Juan de Fermoselle, más conocido como Juan del Encina —en la grafía actual de su nombre— o Juan del Enzina —en su propia grafía— (12 de julio de 1468 – León, 1529), fue un poeta, músico y autor teatral del Prerrenacimiento español en la época de los Reyes Católicos. Se le considera, junto al guipuzcoano Juan de Anchieta, como uno de los mayores exponentes de la polifonía religiosa y profana en España de finales del siglo XV y principios del XVI. Alcanzó gran altura lírica en sus glosas y villancicos a los que se le atribuye su invención.

Como dramaturgo está considerado iniciador y patriarca del teatro español.1​2​ Su arranque se puede fechar en la Navidad de 1492, cuando representó ante los duques de Alba dos églogas teatrales en que unos pastores anuncian el nacimiento de Cristo.

Romerico

 

Romerico, tú que vienes
De donde mi vida está,
Las nuevas de ella me da,
Dame nuevas de mi vida
Así Dios te dé placer,
Si tú me quieres hacer
Alegre con tu venida.
Que después de mi partida
De mal en peor me va.
Las nuevas de ella me da.

Ya no quiero ser vaquero

 

Ya no quiero ser vaquero
ni pastor,
no quiero tener amor.

Bien pensé yo que nuestr\’ama
me acudiera con buen pago,
mas cuanto yo más la halago
más ella se me encarama
Pues me acossa de su cama
sin favor,
no quiero tener amor.

Entré con ella a soldada
porque me mostró cariño,
mas por más que yo le aliño
no me quiere pagar nada
Pues es tan enterriada
sin sabor,
no quiero tener amor

Hele guardado el ganado
con un tiempo muy fortuno,
y aun, ¡ahotas!, que ninguno
lo tenga tan coreado.
Y pues que me da mal grado
por pastor,
no quiero tener amor.

Yo labrava su labranza
y de sol a sol arava,
yo sembrava, yo segava
¡soncas!

por le dar holgança.

Mas pues de mi tribulança
no ha dolor,
no quiero tener amor.

Juro a mí que yo me embaço
de persona tan crudía;
pues es tal su compañía
no quiero más embaraço
Ni quiero ser su collaço
ni pastor,
ni quiero tener amor.

Fin.

Y aun, ¡pese a diez verdadero!,
con cuanto yo le he servido,
que ya estoy tan aborrido
que de cordojo me muero,
ni ya quiero ser vaquero
ni pastor,
ni quiero tener amor.

Canciones

 

1

Tu sagrado advenimiento
dio principio a nuestra vida,
y el virgen concebimiento,
con tu santo nacimiento
nos dio ley muy escogida.

Tu santa circuncisión
y el ofrecer de los Reyes,
tu muerte y resurreción
tu miraglosa acensión,
destruyó las falsas leyes;

y con tu recebimiento
se libró nuestra caýda,
y el virgen concebimiento
con tu santo nacimiento
nos dio ley muy escogida.

 

2

Todos deven bien obrar
viendo el mundo cómo rueda,
pues al fin, fin, más no queda
del plazer que del pesar.

La vida esté sin reposo,
la voluntad muy despierta,
que la muerte está muy cierta
aunque el quando muy dudoso.

Y no se deve tardar
a bien hazer el que pueda
pues al fin, fin, más no queda
del plazer que del pesar.

 

3

Rey y reina, tales dos
nunca fueron en el mundo,
reyes sin tener segundo,
siervos muy siervos de Dios.

Siervos de Dios y su Madre,
reyes mucho más que reyes,
muerte de las falsas leyes,
vida de la de Dios padre.

Assí que Dios es con vos,
pues por Él soys en el mundo,
reyes sin tener segundo,
siervos muy siervos de Dios.

 

4

Las cosas que desseamos
tarde o nunca las avemos
y las que menos queremos
más presto las alcançamos.

Porque fortuna desvía
aquello que nos aplaze,
mas lo que pesar nos haze
ella mesma nos lo guía.

Y por lo que más penamos
alcançar no lo podemos,
y lo que menos queremos
muy más presto lo alcançamos.

 

5

Querría no dessearos
y dessear no quereros,
mas, si me aparto de veros,
tanto me pena dexaros
que me olvido de olvidaros.

Si os demando galardón
en pago de mis servicios,
daysme vos por beneficios
pena, dolor y passión,
por más desconsolación.

Y no puedo desamaros
aunque me aparto de veros,
que si pienso en no quereros
tanto me pena dexaros
que me olvido de olvidaros.

 

6

Si la fe y el galardón
por un peso se pesasse,
cierto soy que no faltasse
gran remedio a mi passión.

Mi passión es muy crecida
y mi fe de fe muy llena,
que, según la fe, la pena
se da por una medida.

Y si la fe y la afición
a galardón se pesasse
cierto soy que no faltasse
gran remedio a mi passión.

 

7

Muchas vezes he acordado
de olvidar a vos, mi dios,
y en acordarme de vos
hállome desacordado.

He procurado olvidaros
por acordarme de mí;
quando pienso en cómo os vi
pienso más en más amaros.

Y con este tal cuydado,
cuydoso por vos, mi dios,
en acordarme de vos
hállome desacordado.

 

8

Aunque en tal día soléys
dar mercedes, beneficios,
yo no pido que me deys,
que me deys, mas que toméys
y recibáys mis servicios.

Mis servicios recibiendo
son mercedes que recibo;
yo recibo, pues, sirviendo;
quanto más bivo muriendo
tanto más muriendo bivo.

Si mis servicios queréys,
no quiero más beneficios
ni que más galardonéys;
con esto me pagaréys:
que recibáys mis servicios.

 

9

Con la muy crecida fe
he cobrado tan gran miedo
que mi mal dezir no sé
a quien callar no lo puedo.

No puedo, triste, callar
porque mi mal siempre crece;
no sé cómo lo contar
porquel favor me fallece.

Y no sé razón por qué
tan sin favor yo me quedo,
que mi mal dezir no sé
a quien callar no lo puedo.

 

10

Del amor viene el cuydado
y del cuydado el penar,
de la pena el sospirar
del leal enamorado.

Quel sospiro no es passión,
mas descanso del tormento
do descansa el pensamiento
del cuydoso coraçón.

Y la pena del penado
que pena por bien amar
se muestra en el sospirar
del leal enamorado.

 

11

No quiero querer querer
sin sentir sentir sufrir
por poder poder saber
merecer el merecer
y servir más que servir.

