Inventar: Hallar o descubrir algo nuevo o no conocido. Hacer algo nuevo, que no se conocía (se inventan la rueda, el arado, el motor a explosión, el microscopio, la pólvora, el estetoscopio, etc.)

Descubrir: Hallazgo, encuentro, manifestación de lo que estaba oculto o secreto o era desconocido. Encuentro o hallazgo de algo no
descubierto o ignorado (se descubre América, se descubre que en el sistema solar los planetas giran alrededor del Sol, se descubre la composición y estructura del ADN, que la tuberculosis es producida por un bacilo; se descubre la naturaleza de la luz, etc.)

Inventar no es más que descubrir lo que existiendo se haya fuera de nuestro alcance. Nada inventamos que previamente no exista. Así pues no inventamos, tan sólo descubrimos y lo hacemos poniendo, a través de nuestros sentidos, el entendimiento allí donde nadie lo había puesto antes.

Imprenta

Imprenta de Gutemberg
Misal de Constanza
Biblia de Gutemberg
Prensa de uva

Hasta la invención de la imprenta de Gutenberg, los libros y en general cualquier tipo de documento, se preservaban y difundían realizando copias manuscritas que en la mayoría de las ocasiones eran realizadas por monjes. Pero copiar a mano los escritos era una tarea no solo ardua, sino muy lenta.

Existen antecedentes entre los años 440 a.C y 430 a.C por parte de los romanos, quienes utilizaban sellos que imprimían sobre objetos de arcilla. Pero si hablamos de impresión sobre papel, los primeros en buscar una solución al problema fueron los chinos. Tenemos que remontarnos al siglo X, en plena Edad Media, para encontrarnos con el xilógrafo, un aparato en el que se insertaban individualmente letras de barro cocido en una plancha de madera, donde tras entintar dicha plancha, se plasmaban los caracteres elegidos sobre hojas de papel. Las obras xilografiadas llegaron a alcanzar una relativa popularidad a finales de la Edad Media, especialmente para barajas, juegos y algunos libros de fábulas, así como para la famosa Biblia pauperum o Biblia de los pobres, realizada a base de dibujos y de gran difusión entre las clases populares.

En 1450, la genial idea de Gutenberg fue la de confeccionar letras talladas en hierro que se combinaban para formar palabras y íneas de texto (tipos móviles) y con un ingenioso soporte las unió resultando ser más resistente que los de madera, lo amoldó a una vieja prensa de uvas dejando huecos para las letras capitales y los dibujos, que serían añadidos según el viejo sistema xilográfico y decorados manualmente.

Arado

Arado
Arado
Arado

El primer aparato, y tal vez el que más profundas repercusiones ha tenido en la Historia de la Humanidad, es sin duda el arado, inventado posiblemente alrededor de 3.500 años a.C. en las civilizaciones del Oriente Medio, en los pueblos de la Mesopotamia, ubicados entre el Éufrates y el Tigris. Los ríos que fertilizaban el suelo permitían a los asirios y caldeos dedicarse a la agricultura. Fueron los primeros en usar la rueda y luego usaron los primeros arados, como lo muestran representaciones artísticas de esa época.

En el principio de los tiempos, el hombre se limitaba a practicar unos hoyos en el suelo con unos palos y a poner allí la semilla, y cuando el terreno estaba ya agotado, emigraba a otros lugares haciendo una vida nómada. Hasta la introducción del arado, la labor del campo era un trabajo duro, poco rentable y exigía tal inversión de tiempo y energías, que el agricultor sólo podía sembrar lo que necesitaba para un año justo.

Los arados manejados por el hombre tomaron el nombre de arado de mancera, que tomó el nombre de la esteva que poseía, que era la pieza curva por donde se empuñaba dicho arado.

Los primeros arados eran de madera o formados por una rama de forma adecuada y a tracción humana. A veces se realizaban con ramas en formas de horquillas, tirados por un animal o una persona, para abrir el surco en la tierra. Unos 3000 años a.C. comienzan a emplear bueyes para tirarlos. Los romanos introdujeron el arado con una cuchilla de hierro y lo tiraban bueyes. En la Edad Media, se comenzó a usar el arado de rejas y cuchillas, en los suelos más duros de Europa.

Rueda

Evolución de la rueda

Se considera que el descubrimiento de la rueda es la consecuencia de la evolución de la combinación del rodillo y del trineo.

Rueda
Rueda Liubliana
Rueda Sumeria

La aparición de la rueda se sitúa en Mesopotamia hace unos 3.500-3.250 años a.C. En Liubliana, capital de Eslovenia, se halló una rueda cuya antigüedad data de entre el 3100 a. C.-3350 a. C.). Se la halló junto con su eje; mide 72 cm de diámetro y está hecha de madera de fresno, mientras que el eje, que giraba junto con las ruedas, era de roble, más duro. Por otro lado, en el llamado Estandarte de Ur, proveniente de la ciudad de Ur en la Mesopotamia meridional, que data de 2500 a. C. aproximadamente, se representa un carro tirado por onagros, la representación más antigua conservada de la rueda como elemento propulsor.

