El 30 de marzo de 1981, John Hinckley, Jr. disparó su revólver Röhm RG-14 calibre 22 sobre la comitiva del Presidente de los Estados Unidos, con la intención de matar a Ronald Reagan y de esa manera impresionar a una mujer con la que estaba obsesionado -Iris, el personaje de Jodie Foster en Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)-.

A continuación ocurrieron dos cosas, una vez más reacciones opuestas entre un Homo Liber y un Homo Pabilus ante un mismo acontecimiento:

1. Cuando Hinckley fue declarado inocente y confinado en el Hospital St. Elizabeths Hospital en Washington, D.C., donde a esta fecha aún se mantiene, debido a que se tuvieron en cuenta los informes psiquiátricos en los que la defensa demostraba que el acusado sufría de demencia, los intransigentes se vieron decepcionados, motivo por el cual el Congreso de los Estados Unidos y un número de estados cambiaron las leyes de observación de la defensa por demencia, de manera que el antiguo modelo de evaluación del Código Penal fuera modificado, cambiando la carga de la prueba de locura como acusación para el acusado. Asimismo, tres estados abolieron por completo la defensa por demencia.

2. Y, en dirección opuesta, James Brady, Secretario de Prensa de la Presidencia, que durante el atentado sufrió una grave herida en la cabeza que lo discapacitó de forma permanente, junto a su esposa Sarah Brady se convirtieron en defensores del control de armas y de las medidas para reducir la cantidad de la violencia armada en los Estados Unidos. La pareja también fundó la organización sin ánimo de lucro Handgun Control, Inc., conocida en la actualidad la Brady Campaing to prevent gun violencegracias a la cual se aprobó en 1993 la ley llamada Handgun Violence Prevention (“Prevención de la Violencia por arma de fuego”).

Así pues, la persona que resultó herida, la más perjudicada por este incidente, James Brady, fue la que tomó la decisión más generosa, la decisión de luchar contra la violencia. Lo que no sucedió fue que se analizara el concepto de amor que existe en nuestra sociedad por parte de aquellos que carecen de empatía, un concepto confuso en el que interactúan indiscriminadamente la violencia, la obsesión, la no discriminación entre persona y personaje, entre ficción y realidad, y una irreflexiva equiparación de fama con relevancia social… ya que el asesino consideraba que su ataque había sido “la prueba de amor más grande de todos los tiempos”, motivo por el cual no mostró (no podía, el amor, lo que él llamaba amor, se lo impedía) ningún arrepentimiento.

Atentado a Ronald Reagan
John Hinckley Jr.