Él,
el criminal,
desayuna
huevos revueltos
en el hotelito de temporada de la costa.

Ha bajado la marea dejando un manto de algas y caracolas.
Desde el ventanal se divisa el edificio de las aguas termales
más lejos las columnas de mármol del tanatorio.

El,
el criminal,
es miope y le duelen los ojos si los fuerza
así que ajusta las imprecisiones a los procedimientos habituales
y esta tarde, cuando aparezca el rosa lunar
en el cielo extranjero, matará
y mañana, al tomar el tren de las ocho hacia otro lugar
retornará el ferviente deseo de ser apresado
para que le impidan ser él, porque él nunca dejará de serlo.

También la oración del monstruo es de esperanza.

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Él, el criminal de El libro de las tentativas