Que sirviendo padeciendo
no padece quien padece,
y sufriendo mereciendo
y mereciendo sufriendo
merece más quien merece.

Y el perder es no perder
el bivir que no es bivir
por poder poder saber
merecer el merecer
y servir más que servir.

 

12

Desque triste me partí
sin veros a la partida,
se partió luego mi vida
donde nunca más la vi.

Partió mi vida en partir
con una passión tan fuerte
que aunque venga ya la muerte
será dulce de sufrir.

Si sentís lo que sentí
sentiréys en mi partida
que partió luego mi vida
donde nunca más la vi.

 

13

Todos os deven servicios,
servicios con afición,
afición, querer, passión,
la passión por beneficios.

Beneficios son los males,
los males por vos sufridos,
sufridos bien merecidos,
merecidos pues son tales.

Tales son que con servicios
serviros es galardón,
galardón, querer, passión,
la passión por beneficios.

 

14

No quiero mostrar quereros
porque no toméys favor
para más encareceros,
pues que no temo perderos
por falta de fe ni amor.

Desseo siempre serviros,
procuro de no enojaros,
querría merced pediros
y no quiero descubriros
quánto peno por amaros.

Que si doy a conoceros
mi desseoso dolor
será más encareceros,
mas yo no temo perderos
por falta de fe ni amor.

 

15

Es de aquesta condición
el sospirar, según siento,
que en sospiros de afición
si descansa la passión
es para doblar tormento.

Tormento de más penar,
penar y doblar fatigas,
las fuerças del sospirar,
aunque muestran descansar,
son de descanso enemigas.

Assí que sospiros son
muestras de tal sufrimiento,
que en sospiros de afición,
si descansa la passión
es para doblar tormento.

 

16

Si supiesse contentaros
como sé saber quereros,
yo ternía, sin perderos,
esperança de ganaros.

Soy tan vuestro desque os vi
que ninguna cosa sé
sino tener con vos fe
sin saber parte de mí.

Assí que, si contentaros
supiesse como quereros,
yo ternía, sin perderos,
esperança de ganaros.

Juan del Encina, poeta, Fermoselle (Zamora), 1468-1529

Romances

 

1

¿Qués de ti, desconsolado?
¿Qués de ti, rey de Granada?
¿Qués de tu tierra y tus moros?
¿Dónde tienes tu morada?

Reniega ya de Mahoma
y de su seta malvada,
que bivir en tal locura
es una burla burlada.

Torna, tórnate, buen rey,
a nuestra ley consagrada,
porque si perdiste el reyno
tengas ellalma cobrada;
de tales reyes vencido
onrra te deve ser dada.

¡O Granada noblecida,
por todo el mundo nombrada!,
hasta aquí fueste cativa
y agora ya libertada.

Perdióte el rey don Rodrigo
por su dicha desdichada;
ganóte el rey don Fernando
con ventura prosperada,

la reyna doña Ysabel,
la más temida y amada,
ella con sus oraciones
y él con mucha gente armada.

Según Dios haze sus hechos
la defensa era escusada,
que donde Él pone su mano
lo impossible es quasi nada.

 

2

Por unos puertos arriba
de montaña muy escura
caminava el cavallero,
lastimado de tristura;

el cavallo dexa muerto
y él a pie, por su ventura,
andando de sierra en sierra
de camino no se cura,

huyendo de las florestas,
huyendo de la frescura,
métese de mata en mata
por la mayor espessura;

las manos lleva añudadas,
de luto la vestidura,
los ojos puestos en tierra
sospirando sin mesura.

En sus lágrimas bañado,
más que mortal su figura,
su bever y su comer
es de lloro y amargura;

que de noche ni de día
nunca duerme ni assegura,
despedido de su amiga
por su más que desventura.

A verle de consolar
no basta seso y cordura;
biviendo penada vida
más penada la procura,
que los coraçones tristes
quieren más menos holgura.

 

3

Mi libertad en sossiego,
mi coraçon descuydado,
sus muros y fortaleza
amores me la han cercado.

Razón y seso y cordura,
que tenía a mi mandado,
hizieron trato con ellos,
¡malamente me han burlado!

Y la fe, que era el alcayde,
las llaves les ha entregado;
combatieron por los ojos,
diéronse luego de grado,

entraron a escala vista,
con su vista han escalado,
subieron dos mil sospiros,
subió passión y cuydado
diziendo: “¡Amores, amores!”
su pendón han levantado.

Quando quise defenderme
ya estava todo tomado;
huve de darme a presión
de grado, siendo forçado.

Agora, triste cativo,
de mí estoy enagenado,
quando pienso libertarme
hállome más cativado.

No tiene ningún concierto
la ley del enamorado;
del amor y su poder
no ay quién pueda ser librado.

 

4

Yo me estava reposando,
durmiendo, como solía,
recordé, triste, llorando
con gran pena que sentía.

Levantéme, muy sin tiento,
de la cama en que dormía,
cercado de pensamiento,
que valer no me podía.

Mi passión era tan fuerte
que de mí yo no sabía,
comigo estava la muerte
por tenerme compañía.

Lo que más me fatigava
no era porque muría,
mas era porque dexava
de servir a quien servía.

Servía yo una señora
que más que a mí la quería
y ella fue la causadora
de mi mal sin mejoría.

La medianoche passada,
ya que era cerca del día,
salíme de mi posada
por ver si descansaría.

Fuy para donde morava
aquella que más quería
por quien yo triste penava,
mas ella no parecía.

Andando todo turbado
con las ansias que tenía,
vi venir a mi cuydado
dando bozes, y dezía:

“Si dormís, linda señora,
recordad, por cortesía,
pues que fuestes causadora
de la desventura mía.

Remediad mi gran tristura,
satisfazed mi porfía,
porque si falta ventura
del todo me perderla.”

Y con mis ojos llorosos
un triste llanto hazía
con sospiros congoxosos
y nadie no parecía.

En estas cuytas estando,
como vi que esclarecía,
a mi casa, sospirando,
me volví, sin alegría.

 

5

Gritando va el cavallero,
publicando su gran mal,
vestidas ropas de luto
aforradas en sayal,

por los montes sin camino,
con dolor y sospirar,
llorando a pie descalço,
jurando de no tornar

adonde viesse mugeres,
por nunca se consolar
con otro nuevo cuydado
que le hiziesse olvidar

la memoria de su amiga
que murió sin la gozar;
va buscar las tierras solas
para en ellas abitar.

