Está muy de moda remontarse a Hispania para hablar de España.
Hispania era una provincia subordinada al Imperio Romano. La primera vez que la península Ibérica se convierte en un Estado con una proyección geográfica y al mismo tiempo estatal y política es con los visigodos, en el Reino de Toledo. 
Pero España es hija de Roma.
Sí, desde luego, aunque sólo sea por el hecho de que hablamos una lengua que desciende del latín. Y por la unificación que se produce con la conquista por parte de Roma de toda la Península. Pero somos romanos sólo gracias a Escipión; si llega a ganar Aníbal la II Guerra Púnica hoy seríamos fenicios.
En Roma ya existía el populismo.
Era distinto a lo que nosotros consideramos como tal. El populismo romano es una tendencia que nace hacia la mitad del siglo II a.C., propiciada por unos cuantos nobles individualistas que estaban en contra de la política de la oligarquía, de esas 15 familias mafiosas que controlaban el Senado. 
O sea que el Senado de Roma hacía más que nuestro Senado.
Me temo que bastante más. Volvamos al populismo. Del Senado se desgajaron individuos que por afán de poder interesaron al pueblo en una política que Cicerón calificó de “populista”. ¿En qué consistía? En aristócratas que manipulaban y atraían al pueblo con cantos de sirena en muchos casos impracticables. Con repartos de tierras, trigo o dinero. No voy a decir que repartiendo bolígrafos porque no había, pero con cualquier método de corrupción. 
Lo de la oligarquía manipulando a la masa suena un poco a Cataluña, ¿no?
Yo creo que el problema catalán hunde más bien sus raíces en el individualismo egoísta del payés cateto, que no piensa en un alto porcentaje de población que no comulga con sus decimonónicas ideas, invocando la democracia. Pero… ¿sabe una cosa? El término democracia, tanto aquí como en otros muchos contextos, ha sido envilecido y prostituido. Democracia es interesar al pueblo en política y hacerle participar en la gestión del Estado, pero hoy en realidad sólo se trata de unos individuos que intentan atraer a los votantes con promesas -en muchos casos, irrealizables- para que les voten cada cuatro años. Como dijo Aristóteles, esa democracia se acaba transformando en oclocracia, el gobierno de la muchedumbre dirigida por un demagogo. 
¿Se puede hacer algún paralelismo con la Antigüedad?
Las condiciones son muy diferentes pero habría que tener muy presentes los dos grandes peligros que abocan a la destrucción de la democracia: la mediocridad de los dirigentes y, desgraciadamente, la corrupción, tan antigua como la propia Humanidad. Me temo que corremos el riesgo de derivar hacia ese gobierno de la multitud, manipulada por unos dirigentes con intenciones espúreas, en una especie de preámbulo a la tiranía o la dictadura. 
El retorno de los césares…
Sí y no. Tampoco podría decirlo de una manera tajante. La muchedumbre, como masa carente de cultura o con una cultura interesadamente manipulada, tiene sólo como referencia la televisión, con contenidos pensados, como mucho, para adolescentes. 
En Roma no hubo nada parecido al prusés.
En la Historia, sí. Cataluña ya lo ha intentado varias veces durante los últimos cuatro siglos y la mayoría de ellas ha acabado en baño de sangre. Excepto en esta ocasión, que, afortunadamente, sólo ha quedado en el ridículo… El tema me aburre bastante. 
Le tengo que preguntar por España.
El problema catalán es un tema menor que ha crecido sólo por la miopía de los políticos. No se dieron cuenta de que estaban engendrando un monstruo. ¿Quién era ERC hace 40 años? Algo minoritario. Para nostálgicos. Pero en los últimos 40 años se han lavado muchos cerebros. Fíjese en dónde está ERC. 
La Historia sirve para manipular.
 Es que la Historia objetiva no existe. La Historia siempre la hacen los historiadores, y los historiadores son subjetivos. La dejadez del Gobierno central ha permitido que se alimenten espíritus tiernos con teorías tan disparatadas como que Cervantes se llamaba Miguel Servant o que Colón en realidad era Colom. 
