Discurso "Amnistía de 1977" pronunciado el 14 de octubre de 1977

Debate de la ley de Amnistía en el Congreso del diputado comunista Marcelino Camacho Abad el 14.10.1977

«Señor Presidente, señoras y señores Diputados, me cabe el honor y el deber de explicar, en nombre de la Minoría Comunista del Partido Comunista de España y del Partido Socialista Unificado de Cataluña, en esta sesión, que debe ser histórica para nuestro país, en honor de explicar, repito, nuestro voto.

Quiero señalar que la primera propuesta presentada en esta Cámara ha sido precisamente hecha por la Minoría Parlamentaria del Partido Comunista y del PSUC el 14 de julio y orientada precisamente a esta amnistía. Y no fue un fenómeno de la casualidad, señoras y señores Diputados, es el resultado de una política coherente y consecuente que comienza con la política de reconciliación nacional de nuestro Partido, ya en 1956.

Nosotros considerábamos que la pieza capital de esta política de reconciliación nacional tenía que ser la amnistía. ¿Cómo podríamos reconciliarnos los que nos habíamos estado matando los ‘unos a los otros, si no borrábamos ese pasado de una vez para siempre?

Para nosotros, tanto como reparación de injusticias cometidas a lo largo de estos cuarenta años de dictadura, la amnistía es una política nacional y democrática, la única consecuente que puede cerrar ese pasado de guerras civiles y de cruzadas. Queremos abrir la vía a la paz y a la libertad. Queremos cerrar una etapa; queremos abrir otra. Nosotros, precisamente, los comunistas, que tantas heridas tenemos, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores. Nosotros estamos resueltos a marchar hacia adelante en esa vía de la libertad, en esa vía de la paz y del progreso.

Hay que decir que durante largos años sólo los comunistas nos batíamos por la amnistía. Hay que decir, y yo lo recuerdo, que en las reuniones de la Junta Democrática y de la Plataforma de Convergencia, sobre todo en las primeras, se borraba la palabra “amnistía” ; se buscaba otra palabra porque aquella expresaba de alguna manera —se decía— algo que los comunistas habíamos hecho, algo que se identificaba en cierta medida con los comunistas.

Yo recuerdo que en las cárceles por las que he pasado, cuando discutíamos con algunos grupos que allí había de otros compañeros de otras tendencias —que después alguna vez la han reclamado a tiros— estaban también en contra de la palabra «amnistía».

Recuerdo también un compañero que ha pasado más de veinte años en la cárcel: Horacio Femández Inguanzo, a cuyo expediente se le llamó “el expediente de la reconciliación”, y que fue condenado a veinte años en 1956. Cuando monseñor Oliver, Obispo auxiliar de Madrid, nos visitaba en 1972 en Carabanchel, y le hablaba del año de reconciliación que abría la Iglesia, Horacio le decía: «Si quiere ser consecuente la Iglesia con la reconciliación, debe pedir también en este año la amnistía, ya que lo uno sin lo otro es imposible». Y le explicaba que él había sido condenado a veinte años como dirigente del Partido Comunista de Asturias, precisamente por la amnistía, y que su expediente se llamó “el expediente de la reconciliación”.

Hoy podríamos citar más compañeros aquí: Simón Sánchez Montero y tantos otros, que hemos pasado por trances parecidos, pero hoy no queremos recordar ese pasado; hemos enterrado, como decía, nuestros muertos y nuestros rencores, y por eso, hoy, más que hablar de ese pasado, queremos decir que la minoría comunista se congratula del consenso de los Grupos Mixto, Vasco-Catalán y Socialista, y hubiéramos deseado también que éste fuera un acto de unanimidad nacional.

Todavía yo pediría a los señores de Alianza Popular que reconsideren este problema. Nosotros afirmamos desde esta tribuna que ésta es la amnistía que el país reclama y que, a partir de ella, el crimen y el robo no pueden ser considerados, se hagan desde el ángulo que sea, como actos políticos. Por eso hacemos un llamamiento a nuestros colegas de Alianza Popular de que reconsideren su actitud en este acto que debe ser de unanimidad nacional. En esta hora de alegría, en cierta medida, para los que tantos años hemos pasado en los lugares que sabéis, sólo lamentamos que, en aras de ese consenso y de la realidad, amigos, patriotas, trabajadores de uniforme, no puedan disfrutar plenamente de esta alegría. Desde esta tribuna queremos decirlo, que no les olvidamos y que esperamos del Gobierno que en un futuro próximo puedan ser reparadas estas cuestiones y restituidos a sus puestos.