En una montaña espessa,
no cercana de lugar,
hizo casa de tristura,
ques dolor de la nombrar,
de una madera amarilla
que llaman desesperar.

Paredes de canto negro
y también negra la cal,
las tejas puso leonadas
sobre tablas de pesar.

El suelo hizo de plomo
porques pardillo el metal,
las puertas chapadas dello
por su trabajo mostrar.

Y sembró por cima el suelo
secas hojas de parral,
ca do no s’esperan bienes
esperança no ha destar.

En aquesta casa escura
que hizo para penar
haze más estrecha vida
que los frayles del paular
que duermen sobre sarmientos
y aquéllos son su manjar.

Lo que llora es lo que beve
y aquello torna a llorar
no más de una vez al día
por más se dibilitar.

Del color de la madera
mandó una pared pintar,
un doser de blanca seda
en ella mandó parar.

Y de muy blanco alabastro
hizo labrar un altar
con cánfora vitumado,
de raso blanco el frontal.

Puso el bulto de su amiga
en él para le adorar:
el cuerpo de plata fina,
el rostro era de cristal,
un brial vestido blanco
de damasco singular,

mongil de blanco brocado
forrado en blanco cendal,
sembrado de lunas llenas,
señal de casta final.

En la cabeça le puso
una corona real,
guarnecida de castañas
cogidas del castañar.

Lo que dize la castaña
es cosa muy de notar:
las cinco letras primeras
el nombre de la sin par;
murió de veynte y dos años
por más lástima dexar.

La su gentil hermosura,
¡quién que la sepa loar!,
ques mayor que la tristura
del que la mandó pintar.

En lo quél passa su vida
es en la siempre mirar;
cerró la puerta al plazer,
abrió la puerta al pesar,
abrió la para quedarse
pero no para tornar.

 

6

Descúbrasse el pensamiento
de mi secreto cuydado,
pues descubren mis dolores
mi bivir desesperado.

Que una señora a quien sirvo
mi servir tiene olvidado;
con mi muerte mi servicio
ha de ser galardonado.

Si días m’á dado tristes,
las noches nunca he holgado;
su beldad me hizo suyo,
hermosura en tanto grado
quen su gesto muy hermoso
el de Dios está esmaltado.

De sus gracias excelentes
todo el mundo está espantado;
su crueldad está secreta
y mi mal muy publicado.

¡Dolor de mí, que me veo
suyo de fuerça, de grado!
¡Ay de mí, que la miré
para bivir lastimado!

Triste, ya sin esperança,
loco amador desamado,
aborrecido, cativo,
más que todos desdichado.

Pues que no sé desamar,
¿para qué fue namorado?,
¿para llorar y plañir
gloria del tiempo passado?,

¿para pesar y dolor
siempre tener acordado?
Ningún remedio ventura
para mi mal ha dexado.

Consejos m’án hecho triste,
consuelos, desconsolado;
con los muertos ando bivo
y con los bivos finado.

¡Ved si vieron los nacidos
vida de hombre más penado!
La sepultura fallesce,
quel bivir es acabado;
dádgela, señora, vos,
pues la muerte le avéys dado.

Sed piadosa en el morir,
pues la vida os ha enojado,
y mandad poner encima,
por armas y por ditado,
de letras negras escritas:
“Aquí yaze sepultado
quien murió, en cuyo servicio
nunca le vieron mudado.”

Villancicos

 

1

Si amor pone las escalas
al muro del coraçón,
¡no ay ninguna defensión!

Si amor quiere dar combate
con su poder y firmeza,
no ay fuerça ni fortaleza
que no tome o desbarate,
o que no hiera o no mate
al que no se da a presión,
¡no ay ninguna defensión!

Sin partidos, con partidos,
con sus tratos o sin trato,
gana y vence en poco rato
la razón y los sentidos;
los sentidos ya vencidos,
sojuzgada la razón,
¡no ay ninguna defensión!

Con halagos y temores,
con su fuerça y su poder,
de los que han de defender
haze más sus servidores;
pues las guardas son traydores
y cometen traÿción,
¡no ay ninguna defensión!

Nunca jamás desconfía;
de los más sus enemigos
haze mayores amigos;
siempre vence su porfía,
da plazer y da alegría,
y, si quiere dar passión,
¡no ay ninguna defensión!

Son sus fuerças tan forçosas
que fuerçan lo más que fuerte,
puede dar vida y dar muerte,
puede dar penas penosas;
a sus fuerças poderosas,
si pone fe y afición,
¡no ay ninguna defensión!

Fin

No ay quién salga de sus manos,
discretos y no discretos,
a todos tiene sugetos:
judíos, moros, cristianos;
sobre todos los humanos
tiene gran juridición,
¡no ay ninguna defensión!

 

2

Pues que tú, Reyna del cielo,
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú que reynas con el Rey
de aquel reyno celestial;
tú, lumbre de nuestra ley,
luz de linage humanal,
pues para quitar el mal
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, Virgen, que mereciste
ser madre de tal Señor;
tú, que, quando le pariste,
le pariste sin dolor;
pues con nuestro Salvador
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que del parto quedaste
tan virgen como primero;
tú, Virgen, que te empreñaste
siendo virgen por entero;
pues que con Dios verdadero
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que lo que perdió Eva
cobraste por quien tú eres;
tú, que nos diste la nueva
de perdurables plazeres;
tú, bendita en las mugeres,
si nos vales
darás fin a nuestros males.

Tú, que te dizen bendita
todas las generaciones;
tú, que estás por tal escrita
entre todas las naciones;
pues en las tribulaciones
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que tienes por oficio
consolar desconsolados;
tú, que gastas tu exercicio
en librarnos de pecados;
tú, que guías los errados
y los vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que tenemos por fe
ser de tanta perfeción
que nunca será ni fue
otra de tu condición;
pues para la salvación
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

¿Quién podrá tanto alabarte
según es tu merecer?
¿Quién sabrá tan bien loarte
que no le falte saber?;
pues que para nos valer
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

¡O, Madre de Dios y Hombre!
¡O concierto de concordia!
Tú, que tienes por renombre
Madre de misericordia,
pues para quitar discordia
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que por gran humildad
fueste tan alto ensalçada
que a par de la Trinidad
tú sola estás assentada.
Y pues tú, Reyna Sagrada,
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que estavas ya criada
quando el mundo se crio;
tú, que estavas muy guardada
para quien de ti nació,
pues por ti nos conoció,
si nos vales
fenecerán nuestros males.