Si la Historia es subjetiva. ¿Para qué estudiarla? ¿Y las humanidades?
Las humanidades sirven precisamente para hacernos humanos. Yo creo que ésa sería la mejor definición. Simplemente para saber de dónde venimos y adónde vamos, para ser un hombre (si fuera políticamente correcto, tendría que decir “o mujer”), libre e inmune a cualquier intento de manipulación. 
¿Qué consecuencias puede acarrear el abandono de las humanidades en la educación?
Un país se puede destruir completamente por muy rico que sea. Cuando estudiaba en Salamanca, recelábamos de Venezuela porque los estudiantes que llegaban de allí, nos encarecían la vida, con su plata de país rico. ¿Y cómo se ha podido destruir un país así en 30 o 40 años? También, del mismo modo, se puede destruir la educación. Cada plan de estudios ha tratado de emular al anterior deteriorándolo un poco más. Nos hemos lanzado a crear Universidades sin ton ni son, en muchos casos por el necio orgullo de no ser menos que la provincia vecina. La veneración que en nuestra época de estudiantes sentíamos por quienes llamábamos maestros, ha degenerado, como mucho, en tolerancia por una multiplicación de docentes cuyo único mérito ha sido la paciencia en calentar una silla. Mire, Brandeburgo es un Estado federal alemán, con prácticamente la misma extensión que la Comunidad de Madrid. Pues en Brandeburgo no llegan a una veintena los docentes universitarios de Historia, con una producción científica de prestigio mundial. En la Comunidad de Madrid sobrepasamos los 300, con una población bastante menor. No es la cantidad, sino la calidad lo que cuenta. 
¿Cuál es el gran problema de España?
El gran problema de España, como el resto de los países de su entorno, es la insolidaridad. Y aquí particularmente, el gran problema es el Estado de las autonomías. El sistema, en lugar de ayudar a un desarrollo más armónico de las regiones -regiones, no naciones- de España, ha contribuido a ahondar en las diferencias entre ellas y a luchar ferozmente por prosperar a costa de las demás. Soy español: nací en una región, me eduqué en otra y me he instalado en una tercera y todas ellas son mi casa, mi patria (¡qué miedo produce la palabra!). Pero el que no ha salido nunca del terruño, termina creyendo que es el mejor, que él también es mejor que los demás y que tiene que reivindicarlo en eterna disputa con el vecino. Recuerde el anuncio de lavavajillas con la disputa entre Villa Arriba y Villa Abajo por quién limpiaba mejor los platos o la paellera. Es decir, que desembocamos en el egoísmo, algo que ha nacido ahora, pero que estamos exacerbando. Y los políticos así hacen por arañar un puñado de votos. 
PP, PSOE, Podemos han votado a favor del nuevo Cupo vasco.
¿Cómo puede ser eso así? ¿Cómo puede haber ciudadanos de distintas categorías en una democracia? En época pasadas podía entenderse la sociedad de estamentos o de clases, jurídicamente distintos, pero en una democracia es inconcebible. ¿Cómo puede ser que en Navarra te traten en un hospital como ciudadano de primera categoría y en Andalucía, no? O nos tomamos de nuevo en serio el tema de la solidaridad o esto será un sálvese quien pueda. Eso es lo que están haciendo con la lucha por el Cupo. Repugnante. 
Dice usted que los políticos son mediocres. ¿No hay ninguno que tenga la talla de, por ejemplo, Julio César o de Augusto?
No, todos son mediocres. 
¿Ni siquiera tan viciosos como Tiberio o Calígula?
Bueno, en el caso de Tiberio no está tan claro, a pesar de nuestro Marañón. Tenía un gran sentido del Estado, quizás más profundo que el de su padre adoptivo (Augusto), pero las circunstancias le sobrepasaron. Y Calígula, si tenemos en cuenta su desgraciada infancia, no debe extrañar que se comportara como un hijo de puta con quienes habían contribuido a crear su infortunio. 
¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia? (Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?).
Catilina en el fondo era un señorito calavera, comido de deudas, que por el camino del populismo intentó una huida hacia adelante. 
Hacen falta cronistas como Suetonio.
Suetonio me recuerda a Elsa Maxwell, la venenosa columnista de los 50, pero trasladado a la época de Adriano. En realidad la mitad de las cosas que cuenta, ni se pueden demostrar ni son creíbles; es poco fiable, aunque no puede negarse que sus chismes son entretenidos. 
Ahora mismo, por ejemplo, en muchas universidades, se está imponiendo lo políticamente correcto hasta en los programas de estudios.
Uni… ¿qué? Qué majadería, ¡por Dios! Voy a tener que tomarme en serio la teoría sobre la decadencia de los pueblos. Intentamos proteger todo de tal manera que al final carecemos de recursos para reaccionar ante cualquier dificultad. Y no sé si en el mundo occidental está pasando eso. 
Como en la decadencia del Imperio romano.
Cualquier tipo de paralelismos en Historia es arriesgado. Yo prefiero hablar del mundo actual y dejar el pasado como fue, o como hemos hecho creer entre todos que fue. Sí puede hablarse de una decadencia. El ser humano se distingue del animal, aunque también seamos animales, precisamente por la razón, el sentido ético, por un comportamiento social, distinto y superior al de los animales. Y ese comportamiento de alguna manera lo estamos perdiendo. El dinero ha enterrado a la razón, la moral y la ética. Y eso puede ser peligrosísimo, porque, al primar al individuo sobre el colectivo, destruye el ser social. 
Usted que ha leído mucha historia, y decimos que la historia sirve para saber lo que va a pasar.
Imagínese que dejamos de estar integrados en la UE o la OTAN. ¿Sabe en qué puede acabar un país con diecisiete naciones distintas que se odian unas a otras? No voy a decir que lleguemos a una guerra civil porque ya ni siquiera sabemos manejar un fusil. Pero existen fuerzas externas que podrían intentar acabar con él o someterlo, quizás no en una guerra tradicional, sino con técnicas mucho más peligrosas como el terrorismo o la guerrilla urbana. Y ya sabe a qué me refiero… 
Alguien de Podemos le diría que lo que hay que hacer es feminizar el mundo.
Desde mi punto de vista, existe una unidad o complementariedad del ser humano que se está violentando. ¿Por qué se considera el asesinato de una mujer como violencia de género y el asesinato de un hombre a manos de su pareja como un simple homicidio? 
Dicen que a los hombres les matan menos.
 No voy a decir que no, pero también hay hombres que viven acobardados por su pareja. 
Claudio era un hombre maltratado por su mujer, ¿no? Mesalina…
Ridiculizó a todo un emperador casándose con uno de sus amantes, mientras estaba ausente de Roma. Pero otra de sus esposas, Agripina, se encargó de él. 
 A Roma le importaba poco las mujeres.
Solo las ricas y poderosas. Pero tampoco contaba la mayoría de la población: campesinos, artesanos, esclavos… 
En realidad ahora estamos viviendo en un momento, digamos, excelente de la historia desde el punto del bienestar económico y de los derechos.
Desde el punto de vista de los derechos individuales del ser humano no ha existido una época como la nuestra. 
¿Qué le parece Rajoy?
Un buen parlamentario pero demasiado prudente. La decisión y el paso hacia delante son fundamentales para el que aspira a líder: audaces fortuna iuvat. 
 Cicerón tampoco era muy valiente.
Y así, por intentar navegar en aguas de todos, pagó con un final terrible sus titubeos: muerto por un esclavo mientras huía de Roma como una rata. Su peor enemiga, Fulvia, la mujer de Marco Antonio, le arrancó la lengua y la pinchó en un alfiler del pelo, mientras hacía rodar su cabeza a puntapiés.

 

Fuente | José Manuel Roldán | Emilia Landaluce | El Mundo (02/12/2017)

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