Discurso pronunciado al final de la “Marcha por el Trabajo y la Libertad” el 28 de agosto de 1963

«Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy en la que quedará como la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestra nación. Hace cien años, un gran americano, cuya sombra simbólica nos cobija, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio. Pero 100 años después debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro aún no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después, el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra.

Y así hemos venido aquí hoy para dramatizar una condición extrema. En cierto sentido, llegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería heredero. Esa nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de ‘vida, libertad y búsqueda de la felicidad’. Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto con el sello de ‘fondos insuficientes’. Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Por eso hemos venido a cobrar ese cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia.

También hemos venido a este lugar sagrado para recordarle a Estados Unidos la urgencia feroz del ahora. Este no es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo. Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento. Este sofocante verano del legítimo descontento del negro no terminará hasta que venga un otoño revitalizador de libertad e igualdad. 1963 no es un fin, sino un principio. Aquellos que piensan que el negro sólo necesita evacuar su frustración y que ahora permanecerá contento, tendrán un rudo despertar si la nación regresa a su rutina.

No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente, que aguarda en el cálido umbral que lleva al palacio de la justicia: en el proceso de ganar nuestro justo lugar no deberemos ser culpables de hechos erróneos. No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma. Esta nueva militancia maravillosa que ha abrazado a la comunidad negra no debe conducir a la desconfianza de los blancos, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como lo demuestra su presencia aquí hoy, se han dado cuenta de que su destino está atado al nuestro. Se han dado cuenta de que su libertad está ligada inextricablemente a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y a medida que caminemos, debemos hacernos la promesa de marchar siempre hacia el frente. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los que luchan por los derechos civiles: ‘¿Cuándo quedarán satisfechos?’ Nunca estaremos satisfechos mientras el negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados por la fatiga del viaje, no puedan acceder a un alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos mientras la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. Nunca estaremos satisfechos mientras a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad con carteles que rezan: ‘Solamente para blancos’. No podemos estar satisfechos y no estaremos satisfechos en tanto un negro de Mississippi no pueda votar y un negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el bien como un torrente.

No olvido que muchos de ustedes están aquí tras pasar por grandes pruebas y tribulaciones. Algunos de ustedes acaban de salir de celdas angostas. Algunos de ustedes llegaron desde zonas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por las tormentas de la persecución y sacudidos por los vientos de la brutalidad policial. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen su trabajo con la fe de que el sufrimiento sin recompensa asegura la redención. Vuelvan a Mississippi, vuelvan a Alabama, regresen a Georgia, a Louisiana, a las zonas pobres y guetos de las ciudades norteñas, con la sabiduría de que, de alguna forma, esta situación puede ser y será cambiada. No nos deleitemos en el valle de la desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.

Yo tengo un sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: ‘Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales’.

Yo tengo el sueño de que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo el sueño de que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo el sueño de que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama, pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas. ¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo el sueño de que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada y toda la carne la verá al unísono. Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir en la montaña de la desesperación una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.

Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: ‘Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar la libertad’. Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad. Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar la libertad desde los Alleghenies de Pennsylvania. Dejen resonar la libertad desde los picos nevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. ¡Dejen resonar la libertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada montaña de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad! Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día en que todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo espiritual negro: ‘¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!’».

Discurso pronunciado al recibir el premio Nobel de la Paz de 1964

«Su Majestad, su Alteza Real, sr. Presidente, excelencias, damas y caballeros:

Acepto el Premio Nobel de la Paz en un momento en el que veintidós millones de negros de los Estados Unidos se encuentran comprometidos en una dura guerra para terminar con la larga noche de la injusticia racial.

Acepto este premio en nombre de un movimiento de derechos civiles, el cual se mueve con determinación y desdén majestuoso al riesgo y peligro, para establecer el reino de la libertad y el imperio de la justicia.

Soy consciente de que solo fue ayer cuando en Birmingham, Alabama, le respondieron a nuestros niños, quienes gritaban por la fraternidad, con mangueras contra incendio, perros de ataque e incluso con la muerte. Soy consciente de que solo ayer en Filadelfia, Mississippi, trataron brutalmente y asesinaron a jóvenes, las cuales buscaban proteger el derecho al voto. Y tan solo ayer, más de cuarenta templos fueron bombardeados y quemados debido a que ofrecían un lugar a quienes no aceptaban la discriminación. Soy consciente que la pobreza, constante y absoluta, aflige a mi gente y los encadena al escalón más bajo de la economía.

Por consiguiente, me pregunto por qué este premio es otorgado a un movimiento, el cual es asediado con una lucha implacable, a un movimiento que no ha ganado la verdadera paz y fraternidad, la cual es la esencia del Premio Nobel.

Después de reflexionar, concluyo que este premio, el cual recibo en nombre del movimiento, es un profundo reconocimiento de que la no violencia es la respuesta a la crucial interrogante política y moral de nuestro tiempo —la necesidad del hombre de vencer a la opresión y a la violencia sin recurrir a ellas. La civilización y la violencia son conceptos contradictorios.

Los negros de los Estados Unidos, después de la gente de la India, han demostrado que la no violencia no es pasividad estéril, sino una poderosa fuerza moral que edifica toda una transformación social. Tarde o temprano todos los pueblos del mundo tendrán que hallar una manera de vivir en paz y con ello transformar esta pendiente elegía cósmica en un creativo salmo de hermandad. Si esto ha de lograrse, el hombre debe evolucionar para resolver los conflictos con un método que rechace la venganza, agresión y represalia. El fundamento de este método es el amor.

El tortuoso camino que nos ha conducido desde Montgomery, Alabama a Oslo es testimonio de esta verdad. Este es un camino por el cual millones de negros están viajando para encontrar un nuevo sentido de dignidad. Este mismo camino se ha abierto para todos los estadounidenses, una nueva era de progreso y esperanza. Ha dado lugar a una nueva Ley de los Derechos Civiles que hará, estoy convencido de ello, más amplios y extendidos los caminos para alcanzar la justicia entre el hombre negro y el hombre blanco, creando alianzas para superar sus problemas comunes.

Acepto este premio con una fe inquebrantable en los Estados Unidos de América y una fe audaz en el futuro de la humanidad. Me niego a aceptar la desesperanza como la respuesta final a las ambigüedades de la historia. Me niego a aceptar la idea de que la «enfermedad» de la naturaleza del hombre le hace moralmente incapaz de alcanzar el «deber ser» que siempre lo confronta.

Me niego a aceptar la idea de que el hombre es solo restos y desechos en el río de la vida, e incapaz de influir en el curso de los acontecimientos que lo rodean. Me niego a aceptar la idea de que la humanidad está trágicamente vinculada a la opaca medianoche del racismo y de la guerra, que hacen imposible alcanzar el amanecer de la paz y la fraternidad.

Me niego a aceptar la cínica idea de que nación tras nación deben caer en una espiral militarista al infierno de la destrucción termonuclear. Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra en la realidad.

Esta es la razón por la que el derecho temporalmente derrotado es más fuerte que el mal triunfante. Creo que incluso hoy, en medio de ráfagas y el mortífero sonido de las balas, no hay que perder la esperanza de un mañana más brillante.

Creo que la justicia herida, postrada en las sangrientas calles de nuestras naciones, puede ser levantada de este polvo de vergüenza para reinar entre los hijos de los hombres. Tengo la audacia de creer que los pueblos de todo el mundo pueden tener tres comidas al día para sus cuerpos, educación y cultura para sus mentes, y dignidad, igualdad y libertad para sus espíritus. Creo que lo que los hombres egocéntricos han derribado, los hombres centrados pueden levantarlo. Sigo creyendo que un día la humanidad se arrodillará ante los altares de Dios, y la no violencia y la buena voluntad redentora será la regla de la tierra. «Y el león y el cordero se echarán juntos; y cada hombre se sentará debajo de su vid y su higuera, y no habrá quien tenga miedo.» ¡Todavía creo que venceremos!

Esta fe puede darnos el valor para enfrentar la incertidumbre del futuro. Dará a nuestros pies cansados ​​nueva fuerza a medida que continuamos avanzando hacia la ciudad de la libertad. Cuando nuestros días se conviertan en lúgubres bajo las nubes y nuestras noches se vuelvan más oscuras, sabremos que estamos viviendo en el caos creativo de una auténtica civilización luchando por nacer.

Hoy vengo a Oslo como depositario, inspirado y con renovada dedicación a la humanidad. Acepto este premio en nombre de todos los hombres que aman la paz y la fraternidad. Digo que vengo como depositario ya que en lo más profundo de mi corazón soy consciente de que este premio es mucho más que un honor tan solo para mí.

Cada vez que tomo un vuelo, estoy consciente de la gran cantidad de personas que hacen posible un viaje exitoso: reconocidos pilotos y anónimo personal de tierra.

Por los pilotos dedicados de nuestra lucha que se han sentado en los controles del movimiento de la libertad que está en órbita. Qué honor, una vez más, el Jefe Lutuli de Sudáfrica, cuyo pueblo se sigue enfrentando con la expresión más brutal de la inhumanidad del hombre con el hombre. Por la tripulación de tierra, sin cuyo trabajo y sacrificio los vuelos a la libertad nunca podrían haber dejado la tierra.La mayoría de estas personas nunca serán conocidos y sus nombres no aparecerán en Who’s Who. Sin embargo, cuando los años hayan pasado y la luz resplandeciente de la verdad se centre en esta época en la que vivimos, los hombres y las mujeres sabrán, y los niños serán enseñados, que tienen una tierra más fina, un pueblo mejor y una civilización más noble, porque estos humildes hijos de Dios estuvieron dispuestos a sufrir por una justa causa.

