Bendito sea

 

Bendito sea aquel día,
que en la Cruz nos redimiste
y que al pecador quisiste
perdonar en tu agonía.
Se cumplió la profecía
de tu Muerte y tu Pasión.
Bendito sea el perdón
que otorgaste al mundo entero
tras el lanzazo certero
que horadó tu corazón.

Mandolinata

 

Al pálido claror de las estrellas
vengo a cantarte a ti, mujer divina,
lirio gentil, nocturna mariposa.
Si escuchas complaciente mis querellas
ha de entonar mi inquieta mandolina
su canción engañosa.

Tu corazón perverso y orgulloso
sólo adora la necia filigrana
del lujo y del placer.
Así tu amor es algo caprichoso,
que impulsa tras de sí la brisa vana
de tus coqueterías de mujer.

También mi voz es falsa y pervertida
y así va regulada la comedia
sin mentiras, ni agravios.
Me fascina el misterio de tu vida.
mi mandolina audaz canta y asedia,
buscando la caricia de tus labios.

Ya sabes, pues, mi pálida coqueta
que es tu amor para mí la flor de un día
y que cantando busco tus hechizos.
Yo estoy triste y adoro la receta
¡oh bella mía!,
de tus dorados, caprichosos rizos.

¡Oh hermosura del Carmelo!

 

¡Oh hermosura del Carmelo,
Virgen del Carmen bendita,
deja que yo me derrita
de amor y de santo anhelo!

Tú eres todo mi consuelo,
mi dicha y felicidad.
Tu cariño y tu bondad
inundan mi corazón
y te digo en mi oración,
que te quiero de verdad.

A la Virgen del Carmen I

 

Oh, María, mi reina del Carmelo,
hoy, en tu Sabatina, emocionado,
tu maternal cariño he mendigado
con devoción, amor y santo anhelo.

Sólo tu escapulario es mi consuelo.
Con él al pecho, voy condecorado
y aguardaré la muerte de buen grado,
con la esperanza de alcanzar el Cielo.

Virgen del Carmen, mi gentil Señora,
llévame de la mano, como a un niño,
hasta el sagrado umbral de tu Santuario.

Oh, Madre mía, celestial tutora,
muéstrame tu adopción y tu cariño
y envuélveme en tu santo escapulario.

A la Virgen del Carmen II

 

¡Oh Virgen María
del Monte Carmelo:
que hasta tus oí­dos
llegue mi oración!
Hoy sube a mis labios
el divino anhelo
de poder brindarte
mi humilde canción.

¡Oh Virgen del Carmen,
mi madre querida,
muy arrepentido
te pido perdón!
Y te ofrezco, madre,
a tus pies rendido
mi alma, mi vida
y mi corazón.

A la Virgen del Carmen III (décima o espinela)

 

Déjame que yo te cante,
oh hermosura del Carmelo.
Todo el afán y el anhelo
de mi corazón amante
es pedirte suplicante
y con mucha devoción,
que atiendas mi petición.
Virgen del Carmen, te quiero
y muy confiado espero
tu divina protección.

Blanca flor del Carmelo (décima)

 

Oh blanca flor del Carmelo,
no me canso de decirte
mil piropos y pedirte
que seas luz y consuelo
y que nos lleves al Cielo,
rezando el Santo Rosario.
Yo soy un viejo Terciario
de tu extensa Cofradí­a
Envuélveme, Madre mía,
con tu santo escapulario.

Sagrado Corazón

 

Sagrado Corazón, en Vos confío,
porque la cumbre es alta y muy pendiente.
La tentación, al atacar de frente,
nos muestra su maldad y poderío.

Corazón de Jesús, en Ti confío
y creo siempre en Vos tan ciegamente,
que no quiero abrevar en otra fuente,
sino en tu santo corazón, Dios mío.

De tu pecho horadado por la lanza
y el acero cruel de mis pecados
brota el perdón en anchuroso río.

Tu gran misericordia es mi esperanza,
todo mi amor. ¡Oh Corazón Sagrado,
mi Dios, mi buen Jesús, en Vos confío!

La corona de espinas

 

Corre la sangre en tu divina frente.
La corona de espinas te han clavado
y en sus enhiestas púas se ha incrustado
todo el rencor y el odio de la gente.

Te proclaman por Rey solemnemente
y con cruel desdén te han coronado.
Tu cetro es una caña. Tu reinado,
la farsa de un disfraz irreverente.

De púrpura te visten.”¡Ecce Homo!”
y te escupen al rostro con desprecio
tras su burda y sacrílega encerrona.

Hay en tu santa faz humilde aplomo
y en tus verdugos ira y menosprecio
al engastar tu sien brutal corona.

A tus pies

 

Oye mi invocación, Virgen María,
y tiéndeme tu mano protectora.
Vengo a tus pies. ¿A dónde iré, Señora?
¿Dónde he de hallar más grata compañía?