También a las mujeres de nuestro país queremos indicarles que si hoy no se discute este problema, que si en esta ley faltara la amnistía para los llamados “delitos de la mujer”: adulterio, etc., les queremos recordar que el Grupo Parlamentario Comunista presentó una proposición de ley el 14 de julio que creemos que es urgente discutir y que vamos naturalmente a discutir. Pero, es natural, señoras y señores Diputados, que tratándose de un militante obrero, en mi caso, si hablaba antes de que era un deber y un honor defender aquí, en nombre de esta minoría, esta amnistía política y general, para mí, explicar nuestro voto a favor de la amnistía, cuando en ella se comprende la amnistía laboral, es un triple honor.

Se trata de un miembro de un partido de trabajadores manuales e intelectuales, de un viejo militante del Movimiento Obrero Sindical, de un hombre encarcelado, perseguido y despedido muchas veces y durante largos años, y, además, hacerlo sin resentimiento.

Pedimos amnistía para todos, sin exclusión del lugar en que hubiera estado nadie. Yo creo que este acto, esta intervención, esta propuesta nuestra será, sin duda, para mí el mejor recuerdo que guardaré toda mi vida de este Parlamento.

La amnistía laboral tiene una gran importancia. Hemos sido la (clase más reprimida y más oprimida durante estos cuarenta años de historia que queremos cerrar. Por otra parte, lo que nos enseña la historia de nuestro país es que después de un período de represión, después de la huelga de 1917 y la represión que siguió; después de octubre del treinta y cuatro y la represión que siguió, cada vez que la libertad vuelve a reconquistar las posiciones que había perdido, siempre se ha dado una amnistía laboral. Yo he conocido —mi padre era ferroviario en una estación de ferrocarril— que en 1931 todavía ingresaban los últimos ferroviarios que habían sido despedidos en 1917.

La amnistía laboral, pues, está claro que es un acto extremadamente importante, conjuntamente con la otra. Si la democracia no debe detenerse a las puertas de la fábrica, la amnistía tampoco. Por eso el proyecto de ley que hoy vamos a votar aquí tiene, además de la vertiente humana y política, otra social y económica para nuestro país.

Francia e Italia, al salir de la II Guerra Mundial, para abordar la reconstrucción nacional y la crisis, necesitaron el apoyo y el concurso de la clase obrera. Días pasados los representantes del arco parlamentario dieron los primeros pasos en esa vía; la amnistía laboral será el primer hecho concreto en esa dirección que marcan los acuerdos de la Moncloa. No hay que olvidar que salimos de una dictadura en medio de una grave crisis económica, y que todos estamos de acuerdo en que hay que ir al saneamiento de la economía y a la reconversión nacional también, que esto no es posible sin el concurso de los trabajadores, que hay que llevar por ello este espíritu de la Moncloa al hecho práctico concreto de esa realidad.

Señoras y señores Diputados, señores del Gobierno, lo que hace un año parecía imposible, casi un milagro, salir de la dictadura sin traumas graves, se está realizando ante nuestros ojos; estamos seguros de que saldremos también de la crisis económica, que aseguraremos el pan y la libertad si se establecen nuevas relaciones obrero-empresariales y si un código de derecho de los trabajadores las garantiza; si conseguimos de una vez que los trabajadores dejemos de ser extranjeros en nuestra propia patria. Sí, amnistía para gobernar, amnistía para reforzar la autoridad y el orden basado en el justo respeto de todos a todos y, naturalmente, en primer lugar, de los trabajadores con respecto a los demás.

Con la amnistía saldremos al encuentro del pueblo vasco, que tanto sufre bajo diferentes formas, de todos los pueblos y de todos los trabajadores de España. Con la amnistía la democracia se acercará a los pueblos y a los centros de trabajo. La amnistía política y laboral es una necesidad nacional de estos momentos que nos toca vivir, de este Parlamento que tiene que votar. Nuestro deber y nuestro honor, señoras y señores Diputados, exige un voto unánime de toda la Cámara.

Muchas gracias».

Discurso investidura Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia el 12 de diciembre de 2001

EL TRABAJO HA HECHO AL SER, HUMANO Y SOCIAL

«Excelentísimo Señor Rector y miembros del Rectorado de la Universidad Politécnica de Valencia, vaya en primer lugar mi agradecimiento por su concesión valiosa del diploma de Doctor Honoris Causa, junto a mi saludo afectuoso para ustedes y cuantas, cuantos, asisten a este acto.