Creo que Alfred Nobel sabe a qué me refiero cuando digo que acepto este premio con el espíritu de vigilante de un precioso legado que él nos tiene en resguardo para sus verdaderos dueños: todos aquellos para quienes la belleza es verdad y la verdad es belleza, y en cuyos ojos la belleza de una auténtica fraternidad es más valiosa que los diamantes o la plata o el oro».

Discurso "Más allá de Vietnam: Un tiempo para romper el silencio" pronunciado el 4 de abril de 1967

Discurso pronunciado por el Martin Luther King, Jr., el 4 de abril de 1967, en una reunión del Clero y laicos, en la iglesia Riverside en Nueva York.

Señor Presidente, señoras y señores, no necesito una pausa para decir cuánto me complace estar aquí esta noche, y cuán estoy encantado de verte expresar su preocupación por las cuestiones que se debatirán esta noche girando a cabo de grandes números. También quiero decir que considero que es un gran honor compartir este programa con el Dr. Bennett, el Dr. Commager, y el rabino Heschel, algunos de los distinguidos líderes y personalidades de nuestra nación. Y por supuesto que siempre es bueno volver a la iglesia de Riverside. En los últimos ocho años, he tenido el privilegio de predicar aquí casi todos los años en ese período, y siempre es una experiencia rica y gratificante para llegar a esta gran iglesia y esta gran púlpito.

Vengo a esta magnífica casa de culto esta noche porque mi conciencia no me deja otra opción. Me uno a ustedes en esta reunión porque estoy de acuerdo en lo mas profundo con los objetivos y el trabajo de la organización que nos ha reunido, el clero y los laicos Preocupado acerca de Vietnam. Las recientes declaraciones de su comité ejecutivo son los sentimientos de mi corazón, y me encontré totalmente de acuerdo cuando leí sus primeras líneas: “Llega un momento en que el silencio es traición”. Ese tiempo ha llegado para nosotros en relación a Vietnam.

  La verdad de estas palabras es fuera de toda duda, pero la misión a la que nos llaman es un más difícil. Incluso cuando se presiona por las exigencias de la verdad interior, los hombres no fácil asumir la tarea de oponerse a la política de su gobierno, especialmente en tiempos de guerra. Tampoco se mueve el espíritu humano sin gran dificultad, contra toda la apatía del pensamiento conformista dentro de su propio seno y en el mundo que le rodea. Por otra parte, cuando las cuestiones de que parecen tan desconcertante como sucede con frecuencia en el caso de este conflicto terrible, siempre estamos a punto de ser hipnotizados por la incertidumbre. Pero tenemos que seguir adelante.

Algunos de nosotros que ya han comenzado a romper el silencio de la noche han encontrado que la está llamando para hablar a menudo una vocación de agonía, pero hablamos debe. Tenemos que hablar con toda la humildad que se adecue a nuestra visión limitada, pero que digamos debe. Y debemos alegrarnos también, porque sin duda esta es la primera vez en la historia de nuestro país que un número importante de sus líderes religiosos han decidido ir más allá de la profecía de patriotismo sin problemas a las tierras altas de un disenso empresa basada en los mandatos de la conciencia y la lectura de la historia. Tal vez un nuevo espíritu está aumentando entre nosotros. Si es así, vamos a trazar sus movimientos, y rezar para que nuestro propio ser interior puede ser sensible a su orientación, ya que estamos profundamente en la necesidad de una nueva forma más allá de la oscuridad que parece tan cerca que nos rodea.

En los últimos dos años, como me he mudado a romper la traición de mis propios silencios y hablar de la quema de mi propio corazón, como lo han llamado para las salidas de la destrucción radical de Vietnam, muchas personas me han preguntado acerca de la sabiduría de mi camino. En el centro de sus preocupaciones, esta consulta a menudo aparecían grandes y fuertes: “¿Por qué hablar de la guerra, el Dr. King?” “¿Por qué unirse a las voces de la disidencia? “La paz y los derechos civiles no se mezclan”, dicen. “¿No te duele la causa de tu pueblo?” se lo preguntan. Y cuando los oigo, aunque a menudo entender el origen de su preocupación, sin embargo, estoy muy apenado, por cuestiones como decir que el investigadores no han realmente me conoce, mi compromiso, o de mi vocación. De hecho, sus preguntas indican que no saben el mundo en que viven. A la luz de tales trágico malentendido, yo lo considero de notable importancia para tratar de forma clara, concisa y confío, ¿por qué creo que el camino de Dexter Avenue Baptist Church, la iglesia en Montgomery, Alabama, donde empecé mi pastorado- conduce claramente a este santuario esta noche.

Vengo a esta plataforma esta noche para hacer una súplica apasionada a mi querida nación. Este discurso no se dirige a Hanoi o al Frente de Liberación Nacional. No se dirige a China o Rusia. Tampoco es un intento de pasar por alto la ambigüedad de la situación total y la necesidad de una solución colectiva a la tragedia de Vietnam. Tampoco es un intento de hacer de Vietnam del Norte o el Frente de Liberación Nacional dechados de virtud, ni pasar por alto el papel que deben desempeñar en la solución efectiva del problema. Aunque ambos pueden tener razones suficientes para sospechar de la buena fe de los Estados Unidos, la vida y la historia dan testimonio elocuente el hecho de que los conflictos no se resuelven sin dar confianza y tener en ambos lados. Esta noche, sin embargo, no desea hablar con Hanoi y el Frente de Liberación Nacional, sino más bien a mis compatriotas estadounidenses.

Puesto que soy un predicador llamando, supongo que no es sorprendente que tengo siete razones importantes por traer Vietnam en el campo de mi visión moral. Hay, en primer lugar un muy obvio y fácil conexión entre casi la guerra en Vietnam y la lucho y otros han estado llevando a cabo en Estados Unidos. Hace unos años hubo un momento brillante en esa lucha. Parecía como si hubiera una verdadera promesa de esperanza para los pobres, tanto en blanco y negro, a través del programa contra la pobreza. Hubo experimentos, esperanzas, nuevos comienzos. Luego vino la acumulación en Vietnam, y he visto este programa rotos y eviscerado, como si se tratara de un juguete inactividad política de una sociedad se ha vuelto loco en la guerra. Y yo sabía que América nunca invertiría los fondos necesarios o energías en la rehabilitación de sus pobres mientras aventuras como Vietnam siguió dibujando los hombres y las habilidades y el dinero como un tubo de demoníaco, aspiración destructiva. Así que estaba cada vez más obligados a ver la guerra como un enemigo de los pobres y para atacarlo como tal.

Tal vez un reconocimiento más trágica de la realidad se llevó a cabo cuando se hizo claro para mí que la guerra estaba haciendo mucho más de lo devastador de las esperanzas de los pobres en el país. Se envían a sus hijos y sus hermanos y sus maridos para luchar y morir en una proporción extraordinariamente alta en relación al resto de la población. Estábamos tomando el hombre negro joven que había sido paralizada por nuestra sociedad y enviarlos a ocho mil millas de distancia para garantizar las libertades en el Sudeste de Asia, que no había encontrado en el suroeste de Georgia y el Este de Harlem. Así que hemos estado en varias ocasiones ante la cruel ironía de ver a los niños negros y blancos en las pantallas de TV, ya que matar y morir juntos por una nación que ha sido incapaz de sentarlos juntos en las mismas escuelas. Así que verlos en la solidaridad brutal quema de las chozas de una aldea pobre, pero nos damos cuenta de que apenas viven en la misma cuadra en Chicago. Yo no podía callar ante la manipulación de tan cruel de los pobres.

Mi tercera razón se mueve a un nivel aún más profundo de la conciencia, ya que surge de mi experiencia en los ghettos del Norte en los últimos tres años, especialmente en los últimos tres veranos. Como ya he caminado entre los desesperados, rechazado y hombres jóvenes enojados, les he dicho que los cócteles molotov y fusiles no resolvería sus problemas. He tratado de ofrecerles mi más profunda compasión manteniendo al mismo tiempo estoy convencido de que el cambio social viene más significativa a través de la acción no violenta. Pero se preguntaban, y con razón, “¿Qué pasa con Vietnam?” Me preguntaron si nuestra propia nación no estaba usando dosis masivas de la violencia para resolver sus problemas, para lograr los cambios que quería. Sus preguntas se hizo sentir, y yo sabía que nunca más podría elevar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los ghettos sin primero haber hablado claramente en el mayor proveedor de violencia en el mundo de hoy: mi propio gobierno. Por el bien de los niños, por el bien de este gobierno, por el bien de los cientos de miles temblando bajo nuestra violencia, no puedo permanecer en silencio.

Para los que hacer la pregunta, “¿No es usted un líder de derechos civiles?” y por lo tanto significa para mí excluir del movimiento por la paz, tengo aún más esta respuesta. En 1957, cuando un grupo de nosotros formó la Southern Christian Leadership Conference, que elegimos como nuestro lema: “Para salvar el alma de América”. Estábamos convencidos de que no podría limitar nuestra visión de ciertos derechos para el pueblo negro, sino que afirma la convicción de que Estados Unidos nunca sería libre o salvado de sí mismo hasta que los descendientes de sus esclavos fueron desatados por completo de las cadenas que todavía usan. De alguna manera estábamos de acuerdo con Langston Hughes, que bardo negro de Harlem, que había escrito antes:

Oh, sí, lo digo de fricción,

América Latina nunca fue para mí,

Y sin embargo te lo juro con este juramento-

América será!

Ahora bien, debe ser incandescentemente claro que nadie que tenga alguna preocupación por la integridad y la vida de la América de hoy puede pasar por alto la guerra actual. Si el alma de Estados Unidos llega a ser totalmente envenenado, parte de la autopsia debe leer “Vietnam”. Nunca se pueden guardar tanto tiempo ya que destruye las más profundas esperanzas de los hombres en todo el mundo. Así es que aquellos de nosotros que se ha determinado aún que “Estados Unidos será” son guiados por el camino de la protesta y la disidencia, trabajando por la salud de nuestra tierra.

