Fedor Emelianenko y su filosofía de vida

«Trato de vivir de acuerdo a los Diez Mandamientos. Para todo, la voluntad de Dios primero. Y tratar de ser más fuerte. Día a día. Empezando siempre con una oración por la mañana.

No puedes formar una familia sana si caes continuamente en la fornicación. No puedes llevar una vida equilibrada si está basada en la mentira, el robo o cualquier otro delito. Un día, vas a tener que responder por todas tus acciones.

Hoy en día el mal está en todas partes. Rusia está mal. Hay políticos corruptos, delincuencia…

Pero hay que mirarse primero a uno mismo. Si todo el mundo roba, yo seré el único que no.

Cuando veo que a mi alrededor todo se derrumba, lo que me ayuda es mantenerme enfocado en la disciplina interior. Si vivo bajo el hábito de una disciplina extrema, encuentro que todo a mi alrededor empieza a ir mejor. El mundo cambia cuando tú decides cambiar.

Intento hacer buenas obras y tratar bien a la gente que me rodea. Ahora es más fácil. En el pasado, hubo épocas en las que apenas podíamos comer. Luego, empecé a ganar dinero. Entonces, cuando miraba a mi rival a los ojos, me decía a mí mismo que ahí había alguien que quería devolverme a mi estado de miseria anterior. Y no podía permitirlo. Ese hombre delante de mí tenía que ser aniquilado. Pero es fácil desviarse. Un pequeño descuido y tocas fondo. Así que nunca pierdas la esperanza. Piensa que no tienes por qué seguir siendo siempre tu yo del ayer.

Tampoco suelo hablar nunca de mis debilidades, solo trabajo en ellas. Lo que me encanta es salir del entreno con esa sensación de estar exhausto, roto. Me gusta cuando vuelvo a casa arrastrándome, sin fuerza para mover ni los pies. A nivel espiritual, es lo mismo. Entreno mi alma para vivir en plena unión con Dios. Esto me hace aún más fuerte. Por eso necesito la Fe.

Para mí, todo este asunto de la religión empieza con una visita al monasterio de San Serafín, en Nizhni Novgorod. Tuve una experiencia fuerte de la presencia de Dios, y entendí que debía cambiar de vida. Entonces entendí que no sabía nada acerca del cristianismo, a pesar de la tradición religiosa de mi país. Nunca me había hecho a mí mismo cierto tipo de preguntas. Vivía en un país plagado de iglesias, pero nunca me había interesado entrar en una.

Luego empecé a formarme. En serio. Tomé el hábito de leer libros. Asistir a servicios religiosos. Entenderlos. Se me fueron abriendo los ojos. Y la gente adecuada empezó a aparecer en mi vida.

En la lucha espiritual, igual que en la jaula, hay que estar enfocado. No poner la atención en nada que pueda desviarnos. Para ser un luchador verdaderamente fuerte, necesitas entender esto. Piensa que tienes tu vida en tus manos. Pero no sabes si volverás a despertar mañana. O si volverás a acostarte en tu cama esta noche. Por eso necesitas vivir una vida honorable. Para no pasar vergüenza o lamentarte cuando sea tarde.

También tienes que dar ejemplo. Al educar a los hijos, hay que inculcarles que tienen una familia y una nación que defender. Por la que hay que estar dispuesto a morir. Tienen que entender la responsabilidad que implica ser hijo de Rusia.

Esto tienen que asimilarlo de pequeños. Así, cuando crezcan y sean llamados a filas, no rehuirán el deber. Su disposición interna será: Aquí estoy, dispuesto para servir a mi país.

También yo asumo el hecho de que, un día, quizás tendré que levantarme en defensa de la Patria. Por eso sigo cuidando mi forma física a pesar de estar retirado. No me interesa lucir bien. Solo quiero estar preparado».