Breve biografía de Fidel Prado Duque

Fidel Prado Duque nació en Madrid el 14 de marzo de 1891 y falleció el 17 de agosto de 1970 en la misma ciudad. Aunque el grueso de su obra lo escribió con su verdadero nombre, fue muy conocido también por su seudónimo F. P. Duke, con el que firmó su colaboración en la colección Servicio Secreto.

Fue periodista, con una una columna fija en “El Heraldo de Madrid” titulada “Calendario de fidel prado el salvador del mundoTalia”; biógrafo, guionista de historietas y de programas radiofónicos, y escritor de novela popular. Como guionista de cómics, destacan los 16 episodios de “El vengador del mundo”, serie de ciencia ficción de 1.944 de la editorial Valenciana dibujada por Edmundo Marculeta, y una serie de cuadernillos de 1.942 protagonizados por “Pirulo, Mantecón y el detective Jack Moon”.

Fidel Prado Duque es de esos autores poco conocidos entre los ávidos lectores de bolsilibros curtidos en los años 70´ al abrigo de la por entonces todopoderosa Bruguera, ya que por edad sólo participó en la parte inicial del despegue del boom de la literatura popular de kiosco, y ya de un modo residual. De hecho, tan sólo escribió 9 novelas para Servicio Secreto, la mayoría publicadas entre los 100 primeros títulos de la colección, lo que unido a que no se reeditó ninguno de sus libros en Selecciones Servicio Secreto hace que sea prácticamente imposible encontralos. No obstante, es un autor que sin lugar a dudas debería ser considerado como uno de los grandes pioneros de la literatura popular en España.

Entre 1940 y 1950 Fidel Prado publicó en diferentes colecciones populares, con su propio nombre o como F. P. Duke o P.Duke, una amplia nómina de novelas policíacas sin protagonista fijo, con títulos como “El robo del tratado secreto” (1940), “La cervatana mortal” (en el original con V), “Trece a la mesa” (1941), “Cogido en la trampa” (1942), “El reloj de la muerte” (1941) o “El círculo verde” (1945), y un montón de títulos más.

En 1.942, ya como Fidel Prado, escribe una serie de 20 novelas con continuidad llamada Max Pogge contra el Inspector Graven, publicadas en ediciones Marisal. Curiosamente esta colección contó en su momento con dos ediciones, una con los cuadernillos individuales, publicados semanalmente, y otra en dos volúmenes de tapa dura que reunían 10 números cada uno de ellos.

Entre 1.947 y 1.949 Fidel Prado escribe, con el seudónimo P.Duke una serie de 12 aventuras protagonizadas por Pat Morgan, un detective que supone uno de los mejores personajes creados por el autor. Las novelas se publicaron en una serie de la editorial Cies llamada “Luchadores, Pat Morgan El rey del Hampa”.

Entre 1.951 y 1.953 se publican, dentro de la colección Fantomas (con un total de 22 títulos) , de Editorial Cies, un total de 8 novelas protagonizadas nuevamente por Pat Morgan, además de otras 3 novelas del autor, firmadas con su nombre, y sin ninguna relación con el detective.

Al margen del género policiaco, Fidel Prado se prodigó especialmente en el género del Oeste, con series como “El vengador” (el hijo de un sheriff empeñado en vengar el asesinato de su padre, del que fue testigo), “Las Aventuras de Jim Texas”, o “Dos Pistolas”, todas ellas publicadas por Bruguera, además de múltiples novelas en distintas colecciones sin protagonista fijo.

Entre toda su obra destacaría dos colecciones: “La secta de la muerte”, y “El dragón de Fuego”, auténticas herederas del folletín que constituyen en realidad cada una de ellas un solo libro publicado por entregas.

El primero de estos dos títulos que se publicó cronolgicamente (1944-1945) fue “El Dragón de Fuego”. La edición corrió a cargo de la editorial Bruguera, con unas espectaculares portadas a cargo de Tomás Porto, dibujante nacido en Madrid en 1.918 que pasó dos años en la cárcel por su militancia en el lado perdedor de la guerra civil española, conocido especialmente por sus portadas para El Coyote y por sus dibujos para la mítica colección“Joyas Literarias Juveniles”. Durante los 16 números que duró la colección, que se inauguró con “El manuscrito del Lama”, se nos narran, casi a modo de episodios radiofónicos, las aventuras del profesor Karus, su criado Regis y el simpático chino Kao en su lucha contra la secta del Dragón de Fuego, tras el descubrimiento por parte del científico inglés de un viejo manuscrito que esconde un terrible secreto que es codiciado por la secta. Sorprendente la visión que se da en estas novelas de los monjes tibetanos y del Dalai-Lama, poco menos que engendros del diablo:

“El monasterio de Lhasa, donde reside el Dalai Lama, la máxima autoridad de la secta, es un recinto misterioso, sima de ciencia, crueldad y tesoros. Sus fiestas religiosas son salvajes e impresionantes. Se sacrifican seres humanos para ahuyentar el espíritu del mal, y los castigos que se aplican a los intrépidos que faltan a sus reglas o tratan de violar sus secretos, son algo tan salvajemente brutal, cruel y refinado, que escapa a la concepción de toda mentalidad europea”.