Permitan hacer algunas consideraciones a este viejo militante del Sindicalismo y de las Causas Justas en general, que parte de que EL TRABAJO HA HECHO AL SER HUMANO, desde su paso del primate al homínido y su paso al coger las primeras herramientas, las piedras y palos, a la posición erecta, a la diferenciación de las manos y los pies y al desarrollo del cerebro.

Con el SER HUMANO y la Naturaleza, en desarrollo entre el uno y la otra, como eje central.

Un ser, además de humano, humanista, solidario; en estrecha simbiosis con la naturaleza; en equilibrio entre lo intelectual y lo material. Un SER HUMANO, SER SOCIAL, que por el hecho de nacer, y trabajando con sus manos o su cerebro, tiene la existencia -salud, estudio, formación, vejez- asegurada hasta la muerte, sin lo cual la sociedad más libre sería opresora, sino cubriera esas necesidades.

Una sociedad para ser libre, necesita justicia social e igualdad; exige además poder elegir entre una o más soluciones, hacerlo con conocimiento de causa y disponer de los medios necesarios para que la democracia pueda materializarse y ser realmente «gobierno del pueblo». Sólo entonces un ser humano será igual a un ser humano y un voto igual a un voto, sin la injusta Ley d’Hont, con la que Izquierda Unida necesita una media de 150.000 votos para sacar un diputado mientras que el Gobierno -ayer de UCD, del PSOE y hoy del PP- necesita menos de la mitad de los votos.

Para la clase social de los asalariados / as manuales, técnicos profesionales e intelectuales, constituye una necesidad vital, crear un cierto equilibrio de fuerzas ya que, donde existen clases sociales y reparto de la Renta Nacional, entre salarios y beneficios, es decir, lucha de clases. Solamente pueden conseguir con la existencia de libertades democráticas, con los derechos de Asociación, Reunión, Manifestación y Huelga.

Ni el trabajo, ni el pan, ni la libertad se regalan sino que se conquistan.

Por eso, el 11 de julio de 1976 nos reuníamos en Barcelona, en esa Asamblea Nacional – Precongreso y hacía la intervención que leo para ver nuestra coherencia.

Intervención inaugural de Marcelino Camacho en la Asamblea de Barcelona- 12 de Julio 1976

«Sean nuestras primeras palabras, un recuerdo-homenaje a los trabajadores asesinados, encarcelados y represaliados por el fascismo, por su lucha por la libertad sindical, las libertades democráticas y nacionales, por sus derechos e intereses de clase.

Para nosotros, la larga noche de la dictadura no ha terminado.

Esta Asamblea General de Delegados de Comisiones Obreras ha tenido que ser reducida a la cuarta parte y tiene que hacerse todavía en la clandestinidad; después de habérsenos prohibido, por partida doble, hacer la Asamblea de 2 000 delegados en la «Ciudad de los Muchachos» de Madrid los días 27, 28 y 29 de junio.

De todas formas, por el momento en que se hace y por lo que vamos a discutir, esta Asamblea pasará a la historia.

En el momento en que estamos a punto de cerrar un capítulo de la historia más negra del Estado español y cuando, después de 40 años de Fascismo y de represión, estamos conquistando la libertad.

Es justo reconocer, que a pesar de esa brutal represión y de la disolución de las organizaciones obreras, los trabajadores no nos resignamos.

Tampoco los sindicatos fascistas, los verticales, confundieron o pusieron de rodillas a los obreros. La clase obrera de nuestros pueblos jamás se sometió, ni se doblegó. A diferencia de otros países donde no llegó a haber un movimiento obrero de masas en la oposición, bajo la dominación fascista, en nuestro país, en los seis primeros meses de este año casi ocho millones de trabajadores se han puesto en pie reclamando su derecho a la vida, al trabajo, a la libertad.
Hoy podemos afirmar que los principales protagonistas de la Unidad y de la lucha y por tanto de los cambios que se avecinan, hemos sido los trabajadores.
Es cierto que lo que se ha llamado «milagro económico español», no ha sido otra cosa que el resultado de la explotación más despiadada que ha conocido nuestra clase y nuestra historia. Es verdad que esta primera gran acumulación capitalista de la historia del Estado español se ha hecho sobre la base de jornadas de trabajo de 12, 14 y 16 horas del famoso pluriempleo, pero, también es verdad que nuestra lucha jamás ha cesado.

