ERSILIAS. Ciudad de ubicación cambiante en donde, para establecer las relaciones que rigen la vida de la ciudad, los habitantes tienden cuerdas entre los ángulos de las casas, blancas o negra o grises o blanquinegras según indiquen relaciones de parentesco, intercambio, autoridad o representación. Cuando las cuerdas son tantas que ya no se pueden pasar entremedias, los habitantes se van; se desmontan las casas y sólo quedan las cuerdas y los soportes en donde se sujetaban. Ersilia, entonces, pasa a edificarse en otra parte, donde se teje con las cuerdas una figura similar que se quisiera más complicada y al mismo tiempo más regular que la otra. Después es abandonada y sus habitantes se trasladan aún más lejos con las casas. Viajando así por el territorio de Ersilia el viajero encuentra las ruinas de las ciudades abandonadas, sin los muros que no duran, sin los huesos de los muertos que el viento hace rodar: telarañas de intrincadas relaciones que buscan una forma”.

(Italo Calvino, Le città invisibili, Turín, 1972)

Lo que viene a continuación son los restos de las cuerdas y de los soportes de las vivencias que sujetaban, las telarañas de tantas formas abandonadas a su pasado que es el mío. Recuerdos, vivencias, sombras…

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