Discurso pronunciado en el Parque Céspedes, de Santiago de Cuba, el 1 de enero de 1959

«Santiagueros, compatriotas de toda Cuba:

Al fin hemos llegado a Santiago (Aplausos).  Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llegado (Aplausos).

Se decía que hoy a las 2:00 de la tarde se nos esperaba en la capital de la República, el primer extrañado fui yo (Aplausos), porque yo fui uno de los primeros sorprendidos con ese golpe traidor y amañado de esta mañana en la capital de la República (Aplausos).

Además, yo iba a estar en la capital de la República, o sea, en la nueva capital de la República (Aplausos), porque Santiago de Cuba será, de acuerdo con el deseo del presidente provisional, de acuerdo con el deseo del Ejército Rebelde y de acuerdo con el deseo del pueblo de Santiago de Cuba, que bien se lo merece, la capital (Aplausos).  ¡Santiago de Cuba será la capital provisional de la República!  (Aplausos).

Tal vez la medida sorprenda a algunos, es una medida nueva, pero por eso ha de caracterizarse, precisamente, la Revolución, por hacer cosas que no se han hecho nunca (Aplausos). Cuando hacemos a Santiago de Cuba capital provisional de la República sabemos por qué lo hacemos.  No se trata de halagar demagógicamente a una localidad determinada, se trata, sencillamente, de que Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución (Aplausos).

La Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros, sobre todo, en esta etapa inicial, y en qué mejor lugar para establecer el Gobierno de la República que en esta fortaleza de la Revolución (Gritos y aplausos); para que se sepa que este va a ser un gobierno sólidamente respaldado por el pueblo en la ciudad heroica y en las estribaciones de la Sierra Maestra, porque Santiago está en la Sierra Maestra (Gritos y aplausos).  En Santiago de Cuba y en la Sierra Maestra tendrá la Revolución sus dos mejores fortalezas (Aplausos). 

Pero hay, además, otras razones: el movimiento militar revolucionario, el verdadero movimiento militar revolucionario, no se hizo en Columbia.  En Columbia prepararon un “golpecito” de espaldas al pueblo, de espaldas a la Revolución y, sobre todo, de acuerdo con Batista (Aplausos).

Puesto que la verdad hay que decirla y puesto que venimos aquí a orientar al pueblo, les digo y les aseguro que el golpe de Columbia fue un intento de escamotearle al pueblo el poder y escamotearle el triunfo a la Revolución.  Y, además, para dejar escapar a Batista, para dejar escapar a los Tabernillas, para dejar escapar a los Pilar García y a los Chavianos, para dejar escapar a los Salas Cañizares y a los Ventura (Aplausos).

El golpe de Columbia fue un golpe ambicioso y traidor que no merece otro calificativo, y nosotros sabemos llamar las cosas por su nombre y atenernos, además, a la responsabilidad (Aplausos).

No voy a andar con paños calientes para decirles que el general Cantillo nos traicionó y no es que lo voy a decir, sino que lo voy a probar.  Pero, desde luego, lo habíamos dicho siempre:  no vayan a tratar a última hora a venir a resolver esto con un “golpecito militar”, porque si hay golpe militar de espaldas al pueblo, la Revolución seguirá adelante, que esta vez no se frustrará la Revolución.

Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder.  No será como en el 95 que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto (Aplausos).  Intervinieron a última hora y después ni siquiera dejaron entrar a Calixto García que había peleado durante 30 años, no quisieron que entrara en Santiago de Cuba (Aplausos).  No será como en el 33 que cuando el pueblo empezó a creer que una Revolución se estaba haciendo, vino el señor Batista, traicionó la Revolución, se apoderó del poder e instauró una dictadura por once años.  No será como en el 44, año en que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder, y los que llegaron al poder fueron los ladrones.  Ni ladrones, ni traidores, ni intervencionistas.  Esta vez sí que es la Revolución.

Pero, no querían que fuese así.  En los instantes mismos en que la dictadura se desplomaba como consecuencia de las victorias militares de la Revolución, cuando ya no podían resistir ni siquiera 15 días más, viene el señor Cantillo y se convierte en paladín de la libertad.  Naturalmente, que nosotros nunca hemos estado en una actitud de rechazar cualquier colaboración que implicase un ahorro de sangre, siempre que los fines de la Revolución no se pusiesen en peligro.  Naturalmente, que nosotros siempre hemos estado llamando a los militares para buscar la paz, pero la paz con libertad y la paz con el triunfo de la Revolución, era la única manera de obtener la paz.

Por eso, cuando el 24 de diciembre se nos comunicó el deseo del general Cantillo de tener una entrevista con nosotros, aceptamos la entrevista.  Yo les confieso a ustedes que, dado el curso de los acontecimientos, la marcha formidable de nuestras operaciones militares, yo tenía muy pocos deseos de ponerme a hablar de movimientos militares; pero yo entendí que era un deber, que nosotros los hombres que tenemos una responsabilidad no nos podemos dejar llevar por las pasiones.  Y pensé que si el triunfo se podía lograr con el menor derramamiento de sangre posible, mi deber era atender las proposiciones que me hiciesen los militares (Aplausos).

Fui a ver al señor Cantillo que vino a hablarme en nombre del Ejército.  Se reunió conmigo el día 28 en el central Oriente, adonde llegó en un helicóptero, a las 8:00 de la mañana.  Allí conversó con nosotros durante cuatro horas, y yo sí que no voy a hacer una historia inventada ni cosa que se parezca, porque tengo testigos excepcionales de la entrevista.  Allí estaba el Dr.  Raúl Chibás, allí estaba un sacerdote católico, allí estaban varios militares cuyos testimonios no pueden ser puestos en duda por ningún concepto.

Allí, después de analizar todos los problemas de Cuba, después de puntualizar todos los detalles, acordó, el general Cantillo, realizar de acuerdo con nosotros un movimiento militar revolucionario.  Lo primero que le dije fue esto, después de analizar bien la situación:  la situación del Ejército, la situación a que lo había llevado la dictadura; después de aclararle que a él no le tenía que importar Batista ni los Tabernillas ni toda aquella gente, no le tenía que importar nada, porque aquella gente había sido muy desconsiderada con los militares cubanos; que aquella gente había llevado a los militares a una guerra contra el pueblo, que es una guerra que se pierde siempre, porque contra el pueblo no se puede ganar una guerra (Aplausos).

Después de decirle que los militares eran víctimas de las inmoralidades del régimen, que los presupuestos para comprar armamentos se los robaban, que a los soldados los engañaban constantemente, que aquella gente no merecía la menor consideración de los militares honorables, que el Ejército no tenía por qué cargar con la culpa de los crímenes que cometía la pandilla de los esbirros de confianza de Batista; le advertí, le advertí bien claramente, que yo no autorizaría jamás, por mi parte, ningún tipo de movimiento que permitiese la fuga de Batista.  Le advertí que si Batista quería fugarse, que se fugara enseguida y con él Tabernilla y todos los demás, pero que mientras que nosotros pudiéramos evitarlo, teníamos que impedir la fuga de Batista (Aplausos).

Todo el mundo sabe que nuestro primer planteamiento en caso de un golpe militar para llegar a un acuerdo con nosotros era la entrega de los criminales de guerra, y esa era una condición esencial.

Y se podía haber capturado a Batista y a todos sus cómplices.  Y yo se lo dije bien claro que no estaba de acuerdo con que Batista se fuera.  Le expliqué bien qué tipo de movimiento había que hacer; que yo no respaldaría, ni el Movimiento 26 de Julio ni el pueblo, respaldarían un golpe de Estado, porque la cuestión es que el pueblo es el que ha conquistado su libertad y nadie más que el pueblo (Aplausos).

La libertad nos la quitaron mediante un golpe de Estado, pero para que se acabaran de una vez y para siempre los golpes de Estado, había que conquistar la libertad a fuerza de sacrificio de pueblo, porque no hacíamos nada con que dieran un golpe mañana y otro pasado y otro dentro de dos años y otro dentro de tres años; porque aquí quien tiene que decidir, definitivamente, quién debe gobernar es el pueblo y nadie más que el pueblo (Aplausos).

Y los militares deben estar incondicionalmente a las órdenes del pueblo y a la disposición del pueblo y a la disposición de la Constitución, y de la ley de la República.

Si hay un gobierno malo que roba y que hace más de cuatro cosas mal hechas pues, sencillamente, se espera un poco y cuando llegan las elecciones se cambia el mal gobierno; porque para eso los gobiernos en los regímenes constitucionales democráticos tienen un período de tiempo limitado.  Porque si son malos, el pueblo los cambia y vota por otros mejores.

La función del militar no es elegir gobernantes, sino garantizar la ley, garantizar los derechos del ciudadano (Aplausos).  Por eso le advertí que golpe de Estado ¡no!, movimiento militar revolucionario, ¡sí!, y no en Columbia sino en Santiago de Cuba (Aplausos).

Le dije bien claro, que la única forma de lograr la vincu­­lación y la confraternización del pueblo y de los militares y de los revolucionarios, no era dando un “madrugonazo” en Columbia, a las dos o las tres de la mañana, sin que nadie se enterara como acostumbran a hacer estos señores, sino sublevando la guarnición de Santiago de Cuba, que era lo suficientemente fuerte y estaba lo suficientemente bien armada para iniciar el movimiento militar y sumar al pueblo, y sumar a los revolucionarios a ese movimiento; que en las circunstancias en que estaba la dictadura era irresistible, porque de seguro que se sumarían de inmediato todas las guarniciones del país, y eso fue lo que se acordó.

Y no solo se acordó eso, sino que yo le hice prometer, porque él pensaba ir a La Habana al día siguiente, y nosotros no estábamos de acuerdo, porque yo le decía:  “Es un riesgo que usted vaya a La Habana”.  Él decía: “No, no es ningún riesgo”.  “Usted corre mucho peligro de que lo detengan porque esa conspiración… aquí todo se sabe”.  “No, yo estoy seguro que no me detienen”.  Y claro, cómo lo iban a detener si era un golpe de Batista y de Tabernilla.  Yo dije, bueno, o este hombre lo tiene todo resuelto allí, lo controla todo, o este golpe es un poco sospechoso.  Y entonces le dije:  “Usted me promete que usted no se va a dejar persuadir en La Habana por una serie de intereses que están detrás de usted, para dar un golpe en la capital.  Usted me promete que no”.  Y me dice:  “Le prometo que no”.  “Usted me jura que no”.  Y me dijo:  “Le juro que no”.

Yo considero que lo primero que debe tener un militar es honor, que lo primero que debe tener un militar es palabra; y este señor ha demostrado no solo falta de honor y falta de palabra, sino falta, además, de cerebro.  Porque un movimiento que pudo haberse hecho desde el primer momento con todo el respaldo del pueblo y con el triunfo asegurado de antemano, lo que hizo fue dar un salto mortal en el vacío.  Creyó que iba a ser demasiado fácil engañar al pueblo y engañar a la Revolución.

Sabía algunas cosas, sabía que en cuanto dijeran que Batista había agarrado el avión, el pueblo se iba a tirar a la calle loco de contento.  Y pensaron que el pueblo no estaba lo suficientemente maduro para distinguir entre la fuga de Batista y la Revolución.  Porque si Batista se va y se apoderan allá de los mandos los amigos de Cantillo, muy bien pudiera ser que el doctor Urrutia tuviera que irse dentro de tres meses también; porque, lo mismo que nos traicionaban ahora, nos traicionaban luego.  Y la gran verdad es que el señor Cantillo nos traicionó a nosotros antes de dar el golpe.  Dije que lo demostraba, y lo voy a demostrar.

Se acordó con el general Cantillo que el levantamiento se produciría el día 31 a las 3:00 de la tarde.  Se aclaró que el apoyo de las fuerzas armadas al movimiento revolucionario sería incondicional, el presidente que designasen los dirigentes revolucionarios y los cargos que a los militares les asignasen los dirigentes revolucionarios.  Era un apoyo incondicional el ofrecido.

Se acordó el plan en todos sus detalles: el día 31, a las 3:00 de la tarde, se sublevaría la guarnición de Santiago de Cuba.  Inmediatamente varias columnas rebeldes penetrarían en la ciudad, y el pueblo, con los militares y con los rebeldes, confraternizaría inmediatamente, lanzándose al país una proclama revolucionaria e invitando a todos los militares honorables a unirse al movimiento.

Se acordó que los tanques que hay en la ciudad serían puestos a disposición de nosotros, y yo me ofrecí, personalmente, para avanzar hacia la capital con una columna blindada, precedida por los tanques.  Los tanques me serían entregados a las 3:00 de la tarde, no porque se pensase que había que combatir, sino para prever en caso de que en La Habana el movimiento fracasase y hubiese necesidad de situar nuestra vanguardia lo más cerca posible de la capital.  Y, además, para prever que no se fueran a realizar excesos en la ciudad de La Habana.

Era lógico que con el odio despertado allí contra la fuerza pública por los inenarrables horrores de Ventura y de Pilar García, la caída de Batista iba a producir una desorbitación en la ciudadanía.  Y que, además, aquellos policías se iban a sentir sin fuerza moral para contener al pueblo, como efectivamente ocurrió.

Una serie de excesos han tenido lugar en la capital: saqueos, tiroteos, incendios.  Toda la responsabilidad cae sobre el general Cantillo por haber traicionado la palabra empeñada y por no haber realizado el plan que se acordó.  Creyó que nombrando capitanes y comandantes de la policía —muchos de los cuales cuando los habían nombrado ya se habían ido, prueba de que no tenían la conciencia muy tranquila— iba a resolver la cuestión.

Qué distinto, sin embargo, fue en Santiago de Cuba.  ¡Qué orden y qué civismo!  ¡Qué disciplina demostrada por el pueblo!  Ni un solo caso de saqueo, ni un solo caso de venganza personal, ni un solo hombre arrastrado por las calles, ni un incendio.  Ha sido admirable y ejemplar el comportamiento de Santiago de Cuba, a pesar de dos cosas:  a pesar de que esta había sido la ciudad más sufrida y que más había padecido el terror, por lo tanto, la que más derecho tenía a estar indignada (Aplausos); y a pesar, además, de nuestras declaraciones de esta mañana diciendo que no estábamos de acuerdo con el golpe.

Santiago de Cuba se comportó ejemplarmente bien, y creo que será este caso de Santiago de Cuba un motivo de orgullo para el pueblo, para los revolucionarios y para los militares de la Plaza de Santiago de Cuba (Aplausos).

Ya no podrán decir que la Revolución es la anarquía y el desorden.  Ocurrió en La Habana por una traición, pero no ocurrió así en Santiago de Cuba, que podemos poner como modelo cuantas veces se trate de acusar a la Revolución de anárquica y desorganizada (Aplausos).

Es conveniente que el pueblo conozca las comunicaciones que intercambiamos el general Cantillo y yo.  Si el pueblo no está cansado (Gritos y exclamaciones de:  “¡No!”) le puedo leer las mismas.

Después de los acuerdos tomados, cuando nosotros ya habíamos suspendido las operaciones sobre Santiago de Cuba, porque el día 28 ya nuestras tropas estaban muy próximas a la ciudad, y se habían realizado todos los preparativos para el ataque a la Plaza, de acuerdo con la entrevista sostenida, hubimos de realizar una serie de cambios, abandonar las operaciones sobre Santiago de Cuba y encaminar nuestras tropas hacia otros sitios, donde se suponía que el movimiento no estaba asegurado desde el primer instante.  Cuando todos nuestros movimientos estaban hechos, la columna preparada para marchar sobre la capital, recibo, unas pocas horas antes, esta nota del general Cantillo que dice textualmente:

“Han variado mucho las circunstancias en sentido favorable a una solución nacional” —en el sentido que él quiere para Cuba.  Era extraño, porque después de analizar los factores que se contaban, no podía ser más favorable la circunstancia.  Estaba asegurado el triunfo, y esto era una cosa extraña que viniera a decir: “Han variado muy favorablemente las circunstancias”.  Las circunstancias de que Batista y Tabernilla estaban de acuerdo, asegurado el golpe.  “[…] Que recomiendo no hacer nada en estos momentos y esperar los acontecimientos en las próximas semanas, antes del día 6”.

Desde luego, la tregua prolongada indefinidamente, mientras ellos hacían todos los amarres en La Habana.

Mi respuesta inmediata fue esta:

El contenido de la nota se aparta por completo de los acuerdos tomados, es ambiguo e incomprensible.  Y me ha hecho perder la confianza en la seriedad de los acuerdos. Quedan rotas las hostilidades a partir de mañana a las 3:00 p.m., que fue la fecha y hora acordadas para el movimiento.

(Aplausos)

Ocurrió entonces una cosa muy curiosa.  Además de la nota, que era muy breve, yo le mando a decir al jefe de la Plaza de Santiago de Cuba con el portador de la misma, que si las hostilidades se rompían porque los acuerdos no se cumplían y nos veíamos obligados a atacar la Plaza de Santiago de Cuba, entonces no habría otra solución que la rendición de la Plaza; que exigiríamos la rendición de la Plaza si las hostilidades se rompían y el ataque se iniciaba por nuestra parte.  Pero ocurrió que el portador de la nota no interpreta correctamente mis palabras y le dice al coronel Rego Rubido que yo decía que exigía la rendición de la Plaza como condición para cualquier acuerdo.  Él no dijo lo que yo le había afirmado:  “Que si se iniciaba el ataque”, pero no que yo le había puesto al general Cantillo como condición que se rindiera la Plaza.

En consecuencia del mensaje, el coronel jefe de la Plaza de Santiago de Cuba me envía una carta muy conceptuosa y muy pundonorosa que voy a leer también.  Naturalmente que se sentía ofendido con aquel plan­teamiento que le habían hecho erróneamente, y dice:

La solución encontrada no es golpe de Estado ni Junta Militar, y, sin embargo, creemos que es la que mejor conviene al doctor Fidel Castro, de acuerdo con sus ideas, y pondría en 48 horas el destino del país en sus manos.  No es solución local, sino nacional; y cualquier indiscreción adelantada podría comprometerla o destruirla creando el caos.  Queremos que se tenga confianza en nuestra gestión y se tendrá la solución antes del día 6.

En cuanto a Santiago, debido a la nota y a las palabras del mensajero, hay que cambiar el plan y no entrar.  Dichas palabras han causado malestar entre el personal “llave” y nunca se entregarían las armas sin pelear.  Las armas no se rinden a un aliado y no se entregan sin honor.

Frase muy hermosa del jefe de la Plaza de Santiago de Cuba.

Si no se tiene confianza en nosotros o si se ataca Santiago, se considerarán rotos los acuerdos y se paralizarán las gestiones para la solución ofrecida, desligándonos formalmente de todo compromiso.  Esperamos, debido al tiempo necesario para actuar en una u otra forma, que la respuesta llegue a tiempo para ser enviada a La Habana en el viscount de la tarde.

Mi respuesta a esta nota del coronel José Rego Rubido fue la siguiente:

Territorio Libre de Cuba, diciembre 31 de 1958.

Señor coronel.

Un lamentable error se ha producido en la trasmisión a usted de mis palabras.  Tal vez se debió a la premura con que respondí a su nota y a lo apurado de la conversación que sostuve con el portador.  Yo no le dije que la condición planteada por nosotros en los acuerdos que se tomaron era la rendición de la Plaza de Santiago de Cuba a nuestras fuerzas.  Hubiese sido una descortesía con nuestro visitante, y una proposición indigna y ofensiva para los militares que tan fraternalmente se han acercado a nosotros.

La cuestión es otra: se había llegado a un acuerdo y se adoptó un plan entre el líder del movimiento militar y nosotros.  Debía comenzar a realizarse el día 31 a las 3:00 p.m.  Hasta los detalles se acordaron después de analizar cuidadosamente los problemas que debían afrontarse. Se iniciaría con el levantamiento de la guarnición de Santiago de Cuba, persuadí al general C.  [Cantillo] de las ventajas de comenzar por Oriente y no en Columbia, por recelar el pueblo grandemente de cualquier golpe en los cuarteles de la capital de la República, y lo difícil que iba a ser, en ese caso, vincular la ciudadanía al movimiento.  Él coincidía plenamente con mis puntos de vista; se preocupaba solo por el orden en la capital y acordamos medidas para conjurar el peligro.

La medida era, precisamente, el avance de la columna nuestra sobre Santiago de Cuba.

Se trataba de una acción unida de los militares, el pueblo y nosotros; un tipo de movimiento revolucionario que desde el primer instante contaría con la confianza de la nación entera.  De inmediato, y de acuerdo con lo que se convino, suspendimos las operaciones que se estaban llevando a cabo, y nos dimos a la tarea de realizar nuevos movimientos de fuerzas hacia otros puntos como Holguín, donde la presencia de conocidos esbirros hacía casi segura la resistencia al movimiento militar revolucionario.

Cuando ya todos los preparativos estaban listos por nuestra parte, recibo la nota de ayer, donde se me daba a entender que no se llevaría [a cabo] la acción acordada.  Al parecer había otros planes, pero no se me informaba cuáles ni por qué.  De hecho ya no era cosa nuestra la cuestión.  Teníamos simplemente que esperar.  Unilateralmente se cambiaba todo.  Se ponía en riesgo a las fuerzas nuestras que, de acuerdo con lo que se contaba, habían sido enviadas a operaciones difíciles; quedábamos sujetos, además, a todos los imponderables.  Cualquier riesgo del general C., en sus frecuentes viajes a La Habana, se convertiría militarmente para nosotros en un desastre.  Reconozca usted que todo está muy confuso en este instante, y que Batista es un individuo hábil y taimado, que sabe maniobrar.  ¿Cómo puede pedírsenos que renunciemos a todas las ventajas obtenidas en las operaciones de las últimas semanas, para ponernos a esperar pacientemente a que los hechos se produzcan?

Bien aclaré que no podía ser una acción de los militares solos; para eso, realmente, no había que esperar los horrores de dos años de guerra.  Cruzarnos de brazos en los momentos decisivos es lo único que no se nos puede pedir a los hombres que no hemos descansado en la lucha contra la opresión desde hace siete años.

Aunque ustedes tengan la intención de entregar el poder a los revolucionarios, no es el poder en sí lo que a nosotros nos interesa, sino que la Revolución cumpla su destino. Me preocupa, incluso, que los militares, por un exceso injustificado de escrúpulos, faciliten la fuga de los grandes culpables, que marcharán al extranjero con sus grandes fortunas, para hacer desde allí todo el daño posible a nuestra patria.

Personalmente puedo añadirle que el poder no me interesa, ni pienso ocuparlo.  Velaré solo porque no se frustre el sacrificio de tantos compatriotas, sea cual fuere mi destino posterior.  Espero que estas honradas razones, que con todo respeto a su dignidad de militares les expongo, las comprendan.  Tengan la seguridad de que no están tratando con un ambicioso ni con un insolente […].

Párenme los tanques allí, hagan el favor (Gritos y aplausos).

Cuando terminemos nuestras declaraciones y la proclamación del presidente provisional, los tanques le harán honor al poder civil de la República, pasando enfrente de nuestros balcones (Aplausos).

Continúo leyendo la carta del día 31 al señor coronel jefe de la Plaza de Santiago de Cuba.

Personalmente puedo añadirle que el poder no me interesa, ni pienso ocuparlo, velaré solo porque no se frustre el sacrificio de tantos compatriotas, sea cual fuere mi destino posterior.  Espero que estas honradas razones, que con todo respeto a su dignidad de militares les expongo, las comprendan.  Tengan la seguridad de que no están tratando con un ambicioso ni con un insolente [repite el párrafo anterior a la interrupción].

Siempre he actuado con lealtad y franqueza en todas mis cosas.  Nunca se podrá llamar triunfo a lo que se obtenga con doblez y engaño.  El lenguaje del honor que ustedes entienden es el único que yo sé hablar.

Nunca se mencionó en la reunión con el general C. la palabra rendición, lo que ayer dije y reitero hoy es que a partir de las 3:00 de la tarde del día 31, fecha y hora acordadas, no podíamos prorrogar la tregua con relación a Santiago de Cuba, porque eso sería perjudicar extraordinariamente a nuestra causa.  Nunca una conspiración es segura.  Anoche llegó aquí el rumor de que el general C. había sido detenido en La Habana; que varios jóvenes habían aparecido asesinados en el cementerio de Santiago de Cuba.  Tuve la sensación de que habíamos perdido el tiempo miserablemente, aunque afortunadamente hoy parece comprobarse que el general C. se encuentra en su puesto, ¿qué necesidad tenemos de correr esos riesgos?

Lo que dije al mensajero en cuanto a rendición, que no fue trasmitido literalmente y pareció motivar las palabras de su nota de hoy, fue lo siguiente:  que si se rompían las hostilidades por no cumplirse lo acordado, nos veríamos obligados a atacar la Plaza de Santiago de Cuba, lo que es inevitable, dado que en ese sentido hemos encaminado nuestros esfuerzos en los últimos meses, en cuyo caso, una vez iniciada la operación, exigiríamos la rendición de las fuerzas que la defienden. Esto no quiere decir que pensemos que se rindan sin combatir, porque yo sé que, aun sin razón para combatir, los militares cubanos defienden las posiciones con tozudez y nos han costado muchas vidas.  Quise decir solo que después que se haya derramado la sangre de nuestros hombres por la conquista de un objetivo, no podía aceptarse otra solución, ya que aunque nos cueste muy caro, dadas las condiciones actuales de las fuerzas que defienden al régimen, las cuales no podrán prestar apoyo a esa ciudad, esta caería inexorablemente en nuestras manos.  Ese ha sido el objetivo básico de todas nuestras operaciones en los últimos meses, y un plan de esa envergadura no puede suspenderse por unas semanas sin graves consecuencias, caso de que el movimiento militar se frustre, perdiéndose, además, el momento oportuno, que es este, cuando la dictadura está sufriendo grandes reveses en las provincias de Oriente y Las Villas.

Se nos pone en el dilema de renunciar a las ventajas de nuestras victorias o atacar, un triunfo seguro a cambio de un triunfo probable. ¿Cree usted que con la nota de ayer, ambigua y lacónica, contentiva de una decisión unilateral, pueda yo incurrir en la responsabilidad de mantener en suspenso los planes?

Como militar que es reconozca que se nos pide un imposible.  Ustedes no han dejado un minuto de hacer trincheras; esas trincheras las pueden utilizar contra nosotros un Pedraza, un Pilar García, o un Cañizares, si el general C.  es relevado del mando y con él sus hombres de confianza.  No se nos puede pedir que permanezcamos ociosos. Vea usted que se nos coloca en una situación absurda. Aunque defiendan con valor sus armas, no nos queda más remedio que atacar, porque nosotros también tenemos obligaciones muy sagradas que cumplir.

Más que aliados, deseo que los militares honorables y nosotros seamos compañeros de una sola causa, que es la de Cuba […].

Deseo, por encima de todo, que usted y sus compañeros no se hagan una idea errónea de mi actitud y de mis sentimientos.  He sido extenso para evitar que se confundan o tergiversen los conceptos.

Respecto a la tácita suspensión del fuego en la zona de Santiago de Cuba, para evitar toda duda, ratifico que aunque en cualquier instante antes de que se inicien los combates podemos reanudar las operaciones, a partir de hoy debe quedar advertido que el ataque se va a producir de un momento a otro, y que por ninguna razón volveremos a suspender los planes, ya que todo esto, como son cuestiones que se tramitan en secreto, puede sembrar la confusión en el pueblo y perjudicar la moral de nuestros combatientes.

Atentamente,

Libertad o muerte.

(Aplausos)

El coronel Rego me respondió con una pundonorosa carta que es también digna de aplausos, y que dice así:

Señor:

Recibí su atenta carta fechada en el día de hoy [31 de diciembre de 1958] y créame que le agradezco profundamente la aclaración relativa a la nota anterior, aunque debo confesarle que siempre supuse que se trataba de una mala interpretación, pues a través del tiempo he observado su línea de conducta y estoy convencido de que es usted un hombre de principios.

Yo desconocía los detalles del plan original, pues solamente fui informado de la parte a mí concerniente, como también desconozco algunos pequeños detalles del plan actual. Yo estimo que, en parte, usted tiene razón cuando hace el análisis del plan original, pero creo que demoraría unos días más en llegar a su consumación y nunca podría evitarse que muchos de los culpables —grandes, medianos y chicos— se escaparan.

Soy de los que pienso que es absolutamente necesario dar un ejemplo en Cuba para aquellos que, aprovechando las posiciones del poder (Aplausos) cometen toda clase de hechos punibles, pero, desgraciadamente, la historia está plagada de casos semejantes y rara vez los culpables pueden ser puestos a disposición de las autoridades competentes, porque rara vez las revoluciones se hacen como deben hacerse.

Y por eso se escapan los grandes culpables como se han escapado, desgraciadamente, hoy.

Continúa la carta:

Comprendo perfectamente sus preocupaciones en el presente caso.  Yo, menos responsabilizado con la historia, también las tengo.

En cuanto a la actuación unilateral de que me habla, le reitero que no he participado en ello.  En ambos casos solo fui informado de la parte que me concernía, estimando que lo ocurrido ha sido que el general C.  tornó la idea de lo que usted deseaba de acuerdo con sus normas y principios, actuando en consecuencia.

No tengo motivos para suponer que persona alguna esté tratando de propiciar la fuga de culpables y, personalmente, soy opuesto a tal cosa —decía el coronel RegoRubido (Aplausos)— pero caso de producirse, la responsabilidad histórica por tales hechos recaería sobre quienes los hicieren posible y nunca sobre los demás.

Creo, sinceramente, que todo habrá de producirse en armonía con sus ideas y que el general está procediendo, inspirado en los mejores deseos para bien de Cuba y de la Revolución que usted acaudilla.

Supe de un joven estudiante muerto que se encontraba en el cementerio, y hoy mismo dispuse que se agotaran los medios investigativos, a fin de determinar quién fue el autor y las circunstancias en que ocurriera el hecho, tal como lo realicé en días pasados, hasta poner a disposición de la autoridad judicial correspondiente a los presuntos responsables.

Finalmente, debo informarle que cursé un despacho al general interesando un avión para hacerle llegar su conceptuosa carta, y no se impaciente, que a lo mejor antes de la fecha fijada como límite máximo está usted en La Habana.

Cuando el general se marchó, le pedí que me dejara el helicóptero con el piloto por si a usted se le ocurría pasear el domingo por la tarde sobre Santiago (Aplausos).

Bueno, doctor, reciba usted el testimonio de mi mejor consideración y el ferviente deseo de un feliz Año Nuevo.

Firmado:  Coronel Rego Rubido

(Aplausos)

En este estado estaban las conversaciones cuando, tanto el coronel Rego, jefe de la Plaza de Santiago de Cuba, como yo, fuimos sorprendidos por el golpe de Estado de Columbia que se apartaba por completo de lo acordado.  Y lo primero que se hizo, lo más criminal que se hizo, fue dejar escapar a Batista, a Tabernilla y a los grandes culpables (Aplausos).  Los dejaron escapar con sus millones de pesos, los dejaron escapar con los 300 ó 400 millones de pesos que se han robado y ¡muy caro nos va a costar eso!  Porque ahora van a estar desde Santo Domingo y desde otros países haciendo propaganda contra la Revolución, fraguando todo el daño posible contra nuestra causa.  Y durante muchos años los vamos a tener ahí amenazando a nuestro pueblo, manteniéndolo en constante estado de alerta, porque van a pagar y a fraguar conspiraciones contra nosotros.  Y todo por la debilidad, por la irresponsabilidad y por la traición de los que promovieron el golpe contrarrevolucionario de la madrugada de hoy.

¿Qué hicimos nosotros?  Tan pronto supimos del golpe, nos enteramos por Radio Progreso; y a esa hora, adivinando yo lo que se estaba fraguando, ya estaba haciendo unas declaraciones, cuando me entero de que Batista se había ido para Santo Domingo.  Yo pensé:  ¿Será un rumor?, ¿será una bola?  Y mando a ratificar; cuando oigo la noticia de que, efectivamente, el señor Batista y su camarilla se habían escapado y, lo más bonito es que el general Cantillo decía que ese movimiento se había producido gracias a los patrióticos propósitos del general Batista, ¡los patrióticos propósitos del general Batista!, ¡que renunciaba para ahorrar derramamiento de sangre!  ¿Qué les parece?  (Gritos).

Hay algo más todavía.  Para tener una idea de la clase de golpe que se preparó, basta decir que a Pedraza lo había nombrado miembro de la Junta y se fue (Risas y gritos).  Yo creo que no hay que añadir nada más para ver la clase de intenciones que tenían los golpistas.  Y no nombraron al presidente Urrutia, que es el presidente proclamado por el Movimiento y por todas las organizaciones revolucionarias (Aplausos).  Llamaron a un señor que es el más viejo, nada menos, de todos los magistrados del Tribunal Supremo, que 
son bastante viejos todos (Risas); y sobre todo un señor que ha sido presidente, hasta hoy, de un Tribunal Supremo de Justicia, donde no había justicia de ninguna clase.

¿Cuál iba a ser el resultado de todo esto?  Pues una revolución a medias, una componenda, una caricatura de revolución.  El señor Perico de los Palotes; lo mismo da que se llame de una manera o de otra.  Ese señor Piedra, que a estas horas si no ha renunciado que se prepare, que lo vamos a ir a hacer renunciar a La Habana (Aplausos).  Creo que no dura las 24 horas.  Va a romper un récord (Risas y aplausos).

Designan a este señor, y muy bonito: Cantillo, héroe nacional, paladín de las libertades cubanas, amo y señor de Cuba, y el señor Piedra allí. Sencillamente habíamos derrocado a un dictador para implantar otro. En todos los órdenes, el movimiento de Columbia era un movimiento contrarrevolucionario, en todos los órdenes se apartaba del propósito del pueblo, en todos los órdenes era sospechoso; e inmediatamente el señor Piedra hizo un lla­mamiento, dijo que lo iba a hacer para llamar a los rebeldes y una comisión de paz.  Y nosotros tan tranquilos, dejábamos los fusiles y lo dejábamos todo, y nos íbamos allá a rendirles pleitesía al señor Piedra y al señor Cantillo.

Era evidente que tanto Cantillo como Piedra estaban en la luna.  Estaban en la luna porque creo que el pueblo de Cuba ha aprendido mucho, y los rebeldes hemos aprendido algo.

Esa era la situación esta mañana, que no es la situación de esta noche, porque ha cambiado mucho (Aplausos).  Ante este hecho, ante esta traición, dimos órdenes a todos los comandantes rebeldes de continuar las operaciones militares, y de continuar marchando sobre los objetivos; en consecuencia, inmediatamente dimos órdenes a todas las columnas destinadas a la operación de Santiago de Cuba a avanzar sobre la ciudad.

Yo quiero que ustedes sepan que nuestras fuerzas venían muy seriamente decididas a tomar Santiago de Cuba por asalto.  Ello hubiera sido muy lamentable, porque hubiese costado mucha sangre, y esta noche de hoy no sería una noche de alegría como esta, y de paz como esta, y de confraternidad como esta (Aplausos).

Debo confesar que si en Santiago de Cuba no se libró una batalla sangrienta se debe, en gran parte, a la patriótica actitud del coronel del Ejército José Rego Rubido (Aplausos); a los comandantes de las fragatas Máximo Gómez y Maceo, al jefe del Distrito Naval de Santiago de Cuba (Aplausos), y al oficial que desempeñaba el cargo de la jefatura de policía (Aplausos).  Todos —y es justo que aquí lo reconozcamos y se lo agradezcamos— contribuyeron a evitar una sangrienta batalla y a convertir el movimiento contrarrevolucionario de esta mañana en el movimiento revolucionario de esta tarde.

A nosotros no nos quedaba otra alternativa que atacar porque no podíamos permitir la consolidación del golpe de Columbia y, por lo tanto, había que atacar sin espera.  Y cuando las tropas marchaban ya sobre sus objetivos, el coronel Rego hizo un viaje en el helicóptero para localizarme.  Los jefes de las fragatas hicieron contacto con nosotros y se pusieron, incondicionalmente, a las órdenes de la Revolución (Aplausos).

Contándose ya con el apoyo de las dos fragatas, que tienen un altísimo poder de fuego, con el apoyo del Distrito Naval y con el apoyo de la Policía, convoqué entonces a una reunión de todos los oficiales del Ejército de la Plaza de Santiago de Cuba, que son más de 100.  Les dije a esos militares, cuando los invité a reunirse conmigo, que yo no tenía la menor preocupación en hablarles, porque sabía que tenía la razón; porque sabía que comprenderían mis argumentos y que de esta reunión se llegaría a un acuerdo.

Y, efectivamente, en horas de la noche, en los primeros momentos de la noche, nos reunimos en El Escandel la casi totalidad de los oficiales del Ejército de Santiago de Cuba, muchos de ellos hombres jóvenes que se les ve ansiosos de luchar por el bien de su país.  Reuní a aquellos militares y les hablé de nuestro sentimiento revolucionario, les hablé de nuestro propósito con nuestra patria, les hablé de lo que queríamos para el país, de cuál había sido siempre nuestra conducta con los militares, de todo el daño que le había hecho la tiranía al Ejército y cómo no era justo que se considerase por igual a todos los militares; que los criminales solo eran una minoría insignificante, y que había muchos militares honorables en el Ejército, que yo sé que aborrecían el crimen, el abuso y la injusticia.

No era fácil para los militares desarrollar un tipo determinado de acción; era lógico, que cuando los cargos más elevados del Ejército estaban en manos de los Tabernilla, de los Pilar García, de los parientes y de los incondicionales de Batista, y existía un gran terror en el Ejército; a un oficial aisladamente no se le podía pedir responsabilidad.

Había dos clases de militares —y nosotros los conocemos bien—:  los militares como Sosa Blanco, Cañizares, Sánchez Mosquera, Chaviano (Gritos y abucheos), que se caracterizaron por el crimen y el asesinato a mansalva de infelices campesinos.  Pero hubo militares que fueron muy honrados en su campaña; hubo militares que jamás asesinaron a nadie, ni quemaron una casa, como fue el comandante Quevedo, que fue nuestro prisionero después de una heroica resistencia en la Batalla de Jigüe, y que hoy sigue siendo comandante del Ejército (Aplausos); el comandante Sierra, y otros muchos militares que jamás quemaron una casa.  A esos militares no los ascendían, a los que ascendían era a los criminales, porque Batista siempre se encargó de premiar el crimen.  Tenemos el caso, por ejemplo, del coronel Rego Rubido, que no le debe sus grados a la dictadura, sino que ya era coronel cuando se produjo el 10 de Marzo (Aplausos).

El hecho cierto es que recabé el apoyo de la oficialidad del Ejército de Santiago de Cuba, y la oficialidad del Ejército de Santiago de Cuba le brindó su apoyo incondicional a la Revolución Cubana (Aplausos).  Reunidos los oficiales de la Marina, de la Policía y del Ejército, se acordó desaprobar el golpe amañado de Columbia y apoyar al Gobierno legal de la República, porque cuenta con la mayoría de nuestro pueblo, que es el doctor Manuel Urrutia Lleó (Aplausos); y apoyar a la Revolución Cubana.  Gracias a esa actitud se ahorró mucha sangre, gracias a esa actitud se ha gestado de verdad, en la tarde de hoy, un verdadero movimiento militar revolucionario.

Yo comprendo que en el pueblo hay muchas pasiones justificadas.  Yo comprendo las ansias de justicia que hay en nuestro pueblo, y se cumplirá porque habrá justicia (Aplausos). Pero yo le quiero pedir a nuestro pueblo antes de nada, calma.  Estamos en instantes en que debemos con­­solidar el poder antes que nada.  ¡Lo primero ahora es consolidar el poder!  Después reuniremos una comisión de militares honorables y de oficiales del Ejército Rebelde para tomar todas las medidas que sean aconsejables, para exigir responsabilidad a aquellos que la tengan (Aplausos).  ¡Y nadie se opondrá!, porque al Ejército y a las Fuerzas Armadas son a los que más les interesa que la culpa de unos cuantos no la pague todo el cuerpo, y que no sea una vergüenza vestir el uniforme militar (Aplausos); que los culpables sean castigados para que los inocentes no tengan que cargar con el descrédito (Aplausos).  ¡Tengan confianza en nosotros!, es lo que le pedimos al pueblo, porque sabemos cumplir con nuestro deber (Aplausos).

En esas circunstancias se realizó en la tarde de hoy un verdadero movimiento revolucionario del pueblo, de los militares y de los rebeldes, en la ciudad de Santiago de Cuba (Aplausos).  Es indescriptible el entusiasmo de los militares, y en prueba de confianza les pedí a los oficiales que entraran conmigo en Santiago de Cuba, ¡y aquí están todos los oficiales del Ejército!  (Aplausos).  ¡Ahí están los tanques a disposición de la Revolución!  (Aplausos).  ¡Ahí está la artillería a disposición de la Revolución!  (Aplausos).  ¡Ahí están las fragatas a disposición de la Revolución!  (Gritos y aplausos).

Yo no voy a decir que la Revolución tiene el pueblo, eso ni se dice, eso lo sabe todo el mundo.  Yo decía que el pueblo, que antes tenía escopeticas, ya tiene artillería, tanques y fragatas; y tiene muchos técnicos capacitados del Ejército que nos van a ayudar a manejarlas, si fuese necesario (Aplausos).  ¡Ahora sí que el pueblo está armado!  Yo les aseguro que si cuando éramos 12 hombres solamente no perdimos la fe (Aplausos), ahora que tenemos ahí 12 tanques cómo vamos a perder la fe.

Quiero aclarar que en el día de hoy, esta noche, esta madrugada, porque es casi de día, tomará posesión de la presidencia de la República, el ilustre magistrado, doctor Manuel Urrutia Lleó (Aplausos).  ¿Cuenta o no cuenta con el apoyo del pueblo el doctor Urrutia?  (Aplausos y gritos).  Pero quiere decir, que el presidente de la República, el presidente legal, es el que cuenta con el pueblo, que es el doctor Manuel Urrutia Lleó.

¿Quién quiere al señor Piedra para presidente?  (Abucheos y gritos de:  “¡Nadie!”).  Si nadie quiere al señor Piedra para presidente, ¿cómo se nos va a imponer al señor Piedra para presidente?  (Abucheos).  Si esa es la orden del pueblo de Santiago de Cuba, que es el sentimiento del pueblo de Cuba entera, tan pronto concluya este acto marcharé con las tropas veteranas de la Sierra Maestra, los tanques y la artillería hacia la capital, para que se cumpla la voluntad del pueblo (Aplausos).

Aquí estamos, sencillamente, a las órdenes del pueblo.  Lo legal en este momento es el mandato del pueblo.  Al presidente lo elige el pueblo y no lo elige un conciliábulo en Columbia, a las 4:00 de la madrugada (Aplausos).  El pueblo ha elegido a su presidente y eso quiere decir que desde este instante quedará constituida la máxima autoridad legal de la República (Aplausos).  Ninguno de los cargos ni de los grados que se han concedido de acuerdo con la Junta Militar de la madrugada de hoy tienen validez alguna.  Todos los nombramientos de cargos dentro del Ejército son nulos —me refiero a todos los nombramientos que se han hecho esta mañana—; quien acepte un cargo designado por la Junta traicionera de esta mañana estará asumiendo una actitud contrarrevolucionaria, llámese como se llame (Aplausos), y, en consecuencia, quedará fuera de la ley.

Tengo la completa seguridad de que mañana todos los mandos militares de la República habrán aceptado las disposiciones del presidente de la República (Aplausos).  El presidente procederá de inmediato a designar a los jefes del Ejército, de la Marina y de la Policía (Aplausos) por los altos servicios que ha prestado en esta hora a la Revolución y por haber puesto sus miles de hombres a la disposición de la Revolución.  He recomendado para jefe del Ejército al coronel Rego Rubido (Aplausos).  Igualmente se designará como jefe de la Marina a uno de los dos comandantes de la fragata que primero se sumaron a la Revolución (Aplausos), y le he recomendado al presidente de la República que designe para jefe nacional de la Policía al comandante Efigenio Ameijeiras, que ha perdido tres hermanos (Aplausos), que es uno de los expedicionarios del Granma y uno de los hombres más capacitados del ejército revolucionario (Aplausos).  Ameijeiras está en operaciones en Guantánamo, pero mañana él llega aquí (Aplausos).

Yo solo pido tiempo para nosotros y para el poder civil de la República a fin de ir realizando las cosas a gusto del pueblo, pero poco a poco (Aplausos).  Solo le pido una cosa al pueblo, y es que tenga calma.  (Del público le dicen:  “¡Oriente federal, Oriente capital!”).  ¡No!, ¡no!, la República unida siempre y por encima de todas las cosas (Aplausos).  Lo que hay que pedir es justicia para Oriente (Aplausos).  En todo, el tiempo es un factor importante.  La Revolución no se podrá hacer en dos días; ahora, tengan la seguridad de que la Revolución la hacemos.  Tengan la seguridad de que por primera vez de verdad la República será enteramente libre y el pueblo tendrá lo que merece (Aplausos).  El poder no ha sido fruto de la política, ha sido fruto del sacrificio de cientos y de miles de nuestros compañeros.  No hay otro compromiso que con el pueblo y con la nación cubana.  Llega al poder un hombre sin compromisos con nadie, sino con el pueblo exclusivamente (Aplausos).

El Che Guevara (Aplausos) recibió la orden de avanzar sobre la capital no provisional de la República, y el comandante Camilo Cienfuegos, jefe de la Columna 2 Antonio Maceo (Aplausos) ha recibido la orden de marchar sobre la gran Habana y asumir el mando del campamento militar de Columbia (Aplausos).  Se cumplirán, sencillamente, las órdenes del presidente de la República y el mandato de la Revolución (Aplausos).

De los excesos que se hayan cometido en La Habana, no se nos culpe a nosotros.  Nosotros no estábamos en La Habana.  De los desórdenes ocurridos en La Habana, cúlpese al general Cantillo y a los golpistas de la madrugada, que creyeron que iban a dominar la situación allí (Aplausos).  En Santiago de Cuba, donde se ha hecho una verdadera Revolución, ha habido orden completo.  En Santiago de Cuba se han unido el pueblo, los militares y los revolucionarios, y eso es indestructible (Aplausos).

La jefatura del Gobierno, la jefatura del Ejército y la jefatura de la Marina estarán en Santiago de Cuba, y sus órdenes serán de obligatorio cumplimiento a todos los mandos de la República.

Esperamos que todos los militares honorables acaten estas disposiciones, porque el militar, antes que nada, está al servicio de la ley y de la autoridad —no de la autoridad constituida, porque muchas veces está una autoridad mal constituida—, la autoridad legítimamente constituida (Aplausos).

Ningún militar honorable tiene nada que temer de la Revolución.  Aquí en esta lucha no hay vencidos, porque solo el pueblo ha sido el vencedor (Aplausos).  Ha habido caídos de un lado y de otro, pero todos nos hemos unido para darle el apoyo a la Revolución.  Nos hemos dado el abrazo fraternal los militares buenos y los revolucionarios (Aplausos).

No habrá ya más sangre.  Espero que ningún núcleo haga resistencia, porque aparte de ser una resistencia inútil y una resistencia que sería aplastada en pocos instantes, sería una resistencia contra la ley y contra la República y contra el sentimiento de la nación cubana (Aplausos).

Ha habido que organizar este movimiento de hoy para que no ocurra otra guerra dentro de seis meses.  ¿Qué pasó cuando el machadato?  Pues que también un general de Machado dio un golpe y quitó a Machado, y puso a un presidente que duró 15 días; y vinieron los sargentos y dijeron que aquellos oficiales eran responsables de la dictadura de Machado, y que ellos no los respetaban.  Creció la efervescencia revolucionaria y expulsaron a los oficiales.  Ahora no podrá ocurrir así; ahora estos oficiales tienen el respaldo del pueblo, y tienen el respaldo de la tropa, y tienen el prestigio que les da el haberse sumado a un verdadero movimiento revolucionario (Aplausos).

Estos militares serán respetados y considerados por el pueblo y no habrá que emplear la fuerza, ni habrá que andar con fusiles por la calle, ni metiéndole miedo a nadie porque el verdadero orden, el verdadero orden es el que se basa en la libertad, en el respeto y en la justicia, y no en la fuerza.  Desde ahora en adelante el pueblo será enteramente libre y el pueblo sabe comportarse debidamente, como lo ha demostrado hoy (Aplausos).

La paz que nuestra patria necesita se ha logrado. Santiago de Cuba ha pasado a la libertad sin que hubiera que derramar sangre.  Por eso hay tanta alegría, y por eso es que los militares que en el día de hoy desoyeron y desaprobaron el golpe de Columbia para sumarse incondicionalmente a la Revolución merecen nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y nuestro respeto (Aplausos).  Los institutos armados de la República serán en el futuro modelos de instituciones, por su capacidad, por su educación y por su identificación con la causa del pueblo.  Porque los fusiles, de ahora en adelante, solo estarán siempre al servicio del pueblo (Aplausos).

No habrá más golpes de Estado, no habrá más guerra, porque por eso nos hemos preocupado, de que no ocurra ahora como cuando Machado.  Estos señores, para hacer más parecido el caso de la madrugada de hoy con el caso de la caída de Machado, aquella vez pusieron a un Carlos Manuel, y ahora pusieron a otro Carlos Manuel (Abucheos).

Lo que no habrá esta vez es un Batista (Aplausos), porque no habrá necesidad de un 4 de septiembre, que destruyó la disciplina en las Fuerzas Armadas, porque lo que ocurrió con Batista fue que instauró aquí la indisciplina en el Ejército, porque su política consistía en halagar a los soldados para mantener disminuida la autoridad de los oficiales.  Los oficiales tendrán autoridad, habrá disciplina en el Ejército.  Habrá un Código Penal Militar, donde los delitos contra los derechos humanos y contra la honradez y la moral que debe tener todo militar, serán castigados debidamente (Aplausos).

No habrá privilegios para nadie.  El militar que tenga capacidad y tenga méritos será el que ascienda, y no el pariente, el amigo, como ha existido hasta hoy, que no se han respetado los escalafones.

Para los militares se acabará, como se acabará para los trabajadores, toda esa explotación de contribuciones obligatorias, que en los obreros es la cuota sindical y en los militares es el peso para la primera dama, y los dos pesos para esto, y los dos pesos para lo otro, y les acaban con el sueldo (Aplausos).

Naturalmente, que el pueblo todo lo debe esperar de nosotros, y lo va a recibir.  Pero he hablado de los militares para que ellos sepan que también todo lo van a recibir de la Revolución, todas las mejoras que jamás han tenido, porque cuando no se robe el dinero de los presupuestos estarán mucho mejor los militares de lo que están hoy.  Y el soldado no ejercerá funciones de policía, el soldado estará en su entrenamiento, en su cuartel; no tendrá que estar ejerciendo funciones de policía.

Nosotros (Gritos de: “¡Microonda!”) de microonda nada (Aplausos), aunque sí quiero aclarar que en este momento los rebeldes andamos con microondas porque las necesitamos (Aplausos), pero las microondas ahora no las tendrán los esbirros, ni nada de eso; nada de asesinos, ni nada de frenazos delante de las casas y la tocadera a medianoche (Gritos y aplausos).

Yo tengo la seguridad de que tan pronto tome posesión y asuma el mando el presidente de la República, decretará el restablecimiento de las garantías y la absoluta libertad de prensa y todos los derechos individuales en el país (Aplausos); y todos los derechos sindicales, y todos los derechos y todas las demandas de nuestros campesinos y de nuestro pueblo en general.