Fin

Tú, que eres flor de las flores;
tú, que del cielo eres puerta;
tú, que eres olor de olores;
tú, que das gloria muy cierta,
si de la muerte muy muerta
no nos vales,
no ay remedio en nuestros males.

 

3

Quien tuviera por señora
la Virgen, Reyna del cielo,
no tema ningún recelo.

Que a los flacos coraçones
con su gracia torna fuertes,
haze vidas de las muertes
y es llave de las presiones;
quien de sus consolaciones
alcançare algún consuelo
no tema ningún recelo.

Siempre bive sin tristura
quien le tiene devoción;
da muy gran consolación
la vista de su figura;
el que servir la procura
con amor, en este suelo,
no teme ningún recelo.

Fin

A quien ella da osadía
no teme ningún temor
y si tiene algún dolor
se le buelve en alegría.
Señora, Virgen María,
consuela mi desconsuelo,
no tema ningún recelo.

 

4

¿A quién devo yo llamar
“vida mía”
sino a ti, Virgen María?

Todos te deven servir,
Virgen y Madre de Dios,
que siempre ruegas por nos
y tú nos hazes bivir.
Nunca me verás dezir
“vida mía”
sino a ti, Virgen María.

Duélete, Virgen de mí,
mira bien nuestro dolor,
que este mundo pecador
no puede bivir sin ti.
No llamo desque nací
“vida mía”
sino a ti, Virgen María.

Tanta fue tu perfeción
y de tanto merecer
que de ti quiso nacer
quien fue nuestra redención.
No ay otra consolación,
vida mía,
sino a ti, Virgen María.

El tesoro divinal
en tu vientre se encerró,
tan precioso que libró
todo el linage humanal.
¿A quién quexaré mi mal,
vida mía,
sino a ti, Virgen María?

Tú sellaste nuestra fe
con el sello de la cruz,
tú pariste nuestra luz,
Dios de ti nacido fue.
Nunca jamás llamaré
“vida mía”
sino a ti, Virgen María.

Fin

¡O clara Virginidad,
fuente de toda virtud!,
no cesses de dar salud
a toda la cristiandad.
No pedimos piedad,
vida mía,
sino a ti, Virgen María.

 

5

¡O Reyes Magos benditos,
pues de Dios soys tan amados,
sed mi guarda y abogados!

Sed mi guarda en este suelo
porque en sus lazos no caya
y abogados en el cielo
porque a veros allá vaya;
porque por vosotros aya
gran perdón de mis pecados,
sed mi guarda y abogados.

Tanto quiso Dios amaros
por vuestro merecimiento
que le plugo revelaros
su sagrado nacimiento;
pues le tenéys tan contento
y con Él soys tan privados,
sed mi guarda y abogados.

Venistes desde Oriente
adorar al Rey divino
con aquel alto presente
para quien d’él era dino;
caminastes de contino
por una estrella guiados,
sed mi guarda y abogados.

Fin

Sirviéronle los pastores
por Pastor de tantas greyes
y vosotros, mis señores,
por mayor Rey de los reyes;
pues del Dador de las leyes
soys tan queridos y amados,
sed mi guarda y abogados.

 

6

El que rige y el regido,
sin saber,
mal regidos pueden ser.

Mal rige quien no es prudente
porque todo va al revés
y el perfeto regir es
saber mandar sabiamente;
quel regido y el rigente,
sin saber,
mal regidos pueden ser.

Donde falta discreción
no ay ninguna cosa buena;
lo que discreción ordena,
aquello da perfeción;
mas los que regidos son,
sin saber,
mal regidos pueden ser.

Fin

El saber que Dios nos da,
aquél es saber perfeto
y aquél se llame discreto
que de tal saber sabrá;
y lo que regido va,
sin saber,
mal regido puede ser.

 

7

Quien al triste coraçón
procurare consolar
tome parte del llorar.

Que quien al triste consuela,
si de su dolor se duele,
primero que le consuele,
llorando su mal le duela,
porque el triste no recela
otro más triste pesar
que ver otros alegrar.

Mal concierta covardía
y esforçada fortaleza,
el triste busque tristeza
y el alegre ellalegría;
porque en una compañía
el llorar con el cantar
mal se puede concertar.

El que bive triste vida
la vida tiene por muerte,
y es la muerte de tal suerte
muerte mil vezes sufrida;
quien de vida tan perdida
no se puede remediar
la muerte deve buscar.

 

8

Más vale trocar
plazer por dolores
que estar sin amores.

Donde es gradecido
es dulce el morir;
bivir en olvido,
aquél no es bivir;
mejor es sufrir
passión y dolores
que estar sin amores.

Es vida perdida
bivir sin amar
y más es que vida
saberla emplear;
mejor es penar
sufriendo dolores
que estar sin amores.

La muerte es vitoria
do bive afición,
que espera aver gloria
quien sufre passión;
más vale presión
de tales dolores
que estar sin amores.

El ques más penado
más goza de amor,
quel mucho cuydado
le quita el temor;
assí ques mejor
amar con dolores
que estar sin amores.

No teme tormento
quien ama con fe,
si su pensamiento
sin causa no fue;
aviendo por qué
más valen dolores
que estar sin amores.

Fin

Amor que no pena
no pida plazer,
pues ya le condena
su poco querer;
mejor es perder
plazer por dolores
que estar sin amores.

 

9

Por muy dichoso se tenga
quien por vos sufre passión,
pues es harto galardón.

Siendo vos la causadora
de la muerte que yo muero,
¿qué mayor vitoria quiero
que morir por tal señora?;
pues con la causa se dora,
bien abasta la passión,
pues es harto galardón.

A quantos vencidos biven
no tenéys que darles grado,
pues en veros es forçado
que de fuerça se cativen;
vuestros ojos no me esquiven,
no quiero sino passión,
pues es harto galardón.

Los aquexados sospiros
de la pena que me days,
harto los galardonáys
en que pene por serviros;
sin otra merced pediros
soy contento de passión,
pues es harto galardón.

A vos se deve el ditado
de más hermosura y gala,
y a mí nadie se me yguala
en seros aficionado;
por ser tan bien empleado
yo quiero sufrir passión,
pues es harto galardón.

Y pues soys tan linda y bella,
mi passión he yo por buena,
que a todo el mundo days pena
y a nadie remedio della;
no puedo tener querella
con tan dichosa passión,
pues es harto galardón.