Como si el peso de ese compromiso a la vida y la salud de los Estados Unidos no fuera suficiente, otra carga de la responsabilidad recaía sobre mí en 1964. Y no podemos olvidar que el Premio Nobel de la Paz fue también una comisión, una comisión para trabajar más duro que he trabajado nunca para la hermandad del hombre. Esto es un llamado que me lleva más allá de las lealtades nacionales.

Pero incluso si no estaban presentes, yo todavía tendría que vivir con el significado de mi compromiso con el ministerio de Jesucristo. Para mí, la relación de este ministerio a la realización de la paz es tan obvio que a veces me maravilla en los que me pregunto por qué estoy hablando en contra de la guerra. ¿Podría ser que ellos no saben que la Buena Nueva era para todos los hombres-de comunista y capitalista, para sus hijos y los nuestros, al negro y al blanco, para los revolucionarios y conservadores? ¿Han olvidado que mi ministerio es en la obediencia a la que amó a sus enemigos tan plena que Él murió por ellos? Entonces, ¿qué puedo decir para el Vietcong o Castro o Mao como un fiel ministro de éste? ¿Puedo los amenazan con la muerte o no tengo que compartir con ellos mi vida?

Por último, como tratar de explicar por ti y por mí mismo el camino que conduce de Montgomery a este lugar, me han ofrecido todo lo que era más válida si se limitó a decir que debo ser fiel a mi convicción que comparto con todos los hombres llamado a ser un hijo de Dios vivo. Más allá de la convocatoria de raza, nación o credo es esta vocación de la filiación y la fraternidad. Porque yo creo que el Padre está profundamente preocupado sobre todo por su sufrimiento y los niños indefensos y marginados, vengo esta noche para hablar por ellos. Esto creo que es el privilegio y la carga de todos los que nos consideramos obligados por las lealtades y fidelidades que son más amplios y más profundo que el nacionalismo y que van más allá de las metas autodefinidas de nuestra nación y posiciones. Estamos llamados a hablar por los débiles, de los sin voz, para las víctimas de nuestra nación, para los que llama “enemigo”, de ningún documento de las manos humanas pueden hacer que estos seres humanos de manera menos nuestros hermanos.

Y como reflexionar sobre la locura de Vietnam y de búsqueda dentro de mí la manera de entender y responder con compasión, mi mente va constantemente a la gente de esa península. No hablo ahora de los soldados de cada lado, no de las ideologías del Frente de Liberación, no de la junta en Saigón, sino simplemente de las personas que han estado viviendo bajo la maldición de la guerra durante casi tres décadas continua ahora. Pienso en ellos, también, porque es claro para mí que no habrá solución significativa allí hasta que se haga algún intento de conocerlos y escuchar sus gritos rotos.

Tienen que ver a los estadounidenses como libertadores extraño. El pueblo vietnamita proclamó su independencia en 1954, en 1945, más bien, después de una ocupación franco-japonés y antes de la revolución comunista en China. Fueron dirigidos por Ho Chi Minh. A pesar de que citó la Declaración de Independencia americana en su propio documento de la libertad, que se negó a reconocerlos. En su lugar, hemos decidido a apoyar a Francia en su reconquista de su antigua colonia. Nuestro gobierno se sintió entonces que el pueblo vietnamita no estaban preparados para la independencia, y de nuevo fue víctima de la arrogancia occidental mortal que ha envenenado la atmósfera internacional durante tanto tiempo. Con esa decisión trágica hemos rechazado un gobierno revolucionario la autodeterminación y un gobierno que no se hubiese creado por China para las que los vietnamitas no tienen gran amor, pero con claridad las fuerzas indígenas que incluía a algunos comunistas. Para los campesinos este nuevo gobierno significó una verdadera reforma agraria, una de las necesidades más importantes en sus vidas.

Durante nueve años a partir de 1945 se negó al pueblo de Vietnam del derecho de la independencia. Durante nueve años, con el apoyo decidido a los franceses en su esfuerzo fallido para recolonizar Vietnam. Antes del final de la guerra que se reunían el ochenta por ciento de los gastos de guerra francés. Incluso antes de que los franceses fueron derrotados en Dien Bien Phu, comenzaron a desesperar de su acción temeraria, pero no lo hicimos. Les anima con nuestros suministros gran financiero y militar para continuar la guerra, incluso después de haber perdido la voluntad. Pronto tendría que pagar casi la totalidad de los costes de este trágico atentado a la recolonización.

Después de los franceses fueron derrotados, parecía como si la independencia y la reforma agraria llegaría de nuevo a través del Acuerdo de Ginebra. Pero en vez llegó a los Estados Unidos, determinó que Ho no debe unificar a la nación dividida temporalmente, y los campesinos, vistos de nuevo como hemos apoyado uno de los dictadores más crueles moderna, nuestro hombre elegido, el primer ministro Diem. Los campesinos observaban y se encogió como Diem despiadadamente extirpado toda la oposición, con el apoyo de sus propietarios extorsionista, y se negó incluso a discutir la reunificación con el Norte. Los campesinos vieron como todo esto ha estado presidido por influencia de Estados Unidos y luego por el número cada vez mayor de las tropas estadounidenses que vinieron a ayudar a sofocar la insurgencia que los métodos de Diem había despertado. Cuando Diem fue derrocado pueden haber sido feliz, pero la larga lista de dictadores militares no parecía ofrecer un cambio real, especialmente en términos de su necesidad de tierras y la paz.

El único cambio que vino de América como hemos incrementado nuestros compromisos de tropas en apoyo de los gobiernos que eran singularmente corruptos, ineptos y sin apoyo popular. Todo el tiempo la gente lea nuestros folletos y recibido las promesas regular de la paz y la democracia y la reforma agraria. Ahora languidecen bajo nuestras bombas y nos consideran, no su colega vietnamita, el verdadero enemigo. Se mueven tristes y con apatía tal y como los rebaños de la tierra de sus padres en campos de concentración donde las necesidades sociales mínimas raramente se cumplen. Ellos saben que deben seguir adelante o ser destruidos por nuestras bombas.

Así que vayan, principalmente mujeres y niños y los ancianos. Miran como veneno el agua, como matar a un millón de hectáreas de sus cultivos. Se debe llorar como el rugido de las excavadoras a través de sus áreas de preparación para destruir los árboles preciosos. Vagan en los hospitales con más de veinte víctimas del poder de fuego estadounidense de una lesión infligida a Vietcong. Hasta aquí podría haber matado a un millón de ellos, la mayoría niños. Ellos vagan por las ciudades y ver miles de los hijos, sin hogar, sin ropa, corriendo en envases en las calles como si fueran animales. Ellos ven a los niños degradados por nuestros soldados, ya que mendigar por comida. Ellos ven los niños la venta de sus hermanas para que nuestros soldados, para captar a sus madres.

¿Qué hacen los campesinos piensan como nosotros nos aliamos con los terratenientes y como nos negamos a poner cualquier acción en nuestras muchas palabras sobre la reforma agraria? ¿Qué piensan como nosotros probar nuestras últimas armas en ellos, al igual que los alemanes probaron nuevas medicinas y de nuevas torturas en los campos de concentración de Europa? ¿Dónde están las raíces de la independencia de Vietnam que dicen estar construyendo? Es entre los que están sin voz?

Hemos destruido sus más preciados dos instituciones: la familia y el pueblo. Hemos destruido sus tierras y sus cultivos. Hemos cooperado en la desbelación del único no-comunista de la nación fuerza política revolucionaria, la Iglesia budista unificada. Hemos apoyado a los enemigos de los campesinos de Saigón. Hemos corrompido sus mujeres y niños y mataron a sus hombres.

Ahora no queda casi nada para crear, guardar rencor. Pronto el único fundamentos físicos sólidos restantes se encuentran en nuestras bases militares y en el concreto de los campos de concentración que llamamos “aldeas fortificadas.” Los campesinos cabe preguntarse si el plan para construir nuestro nuevo Vietnam por razones como éstas. ¿Podemos culparlos por esos pensamientos? Tenemos que hablar por ellos y plantear las preguntas que no puede levantar. Estos también son nuestros hermanos.

Tal vez una más difícil, pero no menos necesaria tarea es la de hablar por los que han sido designados como nuestros enemigos. ¿Qué pasa con el Frente de Liberación Nacional, grupo que extrañamente anónima que llamamos “CV” o “comunistas”? ¿Qué deben pensar en los Estados Unidos de América cuando se dan cuenta que nos permitió la represión y la crueldad de Diem, que ayudaron a traer a la existencia como un grupo de resistencia en el Sur? ¿Qué piensan de nuestro apología de la violencia que condujo a su propia toma de los brazos? ¿Cómo van a creer en nuestra integridad cuando ahora hablamos de “la agresión del Norte”, como si no hubiera nada más esencial para la guerra? ¿Cómo pueden confiar en nosotros cuando ahora les tomes en cuenta la violencia después del reinado asesina de Diem y cargarlas con violencia, mientras se vierte todas las armas nuevas de la muerte en su tierra? Sin duda hay que entender sus sentimientos, incluso si no aprobamos sus actos. Sin duda hay que ver que los hombres hemos apoyado las apretó contra su violencia. Sin duda, debemos ver que nuestros propios planes informáticos de destrucción simplemente enana sus más grandes actos.

