Análisis del papel que la Teoría del Cierre Categorial ha de desempeñar en el debate realismo-instrumentalismo de la filosofía de la ciencia

0. Preliminares

El debate actual en la filosofía de la ciencia se plantea en términos del conflicto entre realismo e instrumentalismo. Tanto el realismo científico como el instrumentalismo científico se nos presentan, en principio, como dos concepciones de la ciencia bien perfiladas pero antagónicas.

El presente artículo tiene como primer objetivo destruir lo que podemos convenir en llamar el mito de la unicidad del realismo científico, dicho con más propiedad: no existe algo así como el realismo científico, sino que lo que efectivamente existen son realismos científicos. De paso, también estaremos llevando a cabo una ofensiva contra el mito opuesto, es decir, contra el mito de la unicidad del instrumentalismo científico, y es que realismo e instrumentalismo son visiones de la ciencia opuestas, en otras palabras, si j es una tesis realista entonces Øj es una tesis instrumentalista (con todos los matices que haya que añadir). Para probar nuestra hipótesis, estudiaremos el conjunto heterogéneo de tesis que caen bajo la denominación de realismo científico (por oposición, instrumentalismo científico) y comprobaremos que no parece que exista un subconjunto de las mismas que haya sido o que sea núcleo doctrinal común a toda filosofía realista (instrumentalista) de la ciencia. Si tomamos como referencia de nuestros análisis al realismo es porque creemos que éste es, desde un punto de vista lógico e histórico, anterior al instrumentalismo –éste se caracterizaría, en esencia, por la negación dialéctica de las previas tesis realistas.

Y nuestro segundo objetivo es re-exponer la Teoría del Cierre Categorial dentro de la polémica que nos ocupa. El motivo que nos impulsa no es otro que el de intentar demostrar que aún hoy es posible defender con solidez ciertas tesis realistas –el instrumentalismo no es el único partido coherente. Proponemos, de hecho, la denominación de Hiperrealismo Materialista, por su expresividad, para la referencia a la Teoría del Cierre Categorial dentro de este contexto.

En cada caso, el lector juzgará en qué medida hemos logrado, o no, nuestros objetivos.

1. Las tesis del realismo científico

A comienzos del siglo XXI, la polémica abierta entre realistas e instrumentalistas yace enraizada sobremanera en los dominios de la física atómica. No negamos que, tal vez, la mecánica cuántica sea la teoría científica puntera y que, por tanto, los misterios que ella plantea al intelecto humano sean apremiantes; pero lo que sí que rechazamos radicalmente es que las teorías del conocimiento que poseen como ámbito originario de aplicación la física cuántica, se extrapolen al resto de disciplinas científicas. Defender un realismo a ultranza a todos los niveles, inclusive al nivel de las partículas subelementales, es, sin duda, un suicidio filosófico. Pero tres cuartas de lo mismo puede decirse de sostener a capa y espada el instrumentalismo.

Hecha esta salvedad, comencemos dando definiciones del realismo y del instrumentalismo científicos:

El realismo científico es una teoría general del conocimiento (científico). En una de sus formas supone que el mundo es independiente de nuestras actividades para hacer acopio de conocimientos y que la ciencia es el mejor modo de explorarlo. La ciencia no sólo produce predicciones, versa también sobre la naturaleza de las cosas; es metafísica y teoría de ingeniería en una sola.{1}

[Instrumentalismo científico:] Quizás de lo que se trata es de resolver problemas, y las diversas teorías abstractas son como otros tantos instrumentos de los que echamos mano con gran libertad, en función del problema que se nos presente. En este sentido, la introducción de una nueva teoría sería comparable con la introducción de una nueva máquina en el mercado, que no elimina los modelos anteriores, pero quizás los sustituye en algunas tareas e incluso a la larga puede llegar a arrinconarlos.{2}

Seguramente, ambas definiciones adolecen de cierta vaguedad, pero para empezar a trabajar nos van a valer. En primer lugar, observamos que el instrumentalismo parece venir dado por una omisión de ciertas tesis realistas –ya sea porque éstas se ponen en entredicho o porque, directamente, se descartan (por ejemplo: nada se dice de si el mundo existe como tal o de si las teorías científicas nos explican cómo es el mundo en sí mismo). Y, en segundo lugar, notamos que en el realismo se conjugan una serie de tesis de diversa estirpe.