Fin

Aunque no jamás vencida
y a todos vencéys en veros,
nadie dexe de quereros
pues es deuda conocida;
con esperança perdida
de esperar sino passión,
pues es harto galardón.

 

10

Ya no quiero tener fe,
Señora, sino con vos,
pues que soys Madre de Dios.

Vos soys hija, vos soys madre
de Aquél mesmo que os crio.
Él es vuestro hijo y padre
y por madre a vos nos dio.
A todos nos redimió
en querer nacer de vos,
¡bendita Madre de Dios!

Soys Madre de Dios y mía,
soys el fin de mi esperança,
soys mi plazer y alegría,
soys mi bienaventurança.
Mi remedio no se alcança
por otra sino por vos,
¡Virgen y Madre de Dios!

¿Qué mudança me mudó?;
¿quál amor pudo vencerme
quando mi fe os olvidó
por en otro amor meterme?
Que estava para perderme
si no fuera ya por vos,
¡Madre y Esposa de Dios!

Mis verdaderos amores
ya con vos tenerlos quiero,
pues que soys de pecadores
el remedio verdadero.
Que si bien alguno espero
es por serviros a vos,
¡huéspeda y sierva de Dios!

Los que vuestro nombre llaman
son muy presto remediados;
los que con amor os aman
siempre biven consolados.
Nunca son desamparados
los que tienen fe con vos,
¡sagrado templo de Dios!

Fin

A vos quiero por señora,
en tanto quanto biviere;
sed vos mi procuradora
quando deste mundo fuere,
porque después que muriere
no me aparte yo de vos,
¡palacio y casa de Dios!

 

11

-¿Quién te traxo, Criador,
por esta montaña escura?
-¡Ay, que tú, mi criatura!

-¿Cómo vienes lastimado,
maltratado de tal suerte?
¿Quién te sentenció a la muerte
siendo justo, sin pecado?
Aviendo, Señor, crïado
a toda humana natura,
¿vienes a tal desventura?

-Acordé de te crïar
por ver tu merecimiento,
quebraste mi mandamiento,
no lo supiste guardar,
por do vengo yo a pagar
tu pecado y tu locura,
pues te hize a mi figura.

-¿No pudieras, Rey del cielo,
pues eres tan poderoso,
reynar en gloria y reposo
sin venir aqueste suelo
a sufrir tal desconsuelo,
tal dolor y tal tristura,
tal pena tan sin mesura?

-Por cumplir las profecías
que de mí profetizaron
los profetas que cantaron
la venida del Mexías.
Pues se cumplen ya los días
para cumplir la escritura,
búsquenme la sepultura.

-¡O Poderoso Poder,
nuestra verdadera luz,
que en el árbol de la Cruz
has venido a padecer,
por venir a guarecer
con tu sangre santa y pura
la lavor de tu hechura!

Fin

-En árbor vine a penar
por levantar tu caýda,
que a do se perdió la vida
allí se deve buscar.
Por purgar el resalgar
que comiste por dulçura,
he por dulce mi amargura.

 

12

Hermitaño quiero ser,
por ver.
Hermitaño quiero ser.

Por provar nueva manera
mudar quiero mi vestir,
porque en el traje defuera
desconoçan mi bivir.
No mudaré mi querer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Serán mis hábitos tales
que digan con mi dolor:
será el paño de mis males,
será de fe la color,
y el cordón de padecer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Será hecho mi cilicio
de muy áspero tormento,
texido con mi servicio,
cosido con sufrimiento,
y élo siempre de traer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Las cuentas para rezar
han de ser cien mil querellas,
el bordón para esforçar
ha de ser la causa dellas.
Y pues me dexé vencer,
por ver,
hermitaño quiero ser.

Crecerán mis barvas tanto
quanto creciere mi pena.
Pediré con triste llanto:
“¡Dad para la Madalena!”,
si me quisieren valer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

No peynaré mis cabellos
ni descansarán mis ojos
hasta que se duela dellos
quien me causa mil enojos,
si se quisiesse doler.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Haré vida tan estrecha,
que peor sea que muerte,
porque no tengan sospecha
que bivo por otra suerte,
y no tomaré plazer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Andaré sin alegría
aquexado de cuydados,
por los páramos de día,
de noche por los poblados,
y assí quiero fenecer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Quiçá que por mi ventura,
andando de puerta en puerta,
veré la gentil figura
de quien tien mi vida muerta,
si saliesse a responder.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Los sospiros encubiertos
que he callado por mi daño,
ora serán descubiertos
en hábito de hermitaño;
ora ganar o perder.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Pensarán los que me vieren
que sospiro con pobreza;
la que mis ojos ver quieren
bien sentirá mi tristeza,
bien me sabrá conocer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Fin

¡O, qué bienaventurança
ternía mi coraçón
si cumpliesse mi esperança
viéndome en tal religión!
Haré todo mi poder.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

 

13

-Remediad, señora mía,
pues podéys.
-Señor, no me lo mandéys.

-El remedio de mi vida
de vos lo espero, señora.
-Pues tened, señor, perdida
esperança, por agora.
-¡O crüel remediadora,
no queréys!
-Señor, no me lo mandéys.

-Mal remedio tenéys luego
si vos de mí lo esperáys.
-Señora, por Dios os ruego
tal cosa no me digáys,
que si mi pena miráys,
sí haréys.
-Señor, no me lo mandéys.

-Siempre me siguen dolores
por seros aficionado.
-Pues ¿por qué tenéys amores
con quien soys tan desdichado?
-Y si soy de amor forçado
¿qué diréys?
-Señor, no me lo mandéys.

-No procuréys de servirme,
que no entiendo remediaros.
-Ni yo, señora, partirme
de buscar en qué agradaros,
que no podéys escusaros,
si quereys.
-Señor, no me lo mandéys.

-Aunque mi mal me condene,
vos soys la que me condena.
-No soy, pues queréys que pene
por librar a vos la pena.
-Pues que mi fe es tanto buena,
no dudéys.
-Señor, no me lo mandéys.

-Si gran fe tenéys comigo
mudad vuestra confiança.
-Señora, con tal castigo
nunca amor hizo mudança,
antes cumplid mi esperança,
pues podéys.
-Señor, no me lo mandéys.

Fin

-Dad, señora, ya algún medio
cómo mi vida no muera.
-Yo, señor, daré remedio
quando razón lo requiera.
-Señora, luego quisiera,
pues podéys.
-Señor, no me lo mandéys.