¿Cómo nos juzgará cuando nuestros funcionarios saben que su afiliación es inferior a veinticinco por ciento de comunista, y sin embargo insisten en darles el nombre de manta? Lo que hay que estar pensando cuando saben que somos conscientes de su control de grandes sectores de Vietnam, y sin embargo, parecen dispuestos a permitir que las elecciones nacionales en los que esta muy bien organizada gobierno paralelo políticas, pues no tendrá una parte? Se preguntan cómo se puede hablar de elecciones libres cuando la prensa está censurada Saigón y controlada por la junta militar. Y son sin duda el derecho a preguntarse qué clase de gobierno tenemos previsto nuevas para ayudar a formar sin ellos, la única parte en contacto real con los campesinos. Cuestionan nuestros objetivos políticos y niegan la realidad de un acuerdo de paz de la que quedarán excluidas. Sus preguntas son terriblemente relevante. Es nuestra nación la planificación para construir el mito político de nuevo, y luego apuntalar en el poder de una nueva violencia?

Aquí está el verdadero sentido y valor de la compasión y la no violencia, cuando nos ayuda a ver el punto del enemigo de vista, escuchar sus preguntas, para conocer su valoración de nosotros mismos. Porque desde su punto de vista sí podemos ver las debilidades básicas de nuestra propia condición, y si somos maduros, podemos aprender y crecer y beneficiarse de la sabiduría de los hermanos que son llamados a la oposición.

Así, también, con Hanoi. En el norte, donde nuestras bombas ya golpear la tierra, y nuestras minas en peligro la navegación, que son recibidos por una profunda desconfianza, pero comprensible. Para hablar por ellos es explicar esta falta de confianza en las palabras de Occidente, y especialmente de su desconfianza de las intenciones norteamericanas ahora. En Hanoi son los hombres que dirigió a la nación a la independencia contra los japoneses y los franceses, los hombres que buscaban la pertenencia a la Comunidad francesa y fueron traicionados por la debilidad de París y la voluntariedad de los ejércitos coloniales. Fueron ellos quienes llevaron una segunda lucha contra la dominación francesa a un costo tremendo, y luego fueron persuadidos a abandonar la tierra que controlaban entre el paralelo XIII y XVII como una medida temporal, en Ginebra. Después de 1954, que nos miraba con Diem conspiran para impedir unas elecciones que podrían haber traído sin duda Ho Chi Minh para gestionar más de una Sudáfrica unida Vietnam, y se dieron cuenta que había sido traicionado de nuevo. Cuando nos preguntamos por qué no saltar a negociar, estas cosas deben ser recordadas.

También debe quedar claro que los dirigentes de Hanoi considerado, la presencia de tropas estadounidenses en apoyo del régimen de Diem haber sido la brecha inicial militares del Acuerdo de Ginebra sobre las tropas extranjeras, y nos recuerdan que no comenzó a enviar tropas en un gran número e incluso los suministros en el sur hasta que las fuerzas estadounidenses se habían trasladado a las decenas de miles.

Hanoi recuerda cómo nuestros líderes se negaron a decirnos la verdad acerca de las gestiones anteriores de Vietnam del Norte para la paz, cómo el presidente afirmó que no existían cuando se hizo evidente. Ho Chi Minh ha visto como Estados Unidos ha hablado de la paz y construido sus fuerzas, y ahora él seguramente ha oído los rumores cada vez más internacional de los planes estadounidenses para la invasión del Norte. Él sabe que los bombardeos y fuego de artillería y la minería que estamos haciendo son parte de la estrategia tradicional de antes de la invasión. Tal vez sólo su sentido del humor y de ironía puede salvarlo cuando oye la nación más poderosa del mundo de habla de la agresión al caer miles de bombas sobre una pobre, débil nación de más de ochocientos, o más bien, ocho mil millas de distancia de sus costas.

En este punto debo aclarar que, aunque he intentado en estos últimos minutos para dar una voz a los sin voz en Vietnam y de entender los argumentos de aquellos que son llamados “enemigos” Estoy tan profundamente preocupados por nuestras propias tropas allí como cualquier otra cosa. Pues se me ocurre que lo que les estamos presentando en Vietnam no es simplemente el proceso de embrutecimiento que se produce en cualquier guerra donde los ejércitos se enfrentan entre sí y tratan de destruir. Estamos agregando el cinismo al proceso de la muerte, porque ellos deben saber después de un corto período de tiempo allí que ninguna de las cosas que dicen luchar para realmente involucrados. Al poco tiempo ellos deben saber que su gobierno ha enviado a una lucha entre vietnamitas, y los más sofisticados seguramente cuenta de que estamos en el lado de los ricos, y seguro, mientras creamos un infierno para los pobres.

De algún modo esta locura debe cesar. Debemos parar ahora. Hablo como un hijo de Dios y hermano de los que sufren en Vietnam. Hablo por todos aquellos cuya tierra está siendo devastada, cuyas casas están siendo destruidas, cuya cultura está siendo subvertida. Hablo en nombre de los pobres de América que están pagando el precio doble de las esperanzas estrelló en casa, y la muerte y la corrupción en Vietnam. Hablo como un ciudadano del mundo, para el mundo tal y como está horrorizado ante la trayectoria que hemos tomado. Hablo como alguien que ama a América, a los líderes de nuestra nación: La gran iniciativa en esta guerra es nuestra, la iniciativa para detenerla debe ser nuestra.

Este es el mensaje de los grandes líderes budistas de Vietnam. Recientemente uno de ellos escribió estas palabras, y cito:

Cada día la guerra continúa en los aumentos de odio en los corazones de los vietnamitas y en los corazones de aquellos de instinto humanitario. Los estadounidenses están obligando incluso a sus amigos a convertirse en sus enemigos. Es curioso que los americanos, que calculan tan cuidadosamente sobre las posibilidades de una victoria militar, no se dan cuenta que en el proceso en que incurren profunda derrota psicológica y política. La imagen de Estados Unidos nunca volverá a ser la imagen de la revolución, la libertad y la democracia, pero la imagen de la violencia y el militarismo.

Si continuamos, no habrá ninguna duda en mi mente y en la mente del mundo que no tenemos intenciones honorables en Vietnam. Si no nos paramos nuestra guerra contra el pueblo de Viet Nam de inmediato, el mundo se quedará sin otra alternativa que ver a esto como un juego horrible, torpe, y mortal hemos decidido a jugar. El mundo exige ahora un plazo de vencimiento de América que no puede ser capaz de lograr. Exige que admitir que nos hemos equivocado desde el principio de nuestra aventura en Vietnam, que han sido perjudiciales para la vida del pueblo vietnamita. La situación es aquella en la que debemos estar preparados para convertir claramente de nuestra manera actual. Con el fin de expiar por nuestros pecados y errores en Vietnam, debemos tomar la iniciativa para poner fin a esta trágica guerra.

Quisiera proponer cinco cosas concretas que nuestro gobierno debe hacer inmediatamente para comenzar el proceso largo y difícil de librarnos de este conflicto de pesadilla:

Número uno: Fin de los bombardeos en el Norte y Vietnam del Sur.

Número dos: Declarar un alto el fuego unilateral en la esperanza de que dichas medidas van a crear el ambiente para la negociación.

Tres: Tomar medidas inmediatas para evitar que otros campos de batalla en el sudeste asiático por frenar la acumulación de nuestros militares en Tailandia y nuestra interferencia en Laos.

Cuatro: realista aceptar el hecho de que el Frente de Liberación Nacional tiene un apoyo sustancial en Vietnam del Sur y por lo tanto debe desempeñar un papel significativo en las negociaciones y cualquier futuro gobierno de Vietnam.

Quinto: Establecer una fecha que vamos a eliminar todas las tropas extranjeras de Vietnam, de conformidad con el Acuerdo de Ginebra de 1954. [Sostenidos aplausos]

Parte de nuestro compromiso continuo bien podría expresarse en una oferta para dar asilo a todo vietnamita que teme por su vida bajo un nuevo régimen que incluía el Frente de Liberación. Entonces tenemos que hacer lo que podemos reparaciones por el daño que hemos hecho. Debemos proporcionar la ayuda médica que es muy necesario, ponerlo a disposición en este país si es necesario. [Aplausos] Mientras tanto, en las iglesias y sinagogas, tienen una tarea continua, mientras que instamos a nuestro gobierno para desvincularse de un compromiso vergonzoso. Tenemos que seguir para levantar nuestras voces y nuestras vidas si nuestra nación persiste en sus formas perversas en Vietnam. Debemos estar dispuestos a asignar a las medidas con las palabras de la búsqueda de todos los métodos de protesta creativa posible.

A medida que el abogado jóvenes sobre el servicio militar debemos aclarar para ellos el papel de nuestra nación en Vietnam y el desafío con la alternativa de la objeción de conciencia. [Aplausos prolongados] Me complace decir que este es un camino que hoy elegida por más de setenta estudiantes de mi alma mater propia, Morehouse College, y se lo recomiendo a todos los que encontrar el curso que un estadounidense en Vietnam una deshonrosa e injusta. [Aplausos] Es más, yo animaría a todos los ministros en edad de reclutamiento a renunciar a sus exenciones ministerial y solicitar la condición de objetores de conciencia. [Prolongados aplausos] Estos son los tiempos para las opciones reales y no falsas. Estamos en el momento en que nuestras vidas deben ser colocados en la línea si nuestra nación ha de sobrevivir a su propia locura. Cada hombre de convicciones humanas debe decidir sobre la protesta que mejor se adapte a sus convicciones, pero todos debemos protestar.

Ahora hay algo seductora tentación de parar allí y el envío de todos nosotros fuera de lo que en algunos círculos se ha convertido en una cruzada popular contra la guerra en Vietnam. Yo digo que debe entrar en esa lucha, pero quiero pasar a continuación a decir algo más inquietante aún.