No nos olvidaremos de nuestros campesinos de la Sierra Maestra y de los de Santiago de Cuba (Aplausos).  No nos iremos a vivir a La Habana olvidados de todos; donde yo quiero vivir es en la Sierra Maestra (Aplausos).  Por lo menos, en la parte que me corresponda, por un sentimiento muy profundo de gratitud, no olvidaré a aquellos campesinos; y tan pronto tenga un momento libre voy a ver dónde vamos a hacer la primera Ciudad Escolar, con cabida para 20 000 niños (Aplausos).  Y lo vamos a hacer con la ayuda del pueblo.  Los rebeldes van a trabajar allí.  Le vamos a pedir a cada ciudadano un saco de cemento y una cabilla (Aplausos y gritos de: “¡Sí, sí!”).  Y yo sé que obtendremos la ayuda de nuestra ciudadanía (Aplausos).

No olvidaremos a ninguno de los sectores de nuestro pueblo (del público le dicen:  “¡Viva Crescencio Pérez!”).  ¡Que viva Crescencio Pérez que perdió a un hijo en los días postreros de la guerra!

La economía del país se restablecerá inmediatamente.  Este año nosotros seremos los que cuidaremos la caña, para que no se queme.  Porque este año los impuestos del azúcar no servirán para comprar armas homicidas y bombas y aviones para bombardear al pueblo (Aplausos).

Cuidaremos las comunicaciones y ya, desde Jiguaní hasta Palma Soriano, la línea telefónica está restablecida y la vía férrea será restablecida (Aplausos).  Y habrá zafra en todo el país y habrá buenos salarios, porque yo sé que ese es el propósito del presidente de la República.  Y habrá buenos precios porque, precisamente, el miedo a que no hubiera zafra ha levantado los precios del mercado mundial; y los campesinos podrán sacar su café (Aplausos); y los ganaderos todavía podrán vender sus reses gordas en La Habana, porque afortunadamente el triunfo ha llegado a tiempo, para que no haya ruina de ninguna clase.

No es a mí a quien le corresponde hablar de estas cosas.  Ustedes saben que somos hombres de palabra y que lo que prometemos lo cumplimos.  Y queremos prometer menos de lo que vamos a cumplir, no más, sino menos de lo que vamos a cumplir, y hacer más de lo que ofrezcamos al pueblo de Cuba (Aplausos).

No creemos que todos los problemas se vayan a resolver fácilmente, sabemos que el camino está preñado de obstáculos, pero nosotros somos hombres de fe, que nos enfrentamos siempre a las grandes dificultades (Aplausos).

Podrá estar seguro el pueblo de una cosa, y es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que traicionamos, que hicimos negocios sucios, que usamos el favoritismo, que usamos los privilegios (Aplausos).  Y yo sé que el pueblo los errores los perdona, y lo que no perdona son las sinvergüencerías, y los que hemos tenido son sinvergüenzas (Aplausos).

Al asumir como presidente el magistrado, doctor Manuel Urrutia Lleó, a partir de ese instante, cuando jure ante el pueblo la presidencia de la República, él será la máxima autoridad de nuestro país (Aplausos).  Nadie piense que yo pretenda ejercer facultades aquí por encima de la autoridad del presidente de la República, yo seré el primer acatador de las órdenes del poder civil de la República, y el primero en dar el ejemplo (Aplausos).  Cumpliremos sencillamente sus órdenes, y, dentro de las atribuciones que nos conceda, trataremos de hacer lo más posible por nuestro pueblo, sin ambiciones, porque afortunadamente estamos inmunes a las ambiciones y a las vanidades.  ¡Qué mayor gloria que el cariño de nuestro pueblo!  ¡Qué mayor premio que esos millares de brazos que se agitan llenos de esperanza, de fe y de cariño hacia nosotros!  (Aplausos).

Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición, porque como dijo nuestro Apóstol:  “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, y no hay satisfacción ni premio más grande que cumplir con el deber como lo hemos estado haciendo hasta hoy, y como lo haremos siempre.  Y en esto no hablo en mi nombre, hablo en nombre de los miles y miles de combatientes que han hecho posible la victoria del pueblo (Aplausos).

Hablo del profundo sentimiento de respeto y de devoción hacia nuestros muertos, que no serán olvidados.  Los caídos tendrán en nosotros los más fieles compañeros.  Esta vez no se podrá decir, como otras, que se ha traicionado la memoria de los muertos, porque los muertos seguirán mandando.  Físicamente no están aquí Frank País, Josué País, Pepito Tey ni tantos otros, pero están moralmente, están espiritualmente; y solo la satisfacción de saber que el sacrificio no ha sido vano, compensa el inmenso vacío que dejaron en el camino (Aplausos).  Sus tumbas seguirán teniendo flores frescas.  Sus hijos no serán olvidados, porque los familiares de los caídos serán ayudados (Aplausos).

Los rebeldes no cobraremos sueldo por los años que hemos estado luchando.  Y nos sentimos orgullosos de no cobrar sueldos por los servicios que le hemos prestado a la Revolución; en cambio, es posible que sigamos cumpliendo nuestras obligaciones sin cobrar sueldos, porque si no hay dinero, ¡no importa!, lo que hay es voluntad, y hacemos lo que sea necesario (Aplausos).

Pero también quiero aquí repetir lo que dije en La historia me absolverá, y es que también velaremos porque no les falten el sustento, ni la asistencia, ni la educación a los hijos de los militares que han caído luchando contra nosotros, porque ellos no tienen culpa de los horrores de la tiranía (Aplausos). Y seremos generosos con todos porque, repito, que aquí no ha habido vencidos sino vencedores. Serán castigados solo los criminales de guerra, porque ese es un deber ineludible con la justicia (Aplausos).  Y ese deber puede tener la seguridad el pueblo de que lo cumpliremos. Y cuando haya justicia, no habrá venganza. Para que el día de mañana no haya atentados contra nadie tiene que haber justicia hoy.  Como habrá justicia no habrá venganza ni habrá odio. El odio lo desterraremos de la República, como una sombra maldita que nos dejó la ambición y la opresión (Aplausos).

Triste es que se hayan escapado los grandes culpables.  No faltan miles de hombres que quieran perseguirlos, pero nosotros tenemos que respetar las leyes de otros países.  A nosotros nos sería fácil porque voluntarios tenemos de sobra para ir a perseguir a esos delincuentes, y hombres que estén dispuestos a jugarse la vida.  Pero no queremos aparecer como un pueblo que viole las leyes de los demás pueblos; las respetaremos mientras se respeten las nuestras. Pero sí advierto que si en Santo Domingo se ponen a conspirar contra la Revolución (Gritos de: “¡Trujillo!”).  Sí, Trujillo.  Yo había pensado, en alguna ocasión, que Trujillo nos había hecho daño vendiéndole armas a Batista, y el daño que le hizo no fue porque vendiera armas, sino porque vendiera armas tan malas que cuando cayeron en nuestras manos no servían para nada (Risas y aplausos). Sin embargo, vendió bombas, y con las bombas fueron asesinados muchos campesinos.  No dan ni deseos de devolverle las carabinas porque no sirven, sino de devolverle algo mejor.

Es lógico, en primer término, que los perseguidos políticos de Santo Domingo tendrán aquí su mejor casa y su mejor asilo.  Y los perseguidos políticos de todas las dictaduras tendrán aquí su mejor casa y la mayor comprensión, porque nosotros hemos sido perseguidos políticos.

Si Santo Domingo se convierte en arsenal de la contrarrevolución, si Santo Domingo se convierte en base de conspiraciones contra la Revolución Cubana, si esos señores se dedican desde allá a hacer conspiraciones, más vale que se vayan pronto de Santo Domingo, porque allí no van a estar tampoco muy seguros (Aplausos).  Y no seremos nosotros, que nosotros no tenemos que meternos en los problemas de Santo Domingo, es que los dominicanos han aprendido el ejemplo de Cuba, y las cosas se van a poner por allí muy serias (Aplausos).  Los dominicanos han aprendido que es posible pelear contra la tiranía y derrotarla, y ese ejemplo es lo que más temían preci­samente los dictadores, el ejemplo alentador para América que acaba de producirse en nuestra patria (Aplausos).

Vela por el curso y el destino de esta Revolución la América entera. Toda ella tiene sus ojos puestos en nosotros.  Toda ella nos acompaña con sus mejores deseos de triunfo.  Toda ella nos respaldará en nuestros momentos difíciles.  Esta alegría de hoy no solo es en Cuba, sino en América entera. Como nosotros nos hemos alegrado cuando ha caído un dictador en la América Latina, ellos también se alegran hoy por los cubanos.

Debo concluir, aunque sea enorme el cúmulo de sentimientos y de ideas que con el desorden, el bullicio y la emoción de hoy acuden a nuestra mente.  Decía —y quedó sin concluir aquella idea— que habría justicia, y que era lamentable que hubiesen escapado los grandes culpables, por culpa de quienes ya sabemos, porque el pueblo sabe quién tiene la culpa de que se hayan escapado; y que vinieran a dejar aquí, no voy a decir a los más infelices, pero sí a los más torpes, a los que no tenían dinero, a los hombres de fila que obedecieron las órdenes de los grandes culpables.  Dejaron escapar a los grandes culpables para que el pueblo saciase su ira y su indignación con los que tienen menos responsabilidad. Aunque está bien que se les castigue ejemplarmente, para que aprendan.

Siempre pasa lo mismo, el pueblo les advierte que los grandes se van y ellos se quedan, y sin embargo, siempre pasa lo mismo, los grandes se van y ellos se quedan, pues que se castiguen también (Aplausos).  Si los grandes se van tendrán también su castigo.  Duro, muy duro es tener que vivir alejado de la patria por toda la vida, porque, cuando menos, serán condenados al ostracismo por toda la vida los criminales y los ladrones que han huido precipitadamente.

¡Quién viera por un agujero —como dice el pueblo— al señor Batista en estos momentos!  ¡Al guapo, al hombre soberbio que no pronunciaba un solo discurso si no era para llamar cobardes, y miserables y bandidos a todos los demás!  Aquí ni siquiera se ha llamado bandido a nadie, aquí no reina ni se respira el odio, la soberbia ni el desprecio, como en aquellos discursos de la dictadura. Aquel hombre que dice que cuando entró en Columbia llevaba una bala en la pistola (Gritos), se marchó en horas de la madrugada en un avión, con una bala en la pistola (Gritos).  Quedó demostrado que los dictadores no son tan temibles ni tan suicidas, y que cuando llega la hora en que están perdidos huyen cobardemente. Lo lamentable realmente es que haya escapado cuando pudiera haber sido hecho prisionero, y si hacemos prisionero a Batista le hubiéramos quitado los 200 millones de pesos que se robó (Aplausos).  ¡Reclamaremos el dinero téngalo donde lo tenga!  (Aplausos) porque no son delincuentes políticos, sino delincuentes comunes.  Y vamos a ver los que aparezcan en las embajadas, si es que el señor Cantillo no les ha dado ya salvoconducto. Vamos a distinguir entre los delincuentes políticos y los delincuentes comunes.  Asilo para los delincuentes políticos, nada para los delincuentes comunes. Tienen que ir ante los tribunales y demostrar que son delincuentes políticos, y si se demuestra que son delincuentes comunes, que los entreguen a las autoridades (Gritos de: “¡Mujal, Mujal!”). Y Mujal, a pesar de lo grande y lo gordo que es, no se sabe dónde está en este momento (Gritos).  Nadie tiene noticias.  ¡Cómo han huido! ¡Yo no me explico cómo ustedes se acuerdan todavía de esos infelices!  (Risas).  Por fin el pueblo se libró de toda esa canalla. 

Ahora hablará el que quiera, bien o mal, pero hablará el que quiera.  No es como ocurría aquí, que hablaban ellos solos y hablaban mal (Gritos).  Habrá libertad absoluta porque para eso se ha hecho la Revolución; libertad incluso para nuestros enemigos; libertad para que nos critiquen y nos ataquen a nosotros; que siempre será un placer saber que nos combaten con la libertad que hemos ayudado a conquistar para todos (Aplausos). Nunca nos ofen­deremos, siempre nos defenderemos y seguiremos solo una norma:  la norma del respeto al derecho y a los pensamientos de los demás.

Esos nombres que se han mencionado aquí, esa gente, Dios sabe en qué embajada, en qué playa, en qué barco, adónde han ido a parar.  Bástenos saber que nos hemos librado de ellos, y que si tienen alguna casita, alguna finquita, o alguna vaquita por ahí; la tendremos sen­cillamente que confiscar.

Porque debo advertir que los funcionarios de la tiranía, los representantes, los senadores, los alcaldes, los que no han robado particularmente, pero que han cobrado los sueldos, tendrán que devolver hasta el último centavo de lo que han cobrado en estos cuatro años, porque han cobrado ilegalmente y tendrán que devolverle a la República el dinero que han cobrado todos esos senadores, y todos esos representantes; y si no lo devuelven, les confiscaremos las propiedades que tengan.

Esto, aparte de lo que se hayan robado, porque el que haya robado, a ese no le quedará nada del producto del robo, porque esa es la primera ley de la Revolución.  No es justo que se mande a prisión a un hombre que se robó una gallina, o un guanajo, y que los que se roban millones de pesos estén encantados de la vida por ahí.  ¡Que se anden con cuidado!  (Aplausos).  Y que anden con cuidado los ladrones de hoy y de ayer.  Que anden con cuidado porque la ley revolucionaria puede caer sobre los hombros de todos los culpables de todos los tiempos, porque la Revolución llega al triunfo sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo, que es al único al que debe su victoria (Aplausos).

Voy a terminar (Gritos de: “¡No!”).  Voy a terminar por hoy (Gritos de:  “¡No!”).  Bueno, recuerden que tengo que marchar inmediatamente, es mi obligación, y ustedes llevan muchas horas parados (Gritos de: “¡No, no!”).

Veo tantas banderas blancas, rojas y negras en los vestidos de nuestras compañeras, que realmente se nos hace duro abandonar esta tribuna, donde hemos experimentado, todos los que estamos aquí presentes, la más grande emoción de nuestras vidas (Gritos y aplausos).

No podemos menos que recordar a Santiago de Cuba con entrañable cariño.  Las veces que nos reunimos aquí, un mitin allá en la Alameda, un mitin acá en una avenida (Gritos de: “¡Trocha!”).  En Trocha, donde dije un día que si nos arrebataban los derechos por la fuerza cambiaríamos las escobas por los fusiles, y culparon a Luis Orlando de aquellas declaraciones, yo me callé la boca.  En el periódico salió que era Luis Orlando el que las había hecho, y era yo el que las había hecho; pero no estaba muy seguro de si estaban bien hechas, porque en aquella época no había… (Risas).  Y resultó que tuvimos que cambiarlo todo: los estudiantes, sus libros y sus lápices por los fusiles; los campesinos, sus aperos de labranza por el fusil, y todos tuvimos que cambiarlo todo por el fusil. Afortunadamente, la tarea de los fusiles ha cesado.  Los fusiles se guardarán donde estén al alcance de los hombres que tendrán el deber de defender nuestra soberanía y nuestros derechos.

Pero, cuando nuestro pueblo se vea amenazado, no pelearán solo los 30 000 ó 40 000 miembros de las Fuerzas Armadas, sino pelearán los 300 000, 400 000 ó 500 000 cubanos, hombres y mujeres que aquí pueden coger las armas (Gritos y aplausos).  Habrá armas necesarias para que aquí se arme todo el que quiera combatir cuando llegue la hora de defender nuestra independencia (Aplausos). Porque está demostrado que no solo pelean los hombres, sino pelean las mujeres también en Cuba (Aplausos), y la mejor prueba es el pelotón Mariana Grajales, que tanto se distinguió en numerosos combates (Aplausos). Y las mujeres son tan excelentes soldados como nuestros mejores soldados hombres (Aplausos).

Yo quería demostrar que las mujeres podían ser buenos soldados. Al principio la idea me costó mucho trabajo, porque existían muchos prejuicios.  Había hombres que decían que cómo mientras hubiera un hombre con una escopeta se le iba a dar un fusil a una mujer.  ¿Y por qué no?

Yo quería demostrar que las mujeres podían ser tan buenos soldados, y que existían muchos prejuicios con relación a la mujer, y que la mujer es un sector de nuestro país que necesita también ser redimido, porque es víctima de la discriminación en el trabajo y en otros muchos aspectos de la vida (Aplausos).

Organizamos las unidades de mujeres, que demostraron que las mujeres pueden pelear.  Y cuando en un pueblo pelean los hombres y pueden pelear las mujeres, ese pueblo es invencible.

Mantendremos organizadas las milicias o la reserva de combatientes femeninas, y las mantendremos entrenadas, todos los voluntarios. Y estas jóvenes que hoy veo con los vestidos negro y rojo, del 26 de Julio, yo aspiro a que aprendan también a manejar las armas (Aplausos).

Y esta Revolución, compatriotas, que se ha hecho con tanto sacrificio, ¡nuestra Revolución!, ¡la Revolución del pueblo es ya hermosa e indestructible realidad!  ¡Cuánto motivo de fundado orgullo!  ¡Cuánto motivo de sincera alegría y esperanza para todo nuestro pueblo!  Yo sé que no es aquí solo en Santiago de Cuba, es desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio.

Ardo en esperanzas de ver al pueblo a lo largo de nuestro recorrido hacia la capital, porque sé que es la misma esperanza, la misma fe de un pueblo entero que se ha levantado, que soportó paciente todos los sacrificios, que no le importó el hambre; que cuando dimos permiso tres días para que se restablecieran las comunicaciones, para que no pasara hambre, todo el mundo protestó (Aplausos). Es verdad, porque lo que querían era lograr la victoria costara lo que costara. Y este pueblo bien merece todo un destino mejor, bien merece alcanzar la felicidad que no ha logrado en sus 50 años de República; bien merece convertirse en uno de los primeros pueblos del mundo, por su inteligencia, por su valor, por su espíritu (Aplausos).

Nadie puede pensar que hablo demagógicamente, nadie puede pensar que quiero halagar al pueblo.  He demostrado suficientemente mi fe en el pueblo, porque cuando vine con 82 hombres a las playas de Cuba, y la gente decía que nosotros estábamos locos y nos preguntaban que por qué pensábamos ganar la guerra, yo dije: “porque tenemos al pueblo” (Aplausos).

Y cuando fuimos derrotados la primera vez, y quedamos un puñado de hombres, y persistimos en la lucha, sabíamos que esta sería una realidad, porque creíamos en el pueblo.  Cuando nos dispersaron cinco veces en el término de 45 días, y nos volvimos a reunir y reanudar la lucha, era porque teníamos fe en el pueblo; y hoy es la más palpable demostración de que aquella fe era fundamentada (Aplausos).

Tengo la satisfacción de haber creído profundamente en el pueblo de Cuba y de haberles inculcado esa fe a mis compañeros. Esa fe, que más que una fe es una seguridad completa en todos nuestros hombres. Y esa misma fe que nosotros tenemos en ustedes es la fe que nosotros queremos que ustedes tengan en nosotros siempre (Aplausos).

La República no fue libre en el 95 y el sueño de los mambises se frustró a última hora.  La Revolución no se realizó en el 33 y fue frustrada por los enemigos de ella.  Esta vez la Revolución tiene al pueblo entero, tiene a todos los revolucionarios, tiene a los militares honorables.  ¡Es tan grande y tan incontenible su fuerza, que esta vez el triunfo está asegurado!

Podemos decir con júbilo que en los cuatro siglos de fundada nuestra nación, por primera vez seremos enteramente libres (Aplausos), y la obra de los mambises se cumplirá (Aplausos).

Hace breves días, el 24 de diciembre, me fue imposible resistir la tentación de ir a visitar a mi madre, la que no veía desde hacía varios años.  Cuando regresaba por el camino que cruza a través de los Mangos de Baraguá, en horas de la noche, un sentimiento de profunda devoción a los que viajábamos en aquel vehículo, nos hizo detener allí, en aquel lugar donde se levanta el monumento que conmemora la Protesta de Baraguá y el inicio de la Invasión.  En aquella hora, la presencia en aquellos sitios, el pensamiento de aquellas proezas de nuestras guerras de independencia, la idea de que aquellos hombres hubiesen luchado durante 30 años para no ver logrados sus sueños, para que la República se frustrara, y el presentimiento de que muy pronto la Revolución que ellos soñaron, la patria que ellos soñaron sería realidad, nos hizo experimentar una de las sensaciones más emocionantes que puedan concebirse.

Veía revivir aquellos hombres con sus sacrificios, con aquellos sacrificios que nosotros hemos conocido también de cerca. Pensaba en sus sueños y sus ilusiones, que eran los sueños y las ilusiones nuestras, y pensé que esta generación cubana ha de rendir, y ha rendido ya, el más fervoroso tributo de reconocimiento y de lealtad a los héroes de nuestra independencia.

Los hombres que cayeron en nuestras tres guerras de independencia juntan hoy su esfuerzo con los hombres que han caído en esta guerra; y a todos nuestros muertos en las luchas por la libertad podemos decirles que por fin ha llegado la hora en que sus sueños se cumplan.

Ha llegado la hora de que al fin ustedes, nuestro pueblo, nuestro pueblo bueno y noble, nuestro pueblo que es todo entusiasmo y fe; nuestro pueblo que quiere de gratis, que confía de gratis, que premia a los hombres con cariño más allá de todo merecimiento, tendrá lo que necesita (Aplausos). Y solo aquí me resta decirles, con modestia, con sinceridad, con profunda emoción, que aquí en nosotros, en sus combatientes revolucionarios, tendrán siempre servidores leales, que solo tendrán por divisa servirles (Aplausos).

Hoy, al tomar posesión de la presidencia de la República el doctor Manuel Urrutia Lleó, el magistrado que dijo que la Revolución era justa (Aplausos), pongo en sus manos las facultades legales que he estado ejerciendo como máxima autoridad dentro del territorio liberado, que ya es hoy toda la patria; asumiré, sencillamente, las funciones que él me asigne.  En sus manos queda toda la autoridad de la República (Aplausos).

Nuestras armas se inclinan respetuosas ante el poder civil en la República civilista de Cuba (Aplausos). No tengo que decirle que esperamos que cumpla con su deber, porque sencillamente estamos seguros de que sabrá cumplirlo. Al presidente provisional de la República de Cuba cedo mi autoridad; y le cedo en el uso de la palabra al pueblo.  Muchas gracias».

(Ovación)

Discurso pronunciado en la Plaza de la Ciudad de Camagüey, el 4 de enero de 1959

«Camagüeyanos:

Se siente uno intimidado cuando se tiene que parar delante de una muchedumbre tan gigantesca como la de esta noche (APLAUSOS).

Es que la presencia de tantas personas reunidas, en una ciudad donde todavía se escuchan de cuando en cuando los disparos de los enemigos agazapados, donde no existen medios de transporte, donde se ha escogido, incluso, un sitio apartado del centro de la ciudad; la presencia de tantos hombres y mujeres nos da una idea aproximada de la responsabilidad abrumadora que sobre nuestros hombros pesa (APLAUSOS).

Yo quisiera ver al pueblo, y la luz no me permite ver.  A pesar de todo, brindémosles a los periodistas todas las facilidades, porque para eso hay libertad de prensa en nuestra patria (APLAUSOS); que ellos tomen sus películas, que cuando yo lo pueda ver…  Espero, que hay tiempo, es temprano.  Prefiero esperar para poder hablarle al pueblo de frente y viendo al pueblo, mirarlo cara a cara (EXCLAMACIONES).

Es para nosotros y para ustedes, un motivo de orgullo —a pesar de los pequeños inconvenientes— tener delante un camión lleno de periodistas cubanos y extranjeros.  Bien merecen los periodistas la oportunidad de trabajar; el periodista trabaja para el pueblo, el periodista informa al pueblo.  El pueblo solo necesita que le informen los hechos, las conclusiones las saca él, porque para eso es lo suficientemente inteligente nuestro pueblo cubano.  Por algo las dictaduras no quieren libertad de prensa, por algo nos tuvieron censurados y amordazados durante tantos meses (EXCLAMACIONES).  Durante tantos meses seguidos, que sumados —como bien dicen ustedes— eran años.

Pero, además, cuando no había censura no podía decirse, sin embargo, que había libertad de prensa.  Porque cuando un derecho se lo pueden arrebatar al pueblo de un día para otro tranquilamente, no es un derecho.  Existe un derecho, cuando es realmente un derecho seguro; cuando se puede disfrutar sin el temor de que se lo arrebaten, porque nadie puede arrebatárselo (APLAUSOS).

Libertad de prensa hay ahora, porque sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba (APLAUSOS).  Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión; quien dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente (APLAUSOS).  Cuando se habla del derecho de elegir libremente, no se refiere solo al presidente o a los demás funcionarios, sino también a los dirigentes; el derecho de los trabajadores a elegir sus propios dirigentes (APLAUSOS).  Cuando se habla de un derecho después de la Revolución triunfante, se habla de todos los derechos; derechos que son derechos porque no se pueden arrebatar, porque el pueblo los tiene asegurados de antemano.

Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad (APLAUSOS).  Si un gobierno no roba, si un gobierno no asesina, si un gobierno no traiciona a su pueblo, no tiene por qué temer a la libertad de prensa, por ejemplo (APLAUSOS), porque nadie podrá llamarlo ladrón, porque nadie podrá llamarlo asesino, porque nadie podrá llamarlo traidor.  Cuando se roba, cuando se mata, cuando se asesina, entonces el gobernante tiene mucho interés en que no se le diga la verdad.  Cuando un gobierno es bueno, no tiene por qué temer a la libertad de reunión, porque los pueblos no se reúnen para combatirlo, sino para apoyarlo.  Quienes, como nosotros, tienen hoy el privilegio de ver a la masa del pueblo reunirse para brindarnos su respaldo, pueden comprender perfectamente, que solo cuando los gobernantes se han granjeado la enemistad de su pueblo, pueden concebir la estupidez, la injusticia, de negarles a los ciudadanos el derecho a reunirse (APLAUSOS).

Cuando un gobierno ha sido incapaz e inmoral, entonces es solamente cuando se le ocurre negarles a los ciudadanos el derecho de votar, porque, si es bueno, la ciudadanía le brinda su respaldo; si es malo, se lo niega.

Muchas lecciones ha aprendido nuestro pueblo en los últimos años.  Todos hemos aprendido algo.  Nuestro pueblo ha aprendido mucho.  No hay mejor escuela que la experiencia, y no hay mejor lección que aquella que se experimenta en la propia carne.  Siete años de tiranía han enseñado mucho a nuestro pueblo, siete años de tiranía nos han enseñado, sobre todo, que nuestras libertades no podemos nunca más perderlas de nuevo.

Si aquí en esta plaza se ha reunido virtualmente la ciudad entera, es porque a la ciudadanía le está interesando su destino, es porque a la ciudadanía le está interesando todo cuanto atañe a su futuro y a sus derechos.  El indolente ha desaparecido, el indiferente no existe.  No hay hombre o mujer que no se preocupe hoy por las cuestiones públicas, porque no hay uno solo que no haya sufrido en sus carnes la garra de la tiranía.  Yo no sé cuántos cubanos han vivido estos siete años sin haber recibido un golpe, un empujón, una bofetada, un culatazo, un insulto; qué cubano no ha perdido un ser querido o un amigo vilmente asesinado; qué cubano no guarda luto en su ropa o en su corazón.  Y es que no hace falta que le asesinen a un hermano, es que no hace falta que le asesinen al esposo o al hijo; basta levantarse una mañana y ver regado por las calles un rosario de cadáveres, para que todo el mundo se sienta de luto, para que cada madre se llene de incertidumbre y de temor:  Hoy fue el hijo de la vecina, el hijo de la amiga; mañana puede ser su hijo o su esposo.

No vivían seguros en Cuba ni los chivatos (ABUCHEOS).  Desde luego, que estaban mucho más seguros que ahora; pero ocurría a veces que las propias tropas en operaciones —a veces— mataban a los chivatos para que no les dijeran dónde estaban los rebeldes.  Nadie se sentía seguro.

Fueron siete años de verdadero terror, de verdadera inseguridad, de verdadera humillación; se respiraba una atmósfera de crimen, de terror, de inseguridad.

Pero no se trataba solamente de que la vida y la seguridad no estaban garantizadas para nadie.  Había cosas peores.  Había cosas peores que la muerte:  la humillación, la impotencia frente a los rifles mercenarios; sentirse hijo de este país, sentirse ser humano y vivir como animales.  Sentirse ser humano y pensar que aquí no se respetaba condición alguna; daba lo mismo que fuese niño o anciano, hombre o mujer, nadie escapaba.  Si el ser humano nace con una dignidad innata, y hasta a un niño cuando se le ofende se le hiere, cuando se le trata mal de palabra llora, cuando el padre le pega se siente humillado, ¿qué país era este, donde a los hombres respetables, padres ya de numerosos hijos, en cualquier esquina un esbirro les pegaba una bofetada?  Lo que los niños no pueden soportar, tenían que soportarlo los mayores.

Pero había cosas peores, algo que hacía todavía más infeliz a la ciudadanía, algo más asqueante, porque frente al deseo de matar —como dijo alguien— surge el deseo de morir; porque el exceso de asesinar semejantes, despierta en los hombres el reto a la muerte.

Hay algo a lo que el ser humano no se adapta jamás:  a lo que le produce asco, a lo inmoral; a la presencia de toda una serie de sujetos que iba desde el botellero hasta el chivato, desde el politiquero hasta el bolitero, desde el policía esbirro al policía picador, desde el camaján chiquito hasta el camaján grande; desde las microondas de los esbirros hasta los Cadillacs y los Oldsmobiles de los politicastros ladrones; desde Otto Meruelo hasta Luis Manuel Martínez y Díaz Balart; desde el asesino desalmado hasta el guataca insolente y empedernido; desde la censura de prensa para todo el pueblo hasta el derecho de decir todo lo que les daba la gana a unos cuantos insolentes; desde la prohibición a las estaciones de radio y a los periódicos de escribir lo que quisiesen sus directores y sus redactores hasta la obligación de permitir que allí ellos escribieran todo lo que les diera la gana, o hablaran ellos.

Y si no fuera porque los hombres y los pueblos a la hora del triunfo no han de ser rencorosos, valdría la pena mencionar más de cuatro nombres de descarados (EXCLAMACIONES); los mismos que decían que la solución era el primero de noviembre, no este, sino el otro, el anterior; y los mismos que si no llega a ser por la Revolución, dicen que la solución son las elecciones de 1962 (ABUCHEOS).  Y así querían tener a nuestro pueblo —cuando era imposible soportar tanta infamia, cuando era imposible soportar todo lo que aquí enumeraba hace unos minutos—, para así poder dominar mejor a su antojo a un pueblo que ni tenía fusiles, ni sabía manejarlos.

Pero es mejor que haya sido así, es mejor que pareciera imposible.  No para sacar en conclusión que nosotros tengamos más pueblo, sino para sacar en conclusión que lo que resulta imposible es imponerle una dictadura al pueblo de Cuba.  Y así habíamos pensado siempre los cubanos.  Y todo el mundo vivía confiado de que dictaduras no habría, porque el cubano no soporta dictaduras.  Todo el mundo pensaba que a nadie se le ocurriría semejante cosa, porque era una locura.  Sin embargo, de la noche a la mañana, se despertó con una dictadura, nos despertaron los tanques rodando por las calles en zafarrancho de combate y en tono de represión a la menor…  (INTERRUPCION).  No eran aquellos tanques que partieron de Columbia el 10 de marzo hacia el corazón de la capital como los tanques que marchan hoy de Oriente hacia La Habana, y sin embargo son los mismos tanques, solo que antes los tenían ellos para implantar el terror y la opresión y ahora los tenemos nosotros para defender al pueblo (APLAUSOS).  Esos tanques son del pueblo; se los hemos arrebatado a la tiranía para dárselos al pueblo.  Y por eso esta mañana tuvimos la singular satisfacción de ver que a nuestro tanque el pueblo le tiraba flores.  Y no es un tanque, son 16 tanques:  los tanques que mandaron para perseguir a los rebeldes, y los rebeldes van ahora para La Habana con los tanques (EXCLAMACIONES).  Pero hay algo más extraordinario todavía:  los soldados que mandaron para Oriente a perseguir a los rebeldes, ahora van para La Habana junto con los rebeldes (APLAUSOS); las fragatas que mandaron a Oriente para destruir a cañonazos a nuestras tropas, van ahora para La Habana con los rebeldes (APLAUSOS); los aviones que antes desde este mismo Camagüey partían a bombardear la Sierra Maestra, están aquí ahora, a la disposición…  (ININTELIGIBLE)…  (APLAUSOS).  Y no solo estos aviones, sino algo todavía más simpático:  los aviones que mandaron los ingleses, los Seafury que compraron en Inglaterra…  (INTERRUPCION)…  Van a bombardear la Sierra Maestra con juguetes para los muchachos (APLAUSOS).  (INTERRUPCION)…  camiones para obras públicas, hay una comisión de un 30%; si se va a comprar tela para hacerles uniformes a los soldados, hay una comisión de un 20%…  (INTERRUPCION)…  ropas y zapatos y medicinas y dulces y regalos para los campesinos.  Y hoy, ya me reuní con los pilotos y se lo dije:  vamos a bombardear ahora la Sierra Maestra con regalos y con cosas agradables al pueblo (APLAUSOS), porque después de dos años de guerra lo que se le creó al campesinado fue un reflejo condicionado, que hasta cuando pasaba un avión de pasajes la gente sufría el temor de que se tratase de un bombardeo.  Para demostrarles a los campesinos que la guerra se acabó de verdad, que ya no hay nada más que temer —por lo menos de algún enemigo interno—; para demostrarles a los campesinos de la Sierra Maestra que estos aviones son suyos (APLAUSOS), vamos a mandar los aviones a lanzar regalos a los campesinos de la Sierra Maestra.  Y créanme que será para mí un motivo de gran satisfacción, porque una mañana en el alto de la Sierra dije:  algún día esos aviones vendrán aquí, pero a tirar medicinas y a tirar regalos para los campesinos.  Y voy a cumplir mi palabra (APLAUSOS).

Lo que les quiero decir es que los tanques, los cañones, los aviones, las fragatas, los fusiles, las ametralladoras, todo, está en manos del pueblo (APLAUSOS).

No sé si Batista estará más fuerte ahora (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”), como decía aquel, que le íbamos a prestar un servicio a Batista.  Pero yo sé que todos los fusiles y todos los tanques, y todo lo que tenía Batista, lo tiene ahora el pueblo (EXCLAMACIONES DE:  “¡Abajo!”).  ¿Abajo?  Primero que nada, dónde estará metido Batista a estas horas.  ¡Mejor es ni mentarlo, señores!  Estoy seguro de que a nadie le preocupa Batista (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  Si con lo poderoso que era el pueblo no le tuvo miedo, ¿cómo le va a tener miedo ahora al señor Batista?  …(INTERRUPCION)…  Lo insultábamos cuando estaba en el poder y era porque no podíamos hacerle otra cosa.  Pata de Ganso sí ya está preso (EXCLAMACIONES).  No, no, no lo van a matar; lo van a ajusticiar, que no es lo mismo.  Como también está Trujillo preso (EXCLAMACIONES).  Matarlo, no; fusilarlo, que no es lo mismo.

Y no es porque los combatientes revolucionarios tengamos sed de sangre, ni nos mueva un sentimiento de venganza.  No es por eso.  Es sencillamente porque ese es el castigo que en justicia merecen.  No merecen continuar viviendo…  (INTERRUPCION).

Nuestra angustia y nuestro dolor nacen de saber…  (INTERRUPCION)…  un destino mejor, que el pueblo cubano merece una vida mejor; que para las inmoralidades… (INTERRUPCION)…  bendita en pueblo, desgraciada en política.  Esta tierra cuyo pueblo lucha y quiere algo mejor sin acabar de conseguirlo; su destino lo frustran por una causa o por otra.  ¿No habrá llegado la hora de que reciba el premio de sus desvelos, que reciba el premio de su sacrificio?

Poco es lo que vamos a prometer, porque esto no es cuestión de promesas.  Se hacen promesas cuando uno está demandando que le crean lo que promete, cuando se está pidiendo algo.  No vamos a prometer nada, vamos a hacer (APLAUSOS), vamos a empezar a luchar en todas partes; vamos a invertir las energías de nuestros revolucionarios, de esos jóvenes que se jugaban la vida todos los días, de nuestros combatientes, de esos jóvenes que subían y bajaban montañas incansablemente; de este pueblo luchador.  Vamos a invertir esa energía, ahora que no hay guerra, en arreglar esto.  Vamos a empezar, que lo que hay es que empezar.  Y empezar por donde estemos, si estamos en un municipio, empezar por ahí mismo; y cada cual empezar por el suyo y empezar por su provincia y empezar por todas partes.  Vamos ahora a lanzar una ofensiva contra la corrupción, contra la inmoralidad, contra el vicio, contra el juego y contra el robo (APLAUSOS), contra el analfabetismo, contra las enfermedades, contra el hambre.  Vamos a empezar una ofensiva simultánea, como la ofensiva que terminó con el fin de la dictadura.  Vamos a luchar también contra el imperio de la corrupción, de la explotación, del abuso y de la injusticia, que ahora tenemos un ejército más grande, está todo el pueblo  (APLAUSOS).

Es imposible que ese mar de cabezas, que son los de aquí, pero que si lo juntáramos con los de un poco más adelante:  con los de Bayamo y con los de Holguín y con los de Santiago y con los de Santa Clara, podría hacer una muchedumbre de 20 kilómetros de largo…  ¡Porque es el pueblo entero, y el pueblo con las armas en la mano, el pueblo con un ejército suyo, con un presidente suyo, con un consejo de ministros suyo.  El pueblo libre y con todo en sus manos!  Un pueblo que sabe hablar, que sabe reunirse, que sabe reclamar, es imposible que, si lanza una ofensiva contra todo lo que ha constituido su desgracia, no logre la victoria (APLAUSOS).

Por nuestra parte, pueden considerar que ya la hemos empezado.  La guerra se acabó ayer y ya estamos trabajando, trabajando más que cuando no había paz; la paz para nosotros es trabajo triplicado, es lucha triplicada.  Y estaremos luchando, mientras nos quede una gota de energía estaremos en pie y no descansaremos y no dormiremos (APLAUSOS).  Ya estamos trabajando sobre la marcha, haciendo algo, sentando las bases de algo, adelantando algo, en todo lo que está dentro de nuestras atribuciones.  Porque esto no quiere decir que uno lo vaya a hacer todo, sino que todos tenemos que hacer algo, cada cual dentro de sus atribuciones.  Por mi parte, no reclamaré nunca otra cosa que más trabajo cuando no me alcance con el que tengo.  Y ahora tengo varios, puede decirse que tengo mucho, pero…  (ININTELIGIBLE)…  sin pérdida de tiempo.  Y uno de los más importantes es precisamente tener en estos momentos bajo mi responsabilidad, nada menos que las actividades y la reestructuración de cuatro cuerpos armados sin ser yo militar, porque yo no soy militar, soy abogado.  Y no quiero decir que ser militar…  (ININTELIGIBLE).  Y un hombre de ley es el que tiene que resolver todos los problemas relativos a las fuerzas armadas.  Mi grado es de Comandante y no pienso tener más grados que esos, no paso de ahí.  Podemos tener la satisfacción de decir que creo que esta ha sido la primera revolución en el mundo que no ha dado ni un general; no ha dado ni uno, ni los dará (APLAUSOS).  Generales todos eran aquí y, sin embargo, me maravillo de lo bien que me entiendo con los militares, el entusiasmo con que aceptan nuestros puntos de vista, el interés.  No podemos decir que ahora…  porque los más malos están presos o irán a parar a la cárcel y los que queden serán los que no tienen razón para ser ajusticiados o estar en la cárcel.  Hay buenos militares, y no uno, sino muchos buenos militares.  Yo puedo decirlo, porque he sido adversario de ellos y he combatido contra ellos; tengo elementos de juicio para discernir y distinguir entre un criminal, asesino y…  (ININTELIGIBLE)…  y un militar que detesta eso y que ha sufrido.  Porque hay muchos militares que han sido victimas, militares de academia que ingresaron al ejército cuando no había guerra, y que de buenas a primeras fueron poco a poco cayendo…  el cuerpo, el instituto armado cayó en esa situación a que lo llevó Batista.  Es lógico que ya la responsabilidad de cada hombre hay que analizarla siempre con mucho cuidado.  Tal era el caso, por ejemplo, de algunos militares a quienes todos los días les estaban diciendo que nosotros éramos unos asesinos, unos ambiciosos, que lo que queríamos era retirarlos de su carrera.  Y hombres que estaban engañados, porque es verdad que había muchos militares engañados.  Y la mejor prueba es que, cuando hicieron contacto con nosotros y nos conocieron a nosotros, variaron de opinión y actuaron con una opinión distinta.  Porque los cientos de soldados prisioneros que nosotros enviamos para La Habana, ayudaron a que el ejército se uniera a nosotros.  Lo justo antes que nada.  Había muchos militares que creían de buena fe que nosotros éramos unos enemigos de la paz, del orden, que éramos unos criminales.  Muchos.  Y ese no es el caso, señores, de Pata de Ganso, de Trujillo.  Es distinto por completo.  Son unos criminales natos, unos tipos…  (ININTELIGIBLE)…, que hay que exterminar sencillamente, porque lo demanda la salud del pueblo.

Y les explicaba que cuando se actúa de buena fe y con intenciones rectas, no es difícil que los hombres se incorporen.  Y estoy seguro de que podré contar con la colaboración de muchos militares limpios, es decir, los limpios, porque el que ha robado y el que ha matado, ¡ni uno solo!  (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)  Las armas las tienen que manejar hombres que las conozcan, las armas pesadas, los cañones.  Los rebeldes no teníamos cañones, los rebeldes no teníamos tanques, los rebeldes no teníamos aviones.  Hay muchos equipos de guerra que se necesita un experto en ellos, y aquí en la Columna, los tanques, la artillería y otras armas…  (ININTELIGIBLE)…  son soldados seleccionados que conocen su especialidad técnica, porque alguien tiene que manejar esas armas.  Aparte de que los rebeldes tienen que aprender a manejarlas todas también.  Pero lo que quiero decir es que la Revolución tiene que depurar lo malo y unir lo mejor.

Yo tengo la seguridad de que se hará un ejército que será modelo de América y garantía permanente de la paz y de la libertad, un ejército que estará con el pueblo, con la Constitución y con las leyes…  (INTERRUPCION).

El pueblo aprendió a ganar su…  (ININTELIGIBLE)…  después de haber conquistado…  (INTERRUPCION)…  no se ascenderá a un oficial por amiguismo, sino por mérito, por conducta y por capacidad.  Y el pueblo podrá contar en breve tiempo, en un tiempo mínimo, con unos institutos armados que serán como el Ejército Rebelde (APLAUSOS), integrados por los rebeldes y por los militares honorables que hay en las fuerzas armadas, los hombres limpios de sangre y de oro mal habido.  Los demás, para la cárcel o el cadalso.

Y no quiero decir sino que todo el que haya robado, todo el que haya asesinado, tendrá que comparecer ante los Tribunales Revolucionarios.  Pero eso no es con los militares solo, no.  Nosotros no tenemos ningún sentimiento de animadversión contra los militares.  Los civiles que han robado (EXCLAMACIONES), los representantes y los senadores…  (ININTELIGIBLE)…  que han estado cobrando los sueldos del pueblo, tienen que devolverlos (EXCLAMACIONES); todos esos señores que cobraban 5 000 pesos todos los meses, tienen que devolverlos, o perderán los bienes que posean, o no podrán volver a llamarse cubanos, porque aquí no podrán vivir.

Con esto les quiero decir a los comandantes del Ejército Rebelde que, en esta primera etapa, mientras se consolida la Revolución, mientras se consolida el triunfo, estarán dedicados a la tarea que es más importante ahora que ninguna:  organizar la fuerza armada del pueblo.  No habría libertad segura, no habría derecho seguro, no habría esperanza alguna, si no se garantiza la fuerza armada del pueblo; y no sería correcto en este momento, después que se ha luchado tanto, abandonar nuestras obligaciones, las obligaciones contraídas durante más de dos años de guerra.  Y aunque son hombres extraordinariamente capacitados para cualquier actividad civil los más viejos comandantes de nuestro ejército, es imposible sacar ahora a Camilo de Columbia, al Che de La Cabaña, a Escalona de Pinar del Río, a Raúl de Santiago (APLAUSOS).  ¿Creen ustedes que podríamos sacar a nuestros comandantes de esas posiciones en estos momentos?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Se sentiría muy seguro el pueblo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)

Esa es la razón por la que nos vemos obligados durante un tiempo que será el menor posible, a  …(ININTELIGIBLE)…

Pero no nos conformaremos con esto.  Dentro de nuestras atribuciones, en todo lo que no se salga de ellas ni interfiera otras actividades, en lo que esté al alcance de nuestras manos, trataremos de prestar al país otros muchos servicios.  No se nos puede negar el derecho a cumplir con tantos hombres y con tantas mujeres que hicieron algo por nosotros.  No se nos puede negar el derecho a hacer algo por nuestros campesinos, por aquellos hombres que durante tantos años y tanto tiempo compartieron nuestras vicisitudes y nuestras esperanzas.  No puede ser que el triunfo sea para apartarnos, por ejemplo, de la Sierra Maestra.  ¡No!  Eso sería obra de ingratos.  Nosotros no olvidaremos nuestros deberes más elementales.  Allá ofrecimos caminos, y va a haber caminos; allá ofrecimos escuelas, y va a haber escuelas; allá ofrecimos hospitales, y va a haber hospitales (APLAUSOS).  Y lo que ofrecimos a los campesinos de la Sierra Maestra es lo que hemos ofrecido a los campesinos de otros lugares de Cuba.  Ponemos a la Sierra como símbolo simplemente, pero las necesidades de allí son las mismas necesidades de los campesinos de la Sierra Cristal, de la Sierra Escambray, de la Sierra de los Órganos en Pinar del Río, ¡en todo el campo!  Y en lo que esté al alcance de nuestras manos, nos ocuparemos de ellos.  Y a pesar de las obligaciones que tenemos en el aspecto militar, todo lo que esté al alcance…  (ININTELIGIBLE)…  Y el hecho de haber tenido que empuñar las armas durante dos años por la libertad y por el derecho de nuestros compatriotas, no ha de ser para que se nos niegue entonces el derecho de…  (ININTELIGIBLE).

Quiero decir que nosotros haremos en todos los órdenes para el pueblo lo que podamos, lo que nos permitan nuestras atribuciones.  Porque eso sí, seremos, por encima de todo, respetuosos de las atribuciones de los demás funcionarios de la República, y, sobre todo, de la investidura y de las facultades del Presidente legítimo de la República (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Jamás ningún acto nuestro interferirá…  (ININTELIGIBLE)…  la autoridad del Presidente de la República, que contará con nuestro acatamiento y nuestra subordinación, porque para eso hemos luchado por una república civilista, y seremos los primeros en dar el ejemplo.  Como ninguna vanidad ni ninguna ambición nos mueven, ningún trabajo nos costará tener siempre las mejores relaciones con el poder civil de la República.  Porque los problemas surgen cuando hay ambiciones, y cuando hay malas intenciones; pero cuando no, los problemas se resuelven, o no surgen nunca, como estoy seguro de que jamás surgirá un problema entre nosotros y el Presidente legítimo de la República, que ya ha escogido su consejo de ministros, hombres jóvenes dispuestos también a trabajar con entusiasmo en esta hora.  Cada cual irá por norma, a hacer lo que más pueda por el pueblo.

Estoy seguro de que nuestra patria ha entrado en una etapa nueva completamente.  Y los revolucionarios están embriagados de entusiasmo y tienen una fe en el porvenir; el impulso…  (ININTELIGIBLE)…  será extraordinario y los frutos no tardarán en verse.

Ya desde mañana una actividad febril reinará de un extremo a otro del país; ya la huelga general se acaba, porque no hace falta, porque el Presidente legítimo de la República ha tomado ya posesión del cargo, porque todos los mandos en las instituciones militares de la nación están en…  (ININTELIGIBLE)…  de la jefatura revolucionaria, porque el poder revolucionario está plenamente vigente.  Y, por tanto, marcharán ahora columnas, pero no columnas armadas, sino columnas de obreros hacia las fábricas, columnas de trabajadores hacia los centrales azucareros, columnas de camiones a recoger los frutos de nuestros campos.  Los campesinos venderán el café que tenían almacenado; los arroceros transportarán su arroz; los ganaderos venderán su carne cuando todavía es la época buena para ello; y los centrales harán la zafra.

En lo adelante, los recursos del Estado se manejarán pulcramente.  Los impuestos que en lo adelante se cobren no irán a parar a los bolsillos de nadie.  Cada ciudadano pagará lo que le corresponde, y lo pagará con gusto, porque sabe que nadie se lo va a robar.  Se acabaron los inspectores que van a los establecimientos a pedir y a exigir; y se acabarán las costumbres de los contribuyentes que preferían sobornar al inspector que pagar al fisco.  Se acabarán las botellas; se acabarán las comisiones; se acabarán los despilfarros.  Y la República podrá contar con más recursos que nunca, lo cual iniciará una era completamente nueva en nuestra patria.

Para todo tenemos un plan…  (INTERRUPCION)…, que se le vende al central o al dueño de la finca; y está el servicio…  (ININTELIGIBLE)…  del pobre.  El agente de autoridad, o el llamado agente de autoridad que le coge al bolitero, le coge al mariguanero, le coge a la prostituta.  Pero no es que le quite solamente al vicioso; le quita al hombre honrado, le quita al comerciante, le quita al trabajador, le quita a todo el mundo.  Es la explotación organizada, de escala menor a mayor.  El policía cobra 5,00 pesos, pero el capitán cobra 10,00 pesos y el comandante cobra 100,00 pesos.  El cabo hace un negocio chiquito, pero el general hace un negocio grande.  Y los aviones, esos aviones que tenemos nosotros ahí ahora, esos aviones venían cargados de mercancías, estaban dedicados al contrabando, los aviones de guerra estaban dedicados al contrabando.

Todo era un negocio turbio.  El más turbio de los negocios era un senador que no trabajaba ni 10 horas en el mes y cobraba 5 000 pesos, mientras un obrero de Obras Públicas trabajando muy duramente ganaba 3.00 ó 4.00 pesos, y ganaba 100.00 pesos al mes trabajando…  (ININTELIGIBLE)…  Y no les pagaban…  Ustedes veían que al senador era al primero que le pagaban, porque cuando las estaciones de radio anunciaban los días del cobro…  (ININTELIGIBLE)…  Pero algo peor:  si ese señor asesinaba a alguien en la calle no iba a parar a la cárcel, era impune.  Para castigarlo había que pedirles permiso, y como era una pandilla, si dejaban meter preso a uno, tenían que dejar meter presos a los otros luego.  Solamente aceptaban que fuera enjuiciado, cuando un senador mataba a otro senador, porque ya era cuestión de senadores y ya no podía hacer eso.  Pero si el que asesinaba no era un senador sino era un padre de familia cualquiera, ah, pues no, no había permiso.  Y cuando cualquier ministro robaba 10 millones de pesos, se postulaba en la próxima campaña, se hacía representante, y ya los tribunales no le podían hacer nada.  Y así resultaba que el senador era libre de hacer y deshacer.

El policía era libre de hacer y deshacer y no le pasaba nada.  El juez no condenaba a nadie.  ¿A quién acudir?  La ley era un papel inofensivo.  La ley era para impedir, para que los abogados acabaran con él, y el juez acabara con él y la policía acabara con él.