Entendamos, de acuerdo con las líneas generales del Materialismo Filosófico, gnoseología como filosofía o teoría de la ciencia –y no sólo del conocimiento científico, pues la ciencia no se reduce al conjunto de sus actos de conocimiento–, epistemología como teoría del conocimiento verdadero y ontología como teoría filosófica que alude a los elementos que conforman una determinada estructura –en nuestro caso, científica. Así, unas tesis realistas son ontológicas (p. ej. el mundo realmente existe) y otras son epistemológicas (p. ej. la ciencia es el medio óptimo para conocerlo). Se hace necesaria una clasificación por separado de las mismas.

Teniendo en cuenta la distinción hecha, clasificaremos las tesis gnoseológicas realistas (por oposición, las instrumentalistas) en dos grandes grupos. Por un lado, las de rango ontológico. Por otro lado, las de rango epistemológico. Ahora bien, a la hora de enunciar dichas tesis permitiremos cierta anchura en su expresión ya que no deseamos cometer lo que Harré ha llamado como «falacia de la alta redefinición»{3}: una tesis, sea realista o instrumentalista, demasiado fuerte podría inhabilitar inmediatamente a cualquier proyecto filosófico que la asumiera. Las tablas{4} que vienen a continuación pretenden acogerse a estos criterios.

Tesis Ontológicas
Realismo de entidades:
La mayoría de las entidades teóricas de una teoría científica refieren, es decir, existen.
Instrumentalismo de entidades:
Las entidades teóricas sólo son recursos eficaces y la cuestión de su existencia real no es primordial.
Realismo de teorías:
Las teorías científicas nos explican (aproximadamente) cómo es el mundo real.
Instrumentalismo de teorías:
Las teorías científicas son meros instrumentos de predicción de fenómenos observables.
Realismo progresivo:
El progreso científico es un hecho, cada vez conocemos de modo más fiel la realidad.
Instrumentalismo antiprogresivo:
El progreso científico, entendido como acumulación de conocimientos, no es un hecho.

 

Tesis Epistemológicas
Realismo adecuacionista:
Las teorías científicas son verdaderas o falsas en función de su adecuación (isomorfismo, similitud, analogía…) con la realidad.
Realismo no adecuacionista:
Las teorías científicas son verdaderas o falsas en función de otros criterios de verdad (objetividad con ‘o’ minúscula, construcción de identidad sintética…).
Instrumentalismo pragmatista:
Las teorías no son verdaderas o falsas sino exitosas o no exitosas.
Instrumentalismo coherentista: 
Las teorías no son verdaderas o falsas sino coherentes o incoherentes entre sí.
Instrumentalismo relativista: 
Elegimos entre teorías científicas alternativas condicionados por nuestro contexto sociocultural y no en razón de su verdad, éxito o coherencia.

Un comentario interesante que debemos hacer antes de nada es que entre las tesis ontológicas realistas e instrumentalistas median relaciones de oposición muy claras, mientras que entre las tesis epistemológicas realistas e instrumentalistas este nítido antagonismo parece diluirse: así, el realismo adecuacionista no sólo puede ser criticado desde posiciones pragmatistas, sino también coherentistas, relativistas e, incluso, desde un realismo no adecuacionista.