Porque seas mi luz, mi faro y guía,
hoy mi oración tu valimiento implora.
Llegue hasta mí tu fuerza protectora
y acúname en tus brazos, Madre mía.

Entre acordes de mágica armonía
sé mi apoyo, mi excelsa valedora,
halle en tu amor mi más firme sostén.

No me abandones nunca, noche y día
protégeme hasta el fin. Te ruego ahora
y en la hora de nuestra muerte. AMÉN.

El corazón escucha

 

Poco a poco me estoy enamorando
como un milagro más, que yo no entiendo.
Poco a poco, sin ruidos, sin estruendo,
la Palabra de Dios me va calando.

Su Palabra y su Amor, los dos, sumando,
ambos a dos, van lentamente siendo
como la gota de agua, que cayendo,
hasta la dura roca va horadando.

Y así se filtra y me penetra dentro
la voz de Dios, su claridad divina,
como amoroso y paternal recado.

El alma, enajenada, va a su encuentro,
su Palabra es celeste medicina
y el corazón escucha enamorado.

Vaso de elección

 

El Señor te llamó con silbos suaves,
te miró desde siempre con cariño,
cervatillo gentil, desde muy niño,
Dios te busca y te llama. ¿No lo sabes?

Ya estás presto a volar como las aves
en un vuelo triunfal. Tu piel de armiño
no la arrastres con torpe desaliño
y nunca su blancura menoscabes.

Él te eligió. Su corazón te llama.
A ti te toca decidir sin miedo
el mensaje filial de tu respuesta.

Elige tú también. Él te reclama,
tú vacilas. ¿Avanzo? ¿Retrocedo?
Será tu corazón el que contesta.

Ser tu poeta

 

Para poder hablar de Ti algún día
con idéntica unión de pareceres
y poderte cantar, como Tú quieres,
concédeme, Señor, sabiduría.

Siendo viejo, soy joven todavía
para verme en tan altos menesteres,
si no me dictas tu Palabra y eres,
desde tu Verbo, la palabra mía.

Para oírte mejor, sea mi oído
ágil y perspicaz e inmaculado.
Sea tu voz mi inspiración eterna.

Ser tu poeta en pertinaz latido
y exprimir de tu herida en el costado
misericordia, amor y vida eterna.

José María Zandueta Munárriz, Pamplona, 1915-2005

Alegría

 

Para que haya alegría en los campos
basta un rayo de sol.
Para que haya en el mundo alegría,
sobra un poco de amor.
Para que haya alegría en las almas,
caridad, religión.
Para que haya alegría en los pechos,
una sola canción.
¡Ah! qué poco hace falta en la Tierra
para tener alegre el corazón.

Alma y vida

 

Alma, vida y corazón
hoy te entrego por entero.
Bien sabes que yo te quiero
con humilde adoración.
Tu generoso perdón
me lleva a reconocer
que en el diario acontecer,
yo, con frecuencia, he pecado
y siempre me has perdonado
con tu indulgente poder.

Amabilidad (décima)

 

Es en verdad admirable,
no sólo por cortesía,
ser siempre, día tras día,
fino, educado y amable,
una persona admirable
que aspira a la perfección.
Es de buena educación,
mostrarse afable y atento
y ser en todo momento,
modelo de corrección.

Amar es compartir

 

Amar es compartir
una misma esperanza,
luchar hasta morir,
poniendo en la balanza
las mismas apetencias,
los mismos ideales,
aunque las apariencias
no se muestren iguales
o expresen lo contrario
e induzcan al error.
El peor adversario
que tiene un gran amor
es ver lo que no vemos
y creer lo increíble,
que ya no nos queremos,
que parece imposible
juntar dos corazones,
que se han amado tanto.
Si nuestras ilusiones
reanudan su encanto,
¡Arriba la esperanza!
Que el odio y que los celos
no sean la asechanza,
la turbia sensación
de truncar los anhelos
de nuestro corazón.

Amo la vida (soneto)

 

Aquí me veis tan terne y tan campante
tras de cumplir ochenta y ocho abriles
y aún me quedan fuerzas varoniles
para marchar erguido y elegante.

Pienso y discurro yo con buen talante,
jugando al ajedrez con mis alfiles,
mis torres y caballos tan gentiles
y dando el jaque mate más brillante.

Hago Yoga y Tai-Chi por las mañanas,
braceo largo rato en la piscina,
y en el gimnasio, monto en bicicleta.

Hay geranios en flor en mis ventanas,
toco en el piano un blues con sordina,
amo la vida, escribo y soy poeta.

Amor de mujer (décima)

 

Para amar a la mujer,
oh Señor nos has hecho
y yo lo he tomado a pecho
eso de ese buen querer.
Pero suele acontecer,
con algunas excepciones,
que todos los corazones
no entienden la gran medida
y no aman nunca en la vida
por mil extrañas razones.