 

14

No quiero que me consienta
mi triste vida bivir
ni yo quiero consentir.

Pues que vos queréys matarme
yo, señora, soy contento,
que veros y dessearme
será doblado tormento,
pues vuestro merecimiento
no me consiente bivir
ni yo quiero consentir.

De mi dolor y tristura
ningún remedio se espera,
pues que mi suerte y ventura
del todo quiere que muera;
y la muerte verdadera
no me consiente bivir
ni yo quiero consentir.

Consiento mi triste suerte
porque sé que soys servida
que sufra por vos la muerte
por verme perder la vida;
y pues mi pena crecida
no me consiente bivir
ni yo quiero consentir.

Fin

Sufro la muerte doblada
en pensar que si yo muero,
de nadie seréys amada
con amor tan verdadero;
mas pues no queréys, no quiero
que me consintáys bivir
ni yo quiero consentir.

 

15

-Dezidme, pues sospirastes,
cavallero, que gozéys,
¿quién es la que más queréys?

-Lástima tan lastimera,
¿para qué la preguntáys,
pues que sabéys que me days
mayor mal porque más muera?
Quien yo quiero que me quiera
vos, señora, lo sabéys.
Y más no me preguntéys.

-En preguntaros, señor,
yo no creo aver errado,
que en veros apassionado
huve de vos gran dolor.
Si padecéys mal de amor,
assí della vos gozéys,
que vos no me lo neguéys.

-¡O, señora, y qué lindeza
la de quien me cativó,
sino que se me tornó
para mí toda en crueza!
Es tanta su gentileza
que vos mesma la amaréys
y a mí no me culparéys.

-No neguéys vuestra fatiga
a quien os busca consuelo.
Pues de vuestro mal me duelo
sepa quién es vuestra amiga,
que más parece enemiga
éssa por quien padecéys,
pues que vos no la vencéys.

-Obedecer y serviros
es lo que yo más desseo;
que lo sepáys bien lo creo,
mas mi mal quiero deziros:
los tormentos y sospiros
de la pena en que me veys,
remediar vos los podéys.

Fin

-¿Remediar a vuestra pena
si dezís penaros yo?
Pues el amor os prendió,
él quitará la cadena;
sabed que ya soy agena,
vos de mí más no curéys,
que mal remedio tenéys.

 

16

Pues no te duele mi muerte
siendo tú la causa della,
sepan todos mi querella.

Sepan que tengo razón
de quexarme, si me quexo,
pues de ti vencerme dexo
dándote mi coraçón;
y no tienes afición
pues me matas por tenella,
sepan todos mi querella.

¡O muger desgradecida,
más que nadie nunca fue!,
que no te vence mi fe
ni mi passión tan crecida,
pues la tienes conocida
y quieres desconocella,
sepan todos mi querella.

Siempre muestras que me quieres,
yo no sé lo que desseas,
mas no puede ser que seas
más cruel de lo que me eres;
y pues con la fe me hyeres
y no muestras obras della,
sepan todos mi querella.

Posiste, con tu querer,
en mi fe mucha esperança,
mas ora, con la mudança,
hásmela hecho perder;
y pues tú, con tu poder,
no quieres favorecella,
sepan todos mi querella.

Y tu querer ha causado
en el mío tal firmeza
que mi bien y mi riqueza
es en cumplir tu mandado;
y pues no tienes cuydado
y matas siendo tan bella,
sepan todos mi querella.

Fin

Mas esta merced te pido
por no te dar más enojos:
me mires con tales ojos
con quales mi fe te vido;
si crueza pone olvido,
piérdela, pues en perdella
perderé yo mi querella.

 

17

No quiero tener querer
ni quiero querido ser.

Pues amor tan mal me trata,
no quiero su galardón,
que con mil muertes me mata
por le tener afición,
y no me puedo valer
con el mucho padecer.

Mostróme tal esperança
quando por suyo me di,
quel daño de la tardança
con ella no lo sentí,
y por me echar a perder
ha tardado el gradecer.

Siempre me dio mil pesares
por un plazer con dolor
y en peligrosos lugares
siempre me negó el favor,
y nunca me pude ver
sino triste en su poder.

Fueron tantos mis servicios
que no se pueden contar,
sus pagas y beneficios
han sido de me matar,
y es cosa de no creer
quánto pierde mi perder.

Las mercedes que esperava,
triste, yo nunca las vi
el gozo que desseava
fue tristeza para mí;
ya la gloria y el plazer
no me saben conocer.

Fin

No fue menos su crüeza
que mis pérdidas y daños;
si fe grande mi firmeza,
muy mayores sus engaños;
pues no me quiere querer
ya no quiero suyo ser.

 

18

Pues amas, triste amador,
dime qué cosa es amor.

Es amor un mal que mata
a quien le más obedece;
mal que mucho más maltrata
al que menos mal merece;
favor que más favorece
al menos merecedor.

Es amor una afición
de desseo desseoso,
donde falta la razón
al tiempo más peligroso;
y es un deleyte engañoso
guarnecido de dolor.

Es amor un tal poder
que fuerça la voluntad;
adonde pone querer
quita luego libertad;
es más firme su amistad
quando finge desamor.

Es una fuente do mana
agua dulce y amargosa,
que a los unos es muy sana
y a los otros peligrosa,
unas vezes muy sabrosa
y otras vezes sin sabor.

Es una rosa en abrojos
que nace en qualquier sazón,
quando se vencen los ojos
consintiendo el coraçón;
cógese con gran passión,
con gran peligro y temor.

Fin

Es un xarope mezclado
de un plazer y mil tristuras,
desleýdo con cuydado
en dos mil desaventuras;
que si beverlo procuras
morirás, si no ay favor.

 

19

Más quiero morir por veros
que bivir sin conoceros.

Es tan firme mi esperança,
que jamás haze mudança,
teniendo tal confïança
de ganarme por quereros.

Mucho gana el ques perdido
por merecer tan crecido
y es vitoria ser vencido
sin jamás poder venceros.

Fin

Aunque sienta gran tormento,
gran tristeza y pensamiento,
yo seré dello contento,
por ser dichoso de veros.

 

20

Pues que mi triste penar
siempre crece y es más fuerte,
más me valdría la muerte.

Que la gloria que recibo
en ver vuestra hermosura,
me tiene siempre cativo
con dolores y tristura,
y me haze dessear,
viendo mi passión tan fuerte,
mil vezes, triste, la muerte.