Además, entre las diferentes tesis ontológicas citadas median ciertas relaciones de consecuencia lógica:

Realismo progresivo ® Realismo de teorías
Realismo de teorías ® Realismo de entidades

y por oposición:

(Ø Realismo de entidades ® Ø Realismo de teorías) Û
Û (Instrumentalismo de entidades ® Instrumentalismo de teorías)

(Ø Realismo de teorías ® ØRealismo progresivo) Û
Û (Instrumentalismo de teorías ® Instrumentalismo antiprogresivo)

Nuestra intención, ahora, no es otra que probar que ningún subconjunto de tesis realistas pasa, de hecho, por contenido inamovible de todo realismo científico. Para ello, representaremos cada filosofía de la ciencia realmente existente por un punto del siguiente espacio discreto:

S º {(x1, x2, x3; x4Π{0,1}3´ {a, n, p, c, r}}

donde interpretaremos xi (i=1,2,3) como la aseveración, si xi=1, de la i-ésima tesis ontológica realista (respectivamente: realismo de entidades, realismo de teorías y realismo progresivo), y, si xi=0, de la i-ésima tesis ontológica instrumentalista (respectivamente: instrumentalismo de entidades, instrumentalismo de teorías e instrumentalismo antiprogresivo); y donde interpretaremos xcomo realismo adecuacionista si x4=a, como realismo no adecuacionista si x4=n, como instrumentalismo pragmatista si x4=p, como instrumentalismo coherentista si x4=c y como instrumentalismo relativista si x4=r. Obviamente, existen puntos de S que carecerán de sentido en nuestra interpretación: por ejemplo, ¿qué filosofía de la ciencia podría satisfacer (0, 1, 1; a) cuando hemos mostrado que el realismo de teorías implica el realismo de entidades (i.e. x2=1® x1=1)? A continuación mostramos una tabla que recoge algunas gnoseologías realistas utilizando el simbolismo propuesto.

Gnoseologías Coordenadas
K. Popper, M. Bunge
(realismo crítico)
(1, 1, 1; a)
I. Niiniluoto
(realismo científico crítico)
(1, 1, 1; ¿a ó n?)
G. Bueno
(hiperrealismo materialista)
(1, 1, 1; n)
R. Giere
(realismo constructivo)
(1, 1, 0; n)
I. Hacking
(realismo transformativo)
(1, 1, 0; ¿n ó p?)
H. Putnam
(realismo interno)
(1, 0, 0; ¿n ó p?)

Es claro que el único rasgo común que poseen todas estas gnoseologías realistas es compartir la tesis ontológica del realismo de entidades (x1=1), entonces, ¿estamos en situación de afirmar que dicha tesis ha de ser a fortiori condición necesaria y suficiente de toda filosofía realista de la ciencia? No. De ningún modo. Y como justificación de esta negativa basta darse cuenta de que una filósofa instrumentalista como es Nancy Cartwright acepta el realismo de entidades pese a tener una orientación decididamente antirrealista en lo ligado a la verdad de las teorías científicas (de hecho, esta misma peculiaridad se da también en el empirismo constructivo del instrumentalista Bas van Fraassen).

Finalmente, para desmontar el mito opuesto, el mito de la unicidad del instrumentalismo científico, vamos a extender el argumento utilizado en el asalto al mito realista. Basta comparar los instrumentalismos débiles de Cartwright o de van Fraassen –¿(1, 0, 0; p)?– con los instrumentalismos fuertes (cercanos, a nuestro juicio, al relativismo irracionalista) de Rorty o de Feyerabend –¿(0, 0, 0; r)?– para obtener lo deseado: las únicas tesis candidatas a núcleo esencial de todo instrumentalismo serían el instrumentalismo de teorías y el instrumentalismo antiprogresivo, pero un filósofo realista como Hilary Putnam también las comparte, por consiguiente, la conclusión buscada se hace necesaria.

2. La Teoría del Cierre Categorial como un realismo científico en sentido fuerte

Nuestra intención no es otra que dibujar los rasgos de dicha teoría de la ciencia que son pertinentes a la bronca existente entre realismos e instrumentalismos científicos. Como consecuencia de ello es posible que en algunos momentos simplifiquemos en exceso un pensamiento rico y complejo. No es fácil re-exponer concisamente una teoría que, por usar la distinción escolástica, ocupa representada cerca de 1500 páginas y ejercitada otros varios miles.

