François-René de Chateaubriand

«Desde entonces he hecho muchos otros presagios no menos certeros, y tan poco atendidos como aquél; ¿y qué ocurría cuando se producía el desastre? Pues que la gente se ponía a salvo del peligro, y me dejaban a mí luchando con la desventura que había previsto. Cuando los holandeses sufren una racha de viento atemporalado en alta mar, se retiran al interior del barco, cierran las escotillas y se ponen a tomar ponche, dejando un perro en cubierta para que le ladre a la tempestad; una vez pasado el peligro, se manda de nuevo al amigo fiel a su perrera en el fondo de la bodega, y el capitán vuelve a disfrutar del buen tiempo en el alcázar de popa. Yo he sido el perro holandés de la nave de la legitimidad”.

«La historia es un puro engaño; permanece tal como la maquilló y amañó algún gran escritor. Aun si halláramos unas Memorias que demostraran hasta la evidencia que Tácito solo escribió imposturas al contar las virtudes de Agrícola y los vicios de Tiberio, Agrícola y Tiberio, seguirían siendo tal como los hizo Tácito».

«Tengamos fe en la religión y en la libertad, las dos únicas cosas grandes del hombre: la gloria y el poder son deslumbrantes, no grandes».

«Nuestras ilusiones no tienen límites, probamos mil veces la amargura del cáliz y, sin embargo, volvemos a arrimar nuestros labios a su borde».

No hay nada en la vida tan bello, tan grato y tan grande como las cosas misteriosas».

«Para borrar nuestras faltas a los ojos de los hombres son precisos torrentes de sangre; pero ante Dios una sola lágrima basta».

«El escritor original no es aquel que no imita a nadie, sino aquel a quien nadie puede imitar».