Y con este tal desseo
bivo sin vida penando,
que jamás nunca posseo
el galardón que demando;
y querría ya trocar
esta desastrada suerte
por bivir vida sin muerte.

Fin

Es dulce penosa vida
viniendo de vuestra mano,
mas no siendo vos servida
el morir es lo más sano;
y en morir la vida gano,
siendo tan triste mi suerte.
¡Más me valdría la muerte!

 

21

No se puede llamar fe
la que en obras no lo fue.

Aunque mucho me queráys,
pues que no me remediáys,
vos soys la que me matáys
y de vos me quexaré.

Vos me mostrastes favor
por me meter en amor
y avéysme dado dolor,
dolor que tal nunca fue.

Robástesme mi querer,
mi libertad y poder,
mas no queréys gradecer
el mal que por vos passé.

Pues la fe y el bien amar
en obras se ha de mostrar,
no tardéys en remediar,
que vuestro soy y seré.

Fin

No neguéys el galardón
a mi triste coraçón,
que con toda mi passión
yo jamás os negaré.

 

22

¡Ay, amor, a quántos tienes
cativados
que no te son obligados!

Cativas el coraçón,
ques razón que no catives;
no te goviernas ni bives
por derecho ni razón;
tiene muchos tu afición
cativados
que no te son obligados.

Fin

Cativaste mi querer
do mi fe recibe engaño
y no miras quanto daño
se me puede recrecer.
¡Quántos tiene tu poder
cativados
que no te son obligados!

 

23

Ya cerradas son las puertas
de mi vida,
y la llave es ya perdida.

Las puertas son mis servicios,
la cerradura es olvido,
la llave que se ha perdido
es perder los beneficios.
Assí que fuera de quicios
va mi vida,
pues la llave es ya perdida.

Puse la vida en poder
de quien sirvo y de quien amo.
Agora, triste, aunque llamo,
no me quiere responder.
Cerróme con su querer
la salida,
y la llave es ya perdida.

Fin

He servido con tal fe
qual nadie nunca sirvió.
El galardón que me dio
fue peor que nunca fue.
Assí que triste no sé
de mi vida,
pues la llave es ya perdida.

 

24

Bivirá tanto mi vida
quanto vos seáys servida.

Tanto serviros desseo,
quel dessear me atormenta,
y no sé si soys contenta
de la vida que posseo;
que no quiero tener vida
sin que vos seáys servida.

Y si vos queréys que muera,
la vida no la codicio,
pues en hazeros servicio
es mi gloria verdadera;
que la muerte será vida
si con ella soys servida.

Fin

Y aunque mis servicios sean
pequeños para con vos,
mirad, señora, por Dios,
quánto serviros dessean;
que no tengo yo más vida
de quanto seáys servida.

 

25

Pues el fin de mi esperança
tanto tarda,
para mayor mal se guarda.

Es el fin del bien que espero
alcançar vuestro querer,
que sin vos querer no quiero
bien ni gloria ni plazer;
mas, pues vuestro gradecer
tanto tarda,
para mayor mal se guarda.

No se tarda mi serviros,
mas tárdase el galardón,
que me causa mil sospiros
que salen del coraçón;
y pues vuestra compassión
tanto tarda,
para mayor mal se guarda.

Fin

Guárdase mi buena suerte
para dar fin a mi gloria,
porque después de mi muerte
quede mi mal por memoria;
assí que si mi vitoria
más se tarda,
para mayor mal se guarda.

 

26

Paguen mis ojos, pues vieron
a quien más que a sí quisieron.

Vieron una tal beldad,
que de grado y voluntad
mi querer y libertad
cativaron y prendieron.

Cativaron mi querer
en poder de tal poder,
que les es forçado ser
más tristes que nunca fueron.

Fin

Más tristes serán, si biven,
que si moros los cativen,
porque de mirar se esquiven
a quien nunca conocieron.

 

27

Ventura quiere que quiera
trocar plazer por pesar,
por más penar mi penar.

Ya mi triste pensamiento
el plazer ha despedido
y en su lugar recebido
la tristura y el tormento.
Yo me siento muy contento,
muy contento con pesar,
por más penar mi penar.

Mostróme ventura gloria
porque su poder supiesse,
y antes que bien la sintiesse
huyóme de mí memoria.
No me queda otra vitoria
sino dolor y pesar,
por más penar mi penar.

Si no supiera mi vida
de gloria ni la gustara,
después no me lastimara
al tiempo quando perdida.
Para dar mayor herida,
mostróme su dessear,
por más penar mi penar.

Muy mejor, triste, me fuera
nunca de plazer saber,
para agora conocer
tristura tan lastimera.
Hasta que del todo muera
no me faltará pesar,
por mas penar mi penar.

Pues quiso mi mala suerte,
consienta mi coraçón
acabar una passión
con otra passión más fuerte.
Por mejor buscar la muerte
quiero más el más pesar,
por más penar mi penar.

Fin

El muy triste desdichado,
porque creça su fatiga,
con la más fatiga siga
tras la passión y el cuydado.
Y assí, triste, yo, penado,
no quiero sino pesar,
por más penar mi penar.

 

28

Ningún cobro ni remedio
puede mi vida cobrar
sino vuestro remediar.

Que si vos no remediáys,
doy la vida por perdida;
si remedio me negáys
yo no siento a quién lo pida:
pues por vos pierdo la vida,
por vos la puedo cobrar:
que no ay otro remediar.

Contentaros y serviros
es el fin de mi desseo;
mis cuydados y sospiros
por vos sola los posseo;
y ningún remedio veo
que pueda remedio dar
sino vuestro remediar.

Fin

Vos sola soys el remedio
de mi mal y perdimiento,
y sin vos no sé qué medio
ponga medio en mi tormento.
Assí que cobro no siento
para me poder cobrar
sino vuestro remediar.

 

29

¡No te tardes, que me muero,
carcelero!
¡No te tardes, que me muero!

Apressura tu venida,
porque no pierda la vida;
que la fe no está perdida,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

Bien sabes que la tardança
trae gran desconfïança;
ven y cumple mi esperança,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

Sácame desta cadena,
que recibo muy gran pena,
pues tu tardar me condena,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

La primer vez que me viste,
sin te vencer me venciste;
suéltame, pues me prendiste,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

La llave para soltarme,
ha de ser galardonarme
proponiendo no olvidarme,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

Fin

Y siempre, quanto bivieres,
haré lo que tú quisieres,
si merced hazerme quieres,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

 

30

Floreció tanto mi mal,
sin medida,
que hizo secar mi vida.