Año 2001 (décima)

 

Dos mil uno, dos mil uno,
pájaro de mal agüero,
que pías en el alero
y ofreces falso y frailuno,
churros para el desayuno,
pero luego nos colocas
muertes y kale borrokas,
maldades que no son pocas
y con falaz osadía,
la Ley de la extranjería
y el mal de las vacas locas.

Cinco hijos (décima)

 

Cinco hijos he tenido,
cinco, como cinco soles.
Cinco claros arreboles
que blasonan mi apellido.
Yo, como bueno he cumplido
y mucho más mi mujer.
Sólo queda por saber
si estos mis cinco aprendices
han salido a mis raíces
y cumplen con su deber.

El amor (décima)

 

Un diecinueve de enero,
tras un razonar intenso,
me pongo a pensar y pienso
que el amor es pasajero
y es frágil, perecedero,
como el humo, blanca espuma,
que huele bien y perfuma,
brotando del incensario
al que un buen turiferario
lo balancea en el aire
y luego con gran donaire
se desvanece y se esfuma.

El coscorrón (décima)

 

Yo, jugando al ajedrez,
soy un consumado atleta
y ataco a la bayoneta,
pues juego con rapidez,
mas, recuerdo que una vez,
un famoso campeón,
listo, audaz y peleón,
me ganó hasta la camisa,
porque al jugar tan deprisa
me largó el gran coscorrón.

El madrugón (décima)

 

La hojita del calendario
nos enseña en este día
empezar con alegría
nuestro matutino horario,
madrugando mucho, a diario.
Si esta gran resolución
le da a nuestro corazón
cuerda y un ritmo constante,
para seguir adelante,
bueno será el madrugón.

ETA

 

Son tan negros sus destinos,
que hoy es difícil ser vasco,
porque la Eta da asco.
Guipuzcoanos, vizcaínos,
y sólo como inquilinos,
el navarro, el alavés.
Al derecho o al revés,
implica gran valentía
aguantarla noche y día,
antes, ahora y después.

La ilusión

 

La Humanidad ha usado tantas veces
la palabra ILUSION,
que flota como un buque a la deriva,
sobre mil pequeñeces,
que arrastra la galerna imperativa
del corazón.
Y que naufrague esta palabra es triste,
porque sobran amor, salud, dinero.
Casi nos sobra el diccionario entero,
si la ILUSION no existe.

Inspiración (décima)

 

Sin subirme hasta el estrado,
ni siquiera a la tarima,
voy pergeñando esta rima
con talante sosegado.
No será un verso inspirado,
ni una gran composición.
Será sólo la ambición
de mezclar mi poesía
con un poco de armonía
y otro poco de ilusión.

Jaque mate (décima)

 

Moviendo bien las figuras,
el ajedrez me obedece.
Mi reina negra se crece
y sedienta de aventuras
machaca las aperturas
en mortífero combate.
Las blancas, ¡qué disparate!,
han enrocado a su Rey.
Las negras, con buena ley,
le dan al fin, jaque mate.

Libertad (décima)

 

Yo me compro el pan que como,
el pescado y la ensalada
y me hago mi colada,
pues no tengo mayordomo.
Vivo con total aplomo,
en gozosa soledad.
Y os lo digo de verdad,
que es un grato panorama
tener que hacerme la cama
y vivir en libertad.

Mes de enero (décima)

 

Ya se está acabando enero.
La Providencia divina
que mi conciencia examina
trueca con golpe certero
mi torcido derrotero,
cambiando el mal por el bien
y todo en un santiamén.
Entonces el alma absorta
por el cambio, se conforta
y halla en Jesús su sostén.

Mi oración (décima)

 

Preparándome a morir,
yo rezo todos los días.
Con mis diarias letanías
pretendo al Cielo subir,
pues cifro mi porvenir
y mi más ferviente anhelo
en notar, como consuelo,
que el poder de la oración
es un seguro escalón
para llegar hasta el Cielo.

Muy despacio (décima)

 

Por el camino más largo,
le pido a Dios que me lleve,
pues mi corazón se atreve
a vivir mucho. Me encargo
de beber el trago amargo,
cruzar el gran terraplén
y ya en el último tren,
que va hasta el eterno espacio,
que nos lleve muy despacio,
despacio, despacio y bien.

Poca cosa (décima)

 

Los besos que no te di
te los puedo dar ahora,
porque ya va siendo hora
de encontrar lo que perdí.
Antes no me diste el Sí
por ser muy rica y hermosa,
altanera y caprichosa.
Después de tantos agravios,
hoy me parecen tus labios
muy fríos, muy poca cosa.

José María Zandueta Munárriz, Pamplona, 1915-2005
Resumen
José María Zandueta Munárriz, Pamplona, 1915-2005
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José María Zandueta Munárriz, Pamplona, 1915-2005
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