Con esa «gran acumulación capitalista» como base de partida, se entra a finales de la década de 1950 en el neocapitalismo económico, en el capitalismo monopolista del Estado. Esta nueva etapa del crecimiento capitalista para seguir desarrollando la explotación de los trabajadores, exigiendo nuevas formas, aumento de la productividad, con una mayor intensidad del esfuerzo físico o psíquico. Con este objetivo entró en vigor la Ley de Convenios Colectivos de 1958, al mismo tiempo que se ponía fin a la autarquía económica.

Así, si hasta entonces los salarios máximos se fijaban a través de ordenanzas por el Gobierno, a partir de esa Ley había que negociarlos entre empresarios y trabajadores. Como consecuencia aparecía la necesidad de establecer un nueva correlación de fuerzas de clase, de establecer un nuevo equilibrio para negociar desde posiciones de fuertes, ya que toda negociación entre clases antagónicas conduce a la sumisión del más débil al más fuerte si no se hace desde posiciones fuertes. De esta necesidad histórica parte el nacimiento primero y el desarrollo después de las Comisiones Obreras.

NACIMIENTO DE LAS COMISIONES OBRERAS.

No podemos comprender el por qué de las Comisiones Obreras más que viéndolas como la culminación de un proceso histórico. Sin el heroísmo de viejos militantes obreros y de las nuevas promociones de estos, que se jugaban la vida o largos años de prisión, no habríamos llegado al nuevo movimiento obrero sindical organizado de Comisiones. Decenas de miles de despedidos y encarcelados – además de los que perdieron la vida en el empeño – ha sido el tributo que nos ha tocado pagar a Comisiones Obreras, no hay que olvidar que más del noventa y cinco por ciento del total de procesos por cuestiones sindicales de estos últimos quince años son miembros de Comisiones Obreras. La clase obrera ha hecho su camino en condiciones extremadamente duras y es precisamente en las virtudes y defectos de ese pasado glorioso en el que se ha formado el fermento del nuevo movimiento obrero organizado de tas Comisiones Obreras.

En efecto, indefensos los trabajadores ante los capitalistas, por la atomización de los reducidísimos miembros de cada una de las numerosas siglas clandestinas existentes, que no tenía contacto real con las amplias masas de trabajadores, con unos sindicatos oficiales (la C.N.S.) al servicio de los explotadores, los trabajadores de los pueblos del Estado español, no tenían otra alternativa que generar sus propias formas de autodefensa primero, y de ofensiva después, o perecer como clase consciente, capaz no sólo de ESTAR, sino de SER en la sociedad.

Los trabajadores, «un viviendo en una sociedad enferma, infectada de fascismo, como cuerpo vivo en la sociedad no podíamos morir como clase sin que pereciera aquella y por ello como una necesidad histórica crearon su antivirus, su anticuerpo; las Comisiones Obreras.

Así, espontáneamente primero, conscientemente después, creamos los embriones del nuevo movimiento obrero, como una necesidad para defendernos en las nuevas condiciones, iniciando a partir de entonces un nuevo equilibrio en defensa de nuestros interesas de clase, inmediatos y mediatos. En este proceso podríamos distinguir tres fases: la espontánea en la que las Comisiones nacen y mueren con cada problema concreto; la consciente, en la que pasan a ser permanentes, se sitúan en la perspectiva de la clase, extienden y generalizan sus experiencias, se coordinan a nivel del Estado, pasando por la creación de las Comisiones nacionales de Cataluña, Euskadi y Galicia y crean el Secretariado como instrumento de la Coordinación General del Estado, y una tercera fase que se inicia a comienzos de 1976, en la que Comisiones Obreras se aproximan por su forma y por su fondo al Sindicato de nuevo tipo, unitario en la libertad, concebido como un movimiento obrero fuertemente organizado, de carácter sociopolítico, de masas y de clase, democrático e independiente.

Como otros compañeros, se van a extender sobre esto y sobre el Congreso Sindical Constituyente, permitidme que no me extienda.

La primera fase, defensiva todavía, se caracteriza por un grado de organización muy débil e inestable y se sitúa cronológicamente – con ligeras diferencias, según los lugares- entre 1956 y 1963, aproximadamente.