Se supone que las primeras ruedas que se conocen son las de alfarero, usadas para producir «mecánicamente» el mismo recipiente que antes hacía a mano. Con el uso de un perno colocado sobre una rueda en movimiento y ayudándose con la palma de la mano, el artesano era capaz de moldear recipientes muy pulimentados y simétricos, pero, y esto es lo más importante, también en el empleo de un tiempo muy inferior al que se necesitaba anteriormente para la producción.

Las que luego se utilizaron aplicadas al transporte derivan de aquel artefacto. Las ruedas de carro más antiguas que se han hallado son piezas de madera maciza fijadas al eje mediante cuñas, demasiado pesadas como para ser muy eficientes, aunque no dejan de ser funcionales. Hasta ese entonces, el transporte de cargas terrestre se había realizado en brazos, y con posterioridad, hasta que se pudieron utilizar animales de carga, en cestas o angarillas que permitían repartir el peso entre varios hombres. La aparición de la rueda facilitó algo tan sencillo como que el animal, en lugar de llevar sobre el lomo o en alforjas una cantidad limitada de carga, pudiera tirar de un carro y multiplicar la cantidad de material transportado.

Por su dureza y ductilidad, y en función de las posibilidades técnicas de la época, la madera fue el material idóneo para la construcción de ruedas, y siguió utilizándose hasta la llegada de la llanta de goma maciza. En este sentido, cabe destacar la lenta evolución que tuvo este invento, ya que si bien se fue perfeccionando, lo cierto es que no sufrió modificaciones sustanciales hasta mediados del siglo XIX. La pesada rueda de Ur se mantendría vigente, pues, durante unos 5000 años. Estaba unida, mediante piezas de madera, a un eje móvil, es decir, que la rueda y el eje cilíndrico giraban juntos; con posterioridad surgiría el modelo de eje fijo, al que la rueda se unía mediante un pasador, permitiéndole girar con independencia. Para reforzar el disco de madera, que podía partirse, se lo rodeó de un aro de cobre. Todo el conjunto era macizo, sumamente pesado y demoraba la circulación de animales y personas.

La solución fue hallada en Persia Oriental, entre el 2000 y 1500 a. C., cuando eliminaron paulatinamente secciones del disco, logrando reducir su peso, hasta desembocar en los que hoy conocemos como “radios”. Los egipcios también conocían esta tecnología.

Hacia el año 1000 a. C. ya se habían difundido por la península itálica los carros de dos ruedas sobre los que el conductor se mantenía de pie. Las llantas de goma no aparecerán hasta la segunda mitad del siglo XIX y pronto serían superadas: el veterinario escocés John Boyd Dunlop (1840-1921), inventó en 1887 la primera cubierta con cámara de aire, lo que suavizaba considerablemente la marcha.

Fuego

Fuego
Fuego
Fuego con pedernal

Los restos arqueológicos mas antiguos indican que la especie humana Homo Erectus, antepasado del Homo Sapiens actual, conocía el uso del fuego hace 1.600.000 años. Sabían utilizar el fuego, pero desconocían la forma de encenderlo. Antes de producir el fuego el hombre se ocupó, pues, de conservarlo. Las antorchas, las teas y los cubrefuegos, dan buena cuenta de aquella inquietud ancestral.

Los arqueólogos consideran la aparición de la fabricación de herramientas de piedra y el control del fuego dos acontecimientos de gran relevancia en la evolución tecnológica de los primeros seres humanos. Si bien los expertos coinciden en que el origen de las herramientas data de al menos 2,5 millones de años en África, el origen del control del fuego ha sido un debate prolongado. Ahora, un estudio de investigadores de la Universidad de Colorado Boulder sugiere que los humanos modernos fueron capaces de manejar las llamas mucho más tarde de lo que se creía, e incluso tuvieron que enfrentarse a los fríos inviernos europeos hace 800.000 años sin una fogata que les calentara. Las primeras pruebas de uso habitual de fuego por parte de los neandertales proviene del sitidio Beeches Pit (Inglaterra), de hace 400.000 años. El sitio contiene piezas dispersas de piedra calentada, huesos quemados a altas temperaturas y sedimentos previamente calentados. El estudio aparece publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). El control del fuego por los primeros homínidos fue un punto de inflexión en su evolución cultural y permitió que proliferaran debido a la mejora en la absorción de proteínas e hidratos de carbono que proporcionaba la cocción, lo que a su vez permitió la actividad en horas nocturnas y proporcionó protección ante los depredadores.

Si clasificáramos los distintos procedimientos que existen para producir sencillamente el fuego, veríamos que, en síntesis, se reducen a tres: por fricción, por percusión y por compresión. El primero consiste en frotar una madera, dura y puntiaguda, contra otra, más blanda, acanalada. Para hacerlo, pueden usarse diversas técnicas. La mas antigua, tradicional y rápida, es la llamada “de perforación”, utilizada en la antigua Romapara encender el fuego de las vestales, por los brahmanes en la India y por diversas tribus aborígenes. Otro sistema es el “barrenado” que emplean los negros de Australia, los malayos, los sudafricanos y algunos indios americanos. Muy primitivo es, también, el procedimiento que se vale de la percusión. El fuego, en este caso, se obtiene al entrechocarse dos trozos de pirita de hierro o bien golpeando uno de ellos, llamado eslabón, contra el pedernal.

Vía | PNAS

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