Llamar las cosas por su nombre.  Yo, sí, yo soy abogado, pero del pueblo sencillamente.  Y al hablar en estos términos bien se sabe que no estoy hablando de todos los abogados…  (ININTELIGIBLE)…  Pero yo no puedo hablar mal de los abogados.  Desgraciadamente la profesión de abogado es una profesión dura, los primeros que están muy mal son los abogados porque es una profesión donde se hacen…  No se puede hablar mal de los abogados después que hemos visto tantos abogados defendiendo a los presos políticos y tantos abogados sacrificándose en la lucha contra la dictadura.  Y el Colegio de Abogados fue de las primeras instituciones que al régimen…  Es una cuestión justa que haga la aclaración, sin que eso altere el sentido de lo que dije.  El infeliz no tiene con qué pagar un abogado y, al no pagar un abogado…  Lo que yo decía es que la justicia esa es una mentira.  Si hubiera justicia en Isla de Pinos no estarían los ladrones…  (ININTELIGIBLE)…  no estaría el que te roba porque tiene hambre.  Porque yo quiero hacer una pregunta:  un hombre joven que está fuerte y quiere trabajar y no encuentra trabajo y el Estado no lo ayuda, se desentiende de ese individuo que es un ciudadano de nuestro país, ese hombre tiene hambre y no tiene manera de ganarse la vida honradamente, no le queda la alternativa de matarse.  ¿Por qué hay tantos hombres jóvenes vendiendo bolita, haciendo trabajos realmente que no significan medio de vida alguno?  Por no robar.  Lo extraordinario es que con tanta pobreza no haya más ladrones, y esto habla muy alto de la moral de nuestro pueblo…  Es una de sus virtudes.  Como la de la felicidad honradamente, preferir morirse de hambre a que lo llamen ladrón.

Yo decía que si hubiera justicia, en las cárceles estarían otros hombres.  Aquí hay quien se roba 165 millones de pesos y no le pasa nada (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Pero el pueblo tiene su parte de culpa también, parte de culpa la tiene, porque hay muchos ciudadanos que, cuando esos ladrones les pasan por delante, los aplauden.  Y decir la verdad es una de mis obligaciones (APLAUSOS).  Y en parte se debe a que se ha hecho una costumbre aquí que a los ladrones no les pase nada.  Pues esta vez les va a pasar (APLAUSOS).

Señor, pasa uno por delante de la residencia de un pagador del ejército y se encuentra usted una casa de dos pisos con piscina, 20 cuartos, un jardín, 3 máquinas, una finca, ¡y gana trescientos pesos!  Aquí lo que hay que preguntar no es quién roba, sino quién no robó.  El representante que cobra 3 000 pesos es un ladrón, aunque llamen sueldo a lo que se le paga (EXCLAMACIONES); el senador que cobra 6 000 pesos es un ladrón (EXCLAMACIONES); el concejal que cobra 30.00 pesos por no hacer nada es un ladrón y mucho más si es en la época de la dictadura (EXCLAMACIONES); el agente de la autoridad que cobre 100.00 pesos por respetar la ley y defender a los ciudadanos, y lo que hace es agredir a los ciudadanos y violar la ley, es un ladrón (EXCLAMACIONES); el juez que castiga al infeliz y no castiga al poderoso y cobra un sueldo por ser juez, es un ladrón (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Sin embargo, nunca les pasa nada.  Si el Estado tiene un parque forestal, cualquier día llega, viene el capitán jefe de la zona aquella y tumba todos los árboles, y no pasa nada.

Todo es negocio.  Si se van a comprar 20 camiones para Obras Públicas, hay una comisión de un 30%; si se va a comprar tela para hacerles uniformes a los soldados, hay una comisión de un 20%.  Todo es comisión y todo es negocio sucio en todas partes.  Si hay un crédito para hacer un camino, se roban la mitad…  (ININTELIGIBLE).  Y cuando no te cobran la comisión, venden los intereses del país, y les hacen concesiones a empresas extranjeras que son onerosas para la nación.  Venden la soberanía, venden nuestra riqueza mineral, venden los servicios públicos.  ¡Quién no sabe cuántos inconfesables negocios ha hecho la dictadura, y cuánto daño le ha hecho a la nación cubana!

Dicen que en la huida se robaron hasta los fondos de la Caja de Retiro, ascendientes a 42 millones de pesos.  Se rompen todos los récords de desvergüenza y de insensibilidad.  Como una venganza a los mismos soldados a los que tuvieron peleando durante tantos años, tanto tiempo, les roban los retiros, después de dejarlos embarcados, como los dejaron; los abandonaron y se fueron (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Yo no sé en qué embajadas estén.  Ya veremos…  (INTERRUPCION EN LA GRABACION)…  No merecen continuar viviendo los que no tuvieron piedad para la vida de los demás; no merecen que nadie se compadezca de ellos quienes no tuvieron compasión con las madres que dejaban vestidas de luto, o los niños que dejaban huérfanos, o los hogares que dejaban sin sustento, no una vez, sino muchas veces.  Porque hay muchos de esos que han asesinado más de una docena de padres de familia.

Bastante respetuoso y disciplinado se ha portado el pueblo, bastante respetuoso de las órdenes y de la disciplina que debe tenerse en esta hora, porque no ha arrastrado con todos los chivatos, con todos los esbirros.  Y es porque el pueblo sabe que ese no es el procedimiento correcto.  ¡No hay que manchar las calles con la sangre de nadie, porque las calles lo que hay es que limpiarlas de sangre, de la sangre que dejaron los criminales!  (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)  No es necesario que los pueblos presenten el espectáculo de cadáveres destrozados, porque hemos presenciado ya muchos…  (INTERRUPCION EN LA GRABACION)…  cumplimos solo con la voluntad y el derecho del pueblo.  Un pueblo que ha sufrido tanto también tiene derecho a reclamar justicia (APLAUSOS).  Sin embargo, nadie podrá desacreditar al pueblo cubano, nadie podrá sacar la fotografía de un cadáver destrozado y decir:  “Fueron las turbas, no hay orden, impera la anarquía, aquí hace falta una dictadura porque no hay orden”, que es lo que dicen los enemigos de la libertad y de la democracia; se valen de la tal casa saqueada y del esbirro arrastrado, para estar escribiendo por tiempo indefinido y para estar sacando fotografías por tiempo indefinido…  (ININTELIGIBLE)…  Un pueblo así merece ser libre, un pueblo así merece un destino mejor.  Nadie en todos estos días ha presenciado una desorbitación, nadie se ha valido de la confusión para delinquir.  Ha primado aquí un respeto absoluto.  Cualquier rebelde que salta por las calles de Camagüey…  (ININTELIGIBLE)…  son unos perfectos caballeros con el pueblo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Y lo que sí he visto con satisfacción es lo contrario:  cómo el pueblo empuja al rebelde…  (ININTELIGIBLE)…  cuando está haciendo alguna línea para no dejar pasar…  (ININTELIGIBLE)…  Pero aprovecho la ocasión para pedirle al pueblo que coopere siempre con nuestros combatientes, con nuestros soldados (APLAUSOS); que no los maltraten (EXCLAMACIONES), porque si les dan una orden de que no conviene que pase el público por un lugar…  Ustedes saben cómo es el público, todos nos conocemos, y precisamente por su exceso de entusiasmo, por su exceso de alegría, todos quieren llegar al mismo tiempo, y es imposible.  Si les dan una orden, la tienen que cumplir, y si los quitan de allí, no cumplen la orden; y como se trata del pueblo, pues no pueden defenderse:  se trata del pueblo.  Y si los rebeldes son los defensores del pueblo, lógico es que el pueblo sea defensor de los rebeldes (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Cuando todo se normalice, no se verá un fusil en la calle.  ¿Fusiles para qué y contra qué?  Los fusiles, guardados en los cuarteles (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  ¡Verde olivo, por supuesto!  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Verde olivo y sin fusil!”)  (LE DICEN ALGO.) No, en eso no los complacemos.  Sin 26 (EXCLAMACIONES).  El 26 lo llevarán en el corazón, pero no en el uniforme.  El uniforme, sí; el 26 en el uniforme, no (EXCLAMACIONES).  ¿La barba qué?  ¿Que se afeiten la barba?  (EXCLAMACIONES.)  Bueno, pues si así es, yo propongo que todo el mundo se deje crecer la barba…  (INTERRUPCION en la grabación)…  del uniforme, de los fusiles.  Hablábamos del pueblo y de nosotros.  De lo que queremos decididamente para nuestro pueblo.  Y hacer lo que queremos (EXCLAMACIONES).  Y no solo mucho trabajo, sino buenos salarios (EXCLAMACIONES), y zafra larga, y precios bajos.  Esas serán las próximas batallas que el pueblo va a librar (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  En lo adelante el pueblo ganará todas sus batallas, porque el pueblo aprendió a ganar después de haber conquistado no solo la Revolución, sino el tenerla asegurada para sí, y ganará también las demás batallas.

No voy a decir aquí de cuántos millones de toneladas será la zafra, porque eso no es una cosa arbitraria, pero sí parece ser que las perspectivas…  (ININTELIGIBLE)…  Este año 1959 va a ser bueno en todo, porque si termina como empezó, será un año de suerte para el pueblo (EXCLAMACIONES).  Muchas cosas las tenemos que tratar, y vamos aclarando las ideas sin muchas palabrerías.  No discursos extensos, de muchas palabras y pocos sentimientos.  Los discursos politiqueros pasaron de moda.  Aquello de reunir al pueblo y tenerlo dos horas parado para que desfilaran 20 señores hablando boberías, no.  Porque estaban aspirando y lo que les importaba era que les dieran el voto.  Era realmente un abuso con el pueblo.  El pueblo era tan bueno, que lo soportaba todo.  No quiero con esto ni mucho menos, disminuir ni despreciar la política.  Hablo de la mala política, no de la política como la entendía nuestro Apóstol:  a política comunitaria, al servicio de la colectividad; el arte de servir al pueblo.  Lo que ocurre es que hasta las palabras las han desacreditado.  Me refiero al estilo, que hay que cambiar.  Hay que implantar la ley del desinterés y la sinceridad (APLAUSOS).  ¡De intereses nada, de ambiciones nada!  Aquí el que anda con ambiciones y las demuestre, hay que apartarlo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Nadie tiene derecho a preocuparse de su vanidad, de su capricho, de su cosa personal, a costa del pueblo (APLAUSOS).

Cuando hoy atravesaba las calles de Camagüey, donde encontraba tantas caras emocionadas, tantos brazos que se alzaban, cuando parecía que todo era una alegría inmensa en los rostros, yo pensaba en otras cosas.  Yo decía:  cada hombre y cada mujer y cada joven y cada anciano, cada niño, parecía ser feliz.  Cualquiera diría que aquella gente no tenía problemas, que aquella gente no tenía preocupaciones.  Sin embargo, yo decía:  detrás de cada rostro que se alegra, cuántas preocupaciones habrá (APLAUSOS).  ¿Cuántos de aquellos hombres y mujeres que caminaban, que rebosaban de júbilo, cuántos tendrían trabajo, cuántos tendrían un centavo en el bolsillo, cuántos podrían tener la seguridad de que si enfermaba un hijo o un hermano iba a tener con qué comprarle la medicina?  ¿Cuántos tendrían un techo decoroso donde vivir?  ¿Cuántos tendrían la seguridad de poder comer al otro día?  Y estaba seguro de que detrás de aquellos rostros, de que aquel hombre o mujer, cuando pasara el instante y volviera a su casa, volverían a su mente el cúmulo inmenso de preocupaciones de cada hombre o mujer humilde…  (ININTELIGIBLE)…

…Sin embargo, se alegraban, se alegraban por algo (EXCLAMACIONES).  No solo por Cuba libre, porque no hacemos nada con ser libres y morirnos de hambre.  Nada hacemos con una vida…  (ININTELIGIBLE)…  nada hacemos con que no haya esbirros por la calle y no aparezcan nuestros hijos asesinados, si no tenemos ni con qué darles de comer.  La libertad no es todo.  La libertad es la primera parte, la libertad para empezar a tener el derecho de luchar.

Pensaba que la alegría no era solo porque fuésemos libres.  Me parecía que a nosotros se nos pedía algo más.  Y era evidente que no considerábamos cumplido nuestro deber con simplemente haber ayudado a conquistar la libertad del pueblo.  Me parecía que en el rostro de aquellos miles y miles de personas había una esperanza.  No se simpatiza en balde con una causa.  Me parecía ver una esperanza de un mejoramiento, de una solución, si no de todas, de una parte de las angustias que los hombres llevan en sí, apremiados por las necesidades de la vida, que son muchas y urgen.

Yo estoy seguro de que los cubanos no se conforman simplemente con ser libres en su patria.  Yo estoy seguro de que los cubanos quieren además disfrutar de su patria.  Yo estoy seguro de que quieren también participar del pan y la riqueza que se producen en su patria.

¿Cómo vamos a decir:  “esta es nuestra patria”, si de la patria no tenemos nada?  “Mi patria”, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre.  ¡Eso no es patria!  Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo (APLAUSOS).  Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo (APLAUSOS).  Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria.

Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria.  Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria.  Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden.  Y eso es verdad y ustedes lo saben  (EXCLAMACIONES).

Luego, hay que arreglar la República.  Aquí algo anda mal o todo anda mal (EXCLAMACIONES DE:  “¡Todo!”), pero tenemos que arreglar la República ustedes y nosotros (EXCLAMACIONES), y por algo hay que empezar.

Sería un demagogo y un embustero si dijera aquí que todos los problemas se van a resolver y se van a resolver enseguida.  No.  Cuando nosotros llegamos a Playa de las Coloradas en el Granma, no creíamos que todo se iba a resolver y se iba a resolver enseguida.  Sabíamos que había que luchar mucho, sabíamos que grandes fuerzas se oponían a nosotros, que grandes intereses se oponían a nosotros, que grandes creencias se oponían a nosotros.  Se decían muchas cosas:  que aquello no podía triunfar; que no había hambre, y que cuando no había hambre las revoluciones no prosperaban; que no teníamos el ejército; que contra un ejército no se podía hacer una revolución; que las revoluciones se hacían con el ejército o sin el ejército, pero no contra el ejército.  Y lo peor es que aquí había que luchar no solo contra los fusiles, sino también contra las creencias; contra las creencias, que a veces son peores que los fusiles, ¡peores son que los fusiles!  Pues bien:  la dictadura acaba de caer y, sin embargo, ustedes y nosotros acabamos de llegar a la Playa de las Coloradas, porque en la paz nos queda mucho por luchar.  Nada lo recibimos en balde, todo lo que obtendremos tendrá que ser con el sudor de nuestra frente…  (INTERRUPCION)…  que se valen de todos los pretextos para confundir al pueblo, que mezquinamente y porfiadamente se valen de todas las circunstancias para sembrar la insidia y matar la fe, siempre con un propósito determinado.  Mucho tendremos que luchar nosotros también contra eso…  (ININTELIGIBLE)…  porque muchos tratarán de llenar de obstáculos nuestro camino.

Hoy todo son aplausos.  No tardarán mucho en aparecer los insidiosos.  Desgraciadamente los insidiosos…  (ININTELIGIBLE)…  y donde, como decía nuestro Apóstol, “todas las glorias caben en un grano de maíz”.  No hay gloria grande.  Solo puede haber satisfacción con el deber cuando se actúa no por una vanidad o satisfacción material, sino por sentir que se cumple con el deber sin otra satisfacción material.

Decía que surgirían los envidiosos, los que no pueden tolerar el acierto de otros, los que creen que todo les hace sombra.  Vendrán los calumniadores, vendrán a dividir a nuestro pueblo hoy reunido, vendrán a debilitarlo, a destruirle la fe en los hombres que lo están dirigiendo.  Lucharemos contra eso.

Dura y difícil será la empresa de los que pretendan separarnos y alejarnos a nosotros de nuestro pueblo, porque cuando no se vive más que para un solo propósito, cuando no se vive más que con una sola intención, cuando no se descansa, cuando no se duerme, cuando no hay tregua en el trabajo y en la lucha por servir honradamente una causa, no hay fuerza que pueda separar a un hombre de su pueblo (EXCLAMACIONES).  Y el pueblo tendrá en nosotros eso:  servidores, y no quien trate de servirse del pueblo.

¿Qué podemos nosotros pedir del pueblo más de lo que el pueblo nos ha dado?  ¡Ningún poder, ninguna riqueza, ningún bienestar podrá jamás compararse con la emoción del cariño unánime de un pueblo!  (APLAUSOS.) Esto no se sacrifica por nada ni por nadie.  Solo los miserables, los que son incapaces de sentir…  (ININTELIGIBLE)…, podrían despreciar el amor despertado en un pueblo.

Miserables ha habido, hombres que han traicionado la nación, hombres que han traicionado la fe de sus conciudadanos, y por eso hubimos de pasar tanto trabajo nosotros, porque aquí ya no se creía en nada ni en nadie.  La gente se preguntaba si estos revolucionarios serían iguales que aquellos, se lo preguntaba con…  (ININTELIGIBLE)…  y se lo preguntaba con razón.  Si estos no serían unos engañadores y unos traidores como los demás; si no harían igual que el otro.  Se lo preguntaban con razón, porque los habían engañado muchas veces.  Sin embargo, porque precisamente ha habido muchos traidores, es posible y necesariamente tiene que haber también hombres leales.  Todos no son leales, todos los hombres no pueden ser leales, pero tampoco todos pueden ser traidores (EXCLAMACIONES).

Nuestra patria necesitaba la lealtad de sus hombres públicos, que se aboliera de una vez y para siempre tanta lacra, tanto vicio, tanta corrupción, tanto desorden en todos los aspectos.

¿Qué había aquí?  ¿Qué ha habido siempre?  El soborno, el parasitismo, el que quiere vivir del vicio, el que quiere vivir sin trabajar, el político estafador, el alcalde que se roba los fondos del ayuntamiento, el concejal que le dan…  (ININTELIGIBLE)…, y se lo lleva, el botellero que cobra sueldo y no trabaja, el policía que compra en la esquina y no paga…  (INTERRUPCION EN LA GRABACION)…

Discurso pronunciado desde el Balcón de la Sociedad “El Progreso”, de Sancti Spiritus, Las Villas, el 6 de enero de 1959

«Compatriotas de Sancti Spíritus (APLAUSOS):

No podía ser para mí, esta ciudad de Sancti Spíritus, una ciudad más en nuestro recorrido.

Si las ciudades valen por lo que valen sus hijos, si las ciudades valen por lo que se han sacrificado en bien de la patria, si las ciudades valen por el espíritu y la moral de sus habitantes, por el fervor de sus hijos, por la fe y el entusiasmo con que defienden una idea, Sancti Spíritus no podía ser una ciudad más.  Y si las ciudades se admiran y los pueblos se quieren por lo que han tenido de fe en las horas difíciles, es lógico que hacia esta ciudad, como hacia otras, especialmente en nuestra patria, sintamos nosotros especial cariño (APLAUSOS).

Y hay algo además que se nota en el espíritu de los pueblos, hay ciudades más entusiastas que otras, y si bien es verdad que es grande el entusiasmo, porque basta para comprenderlo saber que venimos de Oriente, la fe, el entusiasmo, el ardor que se observa entre los espirituanos es realmente incomparable (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

No se trata de que se haya reunido una cantidad tan considerable de personas en este instante.  Es posible que nunca antes, en ningún mitin político de los tiempos anteriores —mítines políticos porque este es un mitin revolucionario, pero como antes no había revolución los mítines eran políticos (APLAUSOS)—, se hubiese reunido en número tan considerable la ciudadanía de Sancti Spíritus, en un acto que no convocó nadie, que lo convocó el pueblo, cuando no se sabía a ciencia cierta a que hora pasaría nuestra caravana hacia La Habana y cuando sencillamente no son las 12:00 del día, ni las 3:00 de la tarde, ni las 10:00 de la noche, son las 2:00 de la madrugada (APLAUSOS), y es, además, un día de frío y parece que de lluvia también (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

¿Pero qué le pueden importar a nuestro pueblo las inclemencias de la naturaleza en estos tiempos que ha aprendido a vencerlo todo?  Las noches de frío y de agua impresionaban en otros tiempos la imaginación del pueblo (APLAUSOS); también impresionaban los tanques, impresionaban los cañones, impresionaban los aviones (EXCLAMACIONES) —digo que en otros tiempos (EXCLAMACIONES)—, impresionaban los fusiles que portaban en sus manos esos hombres de caras hoscas (EXCLAMACIONES), que miraban al ciudadano como a un ser inferior al que a cada rato le perdonaban la vida.  Casi casi había que vivir agradecido de que no lo asesinaran a uno por la calle (EXCLAMACIONES DE:  “¡Los chivatos, los chivatos!).

Pero, ¿los chivatos existen?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  ¿O existían?  ¿Dónde están?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡A guindarlos, a guindarlos!”)  No, no, no, a guindarlos no; no, ¿para qué?  (EXCLAMACIONES.)  Comprendo el deseo del pueblo de ver a los chivatos con la lengua afuera (EXCLAMACIONES), pero la soga es algo que han usado muchas veces los esbirros de la tiranía.  ¡Soga no como hicimos siempre nosotros en la Sierra Maestra:  los juzgábamos y los fusilábamos (EXCLAMACIONES DE APROBACION).

En fin de cuenta, el pueblo pide el castigo ejemplar de los esbirros y de los confidentes, no porque el pueblo esté lleno de odio; pide el castigo de sus enemigos y de los enemigos de la patria, no por una sed de sangre o de venganza; pide el castigo como ejemplo, pide el castigo porque tiene su pensamiento puesto en las horas terribles de esos largos siete años de tiranía (EXCLAMACIONES); pide el castigo porque no quiere ni puede olvidar a sus muertos (EXCLAMACIONES); pide el castigo porque no quiere que nunca más se vuelva a repetir en nuestra patria lo que hemos vivido (EXCLAMACIONES); pide el castigo, porque no quiere que la mala semilla germine (EXCLAMACIONES); pide el castigo porque nuestro pueblo está lleno de ansias de justicia (APLAUSOS); pide el castigo porque en Cuba no ha habido nunca justicia (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Son viejas penas que llevamos dentro; quizás el recuerdo de 1895, donde los voluntarios y los traidores a la patria recibieron el manto protector de la intervención extranjera (EXCLAMACIONES).  Piensa tal vez en el año 1933, en que los traidores recibieron el manto protector de la dictadura castrense (EXCLAMACIONES).

Déjennos eso a nosotros y muy particularmente a ese pueblo que estoy seguro de que va a imitar el ejemplo de Cuba muy pronto (EXCLAMACIONES).

Lo que ocurre hoy —y tal vez a ello se deba la extraordinaria alegría del pueblo, no por nuestros méritos que son muy pocos (EXCLAMACIONES), porque no es nada haber luchado dos años y un mes, cuando en cada uno de nosotros existía la decisión de luchar 40 si fuera necesario (EXCLAMACIONES)— es que el pueblo comprende que por primera vez, desde la llegada de Cristóbal Colón, hace 400 años aproximadamente, ¡por primera vez va a haber una revolución en Cuba (EXCLAMACIONES).

El abuso empezó entonces cuando llegaron aquí aquellos antepasados nuestros, se apoderaron de la pacífica isla de Cuba, implantaron su dominio por la fuerza, y desde entonces Cuba ha vivido bajo el imperio de la fuerza (EXCLAMACIONES); cuando no han sido las fuerzas opresoras o interventoras de países extraños, han sido las fuerzas opresoras de los traidores de la patria (EXCLAMACIONES).

¿Cuando hubo democracia aquí?  (EXCLAMACIONES.)  ¿En 1944?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Y Pedraza andaba por las calles, y tenía unos latifundios enormes en Santa Clara, y todos los asesinos aquí imperaban por su respeto, y los mismos fusiles y los mismos hombres que habían estado defendiendo la dictadura estaban todavía allí en los cuarteles con sus fusiles en la mano?  (EXCLAMACIONES.)  Y pasó lo que pasó luego, que cuando le dio la gana vino otra vez y dio las órdenes (EXCLAMACIONES).

Esta vez —y eso es lo que comprende el pueblo al cabo de cuatro siglos—, por primera vez un pueblo manda (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES); por primera vez los hombres que tienen las armas en la mano se inclinan reverentes ante el pueblo de Cuba (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).

Y créanme que aquí han ocurrido sentimientos realmente singulares.  Es posible que el pueblo lleno de entusiasmo venga a recibir el paso de las columnas y nos reciba a nosotros con la sensación de que la Revolución ha llegado al poder, y que, por lo tanto, los jóvenes revolucionarios están mandando en Cuba.  Y ocurre al revés, la verdad es que yo llego, llegan mis compañeros, y desde que vemos que quien manda aquí es el pueblo nos sentimos llenos de admiración y de emoción de ver a un pueblo mandando (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).  Y ahora sí que van a ver lo que es un pueblo mandando (EXCLAMACIONES), porque el pueblo no se puede traicionar a sí mismo.

¿Quién protesta cuando hay algo mal hecho en Cuba?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo no puede hacer cosas mal hechas (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

¿Quién protesta cuando hay un crimen?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo no puede permitir el crimen.

¿Quién protesta cuando hay latrocinios y hay desfalcos, y se roban el dinero del pueblo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo no puede permitir el desfalco, ni el robo, ni la inmoralidad, ni el privilegio (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

¿Quién protesta cuando no hay libertad de prensa?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo no puede permitir la censura (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

¿Quién protesta cuando hay elecciones fraudulentas o cuando no hay elecciones?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo no puede permitir el fraude electoral, ni el secuestro de su propia voluntad (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

¿Quién protesta cuando no hay libertad de reunión?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo no puede suprimir la libertad de reunión (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

¿Quién protesta cuando hay hambre?  (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo tiene que ponerle fin al hambre (EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando los artículos tienen un precio abusivo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo tiene que ponerle fin a la especulación (EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando hay bajos salarios?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo tiene que poner salarios altos (EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando los campesinos no tienen tierra?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo tiene que darles la tierra a los campesinos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando no hay calles pavimentadas, ni hay hospitales, ni hay escuelas, ni hay higiene, ni hay salubridad?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo tiene que arreglar las calles, tiene que hacer hospitales, tiene que construir escuelas y tiene que prestar todos los servicios que el pueblo está demandando (EXCLAMACIONES).

¿Quién protesta cuando los ladrones andan por la calle?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡El pueblo!”)  Luego el pueblo tiene que encarcelar a los ladrones (EXCLAMACIONES).

¿Y qué ha pasado aquí, por qué el pueblo siempre está protestando?  (EXCLAMACIONES.)  Porque el pueblo nunca ha estado gobernando.  Y ahora lo que ha ocurrido aquí es que el pueblo, no el pueblo que se imaginan los enemigos de la democracia, no el pueblo que se imaginan los tiranos, no, que piensan del pueblo como algo desorganizado, como algo anárquico como algo que no tiene disciplina, que no tiene orientación, que no tiene conciencia.  Eso es lo que piensan ellos…  Podían pensar eso antes, cuando llegaban aquí y se encaramaban en el poder mediante unas elecciones fraudulentas y no pasaba nada; podían pensar eso antes cuando llegaban aquí, tomaban el poder por la fuerza, y se dedicaban a saquear la república como vulgares piratas y no pasaba nada (EXCLAMACIONES).  Podían pensar eso del pueblo cuando tenían 50 000 hombres sobre las armas y el pueblo no tenía ni un fusil ni un hombre armado; pero ahora, que se encaramaron y los botamos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES); ahora, cuando el pueblo que no tenía ejército, que no tenía fusiles, que no tenía nada, a la vuelta de dos años se aparece con los tanques, los cañones, los aviones, los fusiles en la mano (EXCLAMACIONES), un pueblo que no tenía un solo fusil y los tiene hoy todos en la mano, a ese es un pueblo que hay que respetar.

¿Ahora qué pensará el dictador del pueblo de Cuba?  (EXCLAMACIONES.)  ¿Qué pensarán los asesinos que han escapado?  (EXCLAMACIONES.)  Y que no había noche que no asesinaran media docena de compatriotas; porque cuando pasaban por Columbia y veían tantas trincheras y tantas alambradas y tantas cosas extrañas allí adentro, y tantos fusiles y tanto armamento y tantas microondas y tantos aviones y tantos chivatos, decían:  esto es invencible.  Y junto con ellos pensaban los politiqueros, que se dedicaban a combatir la tesis revolucionaria y a decir que aquí la solución eran las elecciones del primero de noviembre (EXCLAMACIONES).

Eran los mismos que habían dicho que la solución eran las elecciones del primero de noviembre de 1954, y los mismos que iban a decir que la solución era las elecciones del primero de noviembre de 1962. Y así iban a estar los muy pícaros, porque lo único que les preocupaba era ir allí y sentarse en el Senado con una minoría; su botellita, mientras los otros derramaban su sangre.

Horas muy amargas tuvimos que soportar cuando veíamos a los que trataban de confundir y de matarle la fe a nuestro pueblo.  El peor crimen que se pueda cometer contra nadie es matarle la fe; incluso cuando los hombres no tienen otra cosa, mientras conservan la fe, conservan mucho.  Lo terrible es cuando los pueblos han perdido la fe por completo.  Y los que venían a conspirar contra la fe del pueblo y a decirles que nosotros éramos potentes para resistir pero impotentes para vencer; o que aquellos cuatro gatos que estaban en la Sierra Maestra (EXCLAMACIONES) cómo iban a tomar Çolumbia, cómo iban a derrotar a Batista que tenía tantas armas y tantos cañones; que nosotros éramos unos románticos pero que los pobrecitos, había que salvarlos, había que darles una lección a la carrera para que se salvaran.  Y luego eran tan descarados que decían que cuando ganaran —cuando ganaran los politiqueros que decían que eran de la oposición— iban a dar una amnistía (EXCLAMACIONES), como si todo el problema del pueblo de Cuba consistiera en que a nosotros nos perdonaran, nos perdonaran (EXCLAMACIONES).

Quiero decirles una cosa:  de acuerdo con el Código Penal, la ancianidad es un eximente de culpa (RISAS), y, pasado ya ciertos límites, el Código Penal se abstiene de la aplicación de penas de ninguna índole (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).

¡Ah!, a ese le vamos a exigir cuentas (EXCLAMACIONES).  Como el pueblo es el que manda, yo creo que el pueblo lo que tiene que hacer es precisamente eso, pedir aquí y demandar aquí todas las cosas (EXCLAMACIONES).

Y volviendo al hilo de mis palabras, después de estas consideraciones, me vuelvo a preguntar qué dirá ahora el valiente dictador; el hombre que tenía una bala en la pistola y que se fue, lo mismo que entró, con nocturnidad y alevosía, sin que nadie sepa siquiera en este momento por qué caminos anda.  Bueno sería que vieran el mitin que vamos a dar ahora en Columbia con el pueblo (APLAUSOS).  El acto debe ser en Columbia porque el pueblo ahora es quien tiene los fusiles y es el que manda.

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN:  “¿Y Masferrer?”)  No me pregunten por aquel que escapó también, pregúntenme dónde están los sicarios, los esbirros, los asesinos que dejó aquí.  Y les diré que los que no han caído ya deshonrosamente tendrán que afrontar los tribunales revolucionarios.

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN:  “¿Y Mirabal?”)  Mirabal, Casillas, Olayón, habrá que preguntárselo al mismísimo diablo (EXCLAMACIONES Y RISAS).

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN:  “¿Y Mujal dónde está”?)  ¿Mujal?, hay que tener paciencia.

La verdad es que no sé si todos pensaremos igual, yo tengo mi filosofía:  esa gente muerta, pues murieron; esa gente viva sufre más.  Vivos, huyendo, sin patria, perseguidos por el odio del pueblo, el desprecio de la ciudadanía que se les tiene que estar clavando sobre sus conciencias oscurecidas (EXCLAMACIONES), y, sobre todo, un sufrimiento mayor, el sufrimiento de ver a nuestro pueblo libre (APLAUSOS).  No podrá haber para los que escaparon de una forma tan deshonrosa peor castigo.

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN:  “¿Dónde está Castillo?”) ¿Castillo?  ¿Cuál el bolitero o el secretario, o los dos?  (DEL PUBLICO LE CONTESTAN:  “¡Cantillo!”  Ah, ¿Cantillo?  (DEL PUBLICO LE CONTESTAN:  “¡Sí!”) Esperando por el tribunal revolucionario.  Y Morales del Castillo, si es cierto que lo capturaron, esperando también por el tribunal revolucionario (APLAUSOS).  Y Castillo, uno de los zares del juego, esperando también por los tribunales revolucionarios (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN:  “¿Y Tabernilla?”)  Los Tabernilla, dicen que se robó el retiro del ejército completo, que son como 40 ó 42 millones, una cosa por el estilo.  Lo tendrán que devolver, porque para eso lo sabremos exigir dondequiera que estén metidos (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Mas no creo que el pueblo deba sufrir pensando en los que se escaparon.  Está bien que les guarden la deuda cuidadosamente, para cobrársela ahora o dentro de 50 años (APLAUSOS).  Es bueno que los pueblos no olviden, para que no vuelva nadie más a escribir:  Cuba, país de poca memoria.  Lo que vamos a escribir la próxima vez es:  Cuba, país de mucha memoria (APLAUSOS).

(DEL PUBLICO DICEN:  “¡Viva el capitán Castillo!”)  ¡Que viva el capitán Castillo!, porque ese es un Castillo bueno, ¡que viva el teniente Viciedo y vivan todos los combatientes revolucionarios (EXCLAMACIONES DE:  “¡Vivan!”)  ¡Que vivan todos los que han hecho posible la libertad de la patria (EXCLAMACIONES DE:”¡Vivan!”)  Y que viva, por encima de todo, nuestro pueblo heroico y glorioso (EXCLAMACIONES DE:  “¡Viva!”).

Pero muchos más motivos de orgullo tiene el pueblo de Sancti Spíritus, con sus combatientes, porque no son ni dos ni tres, son muchos, y muchos los oficiales que se han distinguido en esta guerra, y aquí tenemos a nuestro Comandante Félix Duque, de Sancti Spíritus, veterano de incontables combates victoriosos (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), autor de numerosas proezas, y hay entre ellas una que tendrá que escribirse y que se la voy a contar al pueblo.

Era en los días de la ofensiva contra la Sierra Maestra, aquella temible ofensiva que iba a exterminar hasta el ultimo rebelde y que terminó en Columbia, porque la batalla que comenzó a librarse en los días finales de mayo del año 1958, terminó en Columbia, a los seis meses después, aproximadamente —la batalla que comenzó en la Sierra Maestra—, porque con las armas que se le arrebataron en aquella ofensiva a la dictadura, se armaron las columnas invasoras que llegaron hasta Las Villas (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Después de aquellas proezas singulares e incomparables, que no tienen paralelo en nuestra historia, como fue la travesía de dos columnas, una de 82 hombres y otra de 110 hombres armados contra miles de enemigos, por un terreno completamente llano (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), dirigidas por los comandantes Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

Era en aquellos días de la ofensiva contra la Sierra Maestra, en que nuestras fuerzas, después de la batalla victoriosa de El Jigüe volvieron todas sus armas contra la odiada columna del criminal Sánchez Mosquera, acampado en Santo Domingo.  Cuidaba el entonces capitán Félix Duque una de las entradas contra los posibles refuerzos enemigos; las fuerzas de Mosquera hacían un intento desesperado por escapar, y le envío al capitán Félix Duque una instrucción de que interceptara a la fuerza enemiga por uno de los caminos posibles de retirada, y por donde, efectivamente, iban a cruzar.  Tenía en aquel momento 60 hombres bajo su mando, la orden  —que fue necesario enviar por escrito, pues en aquellos tiempos no teníamos microondas— llegó algo retrasada, con motivo de que el campesino que la portaba hubo de ocultarse de la aviación que durante todo el día trataba de hostigar nuestras líneas, y lo que ocurrió fue lo siguiente:

En las primeras horas de la noche, nuestro capitán Félix Duque sale al frente de su tropa; pero había olvidado algo, a pesar de que no era la primera vez que le ocurría:  que en horas de la noche y por terreno montañoso es muy fácil que la tropa pierda el contacto, que una hilera pierda el contacto en cualquier curva y se divida la columna, y que es necesario en noches oscuras estar constantemente chequeando toda la columna para que no se corte y no se extravíe una parte de la fuerza o toda la fuerza.  Y en el impulso del capitán Duque por cumplir la orden e interceptar al enemigo, avanzó tan rápidamente que se quedó atrás toda la columna y cuando vino a darse cuenta no andaba más que con dos compañeros de los 60 hombres (RISAS).

Quiero advertirles que está aquí vivo de milagro, pero de milagro de verdad, no de milagro de casualidades de esas (APLAUSOS).  Porque era nada menos que la tropa más criminal que había pasado por la Sierra Maestra, la tropa de Mosquera.  Cuando se vino a dar cuenta, estaba metido casi casi dentro del campamento enemigo, donde había acampado la tropa enemiga, porque al llegar la noche, en la posición en que se encontraban, acamparon.  No se había dado cuenta de que había ido a parar entre el campamento y las postas enemigas.  Al darse cuenta, regresa a buscar su tropa, y cuando regresa, ha caminado apenas unos 100 ó 150 metros con sus dos compañeros, cuando se encuentra unos hombres armados en un altico, y llega Duque y los saluda:  “¡¿Qué pasa?!” “¡¿Qué pasa?!”  (RISAS.)  Y los hombres armados se aproximan también:  “¡¿Qué pasó, qué pasó?!”  (RISAS.)  Era nada menos que un capitán rebelde con dos compañeros más, hablando con una de las postas de Sánchez Mosquera (RISAS).

Pero lo peor todavía de la temeridad y de la imprudencia del capitán Duque es que en vez de llevar el arma lista, como se lleva en casos como esos, llevaba la ametralladora colgada aquí a la espalda (RISAS).  Y, por supuesto, que el soldado también tenía una ametralladora colgada aquí (RISAS).  Entonces cuando va él a tratar de quitarse la ametralladora para hacerle frente a la situación, ocurre que los otros se abalanzan sobre él   —eran varios.  Los otros dos compañeros hacen fuego al aire.  Dos soldados tratan de capturarlo porque realmente no podían, en aquel momento —estaban próximos—, hacer otra cosa, y la cuestión es que ruedan por una pendiente hacia abajo, en un combate cuerpo a cuerpo, el capitán Duque y dos soldados enemigos.

Los compañeros —que tienen que retirarse ante la presencia del resto de las fuerzas del campamento— informan inmediatamente lo que había ocurrido.  Cuando llegan hasta mí y me informan lo que acababa de ocurrir, a los pocos minutos de haber ocurrido el incidente, pues entonces una inmensa tristeza, disgusto y dolor se apoderó de todos nosotros, porque en aquellas condiciones, habiendo sido sorprendidos, habiéndose escuchado numerosos disparos, era virtualmente imposible contar con la vida del compañero Duque.

Así transcurrió toda aquella noche, cuando en horas del mediodía siguiente, como una verdadera aparición, como un fantasma, ve todo el mundo que se aproxima, un poco compungido y triste, disgustado por lo que había pasado, entre otras cosas, de no haber podido cumplir con la misión encomendada:  llevar la tropa e interceptar al enemigo.  Porque cuando yo llegué a la posición donde estaba el compañero Duque citado, me encuentro a todos los hombres de él y digo:  “¿Y dónde esta Duque?” Me dicen:  “no, que se fue solo” (RISAS).  Regresa —ya les digo, al otro día, como a las 12:00 del día—, golpeado, amoratado, hinchado, el pelo alborotado.  Y todo el mundo se quedó realmente como quien ve levantarse a un muerto.

Para mayor casualidad, por una de las microondas capturadas al enemigo, que interceptaba las comunicaciones, oigo que Ugalde Carrillo desde el avión decía:  “¡Pues métele un tiro y mátalo pa’l diablo!”  Y yo decía:  bueno, es Duque que lo han hecho prisionero:  “¡Métele un tiro!”  Yo no había oído las palabras del que hablaba desde abajo, pero oí la respuesta del de arriba, y deduje que era un prisionero.  Porque creo que hasta algo dijo:  “un prisionero, ¡pues mételo un tiro y mátalo!”  Y todo aquello nos había hecho perder a nosotros, los compañeros, todas las esperanzas.

¿Qué había pasado?  Habían tratado de apresarlo, él se defendió, rodó por toda una pendiente y ha estado luchando en un arroyo, cuerpo a cuerpo, durante 10 minutos, con dos soldados enemigos, hasta que pudo deshacerse de ellos y salir al campamento de nuevo.  Y gracias a eso lo tenemos aquí (RISAS Y APLAUSOS).

Ustedes saben que, al revés de los partes del Estado Mayor, nosotros nunca añadimos ni una bala más a la que se ocupa en un combate, y cuanto les he referido se ajusta, rigurosamente y sin exageración de ninguna índole, a la realidad, porque en la guerra suceden cosas realmente increíbles.

(Félix Duque dice:  “El que se fajó conmigo esta por ahí y se unió a nosotros).  ¡Ah!, pero ahora dice que el que se fajó con él esta por ahí (RISAS).  Dice que se unió a la Revolución.

De todas formas, la isla no es tan grande y los protagonistas de esos acontecimientos se vuelven a reunir fácilmente.  Y, al fin y al cabo, el pueblo victorioso tiene que ser, en estos momentos de triunfo, más que nunca, un pueblo de nobles sentimientos y un pueblo caballeroso, que tiene que contribuir a la paz, precisamente, tratando, sin olvidar a los culpables, castigando a los culpables, de comprender que no todos los militares eran criminales, que no todos los militares eran hombres de sentimientos crueles, y que una de nuestras tareas es seleccionar entre los buenos y los malos (APLAUSOS).

Puedo decirles, por ejemplo, que en la Sierra Maestra murieron más de 20 combatientes de los soldados que se sumaron a la Revolución, y que combatieron con mucho valor; los militares tienen muchos mártires que han caído luchando junto con los revolucionarios.  Aquellos hombres acudieron a nuestras filas cuando se les presentaba la oportunidad, que no siempre era fácil para ellos, porque durante largo tiempo nosotros, de hecho, no dominábamos territorio alguno, y era muy difícil hacer contacto con nuestras filas; les era difícil hacer contacto a los propios dirigentes de la organización del 26 de Julio, con mucha más razón a los militares.

Así que nosotros tenemos el propósito de castigar y de expulsar de las filas de las fuerzas armadas a todo el que deshonra el uniforme (APLAUSOS); pero abrirles también las puertas en el nuevo ejército de la república a los hombres que hayan estado ostentando funciones militares y no hayan robado, y no hayan asesinado, que hayan sabido respetar al pueblo (APLAUSOS).

Se hace tarde…  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).  Oye, mandar sí, pero dictadura no; el pueblo manda pero el pueblo no es dictador.

Bueno, ¿y si todos quieren subir, caben aquí?  (LE RESPONDEN:  “¡No!”)  Luego, ¿si suben unos y otro no, no sería un privilegio?  (LE RESPONDEN:  “¡Sí!”  ¿Y no estamos contra los privilegios?  (LE RESPONDEN:  “¡Sí!”)  Como ustedes no caben aquí, pero yo quepo allá, voy a bajar a verlos a todos (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).

(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN:  “¿Y Raúl?”)  Raúl está en el cuartel Moncada; Gómez Ochoa está en el regimiento de Holguín; Juan Almeida está aquí con la columna blindada y va a ser designado jefe de la división blindada que vamos a organizar con los veteranos de la Sierra Maestra; Camilo Cienfuegos está en Columbia; el comandante Ernesto Guevara está en La Cabaña, y el comandante Efigenio Ameijeiras ha de estar ya a estas horas en la jefatura de la Policía Nacional.

Aquí está el comandante Juan Almeida (APLAUSOS).

¿Paco Barrera dicen?  Bueno, es que la columna está repartida creo que por toda la provincia, y no es tan fácil encontrar a todas las tropas; ahí viene el pelotón “Mariana Grajales” también en la tropa (EXCLAMACIONES).

Lo importante ahora es que estén donde estén, cada cual se dedique a cumplir con su deber (APLAUSOS); lo importante es que el pueblo tenga fe y confianza en esos hombres (APLAUSOS); lo importante es que esos hombres están hoy y estarán siempre al servicio incondicional del pueblo (APLAUSOS); que en esos hombres se puede tener la confianza que se tiene en un hijo, en un padre o en un hermano (APLAUSOS), porque yo, que los conozco bien, sé que son hombres incorruptibles y sé que jamás traicionarán a su pueblo (APLAUSOS).

Hemos hablado hoy con júbilo de los héroes de la Revolución, de los nombres más destacados, de la alegría de nuestro pueblo.  Faltan por decir algunas cosas y ahí vamos.  La zafra ya se sabe que a fines de mes a más tardar, de acuerdo con nuestros cálculos, habrá comenzado en la mayor parte de los centrales de la isla (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Iba a decirles, precisamente, que el pueblo no se puede dormir sobre los laureles; que el camino que tenemos por delante es un camino largo y duro; que la Revolución en su etapa constructiva no será un paseo; que por delante tenemos muchos intereses creados; que toda obra justa encontrará resistencia; que el enemigo agazapado, el enemigo en fuga, pero con cuantiosos recursos económicos tratará de poner en nuestro camino todos los obstáculos, se asociará con cuantos enemigos de Cuba pueda encontrar y estaremos en la obligación de mantenernos siempre alertas, siempre en guardia; que muchos peligros amenazan a nuestros combatientes, porque ahora ya no es el tiro que se dispara desde una trinchera, es el tiro alevoso y cobarde que se dispara desde una esquina, desde una azotea; que agotará todos los medios por sembrar la muerte entre los dirigentes de la Revolución, lo que no será en definitiva, tan difícil, porque nosotros nunca nos sustraeremos al contacto del pueblo, ni andaremos con escoltas ni haciendo ruido por las calles (APLAUSOS).  Será ese un deber que afrontaremos, sencillamente, como hemos afrontado todos los demás.

Es importante que el pueblo sepa desde hoy y comprenda que la Revolución no podrá ser tarea de un día, ni de dos, ni de tres; que nuestros males no encontrarán solución de la noche a la mañana; que será preciso trabajar mucho; que al igual que la guerra no se ganó en un día, que al igual que la guerra fue necesario ganarla poco a poco, paso a paso, pero firmemente con un solo propósito, el que concluyese solo con la victoria o con la muerte como reza nuestro lema, la Revolución tendrá que realizarse también paso a paso, poco a poco y sin otra divisa también que la del triunfo.

Vendrán ahora, porque es natural que vengan y es lógico que los esperemos, los demagogos, vendrán los oportunistas, vendrán los que no se sacrificaron a querer medrar a costa del sacrificio de los demás.  Vendrán los demagogos que no hicieron nada en las horas duras de la tiranía a sembrar el descontento, a sembrar la desconfianza, porque quien no tenga méritos solo encontrará el camino táctico para ellos de rebajar a los demás; aquellos que no gocen de la confianza de la nación se dedicarán a restar la confianza del pueblo en sus dirigentes.

Ponía un ejemplo de lo que es el demagogo.  El demagogo es aquel que si, por ejemplo, en estas circunstancias son fusilados en un pueblo 25 confidentes, o en una provincia, o en toda la isla se fusilan 100 esbirros, inmediatamente salen a predicar que la Revolución ha sido traicionada, que hay que matar 10 000, que por ahí no se llega a ninguna parte, que los chivatos andan por la calle.

Vendrá el ambicioso, los que no se preocupan realmente por la patria, los que no estén preocupados más que de sus ambiciones y de su vanidad personal.  Vendrán, incluso, los que dentro de las propias filas revolucionarias deserten del deber, los que se corrompan y, además, todos los obstáculos que una revolución tiene en su camino.  Todos los peligros que una revolución tiene en su camino los tendremos que afrontar, tal vez amenazas extranjeras, tal vez agresiones extranjeras; pero frente a todo ello, hay, sin embargo, una inconmovible fe; la fe que nace de dos cosas:  de la confianza que tenemos en nosotros mismos y de la confianza que tenemos en nuestro pueblo (APLAUSOS).

Porque nos sabemos leales, porque nos sabemos honrados, porque sabemos que jamás la tentación penetrará en nuestros corazones, que jamás nuestras manos se mancharán con dinero robado o con la sangre del crimen (APLAUSOS).  Como sabemos que no vivimos más que para un solo fin, porque sabemos que nuestro destino ha sido este, el de servir a nuestra patria y a nuestro pueblo, porque han sido muy grandes y muy profundas las emociones que hemos vivido, porque cuantas veces nos hemos reunido con el pueblo, hemos recibido ese aliento y ese cariño, que es el cariño que impulsa a los hombres idealistas, que los hace más firmes, que los hace más decididos (APLAUSOS).

Todos ustedes saben algo del cubano, que por las buenas se obtiene de un cubano mucho, que por las malas jamás se obtendrá nada de un cubano (APLAUSOS); que a quien lo quiere, quiere; que a quien lo trata con cariño, con cariño trata a quien así lo trata (APLAUSOS).  Que no devolvemos el bien por mal, que no odiamos a aquellos que simpatizan con nosotros; tal somos los cubanos, tal son ustedes, tal soy yo, tal son mis compañeros, y a ese inmenso cariño, a esas muestras extraordinarias de simpatía, más allá de todos los méritos que podamos tener nosotros, y que vuelvo a repetir que son muy pocos, solo pagaremos con un cariño y con una lealtad igualmente grandes (APLAUSOS).

De una cosa puede estar seguro el pueblo, cualesquiera que sean las vicisitudes; de una cosa puede estar seguro —sobre todo el pueblo humilde, el que necesita de la Revolución, porque es el que ha sido víctima de la injusticia; el pueblo humilde que es el que más necesita de nosotros, más que los ricos, más que los poderosos, aunque todos hayan recibido los beneficios de la libertad, porque la tiranía era igualmente odiosa para todos los cubanos de todas las clases sociales; pero la Revolución, sobre todo, ha de ser en beneficio de los humildes y de los pobres—, jamás le fallaremos.  Ciegamente pueden creer en los hombres que han hecho esta Revolución (APLAUSOS), que la continuarán haciendo, porque hay cosas que los hombres de honor, los hombres de sentimientos aprecian más que ninguna otra.

El ladrón es antes que nada un hombre que carece de dignidad y que carece de pudor, un hombre que al pasar por las calles no le importa que sus conciudadanos le digan:  aqueles un ladrón.  No le importa que su hijo oiga o lea que su padre es un ladrón, no le importa que su esposa oiga o lea todos los días que su esposo es un ladrón.  El ladrón, el traidor, el criminal es antes que nada un hombre que carece del más elemental pudor.  Los hombres de pudor prefieren la muerte antes de que se les señale.  Los hombres de pudor prefieren mil veces la muerte antes de que les llamen ladrón, antes de que sus hijos vean que les llaman y les pueden llamar, con razón, ladrón, o criminal, o traidor, o inmoral.

Nosotros, los que hemos tenido el inmenso privilegio de saber lo que es el cariño de un pueblo, nosotros, los que hemos tenido el inmenso honor de vernos aclamados por multitudes delirantes, que tienen fe en nosotros, es lógico comprender que prefiramos mil veces la muerte a venir un día por estas mismas calles y encontrarnos la indiferencia, el olvido o el odio de nuestros conciudadanos (APLAUSOS).

Duro ha sido luchar contra la falta de fe.  Aquí nadie creía en nada ni en nadie, porque muchas veces nuestro pueblo había sido traicionado; nuestra generación se encontró con una semilla de escepticismo, con una semilla de pesimismo.  Hoy de nuevo ha renacido en el pueblo la fe, de nuevo hay confianza en un grupo de hombres; aquellos que en otros tiempos la traicionaron, aquellos que en otros tiempos gozaron de la simpatía de las multitudes y después se resignaron tranquilamente a vivir en medio del desprecio público, aquellos hombres, aquel tipo de hombre, resulta inconcebible de acuerdo con nuestra manera de pensar.

Nosotros solo queremos una cosa, solo queremos poder siempre comparecer ante el pueblo, poder siempre comparecer ante la multitud, poder hablar con ella, rendirle cuenta de mis actos.

Dicen que las elecciones, por ejemplo, son difíciles, que se necesitan tales y más cuales tramites.  Yo creo que los hombres públicos deben estar en consulta permanente con su pueblo, basta venir aquí y reunirse con 10 000 personas para saber lo que el pueblo quiere (APLAUSOS).  Y lo que el pueblo quiere aquí es lo mismo que quiere en Camagüey, y lo que el pueblo quiere en Camagüey es lo mismo que quiere en Holguín, en Santiago de Cuba y en el resto de la isla, porque el pueblo es uno solo, y tiene un solo sentimiento y una sola opinión sobre todas las cuestiones (APLAUSOS).