Tras el gran éxito de estas entregas, se intentó repetir el éxito con “La secta de la muerte”, publicada igualmente por la Editorial Bruguera entre 1.945 y 1.946 repitiendo las mismas pautas que el libro anterior, en 16 entregas, y con atractivas portadas e ilustraciones a cargo de Bernet, lo que redundó en otro relativo éxito.

“El espíritu ancestral de los indios es de una crueldad tan refinada que ni aún los propios chinos han sido capaces de superar, pese a su imaginación diabólica y terrible. Los castigos y las venganzas hindúes son alucinantes, y sus costumbres y prácticas religiosas de un sibaritismo que escapa a toda condenación”.

Estas descripciones de otras culturas obviamente no serían bien vistas hoy en día, aunque no dudéis que sigue habiendo gente que piensa así, incluso alguno dispone de un programa de radio diario ¿leerían en su día estos libros?.

En este caso, el valiente capitán Clark, acompañado de su fiel asistente indio Mahur, de la bella y misteriosa Minda y de su amigo el capitán Víctor deben enfrentarse a la sublevación de la secta de los Thughs, dirigidos por Sundhía, el pérfido y sanguinario príncipe de Agra, que se rodea de siniestros personajes como su lugarteniente Huka, que si es más malo, revienta.

Magníficos los malvados personajes de estas novelas, que si se trasladaran al presente tendrían cuentas en suiza y empresas fantasmas en Panamá.

 

Fuente | La memoria del Bolsilibro

Historia de "El novio de la muerte"

Una de las curiosidades de este escritor, es que antes de darse a conocer como escritor de novela popular era un reputado autor de letras de cuplés, una de las cuales alcanzó enorme relevancia: “El novio de la muerte”, cantada por la célebre Lola Montes, que impresionó de tal manera a los mandos militares que, una vez transformada su música y ritmo fue usada como himno de la legión, y que cualquiera de nosotros podemos oir hoy en día en la Semana Santa malagueña.

El origen de esta canción es que Fidel Prado Duque, emocionado por los sucesos de la guerra de Marruecos, escribió unos versos sobre el hecho, y se los entregó a su amigo y colaborador en la música de ‘varietés’, el compositor barcelonés Juan Costa Casals, para que le pusiera música. Juan Costa, también emocionado por el motivo que narraba la letra, le puso música de inmediato.

A principios de julio de 1921, una cupletista de primera fila, Lola Montes -su nombre verdadero era Mercedes Fernández González- se encontró en la calle de la Montera, de Madrid, con Fidel Prado, cuyas letras cantaba habitualmente. Fidel la dijo que acababa de recibir de Juan Costa la partitura de un cuplé, que aún no había oído, cuya letra le había enviado hacía poco, y que le decía que el encargo le había salido muy bien.

El autor de la letra, deseoso de oír la canción, invitó a Lola Montes a escucharla también. La audición se celebró en el estudio del maestro Modesto Romero, también gran creador de cuplés que en 1922 compondría ‘La canción del legionario’. El maestro Romero tenía su estudio en el número 10 de la calle Luchana, y allí se celebró en los primeros días de julio de 1921 la primera audición madrileña de esta pieza, en principio destinada a cuplé.

El resultado emocionó y encantó a todos los presentes, y en especial a Lola Montes, que inmediatamente decidió incorporarla a su repertorio, ya que pocos días después salía de gira a Málaga a la cabeza de un espectáculo de ‘varietés’. Se llevó la partitura, y la estudió durante el viaje, ayudada por el pianista de la compañía.

La artista estrenó en julio de 1921 la canción en Málaga, en el teatro Vital Aza, que estaba situado en la entonces Alameda de Carlos Haes, hoy calle Córdoba. El éxito fue total. A una de las funciones asistió la duquesa de la Victoria, que dirigía los hospitales de la Cruz Roja en Marruecos. Al terminar el espectáculo, se dirigió al camerino de la cupletista y le dijo: «Mira, Lola, esto tienes que cantarlo en Melilla. El general Silvestre está llevando a cabo una ofensiva en aquel territorio que puede acabar con la guerra. Tú, con este cuplé tan bonito, dramático y patriótico, puedes contribuir, en gran medida, a elevar la moral de la población. Te voy a recomendar para que actúes, como fin de fiesta, en la compañía de Valeriano León, que se presentará allí en unos días…».