En la segunda fase, la defensiva se está transformando en contraataque, el grado de organización es más amplio, alcanza a todo el Estado, aunque todavía es insuficiente, si bien, por supuesto, es de lejos superior a todas las demás tendencias sindicales existentes fuera de Comisiones Obreras.

Marcelino Camacho Abad
Para la tercera fase, en la que hemos entrado, se caracteriza por una ofensiva generalizada de la clase obrera, de las fuerzas democráticas, cuando estamos a punto de conquistar la libertad. Pero, también el Régimen y la derecha maniobran. Cuando no puedan impedir el final de la dictadura, tratarán de salvar lo esencial de esta, para ello intentan dividir a las fuerzas obreras y democráticas y si también esto les resultara imposible tratarían de contener a las fuerzan más conscientes, a las Comisiones Obreras, para que el vacío, el terreno lo ocuparan fuerzas que desde el punto de vista de clase les resultaran menos molestas.

En estas circunstancias, desarrollar al máximo la organización de Comisiones, sin descuidar las asambleas, base del movimiento, es vital para que la influencia decisiva de Comisiones Obreras sea la que pase a ser la que ocupe el terreno que le corresponde. Es un hecho, ya indiscutible históricamente adquirido y cualquiera que sea la opinión que de Comisiones se pueda tener, que han sido estas las principales protagonistas, cuando no únicas, de las principales luchas obreras de los últimos 15 años. Hemos sacado a la clase obrera del reflujo de la derrota y la hemos puesto en pie, lo que la está permitiendo dar su peso y talla en la actual coyuntura histórica.

De todos es conocida nuestra alternativa sindical hacia la unidad, que pasa, además de los acuerdos necesarios por arriba con las otras tendencias cristalizadas, por la Convocatoria de un Congreso Sindical Constituyente, después de conquistadas las libertades, en el que los trabajadores tuvieron siempre la última palabra. Nosotros nos comprometemos a respetar la voluntad soberana de lo trabajadores, cualquiera que sea. Nuestra propuesta sería la de ir a una Confederación, Federación o Unión, que creara un sindicato de nuevo tipo, unitario en la libertad, como movimiento sindical organizado, de carácter socio-político, de clase, democrático e independiente de todos los Estados y de todos los partidos. Se respetarían las tendencias o corrientes en su seno, las direcciones se elegirían por representación proporcional y las grandes decisiones se tomarían por mayorías cualificadas de dos tercios, tres cuartos de los miembros de una dirección dada, muchas veces sobre la base de un compromiso.

De todas formas sería ingenuo creer que nuestros amigos, por un lado, por unas razones, y nuestros enemigos de clase, por otro lado, y por otras razones, van a aceptar fácilmente la convocatoria de este Congreso Sindical Constituyente en la libertad. De ahí que los más urgente, en este momento histórico, es la de concentrar al máximo nuestros esfuerzos en el elemento organizativo de Comisiones Obreras y estructurarnos en un proceso hacia ese sindicato de clase de nuevo tipo. Desde este momento debemos considerar la posibilidad de ir a un Congreso de Comisiones Obreras, en un plazo relativamente breve, e incluso sin dejar de llamarnos Comisiones Obreras, deberíamos pensar en ver como agregamos alguna palabra que permita a los técnicos y profesionales que quieren a Comisiones verse comprometidos hasta en el nombre.

Hagamos de esta Asamblea de Comisiones Obreras, la asamblea del salto organizativo. De la transformación en cuanto al fondo esencial en ese Sindicato obrero unitario de nuevo tipo.

Estamos seguros de que somos conscientes de que sin unidad sindical en la libertad, no hay emancipación de nuestra clase y de que sin las Comisiones Obreras más fuertes y más organizadas no habrá unidad sindical.

¡Viva las Comisiones Obreras en su tercera fase organizativa!

¡Viva la libertad sindical, las libertades democráticas y nacionales!

¡Viva el Socialismo!»

Desde 1976, un proceso político y económico nos ha permitido conquistar una serie de libertades y mejoras que valoramos, pero no podemos olvidar que hemos pasado de una dictadura de tipo fascista a la española al servicio del gran capital, especulador y corruptor, que dominó entonces y ahora de una manera más sutil, pero que sigue dominando, en un país que tiene 2.200.000 parados y, como indica Caritas 8 millones que viven en el umbral de la pobreza. Con una corrupción como jamás había existido. Lo último, Gescartera.