Cuando nosotros queramos saber lo que quiere el pueblo, basta con venir a hablar con el pueblo.

El pueblo ahora, por ejemplo, se preocupa por la zafra, porque lo dice, porque cuando se habla de que la zafra empieza pronto, todo el mundo se alegra, luego esa es una preocupación del pueblo (APLAUSOS).  El pueblo se preocupa de que haya justicia, de que los esbirros y los confidentes sean castigados ejemplarmente (APLAUSOS).

Para saber lo que el pueblo quiere, no hay más que venir a hablar con el pueblo, y esa será siempre nuestra línea de conducta; y el día en que yo no pueda pararme delante del pueblo, el día en que no pueda discutir con el pueblo, ese día para mí habrá terminado toda misión y toda función de carácter público.

Nosotros no empezamos ahora, y solo puedo decirles que empezamos llenos de la intención de cumplir con nuestro deber (APLAUSOS); que lejos de pensar que todo está hecho, pensamos que todo está por hacer; que lejos de creer que vamos a descansar después de dos años de subir y bajar montañas y de combatir contra un enemigo que tenía todos los recursos, ahora tenemos que trabajar el doble y el triple; porque aquello de que para los revolucionarios no hay más descanso que la tumba es una gran verdad.

El revolucionario no viene al poder a disfrutar del poder, a pasear en Cadillac, a robar, a vivir en casas cómodas, a comer bien.  ¡No!  El revolucionario llega al poder a vivir igual o peor que antes, a ser tan pobre o más pobre que antes, a ser tan sufrido o más sufrido que antes.  El revolucionario no viene al poder a disfrutar de él, sino a ser más esclavo del pueblo, a seguir sacrificándose, en todas las formas posibles, y de eso estamos muy conscientes nosotros.  No nos alegramos de pensar en el privilegio que signifique tener hoy los resortes del poder en manos revolucionarias.  No, nuestro pensamiento vive solo puesto en que hay un deber que cumplir, en que hay un deber muy sagrado con los muertos, porque ellos están ausentes hoy.

Y no se luchó solo para derrocar la tiranía, se luchó para algo más, para sobre las ruinas de la tiranía edificar la nueva patria, que tiene que ser una patria distinta a la que ha sido hasta hoy (APLAUSOS).

El triunfo de esta Revolución es una reparación moral, no solo para los que han caído en esta lucha.  Pienso con satisfacción que el triunfo de esta Revolución será la realización no solo de los sueños de los hombres de nuestra generación, sino también de los sueños de la generación que se sacrificó en la lucha contra la tiranía de Machado y la realización de los sueños de nuestros libertadores que no están realizados todavía (APLAUSOS).

Si ha habido traidores en nuestra historia, podemos decir que en cambio también ha habido hombres leales.  Si otros olvidaron a sus muertos, podemos decir que nuestra generación no solo recuerda a sus muertos, sino a los muertos de todas las generaciones cubanas que anteriormente se sacrificaron por algún ideal (APLAUSOS).

¡Rendimos un tributo y lo seguiremos rindiendo no solo a los caídos de hoy, a los caídos de ayer, a los caldos de nuestras luchas de independencia, porque los mártires de la libertad, los mártires del progreso de su pueblo, los mártires del ideal, son los mismos de una organización que de otra, de una generación que de otra, de hoy como la de ayer, como la de antes de ayer.  Son hombres que han muerto luchando por un sueño, sueño que no se ha realizado, pero sueño que ustedes y nosotros vamos a realizar!  (APLAUSOS.)

No será esta la única reunión, aquí volveremos.  No nos iremos a vivir a la capital de la república; viviremos en toda la isla, porque estaremos siempre en todas partes (APLAUSOS).  Mi casa desde hoy, lo digo, es la casa de cualquier ciudadano, en cualquier pueblo de Cuba donde encuentre alberque (APLAUSOS), y tan pronto haya cumplido con las obligaciones más inmediatas en la capital de la república volveré.

Volveré primero que nada a la Sierra Maestra (APLAUSOS), ya no en plan de guerra, sino en plan de paz; ya no a pedirles sacrificios a los campesinos que nos sostuvieron en los días difíciles y que con nosotros soportaron las bombas y la persecución, sino a llevar algo, a hacer algo por ellos, a empezar a cumplir lo mucho que les hemos prometido, más que prometido, porque nosotros no prometemos, hacemos, y queremos hacer más que lo que prometemos (APLAUSOS).  Vamos a empezar a hacer por ellos lo que ellos esperan de nosotros.

Más que deseos de ir a la capital, más que deseos, incluso, de ver a mi propio hijo, deseo ver de nuevo a aquellos campesinos después del triunfo; deseo ver aquellos rostros, aquella alegría inmensa que ha de invadir los corazones de aquellas familias que antes vivían bajo el terror de los geófagos; que apenas tenían derribada una parte del monte y con mil sacrificios habían podido hacer una finquita, venían los mayorales de los geófagos con la guardia rural y los expulsaban despiadadamente y en muchos casos hasta los asesinaban.  Por eso aquellos hombres se adhirieron a nuestra causa incondicionalmente.

Ya desde que las primeras tropas del Ejército Rebelde recorrieron la Sierra, se acabaron los desalojos y se acabaron los abusos de los geófagos con los campesinos.  Vinieron entonces los horrores de las tropas en operaciones, que asesinaron cientos de hombres inocentes y quemaron millares de bohíos.

Aquellos hombres están esperando por nosotros, aquellos hombres que tal vez en estos instantes piensen si volveremos, que tal vez hasta duden, porque siempre ha vivido nuestro campesinado en el temor al engaño, aquellos hombres tendrán la satisfacción de vernos pronto de nuevo en la Sierra Maestra.  Digo en la Sierra Maestra porque por algún lugar hay que empezar, y si por allí se empezó la Revolución, justo es que las reivindicaciones se empiecen por allí (APLAUSOS), y que las mejoras que se hagan en Oriente sean seguidas por las mejoras que se hagan en Las Villas, porque después de Oriente vino la Revolución a Las Villas; porque entre Las Villas y Oriente hay una estrecha vinculación, y ha existido en toda nuestra Guerra de Independencia y en nuestras luchas por la libertad (APLAUSOS).  En prenda de ello, el Ejército Rebelde mandó a esta provincia a dos de sus mejores comandantes, que atravesaron los llanos de Camagüey para llegar hasta aquí.

La vinculación entre las necesidades de los campesinos de la Sierra Maestra y las necesidades de los campesinos de Las Villas, es grande; lo que allá se haga es lo que se va a hacer aquí (APLAUSOS).

A lo primero que voy a tener el gusto de dedicar mi esfuerzo, junto con otras muchas cosas, es a hacer la primera ciudad escolar, con el propósito de que pueda albergar y educar, dentro de los más modernos sistemas de la pedagogía, no 100, ni 500, ni 1 000, sino 20 000 niñas y niños (APLAUSOS).  En algún latifundio —-que ya tengo pensado, de ciertos geófagos, porque por allá hay muchos— iremos a separar las primeras 300 caballerías que van a ser propiedad de la ciudad escolar (APLAUSOS).  La vamos a empezar a hacer solo con nuestro esfuerzo, con el trabajo de los reclutas revolucionarios, con el aporte del pueblo (APLAUSOS); porque a todo el mundo le voy a pedir ayuda, un poquito a cada cual, para hacer esa primera ciudad, como un homenaje a la primera zona de Cuba donde comenzó la Revolución (APLAUSOS), y para poder ir haciendo lo mismo en las distintas provincias de Cuba.

No podemos decir que al mismo tiempo vamos a hacer las 10 ciudades escolares que hacen falta y que es un proyecto monumental, donde realmente se va a crear un tipo totalmente nuevo de hombre cubano, porque allí no va a recibir solamente una cultura general, sino que va a aprender a trabajar, va a recibir conocimientos técnicos y prácticos y va a producir lo mismo que va a consumir allí (APLAUSOS).  Es una de las primeras ideas que pensamos llevar adelante.

Ustedes saben cómo se ha constituido el gobierno, ustedes saben que a cada cual le ha tocado una parte de las funciones.  A nosotros en este momento nos ha correspondido una función muy importante, relacionada con los institutos armados de la república, pero yo no quiero concretarme a eso.  El hecho de haber estado con las armas en la mano combatiendo durante dos años, no ha de ser para privárseme del derecho de hacer otras cosas que no tengan que ver nada con las armas (APLAUSOS).

Mi problema no puede ser estar revisando tanques, cañones, ametralladoras, aviones y todas esas cosas.  Yo lo tengo que hacer ahora, y lo voy a hacer, porque esas armas son del pueblo y me interesa mucho que el pueblo esté en condiciones de defenderse de cualquier agresión (APLAUSOS), y tengo que hacerlo como un deber y porque tengo, además, la seguridad de que voy a inculcar en esos institutos armados el mismo espíritu que se inculcó en el Ejército Rebelde, que ha sido un ejército de verdaderos caballeros (APLAUSOS).

Pero quiero hacer otras cosas.  Yo no intervendré en otros problemas de gobierno, porque para eso esta el gobierno, con plenas facultades para actuar.  Y aquí no andamos con ambiciones ni con pretensiones de hacer creer que somos nosotros los que gobernamos, no señor.  Nos concretaremos a cumplir nuestras obligaciones en donde se nos señale; pero si tengo un especial interés en dedicarme también a ciertas realizaciones de tipo civil, porque vuelvo a repetir que el haber luchado durante dos años contra la tiranía con las armas en la mano, no debe ser para que se me prive del derecho de hacer algo por el pueblo y directamente en contacto con el pueblo (APLAUSOS).

Y lo primero pienso hacerlo en la Sierra Maestra, lo primero que pienso inmediatamente empezar a realizar, porque yo sé cómo se hacen las cosas.

Para hacer una empresa, por grande y difícil que sea, lo que hay que hacer es empezarla, como empezamos la guerra aquí cuando parecía que era grande y difícil (APLAUSOS).

Hacer una ciudad escolar para 20 000 niños no puede ser más difícil que derrocar la tiranía de Batista, que parecía bastante difícil (APLAUSOS).

Voy a empezar por ahí y por tratar de realizar otras muchas cosas en una zona determinada.  Yo no tengo facultades para hacer más, y hasta prefiero empezar haciendo poco, porque se va adquiriendo experiencia.  Todos nosotros somos hombres jóvenes, no nos vamos a creer que sabemos; no sabemos nada, lo que tenemos es que aprender mucho y actuar con buena voluntad.  El pueblo nos perdonará los errores, lo que no nos perdonaría nunca serían las sinvergüencerías, porque esas son las que no perdona el pueblo (APLAUSOS).

El pueblo sabe que lo que tenemos, por encima de todo, es honradez; que por el camino aprenderemos a hacer las cosas lo mejor posible, a hacer las cosas escuchando las opiniones de los que saben, poniendo siempre el oído al mandato y al sentimiento de nuestro pueblo.

Sí diría que el pueblo sabe, y, sobre todo, el pueblo cubano; el pueblo cubano sabe lo que quiere (APLAUSOS).  El gobernante que fuese capaz solamente de saber escuchar al pueblo, sería un formidable gobernante.  Consúltese la opinión pública y verá todo aquello que disgusta al pueblo, y al pueblo le disgusta lo que esta mal hecho; y todo aquello que alegra al pueblo, al pueblo lo alegra lo que esta bien hecho, porque tiene un sentido critico muy claro, y, por lo tanto, lo que quiero decirles es que ustedes y nosotros tenemos que seguir aprendiendo cada día, tenemos que seguir ganando experiencia.

No pienso que con la generación nueva en los primeros instantes todo sean aciertos; considero que habrá errores, hay que tenerlo presente, habrá errores.  Y no es lo mismo el error que la mala intención, el error queriendo hacer las cosas y no siempre hacerlas lo mejor posible; pero cada error se rectificará, se tratará de rectificar siempre, y les aseguro que de la misma manera que al principio nuestros oficiales no sabían nada de la guerra y, sin embargo, estaban dispuestos a ganarla —nuestros capitanes pues sabían muy poco:  hacer una emboscada, disparar algunos tiros, hostigar al enemigo.  No sabia lo mismo el Che, Camilo, Efigenio y Raúl cuando desembarcaron allá que lo que saben hoy; hoy saben lo suficiente para tomar cualquier fortaleza y se puede tener confianza en ellos—, los hombres que hoy empiezan a gobernar no sabrán lo mismo ahora ni tendrán la misma eficacia que tendrán dentro de seis meses, o que tendrán dentro de un año.  Eso lo comprende el pueblo bien, ¿verdad?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  A nosotros lo que nos interesa es que el pueblo tenga presente esas cosas.

Les decía que vamos a empezar por nosotros.  Por lo menos, en lo que a mí se refiere, hay una cosa que sé que voy a hacer bien y es la reorganización de todos los institutos armados de la república.  Estoy seguro de que no fracasaré en eso (APLAUSOS), porque ya tengo experiencia sobre eso, porque he adquirido la psicología de los hombres que tienen las armas en la mano, y qué técnica y qué procedimientos hay que seguir con ellos.

Pero, además, como les dije, quiero hacer otras cosas, y lo que hagamos en la Sierra Maestra servirá de ensayo; si allí cometemos errores haciendo algún plan determinado, esos errores no se cometerán en otros lugares de la isla.  Las enseñanzas que allí adquiramos haciendo primero las carreteras, las hidroeléctricas para la corriente eléctrica para el campesino —pequeñas hidroeléctricas, no hidroeléctricas grandes, porque allí hay muchos ríos que se pueden utilizar con hidroeléctricas pequeñísimas, pero que podrían darle corriente al campesinado allí—, los caminos, la ciudad escolar, las experiencias, las enseñanzas que allí ganemos servirán para ponerlas en práctica aquí, por ejemplo, en la zona de Las Villas, o en el norte de la provincia, o en otros lugares.  Así que, incluso, las mejoras que traigamos aquí —en ese orden, porque naturalmente que el gobierno aportará una serie de mejoras inmediatas para el país—, la experiencia que los revolucionarios vayamos adquiriendo en nuestras primeras obras, servirán para las que después vayamos a realizar en el resto de la isla.

Un solo propósito nos mueve, un solo deseo, un solo impulso:  trabajar.  Es una verdadera fiebre que hay de entusiasmo en todos nosotros; tal es que ni dormimos de día, ni dormimos de noche, y creo que ya se nos ha olvidado dormir y se nos han olvidado todas las demás cosas, se lo aseguro (APLAUSOS).

Y aquí ya se han variado todas las reglas.  Antes los mítines se daban a las 8:00 de la noche, a las 9:00, a las 11:00, ahora los mítines se dan a las 2:00 de la mañana, a las 3:00, son las 3:20 y aquí ni el pueblo ni nosotros descansamos nunca; pero eso es una buena señal (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Eso quiere decir que estamos en pie de guerra.  Eso quiere decir que ustedes y nosotros vamos a triunfar, vamos a triunfar en esta parte difícil que es la parte constructiva de la Revolución; que ustedes y nosotros, porque no descansamos y porque trabajamos las 24 horas del día, vamos a triunfar (APLAUSOS).  Con ustedes y con los 6 millones de cubanos que están hoy unidos como no han estado nunca (APLAUSOS), y esos 6 millones de cubanos van a afrontar todos los peligros, esos 6 millones de cubanos van a iniciar una ofensiva creadora que nada la podrá impedir, ni intereses nacionales, ni intereses internacionales, porque ahora somos libres de verdad, y somos libres por nuestra dignidad y por nuestro sacrificio (APLAUSOS).

Aquí no tenemos que pedirle permiso a nadie para hacer nada, aquí vamos a hacer lo que le convenga a Cuba en todas las circunstancias (APLAUSOS), y nuestro derecho sabremos defenderlo, porque yo creo en este pueblo como no se pueda creer en ningún otro pueblo.  Creo de tal manera en la dignidad y el honor de nuestro pueblo, que digo que a este pueblo hay que respetarlo, porque quien no respete a este pueblo, quien quiera arrebatarle su libertad, su soberanía o su derecho, tendrá que matar hasta el último hombre, hasta la última mujer y hasta el último niño (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).  Y porque así pienso de este pueblo, es por lo que reafirmo mi fe en el triunfo, es por lo que estoy seguro del triunfo, tan seguro hoy del triunfo de la Revolución en su tarea constructiva, como estaba tan seguro del triunfo militar del pueblo cuando desembarqué en la playa Las Coloradas (APLAUSOS).

Soy un hombre de fe.  Hemos triunfado porque creímos en el pueblo.  Mientras otros se dedicaron a conquistar militares para dar un golpecito de Estado y que siempre estuviéramos dependiendo de los militares, de que quitaran y pusieran gobiernos, yo jamás fui a buscar a nadie para conspirar.  Fui a buscar al pueblo, me presenté ante los campesinos con unos cuantos fusiles (APLAUSOS); fui a buscar al pueblo para con el pueblo conquistar su libertad, y, gracias a eso, podemos decir hoy el grito con el que voy a terminar estas palabras y que es el grito que está en el corazón de todos nosotros, ¡qué viva Cuba libre!  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Viva!”)  (APLAUSOS)».

Discurso pronunciada a su llegada a La Habana el 8 de enero de 1959

«Compatriotas:

Yo sé que al hablar esta noche aquí se me presenta una de las obligaciones más difíciles, quizás, en este largo proceso de lucha que se inició en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956.

El pueblo escucha, escuchan los combatientes revolucionarios, y escuchan los soldados del Ejército, cuyo destino está en nuestras manos.

Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia:  la tiranía ha sido derrocada.  La alegría es inmensa.  Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía.  No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil.

Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario.  Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo.

¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde?  Diciendo la verdad.  ¿Cómo perdió la guerra la tiranía?  Engañando a los soldados.

Cuando nosotros teníamos un revés, lo declarábamos por “Radio Rebelde”, censurábamos los errores de cualquier oficial que lo hubiese cometido, y advertíamos a todos los compañeros para que no le fuese a ocurrir lo mismo a cualquier otra tropa.  No sucedía así con las compañías del Ejército.  Distintas tropas caían en los mismos errores, porque a los oficiales y a los soldados jamás se les decía la verdad.

Y por eso yo quiero empezar —o, mejor dicho, seguir— con el mismo sistema:  el de decirle siempre al pueblo la verdad.

Se ha andado un trecho, quizás un paso de avance considerable.  Aquí estamos en la capital, aquí estamos en Columbia, parecen victoriosas las fuerzas revolucionarias; el gobierno está constituido, reconocido por numerosos países del mundo, al parecer se ha conquistado la paz; y, sin embargo, no debemos estar optimistas.  Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y mientras más extraordinaria era la multitud que acudía a recibirnos, y mientras más extraordinario era el júbilo del pueblo, más grande era nuestra preocupación, porque más grande era también nuestra responsabilidad ante la historia y ante el pueblo de Cuba.

La Revolución tiene ya enfrente un ejército de zafarrancho de combate.  ¿Quiénes pueden ser hoy o en lo adelante los enemigos de la Revolución?  ¿Quiénes pueden ser ante este pueblo victorioso, en lo adelante, los enemigos de la Revolución?  Los peores enemigos que en lo adelante pueda tener la Revolución Cubana somos los propios revolucionarios.

Es lo que siempre les decía yo a los combatientes rebeldes:  cuando no tengamos delante al enemigo, cuando la guerra haya concluido, los únicos enemigos de la Revolución podemos ser nosotros mismos, y por eso decía siempre, y digo, que con el soldado rebelde seremos más rigurosos que con nadie, que con el soldado rebelde seremos más exigentes que con nadie, porque de ellos dependerá que la Revolución triunfe o fracase.

Hay muchas clases de revolucionarios.  De revolución hemos estado oyendo hablar hace mucho tiempo; hasta el 10 de marzo se dijo que habían hecho una revolución, e invocaban la palabra revolución, y todo era revolucionario; a los soldados los reunían aquí y hablaban de “la Revolución del 10 de marzo”  (RISAS).

De revolucionarios hemos estado oyendo hablar mucho tiempo.  Yo recuerdo mis primeras impresiones del revolucionario, hasta que el estudio y alguna madurez me dieron nociones de lo que era realmente una revolución y de lo que era realmente un revolucionario.  Las primeras impresiones del revolucionario las escuchábamos nosotros de niño, y oíamos decir:  “Fulano fue revolucionario, estuvo en tal combate, o en tal operación, o puso bombas”, “Mengano era revolucionario…”, incluso se creó una casta de revolucionarios, y entonces había revolucionarios que querían vivir de la revolución, querían vivir a título de haber sido revolucionarios, de haber puesto una bomba o dos bombas; y es posible que los que más hablaban eran los que menos habían hecho.  Pero, es lo cierto que acudían a los ministerios a buscar puestos, a vivir de parásitos, a cobrar el precio de lo que habían hecho en aquel momento, por una revolución que desgraciadamente no llegó a realizarse, porque estimo que la primera que parece que tiene mayores posibilidades de realizarse es la Revolución actual, si nosotros no la echamos a perder… (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”  Y APLAUSOS).

El revolucionario aquel de mis primeras impresiones de niño andaba con una pistola 45 en la cintura, y quería vivir por sus respetos; había que temerle:  era capaz de matar a cualquiera; llegaba a los despachos de los altos funcionarios con aire de hombre al que había que oír; y en realidad se preguntaba uno:

¿Dónde está la revolución que esta gente hizo, estos revolucionarios?  Porque no hubo revolución, y hubo muy pocos revolucionarios.

Lo primero que tenemos que preguntarnos los que hemos hecho esta Revolución es con qué intenciones la hicimos; si en alguno de nosotros se ocultaba una ambición, un afán de mando, un propósito innoble; si en cada uno de los combatientes de esta Revolución había un idealista o con el pretexto del idealismo se perseguían otros fines; si hicimos esta Revolución pensando que apenas la tiranía fuese derrocada íbamos a disfrutar de los gajes del poder; si cada uno de nosotros se iba a montar en una “cola de pato”, si cada uno de nosotros iba a vivir como un rey, si cada uno de nosotros iba a tener un palacete, y en lo adelante para nosotros la vida sería un paseo, puesto que para eso habíamos sido revolucionarios y habíamos derrocado la tiranía; si lo que estábamos pensando era quitar a unos ministros para poner otros, si lo que estábamos pensando simplemente era quitar unos hombres para poner otros hombres; o si en cada uno de nosotros había verdadero desinterés, si en cada uno de nosotros había verdadero espíritu de sacrificio, si en cada uno de nosotros había el propósito de darlo todo a cambio de nada, y si de antemano estábamos dispuestos a renunciar a todo lo que no fuese seguir cumpliendo sacrificadamente con el deber de sinceros revolucionarios (APLAUSOS PROLONGADOS).  Esa pregunta hay que hacérsela, porque de nuestro examen de conciencia puede depender mucho el destino futuro de Cuba, de nosotros y del pueblo.

Cuando yo oigo hablar de columnas, cuando oigo hablar de frentes de combate, cuando oigo hablar de tropas más o menos numerosas, yo siempre pienso:  he aquí nuestra más firme columna, nuestra mejor tropa, la única tropa que es capaz de ganar sola la guerra:  ¡Esa tropa es el pueblo!  (APLAUSOS.)

Más que el pueblo no puede ningún general; más que el pueblo no puede ningún ejército.  Si a mí me preguntaran qué tropa prefiero mandar, yo diría:  prefiero mandar al pueblo (APLAUSOS), porque el pueblo es invencible.  Y el pueblo fue quien ganó esta guerra, porque nosotros no teníamos tanques, nosotros no teníamos aviones, nosotros no teníamos cañones, nosotros no teníamos academias militares, nosotros no teníamos campos de reclutamiento y de entrenamiento, nosotros no teníamos divisiones, ni regimientos, ni compañías, ni pelotones, ni escuadras siquiera (APLAUSOS PROLONGADOS).

Luego, ¿quién ganó la guerra?  El pueblo, el pueblo ganó la guerra.  Esta guerra no la ganó nadie más que el pueblo —y lo digo por si alguien cree que la ganó él, o por si alguna tropa cree que la ganó ella (APLAUSOS).  Y por lo tanto, antes que nada está el pueblo.

Pero hay algo más:  la Revolución no me interesa a mí como persona, ni a otro comandante como persona, ni al otro capitán, ni a la otra columna, ni a la otra compañía; la Revolución al que le interesa es al pueblo (APLAUSOS).

Quien gana o pierde con ella es el pueblo.  Si el pueblo fue quien sufrió los horrores de estos siete años, el pueblo es quien tiene que preguntarse si dentro de 10 o dentro de 15, o de 20 años, él, y sus hijos, y sus nietos, van a seguir sufriendo los horrores que ha estado sufriendo desde su inicio la República de Cuba, coronada con dictaduras como las de Machado y las de Batista (APLAUSOS PROLONGADOS).

Al pueblo le interesa mucho si nosotros vamos a hacer bien hecha esta Revolución o si nosotros vamos a incurrir en los mismos errores en que incurrió la revolución anterior, o la anterior, o la anterior, y en consecuencia vamos a sufrir las consecuencias de nuestros errores, porque no hay error sin consecuencias para el pueblo; no hay error político que no se pague, más tarde o más temprano.

Circunstancias hay que no son las mismas.  Por ejemplo, estimo que en esta ocasión existe más oportunidad que nunca de que en realidad la Revolución cumpla su destino cabalmente.  Es quizás por eso que sea tan grande el júbilo del pueblo, olvidándose un poco de lo mucho que hay que bregar todavía.

Una de las ansias mayores de la nación, consecuencia de los horrores padecidos, por la represión y por la guerra, era el ansia de paz, de paz con libertad, de paz con justicia, y de paz con derechos.  Nadie quería la paz a otro precio, porque Batista hablaba de paz, hablaba de orden, y esa paz no la quería nadie, porque hubiese sido la paz a costa del sometimiento.

Tiene hoy el pueblo la paz como la quería:  una paz sin dictadura, una paz sin crimen, una paz sin censura, una paz sin persecución (APLAUSOS PROLONGADOS).

Es posible que la alegría mayor en este instante sea la alegría de las madres cubanas.  Madres de soldados o madres de revolucionarios, madres de cualquier ciudadano, hoy experimentan la sensación de que sus hijos, al fin, están fuera de peligro (APLAUSOS).

El crimen más grande que pueda cometerse hoy en Cuba, repito, el crimen más grande que pueda hoy cometerse en Cuba sería un crimen contra la paz.  Lo que no perdonaría hoy nadie en Cuba sería que alguien conspirase contra la paz (APLAUSOS).

Todo el que haga hoy algo contra la paz de Cuba, todo el que haga hoy algo que ponga en peligro la tranquilidad y la felicidad de millones de madres cubanas, es un criminal y es un traidor (APLAUSOS).  Quien no esté dispuesto a renunciar a algo por la paz, quien no esté dispuesto a renunciarlo todo por la paz en esta hora, es un criminal y es un traidor (APLAUSOS).

Como pienso así, yo digo y yo juro ante mis compatriotas que si cualquiera de mis compañeros, o nuestro movimiento, o yo, fuésemos el menor obstáculo a la paz de Cuba, desde ahora mismo el pueblo puede disponer de todos nosotros y decirnos lo que tenemos que hacer (APLAUSOS).  Porque soy un hombre que sabe renunciar, porque lo he demostrado más de una vez en mi vida, porque eso he enseñado a mis compañeros, tengo moral y me siento con fuerza y autoridad suficientes para hablar en un instante como este (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Viva Fidel Castro!”).

Y a los primeros que tengo que hablarles así es a los revolucionarios; y si fuere preciso, o mejor dicho, porque es preciso decirlo a tiempo.

No está tan lejana aquella década que siguió a la caída de Machado; quizás uno de los males más grandes de aquella lucha fue la proliferación de los grupos revolucionarios, que no tardaron en entrarse a tiros los unos a los otros (APLAUSOS).  Y en consecuencia lo que pasó fue que vino Batista y se quedó 11 años con el poder.

Cuando el Movimiento 26 de Julio se organizó, incluso cuando iniciamos esta guerra, yo consideré que si bien eran muy grandes los sacrificios que estábamos haciendo, que si bien la lucha iba a ser muy larga, y lo ha sido, porque ha durado más de dos años, dos años que no fueron para nosotros un paseo, dos años de duro batallar, desde que reiniciamos la campaña con un puñado de hombres, hasta que hemos llegado a la capital de la República a pesar de los sacrificios que teníamos por delante, nos tranquilizaba, sin embargo, una idea:  era evidente que el Movimiento 26 de Julio contaba con la inmensa mayoría del respaldo y de la simpatía popular (APLAUSOS); era evidente que el Movimiento 26 de Julio contaba con el respaldo casi unánime de la juventud cubana (APLAUSOS).  Parecía que esta vez una organización grande y fuerte iba a recoger las inquietudes de nuestro pueblo y las terribles consecuencias de la proliferación de organizaciones revolucionarias no se iba a presentar en este proceso.

Creo que todos debimos estar desde el primer momento en una sola organización revolucionaria:  la nuestra o la de otro, el 26, el 27 o el 50, en la que fuese, porque, si al fin y al cabo éramos los mismos los que luchábamos en la Sierra Maestra que los que luchábamos en el Escambray, o en Pinar del Río, y hombres jóvenes, y hombres con los mismos ideales, ¿por qué tenía que haber media docena de organizaciones revolucionarias?  (APLAUSOS.)

La nuestra, simplemente fue la primera; la nuestra, simplemente fue la que libró la primera batalla en el Moncada, la que desembarcó en el “Granma” el 2 de diciembre (APLAUSOS), y la que luchó sola durante más de un año contra toda la fuerza de la tiranía (APLAUSOS); la que cuando no tenía más que 12 hombres, mantuvo enhiesta la bandera de la rebeldía, la que enseñó al pueblo que se podía pelear y se podía vencer, la que destruyó todas las falsas hipótesis sobre revolución que habían en Cuba.  Porque aquí todo el mundo estaba conspirando con el cabo, con el sargento, o metiendo armas en La Habana, que se las cogía la policía (APLAUSOS), hasta que vinimos nosotros y demostramos que esa no era la lucha, que la lucha tenía que ser otra, que había que inventar una nueva táctica y una nueva estrategia, que fue la táctica y la estrategia que nosotros pusimos en práctica y que condujo al más extraordinario triunfo que ha tenido en su historia el pueblo de Cuba (APLAUSOS).

Y yo quiero que honradamente el pueblo me diga si esto es o no es verdad (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)

Hay, además, otra cuestión de hecho:  el Movimiento 26 de Julio era la organización absolutamente mayoritaria, ¿es o no es verdad?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  Y, ¿cómo terminó la lucha?  Lo voy a decir:  el Ejército Rebelde, que es el nombre de nuestro ejército, del que se inició en la Sierra Maestra, al caerse la tiranía tenía tomado todo Oriente, todo Camagüey, parte de Las Villas, todo Matanzas, La Cabaña, Columbia, la Jefatura de la Policía y Pinar del Río (APLAUSOS).

Terminó la lucha de acuerdo con la correlación de fuerzas que había, porque por algo las columnas nuestras atravesaron las llanuras de Camagüey, perseguidas por miles de soldados y por la aviación, y llegaron a Las Villas; y porque el Ejército Rebelde tenía al comandante Camilo Cienfuegos (APLAUSOS PROLONGADOS), en Las Villas, y porque tenía al comandante Ernesto Guevara en Las Villas (APLAUSOS PROLONGADOS) el día 1º de Enero, a raíz de la traición de Cantillo (EXCLAMACIONES DE:  “¡Fuera!”)…  Porque los tenía allí, digo, el día Primero le pude dar la orden al comandante Camilo Cienfuegos de que avanzara con 500 hombres sobre la capital y atacara Columbia (APLAUSOS); porque tenía al comandante Ernesto Guevara en Las Villas, pude decirle que avanzara sobre la capital y se apoderara de La Cabaña (APLAUSOS).

Todos los regimientos, todas las fortalezas militares de importancia, quedaron en poder del Ejército Rebelde, y esas no nos las dio nadie, no es que nadie dijera:  “Vete para allí, vete para allí, vete para allí”; fue nuestro esfuerzo y nuestro sacrificio, nuestra experiencia y nuestra organización, lo que condujo a esos resultados (APLAUSOS).

¿Quiere decir que los otros no hayan luchado?  No.  ¿Quiere decir que los otros no tengan méritos?  No.  Porque todos hemos luchado, porque ha luchado todo el pueblo.  En La Habana no había ninguna Sierra, pero hay cientos de muertos, de compañeros que cayeron asesinados por cumplir con sus deberes revolucionarios.  En La Habana no había ninguna Sierra y, sin embargo, la huelga general fue un factor decisivo para que el triunfo de la Revolución fuera completo (APLAUSOS).

Al decir esto, lo único que hago es poner las cosas en su sitio, el papel del Movimiento 26 de Julio en esta lucha, cómo guió al pueblo, en aquellos momentos en que aquí se hablaba de elecciones y de electoralismo.  Tuve que escribir un artículo una vez desde México, que se titulaba:  “Frente a todos”, porque realmente estábamos contra todas las opiniones, defendiendo nuestra tesis revolucionaria, la estrategia de esta Revolución, que la trazó el 26 de Julio, y la culminación de esta Revolución, que fue la derrota aplastante de la tiranía, en manos sus fortalezas más importantes de las fuerzas del Ejército Rebelde, organizado por el Movimiento 26 de Julio.

No solo trazó las pautas en la guerra el Movimiento 26 de Julio, sino que además enseñó cómo había que tratar al enemigo en la guerra.  Ha sido esta quizás en el mundo la primera revolución donde jamás se asesinó a un prisionero de guerra (APLAUSOS PROLONGADOS); donde jamás se abandonó a un herido, donde jamás se torturó a un hombre (APLAUSOS); porque esta pauta fue la que trazó el Ejército Rebelde.        Y algo más: esta es la única revolución en el mundo donde no ha salido un general (APLAUSOS), ni un coronel siquiera, porque el grado que me puse yo o me pusieron mis compañeros, fue el de comandante, y no me lo he cambiado, a pesar de que hemos ganado muchas batallas y hemos ganado una guerra; sigo siendo comandante, y no quiero otro grado (APLAUSOS).

Y el efecto moral, el hecho de que los que iniciamos esta guerra hubiésemos determinado una gradación determinada en la jerarquía militar, hizo que nadie se atreviera a ponerse aquí más grados que los de comandante —aunque haya más comandantes de la cuenta, a juzgar por lo que parece.

Creo que el pueblo esté de acuerdo en que hable claro, porque haber luchado como he luchado por los derechos de cada ciudadano, me otorga aunque sea el derecho a decir la verdad en voz alta (APLAUSOS).  Y, además, porque estando de por medio los intereses de la patria, no transijo absolutamente con la menor contemporización con los riesgos que puedan sobrevenir a la Revolución Cubana (APLAUSOS).

¿Tienen todos la misma autoridad moral para hablar?  Yo digo que el que tenga más méritos tiene más autoridad para hablar que el que tenga menos méritos.  Creo que para que los hombres se igualen en prerrogativas morales, tienen que igualarse primero en méritos.  Creo que la Revolución ha terminado como debía, cuando el comandante Camilo Cienfuegos —veterano de dos años y un mes de lucha— (APLAUSOS), es el jefe de Columbia; cuando el comandante Efigenio Ameijeiras, que ha perdido tres hermanos en esta guerra y es veterano del “Granma” y comandante por las batallas que ha librado (APLAUSOS), es jefe de la policía de la República, y cuando el comandante Ernesto Guevara —héroe verdadero, expedicionario del “Granma” y veterano de dos años y un mes de lucha en las montañas más altas y más ásperas de Cuba—, es el jefe de La Cabaña (APLAUSOS); y cuando al frente de cada regimiento en las distintas provincias hemos puesto a los hombres que más se han sacrificado y más han luchado en esta Revolución.  Y si eso es así, nadie tiene derecho a ponerse bravo.

Antes que nada ríndase culto al mérito, porque el que no le rinde culto al mérito no es más que un ambicioso (APLAUSOS); el que sin tener los méritos de otros quiere en cambio tener las prerrogativas de otros.

Ahora la República, o la Revolución, entra en una nueva fase.  ¿Sería justo que la ambición o los personalismos viniesen aquí a poner en peligro el destino de la Revolución?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Qué es lo que le interesa al pueblo, porque el pueblo es quien tiene que decir aquí la última palabra?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Libertad!”, “¡Libertad!”)  Le interesa, en primer lugar, las libertades, los derechos que le arrebataron, y la paz.  Y los tiene, porque en estos instantes tiene todas las libertades, todos los derechos, que le arrebató la tiranía, y tiene la paz (APLAUSOS).

¿Qué le interesa al pueblo?  Un gobierno honrado.  ¿No es un gobierno honrado lo que le interesa al pueblo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  Ahí lo tiene:  a un magistrado honorable de Presidente de la República (APLAUSOS).  ¿Qué le interesa, que hombres jóvenes y limpios sean los ministros del Gobierno Revolucionario?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  Ahí los tienen:  analicen uno por uno los ministros del Gobierno Revolucionario, y díganme si hay ahí un ladrón, o un criminal, o un sinvergüenza  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

Son muchos los hombres que pueden ser ministros en Cuba por su honradez y su capacidad, pero todos no pueden ser ministros, porque los ministros pueden ser 14, 15 ó 16.  Y aquí no le importa al pueblo que “Don Fulano” o “Don Mengano” sea, sino que el que sea, sea un hombre joven y un hombre honrado (APLAUSOS).  Y aquí lo que importa es que los que han sido designados reúnan esas cualidades, no que no esté Fulano o no esté Mengano, porque los menganos y los fulanos importan un bledo en este momento a la Revolución y a la República (APLAUSOS).

¿Puede alguien, por no ser ministro, intentar ensangrentar este país?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Puede algún grupo, por el hecho de que no le hayan dado tres o cuatro ministerios, ensangrentar este país, y perturbar la paz?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  Si el equipo gobernante que en este momento tiene el pueblo de Cuba no sirve, tiempo tendrá el pueblo de botarlo, pero no de votarlo en las urnas, sino de botarlo en unas elecciones (APLAUSOS).  Este no es el caso de que si no fuera idóneo el equipo gobernante, fuera nadie aquí a hacer una revolución o un golpe de Estado para quitarlo, cuando todo el mundo sabe que va a haber unas elecciones y si no sirve, el pueblo se encargará de decir la última palabra libremente; no hacer lo que hizo Batista, que a 80 días de unas elecciones, porque decía que estaba combatiendo a tal gobierno, y hacía una serie de imputaciones contra ese gobierno, decir que él lo tenía que quitar y que eso era lo patriota, porque aquí se acabaron para siempre los golpes de Estado y los atentados contra la Constitución y el Derecho (APLAUSOS).

Es necesario hablar así, para que no surja la demagogia y el confusionismo y el divisionismo y que el primero que asome las orejas de la ambición, el pueblo lo conozca (APLAUSOS).  Y por mi parte les digo que como al que quiero mandar es al pueblo, porque es la mejor tropa y que prefiero al pueblo que a todas las columnas armadas juntas, les digo que lo primero que haré siempre, cuando vea en peligro la Revolución, es llamar al pueblo (APLAUSOS).  Porque hablándole al pueblo nos podemos ahorrar sangre; porque aquí, antes de tirar un tiro, hay que llamar mil veces al pueblo y hablarle al pueblo para que el pueblo, sin tiros, resuelva los problemas.  Yo, que tengo fe en el pueblo, y lo he demostrado, y sé lo que puede el pueblo, y creo que lo he demostrado, les digo que si el pueblo quiere aquí no vuelve a sonar nunca más un tiro en este país (APLAUSOS).  Porque la opinión pública tiene una fuerza extraordinaria y tiene una influencia extraordinaria, sobre todo cuando no hay dictadura.  En la época de dictadura la opinión pública no es nada, pero en la época de la libertad la opinión pública lo es todo, y los fusiles se tienen que doblegar y arrodillar ante la opinión pública (APLAUSOS).  ¿Voy bien, Camilo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Viva Camilo!”)

Le hablo al pueblo en esta forma porque siempre me ha gustado prever, y creo que hablándole previsoramente al pueblo la Revolución puede evitar los únicos peligros que le quedan por delante; y yo les diré que no son tan grandes, pero sí quisiera que para que la Revolución se consolidara, no hubiera que derramar una sola gota más de sangre cubana (APLAUSOS).

Mi gran preocupación es que en el extranjero, donde esta Revolución es la admiración del mundo entero, no tenga que decirse dentro de tres semanas, o cuatro semanas, o un mes, o una semana, que aquí se volvió a derramar sangre cubana para consolidar esta Revolución, porque entonces no sería ejemplo esta Revolución (APLAUSOS).

No hubiera hablado yo así cuando nosotros éramos un grupo de 12 hombres, porque cuando éramos un grupo de 12 hombres todo lo que teníamos por delante era pelear, pelear y pelear, y había mérito en combatir en esas circunstancias; pero hoy, que nosotros tenemos los aviones, los tanques, los cañones y la inmensa mayoría de los hombres armados, la marina de guerra, numerosas compañías del ejército y un poder enorme en el orden militar (EXCLAMACIONES DE:  “¡Y el pueblo!”, “¡Y el pueblo!”)  Pueblo…  voy a la idea que les quería decir:  hoy que tenemos todo eso, me preocupa mucho ver combatir, porque así no hay mérito en combatir; preferiría irme a la Sierra Maestra otra vez, con 12 hombres, a pelear contra todos los tanques, a venir con todos los tanques a tirarle un tiro a nadie aquí (APLAUSOS).

Y a quien le pido que nos ayude mucho, al que le pido de corazón que me ayude, es al pueblo (APLAUSOS), a la opinión pública, para desarmar a los ambiciosos, para condenar de antemano a los que desde ahora están empezando a asomar las orejas (APLAUSOS).

Yo no voy a extenderme hoy en ataques de tipo personal o específico, porque es muy reciente y demasiado pronto para entrar en polémicas públicas —aunque cuando haya que entrar, no me importa, porque tengo la frente alta y estoy dispuesto a discutir con la verdad cuando sea necesario—, porque hay una alegría muy grande en el pueblo, y porque en la masa de los combatientes, no voy a decir que en todos sus líderes, aunque sí en la mayor parte de los líderes, porque en la mayor parte de los líderes —y ahí está Carlos Prío Socarrás como ejemplo, que ha venido a Cuba en una actitud de ayudar a la Revolución incondicionalmente, como dice, y no aspirar absolutamente a nada— (APLAUSOS); no ha protestado del hecho, no ha protestado absolutamente nada, no ha mostrado la menor queja, ni la menor inconformidad por el gabinete, sabe que hay un gabinete de hombres honrados y de hombres jóvenes, que bien merece que se le otorgue un voto de confianza para trabajar.

Y ahí están los dirigentes de otras organizaciones, en la misma disposición.  Y también hay una cosa:  las masas de los combatientes, los hombres que pelearon y que no se guían más que por ideales, los hombres que combatieron, de todas las organizaciones, esos están en una postura muy patriótica y son de sentimientos muy revolucionarios y muy nobles, pues pensarán siempre como piensa el pueblo, porque yo estoy seguro de que el que trate de ponerse con la locura de tratar de provocar una guerra civil, va a tener la condenación del pueblo entero (APLAUSOS), y el abandono de los combatientes de fila, que no lo seguirán.  Y hay que estar verdaderamente loco para retar, no solo a la fuerza en las condiciones en que la tenemos hoy, sino a la razón, al derecho de la patria y al pueblo entero de Cuba (APLAUSOS).

Y todo esto lo digo, porque quiero hacerle una pregunta al pueblo; quiero hacerle una pregunta al pueblo que me interesa mucho, y le interesa mucho al pueblo, que la responda:  ¿Para qué estar almacenando armas clandestinamente en estos momentos?  ¿Para qué estar escondiendo armas en distintos lugares de la capital?  ¿Para qué estar contrabandeando armas en estos momentos?  ¿Para qué?  Y yo les digo que hay elementos de determinada organización revolucionaria que están escondiendo armas (EXCLAMACIONES DE:  “¡A buscarlas!), que están almacenando armas, y que están contrabandeando armas.  Todas las armas que agarró el Ejército Rebelde están en los cuarteles, que de ahí no se ha tocado una sola, no se las ha llevado nadie para su casa, ni las ha escondido; están en los cuarteles, bajo llave; lo mismo en Pinar del Río, que en La Cabaña, que en Columbia, que en Matanzas, que en Santa Clara, que en Camagüey y que en Oriente; no se han cargado camiones con armas para esconderlos en ninguna parte, porque esas armas deben estar en los cuarteles.

Les voy a hacer una pregunta, porque hablando claro y analizando los problemas es como se resuelven, y yo estoy dispuesto a hacer lo que esté al alcance de mi mano por resolverlos como se deben resolver:  con la razón y la inteligencia, y con la influencia de la opinión pública, que es la que manda, no con la fuerza; porque si fuera a creer en la fuerza, que tenía que resolverse con la fuerza, no habría que hablar con el pueblo, ni plantearle este problema, sino ir a buscar las armas esas (APLAUSOS).

Y lo que hay que buscar aquí es que los combatientes revolucionarios, los hombres idealistas, que pueden ser engañados con esa maniobra, abandonen a los falsos lidercillos que están en esa postura y vengan a ponerse al lado del pueblo, que es al que tienen que servir antes que nada.

Yo les voy a hacer una pregunta:  ¿Armas para qué?, ¿para luchar contra quién?, ¿contra el Gobierno Revolucionario, que tiene el apoyo de todo el pueblo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Es acaso lo mismo el magistrado Urrutia gobernando la República que Batista gobernando la República?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Armas para qué?, ¿hay dictadura aquí?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Van a pelear contra un gobierno libre, que respeta los derechos del pueblo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”), ¿ahora que no hay censura, y que la prensa es enteramente libre, más libre de lo que ha sido nunca, y tiene además la seguridad de que lo seguirá siendo para siempre, sin que vuelva a haber censura aquí?  (APLAUSOS), ¿hoy, que todo el pueblo puede reunirse libremente?, ¿hoy, que no hay torturas, ni presos políticos, ni asesinatos, ni terror?, ¿hoy que no hay más que alegría, que todos los líderes traidores han sido destituidos en los sindicatos, y que se va a convocar inmediatamente a elecciones en todos los sindicatos?  (APLAUSOS.)  Cuando todos los derechos del ciudadano han sido restablecidos, cuando se va a convocar a unas elecciones en el más breve plazo de tiempo posible, ¿armas, para qué?, ¿esconder armas, para qué?  ¿Para chantajear al Presidente de la República?, ¿para amenazar aquí con quebrantar la paz?, ¿para crear organizaciones de gánsteres?  ¿Es que vamos a volver al gangsterismo?, ¿es que vamos a volver al tiroteo diario por las calles de la capital?  ¿Armas, para qué?

Pues yo les digo a ustedes que hace dos días elementos de determinada organización fueron a un cuartel, que era el cuartel San Antonio, cuartel que estaba bajo la jurisdicción del comandante Camilo Cienfuegos y bajo la jurisdicción mía, como Comandante en Jefe de todas las fuerzas, y las armas que estaban recogidas allí se las llevaron, se llevaron 500 armas y 6 ametralladoras y 80 000 balas (EXCLAMACIONES DE:  “¡A buscarlas!”).

Y honradamente les digo que no se pudo haber cometido provocación peor.  Porque hacerles eso a hombres que han sabido    pelear aquí por el país durante dos años, a hombres que hoy están responsabilizados con la paz del país y quieren hacer las cosas bien hechas, es una canallada y es una provocación injustificable.

Y lo que hemos hecho nosotros no es ir a buscar los fusiles esos; porque, precisamente —lo que les decía antes— lo que querernos es hablar con el pueblo, utilizar la influencia de la opinión pública, para que los lidercillos que andan detrás de esas maniobras criminales, se queden sin tropa.  Para que los combatientes idealistas —y los hombres que han combatido en cada organización aquí son verdaderos idealistas—, lo sepan, para que exijan responsabilidad por esos hechos.

Y es por eso que nosotros no nos hemos dejado ni provocar, los hemos dejado tan tranquilos por ese robo de armas, robo injustificado, porque aquí no hay dictadura y nadie tema que nosotros nos vayamos a convertir en dictadores, y les voy a decir por qué, se los voy a decir:  se convierte en dictador el que no tiene al pueblo y tiene que acudir a la fuerza, porque no tiene votos el día que tenga que aspirar (APLAUSOS).  No nos podemos convertir en dictadores los hombres que hemos visto tanto cariño en el pueblo, un cariño unánime, total y absoluto en el pueblo; aparte de nuestros principios, porque jamás incurriremos en la grosería de ostentar por la fuerza una posición, porque repugnamos eso, que por algo hemos sido los abanderados de esta lucha contra la asquerosa y repugnante tiranía (APLAUSOS).

Nosotros jamás necesitaremos de la fuerza, porque tenemos el pueblo, y además porque el día que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos ponga mala cara, nos vamos (APLAUSOS).  Porque entendemos esto corno un deber, no corno un placer; entendernos esto como un trabajo, que por algo ni dormimos, ni descansamos, ni comemos, recorriendo la isla y trabajando honradamente por servir a nuestro país; que por algo no tenemos nada, y por algo seremos siempre hombres que no tendremos nada (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Tienes al pueblo!”).  Y jamás nos verá el pueblo con una inmoralidad, ni concediendo un privilegio a nadie, ni tolerando una injusticia, ni robando, ni enriqueciéndonos, ni cosas por el estilo; porque el poder lo concebimos como un sacrificio, y créanme que si no fuera así, después de todas las muestras de cariño que yo he recibido del pueblo, de toda esa manifestación apoteósica de hoy, si no fuera un deber el que uno tiene que cumplir, lo mejor era irse, retirarse, o morirse; porque después de tanto cariño y de tanta fe, ¡miedo da el no poder cumplir como uno tiene que cumplir con este pueblo!  (APLAUSOS PROLONGADOS.)

Y si no fuera por ese deber, si no fuera por ese deber —lo digo— lo que yo haría sería despedirme del pueblo, y quedar siempre con el cariño que tengo hoy, y que me llamen con las mismas frases de aliento con que me han llamado hoy.

Sin embargo, yo sé que el poder es una tarea ardua, complicada, que las misiones y las tareas de nosotros como este mismo problema que se nos presenta, realmente es un problema difícil y está lleno de amarguras, y lo afronta uno porque lo único que uno no le va a decir al pueblo en esta hora es:  “Me voy.”  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Viva el padre de la patria!”  SEGUIDO DE UNA OVACION CERRADA.)

Además, por otra razón no nos interesa la fuerza:  porque el día que alguien se alzara aquí con la fuerza, y yo me atrevería a llamar al peor enemigo y al que menos simpatizara conmigo, si estuviera dispuesto a cumplir con el pueblo, y le diría:  “Mire, tome todas esas fuerzas, todas esas tropas y todas esas armas”, y me quedaría tan tranquilo, porque sé que el día que se alzara con la fuerza, me iba yo otra vez para la Sierra Maestra e íbamos a ver cuánto duraba la dictadura esa ahí en el poder (APLAUSOS).

Yo creo que son razones más que suficientes para que todo el mundo crea que a nosotros no nos interesa controlar ningún poder por la fuerza.

El Presidente de la República me ha encomendado la más     espinosa de todas las tareas, la tarea de reorganizar los institutos  armados de la República y me ha asignado el cargo de Comandante en Jefe de todas las fuerzas de aire, mar y tierra de la nación (APLAUSOS    Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Te lo mereces!”).  No, no me lo merezco, porque eso es un sacrificio para mí, y en definitiva para mí eso no es ni motivo de orgullo, ni motivo de vanidad, y lo que es para mí es un sacrificio.  Pero yo quiero que el pueblo me diga si cree que debo asumir esa función (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”).