La guerra en Vietnam no es sino un síntoma de una enfermedad mucho más profunda dentro del espíritu americano, y si ignoramos esta realidad preocupante, [Aplausos] y si ignoramos esta realidad preocupante, nos encontraremos la organización de “clero y laicos que se trate” comités de la siguiente generación. Ellos estarán preocupados por Guatemala y Perú. Ellos estarán preocupados por Tailandia y Camboya. Ellos estarán preocupados por Mozambique y Sudáfrica. Estaremos marchando para estos y otros nombres de una docena de asistir a mítines y sin fin, a menos que haya un cambio significativo y profundo en la vida estadounidense y la política. [Aplausos prolongados] Así que esos pensamientos nos llevan más allá de Vietnam, pero no más allá de nuestra vocación como hijos del Dios viviente.

En 1957, un funcionario estadounidense en el extranjero sensibles dijo que le parecía que nuestra nación fue en el lado equivocado de una revolución mundial. Durante los últimos diez años hemos visto surgir un patrón de supresión que ahora ha justificado la presencia de asesores militar de EE.UU. en Venezuela. Esta necesidad de mantener la estabilidad social para nuestras cuentas de inversión para la acción contrarrevolucionaria de las fuerzas estadounidenses en Guatemala. Se dice por qué los helicópteros norteamericanos están siendo utilizados contra las guerrillas en Camboya y por qué el napalm estadounidense y las fuerzas de los Boinas Verdes ya han estado activas contra rebeldes en Perú.

Es con ese tipo de actividad en cuenta que las palabras del fallecido John F. Kennedy vuelve para perseguirnos. Hace cinco años dijo: “Los que hacen imposible la revolución pacífica harán inevitable la revolución violenta.” [] Aplausos prolongados Cada vez más, por elección o por accidente, éste es el papel que nuestra nación adopta: el papel de los que hacen imposible la revolución pacífica, al negarse a renunciar a los privilegios y los placeres que provienen de los inmensos beneficios de las inversiones en el extranjero. Estoy convencido de que si queremos ganar en el lado derecho de la revolución mundial, nosotros, como nación debe pasar por una revolución radical de valores. Rápidamente se debe comenzar] [aplausos, rápidamente debe empezar el cambio desde una sociedad orientada hacia lo que una sociedad orientada a la persona. Cuando las máquinas y las computadoras, el afán de lucro y los derechos de propiedad, se consideran más importantes que las personas, los trillizos gigantescos del racismo, el materialismo extremo y el militarismo son incapaces de ser conquistado.

Una verdadera revolución de valores en breve nos hacen cuestionar la justicia y la justicia de muchas de nuestras políticas pasadas y presentes. Por un lado estamos llamados a jugar el Buen Samaritano en la carretera de la vida, pero eso será sólo un acto inicial. Un día tenemos que venir a ver que todo el camino a Jericó debe ser transformada para que los hombres y mujeres no será constantemente golpeado y robado mientras hacen su viaje en autopista de la vida. La verdadera compasión es más que arrojar una moneda a un mendigo. Se trata de ver que un edificio que produce mendigos necesita una reestructuración. [Aplausos]

Una verdadera revolución de valores en breve se verá con inquietud en el enorme contraste de la pobreza y la riqueza. Con justa indignación, se verá a través del mar y ver los capitalistas individuales de Occidente invertir grandes sumas de dinero en Asia, África y América del Sur, sólo para tener los beneficios con cargo sin ninguna preocupación por el mejoramiento social de los países, y decir : “Esto no es justo.” Se verá en nuestra alianza con los terratenientes de América del Sur y decir: “Esto no es justo”. La arrogancia occidental de la sensación de que tiene mucho que enseñar a otros y nada que aprender de ellos no es justo.

Una verdadera revolución de valores pondrán sus manos sobre el orden mundial de guerra y decir: “Esta forma de solución de diferencias no es justo.” Esta compañía de la quema de seres humanos con napalm, de llenar los hogares de nuestro país con huérfanos y viudas, de los consumidores de drogas venenosas de odio en las venas de los pueblos normalmente humano, de enviar hombres a casa de los campos de batalla oscuros y sangrientos discapacitados físicos y trastornado psicológicamente, no puede ser reconciliarse con la sabiduría, la justicia y el amor. Una nación que continúa año tras año para gastar más dinero en defensa militar que en programas de mejora social se está acercando a la muerte espiritual. [Sostenidos aplausos]

América, la nación más rica y poderosa del mundo, así pueden abrir el camino en esta revolución de valores. No hay nada más que una muerte trágica deseo de impedir que reordenar nuestras prioridades, de modo que la búsqueda de la paz tendrán prioridad sobre la búsqueda de la guerra. No hay nada que nos impiden moldear un status quo con las manos magulladas recalcitrantes hasta que lo hemos formado en una hermandad.

Esta especie de revolución de los valores positivos es nuestra mejor defensa contra el comunismo. [Aplausos] La guerra no es la respuesta. El comunismo jamás será vencido por el uso de bombas atómicas o armas nucleares. No nos sumamos a los que gritan de guerra y, a través de sus pasiones equivocadas, instar a los Estados Unidos a renunciar a su participación en las Naciones Unidas. Son días que exigen moderación racional y lo razonable calma. No debemos participar en un negativas a anti-comunismo, sino en un impulso positivo para la democracia, [Aplausos] darse cuenta de que nuestra mayor defensa contra el comunismo es tomar acción ofensiva en favor de la justicia. Tenemos que buscar la acción positiva para eliminar las condiciones de la pobreza, la inseguridad y la injusticia que son terreno fértil en el cual la semilla del comunismo crece y se desarrolla.

Estos son tiempos revolucionarios. En todo el mundo los hombres se están rebelando contra los viejos sistemas de explotación y opresión, y de las heridas de un mundo frágil nuevos sistemas de justicia e igualdad están naciendo. La gente sin camisa y descalzos de la tierra se está levantando como nunca antes. El pueblo asentado en tinieblas vio una gran luz. Nosotros, los occidentales deben apoyar estas revoluciones.

Es un hecho lamentable que debido a la comodidad, la complacencia, un temor mórbido del comunismo, y de nuestra propensión a adaptarse a la injusticia, las naciones occidentales que inició gran parte del espíritu revolucionario del mundo moderno se han convertido en el anti-revolucionarios arco. Esto ha llevado a muchos a pensar que sólo el marxismo tiene un espíritu revolucionario. Por lo tanto, el comunismo es un fallo en contra de nuestra incapacidad para hacer realidad la democracia y seguir adelante con las revoluciones que hemos iniciado. Nuestra única esperanza hoy reside en nuestra capacidad de recuperar el espíritu revolucionario y salir al mundo a veces hostil, que se declara la hostilidad eterna a la pobreza, el racismo y el militarismo. Con este poderoso compromiso que con valentía se desafían el statu quo y las costumbres injustas, y por lo tanto la velocidad del día en que “cada valle será exaltado, y todo monte y colina será rebajado; Audiencia [:] (Sí) los caminos torcidos se harán recta, y los lugares escabrosos sin formato “.

Una verdadera revolución de valores significa en definitiva que nuestra lealtad debe ser ecuménica en lugar de la sección. Cada nación debe ahora desarrollar una lealtad primordial a la humanidad en su conjunto a fin de preservar lo mejor en su propia sociedad.

La presente convocatoria de una beca en todo el mundo que eleva la preocupación de vecindad más allá de la propia tribu, raza, clase y nación es en realidad una llamada de un alcance global y con amor incondicional para toda la humanidad. Esto a menudo mal entendida, a menudo mal interpretado este concepto, tan fácilmente desestimado por el Nietzsche del mundo como una fuerza débil y cobarde, se ha convertido en una necesidad absoluta para la supervivencia del hombre. Cuando hablo de amor no estoy hablando de algún tipo de respuesta sentimental y débil. No estoy hablando de esa fuerza que está a sólo bosh emocional. Estoy hablando de esa fuerza que todas las grandes religiones han visto como el principio supremo unificador de la vida. El amor es de alguna manera la llave que abre la puerta que conduce a la realidad última. Esta creencia hindú-musulmán-cristiano-judío-budista sobre la realidad final es maravillosamente resumido en la primera epístola de san Juan: “Vamos a amarnos unos a otros, (Sí) porque el amor es Dios. (Sí) Y cada uno que ama, es nacido de Dios y conoce a Dios. No que ama no conoce a Dios, porque Dios es amor “. “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros”. Esperemos que este espíritu se convertirá en el orden del día.

Ya no podemos darnos el lujo de adorar al dios del odio o inclinarse ante el altar de la venganza. Los océanos se hacen de la historia turbulenta por las mareas cada vez más altos de odio. La historia está repleta de los restos de las naciones y los individuos que se realizan en esta auto-derrotando camino del odio. Como dice Arnold Toynbee: “El amor es la última fuerza que hace que el ahorro para la elección de vida y el bien contra la elección condenatoria de la muerte y el mal. Por lo tanto la primera esperanza en nuestro inventario debe ser la esperanza de que el amor va a tener la última palabra . ”

Ahora nos enfrentamos con el hecho, mis amigos, que mañana es hoy. Nos enfrentamos a la urgencia impetuosa del ahora. En este enigma desarrollo de la vida y la historia, hay tal cosa como ser demasiado tarde. La dilación es todavía el ladrón de tiempo. La vida a menudo nos deja de pie desnudo, desnudo, y abatidos con una oportunidad perdida. La marea en los asuntos de los hombres no se queda en las inundaciones que reflujos. Podemos gritar desesperadamente tiempo para hacer una pausa en su paso, pero el tiempo se mantiene firme a cada motivo y se abalanza sobre. A través de los huesos calcinados y mezclados residuos de numerosas civilizaciones se escriben las palabras patéticas: “Demasiado tarde”. Hay un libro invisible de la vida que reproduce fielmente las actas nuestra vigilancia o nuestra negligencia. Omar Khayyam tiene razón: “El dedo móvil escribe, y habiendo escrito sobre mueve.”