Nuestro compatriota, Ignacio Ramonet, nacido en Galicia, profesor de varios centros universitarios de Francia, director de Le Monde Diplomatique, publicó un libro en 1994 titulado «Un mundo sin rumbo» «Crisis de fin de siglo», a lo que había que agregar y de comienzo del nuevo siglo XXI, en el que en la página 13 dice «¿Hacia una civilización del caos?».

«Las sociedades occidentales ya no se ven con claridad en el espejo del futuro; parecen atormentadas por el paro, ganadas por la incertidumbre, intimidadas por el impacto de las nuevas tecnologías, perturbadas por la globalización de la economía, preocupadas por la degradación del medio ambiente y ampliamente desmoralizadas por una corrupción galopante. Además la proliferación de las guerras étnicas extiende sobre estas sociedades los resabios del remordimiento y una especie de sentimiento de nausea.»

Después en la página 61, como señalando que aparecen nuevos horizontes, señala «Ninguna potencia puede hoy rivalizar con Estados Unidos u oponerse a sus ofensivas económicas. ¿Es esta una razón para imponer su ley al mundo? Cuando ya emergen en el horizonte geopolítico los mastodontes del futuro -China, India, Unión Europea- ¿puede Estados Unidos proseguir con sus pretensiones imperiales sin riesgo de un amplio conflicto a medio plazo? ¿Ignora que «todo imperio tendrá su fin?».

En un mundo en el que 1.300 millones están parados y 60 millones se mueren de hambre cada año, asistimos a grandes problemas de todo tipo, a una agravación de la crisis económica con una recesión de alcance general.

No hay más que leer algunos titulares de prensa recientes: «La tormenta tropical que se convirtió en huracán» titula el diario El Mundo del día 4 de octubre de 2001, que subtitula con «El mundo camina hacia la primera recesión global en 20 años de la mano de una caída del comercio sin precedentes». Y continúa con lo que parecía una tormenta tropical – un aterrizaje más o menos suave de la economía de EE.UU.(el 22 por ciento del PIB mundial- ha empezado a transformarse en un huracán de escala planetaria.»

J. Navares en «Nueva Economía» del mismo diario, titula «La Gran Banca encaja la recesión económica» «SCH y BBA limitan sus beneficios, suspenden las estrategias diseñadas antes del 11 de septiembre y piden más tiempo».

Otro análisis del mismo medio señala que «La crisis argentina doblega a la Bolsa española» y subtitula con «La situación en Argentina y el temor a una recesión más profunda en EE.UU. hacen perder al IBEX un 3,5 por ciento.» «Los inversores esperan que el FED y el BCE vuelvan a recortar los tipos de interés».

Todos conocemos que el Japón lleva cuatro años en plena recesión ya. En este contexto en el que el suplemento de ABC de Cataluña del día 12 de julio de 2001, escribe sobre mi intervención inaugural de la Asamblea de Barcelona del 11 de julio de 1976, que copio y que dice en cabecera de una página con la foto de Fidalgo, Pujol, un dirigente de los sindicatos europeos de la CES, «Marcelino Camacho» reapareció en los actos de celebración del sindicato, una entidad «clave», según Pujol y Fidalgo, para frenar los efectos negativos de la globalización.»

VEINTICINCO AÑOS DE CCOO

«El símbolo más preciado del sindicalismo español, Marcelino Camacho, asistió ayer en la Iglesia del PI de Barcelona, a unos actos que recuerdan el XXV aniversario de la fundación de Comisiones Obreras. Pese a su discreción y a la presencia de los actuales lideres sindicales junto a políticos como Jordi Pujol y Gaspar Llamazares, Camacho fue uno de los personajes más solicitados…»

En este momento histórico, cuando el terrorismo y la guerra en Afganistán, agravan la situación, la Universidad Politécnica de Valencia, al conceder el Doctor Honoris Causa a conocidos militantes de la vida sindical, este viejo luchador por la libertad, la igualdad y siempre por la paz, repite en plena globalización del gran capital, unamos los sindicatos de todos los trabajadores y trabajadoras asalariados / as, vayamos a un Congreso Sindical Constituyente.

Doctor Honoris Causa, hoy compromiso con aquello que plateamos ayer al nacer, coherencia y honestidad, a eso nos obliga este doctorado hoy.

Se lo debemos al Rectorado, a nuestros compañeros y compañeras, a nuestras familias empezando por nuestras esposas-compañeras de nuestra larga y difícil vida.

Abrazos cordiales a todas y a todos».

Discursos de Marcelino Camacho