Creo que si hicimos un ejército con 12 hombres, y esos 12 hombres hoy estén al frente de los mandos militares, creo que si enseñamos a nuestro ejército que a un prisionero jamás se asesinaba, que a un herido jamás se abandonaba, que a un preso jamás se golpeaba, somos los hombres que podemos enseñar a todos los institutos armados de la República las mismas cosas que enseñamos a ese ejército (APLAUSOS).  Para tener unos institutos armados donde ni uno solo de sus hombres vuelva jamás a golpear a un prisionero, ni a torturarlo, ni a matarlo (APLAUSOS).  Y porque, además, podemos servir de puente entre los revolucionarios y los militares decentes, los que no han robado, ni han asesinado, porque esos militares, los que no han robado y los que no han asesinado, tendrán derecho a seguir perteneciendo a las fuerzas armadas (APLAUSOS); como también les digo que el que haya asesinado, no lo salva nadie del pelotón de fusilamiento (APLAUSOS PROLONGADOS).

Además, todos los combatientes revolucionarios que deseen pertenecer a las fuerzas regulares de la República tienen derecho, pertenezcan a la organización que pertenezcan, con sus grados…  Las puertas están abiertas para todos los combatientes revolucionarios que quieran luchar y que quieran hacer una tarea en beneficio del país.  Y si eso es así, si hay libertades, si hay un gobierno de hombres jóvenes y honrados, si el país está contento, si tiene confianza en ese gobierno y en los hombres que están mandando las fuerzas armadas, si va a haber unas elecciones, si las puertas están abiertas para todos, ¿por qué almacenar armas?

Yo quiero que me digan si el pueblo lo que quiere es que haya paz, o lo que quiere es que en todas las esquinas haya un tipo armado con un fusil; yo quiero que me digan si el pueblo está de acuerdo o considera que es correcto que todo el que quiera aquí tenga un ejército particular, que no obedezca más que a su jefecito (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”); si así puede haber orden y paz en la República (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

(ALGUIEN EXCLAMA:  “¡Depuración de las fuerzas armadas!”)  Superdepuración, no depuración (APLAUSOS).

(EXCLAMACIONES DE:  “¡Habla de Raúl!”)  Raúl está en el Moncada, que es donde tiene que estar ahora.

Y esos son los problemas que hoy he querido plantear ante el pueblo.  Lo antes posible tienen que marcharse los fusiles de las calles y desaparecer los fusiles de las calles (APLAUSOS).  Porque ya no hay enemigo enfrente, porque ya no hay que pelear contra nadie; y si algún día hay que pelear contra un enemigo extraño o contra un movimiento que venga contra la Revolución, no pelearán cuatro gatos, peleará el pueblo entero (APLAUSOS PROLONGADOS).

Donde las armas tienen que estar es en los cuarteles, que nadie tiene derecho a tener ejércitos particulares aquí (APLAUSOS).

Esos elementos que andan con esas maniobras sospechosas, tal vez hayan encontrado pretexto para hacer eso en el hecho de que yo haya sido designado, y los compañeros míos, para un trabajo que es el que nos asignó el Presidente, y han hablado de que si hay ejército político.  ¿Ejército político, cuando como les dije a ustedes, tenemos a todo el pueblo, que ese es de verdad nuestro ejército político?

Hoy yo quiero advertir al pueblo, y yo quiero advertir a las madres cubanas, que yo haré siempre cuanto esté a nuestro alcance por resolver todos los problemas sin derramar una gota de sangre (APLAUSOS).  Yo quiero decirles a las madres cubanas que jamás, por culpa nuestra, aquí volverá a dispararse un solo tiro; y yo quiero pedirle al pueblo, como le quiero pedir a la prensa, como le quiero pedir a todos los hombres sanos y responsables del país, que nos ayuden a resolver estos problemas con el apoyo de la opinión pública, no con transacciones, porque cuando la gente se arma y amenaza para que le den algo, eso es una inmoralidad, y eso no lo aceptaré jamás (APLAUSOS).  Porque después que determinados elementos se han puesto a almacenar armas, digo aquí que no aceptaré la menor concesión, porque eso sería rebajar la moral de la Revolución (APLAUSOS).  Y que lo que hay que hacer es que el que no pertenezca a las fuerzas regulares de la República —a donde tiene derecho a pertenecer todo combatiente revolucionario—, que devuelva las armas a los cuarteles, porque aquí las armas sobran cuando ya no hay tiranía y está demostrado que las armas solo valen cuando se tiene la razón, y se tiene al pueblo, y de lo contrario, no sirven más que para asesinar y para cometer fechorías (APLAUSOS).

Quiero decirle además al pueblo que puede tener la seguridad de que las leyes del país serán respetadas y que aquí no habrá gangsterismo, ni pandillerismo, ni bandolerismo; sencillamente, porque no habrá tolerancia.  Las armas de la República están hoy en manos de los revolucionarios.  Esas armas, tengo la esperanza de que no habrá que usarlas jamás, pero el día que el pueblo lo ordene para garantizar su paz, su tranquilidad y sus derechos, cuando el pueblo lo pida, cuando el pueblo lo quiera, cuando ya sea una necesidad, entonces esas armas cumplirán con lo que tienen que cumplir, y cumplirán con su deber, sencillamente (APLAUSOS).

Nadie piense que vamos a caer en provocaciones, porque estamos demasiado serenos para caer en provocaciones, porque tenemos unas responsabilidades muy grandes para precipitarnos nunca en tomar medidas, ni en hacer alardes ni cosa que se parezca, y porque estoy muy consciente de que aquí hay que agotar siempre —y agotaré siempre— todos los medios persuasivos, y todos los medios razonables, y todos los medios humanos para evitar que se derrame una sola gota de sangre más en Cuba.  Así que en provocaciones, nadie tema que caiga; porque cuando la paciencia se nos haya acabado a todos nosotros, buscaremos más paciencia, y cuando la paciencia se nos vuelva a acabar, volveremos a buscar más paciencia; esa será nuestra norma (APLAUSOS).  Y esa tiene que ser la consigna de los hombres que tienen las armas en la mano y de los que tienen el poder en la mano:  no cansarse nunca de soportar, no cansarse nunca de resignarse a todas las amarguras y a todas las provocaciones, excepto cuando ya se vayan a poner en peligro los intereses más sagrados del pueblo.  Pero eso cuando de verdad se demuestre, eso cuando ya sea una demanda de la nación entera, de la prensa, de las instituciones cívicas, de los trabajadores, y de todo el pueblo; cuando lo pidan, y solo cuando lo pidan.  Y lo que haré siempre, en cada una de esas circunstancias, es venir y decirle al pueblo:  “Miren, ha pasado esto.”

Esta vez he omitido nombres, porque no quiero envenenar la atmósfera, porque no quiero aumentar la tensión; lo que simplemente quiero es prevenir al pueblo de esos peligros, porque sería muy triste que esta Revolución que tanto sacrificio ha costado —no que se vaya a frustrar, porque esta Revolución no se frustra de ninguna manera, porque ya se sabe que con el pueblo y con todo lo que hay a favor del pueblo, no hay el menor peligro—, pero sí sería muy triste que después del ejemplo que se ha dado a América, aquí se vuelva a disparar un tiro.

Es verdad que en casi todas las revoluciones, después de la lucha, viene otra, y después viene otra —y observen la historia de todas las revoluciones, en México y en todas partes.  Sin embargo, parecía que esta iba a ser una excepción, como ha sido una excepción en todo lo demás; ha sido extraordinaria en todo lo demás, y quisiéramos que también fuera extraordinaria en el hecho de que no se disparara más un tiro aquí; y creo que se logrará, creo que la Revolución triunfará sin que se dispare más un tiro, ¿saben por qué?  Porque es realmente admirable el grado de conciencia que se ha desarrollado en el país, el civismo de este pueblo, la disciplina de este pueblo, el espíritu de este pueblo; realmente, me siento orgulloso de todo el pueblo, tengo una fe extraordinaria en el pueblo de Cuba (APLAUSOS).  Vale la pena sacrificarse por nuestro pueblo.

Hoy tuve el gusto de dar un ejemplo delante de toda la prensa:  estaba la multitud delante del Palacio Presidencial, y me decían que hacía falta 1 000 hombres para salir de allí; entonces, me paré y le pedí al pueblo que hiciera dos filas, que no hacía falta ningún hombre, que yo solo iba a ir allí, y en pocos minutos el pueblo hizo sus dos filas, y pasamos por allí, sin problemas de ninguna clase.  Ese es el pueblo de Cuba, y esa prueba se dio delante de todos los periodistas (APLAUSOS).

Desde ahora, ya se acabaron los agasajos y las ovaciones; desde ahora, para nosotros:  a trabajar, mañana será un día igual que otro cualquiera, y todos los demás igual, y nos acostumbraremos a la libertad.  Ahora estamos contentos porque hacía mucho tiempo que no éramos libres, pero dentro de una semana nos preocuparán otras cosas:  si tenemos dinero para pagar el alquiler, si la luz eléctrica, si la comida,      que esos son los problemas que de verdad tiene que resolver el Gobierno Revolucionario, el millón de problemas que tiene el pueblo de Cuba, y    que para eso tiene un consejo de ministros de hombres jóvenes que yo   sé que están poseídos de un entusiasmo, que tengo la seguridad de      que van a cambiar a la República, tengo la seguridad (APLAUSOS PROLONGADOS).  Además porque hay un Presidente que está seguro en el poder, que no lo amenaza ningún peligro, porque los peligros de que yo hablaba, no eran los peligros de que el régimen sufriera algún peligro de ser derrocado, son a mil leguas de distancia de eso; yo hablaba del peligro de que se derramara una sola gota de sangre más.  Pero el Presidente de la República está consolidado, reconocido ya por todas las naciones —no todas, pero rápidamente lo están reconociendo todas las naciones del mundo—, y cuenta con el respaldo del pueblo y con el respaldo de nosotros, con el respaldo de las fuerzas revolucionarias; y respaldo verdadero, y respaldo sin condiciones, respaldo sin pedir ni reclamar nada, porque aquí hemos luchado por los fueros del poder civil, y lo vamos a demostrar, que para nosotros los principios están por encima de toda otra consideración y que no luchamos por ambiciones.

Creo que hemos demostrado suficientemente haber luchado sin ambiciones.  Creo que ningún cubano albergue sobre ello la menor duda.

Así que ahora todos tenemos que trabajar mucho.  Yo, por mi parte, estoy dispuesto a hacer todo lo más que se pueda en beneficio del país, como sé que están todos mis compañeros, como sé que está el Presidente de la República y como sé que están todos los ministros, que no van a descansar.  Y yo les aseguro que si hoy sale uno de Cuba y regresa dentro de dos años, no va a conocer esta República.

Veo un extraordinario espíritu de colaboración en todo el pueblo, veo a la prensa, a los periodistas, a todos los sectores del país, deseosos de ayudar, y eso es lo que hace falta.  Y es que el pueblo de Cuba ha aprendido mucho, y en estos siete años ha aprendido por setenta.  Se dijo que el golpe de Estado había sido un retraso de veinticinco años; si fue así —y aquello era de verdad un retraso de veinticinco años—, ahora hemos dado un avance de cincuenta.  La República está desconocida:  nada de politiquería, nada de vicio, nada de juego, nada de robo.  Hemos empezado hace unos días, y ya está casi desconocida la República.

Ahora nos queda un trabajo grande por hacer.  Todos los problemas relacionados con las fuerzas armadas, son problemas que estarán relacionados con nuestras futuras actividades, pero, además, siempre haremos todo lo que esté al alcance de nuestras manos por todo el pueblo, porque yo no soy militar profesional, ni de carrera, ni mucho menos; yo estaré aquí el tiempo mínimo, y cuando termine aquí voy a hacer otras cosas porque, sinceramente, yo no voy a hacer falta aquí en esto (EXCLAMACIONES).  Me refiero a que no voy a hacer falta dentro de las actividades de tipo militar, y que tengo otras ilusiones, de otras clases.      Y eso mismo, entre otras cosas:  el día que quiera tirar tiros, pelear, cimentar una inquietud, hay mucho campo aquí donde hacer las cosas (APLAUSOS).

(EXCLAMACIONES DE:  “¡Hay que fomentar fuentes de trabajo!”)  Si no resolvemos todos esos problemas, esta no sería una revolución, compañeros, porque creo que el problema fundamental de la República en estos momentos, y lo que dentro de poco estará necesitando el pueblo, cuando pase la alegría del triunfo, es trabajo, la manera de ganarse la vida decorosamente (APLAUSOS).

Pero no es eso solo, compañeros; hay mil cosas más de las cuales yo he estado hablando todos estos días, que imagino que ustedes, el que más y el que menos, habrá escuchado por la radio y por la prensa, y además, porque no vamos a agotar todos los temas en una sola noche.

Vamos a quedarnos pensando en estos problemas de los que les he hablado hoy, y vamos a concluir la larga jornada —que aunque yo no estoy cansado, sé que ustedes tienen que regresar a las casas y están lejos.  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No importa!”, “¡Sigue!”)

Yo tenía el compromiso de ir al programa “Ante la Prensa” esta noche a las 10:30 o a la hora que fuera, y ya es la 1:30 (EXCLAMACIONES DE:  “¡Mañana!”)  Bueno, lo dejaré para mañana.

Ustedes tendrán oportunidad de escuchar por la prensa, por la radio y por todos los medios posibles, a los ministros.

Todos los amigos míos de tanto tiempo, de dondequiera han venido:  de la escuela, del barrio.  Casi estoy por decirles que conozco ya a todos los cubanos…

Y decía que tendrán oportunidad de oír a los ministros, cada uno de los cuales tiene sus planes y expondrán su programa; y cada uno de los hombres que está en el consejo de ministros está grandemente compenetrado con todos los demás elementos revolucionarios.

El Presidente de la República, con el derecho que le corresponde    —porque se eligió sin condiciones—, ha elegido una mayoría de ministros del Movimiento 26 de Julio.  Tenía su derecho, y al pedir nuestra colaboración, la ha tenido plenamente, y nos responsabilizamos con ese Gobierno Revolucionario.

Lo que yo he dicho en otra parte:  nadie vaya a creer que las cosas se van a resolver de la noche a la mañana.  La guerra no se ganó en un día, ni en dos, ni en tres, y hubo que luchar duro; la Revolución tampoco se ganará en un día, ni se hará todo lo que se va a hacer en un día.  Además, le he dicho al pueblo en otros actos que no se vayan a creer que esos ministros son unos sabios —empiezo por decirles que ninguno ha sido ministro antes, o casi ninguno.  Así que nadie sabe ser ministro, eso es una cosa nueva para ellos; lo que están es llenos de buenas intenciones.  Y yo digo en esto, igual que digo de los comandantes rebeldes:  miren, el comandante Camilo Cienfuegos no sabía de guerra, ni de manejar un arma, absolutamente nada.  El Che no sabía nada; cuando conocí al Che en México se dedicaba a disecar conejos y hacer investigaciones médicas.  Raúl tampoco sabía nada; Efigenio Ameijeiras tampoco sabía nada; y al principio no sabían nada de guerra, y al final se les podía decir, como les dije:  “Comandante, avance sobre Columbia, y tómela”; “Comandante, avance sobre La Cabaña, y tómela”; “Avance   sobre Santiago, y tómelo”, y yo sabía que lo tomaban… (APLAUSOS PROLONGADOS).  ¿Por qué?  Porque habían aprendido.

Es posible que los ministros ahora no tengan grandes aciertos, pero estoy seguro de que dentro de unos meses van a saber resolver todos los problemas que les presente el pueblo, porque tienen lo más importante:  el deseo de acertar y de ayudar al pueblo; y, sobre todo, estoy seguro de que ni uno solo, jamás, cometerá una de las faltas clásicas de los ministros.  ¿Ustedes saben cuál es, no?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Robar!”, “¡Robar!”)  ¡Ah!, ¿cómo lo saben?

Pues, sobre todo, eso:  la moral, la honradez de esos compañeros.  No serán sabios, porque aquí nadie es sabio, pero sí les aseguro que     hay honrados de sobra, que es lo que se está pidiendo.  ¿No es lo          que ha estado pidiendo el pueblo siempre, un gobierno honrado?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  Entonces, vamos a darles un voto de confianza, vamos a dárselo, vamos a esperar (EXCLAMACIONES).  Sí, son del “26” la mayoría, pero si no sirven, después vendrán los del 27, o los del 28.  Ya sabemos que hay mucha gente capacitada en Cuba, pero todos no pueden ser ministros.  ¿O es que acaso el “26 de Julio” no tiene derecho a hacer un ensayo de gobernar la República?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”).

Así que eso es todo por hoy.  Realmente, nada más me falta algo…  Si supieran, que cuando me reúno con el pueblo se me quita el sueño, el hambre; todo se me quita.  ¿A ustedes también se les quita el sueño, verdad?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!)

Lo importante, o lo que me hace falta por decirles, es que yo creo que los actos del pueblo de La Habana hoy, las concentraciones multitudinarias de hoy, esa muchedumbre de kilómetros de largo —porque esto ha sido asombroso, ustedes lo vieron; saldrá en las películas, en las fotografías—, yo creo que, sinceramente, ha sido una exageración del pueblo, porque es mucho más de lo que nosotros merecemos (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

Sé, además, que nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante, excepto en otra ocasión —en que estoy seguro de que se van a volver a reunir las muchedumbres—, y es el día en que muramos, porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos a nuestro pueblo!».

(OVACIÓN)

Discurso pronunciado en el Club Rotario de La Habana el 15 de enero de 1959

«Honorable señor Presidente;

Señores directivos del Club Rotario;

Señores miembros:

Yo quiero, antes que todo, pedirles una excusa, y es mi tardanza.  Me resulta sumamente desagradable hacerme esperar, y quizás una de las cosas que más me contraríe en estos días de tantas obligaciones, es el tener que hacer esperar a infinidad de personas.  He sido puntual siempre y me encuentro con que ahora no puedo ser puntual, aunque no duerma, y me angustia porque algo anda mal que yo no puedo cumplir y algo me falta por saber, por aprender, por adquirir, de manera que pueda irme desenvolviendo, pero la cuestión es que a las 2:00 de la tarde yo estaba obligado a venir aquí y he llegado a las 4:00 de la tarde.  Así es que les quiero pedir excusas a todos y explicarles que ha sido en contra de mi voluntad.  Lo mismo que si aquí fuese necesario que permaneciera una hora o dos horas por estar con ustedes, por complacerlos a ustedes, lo hago, y otros pues me tendrán que esperar.

En este caso, yo no había venido antes por encontrarme realizando una serie de actividades que eran imprescindibles.  Hay muchas cosas por hacer y en estos primeros días, sobre todo, el trabajo es extraordinario porque todo estaba desorganizado, y todo se va organizando poco a poco.

No es lo mismo una revolución que un golpe de Estado.  El golpe de Estado quita al presidente, quita a los jefes principales, deja a todos los policías, a todos los soldados, todo el mundo se queda en sus puestos y la maquinaria del Estado sigue funcionando.  Eso, por ejemplo, pasó el 10 de marzo.  Suelen ocurrir en casi todos los países de América Latina golpes de Estado; muy pocas veces ocurren revoluciones, y me parece que en ninguna circunstancia ha ocurrido una revolución con las características en que se está desarrollando la Revolución Cubana.

Es por eso que nosotros, hombres nuevos, hombres inexpertos       —porque es lo que yo digo, ninguno de nosotros ha sido nunca ministro, ni presidente, ni jefe de nada en absoluto— de buenas a primeras nos ponen jefe de todas esas cosas, una serie de responsabilidades, una serie de problemas complicadísimos y nos vemos en la necesidad de tener que resolverlos y, naturalmente, vamos pasando mucho trabajo.

Nos pasa como cuando desembarcamos.  Cuando desembarcamos, nadie sabía nada de guerra y, en consecuencia, tuvimos que empezar a sufrir y a soportar todos los inconvenientes de no tener experiencia militar, de no haber estado nunca en combate, por lo menos dirigiendo combates.  No sabíamos nada de táctica, nada de estrategia, nada de balística, nada de logística ni de nada absolutamente, y tuvimos que aprender sobre la marcha.  Naturalmente, que al cabo de dos años ya sabíamos algo, y, en consecuencia, pudimos entrar en La Cabaña, en Columbia y en todos los demás lugares (APLAUSOS).

Ahora estamos exactamente igual:  acabamos de desembarcar y no sabemos nada de casi nada, o casi nada de nada.  Pero vamos llenos de buena intención, con el deseo de acertar.  Lo que sí yo puedo asegurarles es que no hay ni un solo hombre en el gobierno de la república que no sea un hombre bienintencionado.  Es verdad que alguien dijo que de buenas intenciones están empedrados los caminos del infierno (RISAS); pero la verdad es que, hasta ahora, los malintencionados nos han empedrado de verdad el camino del infierno y ni siquiera han hecho aquello que decían que hacía el diablo, que hacía el bien con malas intenciones.

Aquí los que gobernaban la república llenos de malas intenciones, nunca le hicieron el bien a nadie.  Cuando vemos lo que han hecho en algunos aspectos, en cualquiera, en cualquiera, casi repugna, indigna, asombra.  Lo extraordinario que tiene todo esto es que para nosotros, que hemos visto tantas cosas, cada día aparecen acontecimientos y hechos que nos vuelven a asombrar.  A las cosas que han hecho no nos podemos acostumbrar, es difícil.

Si analizamos, por ejemplo, desde el punto de vista económico las cosas que han hecho, ustedes se encuentran que lo han vendido todo.  Han vendido el Malecón, el Cuerpo de Ingenieros, el parque “Martí”, han vendido hasta Mazorra (RISAS).  Vendieron la tierra de Mazorra, las treinta y tantas caballerías que había allí las vendieron también.  Lo han vendido todo y lo han introducido en compañías anónimas, en negocios de todas clases; es una cosa escandalosa.

Calcularán ustedes el desbarajuste que hay en ese orden con la fuga precipitada que ocurrió aquí el día primero de enero.  La sensación que me da es el caso de un delincuente, de un ladrón, que entra en una casa, roba, sale huyendo y en el camino lo sorprenden, lo deja todo y sigue corriendo.  La impresión que da cuando usted llega a una casa, a una oficina cualquiera de los magnates, a cualquier centro de negocios de los que tenían organizados y se encuentra que dejaron cartas, documentos, papeles, libretas de cheques, lo han dejado todo allí, la sensación que da es la del delincuente que dejó el bulto en el camino y salió huyendo.

El Ministerio de Recuperación de Bienes —por lo que yo veo— va a recuperar una cantidad fabulosa de bienes robados.  Están en compañías anónimas, pero se sabe perfectamente bien, y esta vez no se van a poder amparar en pretextos de tipo leguleyesco.

Una revolución no se hace con la ley, sino se hace la revolución y la ley viene detrás de la revolución (APLAUSOS).  Yo digo que es como una criatura, un niño:  nadie lo bautiza antes de nacer; se espera a que nazca y después que ha nacido se le bautiza, se le pone nombre, se lleva al juzgado a inscribirlo.  Y esa es la Revolución, está naciendo al país, y después iremos estableciendo jurídicamente todas las relaciones.

Las leyes de la Revolución son, fundamentalmente, principios morales.  Los propósitos por los cuales se está luchando son los que guían y trazan el derrotero de la Revolución.  La Revolución no es una cosa loca, la Revolución es algo que tiene una ruta trazada, una serie de principios a los cuales se ajusta, y, además, una serie de principios fundamentales que es necesario dejar bien sentados para que la Revolución se pueda desarrollar pacífica y ordenadamente.

Nosotros empezamos por ratificar aquí que los principios de la Constitución de 1940, los preceptos fundamentales de la Constitución de 1940, son los que regirán el Gobierno Provisional y el gobierno futuro de la república, lo cual le dará ya una pauta a toda la ciudadanía.  No puede funcionar la Constitución en cuanto al poder legislativo o al poder judicial, una serie de poderes, que no existen, no existen, porque nosotros no íbamos a dejar ahí el Congreso de Batista, no íbamos a designar un congreso de dedo, porque cuando vuelva a haber un congreso tiene que ser un congreso elegido por el pueblo, y, en consecuencia, la Revolución sí ha dicho que todos los preceptos fundamentales de la Constitución, todos los derechos civiles, políticos y humanos que garantiza la Constitución de la República, están garantizados por la Revolución, porque esa es la norma de la Revolución y porque la Revolución se puede hacer dentro de esos principios.

Cuando se me preguntaba recientemente si, en mi opinión, debía haber una nueva Constitución, yo dije que eso entorpecería la Revolución, porque nadie sabría a qué atenerse.  Todo el mundo empezaría a temer qué tipo de Constitución sería esa, nadie se sentiría seguro, mientras que así todo el mundo ya sabe a qué atenerse, que va a regir la Constitución de 1940; porque el problema no era que no hubiera una buena Constitución, sino que no se cumplía la Constitución buena que tenía el pueblo de Cuba (APLAUSOS).

Yo les decía que todo nos lo hemos encontrado desorganizado, y que se está haciendo un extraordinario esfuerzo de organización para que todo vuelva a funcionar.  Realmente, uno se maravilla de ver cómo, al desplomarse por completo la maquinaria del Estado, ha funcionado tan bien el país en estos días:  las carreteras se están arreglando, la zafra está al empezar, las comunicaciones están perfectamente bien, el orden:  no hay robo, no hay saqueo, no hay crimen.  Nunca ha habido tanta paz en Cuba como ha habido en estos momentos posteriores a la Revolución (APLAUSOS).  Y ese mérito hay que atribuírselo por entero al pueblo de Cuba, ese mérito es la prueba inequívoca de la colaboración que está prestando el pueblo.

Es bien sencillo:  cuando Batista asaltó el poder traidoramente el 10 de marzo y todo el mundo comprendió y vio la tragedia —porque adivinó todo el mundo lo que aquello iba a significar para el país—, pues el pueblo lo que quería no era que tuviera éxito aquel gobierno; todo el mundo le ponía una piedra en el camino para que se cayera.  Sin embargo, al Gobierno Provisional de la República, al Presidente, al magistrado Urrutia, todo el mundo lo está ayudando para que tenga éxito; es un estado de ánimo.  Por eso ha podido marchar adelante el gobierno en estos días dificilísimos, ha marchado el gobierno sin maquinaria estatal; sin embargo, todo marcha normalmente, no hay ni policías en las calles y no hacen falta tampoco (APLAUSOS).

Se ha hablado mucho de la riqueza de nuestra patria, de su riqueza mineral, de su riqueza vegetal, de la fertilidad de su tierra, de las bondades de su clima.  Y en verdad todo cuanto se diga de la bondad de la naturaleza de la tierra de Cuba es poco, porque es realmente una de las tierras más feraces y más ricas del mundo.  Eso lo han reconocido cuantos han visitado nuestro país, cuando han estudiado la riqueza de nuestro país.  Pero hay una riqueza en Cuba todavía más extraordinaria, y les digo con absoluta honradez mi convicción de que lo más rico y lo más extraordinario que tiene Cuba es su pueblo (APLAUSOS).

Tenemos en realidad un pueblo extraordinario.  Los acontecimientos lo están demostrando, y creo que un pueblo así bien merece un destino mejor.  Un pueblo lleno de hombres bienintencionados, un pueblo que trabaja y quiere trabajar, en que el ansia unánime de la colectividad es no vivir de parásita, que son los menos, y, además, el parasitismo lo engendra muchas veces la falta de trabajo, las condiciones sociales.  El hombre que quiere trabajar y no puede trabajar, se encuentra que tiene que aspirar a que le den algo de todas maneras.  La falta de trabajo es un mal que engendra otros muchos vicios, vicios que realmente son deprimentes para nuestro pueblo, engendra la delincuencia, engendra el parasitismo, engendra la aspiración a vivir del Estado, engendra la prostitución, engendra el juego, engendra toda una serie de calamidades.  Y por eso, incluso, esa minoría que pasa por encima de las reglas del pudor para ir a vivir de una actividad ilegal, quedaría extraordinariamente reducida en proporción cuando el país viviera en otras condiciones sociales.

Por eso digo que con un pueblo tan extraordinario como este, cuyas ansiedades las conocemos todos, se puede llegar realmente muy lejos.  Cuba había de tener un destino, porque el que hasta hoy había vivido no era un destino digno de ella.  Yo podría decir que los cubanos hemos tenido mala suerte, mala suerte porque todo ha salido mal y todo ha salido al revés desde que se descubrió la isla de Cuba.  Desde que el primer español o el primer gobernador español puso aquí sus pies, con su sable, su espada y su ejército hasta hoy, el país ha vivido bajo la explotación, bajo la opresión, bajo la fuerza, bajo la ilegalidad, bajo el vicio, bajo la corrupción, bajo las malas costumbres.  No quiere decir eso que no se hayan introducido en nuestra patria todas las ventajas de la civilización.  Sí, nos trajeron las cosas buenas, es cierto, y todos somos producto de ello.

Primero eran los españoles los que oprimían a los indios, después oprimían también a los indios y a los negros, después oprimían a los hijos de los indios y de los negros con los españoles; y así, cuando de una nación extranjera pasamos a creer que éramos una nación libre, lo primero que nos tocó sufrir, después de haber luchado 30 años…  Porque quien lea la historia de Cuba, quien lea la biografía de Agramonte, de Máximo Gómez, de Maceo, y además, no solo quien la lea, quienes hayan vivido lo que es la campaña, quienes hayan vivido lo que son los rigores de la lucha, sin medicinas, sin médicos, sin recursos, podrán apreciar lo que fueron aquellos 30 años de lucha por nuestra independencia.  ¡Cuán grande no sería la tristeza de todos nosotros, los combatientes, y la tristeza del pueblo si, después de haber luchado dos años y un mes, en campaña, en las montañas, nos encontráramos con que la victoria no coronaba nuestro esfuerzo, nos encontráramos con que otros estuviesen mandando aquí!  Pues la tristeza sería grande.  Piensen si no que todas las libertades y todos los derechos que ustedes disfrutan ahora se los quitemos de repente.  Pues bien, los mambises lucharon 30 años y, mala suerte, ¡mala suerte!, cuando se acabó la Guerra de Independencia se quedaron en la calle los voluntarios, los confidentes, los enemigos del país, y los que gobernaban la república no eran los cubanos, eran los extranjeros los que gobernaban la república (APLAUSOS).

Esa ocupación extranjera fue la causa de muchos de nuestros males.  Sí, aquí vino una higiene militar:  mataron los mosquitos, desecaron los pantanos, hicieron algunas mejoras en ese orden.  Pero, ¿qué hicieron?  Privaron al pueblo de sus prerrogativas de gobernarse, privaron al pueblo de su soberanía, lo trataron como a un muchacho chiquito que le dicen:  “Te damos permiso para que hagas hasta aquí, y si no haces eso, te castigamos.”  Y se implantó la Enmienda Platt, que, o nos portábamos  bien —bien en el sentido y en el concepto que le interesaba al país extranjero—, o nosotros perdíamos nuestra soberanía, por el derecho de intervenir en Cuba.

Cuba no era libre, porque cuando un extranjero se arroga los derechos de intervenir en los asuntos de un país, ese país no es libre, ese país es un poquito menos esclavo de lo que era antes, pero libre no era.  La libertad no admite trabas, la libertad no admite límites, la libertad no admite cortapisas.

¿Y cuál era la consecuencia?  ¿Que el gobierno robaba?, pues había que soportarlo.  ¿Que mataba el gobierno?, había que soportarlo.  ¿Que existía la prebenda, el privilegio, el favoritismo, el nepotismo?, había que soportarlo.  Si usted combatía eso, si usted protestaba contra eso, entonces lo podían acusar de poco patriota.  Y le decían:  Usted tiene que escoger entre dos males:  entre el mal gobierno o perder la soberanía.  Si nosotros en aquel tiempo nos hubiéramos levantado en armas, nos hubieran acusado —y con algún fundamento— de enemigos de la soberanía y de la patria, porque nos iban a decir:

“Van a intervenir, van a intervenir, así que ustedes van a sacrificar la soberanía, ustedes, los exaltados, van a sacrificarla.”

Entonces aquí se creó un conformismo, una resignación, frente a todos los males públicos.  Era inconcebible que un pueblo que había demostrado tantas virtudes en su guerra por la independencia, un pueblo que había sabido gobernarse en plena manigua, un pueblo que había sabido ordenarse jurídicamente, que había tenido su presidencia, sus leyes, su parlamento en plena guerra, llegara la república y fracasara, y que aquí el pícaro, el arrivista, el oportunista, el ladrón, el sinvergüenza, el descarado, fuera el que gobernara la república.  Y entonces al mambí, ni tierra ni nada; le dieron una pensión.  ¿Para qué?  Para sobornarlo, para que cada vez que llegara un nuevo presidente, dijera:  “No, yo te aumento cinco pesos la pensión”, y entonces corrompieron a los veteranos de la independencia —esa es la gran verdad— con la cuestión de la pensión (APLAUSOS).

Aquí no se le ha pagado a nadie, ni se le pagará.  ¿Por qué?  Porque nadie quiere cobrar, pero hay algo más:  no se le pagará pensión a nadie.  Sí tendrán nuestra asistencia los hijos de los compañeros que han muerto y los familiares, porque eso es muy justo (APLAUSOS), y procuraremos dársela en forma de trabajo, en forma de algún empleo, que presten servicios, de alguna manera que al mismo tiempo que reciben un beneficio de la sociedad, sirvan a la sociedad en algo.  Como también tendremos que ayudar, porque es justo y porque es humano, a las víctimas de los soldados que murieron luchando contra nosotros, porque esos hijos y esas esposas no tienen culpa de nada (APLAUSOS).  Pero nadie cobrará pensión y nadie podrá sobornar con aumentos de sueldo a los combatientes revolucionarios.

En nuestra república lo que ocurrió fue eso:  el soborno, la corrupción y la frustración.  Y aquel pueblo fue extraordinario, porque de todos los pueblos de América, aquel que tuvo que pelear más fue el cubano; de todos los pueblos de América, aquel que tuvo que librar su guerra solo fue el cubano.  Los demás países libraron aquella guerra ayudados unos por otros.  España estaba invadida por Napoleón Bonaparte, tenía una guerra en Europa, no podía atender del todo sus intereses en América, y todos aquellos pueblos, unidos, lograron su independencia.  Pero todo aquel poderío español quedó en Cuba y los cubanos solitos, solitos, sin que nadie los ayudara, tuvieron que luchar.  Y cuando reunían armas en Estados Unidos se las quitaban —como nos la quitaban ahora también (APLAUSOS)—; y después de tanto tiempo luchando, al final, se les impide recoger el fruto de su victoria.  A Calixto García ni siquiera lo dejaron entrar en Santiago de Cuba.

Pero yo decía que lo peor de todo fueron las consecuencias morales, el conformismo, la corrupción que originó todo aquello, y, además, porque los gobernadores militares fueron los que sembraron aquí la semilla de la corrupción en el país también, que eso es una verdad.

Nuestro pueblo tuvo que vivir todo aquel letargo de las primeras tres décadas bajo la égida, bajo la amenaza constante de una intervención extranjera.  Viene la revolución contra Machado, se derroca la tiranía de Machado; pero, ¿qué pasa?, pasa algo de lo que quisieron que ocurriera aquí:  vino un general de los de Machado y le dijo a Machado que se tenía que ir, o Machado más bien llamó al General y le dijo que ya era imposible y que él se iba —como fue lo que pasó aquí—, y entonces pusieron a un tal Carlos Manuel de Céspedes, hijo muy ilustre del Padre de la Patria, pero que no era más que eso, el hijo del Padre de la Patria (RISAS).

Entonces, ¿qué pasó?  Pues no había habido revolución; dejaron al pueblo que se desahogara, que es lo que le permiten al pueblo las castas militares cada vez que hay crisis en el Estado:  gobiernan, implantan un dictador por la fuerza y, cuando es tal la resistencia del pueblo que ya no puede más, oportunamente quitan a ese presidente, ponen a otro, restablecen las libertades de todas clases, dejan que el pueblo se desahogue, se tranquilice; y cuando el pueblo está desahogado, tranquilo, un poco escéptico, porque siempre espera maravillas y nunca las maravillas vienen, entonces vienen e implantan otra vez la bota militar, porque queda intacta la fuerza.

Quedó intacta la fuerza a la caída de Machado; los mismos soldados, que posiblemente andaban persiguiendo a los estudiantes y asesinando ciudadanos, eran después los que andaban persiguiendo a los esbirros.  Y por ahí andaba una fotografía de un cabo con un fusil, y yo cada vez que veía esa fotografía me preguntaba:  “¡Dios sabe cuánta gente mató el cabo ese, que después andaba persiguiendo a los esbirros!”  Y vino lo que tenía que ocurrir:  las clases, los soldados, ante el descrédito y la desmoralización de los oficiales, un día dieron un golpe de Estado; pero se quedaron con los fusiles las clases y los soldados, se quedaron con las armas en la mano.  Era el poder castrense intacto.

Pusieron un gobierno revolucionario, ¿y quieren que les diga lo que pasó aquí?  Ustedes lo saben, ¿no?  Yo creo que el que más y el que menos lo sabe, pero lo voy a repetir (RISAS Y APLAUSOS).  Viene Batista y da el golpe del 4 de septiembre, controla toda la fuerza y ofrece el poder civil —que en aquel momento no tenía quién lo ejerciera— a un gobierno revolucionario.  Mucha gente se alegró, creyó que la revolución había llegado al poder, pero se olvidaba de que ahí estaban los cabos, los sargentos y los soldados con los fusiles en la mano, y que los sargentos eran ahora coroneles y comandantes; el poder militar intacto.

Todo el mundo muy contento con una serie de leyes, las leyes de Guiteras, las leyes sociales que se hicieron.  Todo el mundo dice que el gobierno del año 1933, el gobierno de Grau, fue un gobierno revolucionario —eso es una cosa reconocida por todos—, aportó una serie de leyes de beneficios sociales, pero, ¿qué pasó?  Cuando más contento estaba todo el mundo, más embullados estaban, aquellos que se habían quedado con los fusiles derrocaron al gobierno.  Pero, ¿por qué?  ¿Qué pasó?  ¿Actuaron solos?  No.  Todo el mundo sabe que aquí había un señor que se llamaba Jefferson Caffery que estaba metido en Columbia y cuando él no estaba metido en Columbia, Batista estaba metido en la embajada, y que los intereses extranjeros aquí, cuando vieron que había un gobierno revolucionario dispuesto a defender los derechos del país, dispuesto a defender los intereses del pueblo, se valieron de Batista para desalojar del poder a la revolución, y nos implantaron una dictadura de 11 años aquí.  Eso fue lo que pasó (APLAUSOS).

Considero que no estoy diciendo más que una verdad histórica, y a mí no me van a llamar comunista por eso, porque yo no soy comunista; estoy diciendo la verdad (APLAUSOS).  Aquí se han querido poner las cosas que quien no sea un vendido y un incondicional miserable de los norteamericanos, entonces es un comunista (APLAUSOS); pues yo no soy comunista, ni me vendo a los norteamericanos, ni recibo órdenes de los norteamericanos (APLAUSOS).  Hacemos aquí en nuestra patria lo mismo que estarían haciendo en este momento Maceo, Máximo Gómez, Martí y todos los que nos dieron nuestra independencia (APLAUSOS).  Pero lo cierto es que todo el mundo sabe las causas por las cuales fue derrocado aquel gobierno revolucionario:  porque afectó intereses, intereses extranjeros, y, sencillamente, si hubiera sido un gobierno que no hubiera hecho una sola ley revolucionaria, se queda allí, lo respaldan, lo apoyan, le mandan tanques, le mandan aviones y le mandan de todo, como se lo mandaron a Batista.

Yo no voy a hacer comparaciones con lo de otros países, voy a hacer la de aquí, esta, que es la que nosotros tenemos que estar atentamente observando.  En el caso de Batista, todo el mundo sabe que Batista les decía a los soldados que a él no había quien lo derrocara, que estaba fuerte, porque los norteamericanos lo apoyaban, y le mandaron la misión militar y le mandaban aviones, todo eso es una verdad.  Pero la cuestión es que esos intereses fueron indiferentes a los horrores que ha sufrido nuestra patria durante los primeros 11 años.  Después vinieron los ocho años efímeros de gobierno constitucional y después tuvimos otra vez siete años de tiranía, que son 18 años, ¡y cuenten los muertos que ha habido, cuenten los sufrimientos de nuestro pueblo, cuenten las lágrimas que han derramado las mujeres cubanas; cuenten los sufrimientos de todas las madres, hasta las que no han perdido un hijo, porque la que no ha perdido al hijo vio perder al hijo de otra y pensó que algún día podría ser su hijo!  Que nadie ha vivido en paz aquí durante ese proceso, nadie ha vivido en paz ni ha vivido seguro un solo minuto desde el 10 de marzo de 1952.

La alegría que el pueblo demuestra y la simpatía que demuestra por nosotros, yo no la atribuyo a ningún mérito especial, la atribuyo al hecho de que era insoportable lo que estaba pasando aquí.  Yo lo que mido por esto no son los méritos de los revolucionarios, sino el grado de terror, de crimen y de odio que despertó la dictadura de Batista, y es lógico que ese tremendo dolor y ese tremendo sufrimiento, cuando desaparece, tienda el pueblo a vernos, a los que hemos hecho algo, a los que hemos hecho modestamente lo que hemos podido, casi como a unos dioses aquí.  Pero yo creo, sinceramente, que los méritos de nosotros no son absolutamente nada de extraordinarios, y creemos que a lo que estamos obligados es a seguir trabajando, para ver si acertamos, porque es un deber de ustedes y de nosotros, de todos, ver si de una vez echamos a andar la república hacia adelante (APLAUSOS).

Es posible que ustedes se pregunten por qué he traído a colación este tema.  He hablado muchas veces, pero no he hablado de estos tópicos que he hablado hoy, y eso se debe, sencillamente, a que en las circunstancias actuales la Revolución Cubana tiene que estar muy alerta y el pueblo cubano tiene que estar muy alerta y muy unido frente a los peligros que lo amenazan.  Yo tengo una confianza absoluta en el pueblo, y sé que a un pueblo, aunque sea pequeño, si es un pueblo digno, si es un pueblo unido, si es un pueblo inteligente, no hay quien lo venza, no hay quien se le imponga.  Sencillamente, yo les digo, porque en escala menor he visto lo que puede el pueblo desarmado, el pueblo de Cuba, porque ningún pueblo del mundo ha hecho lo que ha hecho el pueblo cubano, un pueblo que no tenía entrenamiento militar, porque aquí no había servicio militar, ni nadie sabía manejar un arma, no tenía un fusil, y frente a él tenía una dictadura con miles y miles de soldados, armas modernas, millones de pesos, porque pudo aprovecharse de las instituciones bancarias, de las instituciones de crédito que habían creado gobiernos anteriores, para llegar aquí y poder disponer no solamente del presupuesto alto que proporcionaba un precio bueno del azúcar, sino, además, de presupuestos extras, al extremo de poder disponer de más de mil millones de pesos.  Con aquella abundancia de millones, con aquella cierta prosperidad económica, y con el respaldo de las armas modernas y de miles y miles de soldados que creían en él, porque los tenían engañados, creían en él, se paraba en Columbia todos los 10 de marzo, todos los 4 de septiembre, y les metía un discurso y tenía engañados a los soldados…  Señores, ¡la pandilla estaba encantada con el jefe de la pandilla!

Entonces, además, corrompía, repartía primas de la Renta de Lotería, repartía el producto del juego y permitía que todo el mundo por dondequiera se enriqueciera, porque los hombres se unen por dos causas, que son:  un gran ideal, que despierta la fiebre que necesita el luchador, que despierta todas aquellas ilusiones que convierte a los hombres en seres capaces de todos los sacrificios, o un gran interés.  Batista mantenía la adhesión de los soldados a base de un gran interés, de un gran soborno; todo el mundo se sentía bien, ganaba el triple de lo que señalaba el sueldo, y, además, eran impunes.

El ciudadano que puede vivir dentro de la sociedad haciendo lo que le da la gana, sin que le pase nada, es un ser privilegiado.  Por ejemplo, el representante y el senador han sido unos seres privilegiados aquí, y hay que acabar también con esa cuestión (APLAUSOS).  Si en algún detallito hay que modificar la Constitución de 1940 es en que se acabe la impunidad, no la inmunidad, sino la impunidad parlamentaria; porque dentro de la sociedad, dentro de un Estado democrático, dentro de una república igualitaria, donde se dice que todos los ciudadanos eran iguales, resultaba que cualquier ladrón, cualquier desfalcador que se llevaba los millones de pesos del Tesoro, aspiraba a representante, salía comprando votos, porque en aquel ambiente y en aquella atmósfera viciada no era muy difícil comprar votos.  ¡Que vengan a comprar un voto al pueblo ahora como está lleno de entusiasmo!  (APLAUSOS.)

Pero en aquellos días, el pueblo escéptico, con el estado económico que tenía, en aquella atmósfera donde no había virtudes públicas, era fácil comprar votos, comprar sargentos, y más que comprar votos, porque este pueblo es tan puro que, incluso, los que compraban votos, no es que compraran 20 000, compraban a 50 ó a 60 que conocían bien el manejo de ese negocio, que eran compadres de 15 ó 20 porque les hacían un favor, y entonces, el cubano, con esa nobleza característica que tiene, pues cuando venía su compadre, porque era su compadre y venía a pedirle que lo ayudara, pues votaba por el candidato tal porque su compadre se lo pedía.  El no se daba cuenta del daño que le estaba haciendo al país, que aquel señor estaba comerciando con su derecho más sagrado, que es el derecho a elegir su soberanía.  Y resultaba que compraban los votos, salían electos senadores y representantes y quedaban fuera de la ley.  Una vez senadores y representantes, cometían un robo y no les pasaba nada; violaban el tráfico.

Pero, sí era cosa curiosa:  los choferes de representantes iban por todas las luces rojas y no se paraban nunca.  ¿Y el policía qué?  Si el policía los paraba:  “Yo soy el representante tal.”  ¿Para qué, si eran impunes los representantes?  Eso lo sabe todo el mundo, no había ley para ellos; porque si elevaban un suplicatorio a la Cámara, siempre lo rechazaban.  Las únicas ocasiones en que accedían era cuando el derecho agredido era el derecho de uno de los de la pandilla.  Si el asesinado era un representante, ¡ah!, entonces sí, porque había que garantizar a la pandilla; si el asesinado era cualquier ciudadano del pueblo, ¡ah!, entonces no, porque la pandilla tenía el derecho a que no le pasara nada.  Nunca, en los 50 años de república, se accedió a un suplicatorio, como no fuera un delito contra un representante.  Y así vivían esos señores dentro de la sociedad.

Pero no eran esos señores, así vivían también los soldados.  Nunca que un soldado diera un palo, un golpe, una tortura o cometiera un crimen, jamás fue sancionado, era impune.  Si las garantías estaban restablecidas y había un juez digno y firme, que hiciera lo que hizo, por ejemplo, el juez Alabau Trelles, y procesara a Ventura y a toda aquella gente, venía inmediatamente una suspensión de garantías, pasaban al fuero militar, y se acabó.  Treinta mil, 40 000, 50 000 hombres armados dentro de la sociedad eran impunes, cuando precisamente al hombre armado es al que más hay que exigirle; al hombre armado es al que hay que hacerle ver su responsabilidad, que es mayor que la de los otros, porque un hombre armado es un hombre peligroso, un desarmado no; a un hombre con un fusil hay que tenerlo muy vigilado, y a ese hombre hay que tenerlo sometido a una disciplina férrea y a un fuero especial.  Y aquí se daba el caso de que los que estaban armados no estaban sometidos a ningún fuero, eran absolutamente inmunes a la ley, y por eso es que se cometían tantos crímenes.

Es increíble la cantidad de asesinatos que se han cometido.  Yo les digo a ustedes que es increíble.  Si ustedes van a algunos lugares de la Sierra Maestra, a un pueblecito como las Minas de Bueycito, y se encuentran que allí, en aquel pueblo pequeñito, que no tiene más que una sola calle, han asesinado a 450 vecinos, ustedes se imaginan entonces la aldea de Lídice, aquella tristeza en que se vive allí; allí no se reía.  Nosotros pasábamos y era una alegría vernos pasar; pero en la atmósfera, en aquella loma, en aquella otra, en aquel campo, dondequiera había osamentas de infelices.

(Le preguntan que cuántos prisioneros le devolvió al ejército.)

Nosotros le hemos devuelto más de 2 000 prisioneros al ejército.

(Le preguntan que cuántos les devolvió el ejército a ellos.)

Ninguno, primero, porque nadie se dejaba coger (APLAUSOS) y, segundo, porque a los que cogían los asesinaban.  De hecho les hemos devuelto más, porque al final de la Revolución quedaron prisioneros todos los soldados de la república.  ¿Y qué hubiera pasado si hubieran sido ellos los que hubieran terminado la Revolución como la hemos terminado nosotros?  ¿Qué hicieron en el Moncada?  Asesinaron a los prisioneros.  ¿Qué hicieron con Calixto Sánchez y sus 16 compañeros?  Los asesinaron, hasta se enteraron por radio de que estaban muertos cuando todavía estaban vivos, oyeron la noticia estando vivos.  ¿Qué hicieron con los prisioneros del “Corynthia”?  Asesinarlos.  ¿Qué hicieron con los prisioneros y los heridos del Palacio Presidencial?  Asesinarlos.  ¿Qué hicieron con los prisioneros del “Granma”?  Asesinarlos.  Nosotros:  curar heridos, devolver prisioneros, hacer prisionero a todo el ejército, y ahí está.  ¡Qué distinto hubiera sido si el Ejército Rebelde cae prisionero de la dictadura!  ¡Qué distinto!

Y es bueno que esto se saque a relucir ahora y aquí, precisamente, en presencia de una institución tan prestigiosa como el Club Rotario, que tiene asociaciones en todo el mundo, destacar aquí la verdad, porque nos toca ahora defendernos contra la calumnia, defendernos contra la campaña malintencionada de los que quieren desacreditar a la Revolución Cubana.

¿Por qué se ha desatado ahora esta campaña contra la Revolución Cubana en la prensa de Estados Unidos?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Por dinero!”)  No, no; parte sí, pero no tanto.  Les voy a dar la explicación:  porque ahora no tienen en Columbia a un sargento llamado Batista, porque ahora no tienen a la casta militar armada.  Se han quedado asombrados ante el hecho de que el Ejército Rebelde y el pueblo de Cuba hayan desarmado por completo al ejército.

Ellos saben que ahora los que están aquí son revolucionarios, gente que no se vende ni claudica ni está dispuesta a servir a sus intereses, y dicen:  “¿Podremos quitar al Presidente, al magistrado Urrutia?”  No, porque en Columbia los que están son los rebeldes y en La Cabaña los que están son los rebeldes (APLAUSOS).  Entonces, la cuestión es clara:  empiezan inmediatamente a desacreditar a la Revolución, a crear un ambiente internacional, porque le tienen miedo al respaldo de opinión que hay en toda la América en favor de la Revolución Cubana y al respaldo de opinión que hay en el mundo entero.  Y entonces comienzan a querer quitarle esa fuerza, porque la opinión es una tremenda fuerza en Cuba y fuera de Cuba; la opinión pública es una fuerza formidable, y la Revolución Cubana, el Gobierno Revolucionario cubano, cuenta con un respaldo de opinión extraordinario en el mundo entero en este momento, principalmente en la América Latina.