El novio de la Muerte nació como cuplé en los años veinte y en su letra el amor empuja a un hombre a buscar el olvido en el Tercio. Juan Costa puso la música y la estrenó Mercedes Fernández, más conocida como Lola Montes, en el teatro malagueño Vital Aza a primeros de julio de 1921. En ese acto estaba la duquesa de la Victoria, Doña María Eladia Fernández Espartero y Blanco, sobrina del General Espartero y que dirigía, en aquel entonces, los hospitales de la Cruz Roja en Marruecos, quien, entusiasmada con el cuplé, pidió a la artista que lo cantara en Melilla. Lola Montes lo cantó los días 30 y 31 de julio de 1921 en el Teatro Kursal de Melilla, justamente cinco días después del desembarco de la Legión para defender la ciudad, que intentaba olvidar el Desastre de Annual. Ella misma lo contaría, años después, en una ‘Carta al director’ del diario ‘Abc’: «Mi actuación fue un éxito indescriptible. Cuando aparecí en el escenario vestida de enfermera, el público, compuesto por relevantes figuras de la vida civil, jefes, oficiales y tropa, me dedicó una entusiasta ovación. Y, cuando terminé la canción, el auditorio, en pie, estuvo aplaudiéndome un largo rato, lo que me produjo una dulce y tierna emoción». El fundador de la Legión, el teniente coronel José Millán Astray y Terreros, escuchó la canción, y él, que pretendía y soñaba en convertir a los legionarios en unos aguerridos soldados que carecieran de miedo a la muerte, en crear un combatiente al que morir por España le causara regocijo y honor, quedó entusiasmado, ya que esos conceptos eran los que se resaltaban en ella, por lo que hizo que se adaptara la partitura a una marcha militar. El mismo Millán Astray se encargó de propalar que estaba basada en un hecho real, la trágica muerte de Baltasar Queija Vega, el primer legionario caído en combate.

Esta canción es para muchos el himno de la Legión. Sin embargo, con música del maestro Modesto Romero y letra del comandante Emilio Guillém Pedemonti se estrenó, en el año 1921, La Canción del Legionario, que años más tarde fue elegido como el himno oficial de la Legión y aún sigue siéndolo.

De El novio de la Muerte ahora existen tres versiones. Ya se ha visto que nació como una canción ligera que se interpretaba en los cafés cantantes, lugares en los que había pequeñas orquestas para escuchar música mientras tomabas una copa. Después se convirtió en una marcha militar de ritmo legionario (ciento sesenta pasos por minuto, la marcha normal de las unidades militares es de ciento veinticuatro pasos por minutos). Luego, en 1952, el director de la Banda del Tercio, Emilio Ángel García Ruiz, la adaptó al paso procesional de los desfiles de la Semana Santa de Ceuta, después de Málaga, donde el Jueves Santo, junto a tropas de la Legión, acompaña al Cristo de la Buena Muerte.

 

Fuente | Real Academia de la Historia

El novio de la muerte

 

Nadie en el Tercio sabía
quien era aquel legionario
tan audaz y temerario
que a la Legión se alistó.

Nadie sabía su historia,
más la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo, el corazón.

Más si alguno quien era le preguntaba
con dolor y rudeza le contestaba:

Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera;
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera
defendiendo su Bandera
el legionario avanzó.

Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.

Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:

Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera;
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Cuando, al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.

Y aquella carta decía:
«…si algún día Dios te llama
para mi un puesto reclama
que buscarte pronto iré».

Y en el último beso que le enviaba
su postrer despedida le consagraba.

Por ir a tu lado a verte
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi ¡Bandera!

En 1952 el director de la Banda de la Legión, Ángel García Ruiz, adaptó la música de este himno al paso procesional de los desfiles de la Semana Santa de Ceuta, la forma más habitual de interpretarla a día de hoy. Podéis escuchar esta versión interpretada por el Tercio «Alejandro Farnesio».

La cruz de guerra

 

La aldea antes callada
se agita e inquieta ahora
por ella cruzan vientos
de bélica emoción;
dispuestos a la lucha
los mozos se preparan
y va a partir en breve
del pueblo un batallón

Al pie de la iglesia
Rosina solloza,
también a la guerra
se marcha su amor,
y en tanto ella llora
feliz él sonríe
y canta esta copla
con cálida voz:

«Por valiente
he de ganarme,
por valiente
he de ganarme
una cruz deslumbradora
pa verla sobre tu pecho
el día de nuestra boda,
pa verla sobre tu pecho
el día de nuestra boda».

