La presente obra: Discurso a los Graduados del Tecnológico, es una pieza de oratoria espontánea, que fue dada por Juan José Arreola durante el invierno del año de 1977, y apareció publicado ese mismo año, un nueve de febrero. Tal intervención fue posible invitado de honor, como orador, acto académico, de la tercera generación de graduados, que tuviera su fundación cinco años antes en Ciudad Guzmán.

 

“Queridos jóvenes, compañeros estudiantes, permítanme que les llame así. Distinguidos miembros del presídium, señoras y señores.
Ante todo quiero expresar mi alegría por encontrarme junto a una mujer, la primera que preside nuestro Ayuntamiento. Como hombre nacido aquí en Zapotlán, e iluminado por el afán del conocimiento y comprometido en estos años difíciles de nuestra vida patria; quiero saludarla porque desde hace algún tiempo no solamente confió, sino creo que la mujer es, con su acción y su enseñanza, la salvación del mundo, en que los hombres, hay que reconocerlo con claridad y con resignación, hemos fracasado. Y creo que el fracaso se debe al mal uso de la técnica, al mal empleo de la ciencia y a la errónea utilización del conocimiento.

Me hizo falta disculparme desde el principio, porque yo que he hecho de la palabra un uso casi cotidiano, me veo ahora privado de esa especie de facilidad con que discurro, y quiero que sepan ustedes, que se trata sencillamente de la emoción que me produce el mejor homenaje que yo podría haber soñado recibir.

Nací en este pueblo, y recuerdo una infancia sin escuela, más bien dicho un pueblo sin escuelas, el Zapotlán de aquel entonces azolado por la revolución Cristera, en donde los niños jugábamos, pero casi no tuvimos –y muchos de ellos como yo- ninguna oportunidad más de seguir estudiando.

Y veo que el progreso en mi pueblo durante tantos años -que llamé la ciudad dormida-, se debe al establecimiento de centros de educación secundaria y superior. Creo que ustedes sabrán que hace muy poco tiempo relativamente, tuvimos la primera secundaria y debimos esperar mucho para la preparatoria, con el establecimiento del Centro Regional de Educación Normal y posteriormente del Instituto Tecnológico Regional de Ciudad Guzmán, al que ustedes pertenecen, han trasformado a un pueblo, lo han enriquecido, y con ello se promovió el movimiento migratorio hacia aquí, de muchachos venidos casi de todas partes de la república, y Ciudad Guzmán despertó.

Pero no debo abandonar lo que dije al principio, -para ustedes que ahora han recibido en su diploma la consagración de un afán personalmente adquirido o fomentado por sus padres-; quiero reiterar que el mundo de nuestros días padece una crisis de humanismo, falta humanidad en el ejercicio de las profesiones, y principalmente en la utilización de las técnicas. Cuántas veces hemos visto que los mejores logros de la investigación, los afanes más heroicos del pensamiento, han sido mal empleados, se han pervertido su condición original, de estar al servicio del ser humano para mantener y enriquecer la vida.

Aquí las personas que me han precedido (en el discurso) el señor director del tecnológico, los jóvenes, aludieron algo que me pareció muy importante, que es la condición de servicio. La civilización, el estado social en que vivimos, nos obliga incluso al aprendizaje, cuando todos sabemos que el afán natural del hombre, más auténtico y verdadero es el conocimiento. Pero muchas veces nosotros los llamados maestros en vez de fomentar ese afán, lo limitamos imponiéndolo como una obligación, o sencillamente dándole carácter de algo absoluto y definitivo a lo cual debemos de someter.

La crisis universal es de cultura, para demostrarlo basta el ejemplo de Ciudad Guzmán que ha evolucionado y progresado tanto ha base de establecimiento de centros de cultura; –pero que en contraparte, es muy grave en nuestra sociedad que formamos a los niños y a los jóvenes, para que se sirvan de los conocimientos adquiridos casi siempre en beneficio propio-. No sabemos todavía educar debidamente, no somos capaces de trasmitir el conocimiento, pero nuestro ejemplo como adultos no corrobora las lecciones que tratamos de dar a propósito de ética, de justicia o de bondad elemental. Es muy importante la tarea de ustedes, -mucho muy importante- si se quiere en verdad, como expresó aquí su portavoz: “Servir a México”.

Es fundamental que ustedes antepongan al interés personal el servicio, porque la felicidad más grande que el ser humano pueda tener en este mundo es la de servir. No son culpables los jóvenes ambiciosos que tratan de sobresalir a toda costa, lo reitero no son culpables, porque nosotros los hemos educado para ganarse la vida siempre a costa de los demás, y dejar la idea de servicio en segundo o tercer lugar.

La escuela no basta, los maestros y los libros de texto no son suficientes para formar nuevas generaciones –y de ahí que yo proclame ante ustedes, que acaban de concluir una carrera o una etapa en su futuro de hombres de ciencia y de técnica- es muy importante, que vuelva a repetir aquí, que todos en esta vida debemos ser autodidactas; y que ustedes a pesar de que ya tienen el documento en la mano, que los apruebe y les concede la condición profesional, sigan siendo estudiantes y continúen, si es que lo han sido hasta ahora autodidactas. Porque a pesar de que exista el maestro, el plan de estudios y el libro de texto, nadie puede suplir en nosotros la voluntad personal de conocimiento.