La quieren debilitar y le quieren empezar a quitar fuerza, pero esa opinión pública mundial no debemos dejar nosotros que la confundan.  ¿Y qué pretexto toman?  Toman el pretexto de los criminales de guerra.  Resulta que en Estados Unidos llevan a la silla eléctrica a los criminales de guerra, cosa que nosotros no hacemos en época de paz, porque la Constitución prohíbe la pena de muerte en época de paz.  Estados Unidos, cuando se termina la guerra, va a Alemania con un derecho discutido, porque era una guerra de naciones donde hubo bombardeo a ciudades de parte y parte (APLAUSOS); porque si es verdad que bombardearon a Londres, es verdad que hubo bombardeos en Colonia, en Berlín, donde murieron 300 000 civiles, y todo el mundo lo sabe; porque si es verdad que bombardearon a Londres, es verdad que las bombas atómicas arrasaron ciudades enteras en Hiroshima, y de criminal a criminal de guerra no había nada (APLAUSOS).  Sin embargo, uno de los grupos que bombardeó se tomó el derecho de ir a juzgar a los jefes y a los mandatarios de la nación vencida.  ¿Por la democracia?  Bueno, no tanto, no tanto, porque nosotros hemos visto qué significa esa democracia, porque Trujillo, Batista, Somoza y compañía no son demócratas y al mundo se le dijo que aquello era una guerra por los derechos humanos y que los pueblos eran los que tenían que gobernarse a sí mismos, y eso no fue verdad, eso fue una mentira.  Luego, si se hizo en nombre de la democracia fue falso, porque después los cañones y los tanques fueron a ayudar a las dictaduras en América Latina y en otras partes.  La cuestión es que juzgaron a los alemanes.

Entonces, ¿qué resulta aquí?  No era esta una guerra entre naciones.  Si algún crimen es odioso es el crimen que cometió Caín.  La Biblia habla del crimen de Caín como el peor de los crímenes, porque fue el crimen de un hermano que mata a otros hermanos.  Si puede haber crimen odioso, bombardeo odioso, violaciones de derechos odiosas, son aquellas que se reciben no de un país extranjero, sino de hombres que han nacido en el mismo suelo que nosotros.  Por eso los criminales de guerra de la dictadura de Batista son mil veces más odiosos que los criminales de guerra si hubieran sido de un país enemigo donde mediaran odios de razas, distintos intereses.  Sin embargo, hubo criminales de guerra y hubo hombres, como Sosa Blanco —que lo vamos a juzgar ahí en el Anfiteatro de La Habana y en presencia del pueblo (APLAUSOS)—, que en una sola tarde asesinaron a 53 campesinos, ¡en una sola tarde!, en un lugar donde nunca habíamos estado los rebeldes, en revancha por una derrota que habían sufrido a pocos kilómetros de allí.

A una madre le mataron a los siete hijos y al esposo, y cualquiera que tenga el temor de perder un hijo podrá considerar y calcular lo que será el dolor de perder siete y perder al esposo.  Esos casos se dieron, ¡en una tarde!  Nadie protestó.  Y por aquella época seguían llegando balas, y tanques y bombas a la dictadura de Batista, y una misión militar americana daba clases en Colombia a los asesinos.  Esa es una verdad que no tenemos miedo a decirla, cueste lo que cueste (APLAUSOS).

Entonces, ¿qué ocurre?  Capturamos a una parte de los criminales de guerra, porque no pudimos capturarlos a todos, desgraciadamente; capturamos una parte considerable de hombres que todos han asesinado a dos, a tres.  No es que hayan asesinado, es que torturaban atrozmente, les arrancaban los ojos, destrozaban a los hombres; no es el número de los hombres que han muerto solamente, sino el número de los hombres que han recibido un golpe, un palo, una tortura.  Entonces, ¿qué hacemos?  Nosotros no los asesinamos en el cuartel, nosotros no los llevamos para una esquina oscura para darles un pistoletazo por la cabeza, no señor; lo que decimos:  “Es justo que estos hombres sean castigados.”  Se les sometió a la jurisdicción penal de guerra, las leyes que habían regido durante la guerra y los tribunales que habían regido durante la guerra, con juicio; porque para hacer lo que hacía Batista no hacían falta tribunales, ni hacer nada.  Entonces fueron detenidos, encarcelados, sometidos a Consejo de Guerra, con pruebas, y fusilados dentro de la ley.

Era imposible dejar a aquellos hombres vivos, porque todo el pueblo pedía castigo ejemplar, porque no hay nada que haga más daño a una sociedad que la impunidad, que la falta de justicia.  Los que no tuvieron piedad con millares de nuestros compatriotas, los que no tuvieron piedad con nuestras madres, con nuestros familiares, ¿por qué iban a esperar que se les perdonara?  ¿Qué se iba a hacer con aquellos hombres que habían llegado al extremo de barbarie y de crimen al que no llegaron ni siquiera los alemanes?, porque no un día, todos los días era la historia de seis o siete hombres asesinados.  Sencillamente se va a aplicar la justicia, porque lo primero que pide el pueblo en todos los mítines es castigo; no pide otra cosa que el castigo de los culpables.  El pueblo en esto es más radical que nosotros, nosotros miramos las cosas con más calma, pero el pueblo pide como una necesidad elemental que los criminales de guerra sean castigados (APLAUSOS).

Y entonces se desata la campaña de propaganda contra la Revolución Cubana:  que si somos incivilizados, que si estamos vengándonos de los enemigos, que si estamos fusilando a los batistianos.  ¿Quién dice?  Si fuéramos a fusilar a los batistianos la verdad es que habría unos cuantos fusilados en la república, porque eran más de 10 000 o de 20 000 afiliados. Incluso hubo mucha gente que hasta de buena fe se afilió, mucha gente, porque creía que hacía falta; equivocadamente, en la desesperación por buscar una solución, el pueblo casi creía hasta en un dictador, y ese es el caso.  Pero dicen que estamos fusilando a los batistianos, que no se someten a juicio, toda una propaganda, ¿para qué?  Para pintar ante el mundo a la Revolución Cubana como una revolución incivilizada; a nosotros, que tenemos el antecedente que no tiene ningún ejército del mundo:  el no haber asesinado a un solo prisionero de guerra, el no haber dejado abandonado a un solo herido en los campos de batalla, el no haberle dado un golpe ni al peor confidente para extraerle una noticia.

Yo reto a los detractores de la Revolución Cubana a que busquen un solo caso en toda la historia universal en que se haya librado una guerra más civilizada que esta.  ¡Ah!, pero, ¿qué querían?  ¿Que soltáramos a los que asesinaron a 20, a 30, a 40 y a 50?  ¿Para qué?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!” Y APLAUSOS).

Entonces lanzan la campaña de calumnias contra la Revolución.  Campaña, sí, parte pagada, pero parte con todo el propósito de desacreditar a la Revolución Cubana, porque saben que es de verdad.  Aquí no hay manera de influir en los destinos del país, como no sea de acuerdo con los intereses del país.  Aquí lo único que regirá el futuro de Cuba es el interés de Cuba (APLAUSOS).

Nos defenderemos de la calumnia e iremos a hablarle a la opinión pública de Estados Unidos, iremos a hablarle, porque la opinión pública de Estados Unidos tiene que comprender esta verdad.  ¿No se habla de democracia?  Pues no hay país en este momento más demócrata en el mundo que Cuba.  ¿No se habla de libertades?  Pues no hay país en este momento más libre en el mundo que Cuba; no hay país donde haya más paz, más seguridad en sus derechos, más confianza, derecho de reunirse, de hablar, de escribir, de salir; se acabaron las torturas, se acabaron todo tipo de violaciones de derechos.

Hemos tenido incluso que tomar medidas contra compañeros que han participado en veinte batallas, sencillamente, por violar un derecho.  ¿En qué país del mundo ha pasado eso?  Y si de democracia se trata, este es el país más demócrata del mundo.  Si de libertad se trata, este es el país más libre del mundo.  Creo que somos en este momento en América los verdaderos y los genuinos representantes de las libertades humanas y de la democracia (APLAUSOS).

Hay que hablarle a la opinión pública norteamericana para que esté con nosotros.  Nuestra fuerza no está en las armas, nuestra fuerza está en la opinión pública nacional e internacional.

¿Nos atacan?  ¡Vamos a defendernos!  Aquí están los Clubes Rotarios, ahí están las miles de asociaciones de Clubes Rotarios.  El rotarismo cubano le puede prestar un extraordinario servicio a la patria, escribiéndoles a los rotarios de todo el mundo.  Invitamos a los representantes de los Clubes Rotarios en todo el mundo a que vengan a ver lo que está pasando en Cuba, y cómo se gobierna en Cuba (APLAUSOS).  Y no solamente de los rotarios, sino a los representantes de otras instituciones cívicas y culturales iguales a los rotarios, que vengan, porque nosotros nos sometemos al juicio de la opinión pública, no tenemos nada que ocultar; que vengan para que vean, que vengan para que la mentira no prospere.

Vamos a llamar a la prensa internacional, que venga, porque aquí no hay censura, no estamos en la época de Batista, se puede escribir, lo que no se puede es engañar a nadie cuando hay libertad para que todo el mundo conozca la verdad, cuando hay libertad para que todo el mundo observe y cuando hay libertad para que todo el mundo escriba.  Que venga la prensa del mundo entero a ver lo que está pasando aquí, a ver si somos civilizados o no, y que venga la prensa de todo el mundo para que vea los montones de cadáveres, las fosas que encierran los huesos de cientos y de miles de nuestros compatriotas, para que escriban la historia de la tiranía y la historia de la Revolución, porque nos sometemos al veredicto público, nos sometemos a la vigilancia pública, nos sometemos al juicio de la opinión pública.

¡Ah!  ¿Qué nos dicen?  ¿Que sometamos a los tribunales ordinarios a los criminales de guerra?  ¿Y qué tribunales ordinarios hay en Cuba?  ¡Si la dictadura no dejó tribunales de ninguna clase!  ¿O es que los vamos a llevar a los Tribunales de Urgencia, al Tribunal Supremo, al Tribunal de Cuentas y a todos aquellos tribunales que eran cómplices de la dictadura en general, salvando las excepciones honrosas?  (APLAUSOS.)  No hay tribunales ordinarios, no los hay, y no se crean tampoco en 5 días, ni en 20 días, ni en 40 días.  Si se quieren escoger jueces capacitados y escogerlos por oposición, como deben escogerse, pues nos estamos cinco meses, seis, hasta terminar y tener un poder judicial.  ¿Y vamos a esperar eso para juzgar a esos señores?  No, si este es un problema que todo el mundo pide que se resuelva cuanto antes, señores, que se castiguen cuanto antes (APLAUSOS).  Si es cruel, es cruel tenerlos aquí esperando; ya se sabe el castigo que les toca a los criminales de guerra.  Cuanto antes mejor, y se recupera la paz y se olvida todo eso, y se acabó, y sigue el pueblo adelante.  Lo que este es un lastre que tiene atrás, porque no los vamos a soltar, señores, no puede ser, no los podemos perdonar.  Y, además, para una cosa, para que nosotros aprendamos, para que aprenda todo el mundo lo que se hace con los criminales de guerra, porque esa es una lección para todo el mundo, un ejemplo, porque lo que queremos es que no vuelva a ocurrir jamás lo que ha ocurrido, y el mal hay que arrancarlo de raíz.

Cuando la Guerra de Independencia, los voluntarios se quedaron, y estos chivatos y esbirros de hoy son los hijos de los voluntarios de aquella época.  La mala semilla que nadie arrancó de raíz, como esta vez se arrancará de raíz, y en justicia.  Pueden tener la seguridad de que no caerá nadie de quien no se tenga la absoluta seguridad, y que es preferible, como reza un principio de la justicia, que algunos culpables se queden sin castigo antes de que sea castigado un inocente.  Aquí no habrá un solo inocente castigado (APLAUSOS).

Ese es uno de los problemas que en estos momentos confronta la Revolución:  defenderse contra la campaña calumniosa de los enemigos de la Revolución Cubana, de los que no hablaron ni escribieron una palabra, cuando aquí aparecían los racimos de cadáveres asesinados en las calles de La Habana, lo que estuvo ocurriendo durante muchos años, cuando nuestras mujeres eran violadas, cuando nuestros compañeros eran asesinados.  Todo el mundo sabe que allá en Marianao, en una noche, aparecieron cerca de 90 muertos, y nadie se enteró, nadie escribió una palabra contra aquellos bárbaros que hacían tales cosas, y cuando llega el momento de castigar a los bárbaros, ¡ah!, no se condolieron de todo un pueblo masacrado durante tantos años y se conduelen de los asesinos, de los verdugos, de los criminales.  Estas son las cosas que tiene que tener bien claras y bien sabidas el pueblo de Cuba.

Hay intrigas de todas clases, intriga en la prensa internacional.  Ahora mismo me pasan un cable, y sí, efectivamente, esta mañana se estaba hablando de este problema; hubo una revista de Estados Unidos que dijo que la intervención no era cosa del pasado por completo, y casi llegaba a insinuar que podían intervenir aquí.  Yo digo que aquí no puede intervenir nadie (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”), que aquí no puede intervenir nadie, porque la soberanía no es una gracia que nos conceda nadie, sino un derecho que nos corresponde como pueblo.  Y la revista decía que la intervención no era cosa del pasado; y yo digo que sí es cosa del pasado (APLAUSOS).

Digo, en primer lugar, que no creo que jamás se cometa por un país poderoso como Estados Unidos el disparate de intervenir en Cuba.  No creo que lo haga, yo tengo casi la seguridad de que no lo haga, aunque uno no sabe, a última hora, quién predomina allí, pero es que la opinión pública en Estados Unidos influye mucho.  Desde luego, hay que mirar con preocupación el hecho de que traten de pintarnos ante la opinión pública norteamericana como una tribu salvaje viviendo al lado de Estados Unidos.  Yo dije, naturalmente, una frase —sí, la dije, pero no como para que saliera en los cables, porque había un grupito, pero como hay deseos de intrigar, sale, y aquí una agencia internacional de cables publicó la noticia.  También ustedes recuerdan que una vez publicaron que a mí me habían matado cuando desembarqué, ustedes recuerdan—, lo que yo dije en la conversación, es lo siguiente:  Que aquí no había intervención y, además, que si había intervención nos defenderíamos.  Y dije que si mandan a desembarcar a los marinos habría 200 000 muertos en las calles de Cuba.

Lo dije, sí, que iban a morir 200 000 norteamericanos, si desembarcaban aquí; lo dije.  No lo dije con ánimo de sembrar la hostilidad en Estados Unidos, no lo dije con ánimo de levantar la tensión, no lo dije con ánimo de producir una declaración insolente.  Lo dije en un grupo, no lo dije para la prensa; pero vino una agencia y escribió.  La Associated Press pone en boca suya las palabras que yo dije al salir del Habana Hilton hoy, y dice:  “Si mandan a desembarcar marinos, habrá 200 000 gringos muertos en las calles de Cuba” (RISAS).  No fue una declaración para la prensa, porque yo no hubiera dado esa declaración a la prensa, porque no voy a estar en plan de estar pintándome aquí en actitud retante, insolente y retadora, no.  Yo me atrinchero, en mis derechos, me atrinchero en la razón humildemente, si se quiere, modestamente; si se quiere, nos atrincheramos y defendemos la patria, atrincherados, sin amenazas y sin insolencias (APLAUSOS).

Declaraciones agresivas no.  Yo a la prensa no le hubiera dado esas declaraciones.  Lo dije allí en un grupo de cinco o seis, no lo dije en una tribuna, no lo dije en un mitin.  Sin embargo, fueron a publicarla.  ¿Para qué?  Para pintarme en plan también de agresión, de insolencia, de reto, en plan de individuo que está desaforado, que ha perdido los estribos.  Es la mala intención.  Me enseñan porque, ya les digo, somos nuevos y tenemos que aprender.  Ya no abriré la boca ni aunque tenga tres delante (APLAUSOS).  Una lección más.  Sí lo dije, lo que no lo dije con esa intención de retar, lo dije ante un grupo, como habla uno ante un grupo y a veces se desahoga.  Precisamente se desahoga uno ante un grupo pequeño para no desahogarse ante un grupo grande; se desahoga uno ante un grupo pequeño para no decir algo que salga divulgado.  Y yo creo que esa noticia no se debió haber divulgado.  Hay libertad, la pueden divulgar, los que lo hicieron tienen garantizado todo y si quieren una escolta para que los cuiden allí, se la pongo, porque esa es libertad; pero, honradamente, si se quiere ayudar a la Revolución, es peligroso dar este tipo de noticia.  Es peligroso, porque tienden a crear confusión.

Por lo demás, reitero una sola cosa, y es lo siguiente:  No va a ocurrir nada, por supuesto; todos estos problemas se irán resolviendo.  Tranquilamente, nadie ha amenazado, yo lo que sí me preocupo, naturalmente, por la campaña de propaganda que se ha hecho, porque hay que salirle al paso a tiempo.

También el día primero de enero Cantillo quiso apoderarse del mando y poner un presidente.  Nos preocupamos y a tiempo adoptamos las medidas necesarias para que por la noche no estuvieran ahí.  De la misma manera, frente a esta campaña que se está haciendo, nos defenderemos; hablamos con los rotarios, hablamos con la prensa, tocamos a todas las puertas, y les decimos:  El problema es este; se está organizando una campaña que no tiene fundamento y que tiende a desacreditar al pueblo de Cuba injustamente, sencillamente, ante un problema de unos criminales que todo el pueblo quiere que se castiguen y que todo el pueblo quiere que se les aplique la pena que les corresponde, y que no hay tribunales ordinarios porque todos están desarticulados, hay que hacerlo a través de los Tribunales de Guerra.  ¿Qué otra cosa se puede hacer, señores?  Lo que nosotros no hacemos es ir a darles un pistoletazo; lo que nosotros no hacemos es ir a asesinarlos.  Entre la justicia y el crimen hay una gran diferencia.  Nosotros lo afrontamos públicamente y decimos:  “Al fusilado tal, se le ha ajusticiado por esto”, no andamos ocultándolo al pueblo, porque quien actúa con limpieza y con justicia no tiene que ocultar absolutamente nada.

(Del público le dicen que explique el funcionamiento de los tribunales de guerra.)

Pero si incluso se sacó una película donde aparecieron los juicios, que la ha visto el pueblo.  Precisamente por el exceso de trabajo no pudimos hacer una cosa que era importante:  prohibir que se tomaran fotografías de las ejecuciones —como se prohíbe en Estados Unidos que se tomen fotografías—, por la siguiente razón:  hay que distinguir entre la opinión nacional y la internacional.  Ya se han dado órdenes de que no se tomen fotografías ni películas de las ejecuciones.  ¿Por qué?  Por una cuestión psicológica.  Cuando aquí se fusila a un Olayón, por ejemplo, todo el mundo sabe quién era, todo el mundo lo veía con desprecio, y cuando lo ve caer, ve caer al criminal.  Los que no están enterados, los que no saben las cosas que hizo Olayón, nunca les pasó Olayón por el lado, ni estuvieron a merced de Olayón, allá, lejos de Cuba, no ven al criminal, sino al ser humano que se desploma, y ven el espectáculo de un ser humano desplomándose, no ven un criminal; por lo tanto, si bien en la opinión pública nuestra no habría inconveniente en enseñar la fotografía, sí lo hay desde el punto de vista internacional, porque aquellos no han vivido lo que hemos vivido nosotros.

La idea es:  sí, es un criminal, pero nunca les pasó por el lado, ni estuvieron a merced de él, ni las vidas de sus hijos ni de su mujer estuvieron expuestas a que cayeran bajo las garras de aquel criminal.  Así que es por una cuestión simplemente psicológica; pero los nombres y los juicios sí.

Y vamos a hacer los juicios en el Anfiteatro de La Habana.  Hemos mandado a buscar a las viudas, los hijos y las mujeres de los campesinos que asesinó Sosa Blanco, Grau, Suárez Suquet.

Ustedes oyeron hablar de aquel grupo de prisioneros rebeldes heridos que fueron asesinados en el camino que va a Santa Cruz del Sur.  ¿Quién los asesinó?  Pues el que los asesinó cayó, le tocó responder ante la justicia, y les traeremos los testigos para que se pruebe.  Y haremos los juicios de esos casos connotados, para que se saque, para que se tome testimonio gráfico de cómo se está aplicando la justicia, porque yo les aseguro que no se ha cometido una sola injusticia.  Además, que vayan a las prisiones a ver si algunos de esos hombres han sido torturados para que declaren, si algunos de esos hombres han sido golpeados para que declaren.  Con tanto odio como el que les tenía el pueblo, y ninguno recibió un golpe.  Eso sí es lo que debe destacarse, sobre eso es lo que hay que escribir, que será un ejemplo sin paralelo en la historia de las guerras y de las revoluciones.

Y el que apliquemos la justicia, sí, y deben elogiarlo, porque sin justicia no puede haber paz.  Si no se castiga hoy a los criminales, tendremos la venganza dentro de 10 o dentro de 15 años, tendremos el gangsterismo, porque entonces vendrán los compañeros de los muertos y dirán:  Este está vivo, míralo por la calle, lo voy a matar, porque no hubo justicia en el país.  Y siempre se dijo que no habría venganza en el futuro, porque habría justicia.  Lo que se está haciendo, precisamente, es la justicia; porque nadie, ningún familiar de alguien que haya asesinado a 15 o a 20, se siente con fuerza moral para vengar aquel castigo, porque en su fuero interno, aunque le duela, porque sea un ser querido, porque sea un amigo, sabe que era lo que merecía, porque él no tuvo piedad para los demás, porque él fue un hombre que abusó del poder, abusó de la fuerza, y después tendría que atenerse al castigo, y no deja rastro ninguno de odio.  Lo que sí deja odio es el crimen injustificado y el crimen impune y, precisamente, para que el día de mañana no haya venganza, se está haciendo justicia, y la Revolución no tiene otra alternativa que hacer lo que está haciendo.

Yo les decía que nuestros problemas los resolveríamos, porque estamos actuando rectamente.  Los derechos de nuestro pueblo habrá que respetarlos.  ¿Por qué?  Porque los derechos hay que respetarlos, sencillamente, y porque los sabemos defender con la palabra, con la razón, con los argumentos.  Si nada de eso valiera y un día se empleara la fuerza contra nosotros, ¡ah!, tengan la seguridad de que aquí pelean hasta las mujeres, los niños, los hombres, los jóvenes; y si nos viéramos un día ante esa trágica situación —que no nos veremos, tengan la seguridad de que no nos veremos—, si algún día se agrediera a la República de Cuba, el pueblo se defendería, porque nosotros seríamos los primeros que estaríamos aquí defendiendo al pueblo.  Eso es lo que yo he dicho.

No quiero hacer declaraciones alarmantes contra nadie, pero digo que si una revista se toma el derecho de decir que no es cosa del pasado la intervención y la deja entrever, yo digo también que si hay intervención, hay resistencia a toda costa aquí, y una resistencia larga y una resistencia invencible (APLAUSOS).

Se trata, sencillamente, de salirles al paso a tiempo a esas intrigas, salirles al paso a todas esas intrigas a tiempo, porque más vale prever, precaver, que tener que lamentar.  Nos callamos la boca y entonces sigue la campaña.  Hay que defenderse con la propaganda, con la razón y más nada; nadie se preocupe de nada más.  Aquí seguiremos en paz y seguiremos haciendo nuestra Revolución.  Los intereses de unas cuantas compañías no valen más que los intereses de Estados Unidos ni el prestigio de ese país que tendrá que velar por su prestigio, ni valen más que los intereses del pueblo de Cuba; al contrario, deseamos las mejores relaciones con Estados Unidos.  Buenas relaciones sí, sometimiento no (APLAUSOS).

Es curioso que nos encontramos infinidad de turistas norteamericanos en la calle y nos felicitan (RISAS), están de acuerdo con nosotros, ven lo que pasa aquí.  Y seguimos invitando a los turistas norteamericanos, y del Canadá, y de Europa y de todas partes.  Vale la pena que vengan a conocer este pueblo nuevo, este pueblo feliz, este pueblo que está luchando por mejorar su destino, este pueblo que vive en paz, un pueblo donde no hay ni policías —creo que es el único— y donde los boyscout van a cuidar el tránsito (RISAS Y APLAUSOS).  Vale la pena que vengan los turistas a presenciar este espectáculo, que no se ha dado en ninguna otra parte del mundo, por la sencilla razón —lo creo honradamente— de que no hay otro pueblo en el mundo como el pueblo cubano, ni otro país más rico en el mundo que la nación cubana.  Luego, nosotros tenemos derecho a un gran destino, que no es el de dominar a nadie, ni el de avasallar a nadie, ni el de tener poder, sino a crear aquí las condiciones necesarias para que sea feliz nuestro pueblo.

Alguien dijo que cada cual tiene el gobierno que se merece; yo no lo creo, porque nosotros hemos tenido gobiernos que no nos los merecíamos.  Pero si vamos a tener el gobierno que nos merecemos, lo vamos a tener de verdad; no el de nosotros, no, el presidente Manuel Urrutia es el presidente de los cubanos un tiempo (APLAUSOS).  ¿Que nos llevamos bien los revolucionarios con nuestro Presidente?  Sí, y tiene su explicación:  es un hombre recto, un hombre capaz, un hombre inteligente, y, además, porque nosotros somos antes que nada civilistas (APLAUSOS), somos hombres desinteresados, que ponemos nuestras armas incondicionalmente a las órdenes del poder civil de la república (APLAUSOS).  Por lo tanto, está garantizada la permanencia en el poder del Presidente Provisional de la República.  Esto no será como en 1933, que estaba uno tres días, otro 24 horas; aquí seguirá el magistrado Urrutia de presidente de la república hasta que haya un gobierno producto de la elección, de la voluntad del pueblo.

Nosotros no tenemos interés en posponer las elecciones, no; el interés de posponer las elecciones lo tienen los grupos que dan un golpe de Estado, no tienen pueblo y se ponen a hacer milagros para ver cómo ganan votos.  Pero para nosotros, que desde el momento que hemos triunfado tenemos el respaldo unánime del pueblo, si mañana fueran las elecciones, ya sería presidente el que se postule por cuatro años.  Si es dentro de un año también.

¿Qué interés podemos tener en prolongar la provisionalidad?  El tiempo mínimo necesario, ese es el criterio, para que se reorganice la república, que se hagan toda una serie de medidas que hay que hacer, que se restablezca la paz, y para que todo el mundo trabaje ahora.  Porque tiempo para discutir, polemizar y atacarnos públicamente, para todo eso hay tiempo más adelante, sobrará tiempo para todas esas cosas.  Ahora lo que interesa es trabajar, ahora todo el mundo gobierna.

Es bien sencillo, y les voy a explicar que no es una declaración demagógica:  si hay una medida mala, llega el presidente del Club de Leones, del Club Rotario, de los Masones, de los Católicos, de cualquier sector social, los trabajadores, los empresarios, cualquiera, tiene acceso al Presidente de la República y se lo plantea, y le dice y le da sus opiniones, lo que está bien, lo que está mal, y se le va a oír.  Hay periódicos, estaciones de radio, de televisión, todo el mundo puede hablar; pero es que no hay necesidad de ir allí cuando se puede ir directamente a plantearlo.  ¡Ah!, ¿que hay divergencias de criterios?  Vamos a discutirlo en una mesa redonda.  Esta medida proclama un sector que es buena y el gobierno cree que no, bueno, vamos a reunir a todas las capacidades en la materia y a discutir sobre ese particular en una mesa redonda para que el pueblo se informe y el pueblo conozca, porque, además, el pueblo, para dar su opinión, tiene que estar informado.

Y aunque el pueblo sabe mucho —porque la verdad es que sabe de todo— y aquí lo mismo el conductor del ómnibus que montamos, que el chofer, que el que vende frutas en las calles, que el que vende periódicos, todo el mundo sabe de política y sabe lo que hay que hacer, además, hay ciertos problemas en los que se necesita mayor información, y el pueblo debe estar informado para que tenga opinión.

Si se deja al pueblo opinar, la mayoría del pueblo siempre opina bien.  No es que los pueblos no se equivoquen, los pueblos se equivocan cuando les informan mal y los engañan.  ¡Ah!, pero si al pueblo le informan bien, no se equivoca porque es inteligente.  Además, porque aquí nadie es genio.  No es que se trate de que los miembros del Gabinete sean genio.  No señor, los miembros del Gabinete son personas igual que ustedes, igualitas en sentimiento, igualitas en capacidad.  Como si a cualquiera de ustedes de repente le dicen:  Usted va a ser ministro de tal cosa.  Igual.  Porque aquí había muchas personas capacitadas, pero había que escoger a algunas.  Si no es bueno, ¿saben lo que pasa?  El Presidente, con toda seguridad, lo sustituye por otro, con toda seguridad (APLAUSOS).

¿Por qué puede hacer eso?  Porque es presidente provisional sin condiciones —nadie le ha puesto condiciones— y escoge libremente a sus funcionarios.  Y si aciertan, los respalda, y si no aciertan, con toda seguridad que no los respalda, porque no tiene compromisos políticos, ni de partidos políticos.  No tiene más que un compromiso y es con el pueblo de Cuba, que es el compromiso que tenemos todos.  Sabemos cuál es su ilusión, la de él, la de sus hijos y la de sus amigos:  consagrar su nombre mediante una obra grande ante el pueblo de Cuba, ser fiel a la confianza que el pueblo le ha puesto.  Cuando los hombres asumen los cargos con esa idea no pueden fracasar; él sabe que, aunque dure un año, un año y medio, dos años, su provisionalidad, quien sea el primer presidente completo que tenga la república, moralmente seguirá siendo presidente de Cuba siempre, y dondequiera que vaya lo aplaudirán, lo acatarán y lo respetarán (APLAUSOS).

¿Y a qué mayor gloria puede aspirar un ciudadano?  Ciudadanos, eso son los ministros, ciudadanos ministros, que pueden seguir siendo ciudadanos honrados, pasear por las calles sin que nadie los señale con el dedo, sin que nadie diga:  “Ahí va un ladrón” (Del público le dicen que sin escoltas).  ¿Escoltas?  ¿Para qué escoltas?  (APLAUSOS.)  Absolutamente libres y, además, al acceso del pueblo.  Antes, ver a un presidente era un fenómeno, era imposible.  Al Presidente se lo encuentran por la calle, tranquilamente, cualquiera lo puede ver.  Los funcionarios están al alcance de todo el mundo, ya no hay personajes, ya no hay aquella separación entre el pueblo y sus mandatarios, si no es ningún bicho raro el que ocupe un cargo importante.  Por lo tanto, aquel divorcio, todo aquello ha desaparecido.

¿Que corremos riesgos?  ¡Ah!, bueno, pero para eso estamos aquí, no vamos a venir ahora a ponernos en una caja de caudales nosotros para protegernos.  Sería una cosa absurda.  Los riesgos, sí, son los que tenemos que correr, ¡qué vamos a hacer!, esa es nuestra misión, nuestro destino.  También un médico, cuando va a operar o cuando va a atender un enfermo, corre el riesgo de contagiarse, y cuando hay una epidemia de cualquier índole, la viruela, el tifus, o la peste, los médicos van corriendo el riesgo de morirse o de enfermarse también.  Tenemos que cumplir nuestras obligaciones corriendo todos los riesgos, no nos queda otro remedio.  Además, por una cosa que les voy a decir, es que a la Revolución no la aguanta nadie.  Los que crean que suprimiendo a alguno aquí suprimen a la Revolución, están equivocados; van a unir más al pueblo si lo amenazan.  Y si suprimen aquí a un líder revolucionario, lo que van es a despertar más el deseo del pueblo, la indignación del pueblo y el propósito del pueblo de seguir adelante.  No le van a hacer ningún daño.

También creían los esbirros que matando aplastaban la idea de la libertad, que asesinando de día y de noche a todo el mundo debilitaban la Revolución, y la Revolución se hacía más fuerte.  Si son tan estúpidos que creen que matando van a debilitar la Revolución, se van a encontrar con que la Revolución se va a volver más radical y se van a encontrar con que la Revolución se va a volver más fuerte, porque esto, señores, no hay quien le dé marcha atrás.  Esto ni con bombas atómicas retrocede (APLAUSOS).

Y lo bonito es que todo el mundo está claro, todo el mundo conoce los problemas, sabe lo que hay, que hay una Revolución, lo que estamos haciendo; todo el mundo sabe lo que quiere, sabe hacia dónde vamos y cómo vamos; todo el mundo está informado, para eso hay libertad de prensa.  Porque conforme a la dictadura la prensa no le conviene porque le estorba, a un gobierno honrado y a un gobierno democrático la prensa le conviene porque lo mantiene en constante contacto con la opinión pública.

La fuerza de un gobierno no está en las armas.  Somos fuertes ahora los revolucionarios no porque tengamos todos los tanques cometa ingleses, los Sherman, los aviones ingleses y todas esas demás cosas; somos fuertes no porque tengamos miles y miles de armas; no, somos fuertes, realmente fuertes, porque contamos con la opinión pública del país que es un arma más poderosa que ninguna otra, porque nosotros hemos triunfado en esta guerra con la opinión pública del país.  Y ahora que hemos triunfado no vamos a hacernos fuertes en las armas, vamos a hacernos fuertes en la opinión pública, que es nuestra arma:  la opinión pública de Cuba y la del mundo (APLAUSOS).

Otra cosa:  en la opinión pública es donde nosotros tenemos que buscar nuestra fuerza, no solo dentro, sino también fuera.  Nosotros no tenemos acceso a los fusiles de Estados Unidos, ni a los fusiles de Brasil, ni a los de Venezuela; no, nosotros nunca podremos ni acercarnos a un tanque de cualquiera de esos países.  Pero, en cambio, en esos países hay opinión pública, y nosotros podemos acercarnos y ganarnos la opinión pública de esos países (APLAUSOS).  Luego, nuestra fuerza no está en las armas, hay que estar muy claros; nuestra fuerza está en la opinión pública, dentro y fuera del país.

Y cuando contemos con una sólida opinión pública en toda la América, que debemos ganarla, sostenerla y defenderla, ¡defenderla sobre todo contra las calumnias!, seremos fuertes, seremos invencibles y no habrá que disparar nunca un tiro.  Si tenemos la opinión pública no habrá aquí nada, ni agresión, ni intervenciones ni nada.  Por eso hay que defender la opinión pública, porque la batalla hay que darla en el campo de la prensa, la batalla hay que darla en el campo de la razón, de la moral y de la conducta.  Actuemos rectamente y tendremos el respaldo del pueblo, dentro y fuera, porque los pueblos de América están viendo cómo lo hacemos nosotros, y tienen deseos de que triunfemos para ver si también ellos algún día obtienen todas las cosas que está obteniendo el pueblo cubano.

Así que hemos venido hoy a hablar de estas cosas, hemos venido a hablar de esto.

En Santo Domingo (APLAUSOS) hay un pueblo noble y bueno como el cubano, que ha tenido la desgracia de padecer a un Trujillo durante 26 ó 27 años —nosotros, que sabemos lo que es Batista siete años, podemos comprender perfectamente lo que es Trujillo 27 años—, y hasta allí tiene que haber llegado también el aliento de la Revolución Cubana.  Porque antes se decía que era imposible luchar contra un dictador y su ejército moderno, y los dominicanos deben estar pensando ahora que fue posible luchar contra un dictador y contra su ejército moderno (DEL PUBLICO LE DICEN:  “¡Vamos para allá!”).  Ir para allá no, porque no hace falta.  Los dominicanos solos, absolutamente solos, van a derrocar la tiranía de Trujillo, como van a derrocar los nicaragüenses la dictadura de Nicaragua.  Y desde luego, con nosotros tienen alguna deuda pendiente, y son las armas que le mandaron al dictador Batista.  Los dos tenían que ayudarse, eso era lógico; tanto ayudó Trujillo como ayudó Somoza, y le vendieron armas, ¡y le vendieron armas!

Nosotros podríamos decir que tenemos también el mismo derecho a venderles armas a los exiliados dominicanos.  No quiere decir que lo vayamos a hacer, no.  Nosotros las cosas las hacemos, no las decimos (APLAUSOS).  Y el problema es que aquí no es cuestión de palabras, hay una fe, hay un impulso en los pueblos oprimidos, la América despierta, la América se levanta.  Los dictadores caerán, porque no les queda más remedio que caer; como castillos de naipes se destruirán las dictaduras solas, porque el problema es que no necesitan que nosotros intervengamos, no hace falta.

Aquí, sí, aquí tendrán una patria, todos los perseguidos políticos de las dictaduras tendrán aquí una patria y no nos contentaremos con darles visas:  si tienen hambre, les damos comida; si necesitan ayuda, se la damos.  ¿Por qué no?  ¿No nos hubiera gustado a nosotros que a los hermanos que estaban exiliados les hubieran resuelto su problema económico?  Los podemos ayudar; del dinero que antes se robaban, bien puede destinarse una pequeña parte a ayudar a los exiliados de estos países (APLAUSOS), lo que, desde luego, sí es preciso advertir algunas cosas.  Hay en Santo Domingo algunos aviones que son cubanos, los ladrones se los llevaron y están allí, no los han devuelto.  Además, en Santo Domingo están conspirando —cosa de locos, porque ponerse a conspirar contra el pueblo es una cosa absurda—, pero de todas maneras parece que ellos se creyeron que en Cuba iba a venir el desbarajuste, el caos, ellos creían que esto iba a ser un desastre y que a los pocos días iban a estar aquí desesperados llamando a cualquiera.  Se han encontrado con que empezaron a conspirar antes de que se acabara de consolidar el gobierno y, desde luego, tienen que ver lo que ha sido esto:  una cosa tan extraordinaria, tan maravillosa, un modelo de paz, de orden, de seguridad, de confianza que es lo que es la nación en estos momentos; que todo el mundo, todas las actividades económicas y culturales de Cuba se están iniciando normalmente y con una confianza que promete grandes ventajas al país.  Pero ellos creyeron que no.  Hombres soberbios, hombres providenciales, pensaban que la gente nueva, que no había sido ministro ni presidente ni nada, pues iba a ser un desastre; que los únicos que sabían de estas cosas eran ellos, y que un pueblo no se puede gobernar si no es a palos, a tiros o a fuerza de cárcel.  Y vinimos nosotros y nada de eso, abolido todo eso; y el pueblo, con su buena voluntad, con sus sentimientos nobles, con su deseo de colaborar, con su fe en el porvenir, es el que ha establecido aquí el orden, la paz y la tranquilidad para todo el mundo.  Ellos se han encontrado eso, pero ya estaban conspirando y no se resignarán.

Todo tipo de actividades y de provocaciones hay que esperarlas, por eso es lamentable que se hayan escapado.  Pero no importa, yo digo que siempre se necesita un enemigo, para estar en guardia, para mantener a los hombres en estado de alerta, de entusiasmo.  Si nos quedamos sin enemigos estamos fracasados, porque empieza todo el mundo a olvidarse, a descuidarse, a relajarse la disciplina, el ideal.  No.  Necesitamos que siempre haya un peligro delante para sentir el estímulo del peligro.  Así que en vez de hacernos un mal conspirando, nos están haciendo un bien.

¿Y Trujillo qué, se va a poner ahora a conspirar contra nosotros?  ¿Se va a poner a provocar al pueblo de Cuba?  No le veo las ganancias de ninguna manera, porque el pueblo de Cuba es fuerte ahora no por sus armas, desde luego, sino por su moral, por su prestigio.  Es fuerte Cuba ahora por el ejemplo que les ha dado a otros pueblos.  Ese ejemplo de nuestra victoria tiene que estar alentando ahora a millones de corazones, porque no se sabe lo que vale un ejemplo.  Vale más que nada.

Difícil era que alguien creyera en la posibilidad del triunfo de la Revolución.  Casi nadie creía; simpatizaban con los que estaban allí sacrificándose, pero no había fe.  Había deseos de que triunfaran, pero no había fe, que son dos cosas muy distintas.  Analice cada cual, vuelvan atrás, retrospectivamente, y analicen los días aquellos del 2 de diciembre, cuando nos “eliminaron”, cuando vinieron las tropas para La Habana, “ya todo se acabó”.  ¿Quién creía que iba a triunfar la Revolución?  Lloraban algunos, se lamentaban otros, les daba pena a otros, pero no creían, ¿verdad?

El 9 de abril se vuelve otra vez a perder la fe, y lanzan una ofensiva tremenda contra nosotros, y nosotros nos atrincheramos allá en la Sierra Maestra, en espera de la ofensiva.  Y allí una vez más, conscientemente de que había que derrotar al enemigo y librar una batalla, se volvió a librar.  O sea, que muchas veces, incluso, la fe se perdió.  Y, al final, hasta una huelga hubo, que ayudó; porque no fue solo el esfuerzo de los combatientes y de las columnas, sino fue también el esfuerzo del pueblo.  Precisamente, la huelga es lo que hace que la victoria sea completa, de lo contrario, pudo no haber sido completa la victoria.  Pero el pueblo la convierte con su huelga, en una victoria completa:  la victoria de la Revolución:  paralizado todo, asustado todo el mundo, desarmado todo el mundo, ante el pueblo rebelde (APLAUSOS).

El pueblo de Cuba es fuerte por su ejemplo.  Porque yo decía que antes porque no había fe; ahora, si hubiera habido fe desde el principio, si hubiera habido la seguridad de que se obtendría la victoria, ¿no la hubiéramos logrado mucho antes?  Si los soldados hubieran sabido que iban a perder de todas maneras, ¿no se hubiera sumado a la Revolución la mayor parte?

Bueno, ¿pues qué va a pasar en Santo Domingo?  Es que ya saben los dominicanos que o se va Trujillo de allí o los dominicanos lo derrotan.  Es una cosa elemental.  ¿Y si tienen esos problemas, no nos van a devolver nuestros aviones?  Nosotros, por las buenas, se los pedimos.  Allí hay aviones que se robaron de aquí, que pertenecen a la nación cubana, y hay que devolverlos.  Si no los devuelven, ¿quiere decir eso que nosotros los vamos a agredir?  No, de ninguna manera.  Vamos a protestar aquí, por la prensa, en la Organización de Estados Americanos, en la ONU, en todas partes del mundo.  Y vamos a protestar constantemente.

Así que ese es el problema de nuestras relaciones con los demás pueblos.  Nuestra simpatía absoluta para todos los demócratas de América, nuestra simpatía sincera y nuestra adhesión con todos los perseguidos políticos; nuestra solidaridad con todos los pueblos que se han liberado de la dictadura y nuestro deseo ferviente de que los que aún quedan bajo las botas de un tirano se liberen.  Esa será nuestra política.  Nunca agrediremos a nadie, absolutamente; pero, naturalmente, tampoco soportaremos agresiones de nadie.  Esa será nuestra política.

Aquí podrán vivir, al amparo del Gobierno Revolucionario, en paz, todos los perseguidos políticos.  Yo sé que el pueblo quiere más, porque voy a los actos y voy dondequiera y de veras que lo que el pueblo quiere es más que todo eso.  Y frente a eso, nosotros lo que decimos es que estas son cuestiones muy delicadas de política internacional, en que no se pueden hacer pronunciamientos que no se ajusten a las reservas y al cuidado que debe tener todo pronunciamiento que se haga desde el gobierno.  Calculen que si no nos viéramos ahora con estas responsabilidades, iríamos a escribir en “Prensa Libre”, en “Bohemia”, en cualquier periódico de Cuba, y lo que diríamos; diríamos todo lo que el pueblo quiere decir.  Pero desde nuestra posición tenemos que ser cautelosos en nuestras declaraciones.  ¿Nos entendemos?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)

Una vez más les doy las gracias y espero del Club Rotario y de todas las instituciones…  (Le entregan un telegrama).

“Mi felicitación más sincera por formidables declaraciones a favor derechos humanos y contra intromisión país que no supo protestar cuando dictadura exterminaba juventud cubana.  De usted atentamente, María Bousa, madre cubana” (APLAUSOS).

Necesitamos de ustedes, necesitamos de los Rotarios y de todas las instituciones prestigiosas del país en estos momentos.

¿Usted desea decir algo?

PERIODISTA.-  Doctor Castro:  una pregunta para la prensa.  Usted debería haber llegado aquí a la 1:00 de la tarde, y llegó a las cuatro y media.  Un retraso de tres horas y media significa que usted estaba resolviendo problemas trascendentales para la nación.  Si no es de carácter privado y se puede decir públicamente, ¿podríamos saber la causa de ese retraso?

CMDTE. FIDEL CASTRO.-  Bueno, se la puedo decir, porque a mí me pueden seguir los periodistas dondequiera que yo vaya (RISAS).  Fui precisamente al campamento militar donde, con motivo de todas las actividades de estos días, no había podido ir en más de 48 horas y donde había toda una serie de cuestiones fundamentales pendientes.  Estamos en un proceso de reorganización que requiere una atención constante.  Yo debía haberme pasado allí 72 horas seguidas, sin embargo, no he podido estar porque he tenido que visitar una serie de centros, la universidad, organizaciones revolucionarias, el Consejo Universitario, y he tenido que hacer una serie de actividades, atender la prensa, atender a las personas que me visitan, atender infinidad de cosas y no había podido ir antes.  Fui al mediodía, pensaba estar una hora y me fue imposible, porque había que resolver una serie de cuestiones que si no se resolvían no iba a acabar de marchar el proceso de reorganización.  Yo creo eso indispensable, no puedo dejar abandonada esa obligación.  Entonces, me dijeron a las 2:00; mi retraso no es tan grande (RISAS), yo llegué como a las 3:45, una hora y tanto más tarde, y, además, en consulta y preocupado y diciendo que venía para acá cuando me preguntaban (APLAUSOS).

PERIODISTA.-  Le damos por muy bien empleado ese tiempo.

CMDTE. FIDEL CASTRO.-  Además, yo creo que he hablado bastante, más de la cuenta.

PERIODISTA.-  ¿Podría el gobierno pedir oficialmente a toda la ciudadanía que se dispusiera a informar al Ministerio de Recuperación sobre las propiedades de los malversadores?

CMDTE. FIDEL CASTRO.-  ¿Que informara?

PERIODISTA.-  Informar de cualquier propiedad de malversador que conociera al Ministerio de Recuperación.

CMDTE. FIDEL CASTRO.-  ¿Pedírselo al pueblo?

PERIODISTA.-  Pedírselo al público.

CMDTE. FIDEL CASTRO.-  ¿Pero el público no tiene entendido que eso es su obligación?  ¿No están colaborando con el Gobierno Revolucionario?  (APLAUSOS.) Pues mire, yo tengo entendido que todo el mundo, cuando tiene conocimiento de alguna propiedad malversada, lo ha informado, porque no me explico de otra manera cómo han encontrado tantas (RISAS).

PERIODISTA.-  Es bueno que se les pida la colaboración.

CMDTE. FIDEL CASTRO.-  Sí, desde luego, tiene usted mucha razón, y hay que pedirle al pueblo toda la colaboración, que todo el que tenga algún informe sobre bienes malversados, llene un informe al Ministerio de Recuperación de Bienes.  No vayan a informar erróneamente, porque eso puede crear dificultades.  Yo sé que muchos verán propiedades por dondequiera, porque cuando se cree la psicosis esa, todo el mundo va a ver un edificio robado (RISAS), un terreno robado.  Para eso están las investigaciones, que aparezcan nada más que las que de verdad se han robado; no importa que estén en sociedades anónimas, las cuentas bancarias, todo eso, dondequiera que hay una sospecha, se ha congelado; medidas desde luego que no vayan a paralizar la economía del país ni vayan a perjudicar la economía del país.

PERIODISTA.-  Yo no quiero robarme el show aquí.

CMDTE. FIDEL CASTRO.-  ¿Ustedes no son periodistas?  Los periodistas pueden preguntar, y con eso hacemos ya la conferencia de prensa aquí (RISAS).

PERIODISTA (Brasil).-  Yo también soy periodista y pido un saludo a Brasil aquí, que está presente en la tarde de hoy.

CMDTE. FIDEL CASTRO.-  Más que un saludo, un abrazo de solidaridad al pueblo de Brasil, que tiene toda nuestra simpatía y del que esperamos también que nos respalde en esta hora dura para nuestra patria (EXCLAMACIONES DE:  “¡Bravo!” Y APLAUSOS), a través de Radio “O’Globo”, de Río de Janeiro, y le damos las gracias.

PERIODISTA.-  Gracias a usted, Fidel Castro, y el saludo de Brasil aquí está presente (APLAUSOS).

PERIODISTA.-  Doctor, usted habló del peligro exterior.  Tenemos noticias de que se están moviendo en este momento en Santo Domingo millones de pesos para vertir posteriormente a Estados Unidos, para hacer una campaña insidiosa en lo que respecta a la Revolución Cubana.  A ese efecto cabe nuestra pregunta:  ¿No cree el doctor Castro que sería muy prudente que todos los organismos, y específicamente el Ministerio de Estado, dieran todas las facilidades posibles a todos los periodistas de Estados Unidos para que ellos vengan a nuestro país y entonces pudieran informar a la opinión pública?  Porque de todos es conocido que en Estados Unidos hay muchos periódicos que estaban comprados por el dictador Batista y que estaban desorientando a la opinión pública.  En esta forma se presentaría la oportunidad, a través de todos esos juicios que se van a celebrar, que se están haciendo dándose un ejemplo a todos los países de centro y suramericanos.

CMDTE. FIDEL CASTRO.-  Calculen ustedes las libertades que les hemos dado a los periodistas norteamericanos, por ese hecho.  Siempre que a la Sierra Maestra se presentó un periodista de Estados Unidos o de cualquier otro país, tenía entrada libre, de tal manera que en los archivos del SIM nos hemos encontrado con los nombres de algunos a los que permitimos entrar allí y que eran espías.  ¡Aquí pueden venir hasta los espías, si quieren, que tendremos entrada libre!». (APLAUSOS)

Discurso "Hasta siempre comandante" en homenaje al comandante Che Guevara, Octubre 1967

«Compañeras y compañeros revolucionarios:

Fue un día del mes de julio o agosto de 1955 cuando conocimos al Che. Y en una noche —como él cuenta en sus narraciones— se convirtió en un futuro expedicionario del “Granma”. Pero en aquel entonces aquella expedición no tenía ni barco, ni armas, ni tropas. Y fue así corno, junto con Raúl, el Che integró el grupo de los dos primeros de la lista del “Granma”.

Han pasado desde entonces 12 años; han sido 12 años cargados de lucha y de historia. A lo largo de esos años la muerte segó muchas vidas valiosas e irreparables; pero, a la vez, a lo largo de esos años, surgieron personas extraordinarias en estos años de nuestra Revolución y se forjaron entre los hombres de la Revolución, y entre los hombres y el pueblo, lazos de afecto y lazos de amistad que van más allá de toda expresión posible.

Y en esta noche nos reunimos, ustedes y nosotros, para tratar de expresar de algún modo esos sentimientos con relación a quien fue uno de los más familiares, uno de los más admirados, uno de los más queridos y, sin duda alguna, el más extraordinario de nuestros compañeros de revolución; expresar esos sentimientos a él y a los héroes que con él han combatido y a los héroes que con él han caído de ese, su ejército internacionalista, que ha estado escribiendo una página gloriosa e imborrable de la historia.

Che era una de esas personas a quien todos le tomaban afecto inmediatamente, por su sencillez, por su carácter, por su naturalidad, por su compañerismo, por su personalidad, por su originalidad, aun cuando todavía no se le conocían las demás singulares virtudes que lo caracterizaron.

En aquellos primeros momentos era el médico de nuestra tropa. Y así fueron surgiendo los lazos y así fueron surgiendo los sentimientos.

Se le veía impregnado de un profundo espíritu de odio y desprecio al imperialismo, no solo porque ya su formación política había adquirido un considerable grado de desarrollo, sino porque hacía muy poco tiempo había tenido la oportunidad de presenciar en Guatemala la criminal intervención imperialista a través de los soldados mercenarios que dieron al traste con la revolución de aquel país.

Para un hombre como él no eran necesarios muchos argumentos. Le bastaba saber que Cuba vivía en una situación similar, le bastaba saber que había hombres decididos a combatir con las armas en la mano esa situación, le bastaba saber que aquellos hombres estaban inspirados en sentimientos genuinamente revolucionarios y patrióticos. Y eso era más que suficiente.