Todavía tenemos una opción hoy: la coexistencia no violenta o la aniquilación co-violenta. Debemos pasar la indecisión pasado a la acción. Tenemos que encontrar nuevas maneras de hablar en nombre de la paz en Vietnam y justicia en todo el mundo en desarrollo, un mundo que raya en nuestras puertas. Si no actuamos, seguramente se arrastró por los pasillos largos, oscuros y vergonzosos de tiempo reservado para aquellos que poseen un poder sin compasión, podría sin moral, y la fuerza sin la vista.

Ahora vamos a empezar. Ahora vamos a renovar nuestro compromiso con la lucha larga y amarga, pero hermosa, de un mundo nuevo. Este es el llamado de los hijos de Dios y nuestros hermanos esperan ansiosamente la respuesta. Hemos de decir que las probabilidades son demasiado grandes? ¿Vamos a decirles la lucha es demasiado duro? ¿Será nuestro mensaje sea que las fuerzas de la vida estadounidense se oponen a su llegada a los hombres completos, y enviamos nuestro más profundo pesar? ¿O habrá otro mensaje de anhelo, de esperanza, de solidaridad con sus anhelos, de compromiso con su causa, a cualquier precio? La elección es nuestra, y aunque podríamos preferir lo contrario, tenemos que elegir en este momento crucial de la historia humana.

Dado que este noble bardo de ayer, James Russell Lowell, dijo de forma elocuente:

Una vez que a todo hombre y nación viene un momento para decidir,

En la lucha de la Verdad y la Mentira, por el lado bueno o malo;

Algunas gran causa, el Mesías de Dios ofreciendo nuevas cada flor o el tizón,

Y la opción pasa siempre por el arco que la oscuridad y la luz que.

Aunque la causa de prosperar el mal, sin embargo, ’tis verdad sola es fuerte

Aunque sus partes el cadalso, y en el trono un error

Sin embargo, ese andamiaje se balancea el futuro, y detrás de lo desconocido dim

Dios está dentro de la sombra, mirando por encima de la suya.

Y si sólo haremos la elección correcta, seremos capaces de transformar esta elegía cósmica hasta que entre en un salmo de la paz. Si vamos a tomar la decisión correcta, podremos transformar el sonido discordante de nuestro mundo en una hermosa sinfonía de hermandad. Si vamos a hacer, pero la decisión correcta, podremos acelerar el día, en toda América y en todo el mundo, cuando la justicia fluya como el agua, y la rectitud como una poderosa corriente. [Sostenidos aplausos]

 

 

Traducción automática hecha por Google

Discurso "He estado en la cima de la montaña" pronunciado en la iglesia Mason Temple el 3 de abril de 1968

«Les agradezco muy bondadosamente, amigos míos.

A medida que escuchaba a Ralph Abernathy en su elocuente y generosa introducción, yo pensaba en mí mismo, y me preguntaba de quién estaría él hablando. Siempre es bueno oír a tu mejor amigo y socio que diga algo bueno acerca de tí, y Ralph Abernathy es el mejor amigo que tengo en el mundo. Es mi delicia ver a cada uno de ustedes aquí esta noche a pesar de la advertencia de una tormenta. Me demuestran que están determinados a seguir de cualquier manera.

Algo está pasando en Memphis, algo está pasando en nuestro mundo. Y ¿saben qué? si estuviera parado al comienzo de la era, con la posibilidad de echarle una vistazo general, tipo panorámica, a toda la historia humana hasta ahora, y el Todopoderoso me dijera, “Martin Luther King, ¿en que era te gustaría vivir?”

Yo abordaría mi vuelo mental hacia Egipto, y vería a los hijos de Dios en su magnífica travesía, desde los oscuros calabozos de Egipto cruzando el…, mejor dicho pasando a través del Mar Rojo, a través del desierto, hacia la tierra prometida. Y a pesar de la magnificencia, no pararía ahí.

Me iría hasta Grecia, y llevaría mi mente al Monte Olimpo. Y vería a Platón, Aristóteles, Sócrates, Eurípides, y Aristófanes, reunidos en el Partenón, y los vería en el Partenón hablando de los grandes y eternos asuntos de la realidad. Pero no me detendría ahí. Incluso iría a los tiempos de auge del Imperio Romano, y vería los progresos de allá, a través de diversos emperadores y líderes. Pero no me detendría ahí.

Incluso aparecería por los días del Renacimiento y echaría una mirada rápida a todo lo que el Renacimiento hizo por la cultura y la estética en la vida del hombre. Pero no me detendría ahí.

Incuso iría por los caminos del hombre por quién yo he sido nombrado, en qué ambiente vivía, y observaría cómo Martín Lutero clavaba sus noventa y cinco Tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Pero no me detendría ahí.

Incluso llegaría a 1863 y vería a un vacilante presidente llamado Abraham Lincoln finalmente llegar a la conclusión que tenía que firmar la Proclamación de la Emancipación. Pero no me detendría ahí.

Incluso llegaría a los primeros años de los ’30, y vería a un hombre batallando con los problemas de la bancarrota de su país, y salir con un grito elocuente que “No hay nada que temer, salvo al temor mismo.” Pero no me detendría ahí.

Extrañamente, me volvería hacia el Todopoderoso y le diría: -Si me permitieras vivir solo unos cuantos años en esta segunda parte del siglo veinte, seré feliz.

Ahora, esto es hacer una declaración extraña, porque el mundo está hecho un embrollo. La nación está enferma, el problema está en la tierra, confusión por todas partes. Pero yo sé, en cierta forma, que solamente cuando está lo suficientemente oscuro puedes ver las estrellas. Y veo a Dios obrando en este período del siglo veinte de tal modo que los hombres, en alguna extraña manera están respondiendo.

Algo está pasando en nuestro mundo. Las masas de gentes se están levantando. Y donde quiera que hoy estén reunidos, ya sea que estén en Johannesburg, en Sudáfrica; Nairobi, Kenia; Accra, en Ghana; La ciudad de Nueva York, Atlanta, Georgia; Jackson, en Missisipi; o en Memphis, Tennessee, el grito es siempre el mismo: “Queremos ser libres.”

Y otra razón por la que estoy feliz de vivir en este período, es que hemos sido arrastrados al punto donde vamos a tener que luchar con problemas con los que el hombre ha intentado luchar a través de la historia, pero las exigencias no lo forzaban a hacerlo. La supervivencia exige que luchemos con ellos. Ahora bien, el hombre por años ha hablado de la Guerra y la Paz. Pero ahora ya es posible tan solo hablar acerca de ello. Ya no se trata de una opción entre la violencia y la no-violencia en este mundo; es no-violencia o no-existencia. Y en eso estamos hoy.

Y también, en la revolución de los derechos humanos, si algo no se hace, y se hace de prisa, para sacar a las personas de color del mundo de sus largos días de pobreza, sacarlos de sus largos años de dolor y abandono, el mundo entero está condenado a muerte. Pues ahora simplemente estoy feliz de que Dios me haya permitido vivir en este período, para ver lo que se está desarrollando. Y me siento feliz que me haya permitido estar en Memphis.

Puedo recordar, – puedo recordar cuando los negros iban por ahí, como a menudo ha dicho Ralph, rascándose donde no les pica y riéndose cuando no les hacen cosquillas. Pero ese día se ha terminado. Ahora vamos en serio y estamos determinados a ganar nuestro justo lugar en el mundo de Dios.

Y de esto es de lo que se trata. No estamos ocupados en una protesta negativa y discusiones negativas con nadie. Estamos diciendo que estamos determinados a ser hombres; estamos determinados a ser personas. Estamos diciendo… estamos diciendo que somos hijos de Dios. Y si somos hijos de Dios, no tenemos que vivir de la manera en que nos obliguen a vivir.

Pues ahora, ¿qué es lo que significa todo esto en este gran período en la historia? Significa que debemos seguir juntos. Debemos estar unidos y mantener la unidad. ¿Saben qué? Siempre que el faraón deseaba prolongar el período de la esclavitud en Egipto, él tenía una fórmula favorita para lograrlo. ¿Saben cuál era? Él mantenía a los esclavos peleando entre ellos mismos. Pero siempre que los esclavos se unían, algo pasaba en la corte del faraón, y él no podía mantener a los esclavos en esclavitud. Cuando los esclavos se unen, ese es el comienzo de salir de la esclavitud. Ahora, pues, mantengamos esa unidad.

En segundo lugar, repasemos el estado de los asuntos. El asunto es la justicia. El tema es el rechazamiento de Memphis de ser justo y honesto en sus tratos con sus servidores públicos, que son en este momento los trabajadores sanitarios. Pues ahora tenemos que fijar la atención en ello. Que es siempre un problema con un poco de violencia. Ustedes saben lo que pasó el otro día, y la prensa trató solamente lo de las ventanas rotas. Leí los artículos. Muy pocas veces llegaron a mencionar el hecho que mil trescientos trabajadores sanitarios están en huelga, y que Memphis no está siendo justo con ellos, y que el alcalde Loeb tiene una terrible necesidad de un doctor. Ni llegaron a mencionar eso.

Pues ahora vamos a marchar de nuevo, y tenemos que marchar de nuevo, para poner este asunto en donde se supone que debe estar, y obligar a todos a ver que hay mil trescientos hijos de Dios sufriendo aquí, hay veces que pasan hambre, pasan a través de las oscuras y tristes noches preguntándose cómo saldremos de esto. Ese es el tema. Y tenemos que decirle a la nación, que sabemos como saldremos de esto. Porque cuando las personas se aferran a lo que está bien, y se disponen a sacrificarse por eso, entonces no hay estación intermedia hasta la victoria.