La Teoría del Cierre Categorial es una teoría de la ciencia de corte radicalmente materialista, por tanto, procede una breve explicación de la ontología que subyace. El Materialismo Filosófico (¡no Científico!) consiste en el postulado crítico de que la Materia (M) presenta infinitos Géneros de Materialidad de los que nosotros sólo conocemos tres (M1, M2 y M3):

Quien se empeña en atenerse al mundo para conocer las claves de la materia se parecerá siempre, de algún modo, a Nasredim, cuando buscaba un objeto que se le había perdido, debajo de un farol, porque allí se veía mejor. La característica esencial del concepto […] de Materia […] estriba, precisamente, es su aspecto regresivo: no solamente designa las realidades mundanas, sino también las transmundanas, incluso las anteriores al tiempo, anteriores al sistema solar, a la constitución de los átomos. Si aquí introducimos el concepto de Materia […] es, precisamente, para evitar la recaída en la metafísica.{5}

Y M se despliega ante nosotros como M1 –el Primer Género de Materialidad remite a las realidades exteriores a nuestra conciencia–, M2 –el Segundo remite a las realidades interiores a nuestra conciencia– y M3 –el Tercero refiere a las entidades abstractas que no son exteriores pero tampoco, de ningún modo, interiores: como el sistema de los cinco poliedros regulares, los espacios de Hilbert, el espacio-tiempo de Minkowski o Julio César (en tanto en cuanto éste no pertenece al mundo físico actual y sí se diferencia de los pensamientos psicológicos que podamos hacer recaer sobre él). Como precedentes de la Doctrina de los Tres Géneros de Materialidad podemos citar a Espinosa o, más recientemente, a Popper, sin embargo:

La expresión utilizada por Karl Popper para designar su doctrina –Teoría de los Tres Mundos– revela ya un modo metafísico (sustancialista) de pensar, que podría parangonarse con el ‘triteísmo’ de los teólogos herejes del siglo XI. No son tres mundos, sino un solo mundo, con tres dimensiones (atributos, ni siquiera ‘ingredientes’) genéricas.{6}

Como ilustración de la importancia que la perspectiva ontológica tiene en la filosofía materialista de la ciencia valga el siguiente ejemplo que aporta Gustavo Bueno:

Sea una masa newtoniana dotada de movimiento uniforme rectilíneo; su trayectoria, que proyectada en un plano da una recta de trazo continuo, en un momento dado se desvía (acelera) por influencia de una fuerza constante, tomando la forma de una línea parabólica. Con ‘línea punteada’ trazamos la trayectoria inercial de la cual se ha desviado el cuerpo de referencia. Diremos que la trayectoria parabólica es la real (fenoménica, física, primogenérica); ¿cómo interpretar la línea punteada? Esta no simboliza, desde luego, alguna realidad material primogenérica. ¿Diremos que es ‘mental’ (segundogenérica), que no existe, por tanto? En modo alguno, si no queremos arruinar la Dinámica (si la línea punteada expresase sólo una entidad mental, la desviación parabólica lo sería sólo por relación a una línea mental y, por tanto, la fuerza, como causa de la aceleración, no sería necesaria, pues no hace falta ninguna fuerza necesaria para desviar la trayectoria de un móvil respecto de una línea mental que tomamos como referencia). ¿O es que si el móvil no hubiera sido desviado, la línea inercial existiría, y deja de existir cuando el móvil se desvía de ella? Pero en este caso, ¿no estaríamos identificando la línea inercial con la fenoménica? No, la línea punteada designa algo real (material), sólo que su materialidad no es ni física ni mental; es ideal objetiva, terciogenérica. Pero, ¿por ello habría que considerarla segregada del movimiento físico, hipostasiada como un contenido de un metafísico mundo ideal? El ejemplo muestra cómo es posible reconocer a los contenidos terciogenéricos sin necesidad de ‘desprenderlos’ del mundo; pues la línea inercial aparece asociada intrínsecamente (y como ‘inducida’ por él) al móvil que está desviándose de ella.{7}

