En la Universidad de Johns Hopkins en 1920, John B. Watson llevó a cabo un estudio del condicionamiento clásico, un fenómeno que asocia a un estímulo condicionado con un estímulo incondicionado hasta que producen el mismo resultado. En este tipo de condicionamiento, se puede crear una respuesta de una persona o animal hacia un objeto o sonido que antes era neutral. El condicionamiento clásico se asocia comúnmente con Ivan Pavlov, quien hizo sonar una campana cada vez que alimentaba a su perro hasta que el mero sonido de la campana hacía a su perro salivar.

Watson probó el condicionamiento clásico en un bebé de 9 meses de edad al que él llamaba Albert. El pequeño Albert comenzó queriendo a los animales del experimento, especialmente a una rata blanca. Watson comenzó a emparejar la presencia de la rata con el fuerte sonido de un metal golpear el martillo. El pequeño Albert comenzó a desarrollar un miedo a la rata blanca, así como la mayoría de los animales y objetos peludos. El experimento se considera particularmente inmoral hoy en día porque Albert nunca fue sensible a las fobias que Watson le produjo. El niño murió de una enfermedad no relacionada a los 6 años, por lo que los médicos no pudieron determinar si sus fobias habrían persistido llegada su adultez.

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