No vamos a permitir que un mazo cualquiera nos detenga. Somos maestros en nuestro movimiento de la No-violencia, en desarmar fuerzas policiales; no saben qué hacer. Los he visto muy a menudo. Yo me acuerdo que en Birmingham, Alabama, cuando estábamos ahí en esa majestuosa lucha, día tras día salíamos de la iglesia bautista de la Calle 16. Salíamos de a cientos, y el “Toro” Connor decía “¡Suéltenles los perros!”, y ahí venían. Pero nos fuimos delante de los perros cantando “No voy a dejar que nadie me mande de vuelta.”

Después el “Toro” Connor decía: “¡Abran las mangueras de incendio!” Y como les dije a ustedes la otra noche, el “Toro” Connor no sabía de historia. Él sabía un tipo de física que de alguna forma, no tenía que ver con la metafísica que nosotros sabíamos. Y que fue el hecho de que había un cierto tipo de fuego que ningún agua lo podía apagar. Y nos fuimos en frente de las mangueras de incendio. Ya conocíamos el agua. Y si éramos bautistas o de alguna otra denominación, hemos sido sumergidos. Y si fuéramos metodistas, o de alguna otra, hemos sido rociados. Pero conocíamos el agua. Eso no nos pudo detener.

Y nosotros solo fuimos adelante, ante los perros, y los mirábamos; y proseguíamos adelante enfrente de las mangueras del agua y las mirábamos. Y solo seguimos adelante cantando, “Sobre mi cabeza, veo la libertad en el aire.” Y luego nos metían en los furgones, y a veces nos amontonaban ahí adentro como sardinas en lata. Y nos metían adentro y el viejo “Toro” decía: “¡Llévenselos!” Y lo hacían, y nosotros íbamos en el furgón cantando, “Debemos Vencer.” Y de vez en cuando estábamos en la cárcel, y veíamos a los carceleros mirando a través de las ventanillas conmovidos por nuestras oraciones, y conmovidos por nuestras palabras y nuestras canciones. Y había un poder ahí, al cual el “Toro” Connor no se pudo ajustar, así que terminamos transformando al “Toro” en un buey, y ganamos nuestra lucha en Birmingham. Ahora tenemos que continuar en Memphis, tal cual. Los convoco para que estén con nosotros cuando salgamos el lunes.

Ahora… acerca de los mandatos. Tenemos un mandato y vamos a ir a la Corte mañana a pelear contra este ilegal, inconstitucional mandato. Todo lo que le decimos a Norteamérica es “Que sea verdad lo que dicen en los papeles”. Si yo viviera en China, o hasta en Rusia, o cualquier país totalitario, tal vez podría entender algunos de estos ilegales mandatos. Tal vez podría entender la denegación de ciertos privilegios básicos de la Primera Enmienda, porque no se han comprometido a eso, por allá. Pero en alguna parte yo leí acerca de la libertad de asamblea. En alguna parte leí algo acerca de la libertad de expresión. En alguna parte leí acerca de la libertad de prensa. En alguna parte he leído que la grandeza de Norteamérica es el derecho a reclamar por los derechos. Y así como digo que no vamos a dejar que ningún perro o mangueras de agua nos manden de vuelta, tampoco vamos a dejar que ningún mandato nos eche de vuelta. Vamos a seguir.

Los necesitamos a todos ustedes. ¿Saben? Lo que es hermoso para mí es ver todos estos ministros del evangelio. Es un cuadro maravilloso. ¿Quién se supone que tiene que articular los anhelos y las aspiraciones de las personas, sino el predicador? De alguna manera, el predicador debe tener una especie de fuego encerrada en sus huesos; y donde quiera que esté la injusticia, él debe declararla. En cierta forma, el predicador debe ser un Amós, quien dice: “Cuando Dios habla, ¿quién no profetizará?” De nuevo con Amós, “¡Que la justicia corra como las aguas, y la virtud como un torrente!” En cierta forma, el predicador debe decir, con Jesús, “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido, y Él me ha ungido para tratar con los problemas de los pobres.”

Deseo encomendar a los predicadores, bajo el mando de estos nobles hombres: James Lawson, quien ha estado es esta lucha por muchos años. Él ha estado en la cárcel por luchar; ha sido expulsado de la Universidad de Vanderbilt por esta lucha; pero él sigue adelante, luchando por los derechos de su pueblo. El reverendo Ralph Jackson, Billy Kiles; solo podría seguir leyendo la lista pero el tiempo no lo permitirá. Pero quiero agradecerles a todos ellos, y quiero que ustedes les agradezcan, porque muchas veces los predicadores no están preocupados de nada sino por ellos mismos. Y siempre estoy feliz de ver un ministro que hace la diferencia.

Está bien hablar de las “largas túnicas blancas del más allá”, con todo lo que simbolizan, pero últimamente la gente quiere trajes, y vestidos, y zapatos para vestirse aquí abajo. Está bien hablar de las “calles que manan leche y miel”, pero el Señor nos ha mandado a preocuparnos por los suburbios de aquí abajo y por sus hijos que no llegan a las tres comidas diarias. Está bien hablar de la nueva Jerusalén, pero algún día el predicador de Dios debe hablar acerca de la nueva New York, de la nueva Atlanta, la nueva Filadelfia, el nuevo Los Ángeles, el nuevo Memphis, Tennessee. Esto es lo que tenemos que hacer.

Pues ahora, otra cosa que tendremos que hacer es esta: Siempre sujetemos nuestra directa acción externa al poder económico del boicot. Ahora somos individualmente pobres, somos pobres si nos comparan con la sociedad blanca en Norteamérica. Somos pobres. Nunca te detengas ni olvides que colectivamente –eso significa, todos juntos– colectivamente somos más ricos que todas las naciones del mundo, con la excepción de nueve. ¿Han pensado acerca de eso? Una vez que te vayas de los Estados Unidos, Unión Soviética, Gran Bretaña, Alemania Occidental, Francia, y podría nombrar otros, colectivamente el negro americano es más rico que la mayoría de las naciones del mundo. Tenemos una ganancia anual de más de treinta billones de dólares al año. Lo cual es más que todas las exportaciones de los Estados unidos y más que el presupuesto nacional de Canadá. ¿Sabían eso ustedes? Hay poder ahí, si es que sabemos cómo armar un fondo común.

No tenemos que discutir con nadie. No tenemos que insultar ni andar actuando mal con nuestras palabras. No necesitamos ningún ladrillo o botellas de vidrio; no necesitamos ningún cóctel molotov. Necesitamos ir alrededor de estas tiendas, y estas masivas industrias en nuestro país, y decir: “Dios nos envió aquí para decirles a ustedes que no están tratando bien sus hijos. Y hemos venido aquí para pedirles que hagan el primer ítem de su agenda, un trato justo para los hijos de Dios. Pues ahora, si ustedes no están preparados para hacer eso, nosotros sí tenemos una agenda que debemos seguir. Y nuestra agenda reclama el retiro del sostén económico de ustedes.”

Y así, como resultado de esto, esta noche les estamos pidiendo que salgan y les digan a sus vecinos que no compren Coca-Cola en Memphis. Vayan y díganles que no compren la leche Sealtest. Díganles que no compren, – ¿cuál es el otro pan? – el pan Wonder. ¿Y cuál es la otra compañía de pan, Jesse? Díganles que no compren el pan de Hart’s. Como ha dicho Jesse Jackson, hasta ahora solamente los basureros de la calle han experimentado el dolor. Ahora tenemos cómo redistribuir el dolor. Estamos eligiendo estas compañías porque no han sido justas en la póliza de empleos, y las estamos eligiendo porque pueden comenzar el proceso de decir que van a soportar las necesidades y los derechos de estos hombres que están en huelga. Y luego pueden ir a la ciudad… al centro de la ciudad y decirle al alcalde Loeb que haga lo que corresponde.

Ahora no solo eso, tenemos que fortalecer las instituciones negras. Les hago este llamado para que retiren su dinero de los bancos del centro, y depositen su dinero en el banco Tri-State. Queremos un movimiento bancario en Memphis. Vayan a la asociación de ahorros y préstamos. No estoy pidiéndoles algo que no hagamos nosotros mismos en SCLC. El juez Hooks y otros pueden decirles que tenemos una cuenta aquí, en esta asociación de ahorros y préstamos de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur. Estamos pidiéndoles que sigan lo que estamos haciendo, pongan su dinero ahí. Tienen seis o siete compañías de seguros negras aquí en la ciudad de Memphis. Saquen su seguro ahí. Queremos tener una aseguradora.

Pues ahora éstas son algunas cosas prácticas que podemos ir haciendo. Comenzamos el proceso de construir una base económica más grande. Y al mismo tiempo, seguimos pidiéndoles que aprieten donde realmente duele, y les pido seguir ahí hasta el final.

Ahora déjenme decir algo, mientras me muevo hacia mi conclusión: tenemos que entregarnos a esta lucha hasta el final. Nada podría ser más trágico que frenarla en este punto en Memphis. Tenemos que verla terminada. Cuando hagamos nuestra marcha, tenemos que estar ahí. Así signifique salir del trabajo, así signifique salir de la escuela, – estén ahí. Preocúpate por tu hermano. Puede que tú no estés en huelga. Pero, en cualquier caso, o nos vamos para arriba juntos, o juntos nos vamos para abajo.