Además, la Teoría del Cierre Categorial tiene muy presente la crítica al realismo científico que practica el instrumentalismo por cuanto considera a éste último como «la primera concepción verdaderamente crítica que se elevó en el horizonte de la filosofía moderna de la ciencia»{8} (Poincaré y Duhem señalaron la cantidad abrumadora de construcciones artificiosas imprescindibles que caen bajo las ciencias). Pero dicha teoría de la ciencia no es instrumentalista ya que reconoce la objetividad de las ciencias y la necesidad de sus leyes:

Las ‘leyes naturales’ son, a la vez, ‘leyes establecidas culturalmente’ y […] ‘leyes necesarias’ (lo que no significa que sean fijas, eternas e inmutables, si es que los contextos determinantes de sus términos también varían y pueden hacerlo de modo legal) aunque relativas al sujeto operatorio. Podremos asegurar que las leyes genuinas establecidas por la ciencia no son convencionales ni pueden dejar de valer, salvo que cambien y se destruyan los propios sujetos corpóreos. Por ejemplo, si admitimos que un sujeto humano no puede ocupar simultáneamente varios lugares, y que esta incompatibilidad es constitutiva de los sujetos operatorios, entonces las leyes naturales estarán sometidas naturalmente a esta incompatibilidad y no será posible establecer, convencionalmente, una ley que no acepte someterse a esa estructura. Otro tanto se diga de las condiciones ‘terciogenéricas’ implicadas para que pueda tener lugar intersubjetivamente la recurrencia de las relaciones que constituyen una identidad sintética (por ejemplo, en el principio de inercia). Las ‘leyes de la ciencia natural’ no son las Leyes de la Naturaleza, pero no son por ello convencionales: son las leyes del mundo que envuelve a los hombres y, por tanto, leyes necesarias y objetivas para cada situación del mundo que pueda ser racionalmente determinada.{9}

Se propone, en consecuencia, un Hiperrealismo materialista capaz de dar razón de las ciencias en marcha, id est, de las ciencias tal y como son en la actualidad –por ejemplo: teniendo en cuenta que la pluralidad de las ciencias es un hecho innegable a día de hoy. Y para ello se plantea una concepción materialista de la verdad que no comete los metafísicos errores de la teoría de la verdad como adecuación, nos referimos a la teoría de la verdad como identidad sintética. Frente al instrumentalismo, que renuncia a la verdad, se va a sostener que:

Las verdades científicas son los eslabones o nudos que atan a los hilos en su tejido: sin las verdades, la trama de la ciencia se aflojaría hasta terminar por deshacerse.{10}

Ahora bien, esta aseveración no puede confundirse con que se esté manteniendo que todos los contenidos de una ciencia dada sean verdaderos, pues hay construcciones falsas que han de tomarse como pertenecientes a la misma (pongamos por caso el perpetuum mobile de segunda especie con respecto a la Termodinámica o la errónea catalogación clásica del nudo de Perkocon respecto a la Topología); ergo cabe hablar de franjas de verdad o grados de evidencia asociados a cada identidad sintética.

(i) Exclusión de opciones: circularismo

El Materialismo Gnoseológico (i.e. la respuesta de la Teoría del Cierre Categorial al enigma de la estructura general de las ciencias) toma partido por el circularismo frente al adecuacionismo, al teoreticismo y al descripcionismo, en tanto en cuanto cada uno de ellos realiza una hipóstasis de la materia y/o de la forma en las ciencias.