De este modo, un día, a fines de noviembre de 1956, con nosotros emprendió la marcha hacia Cuba. Recuerdo que aquella travesía fue muy dura para él puesto que, dadas las circunstancias en que fue necesario organizar la partida, no pudo siquiera proveerse de las medicinas que necesitaba y toda la travesía la pasó bajo un fuerte ataque de asma sin un solo alivio, pero también sin una sola queja.

Llegamos, emprendimos las primeras marchas, sufrimos el primer revés, y al cabo de algunas semanas nos volvimos a reunir —como ustedes saben— un grupo de los que quedaban de la expedición del “Granma”. Che continuaba siendo médico de nuestra tropa.

Sobrevino el primer combate victorioso y Che fue soldado ya de nuestra tropa y, a la vez, era todavía el médico; sobrevino el segundo combate victorioso y el Che ya no solo fue soldado, sino que fue el más distinguido de los soldados en ese combate, realizando por primera vez una de aquellas proezas singulares que lo caracterizaban en todas las acciones; continuó desarrollándose nuestra fuerza y sobrevino ya un combate de extraordinaria importancia en aquel momento.

La situación era difícil. Las informaciones eran en muchos sentidos erróneas. Ibamos a atacar en pleno día, al amanecer, una posición fuertemente defendida, a orillas del mar, bien armada y con tropas enemigas a nuestra retaguardia, a no mucha distancia, y en medio de aquella situación de confusión en que fue necesario pedirles a los hombres un esfuerzo supremo, una vez que el compañero Juan Almeida asumió una de las misiones más difíciles, sin embargo quedaba uno de los flancos completamente desprovisto de fuerzas, quedaba uno de los flancos sin una fuerza atacante que podía poner en peligro la operación. Y en aquel instante Che, que todavía era médico, pidió tres o cuatro hombres, entre ellos un hombre con un fusil ametralladora, y en cuestión de segundos emprendió rápidamente la marcha para asumir la misión de ataque desde aquella dirección.

Y en aquella ocasión no solo fue combatiente distinguido, sino que además fue también médico distinguido, prestando asistencia a los compañeros heridos, asistiendo a la vez a los soldados enemigos heridos. Y cuando fue necesario abandonar aquella posición, una vez ocupadas todas las armas y emprender una larga marcha, acosados por distintas fuerzas enemigas, fue necesario que alguien permaneciese junto a los heridos, y junto a los heridos permaneció el Che. Ayudado por un grupo pequeño de nuestros soldados, los atendió, les salvó la vida y se incorporó con ellos ulteriormente a la columna.

Ya a partir de aquel instante descollaba como un jefe capaz y valiente, de ese tipo de hombres que cuando hay que cumplir una misión difícil no espera que le pidan que lleve a cabo la misión.

Así hizo cuando el combate de El Uvero, pero así había hecho también en una ocasión no mencionada cuando en los primeros tiempos, merced a una traición, nuestra pequeña tropa fue sorpresivamente atacada por numerosos aviones y cuando nos retirábamos bajo el bombardeo y habíamos caminado ya un trecho nos recordamos de algunos fusiles, de algunos soldados campesinos que habían estado con nosotros en las primeras acciones y habían pedido después permiso para visitar a sus familiares cuando todavía no había en nuestro incipiente ejército mucha disciplina. Y en aquel momento se consideró la posibilidad de que aquellos fusiles se perdieran.

Recordamos cómo nada más planteado el problema, y bajo el bombardeo, el Che se ofreció, y ofreciéndose salió rápidamente a recuperar aquellos fusiles.

Esa era una de sus características esenciales: la disposición inmediata, instantánea, a ofrecerse para realizar la misión más peligrosa. Y aquello, naturalmente, suscitaba la admiración, la doble admiración hacia aquel compañero que luchaba junto a nosotros, que no había nacido en esta tierra, que era un hombre de ideas profundas, que era un hombre en cuya mente bullían sueños de lucha en otras partes del continente y, sin embargo, aquel altruismo, aquel desinterés, aquella disposición a hacer siempre lo más difícil, a arriesgar su vida constantemente.

Fue así como se ganó los grados de Comandante y de jefe de la segunda columna que se organizara en la Sierra Maestra; fue así como comenzó a crecer su prestigio, como comenzó a adquirir su fama de magnífico combatiente que hubo de llevar a los grados más altos en el transcurso de la guerra.

Che era un insuperable soldado; Che era un insuperable jefe; Che era, desde el punto militar, un hombre extraordinariamente capaz, extraordinariamente valeroso, extraordinariamente agresivo. Si como guerrillero tenía un talón de Aquiles, ese talón de Aquiles era su excesiva agresividad, era su absoluto desprecio al peligro.

Los enemigos pretenden sacar conclusiones de su muerte. ¡Che era un maestro de la guerra, Che era un artista de la lucha guerrillera! Y lo demostró infinidad de veces pero lo demostró sobre todo en dos extraordinarias proezas, como fue una de ellas la invasión al frente de una columna, perseguida esa columna por miles de soldados por territorio absolutamente llano y desconocido, realizando —junto con Camilo— una formidable hazaña militar. Pero, además, lo demostró en su fulminante campaña en Las Villas; y lo demostró, sobre todo, en su audaz ataque a la ciudad de Santa Clara, penetrando con una columna de apenas 300 hombres en una ciudad defendida por tanques, artillería y varios miles de soldados de infantería.

Esas dos hazañas lo consagran como un jefe extraordinariamente capaz, como un maestro, como un artista de la guerra revolucionaria.

Sin embargo, de su muerte heroica y gloriosa pretenden negar la veracidad o el valor de sus concepciones y sus ideas guerrilleras.

Podrá morir el artista, sobre todo cuando se es artista de un arte tan peligroso como es la lucha revolucionaria, pero lo que no morirá de ninguna forma es el arte al que consagró su vida y al que consagró su inteligencia.

¿Qué tiene de extraño que ese artista muera en un combate? Todavía tiene mucho más de extraordinario el hecho de que en las innumerables ocasiones en que arriesgó esa vida durante nuestra lucha revolucionaria no hubiese muerto en algún combate. Y muchas fueron las veces en que fue necesario actuar para impedir que en acciones de menor trascendencia perdiera la vida.

Y así, en un combate, ¡en uno de los tantos combates que libró!, perdió la vida. No poseemos suficientes elementos de juicio para poder hacer alguna deducción acerca de todas las circunstancias que precedieron ese combate, acerca de hasta qué grado pudo haber actuado de una manera excesivamente agresiva, pero —repetimos— si como guerrillero tenia un talón de Aquiles, ese talón de Aquiles era su excesiva agresividad, su absoluto desprecio por el peligro.

Es eso en lo que resulta difícil coincidir con él, puesto que nosotros entendemos que su vida, su experiencia, su capacidad de jefe aguerrido, su prestigio y todo lo que él significaba en vida, era mucho más, incomparablemente más, que la evaluación que tal vez él hizo de si mismo.

Puede haber influido profundamente en su conducta la idea de que los hombres tienen un valor relativo en la historia, la idea de que las causas no son derrotadas cuando los hombres caen y la incontenible marcha de la historia no se detiene ni se detendrá ante la caída de los jefes.

Y eso es cierto, eso no se puede poner en duda. Eso demuestra su fe en los hombres, su fe en las ideas, su fe en el ejemplo. Sin embargo —como dije hace unos días— habríamos deseado de todo corazón verlo forjador de las victorias, forjando bajo su jefatura, forjando bajo su dirección las victorias, puesto que los hombres de su experiencia, de su calibre, de su capacidad realmente singular, son hombres poco comunes.

Somos capaces de apreciar todo el valor de su ejemplo y tenemos la más absoluta convicción de que ese ejemplo servirá de emulación y servirá para que del seno de los pueblos surjan hombres parecidos a él.

No es fácil conjugar en una persona todas las virtudes que se conjugaban en él. No es fácil que una persona de manera espontánea sea capaz de desarrollar una personalidad como la suya. Diría que es de esos tipos de hombres difíciles de igualar y prácticamente imposibles de superar. Pero diremos también que hombres como él son capaces, con su ejemplo, de ayudar a que surjan hombres como él.

Es que en Che no solo admiramos al guerrero, al hombre capaz de grandes proezas. Y lo que él hizo, y lo que él estaba haciendo, ese hecho en sí mismo de enfrentarse solo con un puñado de hombres a todo un ejército oligárquico, instruido por los asesores yankis suministrados por el imperialismo yanki, apoyado por las oligarquías de todos los países vecinos, ese hecho en sí mismo constituye una proeza extraordinaria.

Y si se busca en las páginas de la historia, no se encontrará posiblemente ningún caso en que alguien con un número tan reducido de hombres haya emprendido una tarea de más envergadura, en que alguien con un número tan reducido de hombres haya emprendido la lucha contra fuerzas tan considerables. Esa prueba de confianza en sí mismo, esa prueba de confianza en los pueblos, esa prueba de fe en la capacidad de los hombres para el combate, podrá buscarse en las páginas de la historia y, sin embargo, no podrá encontrarse nada semejante.

Y cayó.

Los enemigos creen haber derrotado sus ideas, haber derrotado su concepción guerrillera, haber derrotado sus puntos de vista sobre la lucha revolucionaria armada. Y lo que lograron fue, con un golpe de suerte, eliminar su vida física; lo que pudieron fue lograr las ventajas accidentales que en la guerra puede alcanzar un enemigo. Y ese golpe de suerte, ese golpe de fortuna no sabemos hasta qué grado ayudado por esa característica a que nos referíamos antes de agresividad excesiva, de desprecio absoluto por el peligro, en un combate como tantos combates.

Como ocurrió también en nuestra Guerra de Independencia. En un combate en Dos Ríos mataron al Apóstol de nuestra independencia. En un combate en Punta Brava mataron a Antonio Maceo, veterano de cientos de combates. En similares combates murieron infinidad de jefes, infinidad de patriotas de nuestra guerra independentista. Y, sin embargo, eso no fue la derrota de la causa cubana.

La muerte del Che —como decíamos hace unos días— es un golpe duro, es un golpe tremendo para el movimiento revolucionario, en cuanto le priva sin duda de ninguna clase de su jefe más experimentado y capaz.

Pero se equivocan los que cantan victoria. Se equivocan los que creen que su muerte es la derrota de sus ideas, la derrota de sus tácticas, la derrota de sus concepciones guerrilleras, la derrota de sus tesis. Porque aquel hombre que cayó como hombre mortal, como hombre que se exponía muchas veces a las balas, como militar, como jefe, es mil veces más capaz que aquellos que con un golpe de suerte lo mataron.

Sin embargo, ¿cómo tienen los revolucionarios que afrontar ese golpe adverso? ¿Cómo tienen que afrontar esa pérdida? ¿Cuál sería la opinión del Che si tuviese que emitir un juicio sobre este particular? Esa opinión la dijo, esa opinión la expresó con toda claridad, cuando escribió en su mensaje a la conferencia de solidaridad de los pueblos de Asia, Africa y América Latina que si en cualquier parte le sorprendía la muerte, bienvenida fuera siempre que ese, su grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se extienda para empuñar el arma.

Y ese, su grito de guerra, llegará no a un oído receptivo, ¡llegará a millones de oídos receptivos! Y no una mano, sino que ¡millones de manos, inspiradas en su ejemplo, se extenderán para empuñar las armas!

Nuevos jefes surgirán. Y los hombres, los oídos receptivos y las manos que se extiendan, necesitarán jefes que surgirán de las filas del pueblo, como han surgido los jefes en todas las revoluciones.

No contarán esas manos con un jefe ya de la experiencia extraordinaria, de la enorme capacidad del Che. Esos jefes se formarán en el proceso de la lucha, esos jefes surgirán del seno de los millones de oídos receptivos, de las millones de manos que, más tarde o más temprano, se extenderán para empuñar las armas.

No es que consideremos que en el orden práctico de la lucha revolucionaria su muerte haya de tener una inmediata repercusión, que en el orden práctico del desarrollo de la lucha su muerte pueda tener una repercusión inmediata. Pero es que el Che, cuando empuñó de nuevo las armas, no estaba pensando en una victoria inmediata, no estaba pensando en un triunfo rápido frente a las fuerzas de las oligarquías y del imperialismo. Su mente de combatiente experimentado estaba preparada para una lucha prolongada de 5, de 10, de 15, de 20 años si fuera necesario. ¡El estaba dispuesto a luchar cinco, diez, quince, veinte años, toda la vida si fuese necesario!

Y es con esa perspectiva en el tiempo en que su muerte, en que su ejemplo —que es lo que debemos decir—, tendrá una repercusión tremenda, tendrá una fuerza invencible.

Su capacidad como jefe y su experiencia en vano tratan de negarlas quienes se aferran al golpe de fortuna. Che era un jefe militar extraordinariamente capaz. Pero cuando nosotros recordamos al Che, cuando nosotros pensamos en el Che, no estamos pensando fundamentalmente en sus virtudes militares. ¡No! La guerra es un medio y no un fin, la guerra es un instrumento de los revolucionarios. ¡Lo importante es la revolución, lo importante es la causa revolucionaria, las ideas revolucionarias, los objetivos revolucionarios, los sentimientos revolucionarios, las virtudes revolucionarias!

Y es en ese campo, en el campo de las ideas, en el campo de los sentimientos, en el campo de las virtudes revolucionarias, en el campo de la inteligencia, aparte de sus virtudes militares, donde nosotros sentimos la tremenda pérdida que para el movimiento revolucionario ha significado su muerte.

Porque Che reunía, en su extraordinaria personalidad, virtudes que rara vez aparecen juntas. El descolló como hombre de acción insuperable, pero Che no solo era un hombre de acción insuperable: Che era un hombre de pensamiento profundo, de inteligencia visionaria, un hombre de profunda cultura. Es decir que reunía en su persona al hombre de ideas y al hombre de acción.

Pero no es que reuniera esa doble característica de ser hombre de ideas, y de ideas profundas, la de ser hombre de acción, sino que Che reunía como revolucionario las virtudes que pueden definirse como la más cabal expresión de las virtudes de un revolucionario: hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó por sus virtudes lo que puede llamarse un verdadero modelo de revolucionario.

Suele, a la hora de la muerte de los hombres, hacerse discursos, suele destacarse virtudes, pero pocas veces como en esta ocasión se puede decir con más justicia, con más exactitud de un hombre lo que decimos del Che: ¡Que constituyó un verdadero ejemplo de virtudes revolucionarias!

Pero además añadía otra cualidad, que no es una cualidad del intelecto, que no es una cualidad de la voluntad, que no es una cualidad derivada de la experiencia, de la lucha, sino una cualidad del corazón, ¡porque era un hombre extraordinariamente humano, extraordinariamente sensible!

Por eso decimos, cuando pensamos en su vida, cuando pensamos en su conducta, que constituyó el caso singular de un hombre rarísimo en cuanto fue capaz de conjugar en su personalidad no solo las características de hombre de acción, sino también de hombre de pensamiento, de hombre de inmaculadas virtudes revolucionarias y de extraordinaria sensibilidad humana, unidas a un carácter de hierro, a una voluntad de acero, a una tenacidad indomable.

Y por eso le ha legado a las generaciones futuras no solo su experiencia, sus conocimientos como soldado destacado, sino que a la vez las obras de su inteligencia. Escribía con la virtuosidad de un clásico de la lengua. Sus narraciones de la guerra son insuperables. La profundidad de su pensamiento es impresionante. Nunca escribió sobre nada absolutamente que no lo hiciese con extraordinaria seriedad, con extraordinaria profundidad; y algunos de sus escritos no dudamos de que pasarán a la posteridad como documentos clásicos del pensamiento revolucionario.

Y así, como fruto de esa inteligencia vigorosa y profunda, nos dejó infinidad de recuerdos, infinidad de relatos que, sin su trabajo, sin su esfuerzo, habrían podido tal vez olvidarse para siempre.

Trabajador infatigable, en los años que estuvo al servicio de nuestra patria no conoció un solo día de descanso. Fueron muchas las responsabilidades que se le asignaron: como Presidente del Banco Nacional, como director de la Junta de Planificación, como Ministro de Industrias, como Comandante de regiones militares, como jefe de delegaciones de tipo político, o de tipo económico, o de tipo fraternal.

Su inteligencia multifacética era capaz de emprender con el máximo de seguridad cualquier tarea en cualquier orden, en cualquier sentido. Y así, representó de manera brillante a nuestra patria en numerosas conferencias internacionales, de la misma manera que dirigió brillantemente a los soldados en el combate, de la misma manera que fue un modelo de trabajador al frente de cualesquiera de las instituciones que se le asignaron, ¡y para él no hubo días de descanso, para él no hubo horas de descanso! y si mirábamos para las ventanas de sus oficinas, permanecían las luces encendidas hasta altas horas de la noche, estudiando, o mejor dicho, trabajando o estudiando. Porque era un estudioso de todos los problemas, era un lector infatigable. Su sed de abarcar conocimientos humanos era prácticamente insaciable, y las horas que le arrebataba al sueño las dedicaba al estudio; y los días reglamentarios de descanso los dedicaba al trabajo voluntario.

Fue él el inspirador y el máximo impulsor de ese trabajo que hoy es actividad de cientos de miles de personas en todo el país, el impulsor de esa actividad que cada día cobra en las masas de nuestro pueblo mayor fuerza.

Y como revolucionario, como revolucionario comunista, verdaderamente comunista, tenía una infinita fe en los valores morales, tenía una infinita fe en la conciencia de los hombres. Y debemos decir que en su concepción vio con absoluta claridad en los resortes morales la palanca fundamental de la construcción del comunismo en la sociedad humana.

Muchas cosas pensó, desarrolló y escribió. Y hay algo que debe decirse un día como hoy, y es que los escritos del Che, el pensamiento político y revolucionario del Che tendrán un valor permanente en el proceso revolucionario cubano y en el proceso revolucionario en América Latina. Y no dudamos que el valor de sus ideas, de sus ideas tanto como hombre de acción, como hombre de pensamiento, como hombre de acrisoladas virtudes morales, como hombre de insuperable sensibilidad humana, como hombre de conducta intachable, tienen y tendrán un valor universal.

Los imperialistas cantan voces de triunfo ante el hecho del guerrillero muerto en combate; los imperialistas cantan el triunfo frente al golpe de fortuna que los llevó a eliminar tan formidable hombre de acción. Pero los imperialistas tal vez ignoran o pretenden ignorar que el carácter de hombre de acción era una de las tantas facetas de la personalidad de ese combatiente. Y que si de dolor se trata, a nosotros nos duele no solo lo que se haya perdido como hombre de acción, nos duele lo que se ha perdido como hombre virtuoso, nos duele lo que se ha perdido como hombre de exquisita sensibilidad humana y nos duele la inteligencia que se ha perdido. Nos duele pensar que tenía solo 39 años en el momento de su muerte, nos duele pensar cuántos frutos de esa inteligencia y de esa experiencia que se desarrollaba cada vez más hemos perdido la oportunidad de percibir.

Nosotros tenemos idea de la dimensión de la pérdida para el movimiento revolucionario. Pero, sin embargo, ahí es donde está el lado débil del enemigo imperialista: creer que con el hombre físico ha liquidado su pensamiento, creer que con el hombre físico ha liquidado sus ideas, creer que con el hombre físico ha liquidado sus virtudes, creer que con el hombre físico ha liquidado su ejemplo. Y lo creen de manera tan impúdica que no vacilan en publicar, como la cosa más natural del mundo, las circunstancias casi universalmente ya aceptadas en que lo ultimaron después de haber sido herido gravemente en combate. No han reparado siquiera en la repugnancia del procedimiento, no han reparado siquiera en la impudicia del reconocimiento. Y han divulgado como derecho de los esbirros, han divulgado como derecho de los oligarcas y de los mercenarios, el disparar contra un combatiente revolucionario gravemente herido.

Y lo peor es que explican además por qué lo hicieron, alegando que habría sido tremendo el proceso en que hubiesen tenido que juzgar al Che, alegando que habría sido imposible sentar en el banquillo de un tribunal a semejante revolucionario.

Y no solo eso, sino que además no han vacilado en hacer desaparecer sus restos. Y sea verdad o sea mentira, es el hecho que anuncian haber incinerado su cadáver, con lo cual empiezan a demostrar su miedo, con lo cual empiezan a demostrar que no están tan convencidos de que liquidando la vida física del combatiente liquidan sus ideas y liquidan su ejemplo.

Che no cayó defendiendo otro interés, defendiendo otra causa que la causa de los explotados y los oprimidos en este continente; Che no cayó defendiendo otra causa que la causa de los pobres y de los humildes de esta Tierra. Y la forma ejemplar y el desinterés con que defendió esa causa no osan siquiera discutirlo sus más encarnizados enemigos.

y ante la historia, los hombres que actúan como él, los hombres que lo hacen todo y lo dan todo por la causa de los humildes, cada día que pasa se agigantan, cada da que pasa se adentran más profundamente en el corazón de los pueblos.

Y esto ya lo empiezan a percibir los enemigos imperialistas, y no tardarán en comprobar que su muerte será a la larga como una semilla de donde surgirán muchos hombres decididos a emularlo, muchos hombres decididos a seguir su ejemplo.

Y nosotros estamos absolutamente convencidos de que la causa revolucionaria en este continente se repondrá del golpe, que la causa revolucionaria en este continente no será derrotada por ese golpe.

Desde el punto de vista revolucionario, desde el punto de vista de nuestro pueblo, ¿cómo debemos mirar nosotros el ejemplo del Che? ¿Acaso pensamos que lo hemos perdido? Cierto es que no volveremos a ver nuevos escritos, cierto es que no volveremos a escuchar de nuevo su voz. Pero el Che le ha dejado al mundo un patrimonio, un gran patrimonio, y de ese patrimonio nosotros —que lo conocimos tan de cerca— podemos ser en grado considerable herederos suyos.

Nos dejó su pensamiento revolucionario, nos dejó sus virtudes revolucionarias, nos dejó su carácter, su voluntad, su tenacidad, su espíritu de trabajo. En una palabra, ¡nos dejó su ejemplo! ¡Y el ejemplo del Che debe ser un modelo para nuestro pueblo, el ejemplo del Che debe ser el modelo ideal para nuestro pueblo!

Si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios, nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: ¡Que sean como el Che! Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Che! Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Che! Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el Che! Si queremos expresar cómo deseamos que sean nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡Queremos que sean como el Che!

Che se ha convertido en un modelo de hombre no solo para nuestro pueblo, sino para cualquier pueblo de América Latina. Che llevó a su más alta expresión el estoicismo revolucionario, el espíritu de sacrificio revolucionario, la combatividad del revolucionario, el espíritu de trabajo del revolucionario, y Che llevó las ideas del marxismo-leninismo a su expresión más fresca, más pura, más revolucionaria.

¡Ningún hombre como él en estos tiempos ha llevado a su nivel más alto el espíritu internacionalista proletario!

Y cuando se hable de internacionalista proletario, y cuando se busque un ejemplo de internacionalista proletario, ¡ese ejemplo, por encima de cualquier otro ejemplo, es el ejemplo del Che! En su mente y en su corazón habían desaparecido las banderas, los prejuicios, los chovinismos, los egoísmos, ¡y su sangre generosa estaba dispuesto a verterla por la suerte de cualquier pueblo, por la causa de cualquier pueblo, y dispuesto a verterla espontáneamente, y dispuesto a verterla instantáneamente!

Y así, sangre suya fue vertida en esta tierra cuando lo hirieron en diversos combates; sangre suya por la redención de los explotados y los oprimidos, de los humildes y los pobres, se derramó en Bolivia. ¡Esa sangre se derramó por todos los explotados, por todos los oprimidos; esa sangre se derramó por todos los pueblos de América y se derramó por Viet Nam, porque él allá, combatiendo contra las oligarquías, combatiendo contra el imperialismo, sabía que brindaba a Viet Nam la más alta expresión de su solidaridad!

Es por eso, compañeros y compañeras de la Revolución, que nosotros debemos mirar con firmeza el porvenir y con decisión; es por eso que debemos mirar con optimismo el porvenir. ¡Y buscaremos siempre en el ejemplo del Che la inspiración, la inspiración en la lucha, la inspiración en la tenacidad, la inspiración en la intransigencia frente al enemigo y la inspiración en el sentimiento internacionalista!

Es por eso que nosotros, en la noche de hoy, después de este impresionante acto, después de esta increíble —por su magnitud, por su disciplina y por su devoción— muestra multitudinaria de reconocimiento, que demuestra cómo este es un pueblo sensible, que demuestra cómo este es un pueblo agradecido, que demuestra cómo este pueblo sabe honrar la memoria de los valientes que caen en el combate, que demuestra cómo este pueblo sabe reconocer a los que le sirven, que demuestra cómo este pueblo se solidariza con la lucha revolucionaria, cómo este pueblo levanta y mantendrá siempre en alto y cada vez más en alto las banderas revolucionarias y los principios revolucionarios; hoy, en estos instantes de recuerdo, elevemos nuestro pensamiento y, con optimismo en el futuro, con optimismo absoluto en la victoria definitiva de los pueblos, le digamos al Che, y con él a los héroes que combatieron y cayeron junto a él:

¡Hasta la victoria siempre!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!».

Discurso "El Pueblo de Vietnam" pronunciado el 12 de Septiembre de 1973

Discurso del comandante Fidel Castro Ruz, en Vietnam, el 12 de septiembre de 1973. En él, Fidel muestra su apoyo y solidaridad con el pueblo vietnamita.

«Queridos compañeros Le Duan, Truong Chinh y Pham Van Dong; Queridos compañeros del Buró Político y del Comité Central del Partido de los Trabajadores de Viet Nam; Queridos compañeros vietnamitas y cubanos; Estimados representantes del Cuerpo Diplomático:

Después de un largo y agotador viaje, sin tiempo para escribir siquiera unas palabras, deseo responder las hermosas expresiones del compañero Le Duan.

Hemos llegado a este país llenos de un cariño, de una admiración, de un espíritu de fraternidad y de solidaridad que apenas puede expresarse con palabras (APLAUSOS).

Viet Nam es un nombre sumamente querido y sumamente cercano en el corazón de todos los cubanos (APLAUSOS). Viet Nam ha sido para nosotros un ejemplo y un aliento en nuestra lucha. El pueblo cubano está sumamente consciente del extraordinario papel que ha desempeñado el pueblo de Viet Nam en el seno del movimiento revolucionario mundial y en la lucha de liberación de los pueblos. Viet Nam brinda a todos los pueblos explotados y oprimidos una lección inolvidable. Ningún movimiento de liberación, ningún pueblo de los que han luchado por su independencia, ha tenido que llevar a cabo una lucha tan larga y tan heroica como el pueblo de Viet Nam.

Es preciso recordar las difíciles y complejas circunstancias en que se inició la lucha de este pueblo. Para ello, es indispensable recordar el nombre venerado y querido del presidente Ho Chi-Minh (APLAUSOS). El presidente Ho Chi-Minh, comprendiendo la extraordinaria importancia histórica y las consecuencias de la gloriosa Revolución de Octubre, y asimilando el luminoso pensamiento de Lenin,vio con toda claridad que en el marxismo-leninismo estaban la enseñanza y el camino que debían seguirse para encontrar solución al problema de los pueblos oprimidos por el colonialismo (APLAUSOS). El compañero Ho Chi-Minh, de una manera genial, combinó la lucha por la independencia nacional con la lucha por los derechos de las masas oprimidas por los explotadores y los feudales. El vio que el camino era la combinación de los sentimientos patrióticos de los pueblos con la necesidad de liberarse de la explotación social. La liberación nacional y la liberación social fueron los dos pilares en que se asentó su doctrina (APLAUSOS). Pero vio, además, que los países atrasados por el colonialismo podían dar un salto en la historia y construir su economía por los caminos del socialismo, ahorrándose los sacrificios y los horrores del capitalismo (APLAUSOS).

Pero no solo tuvo una clara concepción estratégica, sino que vio la necesidad de organizar un Partido de vanguardia que dirigiera al pueblo en esa lucha y se dio a la tarea de organizar el Partido Comunista de Indochina, que después fue el Partido de los Trabajadores de Viet Nam (APLAUSOS). Lo organizó, lo educó y lo templó en la lucha, y gracias a eso el pueblo de Viet Nam tuvo su vanguardia revolucionaria, un partido sabio que supo reunir a todas las capas progresistas de la población en un frente amplio para llevarlo a la victoria.

Nosotros creemos que en la vida del compañero Ho Chi-Minh, en su pensamiento político, en su clara concepción táctica y estratégica, todos los pueblos oprimidos tienen una riquísima fuente de sabiduría y de conocimiento para poder abordar sus propios problemas (APLAUSOS).

El compañero Ho Chi-Minh supo adaptar genialmente a las condiciones concretas de Viet Nam los principios inmortales del marxismo-leninismo. y la historia le ha dado la razón, porque de otra forma ningún pueblo habría podido escribir una página tan heroica y tan gloriosa como la que ha escrito el pueblo de Viet Nam, derrotando primero al colonialismo francés y derrotando después al imperialismo yanki (APLAUSOS).

El pueblo de Viet Nam, siendo pequeño y siendo pobre, ha derrotado a dos de las más poderosas fuerzas reaccionarias en el mundo moderno. Ese es el gran ejemplo que el pueblo de Viet Nam le ha dado al mundo. Pero, además, el compañero Ho Chi-Minh tuvo una clarísima visión de la fuerza del movimiento revolucionario internacional. Comprendió desde el primer momento que la revolución vietnamita formaba parte de esas fuerzas y se apoyó en la fuerza del movimiento revolucionario internacional y en la solidaridad del movimiento revolucionario internacional, sin la cual ningún pueblo aislado podría vencer las poderosas fuerzas del imperialismo en el mundo de hoy.

Y esa es otra de las extraordinarias lecciones, de las extraordinarias enseñanzas que les ha dado a los revolucionarios de todo el mundo, el Partido de los Trabajadores y el pueblo de Viet Nam (APLAUSOS). Pero, además, el compañero Ho Chi-Minh fue un firme y decidido defensor de la unidad de las fuerzas progresistas y revolucionarias de todo el mundo (APLAUSOS). Comprendiendo que en esa unidad estarían todas las energías necesarias para vencer a nuestros enemigos imperialistas.

Queridos compañeros vietnamitas:

En el día de hoy nosotros hemos experimentado grandes emociones. Para nosotros fue un honor inmenso, infinito, este encuentro con el pueblo de Viet Nam (APLAUSOS), para nosotros será eterno el recuerdo de las muestras de afecto y de fraternidad con que recibieron a nuestra delegación (APLAUSOS). En cada hombre y mujer, en cada joven y anciano, en cada niño, veíamos un héroe de la resistencia patriótica (APLAUSOS), un héroe de la lucha por la salvación nacional, un forjador de la victoria contra la guerra imperialista. Recordábamos que hasta meses muy recientes soportaron los más bárbaros y los más brutales bombardeos y ametrallamientos de la aviación yanki, y sentíamos nuestra profunda admiración y nuestro profundo reconocimiento por la lucha. Recordábamos a los miles y miles de vietnamitas que dieron la vida por la patria, y pensábamos que ellos no solo lucharon por Viet Nam, lucharon también por los demás pueblos del mundo (APLAUSOS). Habían derramado su sangre por nuestro propio pueblo (APLAUSOS), y sentíamos hacia ellos un infinito agradecimiento.

El pueblo heroico de Viet Nam del Sur se ha enfrentado también a la más terrible guerra represiva de los tiempos modernos, al más feroz neocolonialismo. El imperialismo yanki, empleó todas sus fuerzas económicas, todas sus fuerzas militares, todas sus fuerzas políticas y todas sus fuerzas ideológicas para aplastar al heroico pueblo de Viet Nam del Sur, pero sin lograr vencer el heroísmo del pueblo, sin lograr aplastar su firme patriotismo, sin lograr imponer sus objetivos. Y el pueblo de Viet Nam del Sur tiene ya su Gobierno Provisional Revolucionario, y una gran parte del país liberada (APLAUSOS).

Nuestra delegación acaba de regresar de la Conferencia Cumbre de Argelia. Allí la delegación cubana libró una dura batalla contra la corriente que intentaba enfrentar a los países no alineados con el campo socialista. Y estamos sumamente satisfechos de los resultados de la conferencia. Pero podemos decir aquí, con satisfacción, que en el seno de aquella conferencia Viet Nam encontró una gran solidaridad (APLAUSOS), que el Gobierno Revolucionario Provisional de Viet Nam del Sur encontró un gran apoyo y que aquella asamblea de dirigentes de decenas de países, en forma casi unánime, brindó su apoyo al Gobierno Revolucionario Provisional de Viet Nam del Sur (APLAUSOS), como una demostración del inmenso prestigio que goza en el mundo el pueblo de Viet Nam y su heroica lucha (APLAUSOS), como una demostración de la creciente fuerza del movimiento progresista mundial y del aislamiento del imperialismo yanki.

En esa conferencia participaron también, como miembros activos o como observadores, numerosos países de América Latina, lo que responde a los cambios que se están produciendo en aquella región del mundo.

En relación con esto, debemos mencionar las dolorosas noticias que señalaba el compañero Le Duan acerca de los acontecimientos que han tenido lugar en la República de Chile.

Sabemos que el imperialismo yanki conspiraba enérgicamente para derrocar al Gobierno de la Unidad Popular, y en el día de ayer las noticias procedentes de Chile indicaban que el imperialismo habla logrado golpear al movimiento popular de Chile, que el gobierno del presidente Allende habla sido derrocado. Todavía a estas horas no se tienen noticias exactas de la suerte del presidente Allende, no se sabe si vive o si está muerto. Al lado de esas noticias, les puedo informar que la Embajada de Cuba en Santiago de Chile en el día de ayer fue atacada por elementos de las fuerzas armadas chilenas. También podemos informar que un barco mercante cubano que había ido a llevar azúcar a Chile —azúcar que en parte corresponde a donaciones gratuitas que nuestro pueblo, quitándosela de su propia cuota, enviaba a Chile— fue ametrallado por aviones de las fuerzas armadas chilenas y fue atacado en aguas internacionales por naves de guerra chilenas.

Estas son acciones odiosas de elementos fascistas provocadores contra la Revolución Cubana. La Embajada de Cuba fue amenazada por un alto oficial de la armada chilena. De más está decir que la representación diplomática cubana, lejos de intimidarse, le advirtió que defenderían la Embajada cubana hasta la última gota de su sangre (APLAUSOS PROLONGADOS). Y los tripulantes de la nave mercante cubana, que lleva el nombre de Playa Larga, recordando la agresión mercenaria de 1961, frente a la agresión de las naves de guerra, gritaron: «¡Patria o Muerte!» y se negaron a obedecer las órdenes de las naves militares que la atacaban en aguas internacionales (APLAUSOS PROLONGADOS).

Nuestros diplomáticos están dispuestos a morir y nuestros pacíficos tripulantes están dispuestos a dejarse enviar al fondo del mar antes que ceder a las amenazas y a las agresiones de los agentes del imperialismo yanki(APLAUSOS).

Les refiero estos hechos, porque sirven para dar una idea del carácter reaccionario y fascista que está tomando el movimiento sedicioso que ha tenido lugar en Chile.

Es lógico que el derrocamiento del Gobierno de la Unidad Popular constituye un revés para el movimiento revolucionario, pero con esas conspiraciones, con esas agresiones rabiosas, el imperialismo tampoco podrá detener el movimiento revolucionario en América Latina (APLAUSOS).

Esta acción del gobierno imperialista de Estados Unidos no se dirige solo contra el pueblo de Chile, se dirige también contra el gobierno revolucionario del Perú y contra el gobierno popular de Argentina, a fin de aislarlos, hostigarlos y agredirlos. Pero de ninguna forma el imperialismo yanki podrá impedir el creciente movimiento de rebeldía de los pueblos de América Latina (APLAUSOS).

Queridos compañeros vietnamitas:

Nosotros podemos asegurarles que la Revolución Cubana está plenamente consolidada (APLAUSOS) y que al igual que Viet Nam es un baluarte invencible del movimiento revolucionario (APLAUSOS). Y es invencible como Viet Nam, porque nuestra Revolución se apoya en los principios del marxismo-leninismo (APLAUSOS), en los principios del internacionalismo proletario y en la solidaridad internacional. Apoyándose el pueblo cubano en su lucha enérgica y en la solidaridad internacional ha podido resistir durante 14 años el bloqueo y las agresiones imperialistas, y ya hasta los propios imperialistas empiezan a convencerse de que la Revolución Cubana jamás podrá ser aplastada.

Por eso nosotros podemos asegurarles a los hermanos vietnamitas, que allá a las puertas de Estados Unidos, a 90 millas de sus costas, tendrán a su compañero de lucha, tendrán a sus hermanos de lucha (APLAUSOS) y tendrán a un pueblo consciente, un pueblo revolucionario, que siempre estará al lado de Viet Nam (APLAUSOS).

Somos un país pequeño, somos un país pobre, pero a pesar de eso participaremos también en la reconstrucción de Viet Nam (APLAUSOS). Trabajadores cubanos y equipos cubanos vendrán a Viet Nam a participar en la construcción de hospitales, de centros agropecuarios, de caminos y de otras actividades, para poner también nuestro grano de arena en la reconstrucción de este país (APLAUSOS).

No importa que estemos distantes, no importa que allá es de día y aquí es de noche en este minuto, eso simplemente quiere decir, ¡que siempre es de día en el campo de las ideas revolucionarias!, ¡que siempre el sol alumbra a la revolución, en Cuba y en Viet Nam! (APLAUSOS)

El inolvidable y querido compañero Ho Chi-Minh dijo un día: Mientras existan ríos y montañas, mientras queden hombres, vencido el agresor yanki construiremos un Viet Nam diez veces más hermoso (APLAUSOS).

¡Fieles al recuerdo del querido compañero Ho Chi-Minh, nosotros queremos participar en la construcción de ese Viet Nam diez veces más hermoso! (APLAUSOS.)

¡Siempre apoyaremos a ese pueblo heroico de la República Democrática de Viet Nam y siempre apoyaremos al pueblo heroico de Viet Nam del Sur, y siempre apoyaremos a los pueblos heroicos de Lao y Cambodia! (APLAUSOS.)

¡Apoyaremos enérgicamente la lucha del pueblo vietnamita por el cumplimiento de los Acuerdos de París, y por el cese de toda intervención del imperialismo yanki en los pueblos de Indochina! (APLAUSOS.)

Nosotros pensamos, como el compañero Ho Chi-Minh decía siempre: ¡El pueblo de Viet Nam vencerá! (APLAUSOS)

Brindo por los éxitos del heroico pueblo de Viet Nam, brindo por el compañero Le Duan, por el compañero Truong Chinh, por el compañero Pham Van Dong, por el compañero Giap, por todos los compañeros del Buró Político, por todos los compañeros del Comité Central del glorioso Partido de los Trabajadores de Viet Nam. ¡Brindo por la eterna e indestructible amistad de los pueblos de Viet Nam y Cuba!».

Discurso pronunciado en la O.N.U. el 12 de octubre de 1979

«Muy estimado Señor Presidente;

Distinguidos representantes de la comunidad mundial:

No he venido a hablar de Cuba. No vengo a exponer en el seno de esta Asamblea la denuncia de las agresiones de que ha sido víctima nuestro pequeño pero digno país durante 20 años. No vengo tampoco a herir con adjetivos innecesarios al vecino poderoso en su propia casa.

Traemos el mandato de la Sexta Conferencia de Jefes de Estado o de Gobierno del Movimiento de los Países No Alineados, para presentar ante las Naciones Unidas el resultado de sus deliberaciones y las posiciones que de ellas se derivan.

Somos 95 países de todos los continentes, que representan la inmensa mayoría de la humanidad. Nos une la determinación de defender la colaboración entre nuestros países, el libre desarrollo nacional y social, la soberanía, la seguridad, la igualdad y la libre determinación. Estamos asociados en el empeño por cambiar el actual sistema de relaciones internacionales, basado en la injusticia, la desigualdad y la opresión. Actuamos en política internacional como un factor global independiente.

Reunido en La Habana, el Movimiento acaba de reafirmar sus principios y confirmar sus objetivos.

Los Países No Alineados insistimos en que es necesario eliminar la abismal desigualdad que separa a los países desarrollados y a los países en vías de desarrollo. Luchamos por ello para suprimir la pobreza, el hambre, la enfermedad y el analfabetismo que padecen todavía cientos de millones de seres humanos. Aspiramos a un nuevo orden mundial, basado en la justicia, la equidad y la paz, que sustituya al sistema injusto y desigual que hoy prevalece, en el que, según se proclamó en la Declaración de La Habana, «la riqueza sigue concentrada en las manos de unas cuantas potencias cuyas economías, fundadas en el despilfarro, son mantenidas gracias a la explotación de los trabajadores y a la transferencia y el saqueo de los recursos naturales y otros recursos de los pueblos de Africa, América Latina, Asia y demás regiones del mundo».

Entre los problemas que ha de debatir en este período de sesiones la Asamblea General, la paz figura en el primer orden de preocupaciones. La búsqueda de la paz constituye también una aspiración del Movimiento de Países No Alineados y ha sido objeto de su atención en la Sexta Conferencia. Pero la paz, para nuestros países, resulta indivisible. Queremos una paz que beneficie por igual a los grandes y a los pequeños, a los poderosos y a los débiles, que abarque todos los ámbitos del mundo y llegue a todos sus ciudadanos.

Desde su fundación misma, los Países No Alineados consideran que los principios de la coexistencia pacífica deben ser la piedra angular de las relaciones internacionales, constituyen la base del fortalecimiento de la paz y la seguridad internacional, de la reducción de la tirantez y de la extensión de ese proceso a todas las regiones del mundo y a todos los aspectos de las relaciones, y deben ser aplicados universalmente en las relaciones entre los Estados. Pero, al mismo tiempo, la Sexta Cumbre consideró que esos principios de la coexistencia pacífica incluyen también el derecho de los pueblos bajo dominación foránea y colonial a la libre determinación, a la independencia, la soberanía, la integridad territorial de los Estados, el derecho de cada país a poner fin a la ocupación extranjera, a la adquisición de territorios por la fuerza y a escoger su propio sistema social, político y económico.

Solo así la coexistencia pacífica podrá ser la base de todas las relaciones internacionales.

No es posible negarlo. Cuando se analiza la estructura del mundo contemporáneo se comprueba que esos derechos de nuestros pueblos no están todavía garantizados. Los Países No Alineados sabemos bien cuáles son nuestros enemigos históricos, de dónde vienen las amenazas y cómo debemos combatirlas. Por eso, hemos acordado en La Habana reafirmar que:

 

«La quinta esencia de la política de no alineamiento, de acuerdo con sus principios originales y carácter fundamental, lleva aparejada la lucha contra el imperialismo, el colonialismo, el neocolonialismo, el apartheid, el racismo incluido el sionismo y cualquier forma de agresión, ocupación, dominación, injerencia o hegemonía extranjeras, así como la lucha contra las políticas de gran potencia o de bloques».

 

Se comprende así que también la Declaración de La Habana asoció la lucha por la paz con «el apoyo político, moral y material a los movimientos de liberación nacional y la realización de acciones conjuntas para liquidar la dominación colonial y la discriminación racial».

Los Países No Alineados hemos concedido siempre gran importancia a la posibilidad y a la necesidad de la distensión entre las grandes potencias. De ahí que la Sexta Conferencia señalara, con gran preocupación, el hecho de que después de la Cumbre de Colombo se haya producido un cierto estancamiento en el proceso de esta distensión, que ha seguido también siendo limitado, «tanto en su alcance como geográficamente».

Partiendo de esa preocupación, los Países No Alineados —que han hecho del desarme y de la desnuclearización uno de los objetivos permanentes y más destacados de su lucha, y tuvieron la iniciativa en la convocatoria del Décimo Período Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General sobre el Desarme— examinaron en su Conferencia los resultados de las negociaciones sobre las armas estratégicas y los acuerdos denominados SALT-II. Consideran que esos acuerdos constituyen un paso importante en las negociaciones entre las dos principales potencias nucleares y que podrían allanar el camino para las negociaciones más amplias que condujeran al desarme general y a la disminución de las tensiones. Pero para los No Alineados esos tratados no son más que una parte del avance hacia la paz. Aunque las negociaciones entre las grandes potencias constituyen un elemento decisivo en el proceso, los No Alineados reiteraron una vez más que el empeño por consolidar la distensión, por extenderla a todas partes del mundo y por evitar la amenaza nuclear, la acumulación de armamentos y, en definitiva, la guerra es una tarea en la que todos los pueblos deben participar y ejercer su responsabilidad.

Señor Presidente:

Basándonos en la concepción de la universalidad de la paz, y la necesidad de asociar la búsqueda de la paz, extendida a todos los países, con la lucha por la independencia nacional, la plena soberanía y la igualdad entre los Estados, los Jefes de Estado o de Gobierno que nos reunimos en la Sexta Conferencia de La Habana dedicamos nuestra atención a los problemas más presionantes en Africa, Asia, América Latina y otras regiones. Es importante subrayar que partíamos de una posición independiente y no vinculada a políticas que puedan derivar de la contradicción entre las grandes potencias. Si a pesar de ese enfoque, objetivo y no comprometido, la revisión de los acontecimientos internacionales se transforma en un anatema contra los sustentadores del imperialismo y del colonialismo, ello no hace más que reflejar la esencial realidad del mundo contemporáneo.

Así, al iniciar su análisis de la situación en Africa, y después de apreciar el avance registrado en la lucha de los pueblos africanos por su emancipación, los Jefes de Estado o de Gobierno subrayaron, como problema fundamental de la región, la necesidad de erradicar del continente, y en especial del Africa Meridional, el colonialismo, el racismo, la discriminación racial y el apartheid.

Fue indispensable resaltar que las potencias colonialistas e imperialistas continuaban en sus políticas agresivas con el propósito de perpetuar, recuperar o ampliar su dominación y explotación de las naciones africanas.

No es otra la dramática situación del Africa. Los Países No Alineados no podían dejar de condenar los ataques a Mozambique, Zambia, Angola, Botswana, las amenazas a Lesotho, los intentos de desestabilización permanentes en aquella zona, el papel de los regímenes racistas de Rhodesia y de Sudáfrica. La necesidad de lograr, en plazo perentorio, la plena liberación de Zimbabwe y de Namibia, no es solo una causa de los Países No Alineados o de las fuerzas más progresistas de nuestra época sino constituye ya acuerdos de la comunidad internacional, a través de las Naciones Unidas, e implica deberes que son insoslayables y cuya infracción supone también la necesidad de una denuncia internacional. Por eso, cuando los Jefes de Estado o de Gobierno aprobaron en la Declaración Final condenar por sus nombres a un grupo de países occidentales, y en primer término a los Estados Unidos, por su colaboración directa e indirecta en el mantenimiento de la opresión racista y de la criminal política de Africa del Sur y, en cambio, reconocieron el papel jugado por los Países No Alineados, las Naciones Unidas, la Organización de la Unidad Africana, los países socialistas y los países escandinavos y otras fuerzas democráticas y progresistas en apoyo a la lucha de los pueblos de Africa, no hay en esto la menor manifestación de inclinación ideológica, es simplemente la expresión fiel de la realidad objetiva. Condenar a Sudáfrica sin mencionar a aquellos que hacen posible su criminal política habría sido incomprensible.

De la Sexta Conferencia Cumbre surge, con más fuerza y más urgencia que nunca, la necesidad de terminar con una situación en la cual no solo está envuelto el derecho de los pueblos de Zimbabwe y Namibia a su independencia y el requerimiento inaplazable de que los hombres y mujeres negros de Sudáfrica logren un status en que se les considere como seres humanos iguales y respetados, sino que también se aseguren las condiciones de respeto y paz para todos los países de la región.

El apoyo continuado a los movimientos de liberación nacional, al Frente Patriótico y al SWAPO, fue una decisión tan unánime como prevista. Y no se trata aquí —digámoslo bien— de expresar una preferencia unilateral por las soluciones a través de la lucha armada. Es cierto que la Conferencia encomió al pueblo de Namibia y al SWAPO, su auténtica y única representación, por haber intensificado la lucha armada y avanzar en ella, y pidió un apoyo total y eficaz para esa forma de combate. Pero ello se debe a que los racistas sudafricanos han cerrado todo camino de verdadera negociación y a que los intentos de soluciones negociadas no pasaron de ser meras estratagemas.

La actitud ante las decisiones del Commonwealth en sus reuniones de Lusaka, en el pasado agosto, orientadas a convocar una conferencia por el Gobierno británico como autoridad en Rhodesia del Sur, para discutir los problemas de Zimbabwe, sirvió para confirmar que los Países No Alineados no se oponen a soluciones que puedan ser logradas sin la lucha armada, siempre que de ellas pueda surgir un auténtico gobierno de la mayoría y en ellas se logre la independencia en forma que satisfaga a los pueblos combatientes, y que esto se haga conforme a las resoluciones de organismos como la OUA, las Naciones Unidas y nuestros Países No Alineados.

Señor Presidente:

La Sexta Cumbre tuvo que lamentar nuevamente que la Resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, sobre la concesión de independencia a los países y pueblos coloniales, no se haya aplicado en el Sahara Occidental. Debemos recordar que las decisiones de los Países No Alineados y Resoluciones de las Naciones Unidas, como especialmente la 3331 de la Asamblea General, han reafirmado el derecho inalienable del pueblo del Sahara Occidental a la libre determinación y a la independencia. En este problema Cuba siente una especial responsabilidad por el hecho de haber sido miembro de la Comisión de Naciones Unidas que realizó las investigaciones sobre el Sahara Occidental, lo que permitió a nuestra representación comprobar la total decisión del pueblo saharauí en favor de la autodeterminación y la independencia. Reiteramos aquí, que la posición de los Países No Alineados no es una posición de antagonismo hacia ningún país. En el saludo al acuerdo entre la República Mauritana y el Frente POLISARIO y a la decisión mauritana de retirar sus fuerzas del territorio del Sahara Occidental, y en el hecho de deplorar la extensión de la ocupación armada por Marruecos de la parte meridional del Sahara Occidental, anteriormente administrada por Mauritania, no debe verse otra cosa que la aplicación de nuestros principios y de los acuerdos de las Naciones Unidas. Por eso la Conferencia expresó su esperanza de que el Comité ad hoc de la OUA, constituido en la XVI Reunión de la Cumbre de la Organización Africana, permitiría asegurar que el pueblo del Sahara ejerciera su derecho a la libre determinación y a la independencia en el término más breve posible.

El mismo principio y la misma posición determinaron los acuerdos sobre Mayotte y las islas del Archipiélago Malgache y su necesario reintegro respectivo a Comores y a Madagascar.

Señor Presidente:

No hay dudas de que el problema del Oriente Medio se ha convertido en una de las situaciones más preocupantes en la actualidad contemporánea. La Sexta Cumbre lo examinó en su doble dimensión.

De una parte, la Conferencia reafirmó que la determinación de Israel de continuar su política de agresión, expansionismo y asentamiento colonial en los territorios que ha ocupado, con el apoyo de los Estados Unidos, constituye una seria amenaza a la paz y a la seguridad mundiales.

A la vez, la Conferencia examinó el problema desde el ángulo de los derechos de los países árabes y de la cuestión palestina.

Para los Países No Alineados, la cuestión de Palestina es la médula del problema del Oriente Medio. Ambos forman un todo integral, que no puede solucionarse separadamente.

La base de la paz justa en la región comienza por la retirada total e incondicional de Israel de todos los territorios árabes ocupados y supone para el pueblo palestino la devolución de todos sus territorios ocupados y la recuperación de sus derechos nacionales inalienables, incluido el derecho del retorno a su patria, a la libre determinación y al establecimiento de un Estado independiente en Palestina, de conformidad con la Resolución 3236 de la Asamblea General. Ello implica la ilegalidad y nulidad de las medidas adoptadas por Israel en los territorios palestinos y árabes ocupados, así como del establecimiento de colonias o asentamientos en tierras palestinas y en los demás territorios árabes, cuyo desmantelamiento inmediato es un requisito para la solución del problema.