Dejemos que se desarrolle algo así como una peligrosa generosidad. Un día un hombre vino a Jesús y quería hacerle algunas preguntas sobre unos temas vitales de la vida. Al final, lo que él quería era engañar a Jesús, y mostrarle que él sabía un poquito más que lo que Jesús sabía y hacerle sentir desubicado…

Ahora, esa pregunta pudo fácilmente haber terminado en un debate filosófico y teológico. Pero Jesús inmediatamente descolgó esa pregunta del aire y la ubicó en una curva peligrosa, entre Jerusalén y Jericó. Y habló de cierto hombre que cayó en manos de ladrones. Se acuerdan que un Levita y un sacerdote pasaron por la vereda de enfrente; no se detuvieron a ayudarlo. Finalmente vino un hombre de otra raza. Se bajó de su bestia, decidió no ser compasivo a través de intermediarios. Se bajó hasta él, le administró primeros auxilios, y ayudó a ese hombre necesitado. Jesús terminó diciendo que éste fue un buen hombre, éste fue un gran hombre, porque tenía la capacidad de proyectar el “Yo” en el “Tú” y de preocuparse por su hermano.

Ahora, como saben, nosotros usamos bastante nuestra imaginación para tratar de determinar por qué el sacerdote y el Levita no se detuvieron. Hay veces que decimos que ellos estaban apurados yendo a una reunión de la iglesia, una junta eclesiástica y tenían que ir allá abajo a Jerusalén para no llegar tarde a la reunión. En otras veces especulamos que había una ley religiosa, que si uno estaba comprometido en ceremonias religiosas no podía tocar un cuerpo humano veinticuatro horas antes de la ceremonia. Y de vez en cuando comenzamos a preguntarnos si tal vez no iban a Jerusalén, o a Jericó, mejor dicho, a organizar una Asociación para Mejorar las Calles de Jericó. Es una posibilidad. Tal vez sintieron que era mejor tratar de raíz el problema de la causa, en vez de quedar atascados en un efecto individual.

Pero les voy a decir qué es lo que mi imaginación me dice. Es posible que esos hombres tuvieran miedo. Verán, la calle a Jericó es una calle peligrosa. Me acuerdo cuando la Sra. King y yo estuvimos por vez primera en Jerusalén. Alquilamos un auto y manejamos de Jerusalén hasta Jericó. Y tan pronto estuvimos en esa calle, le dije a mi señora, “me doy cuenta porque Jesús usaba esta escena para sus parábolas.” Es una calle sinuosa, serpenteante. Es realmente ideal para una emboscada. Sales de Jerusalén, que está más o menos a 1200 millas – o mejor dicho, 1200 pies sobre el nivel del mar. Y a la hora que se llega a Jericó, quince o veinte minutos después, estás más o menos a 2200 pies bajo el nivel del mar. Esa es una calle peligrosa. En los días de Jesús llegó a conocerse como el “Sendero Sangriento.” Y ¿sabes qué?, es posible que el sacerdote y el Levita miraran al hombre en el suelo y se preguntaran si los ladrones aún andaban por ahí. O es posible que ellos sintieran que el hombre en el suelo, estaba meramente fingiendo. Y estaba actuando como si le hubieran robado y herido, para agarrarlos ahí, para atraerlos ahí para un ataque fácil y rápido. Así que la primera pregunta que hizo el sacerdote, la primera pregunta que el Levita hizo: “Si me detengo a ayudar e este hombre, ¿qué me va a pasar a mí?”Pero luego vino el buen Samaritano, y cambió la pregunta: “Si no me detengo a ayudar a este hombre, ¿qué es lo que le va a pasar a él?”

Esa es la pregunta en frente de ustedes esta noche. No, “si me detengo a ayudar a los trabajadores sanitarios, ¿qué es lo que le pasará a mi trabajo?” No, “si me detengo a ayudar a los trabajadores sanitarios, ¿qué es lo que le pasará a todas esas horas que usualmente gasto en la oficina todos los días y todas las semanas como pastor?” La pregunta no es, “si me detengo a ayudar a este hombre necesitado, ¿qué es lo que me va a pasar a mí?” La Pregunta es, “si no me detengo a ayudar a los trabajadores sanitarios, ¿qué es lo que les va a pasar a ellos?” Esa es la Pregunta.

Levantémonos esta noche con toda prontitud. Enfrentémosles con una gran determinación. Y movámonos en estos poderosos días, estos días de desafío, para hacer de Norteamérica lo que debe ser. Tenemos una oportunidad de hacer de Norteamérica una mejor nación. Y quiero agradecerle a Dios una vez más, por permitirme estar aquí con ustedes.

¿Saben?, varios años atrás estaba en la ciudad de Nueva York, autografiando el primer libro que había escrito. Y mientras estaba ahí sentado autografiando libros, vino una mujer demente negra. La única pregunta que escuché de ella fue, “¿Es usted Martin Luther King?” Y yo estaba mirando hacia abajo y le dije, “Sí.” El próximo minuto sentí algo golpeando mi pecho. Antes que me diera cuenta, había sido apuñalado por esta mujer demente. Me llevaron rápido al hospital de Harlem. Era un oscuro sábado por la tarde. Y la navaja se había enterrado, y los rayos x revelaron que la punta de la navaja estaba en la orilla de mi aorta, la arteria principal, y una vez que esté perforada te ahogas en tu propia sangre; ese es tu final.

El día siguiente salió en el New York Times, que si nada más hubiera estornudado, me habría muerto. Y bueno, después de cuatro días, me permitieron, tras la operación, después de que mi pecho había sido abierto y la navaja había sido removida, moverme en una silla de ruedas en el hospital. Me permitieron leer algo de mi correspondencia que había llegado, y de todas partes de los estados y del mundo, me llegaron cartas bondadosas. Leí unas cuantas, pero de una de ellas nunca me olvidaré. He recibido una del presidente y el vice-presidente; se me ha olvidado lo que decían esos telegramas. Recibí una visita y una carta del gobernador de Nueva York, pero se me ha olvidado lo que decía esa carta.Pero había otra carta que vino de una niña pequeña, una niña joven que era una estudiante en la escuela secundaria de White Planes. Y vi la carta y nunca me olvidaré. Simplemente decía,

Querido Dr. King:

Soy una estudiante del noveno grado en la escuela secundaria de White Planes.

Ella decía,

A pesar que no importa, me gustaría mencionar que soy una niña blanca.

Leí en el diario de su desgracia y su sufrimiento.

Y leí que si hubiera estornudado, se hubiera muerto.

Y simplemente le estoy escribiendo para decirle que estoy muy feliz de que no haya estornudado.

Y yo quiero decir esta noche – y quiero decir esta noche que yo, también estoy feliz porque no estornudé. Porque si hubiera estornudado, no hubiese estado aquí en 1960, cuando los estudiantes en todas partes del sur comenzaron a sentarse para almorzar en los buffets. Y supe que, mientras ellos se sentaban, en verdad estaban levantándose por lo mejor del Sueño Americano y llevando a toda la nación de regreso a esos grandes pozos de democracia, los cuales fueron cavados bien hondos por nuestros padres fundadores, en la Declaración de la Independencia y la Constitución.

Si hubiera estornudado, no hubiera estado por aquí en 1961, cuando decidimos sacar un pasaje hacia la libertad y acabamos con la segregación en los viajes interestatales.

Si hubiera estornudado, no hubiera estado por aquí en 1962, cuando los negros en Albany, Georgia, decidieron enderezar sus espaldas. Y en dondequiera que los hombres y las mujeres enderecen sus espaldas, ellos irán en alguna dirección, porque nadie puede cabalgar sobre tu espalda a no ser que esté doblada.

Si hubiera estornudado, no hubiera estado por aquí en 1963, cuando el pueblo negro de Birmingham, Alabama, elevó la conciencia de esta nación y le dio existencia al proyecto Ley de los Derechos Humanos.

Si hubiera estornudado, no hubiera tenido la oportunidad tarde ese año, en Agosto, de tratar de contarle a Norteamérica un sueño que había tenido.

Si hubiera estornudado, no hubiera estado allá abajo en Selma, Alabama, para ver el gran movimiento de allá.

Si hubiera estornudado, no hubiera estado en Memphis para ver una comunidad unirse a esos hermanos y hermanas que estaban sufriendo.

Estoy tan feliz porque no estornudé.

Y me decían que… — Pues ahora ya no importa, ahora. No importa lo que pase ahora. Partí de Atlanta esta mañana y mientras estábamos listos en el avión – éramos seis. El piloto dijo por el sistema de comunicación, “Perdonen por el atraso, pero tenemos al Dr. Martin Luther King en el avión. Y para asegurar que todos los bolsones fueran revisados y asegurar que nada estuviera mal en el avión, tuvimos que revisar todo cuidadosamente. Y tuvimos el avión resguardado, y con vigilancia toda la noche.”

Y luego llegué a Memphis. Y algunos comenzaron a decir amenazas, o hablar acerca de las amenazas que circulaban por ahí, o ¿qué me pasaría con algunos de nuestros hermanos blancos enfermos?

Y bueno, yo no sé lo que pasará ahora; se nos vienen días difíciles. Pero de verdad, ahora no me importa, porque he estado en la cima de la montaña.

Y no lo tomo en cuenta.

Como cualquier persona, me gustaría vivir una larga vida – la longevidad tiene su lugar. Pero eso no me preocupa ahora. ¡Yo solo quiero hacer la voluntad de Dios! Y Él me ha permitido subir a la montaña. Y he mirado, y he visto la Tierra Prometida. Puede que no llegue allá con ustedes. Pero quiero que ustedes sepan esta noche, que nosotros, como pueblo, llegaremos a la Tierra Prometida.

Así que esta noche estoy feliz;

No hay nada que me perturbe;

¡Yo no le tengo miedo a ningún hombre!

¡Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor!».

Discursos de Martin Luther King