La forma que confiere unidad a los cuerpos científicos no se entenderá, por tanto, como si fuese alguna entidad ‘sobreañadida’ a los materiales de los campos respectivos; podría hacerse consistir en la co-determinación circular (cerrada) de los propios materiales, en tanto que esa determinación pueda ponerse, desde luego, en relación con la verdad científica. De este modo, el materialismo gnoseológico se nos presentará como un circularismo derivado de cierres categoriales muy concretos. La conexión de estos cierres con la verdad se hará patente en el momento en que podamos ver la codeterminación como una identidad sintética. En estos casos, y sólo en estos, las identidades sintéticas vendrán a constituir la forma misma de las verdades científicas.{11}

En palabras del propio Bueno:

Si la concepción del adecuacionismo aristotélico quedaba bien representada por la imagen del discurso (el flujo descendente del curso de un río), la concepción circularista de la ciencia queda bien representada por la imagen de un torbellino, del vórtice que se forma en un mar a partir de sus mismas moléculas y cuya forma configura en virtud del mismo movimiento del remolino. Abundando en estas imágenes: cada remolino (cada unidad científica) aparecerá en puntos distintos (próximos o lejanos), del mar representativo de los fenómenos. Algunos vórtices se mantendrán en mutuo aislamiento, otros intersectarán, dando lugar a un torbellino más amplio. En ningún caso tiene sentido aquí hablar de una ciencia única, unitaria.{12}

(ii) Las ciencias como construcciones

El materialismo gnoseológico asume una perspectiva radicalmente construccionista del funcionamiento de las ciencias. En esto se asemeja al teoreticismo y al adecuacionismo, pero mientras estos dos sólo consideran que el construccionismo afecta a la forma (p. ej. creación de modelos teóricos), el materialismo afirma que también afecta a la materia (p. ej. síntesis de sustancias orgánicas). Y es que el materialismo pone especial hincapié en resaltar la intrincación existente entre ciencias, técnicas y tecnologías.

La ciencia química, por ejemplo, no podrá circunscribirse al terreno de las ‘construcciones con fórmulas’, que llenan los tratados de química, como tampoco la música podría considerarse circunscrita a las partituras. La música debe sonar, pues sólo tiene realidad en un medio sonoro; de la misma manera a como la química sólo puede considerarse existente en un medio en el que puedan tener lugar reacciones entre sustancias. Precisamente por ello tiene poco sentido decir que «la Química es falsable»: el proceso de oxidación del agua por la clorofila que conduce al anhídrido carbónico no es falsable, aunque él sea reducible por la hidrogenación que lleva a la configuración de los azúcares. Por lo demás, el construccionismo de la teoría del cierre categorial podría considerarse como una versión límite del principio del Verum factum, un límite que no fue alcanzado, ni con mucho, por el construccionismo kantiano, o por el neokantismo, puesto que estos se mantuvieron en el terreno de las construcciones conceptuales (construcciones que pretendían llevarse a cabo antes por ‘operaciones mentales’ que por ‘operaciones manuales’).{13}

(iii) La racionalidad operatoria de las ciencias

Ante la delicada cuestión de esclarecer qué racionalidad se plasma en el hacerse de las ciencias, se han aportado dos tipos de propuestas: las de naturaleza subjetualista o mentalista y las de naturaleza objetualista o materialista.

En el primer tipo se encuadran todas aquellas filosofías que identifican la racionalidad científica con el logos, la razón es entonces una facultad intelectual que se refleja especialmente en el lenguaje científico.

No sólo comunicar la demostración del teorema de Pitágoras o la del teorema relativista de la invariancia de la masa son actividades científicas racionales, también lo son dibujar una circunferencia empírica (un redondel), bombardear una fina lámina de oro con partículas a, desgarrar un tejido orgánico en un laboratorio de medicina legal, mantener encadenado a un chimpancé en un experimento etológico, &c.

Irrevocablemente, estas reflexiones nos conducen al segundo tipo de propuestas; en particular, a la del Materialismo Gnoseológico, el cual amplía el ámbito de la racionalidad científica a las acciones materializadas por los científicos en tanto son sujetos operatorios –es la racionalidad operatoria.