He dicho que la escuela no basta, porque frente a las aulas está la multitud derramada por las calles y plazas de seres humanos en edad adulta, y que todos los días damos lección a los niños o jóvenes, quiero decir con esto, que todos somos “maestros”, desgraciadamente malos maestros en general, porque nuestro “magisterio” no es siempre digno de ser seguido y proponemos a la aspiración juvenil esquemas que no son satisfactorios, hace falta que los jóvenes asuman una tarea en verdad heroica, que es la de prescindir de nuestro mal ejemplo, de todo lo que en nosotros han encontrado ya censurable, pero con la condición de suplir en cada uno de ustedes la persona anterior, mediocre y alguna vez malvada; hace falta pues, que todos los graduados como todo profesionista procedente de un tecnológico, de una normal, de una universidad, sea en su vida cotidiana un “maestro”.

El que ha tenido el privilegio de recibir los dones de la cultura del conocimiento y de la técnica, está obligado hacer una “estación radiofónica” y no sólo de conocimiento, sino de humanismo. La conducta de una muchacha, de un joven que ha salido de un centro de estudios de la categoría que tiene el de ustedes, está obligado a ser un humano auténtico, porque sino la sociedad nunca irá en progreso hacia lo mejor.

La humanidad podrá enriquecerse como lo ha hecho todos los años y todos los días, con los hallazgos de la ciencia y de la técnica, pero lo que más hace falta a la sociedad es enriquecerse cada día con la conducta individual de los ciudadanos responsables, que puedan pensar en que solo el ejemplo puede crear actitudes y formas de ser, en niños y en jóvenes que mejoren este mundo en que vivimos. Nosotros tenemos a esperarlo todo en el orden, así como del orbe de una divina providencia; esperamos los bienes del pueblo a partir de las autoridades, el conocimiento casi siempre de la obligación personal de la investigación del conocimiento propio y del análisis. Muchas veces el escolar no tiene la culpa porque está abrumado por la obligación de aprender y eso le quita la felicidad del hallazgo, de la novedad de cada conocimiento.

Por eso la reforma educativa, debe incluir antes que nada la reforma en la conducta del adulto, para que sea capaz de que haya ese progreso que la humanidad todavía no conoce; aún después de todos los hallazgos, y descubrimientos, todavía el hombre es un proyecto, es una esperanza.

De esta manera quiero decirles a ustedes, al saludarlos y al agradecerles infinitamente este honor que han concedido, que es el mejor que hasta ahora me ha sido dado alcanzar, -que lo único que nos queda por hacer en este mundo, es convertirnos todos en maestros-, reitero aquí y veo con alegría el grupo de muchachas que han recibido sus diplomas porque ante el fracaso de la cultura masculina, al decirlo así me refiero a la cultura guerrera, a la cultura de la conveniencia personal.

El afán de realización que han recibido en sus diplomas, tiene que venir otra vez el reconocimiento profundamente humano, de que la felicidad es un hecho íntimo, -la felicidad es hogareña y a veces cabe en nuestra propia corporeidad, pienso siempre en la felicidad de paredes adentro, -en la felicidad de costillas adentro-; debemos de educar para que se vuelva a saber que en este mundo, la felicidad consiste en la realización plena de nuestras posibilidades y no en la adquisición de bienes materiales.

Todos debemos vivir y satisfacer las necesidades de cada día, aspirar a un futuro de tranquilidad, pero en lo que no debemos convertirnos es en devoradores de otros seres y criaturas a base de la explotación que permite un mal funcionamiento económico y social, no sólo en nuestro pueblo, sino en casi todos los del mundo, que hace que el hombre siga siendo el lobo del hombre.
Yo quiero pensar y espero que todos ustedes tomen este día no como una conclusión, sino como un principio de aquí en adelante, que van a estudiar esa carrera que no figura en los programas de casi ningún centro educativo, que es la carrera de mujer y la carrera de hombre y esa tiene que cumplirse en el servicio. No debemos todos olvidar que durante siglos y milenios el hombre ha servido por la fuerza y luego por interés. Hace falta que recordemos todos estás palabras, que es el único regalo que les traigo y quiero que perdonen la escasez de mi elocuencia; porque no me encuentro en las condiciones adecuadas para cumplir con el alto deber que ustedes me impusieron al concederme este honor.

Quiero entonces decirles lo que me quede de vida como maestro; que ya no le voy a dedicar tanto a trasmitir el probable saber que pude adquirir a lo largo de mi vida, sino me dedicaré más bien a transmitir el arrepentimiento de un adulto que ha malversado su condición humana, para tratar en la medida en que me sea posible, insuflar en la mente de los jóvenes y adultos a los que tengo el privilegio de dirigirme en comunicación -por tratarse de la siembra de una semilla humilde-, en este mundo hace falta cada día un poco de bondad, y cada día sobra la ambición.

Yo les pido a ustedes que en la medida en que puedan, se den cuenta de que todos podemos contribuir a que este mundo sea mejor. Si lo reformamos a partir de cada uno de nosotros mismos, si somos capaces de civismo, -creo que Ciudad Guzmán vive un día muy importante, porque un lote magnifico de jóvenes ingresa a la vida profesional- con la convicción, de ideales muy distintos, de las generaciones anteriores.

Los saludo con todo mi afecto, les agradezco infinitamente el que hayan hecho de este regreso a mi pueblo uno de los más bellos, creo que el más bello de todos- porque me dieron la ocasión de dirigirme a ustedes y una vez más les pido perdón por la humildad de mis palabras.

Muchas Gracias”.

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