la luna, leo poemas zen.
No tengo nada que deciros amigos mios,
Pero si quereis comprender
dejad de correr tras tantas cosas…

La lluvia ha cesado,
las nubes se disiparon,
el cielo está otra vez sereno,
cuando el corazón es puro,
todo es puro en el universo,
confiando mi cuerpo al curso de las cosas,
renuncié al mundo para ser libre,
con la luna nueva y las flores he de pasar el resto de mi vida.

Daigu Ryokan, poeta, Niigata, Japón (1758-1831)

Calma noche bajo la ventana vacía.
Sentado en meditación, envuelto en mi robe (kesa) de monje,
ombligo y nariz permanecen correctamente alineados,
las orejas y los hombros en el mismo plano.
La ventana es blanca, la luna acaba de salir;
la lluvia ha cesado, alguna gota cae todavía…
En este preciso instante, mi sentimiento es extraordinario,
vasto, inmenso,
sólo por mí conocido.

Al ladrón
se le olvidó
la luna en la ventana.

 

Nota: Una noche un ladrón le robó la manta con la que se tapaba y que era casi su única posesión, al despertarle el frio, Ryokan vió la luna magnifica recortada sobre su humilde ventana, y escribió el siguiente haiku:

Nusubitu ni
tori nokosaresi
mado no tsuki.

¿De dónde vino mi vida?

¿Dónde irá?

Junto a las ventanas de mi tosca choza
busco mi corazón en silencio profundo.

Aunque busco y busco,
no encuentro dónde empezó todo,
¿cómo voy a encontrar su final?

Ni el momento presente se puede captar;
todo cambia, todo es vacío:
este yo solo existe por un momento en esa vacuidad.

¿Cómo decir si algo es o no es?

Es mejor quedarse con esos pensamientos pequeños,
dejar que las cosas sigan su curso sencillamente
y así, ser natural y tranquilo.

Llevando una vela, noche de nieve en la montaña;
en la calma nocturna, los copos de nieve vuelan.
Libre, a mi aire.
Lo verdadero, lo falso, ¿Qué importan?

Mil picos rodeados por las nubes heladas,
diez mil senderos, ninguna huella de hombre.
Todos los días de cara al muro;
de vez en cuando, oigo la nieve rozar la ventana.

Voy siguiendo el curso del agua, buscando donde mana.
Llego allí donde una fuente parece comenzar, desconcertado;
comprendiendo que no se alcanza jamás la fuente verdadera.
Apoyado en mi caña, por todas partes, rumor de agua.

Daigu Ryokan, poeta, Niigata, Japón (1758-1831)