Así, por ejemplo, un microscopio será interpretado desde las coordenadas subjetualistas como una prolongación del ojo humano (i.e., si llamamos ‘m’ al microscopio y ‘S’ al sujeto científico, podremos escribir la reducción mÎS), por el contrario, el mismo microscopio será interpretado desde el Materialismo Gnoseológico como un operador objetivo que transforma unas configuraciones dadas en otras (i.e., si llamamos ‘Micro’ y ‘Macro’ al conjunto de configuraciones microscópicas y macroscópicas respectivamente, podremos escribir el operador microscopio de este modo m: Micro®Macro, C1®m(C1)=C2 donde la reducción correcta sería C2ÎS pero jamás mÎS), en resumen, se rechaza la visión del microscopio como mero auxiliar del ojo del científico. Así también, los tratados de Topología del matemático no serán sencillamente expresiones gráficas de sus conceptos mentales como ayuda a la memoria, sino el contenido mismo de su ciencia: una esfera topológica de dimensión 7 no es ni más ni menos que un determinado signo, S7, que guarda unas relaciones muy exactas con otros signos –manchas de tinta. De hecho, la clase de análisis practicado en este par de ejemplos puede extenderse a la totalidad de la praxis científica…

El materialismo gnoseológico tiene, sin embargo, que dar un paso más, a saber, el paso que consiste en incorporar a los propios ‘objetos reales’ en el cuerpo de la ciencia. Como si dijéramos: son los propios astros reales (y no sus nombres, imágenes o conceptos), en sus relaciones mutuas, los que forman parte, de algún modo, de la Astronomía; son los electrones, los protones y los neutrones (y no sus símbolos, o sus funciones de onda) –en tanto, es cierto, están controlados por los físicos en aparatos diversos (tubos de vacío, ciclotrones, &c.)– los que forman parte de la Física nuclear.{14}

…y este paso deja de tornársenos una locura cuando atendemos a que solamente así la Teoría del Cierre Categorial puede liberarse de la concepción de la ciencia como representación (re-presentación) de la realidad y, por consiguiente, de la concepción de la verdad científica como adecuación que ésta lleva aparejada; además, existen razones de peso para no considerar dicho paso hacia delante como descabellado…

¿Acaso la ciencia química no incluye internamente, más allá de los libros de Química, a los laboratorios, y, en ellos, a los reactivos y a los elementos químicos estandarizados? ¿Acaso la ciencia geométrica no incluye en su ámbito a los modelos de superficies, a las reglas y a los compases? ¿Acaso la Física no cuenta como contenidos internos suyos a las balanzas de Cavendish, a los planos inclinados, a las cámaras de Wilson o a los pirómetros ópticos? Estos contenidos, productos de la industria humana, son también resultados y contenidos de las ciencias correspondientes, y sólo la continuada presión de la antigua concepción metafísica (que sustancializa los símbolos y los pensamientos, y que se mantiene viva en el mismo positivismo) puede hacer creer que la ciencia-conocimiento se ha replegado al lenguaje (a los libros, incluso a la mente, a los pensamientos), y aun concluir que la ciencia-conocimiento subsistiría incluso si el mundo real desapareciera.{15}

(iv) Las ciencias no tienen objeto sino campo

En consonancia con lo dicho, la Teoría del Cierre Categorial apuesta por sustituir el término ‘objeto-de-una-ciencia’ por el término ‘campo-de-una-ciencia’. V.g. la Biología no tiene por objeto la vida sino el campo formado por ácidos nucleicos, mitocondrias, células, mamíferos placentarios, &c.; asimismo, la Topología no tiene por objeto la forma o la adyacencia –en sentido matemático– sino el campo formado por abiertos, compactos, componentes conexas, cilindros de homotopía, grupos de homología, &c.

(v) El postulado materialista de los referenciales

El Materialismo Gnoseológico postula la necesidad de referenciales en toda ciencia. Ojo, este postulado materialista no ha de confundirse con el axioma fisicalista: por ejemplo, no todas las figuras sintácticas de una ciencia han de ser fisicalistas –la distancia entre dos cuerpos no es otro cuerpo (físico, de M1) sino algo con un género de materialidad diferente (de M3).