De gala y alegría
el pueblo se ha vestido
pues ya la lucha fiera
por fin se terminó.
Y ahí por el camino
cubierto de laureles
regresa hacia la aldea
el bravo batallón

Al pie de la iglesia
la amante Rosina
con honda amargura
los ve desfilar,
entre ellos no vuelve
aquel que al marcharse
gozoso y alegre entonó
este cantar:

«Por valiente he de ganarme,
por valiente he de ganarme
una cruz deslumbradora
pa verla sobre tu pecho
el día de nuestra boda,
pa verla sobre tu pecho
el día de nuestra boda».

Allá por el camino
sin bélicos clamores
regresa triste y solo
un mozo hacia el lugar,
despojo de la guerra
perdió en ella la vista
y a tientas caminando
buscando el pueblo va

Rosina al encuentro
le sale angustiada,
en un mudo abrazo
se funden los dos
y el ciego arrancando
la cruz de su pecho
le dice a la moza
con trémula voz:

Con orgullo has de lucirla
porque está muy bien ganada.
Con orgullo has de lucirla
me ha costao no poder ver
más la gloria de tu cara;
me ha costao no poder ver
más la gloria de tu cara.

Pasodoble de la película «Aquellos tiempos del cuplé” (1958), dirigida por Mateo Cano y José Luis Merino.
Letra de Fidel Prado.
Música de Juan Costa.

¡Ay, Tomasa!

 

Tengo un novio que es el granuja
más fetén del Regimiento,
tié unas cosas y una labia
que eso es el derrubamiento.
Cuando sale los domingos
con su traje de postín
todas lo siguen medio locas
porque parece un figurín.
Pero él, que se pirra
tan sólo por mí,
me mira mu tierno
diciéndome así:

¡Ay, Tomasa!… ¡Ay, Tomasa!
yo no sé lo que me pasa
que me tiés arretao
¡Ay, Tomasa!… ¡Ay, Tomasa!
yo no sé lo que me pasa
que hasta el rancho he despreciao
¡Ay, Tomasa!… ¡Ay, Tomasa!
cuando tocan a retreta
si estuvieras junto a mí
yo te haría… yo te haría…
yo te haría, haría, arí,
tararí, tararí, tararí.

Cuando vamos a la Bombi
los domingos a bailar
tié una gracia pa’l agarren
¡que lo tién que desoldar!
y él me dice entonces: – Chata
es que tu usas un vaivén
que te toma por la jaca
del teniente coronel.
Y cómo está el pobre
mochales por mí,
me mira mú tierno
diciéndome así

¡Ay, Tomasa!… ¡Ay, Tomasa!
yo no sé lo que me pasa
que me tiés arretao
¡Ay, Tomasa!… ¡Ay, Tomasa!
yo no sé lo que me pasa
que hasta el rancho he despreciao
¡Ay, Tomasa!… ¡Ay, Tomasa!
cuando tocan a retreta
si estuvieras junto a mí
yo te haría… yo te haría…
yo te haría, haría, arí,
tararí, tararí, tararí.

 

Pasodoble militar coreable
Música de J. Martín Domingo

Radiochifladuras

 

Pepe, que es un radioescucha
que raya en monomanía,
a sus parientes aplica
nombres de telefonía.
A su hermana Nicanora,
porque novio que le sale
le dura un día, la llama
condensador variable.
A su hermanito Manuel,
por sucio, suele llamarle
circuito de siete lámparas
(de lámparas inlavables).
A un primo suyo que goza
de fresco una justa fama,
le llama borna de tierra…
¡de tierra del Guadarrama !
Y a su suegro, que en las grescas
suele ser el mediador,
cuando logra imponer paz
le llama entonizador.
A una mocita que tiene,
que estudia como una fiera
Medicina, a esa la llama,
con justa razón, galena.
A su esposa, que la pobre
cada año le da un chaval,
dice que es una emisora
de la mejor calidad.
Y de él, porque mantiene
una prole colosal,
dice que es el radio-aguanta
más grande que come pan,
digno que de una antena
le cuelguen por animal…

 

Para la radio guionizó programas con obras como “El llanto sobre el difunto”, emitido en Radio Ibérica el once de mayo de 1926, “De vuelta del mitin”, en la misma emisora el diez de enero de ese año, o “Radiochifladuras”, de 1924.

 

Fidel Prado Duque, Madrid, 1891-1970
Fidel Prado Duque, Madrid, 1891-1970
Fidel Prado Duque, Madrid, 1891-1970
Fidel Prado Duque, Madrid, 1891-1970
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