Texto leído por Henry Valloton:

Lamentamos profundamente que esa enfermedad mantenga a Hermann Hesse en Suiza. Pero sus pensamientos están con nosotros, y su gratitud habla a través de este mensaje que me pidió que les leyera:

«Al enviar un cordial y respetuoso saludo a su festiva reunión, quisiera expresar a todos mis lamentos al no poder estar como su invitado en persona, para saludarlos y agradecerles. Mi salud siempre ha sido delicada, y he quedado inválido permanentemente a causa de las aflicciones de los años, desde 1933, las cuales han destruido el trabajo de mi vida y una y otra vez me agobian con pesados deberes. Pero mi mente no se ha roto, y me siento semejante a ustedes con la idea que inspiró a la Fundación Nobel, la idea de que la mente es internacional y supranacional, que no debe servir a la guerra ni a la aniquilación, sino a la paz y a la reconciliación.

Mi ideal, sin embargo, no es difuminar las características nacionales, lo cual conduciría a una humanidad intelectualmente uniforme. Por el contrario, ojalá la diversidad en todas sus formas y colores pueda vivir en esta querida Tierra con nosotros por mucho tiempo. ¡Qué cosa maravillosa es la existencia de muchas razas, muchos pueblos, muchas lenguas y muchas variedades de actitudes y perspectivas! Si yo siento odio e irreconciliable enemistad hacia las guerras, conquistas y anexiones, lo hago por muchas razones, pero también porque tantos crecimientos orgánicos, altamente individualizados y logros ricamente diferenciados de la civilización humana han caído víctimas de esos poderes oscuros. Yo odio los grandes simplificadores, y amo el sentido de la calidad, el de la inimitable artesanía y singularidad. Por consiguiente, como su agradecido invitado y colega, yo extiendo mis saludos a Suecia su país, a su lenguaje y su civilización, a su rica y orgullosa historia y su perseverancia al mantener y dar forma a su naturaleza individual. Nunca he estado en Suecia, pero por décadas muchas buenas y amables cosas me han llegado de su país desde el primer regalo que recibí de él, hace ya 40 años, y era un libro sueco, una copia de la primera edición de Leyendas de Cristo con una dedicatoria personal de Selma Lagerlöf. En el transcurso de los años han habido muchos intercambios valiosos con su país hasta que ahora me han sorprendido con este grandioso regalo final. Permítanme expresar mi profunda gratitud».