La necesidad de referenciales para el desarrollo de las ciencias no la derivamos tanto de postulados ontológicos corporeistas («sólo existen los objetos corpóreos») cuanto de principios estrictamente gnoseológicos: las ciencias son construcciones operatorias y las operaciones sólo son posibles con objetos corpóreos.{16}

Y resulta llamativo comprobar que gran parte de los realismos científicos activos a principios de siglo XXI (Rom Harré, Ian Hacking, Ronald Giere…) avanzan en el camino materialista que ya ha andado la Teoría del Cierre Categorial, digámoslo otra vez: las ciencias son construcciones con las cosas mismas.

Después de haber recapitulado los aspectos gnoseológicos que son más relevantes para la Teoría del Cierre Categorial en la discusión realismo-instrumentalismo, nos hacemos cargo de que el Materialismo Gnoseológico es incompatible con cualquier variedad de instrumentalismo científico. La Teoría del Cierre Categorial, por cuanto se opone a toda clase de escepticismo y de relativismo científicos, acepta la tesis del realismo progresivo –luego, además, la del realismo de teorías y la del realismo de entidades– y la tesis del realismo no adecuacionista –teoría materialista de la verdad como identidad sintética.

 

Conclusiones

A continuación, recopilamos de modo sumario lo que hemos obtenido a lo largo de este artículo:

1. La idea de realismo científico no es una idea clara y distinta.

2. No se puede hablar de realismo científico como si de una filosofía bien definida se tratase, a lo sumo puede usarse tal nombre para denominar a un conjunto nada homogéneo de filosofías de la ciencia que, a menudo, son inconmensurables entre sí, en consecuencia, tal designación lingüística puede resultar equívoca.

3. Por oposición, lo mismo puede predicarse del instrumentalismo científico.

4. Y, en nuestro tiempo, la Teoría del Cierre Categorial es una teoría realista de la ciencia que puede aspirar a hacer frente con consistencia a los embates de las filosofías instrumentalistas.

 

Notas

{1} Paul Feyerabend (1981): Realism, Rationality and Scientific Method en Philosophical Papers, vol. I, Cambridge University Press, Cambridge, pág. 3.
{2} Jesús Mosterín en Andrés Rivadulla (1984): Filosofía actual de la ciencia, Editora Nacional, Madrid, pág. 15.
{3} Rom Harré (1986): Varieties of Realism, Blackwell, Oxford, pág. 4.
{4} Las matrices clasificadoras que ofrecemos están inspiradas en el cuadro de Antonio Diéguez (1998): Realismo científico, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, Málaga, pág. 79.
{5} Gustavo Bueno (1972): Ensayos materialistas, Taurus, Madrid, págs. 52 y 53.
{6} Bueno (1972), pág. 449.
{7} Gustavo Bueno (1992): Teoría del Cierre Categorial, Pentalfa, Oviedo, págs. 1424 y 1425.
{8} Bueno (1992), pág. 1200.
{9} Bueno (1992), pág. 1204.
{10} Gustavo Bueno (1982): El Cierre Categorial aplicado a las ciencias físico-químicas en Actas del I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias, Pentalfa, Oviedo, pág. 125.
{11} Gustavo Bueno (1995): ¿Qué es la ciencia?, Pentalfa, Oviedo, pág. 35.
{12} Bueno (1992), pág. 94.
{13} Bueno (1995), pág. 37.
{14} Bueno (1995), pág. 41.
{15} Bueno (1995), pág. 42.
{16} Bueno (1995), pág. 50.

 

 

Fuente | El Catoblepas

Hiperrealismo materialista, Carlos Madrid Casado

A todos los visitantes a la Feria Cultur3 Club 2018 que se han interesado por mi obra se ofrece un descuento del 50%... basta con aplicar al pedido el cupón "gijon18" Descartar