Como dije en mi discurso a la Sexta Cumbre «…no somos fanáticos. El movimiento revolucionario se educó siempre en el odio a la discriminación racial y los pogromos de cualquier tipo, y desde el fondo de nuestras almas, repudiamos con todas nuestras fuerzas la despiadada persecución y el genocidio que en su tiempo desató el nazismo contra el pueblo hebreo. Pero no puedo recordar nada más parecido en nuestra historia contemporánea que el desalojo, persecución y genocidio que hoy realizan el imperialismo y el sionismo contra el pueblo palestino. Despojados de sus tierras, expulsados de su propia patria, dispersados por el mundo, perseguidos y asesinados, los heroicos palestinos constituyen un ejemplo impresionante de abnegación y patriotismo, y son el símbolo vivo del crimen más grande de nuestra época» (APLAUSOS).

¿Puede alguien extrañarse de que la Conferencia se viera obligada, por razones que no surgen de ningún prejuicio político sino del análisis objetivo de los hechos, a señalar que la política de los Estados Unidos desempeña un papel fundamental para impedir el establecimiento de una paz justa y completa en la región al alinearse con Israel, apoyarlo y trabajar por obtener soluciones parciales favorables a los objetivos sionistas y garantizar los frutos de la agresión israelí a costa del pueblo árabe de Palestina y de toda la nación árabe?

Los hechos y solo los hechos condujeron a la Conferencia a condenar la política y las maniobras estadounidenses en la región.

Cuando los Jefes de Estado o de Gobierno llegaron al consenso en que se condenó los acuerdos de Camp David y el Tratado Egipto-Israel de marzo de 1979, detrás de esas formulaciones estaban largas horas de examen atento y de provechosos intercambios que le permitieron a la Conferencia considerar esos tratados, no solo como un abandono total de la causa de los países árabes sino también como un acto de complicidad con la ocupación continuada de los territorios árabes. Los calificativos son duros, pero veraces y justos. No es el pueblo de Egipto el que ha quedado sometido al juicio de los órganos del Movimiento. El pueblo egipcio tiene el respeto de cada uno de nuestros países y la solidaridad de todos nuestros pueblos. Las mismas voces que se levantaron para denunciar los acuerdos de Camp David y el Tratado egipcio-israelí hicieron el elogio de Gamal Abdel Nasser, fundador del Movimiento y portador de las tradiciones combativas de la nación árabe. Nadie ha desconocido ni desconocerá el papel histórico de Egipto en la cultura y en el desarrollo árabe, ni sus méritos como fundador e impulsor de los Países No Alineados.

Los problemas del Sudeste Asiático ocuparon, igualmente, la atención de la Conferencia. Los crecientes conflictos y las tensiones que han tenido allí lugar constituyen una amenaza a la paz que es necesario evitar.

Preocupaciones similares expresó la Sexta Cumbre en torno a la situación del Océano Indico. La Declaración, aprobada hace ya ocho años por la Asamblea General de las Naciones Unidas, de esta área como zona de paz, no ha logrado sus objetivos. La presencia militar no se reduce en esa zona, sino que se incrementa. Las bases militares se extienden ahora hasta Sudáfrica y sirven adicionalmente para la vigilancia contra los movimientos africanos de liberación. Las conversaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética siguen en suspenso, a pesar de los acuerdos recientes entre ambos países para discutir su reanudación. De todo ello surgió la invitación de la Sexta Cumbre a todos los Estados interesados, a trabajar de manera efectiva por los objetivos de la Declaración del Océano Indico como zona de paz.

La Sexta Conferencia analizó otros problemas de interés regional y mundial, como los que atañen a la seguridad y la cooperación en Europa; el problema del Mediterráneo, las tensiones que allí subsisten, incrementadas ahora, como consecuencia de la política agresiva de Israel y el apoyo que prestan a la misma ciertas potencias imperialistas.

Se detuvo a examinar la situación de Chipre, ocupada todavía parcialmente por tropas extranjeras, y Corea, aún dividida, pese a los deseos del pueblo coreano de una reunificación pacífica de su patria, lo que llevó a los Países No Alineados a reafirmar y ampliar resoluciones solidarias dirigidas a la realización de las aspiraciones de ambos pueblos.

Sería imposible hacer referencia a todas las decisiones políticas de la Sexta Cumbre. Realizarlo nos impediría abordar lo que consideramos uno de los aspectos más fundamentales de nuestra Sexta Cumbre: su proyección económica, el clamor de los pueblos en vías de desarrollo, hartos ya de su retraso y del padecimiento que ese retraso origina. Cuba, como país sede, entregará a todos los países miembros de la comunidad internacional la Declaración Final y las resoluciones adicionales de la Conferencia. Pero se me permitirá que, antes de pasar a trasmitirles cómo ven los Países No Alineados la situación económica mundial, cuáles son sus demandas y cuáles sus esperanzas, emplee todavía unos instantes para poner en conocimiento de ustedes el enfoque de la Declaración Final respecto a las cuestiones latinoamericanas del momento.

El hecho de que la Sexta Cumbre tuviera lugar en un país latinoamericano dio oportunidad a los Jefes de Estado o de Gobierno allí reunidos para recordar que los pueblos de aquella región iniciaron sus esfuerzos por la independencia en los comienzos mismos del siglo XIX. No olvidaron, asimismo, que, como se dice en la Declaración: «América Latina era una de las regiones del mundo que históricamente había sufrido más por la agresión del imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo de los Estados Unidos y Europa». A los participantes de la Conferencia les fue necesario resaltar que quedan todavía remanentes de colonialismo, neocolonialismo y opresión nacional en aquella tierra de lucha. La Conferencia, por ello, se pronunció por la erradicación del colonialismo en todas sus formas y manifestaciones, condenó la existencia de bases militares en América Latina y el Caribe, como las de Cuba y Puerto Rico y exigió, una vez más, que la parte de sus territorios ocupada por aquellas bases contra la voluntad de sus pueblos, les fuera devuelta por el Gobierno de los Estados Unidos y las demás potencias coloniales.

La experiencia de otras áreas condujo a que los Jefes de Estado o de Gobierno rechazaran y condenaran el intento de crear en el Caribe una llamada «Fuerza de Seguridad», mecanismo neocolonial incompatible con la soberanía, la paz y la seguridad de los países.

Al pedir la restitución a la República Argentina de las islas Malvinas, al reiterar su apoyo al derecho inalienable del pueblo de Belice a su libre determinación, independencia e integridad territorial, la Conferencia corroboró de nuevo aquello que su Declaración definió como la quintaesencia del no alineamiento. Comprobó, complacida, el hecho de que a partir del 1ro. de octubre entrarían en vigor los tratados sobre el Canal de Panamá suscritos entre la República de Panamá y los Estados Unidos, dio pleno apoyo a esos tratados, exigió que los mismos fueran respetados en su letra y en su espíritu, y llamó a todos los Estados del mundo para que se adhieran al protocolo del tratado concerniente a la neutralidad permanente del Canal de Panamá.

Los Jefes de Estado o de Gobierno, a pesar de las presiones que se ejercieron, de las amenazas y de los halagos, de la obstinación del gobierno norteamericano al exigir que los problemas de Puerto Rico sean considerados problemas internos de los Estados Unidos, reiteraron su solidaridad con la lucha del pueblo de Puerto Rico y con su inalienable derecho a la libre determinación de independencia e integridad territorial y exhortaron al Gobierno de Estados Unidos de América a que se abstuviera de toda maniobra política o represiva tendiente a perpetuar la situación colonial de aquel país (APLAUSOS).

Ningún homenaje más digno que este a las tradiciones libertadoras de la América Latina y al heroico pueblo puertorriqueño, que en estos propios días ha celebrado el «Grito de Lares» con que hace casi 100 años expresó su indomable vocación de libertad.

Al referirse a la realidad latinoamericana, los Jefes de Estado o de Gobierno, que ya habían analizado la significación del proceso liberador ocurrido en Irán, no podían dejar de referirse al vuelco revolucionario de Granada y a la extraordinaria victoria del pueblo de Nicaragua y de su vanguardia, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (APLAUSOS), y destacar la enorme significación histórica que para los pueblos de la América Latina y del mundo tiene este hecho. Subrayaron además los Jefes de Estado o de Gobierno algo que viene a constituir un hecho nuevo en las relaciones latinoamericanas y que sirve de ejemplo para otras regiones del mundo: la forma solidaria y mancomunada en que actuaron los gobiernos de Panamá, Costa Rica y México, y los países del Pacto subregional Andino: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, para lograr la justa solución del problema nicaragüense, así como la solidaridad que Cuba brindó históricamente a la causa de aquel pueblo.

Confieso que esos enfoques sobre la América Latina le habrían bastado al pueblo cubano para justificar todos los esfuerzos y desvelos que realizaron cientos de miles de hombres y mujeres de nuestro país, en el empeño de hacer posible que Cuba acogiera dignamente a los países hermanos del Movimiento No Alineado en la Cumbre de La Habana. Pero hubo para Cuba mucho más. Algo que queremos agradecer aquí, en la tribuna de las Naciones Unidas, en nombre de nuestro pueblo. En La Habana, el pueblo cubano recibió el apoyo a su derecho de escoger el sistema político y social que ha decidido, en su reclamación del territorio que ocupa la Base de Guantánamo y en la condena al bloqueo con que todavía el Gobierno estadounidense pretende aislar y sueña con destruir a la Revolución Cubana (APLAUSOS).

Apreciamos en su profundo sentido y en su resonancia universal la denuncia que acaba de hacer el Movimiento en La Habana contra los actos de hostilidad, presiones y amenazas de los Estados Unidos hacia Cuba, calificándolos como una flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios del derecho internacional, como una amenaza a la paz mundial. Una vez más respondemos a nuestros hermanos y aseguramos a la comunidad universal que Cuba seguirá siendo fiel a los principios de la solidaridad internacional.

Señor Presidente:

La historia nos ha enseñado que el acceso a la independencia para un pueblo que se libera del sistema colonial o neocolonial es, a la vez, el último acto de una larga lucha y el primero de una nueva y difícil batalla. Porque la independencia, la soberanía y la libertad de nuestros pueblos, aparentemente libres, están de continuo amenazadas por el control externo de sus recursos naturales, por la imposición financiera de organismos internacionales oficiales y por la precaria situación de sus economías que les merma la plenitud soberana.

Por ello, en el inicio mismo de sus análisis de los problemas económicos mundiales, los Jefes de Estado o de Gobierno, de una parte:

«Subrayaron solemnemente una vez más la importancia suprema que tenía el consolidar la independencia política mediante la emancipación económica… y reiteraron que el sistema económico internacional existente iba en contra de los intereses básicos de los países en desarrollo, era profundamente injusto e incompatible con el desarrollo de los Países No Alineados y otros países en desarrollo y no contribuía a la eliminación de los males económicos y sociales que afligían a esos países…»

Y, por la otra, enfatizaron:

«La misión histórica que el Movimiento de Países No Alineados debiera desempeñar en la lucha por lograr la independencia económica y política de todos los países en desarrollo y de los pueblos; por ejercer la soberanía plena y permanente y el control sobre sus recursos naturales y de todo tipo sobre sus actividades económicas; y por promover una reestructuración a fondo mediante el establecimiento del Nuevo Orden Económico Internacional».

Para concluir con estas palabras:

«La lucha por eliminar la injusticia del sistema económico internacional existente y establecer el Nuevo Orden Económico Internacional es parte integrante de la lucha del pueblo por la liberación política, económica, cultural y social».

No es necesario demostrar aquí hasta qué punto el sistema económico internacional existente, es profundamente injusto e incompatible con el desarrollo de los países subdesarrollados. Las cifras están ya tan popularizadas que son innecesarias para nosotros. Se discute si el número de los seres desnutridos de nuestro planeta es solo de 400 millones o ha vuelto a ser de 450, según se consigna en ciertos documentos internacionales. Cuatrocientos millones de hombres y mujeres hambrientos es ya una cantidad demasiado acusatoria.

Lo que nadie duda es que todas las esperanzas que se habían desplegado ante los países en vías de desarrollo aparecen fracasadas y canceladas al terminar este segundo decenio del desarrollo.

Se ha reconocido por el Director General del Consejo de la FAO que «los progresos continúan siendo decepcionantemente lentos en relación con los objetivos de desarrollo a más largo plazo acordados en la Estrategia Internacional del Desarrollo, en la Declaración y el Programa de Acción sobre el Establecimiento del Nuevo Orden Económico Internacional y en la Resolución de la Conferencia Mundial de la Alimentación y en varias conferencias posteriores». Está lejos de haberse logrado en la producción agrícola y alimentaria de los países en desarrollo, en estos últimos 10 años, el modesto aumento medio anual del 4% que se planteó para resolver algunos de los problemas más perentorios del hambre mundial y acercarnos a niveles todavía reducidos de consumo. Como consecuencia de ello, las importaciones de alimentos de los países en desarrollo, que constituyen ahora mismo un elemento agravante de sus balanzas de pago deficitarias, alcanzarán muy pronto, según la FAO, proporciones tales que serán inmanejables. Frente a eso, disminuyen los compromisos oficiales de ayuda exterior para la agricultura de los países en vías de desarrollo.

Este panorama no puede ser embellecido. A veces en ciertos documentos oficiales se reflejan los aumentos circunstanciales de la producción agrícola en ciertas áreas del mundo subdesarrollado, o se destacan las elevaciones coyunturales de los precios de algunos artículos de la agricultura. Pero se trata de avances transitorios y de ventajas efímeras. Los ingresos por concepto de exportaciones agrícolas de los países en desarrollo continúan siendo inestables e insuficientes en relación con sus necesidades de importación de alimentos, fertilizantes y otros insumos para elevar la propia producción. La producción de alimentos por habitante en Africa durante 1977 fue un 11% menor que 10 años atrás.

Si en la agricultura se perpetúa el retraso, el proceso de industrialización tampoco avanza. Y no puede avanzar, porque para la mayoría de los países desarrollados la industrialización de los países en desarrollo es vista como una amenaza.

En Lima, en 1975, la Conferencia Mundial para la Industrialización nos propuso a los países en desarrollo la meta de llegar al año 2000 aportando el 25% de todas las manufacturas producidas en el mundo. Pero los progresos desde Lima hasta hoy son tan insignificantes, que si no se aceptan las medidas propuestas por la Sexta Conferencia Cumbre y si no se lleva a la práctica un programa urgente de rectificaciones en la política económica de la mayoría de los países desarrollados, esa meta quedará también incumplida. No llegamos todavía a producir el 9% de la manufactura del mundo.

Nuestra dependencia se expresa, una vez más, en el hecho de que los países de Asia, Africa y América Latina importamos el 26,1% de los productos manufacturados que entran en el comercio internacional y exportamos solo el 6,3.

Se dirá que hay un cierto proceso de expansión industrial, pero no se produce ni al ritmo necesario ni en las industrias claves de la economía industrial. La Conferencia de La Habana lo ha señalado. La redistribución mundial de la industria, el llamado redespliegue industrial, no puede consistir en una nueva confirmación de las profundas desigualdades económicas originadas en la época colonial del siglo XIX. Entonces se nos condenó a ser productores de materias primas y productos agrícolas baratos. Ahora se quiere utilizar la mano de obra abundante y los salarios de miseria de los países en vías de desarrollo para transferirles las industrias de menor tecnología, de más baja productividad y que más polucionan el ambiente. Eso lo rechazamos terminantemente.

Los países desarrollados de economía de mercado absorben hoy más del 85% de la producción manufacturera mundial, entre ella la producción industrial de más alta tecnología. Controlan también más del 83% de las exportaciones industriales. El 26% de esas exportaciones va hacia los países en vías de desarrollo, cuyos mercados monopolizan. Lo más grave de esa estructura dependiente es que aquello que importamos, es decir, no solo los bienes de capital sino también los artículos de consumo, está elaborado según las exigencias, las necesidades y la tecnología de los países de mayor desarrollo industrial y los patrones de la sociedad de consumo, que de ese modo se introduce por los resquicios de nuestro comercio, infecta nuestras propias sociedades y añade así un nuevo elemento a la ya permanente crisis estructural.

Como resultado de todo esto, según lo constataron los Jefes de Estado o de Gobierno en La Habana, la brecha existente entre los países desarrollados y los países en desarrollo no solo subsisten sino se ha ampliado sustancialmente. La participación relativa de los países en desarrollo en la producción mundial descendió considerablemente durante las dos últimas décadas, lo que tiene consecuencias aun más desastrosas en fenómenos como la malnutrición, el analfabetismo y la insalubridad.

Algunos quisieran resolver el trágico problema de la humanidad con drásticas medidas para reducir la población. Recuerdan que la guerra y las epidemias ayudaron a reducirla en otras épocas. Pretenden más aun, quieren atribuir el subdesarrollo a la explosión demográfica.

Pero la explosión demográfica no es la causa, sino la consecuencia del subdesarrollo. El desarrollo actuará a la vez trayendo soluciones para la pobreza y contribuyendo, a través de la educación y la cultura, a que nuestros países logren tasas de crecimiento racionales y adecuadas.

En un reciente informe del Banco Mundial se señala una más grave perspectiva. Es posible —se dice— que al llegar el año 2000 haya 600 millones de habitantes de esta Tierra que continúen en absoluta pobreza.

Señor Presidente, señores representantes:

La situación de retraso agrícola e industrial, de la cual no acaban de desprenderse los países en vías de desarrollo es, sin duda, como lo señala la Sexta Cumbre, el resultado de relaciones internacionales injustas y desiguales. Pero a éstas se añade ahora, como también se señala en la Declaración de La Habana, la crisis prolongada de la economía internacional.

No voy a detenerme demasiado en este aspecto. Precisemos ahora que los Jefes de Estado o de Gobierno hemos considerado que la crisis del sistema económico internacional no es coyuntural sino que constituye un síntoma de desajustes estructurales y de un desequilibrio que están en su propia naturaleza; que ese desequilibrio ha sido agravado por la negativa de los países desarrollados de economía de mercado a controlar sus desequilibrios externos y sus altos niveles de inflación y desempleo; que la inflación se ha generado precisamente en esos países desarrollados que ahora se resisten a aplicar las únicas medidas que podían eliminarla. Y señalemos además, porque es algo a lo cual hemos de referirnos después y que también está registrado en la Declaración de La Habana, que esta crisis es asimismo el resultado de la persistente falta de equidad en las relaciones económicas internacionales, de manera que resolver esa desigualdad, como lo proponemos, contribuirá a atenuar y alejar la propia crisis.

¿Cuáles son los señalamientos principales que los representantes del Movimiento de Países No Alineados se vieron obligados a formular en La Habana?

Condenamos allí la persistente desviación de recursos humanos y materiales hacia una carrera de armamentos improductiva, derrochadora y peligrosa para la humanidad (APLAUSOS). Y exigimos que parte considerable de los recursos que ahora se emplean en armamentos, en particular por las principales potencias, sean destinados al desarrollo económico y social.

Hemos expresado nuestra grave preocupación por el insignificante progreso en las negociaciones dirigidas a la aplicación de la Declaración y del Programa de Acción sobre el establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional. Apuntamos que ello se debía a la falta de voluntad política de la mayoría de los países desarrollados y censuramos expresamente las tácticas dilatorias, diversionistas y divisorias adoptadas por esos países. El fracaso del V período de Sesiones de la UNCTAD sirvió para poner en evidencia esa situación.

Comprobamos que el intercambio desigual en las relaciones económicas internacionales, enunciado como característica esencial del sistema, se ha hecho, si cabe, aun más desigual. Mientras los precios de la manufactura, los bienes de capital, los productos alimenticios y los servicios que importamos de los países desarrollados se incrementan de continuo, se estancan en cambio y están sometidos a fluctuaciones incesantes los precios de los productos primarios que exportamos. La relación de intercambio se ha empeorado. Hicimos hincapié en que el proteccionismo, que fue uno de los elementos agravantes de la Gran Depresión de los años 30, ha vuelto a ser introducido por ciertos países desarrollados. La Conferencia lamentó que en las negociaciones del GATT los países desarrollados que pertenecen al mismo no tuvieran en cuenta los intereses y las preocupaciones de los países en desarrollo, y en particular de los menos desarrollados.

La Conferencia denunció, asimismo, cómo ciertos países desarrollados intensifican el uso de subsidios internos a determinados productos, en detrimento de producciones que son de interés para los países en desarrollo.

La Conferencia deploró las deficiencias en el alcance y funcionamiento del Sistema Generalizado de Preferencias, y en ese espíritu condenó las restricciones discriminatorias contenidas en la Ley sobre Comercio Exterior de los Estados Unidos, así como la posición inflexible de ciertos países desarrollados, que impidieron que sobre estos problemas se llegara a un acuerdo en el V Período de Sesiones de la UNCTAD.

Expresamos nuestra preocupación por el constante deterioro de la situación monetaria internacional. La inestabilidad en los tipos de cambio de las principales monedas de reserva y la inflación, que acentúan el desequilibrio de la situación económica mundial, crean dificultades adicionales a los países en desarrollo, disminuyen el valor real de sus ingresos de exportación y reducen el de sus reservas de divisas. Señalamos como un factor negativo el crecimiento desordenado de los recursos monetarios internacionales, básicamente mediante el empleo de dólares devaluados de los Estados Unidos y otras monedas de reserva. Notamos que, mientras la desigualdad de las relaciones económicas internacionales hace incrementar la deuda externa acumulada de los países en desarrollo hasta más de 300 000 millones de dólares, los organismos financieros internacionales y la banca privada elevan las tasas de intereses, hacen más cortos los plazos de amortización de los préstamos y ahogan con ello financieramente a los países en desarrollo, constituyendo todo esto, como se denunció por la Conferencia, un elemento coercitivo en las negociaciones, lo que les permite obtener ventajas políticas y económicas adicionales a expensas de nuestros países.

La Conferencia tuvo en cuenta el empeño neocolonialista de impedir a los países en desarrollo ejercer de manera permanente y efectiva su plena soberanía sobre los recursos naturales, y reafirmó ese derecho. Por ello mismo, apoyó los esfuerzos de los países en desarrollo productores de materias primas por obtener precios justos y remuneradores para sus exportaciones y mejorar en términos reales sus ingresos de exportación.

Por otra parte, la Conferencia puso más atención que nunca al fortalecimiento de las relaciones económicas y a la transferencia científico-técnica y tecnológica de los países en vías de desarrollo entre sí. El concepto de lo que podríamos definir como «autosustentación colectiva», o sea, el apoyo mutuo y la colaboración entre los países en vías de desarrollo de modo que estos dependen, en primer término, de sus propias fuerzas colectivas, cobra en la Declaración de La Habana una fuerza que no tuvo nunca antes. Cuba, como Presidente del Movimiento y país coordinador, se propone realizar, en unión del Grupo de los 77, todos los esfuerzos necesarios para impulsar el Programa de Acción delineado por la Conferencia en materia de cooperación económica.

No concebimos esa «autosustentación colectiva», sin embargo, como algo siquiera parecido a la autarquía, la vemos como un factor de las relaciones internacionales que ponga en juego todas las posibilidades y recursos de esta parte considerable e importante de la humanidad, que somos los países en desarrollo, para incorporarla a la corriente general de los recursos y de la economía que por su parte puedan movilizar tanto en el campo capitalista como en los países socialistas.

Señor Presidente:

La Sexta Cumbre rechazó los intentos de algunos países desarrollados que pretenden utilizar la cuestión de la energía para dividir a los países en desarrollo.

El problema de la energía, solo puede ser examinado en su contexto histórico, tomando en cuenta, de una parte, cómo los modelos consumistas de algunos países desarrollados llevaron a la dilapidación de los hidrocarburos y advirtiendo a la vez el papel expoliador de las empresas transnacionales, beneficiarias hasta fecha reciente de los suministros de energía barata, los que usaron de manera irresponsable. Las transnacionales explotan simultáneamente a los productores y a los consumidores, obteniendo beneficios extraordinarios e injustificados de unos y de otros, a la vez que pretenden culpar a los países en desarrollo exportadores de petróleo de la situación actual.

Permítaseme recordar que en mis palabras inaugurales a la Conferencia señalé la situación angustiosa de los países en desarrollo no productores de petróleo, en particular los menos adelantados, y expresé la certeza de que los Países No Alineados productores de petróleo encontrarían fórmulas para contribuir a mitigar la situación desfavorable de aquellos países golpeados ya por la inflación mundial y por la desigualdad del intercambio, que sufren serios déficit de sus balanzas de pago y un aumento considerable de su deuda externa. Pero ello no excluye la responsabilidad central de los países desarrollados, sus monopolios y sus empresas transnacionales.

Los Jefes de Estado o de Gobierno, al considerar el problema de la energía con ese enfoque, pusieron de relieve que el mismo debería ser objeto de discusiones en el contexto de las negociaciones mundiales que se llevan a cabo en las Naciones Unidas, con la participación de todos los países y relacionando el problema energético con todos los problemas del desarrollo, con la reforma financiera y monetaria, el comercio mundial y las materias primas, de modo que se realice un análisis global de los aspectos vinculados al establecimiento de un nuevo orden económico internacional.

En la revisión de los principales problemas que afectan a los países en vías de desarrollo en el ámbito económico mundial, no podía faltar el examen del funcionamiento de las empresas transnacionales. Una vez más se declararon inaceptables sus políticas y sus prácticas. Se imputó que en busca de beneficios agotan los recursos, trastornan la economía y violan la soberanía de los países en desarrollo, menoscaban los derechos de los pueblos a la libre determinación, interfieren los principios de no injerencia en los asuntos de los Estados y recurren con frecuencia al soborno, a la corrupción y a otras prácticas indeseables, a través de las cuales pretenden subordinar, y subordinan los países en desarrollo a los países industrializados.

Ante los progresos insuficientes en la tarea de preparar en Naciones Unidas el Código de Conducta que regule las actividades de las empresas transnacionales, la Conferencia reafirmó la urgencia de que esa labor concluya rápidamente, con el propósito de brindar a la comunidad internacional un instrumento jurídico que le sirva al menos para controlar y reglamentar las actividades de las transnacionales, de acuerdo con los objetivos y aspiraciones de los países en desarrollo.

Al consignar todos los abrumadores aspectos negativos en la situación económica de los países en vías de desarrollo, la Sexta Cumbre llamó muy especialmente la atención hacia los problemas que se acumulan sobre los países en desarrollo menos adelantados en condiciones desventajosas, sin litoral y aquellos otros mediterráneos aislados, y pidió que se adoptaran medidas urgentes y especiales para mitigarlos.

Ese es, Señor Presidente y señores representantes, el panorama poco optimista, y más bien sombrío y desestimulante, que tuvieron ante sí los países miembros del Movimiento No Alineado al reunirse en La Habana.

Pero los Países No Alineados no se dejaron arrastrar hacia posiciones de frustración o exasperación, que resultarían explicables. Al mismo tiempo que elaboraron concepciones estratégicas que les permitan llevar adelante su lucha, los Jefes de Estado o de Gobierno reiteraron sus demandas y definieron sus posiciones.

El primer objetivo fundamental de nuestra lucha consiste en reducir, hasta eliminarlo, el intercambio desigual que hoy prevalece y que convierte al comercio internacional en un vehículo provechoso para la expoliación adicional de nuestras riquezas. Hoy se cambia una hora de trabajo de los países desarrollados por 10 horas de trabajo de los países subdesarrollados.

Los Países No Alineados demandan que se le preste una seria atención al Programa Integrado para los Productos Básicos, que ha sido hasta ahora manipulado y escamoteado en las negociaciones llamadas «Norte-Sur». De la misma manera piden que el Fondo Común, proyectado como un instrumento de estabilización de manera que se establezca una permanente correspondencia entre los precios que reciben por sus productos y los de sus importaciones, y que apenas ha podido comenzar a integrarse, reciba un real impulso. Para los Países No Alineados esta correspondencia que vincule de manera permanente los precios de sus mercancías exportadas a los precios de los equipos básicos, productos industriales y materias primas tecnológicas, que importa de los países desarrollados, constituye un pivote esencial de todas las negociaciones económicas futuras.

Los países en vías de desarrollo exigen que los países que han generado la inflación y la estimulan con su política adopten las medidas necesarias para controlarla, cesando así la agravación de los resultados del intercambio no equitativo.

Los países en vías de desarrollo exigen —y mantendrán su lucha por obtenerlo— que los artículos industriales de sus incipientes economías tengan el acceso a los mercados de los países desarrollados; que se elimine el vicioso proteccionismo reintroducido en la economía internacional y que amenaza conducirnos nuevamente a una guerra económica nefasta; que se apliquen de manera general y sin ficciones engañosas las Preferencias Arancelarias Generalizadas y no Recíprocas, como manera de permitir el desenvolvimiento de sus industrias jóvenes, sin que las aplasten en el mercado mundial los recursos tecnológicos superiores de las economías desarrolladas.

Los Países No Alineados consideran que las negociaciones que están a punto de culminar sobre el Derecho del Mar no pueden, como lo pretenden ciertos países desarrollados, servir para ratificar el desequilibrio existente en cuanto a los recursos marinos, sino que han de ser un vehículo para su rectificación equitativa. La Conferencia de Derecho del Mar ha servido una vez más para poner de relieve la arrogancia y la decisión imperialista de algunos países que, poniendo sus posibilidades tecnológicas por encima del espíritu de comprensión y de avenencia que los países en desarrollo solicitan, amenazan con proceder unilateralmente a realizar operaciones mineras en los fondos marinos.

La deuda de los países en vías de desarrollo ha alcanzado ya la cifra de 335 000 millones de dólares. Se calcula que el pago total por concepto de servicios de la deuda externa asciende a más de 40 000 millones cada año, lo que representa más del 20% de sus exportaciones anuales. Por otro lado, el ingreso per cápita promedio de los países desarrollados es ahora catorce veces superior al de los países subdesarrollados. Esta situación es ya insostenible.

Los países en vías de desarrollo necesitan que se establezcan nuevos sistemas de financiamiento, mediante los cuales reciban los recursos financieros necesarios para el desarrollo continuo e independiente de sus economías. Estos financiamientos deben ser a largo plazo y a bajo interés. El uso de esos recursos financieros debe estar a la plena disposición de los países en desarrollo, para que estos puedan establecer en sus economías el sistema de prioridades que corresponda con sus planes de desarrollo industrial y no sean absorbidos esos fondos financieros, como hoy ocurre, por las empresas transnacionales, que se benefician adicionalmente, aprovechando la supuesta contribución financiera al desarrollo para agravar la deformación de sus economías y obtener de la explotación de los recursos de los países máximas ganancias.

Los países en vías de desarrollo y, en su nombre, el Movimiento de Países No Alineados, demandan que una parte importante de los inmensos recursos que la humanidad hoy dilapida en la carrera armamentista sean dedicados al desarrollo, lo que contribuirá, simultáneamente, a alejar el peligro de guerra y facilitar el mejoramiento de la situación internacional.

Los Países No Alineados, expresando las posiciones de todos los países en vías de desarrollo, demandan un nuevo sistema monetario internacional, que impida las fluctuaciones desastrosas que hoy sufren las monedas que prevalecen en la economía internacional, en particular el dólar norteamericano. El desorden financiero golpea adicionalmente sobre los países en vías de desarrollo, los cuales aspiran a que en la elaboración del nuevo sistema monetario mundial ellos tengan palabra y decisión como representantes del mayor número de países de la comunidad internacional y de más de 1 500 millones de hombres y mujeres.

En resumen, Señor Presidente y señores representantes:

El intercambio desigual, arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar!

La inflación que se nos exporta, arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar!

El proteccionismo, arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar!

El desequilibrio que existe en cuanto a la explotación de los recursos marinos, es abusivo. ¡Y debe ser abolido!

Los recursos financieros que reciben los países en desarrollo, son insuficientes. ¡Y deben ser aumentados!

Los gastos en armamentos, son irracionales. ¡Deben cesar y sus fondos empleados en financiar el desarrollo!

El sistema monetario internacional que hoy predomina, está en bancarrota. ¡Y debe ser sustituido!

Las deudas de los países de menor desarrollo relativo y en situación desventajosa, son insoportables y no tienen solución. ¡Deben ser canceladas! (APLAUSOS)

El endeudamiento abruma económicamente al resto de los países en desarrollo. ¡Y debe ser aliviado!

El abismo económico entre los países desarrollados y los países que quieren desarrollarse, en vez de disminuir se agranda. ¡Y debe desaparecer!

Tales son las demandas de los países subdesarrollados.

Señor Presidente, señores representantes:

La atención a esas demandas, algunas de las cuales han sido presentadas sistemáticamente por los países en vías de desarrollo, en los foros internacionales, a través del Grupo de los 77 y del Movimiento de Países No Alineados, permitiría un cambio de rumbo en la situación económica internacional, que ofrecería a los países en vías de desarrollo las condiciones institucionales para organizar los programas que los situarían definitivamente en el camino al desarrollo.

Pero aunque todas estas medidas fueran llevadas a la práctica, aunque se rectificaran los errores y vicios del presente sistema de relaciones internacionales, los países subdesarrollados carecerían de un elemento decisivo: el financiamiento externo.

Todos los esfuerzos internos, todos los sacrificios que hacen y están dispuestos a hacer los pueblos de los países en vías de desarrollo, todas las oportunidades de incrementar su potencial económico que se lograrían al eliminar la desigualdad entre los precios de exportación y los de importación y mejorar las condiciones en que se realiza su comercio exterior no serán, sin embargo, suficientes. A la luz de su situación financiera real y actual, necesitan además recursos en tal cantidad que les permitan, a la vez, pagar sus deudas y emprender los enormes gastos que a nivel mundial exige el salto al desarrollo.

Aquí también las cifras son demasiado conocidas para que necesitemos repetirlas. La Sexta Cumbre se preocupó ante el hecho de que no solo la deuda de los países subdesarrollados es prácticamente insoportable, sino también que esta deuda creciera cada año a un ritmo que podríamos considerar galopante. Y los datos que acaba de suministrar el reciente informe del Banco Mundial, emitido en los mismos días en que celebrábamos la Conferencia de La Habana, confirman que la situación es cada día más grave. Solo en el año 1978 la deuda pública externa de 96 países en desarrollo aumentó en unos 51 000 millones de dólares. Este ritmo eleva la deuda a las cifras astronómicas mencionadas.

¡No podemos, Señor Presidente, resignarnos a este panorama sombrío!

Los más reputados economistas, tanto los occidentales como aquellos que se adscriben a las concepciones del marxismo, admiten que la forma en que funciona el sistema de endeudamiento internacional de los países en vías de desarrollo es completamente irracional y que su mantenimiento amenaza con una súbita interrupción, que pondrá en peligro todo el precario e inestable equilibrio económico mundial.

Algunos tratan de explicar el sorprendente hecho económico de que los centros bancarios internacionales continúen suministrándoles fondos a países que están técnicamente en bancarrota, aduciendo que se trata de una contribución generosa para ayudar a esos países a soportar las dificultades económicas. Pero no es así. Es, en realidad, una operación de salvamento del propio orden internacional capitalista. En octubre de 1978 la Comisión de las Comunidades Europeas admitía en forma esclarecedora:

«El equilibrio actual de la economía mundial depende en grado considerable de que continúe la corriente de préstamos privados a los países en desarrollo no productores de petróleo… en una escala sin precedentes antes de 1974, y cualquier impedimento a esa corriente pondrá en peligro dicho equilibrio».

La quiebra financiera mundial sería muy dura, en primer lugar, para los países subdesarrollados y para los trabajadores de los países capitalistas desarrollados. Afectaría también a las más estables economías socialistas. Pero el sistema capitalista dudosamente podría sobrevivir a semejante catástrofe. Y sería difícil que la terrible situación económica resultante no engendrara, inevitablemente, una conflagración mundial. Ya se habla de fuerzas militares especiales para ocupar los campos petrolíferos y las fuentes de materias primas.

Pero si es deber de todos la preocupación por este panorama sombrío, es deber, primero, de los que poseen una mayor suma de riqueza y bienestar material.

A los revolucionarios, al fin y al cabo, la perspectiva de un mundo sin capitalismo no nos asusta demasiado (APLAUSOS).

Se ha propuesto que en lugar del espíritu de enfrentamiento utilicemos el sentido de la interdependencia económica mundial que permita conjugar las fuerzas de todas las economías para obtener beneficios comunes, pero el concepto de la interdependencia solo es aceptable cuando se parte de admitir la injusticia intrínseca y brutal de la actual interdependencia. Los países en vías de desarrollo rechazan el que se les proponga como «interdependencia» la aceptación de la injusta y arbitraria división internacional del trabajo, que el colonialismo moderno les impuso a partir de la revolución industrial inglesa y que el imperialismo profundizó.

Si se quiere impedir la confrontación y la lucha, que es el único camino que aparece abierto para los países en vías de desarrollo —un camino que ofrece largos y difíciles combates cuyas proporciones nadie podría ahora predecir—, es necesario que todos busquemos y encontremos fórmulas de colaboración para resolver los grandes problemas que, si bien afectan a nuestros pueblos, no pueden resolverse sin afectar de alguna forma a los países más desarrollados.

No hace muchos años expresamos que el derroche irracional de bienes materiales y el consiguiente despilfarro de recursos económicos de la sociedad capitalista desarrollada era ya insostenible. ¿Cuál ha sido si no la causa de la dramática crisis energética que estamos viviendo? ¿Y quiénes tienen que soportar las peores consecuencias, sino, los países subdesarrollados no petroleros?

Estos criterios sobre la necesidad de poner fin al despilfarro de las sociedades de consumo son hoy una opinión generalizada.

En un reciente documento de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial se afirma que:

«Las modalidades de vida actuales, especialmente en los países industrializados, tal vez tengan que experimentar un cambio radical y doloroso».

Claro está que los países en vías de desarrollo no pueden esperar, ni esperan, que las transformaciones a que aspiran y los financiamientos que requieren puedan llegarles como una dádiva derivada de meros análisis sobre los problemas económicos internacionales. En este proceso, que implica contradicciones, lucha y negociaciones, los países No Alineados tienen que depender, en primer término, de sus propias decisiones y esfuerzos.

Esa convicción emerge con claridad de la Sexta Cumbre. En la parte económica de la Declaración Final, los Jefes de Estado o de Gobierno reconocen la necesidad de realizar en sus países los cambios estructurales necesarios de índole económica y social, considerando que es esta la única forma de eliminar la vulnerabilidad actual de sus economías y de convertir el simple crecimiento estadístico en un verdadero desarrollo. Solo así —lo reconocen los Jefes de Estado—, los pueblos estarían dispuestos a pagar el precio que les exigiría ser los protagonistas principales del proceso. Como dijimos en aquella oportunidad: «Si el sistema es socialmente justo, las posibilidades de supervivencia, y desarrollo económico y social son incomparablemente mayores».

La historia de mi país es un ejemplo irrefutable de ello.

La necesidad emergente e impostergable de dar solución al subdesarrollo, nos hace volver, Señor Presidente, al problema que hace un momento abordáramos, y que quisiera que fuese el último presentado por mí ante esta XXXIV Asamblea General de las Naciones Unidas. Me refiero al financiamiento internacional.

Uno de los fenómenos más graves que acompaña al endeudamiento acelerado de los países en vías de desarrollo lo constituye, según dijéramos, el hecho de que la mayor parte del dinero que reciben del exterior esos países se ven forzados a emplearlo para cubrir sus balances comerciales y de cuenta corriente negativos, renovar deudas y pagar intereses.

Si tomamos el ejemplo de los países en vías de desarrollo no exportadores de petróleo, a cuya situación me referí en la Conferencia de La Habana, solo en los últimos seis años han acumulado déficits en sus balanzas de pagos que sobrepasan los 200 000 millones de dólares.

Frente a eso, las inversiones que realmente necesitan los países en vías de desarrollo son enormes. Y las necesitan, precisamente y en primer término, casi sin excepción, en ramas y producciones de escasa rentabilidad, que no atraen a los inversionistas y prestamistas privados extranjeros.

Para aumentar la producción de alimentos, con el objeto de eliminar la desnutrición de esos 450 millones de personas que hemos mencionado, habrá que habilitar nuevos recursos de tierras y de agua. Según cálculos especializados, la superficie total de tierra cultivada de los países en desarrollo tendría que aumentarse en los próximos 10 años en 76 millones de hectáreas, y las tierras de regadío en más de 10 millones.

La rehabilitación de las obras de riego exigen atender 45 millones de hectáreas. Es por ello que los cálculos más modestos admiten que la ayuda financiera internacional —y nos referimos a la ayuda y no al flujo total de los recursos— tiene que llegar anualmente a 8 000 ó 9 000 millones de dólares, para conseguir el objetivo de que la agricultura crezca a ritmos entre 3,5 y 4% en los países en desarrollo.

Si examinamos la industrialización, los cálculos exceden con mucho esos parámetros. La Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, al trazar las metas que mencionamos en su reunión de Lima, determinó que en el centro de la política internacional del desarrollo tendría que estar el financiamiento y que este deberá llegar hacia el año 2000 a niveles de 450 000 a 500 000 millones de dólares anuales, de los cuales un tercio —es decir, de 150 000 a 160 000 millones—, tendrán que ser financiamientos de corrientes externas.

Pero el desarrollo, Señor Presidente y señores representantes, no es solo agricultura e industrialización. Desarrollo es, principalmente, la atención al ser humano, que ha de ser el protagonista y el fin de cualquier esfuerzo por el desarrollo. Para tomar el ejemplo de Cuba, señalaré que en los últimos cinco años nuestro país ha empleado en inversiones constructivas para la educación un promedio de casi 200 millones de dólares anuales. Las inversiones de construcción y equipos para la salud pública se desarrollan a un promedio anual de más de 40 millones. Y Cuba es solo uno de los casi 100 países en desarrollo y uno de los más pequeños geográfica y poblacionalmente. Puede estimarse, por ello, que en las inversiones, en los servicios educacionales y de salud pública, los países en desarrollo necesitarán algunas otras decenas de miles de millones de dólares anuales para vencer los resultados del retraso.

Ese es el gran problema que tenemos ante nosotros.

Y ese no es, señores, solo nuestro problema, el problema de los países víctimas del subdesarrollo y del desarrollo insuficiente. Es un problema de toda la comunidad internacional.

Más de una vez se ha dicho que nosotros hemos sido forzados al subdesarrollo por la colonización y la neocolonización imperialista. La tarea de ayudarnos a salir del subdesarrollo es, pues, en primer término, una obligación histórica y moral de aquellos que se beneficiaron con el saqueo de nuestras riquezas y la explotación de nuestros hombres y mujeres durante décadas y siglos (APLAUSOS). Pero, es, a la vez, tarea de la humanidad en su conjunto, y así lo ha hecho constar la Sexta Cumbre.

Los países socialistas no participaron en el saqueo del mundo ni son responsables del fenómeno del subdesarrollo. Pero la obligación, sin embargo, de ayudar a superarlo, la comprenden y la asumen partiendo de la naturaleza de su sistema social, en el cual la solidaridad internacionalista es una premisa.

De la misma manera, cuando el mundo aguarda que los países en desarrollo productores de petróleo contribuyan también a la corriente universal de recursos que ha de nutrir el financiamiento externo para el desarrollo, no lo hace en función de obligaciones y deberes históricos que nadie podría imponerles, sino como una esperanza y un deber de solidaridad entre países subdesarrollados. Los grandes países exportadores de petróleo deben estar conscientes de su responsabilidad.

Incluso los países en desarrollo con mayor nivel deben hacer su aporte. Cuba, que no habla aquí en nombre de sus intereses y no defiende un objetivo nacional, está dispuesta a contribuir en la medida de sus fuerzas con miles o decenas de miles de técnicos: médicos, educadores, ingenieros agrónomos, ingenieros hidráulicos, ingenieros mecánicos, economistas, técnicos medios, obreros calificados, etcétera.

Es, por ello, la hora de que todos nos unamos en la tarea de sacar a pueblos enteros y a cientos de millones de seres humanos del retraso, la miseria, la desnutrición, la enfermedad, el analfabetismo, que les hace imposible disfrutar a plenitud de la dignidad y el orgullo de llamarse hombres (APLAUSOS).

Hay que organizar, pues, los recursos para el desarrollo, y esa es nuestra obligación conjunta.

Existen, Señor Presidente, tal número de fondos especiales, multilaterales, públicos y privados, cuyo objetivo es contribuir a uno u otro aspecto del desarrollo, ya sea agrícola, ya sea industrial, ya se trate de compensar los déficits en los balances de pagos, que no me resulta fácil, al traer ante la XXXIV Asamblea los problemas económicos discutidos en la Sexta Cumbre, formular una proposición concreta para el establecimiento de un nuevo fondo.

Pero no hay duda de que el problema del financiamiento debe ser discutido profunda y plenamente, para encontrarle una solución. Además de los recursos que ya están organizados, por los distintos canales bancarios, por las organizaciones concesionarias, los organismos internacionales y los órganos de las finanzas privadas, necesitamos discutir y decidir la manera de que, al comenzar el próximo decenio para el desarrollo, en su estrategia se incluya el aporte adicional de no menos de 300 000 millones de dólares, a los valores reales de 1977, distribuidos en cantidades anuales que no deben ser menores a los 25 000 millones ya desde los primeros años, para ser invertidos en los países subdesarrollados (APLAUSOS). Esta ayuda debe ser en forma de donaciones y de créditos blandos a largo plazo y mínimo interés.

Es imprescindible movilizar estos fondos adicionales como aporte del mundo desarrollado y de los países con recursos, al mundo subdesarrollado en los próximos 10 años. Si queremos paz, harán falta estos recursos. Si no hay recursos para el desarrollo no habrá paz. Algunos pensarán que estamos pidiendo mucho; yo pienso que la cifra es todavía modesta. Según datos estadísticos, como expresé en el acto inaugural de la Sexta Cumbre de los Países No Alineados, el mundo invierte cada año en gastos militares más de 300 000 millones de dólares. Con 300 000 millones de dólares se podrían construir en un año 600 000 escuelas con capacidad para 400 millones de niños; ó 60 millones de viviendas confortables con capacidad para 300 millones de personas; ó 30 000 hospitales con 18 millones de camas; ó 20 000 fábricas capaces de generar empleo a más de 20 millones de trabajadores; o habilitar para el regadío 150 millones de hectáreas de tierra, que con un nivel técnico adecuado pueden alimentar a 1 000 millones de personas. Esto despilfarra la humanidad cada año en la esfera militar. Considérese, además, la enorme cantidad de recursos humanos en plena juventud, recursos científicos, técnicos, combustible, materias primas y otros bienes. Este es el precio fabuloso de que no exista un verdadero clima de confianza y de paz en el mundo.

Solo Estados Unidos gastará en el decenio 1980-1990 seis veces esta cifra en actividades militares.

Pedimos para 10 años de desarrollo menos de lo que hoy se gasta en un año en los ministerios de Guerra y mucho menos de la décima parte de lo que se gastará en 10 años con fines militares.

Para algunos puede parecer irracional la demanda: lo verdaderamente irracional es la locura del mundo de nuestra época y los riesgos que amenazan a la humanidad.

La enorme responsabilidad de estudiar, organizar y distribuir esta suma de recursos debe corresponder enteramente a la Organización de las Naciones Unidas. La administración de esos fondos debe hacerla la propia comunidad internacional, en condiciones de absoluta igualdad para cada uno de los países, ya sean contribuyentes o beneficiarios, sin condiciones políticas y sin que la cuantía de los donativos tenga nada que ver con el poder de voto para decidir la oportunidad de los préstamos y el destino de los fondos.

Aunque el flujo de recursos debe ser valorado en términos financieros, no debe consistir solo en ellos. Puede estar formado también por equipos, fertilizantes, materias primas, combustible y plantas completas, valoradas en los términos del comercio internacional. También la asistencia de personal técnico y la formación de técnicos debe ser contabilizada como una contribución.

Estamos seguros, estimado Señor Presidente y señores representantes, que si el Secretario General de Naciones Unidas —asistido por el Presidente de la Asamblea, con todo el prestigio y el peso de esta organización, apoyada además, de inicio, por la influencia que los países en vías de desarrollo y, más aun, el Grupo de los 77, le prestarían a esa iniciativa—, convocara a los distintos factores que hemos mencionado para iniciar discusiones en las cuales no habría lugar para el antagonismo llamado Norte-Sur ni para el denominado antagonismo Este-Oeste, sino que allí concurrirían todas las fuerzas como una tarea común, como un deber común y una esperanza común, esta idea que presentamos ahora a la Asamblea General puede ser coronada por el éxito.

Porque no se trata de un proyecto que beneficie solo a los países en vías de desarrollo, beneficiaría a todas las naciones.

Como revolucionarios, la confrontación no nos asusta. Tenemos fe en la historia y en los pueblos. Pero como voceros e intérpretes del sentimiento de 95 países, tenemos la responsabilidad de luchar por la colaboración entre los pueblos. Y esa colaboración, si ella se logra sobre bases nuevas y justas, beneficiará a todos los países que constituyen hoy la comunidad internacional. Y beneficiará en especial a la paz mundial.

El desarrollo puede ser, a corto plazo, una tarea que entrañe aparentes sacrificios y hasta donativos que parezcan irrecuperables. Pero el vasto mundo que hoy vive en el retraso, desprovisto de poder adquisitivo, limitado hasta el extremo en su capacidad de consumir, incorporará con su desarrollo un torrente de cientos de millones de consumidores y productores, el único capaz de rehabilitar la economía internacional, incluyendo la de los países desarrollados que hoy generan y padecen la crisis económica.

La historia del comercio internacional ha demostrado que el desarrollo es el factor más dinámico del comercio mundial. La mayor parte del comercio de nuestros días se realiza entre países plenamente industrializados. Podemos asegurar que mientras más se extienda la industrialización y el progreso en el mundo, más se extenderá también el intercambio comercial, beneficioso para todos.

Es por ello, que pedimos en nombre de los países en vías de desarrollo y abogamos por la causa de nuestros países. Pero no es una dádiva lo que estamos reclamando. Si no encontramos soluciones adecuadas, todos seremos víctimas de la catástrofe.

Señor Presidente, distinguidos representantes:

Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la humanidad.

¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres para que otros sean exageradamente ricos?

Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan (APLAUSOS); hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas; hablo en nombre de aquellos a los que se les ha negado el derecho a la vida y la dignidad humana.

Unos países tienen mar, otros no; unos tienen recursos energéticos, otros no; unos poseen tierras abundantes para producir alimentos, otros no; unos tan saturados de máquinas y fábricas están, que ni respirar se puede el aire de sus atmósferas envenenadas (APLAUSOS), otros no poseen más que sus escuálidos brazos para ganarse el pan.

Unos países poseen, en fin, abundantes recursos, otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de estos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? (APLAUSOS) ¿Para qué sirve el mundo? No se puede hablar de paz en nombre de las decenas de millones de seres humanos que mueren cada año de hambre o enfermedades curables en todo el mundo. No se puede hablar de paz en nombre de 900 millones de analfabetos.

¡La explotación de los países pobres por los países ricos debe cesar!

Sé que en muchos países pobres hay también explotadores y explotados.

Me dirijo a las naciones ricas para que contribuyan. Me dirijo a los países pobres para que distribuyan.

¡Basta ya de palabras! ¡Hacen falta hechos! (APLAUSOS) ¡Basta ya de abstracciones, hacen falta acciones concretas! ¡Basta ya de hablar de un nuevo orden económico internacional especulativo que nadie entiende (RISAS y APLAUSOS); hay que hablar de un orden real y objetivo que todos comprendan!

No he venido aquí como profeta de la revolución; no he venido a pedir o desear que el mundo se convulsione violentamente. Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos, y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales el futuro será apocalíptico (APLAUSOS).

El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos y en el holocausto morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo (APLAUSOS).

Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era. Esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana.

¡Muchas gracias!»

Discursos de Fidel Castro