Floreció mi desventura
y secósse mi esperança;
floreció mi gran tristura
con mucha desconfïança;
hizo mi bien tal mudança,
sin medida,
que hizo secar mi vida.

Hase mi vida secado,
con sobra de pensamiento;
ha florecido el cuydado,
las passiones y el tormento;
fue tanto mi perdimiento,
sin medida,
que hizo secar mi vida.

Fin

Secósse todo mi bien,
con el mal que floreció;
no sé cúyo soy ni quién,
quel plazer me despidió;
tanto mi pena creció,
sin medida,
que hizo secar mi vida.

 

31

Vencedores son tus ojos,
mis amores,
tus ojos son vencedores.

Fue de tal contentamiento
mi querer de tu beldad,
que te di mi libertad
a troque de pensamiento;
y me hallo más contento
que todos los amadores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Rematada está la cuenta,
pues mi fe te da la paga;
que no ay cosa que no haga
por tener a ti contenta.
Yo no sé quién se arrepienta
de sufrir por ti dolores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Aunque pongas duda en ella,
tienes mi fe tan vencida,
que por ti perder la vida
en poco tengo perdella.
¿Quién te puede ver tan bella
que en mirar no le enamores?
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

No descuydes mi cuydado,
mira bien quánto te quiero,
que amador tan verdadero
no deve ser olvidado.
Mil passiones he passado
por alcançar tus favores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Con esfuerço y osadía
de poderme llamar tuyo,
no me temo ni rehuyo
cativarme, vida mía.
Tú, mi bien y mi alegría,
pones y quitas temores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Y mi libertad cativa,
pues la tienes, ten por cierto
que seré mil vezes muerto
y la fe quedará biva.
Olvida de serme esquiva,
porque mis bienes mejores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Si bien sientes mi desseo,
sentirás en tu memoria
que mirarte es tanta gloria
quanto mal, si no te veo.
Assí que por ti posseo
amarguras y dulçores.
Mil amores,
tus ojos son vencedores.

Conformes creo que estamos,
plega a Dios que siempre sea,
y lo que el uno dessea
ambos juntos lo queramos;
y muy buena fe tengamos,
y las obras muy mejores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Fin

Agora, por no enojarte,
no te digo más de aquesto
sino que de aquí protesto
de ser tuyo sin errarte,
y jamás nunca olvidarte
aunque muestres disfavores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Juan del Encina, poeta, Fermoselle (Zamora), 1468-1529

Más vale trocar

Autor: Juan del Encina, Cancionero de Palacio, Espana, siglos XV-XVI
Gabriel Aguilera: Voce, chitarra rinascimentale, quenas;
Lucas van Gent: viola da gamba

Ojos garzos ha la niña

 

Ojos garzos ha la niña:
¿quién gelos namoraría?

son tan bellos y tan vivos,
que a todos tienen cativos;
mas muéstralos tan esquivos
que roban el alegría.

Roban el placer y gloria,
los sentidos y memoria:
de todos llevan vitoria
con su gentil galanía.

Con su gentil gentileza
ponen fe con más firmeza,
hacen vivir en tristeza
al que alegre se solía

No hay ninguno, que los vea,
que su cativo no sea:
todo el mundo los desea
contemplar de noche y día.

Ya no quiero tener fe

 

Ya no quiero tener fe,
Señora, sino con vos,
pues que soys Madre de Dios.

Vos soys hija, vos soys madre
de Aquél mesmo que os crio.
Él es vuestro hijo y padre
y por madre a vos nos dio.
A todos nos redimió
en querer nacer de vos,
¡bendita Madre de Dios!

Soys Madre de Dios y mía,
soys el fin de mi esperança,
soys mi plazer y alegría,
soys mi bienaventurança.
Mi remedio no se alcança
por otra sino por vos,
¡Virgen y Madre de Dios!

¿Qué mudança me mudó?;
¿quál amor pudo vencerme
quando mi fe os olvidó
por en otro amor meterme?
Que estava para perderme
si no fuera ya por vos,
¡Madre y Esposa de Dios!

Mis verdaderos amores
ya con vos tenerlos quiero,
pues que soys de pecadores
el remedio verdadero.
Que si bien alguno espero
es por serviros a vos,
¡huéspeda y sierva de Dios!

Los que vuestro nombre llaman
son muy presto remediados;
los que con amor os aman
siempre biven consolados.
Nunca son desamparados
los que tienen fe con vos,
¡sagrado templo de Dios!

Fin

A vos quiero por señora,
en tanto quanto biviere;
sed vos mi procuradora
quando deste mundo fuere,
porque después que muriere
no me aparte yo de vos,
¡palacio y casa de Dios!

Disparates

 

Anoche de madrugada,
ya después de medio día,
vi venir en romería
una nube muy cargada;
y un broquel con una espada
en figura de ermitaño,
caballero en un escaño
con una ropa nesgada,
toda sana y muy resgada.
No después de mucho rato
vi venir un orinal
puesto por pontifical,
omo tres con un zapato;
y allí vi venir un gato
cargado de verdolagas,
y a parce mihi sin bragas,
caballero en un gran pato
por hacer más aparato. [. ..] Navegando vi venir
tres calabazas por tierra,
y una azuela y una sierra
tropezando por huir;
vino Beatus vir
en una burra bermeja,
cargado de ropa vieja
con su vara de medir,
bocezando por dormir.
En un puerco, a la jineta,
vi venir a san Zorito,
jugando con un garlito
al juego de la jaldeta;
y la ley de barjuleta
escrita en un cesto de agua,
con unos fuelles de fragua
atizando una trompeta
encima de su carreta.
Levatóse la sardina
muy soberbia con un palo
tras Solibranos a malo,
por medio de una cortina;
y en un monte de cecina
vi cazar una tinaja,
y unos órganos de paja
atestados de cocina
pescando sobre una encina.
Ojos garços ha la niña:
¡quién ge los namoraría!

Son tan bellos y tan bivos
que a todos tienen cativos,
mas muéstralos tan esquivos
que roban el alegría.

Roban el plazer y gloria,
los sentidos y memoria;
de todos llevan vitoria
con su gentil galanía.

Con su gentil gentileza
ponen fe con más firmeza;
hazen bivir en tristeza
al que alegre ser solía.

Fin

No hay ninguno que los vea
que su cativo no sea.
todo el mundo los dessea
contemplar de noche y día.

Juan del Encina, poeta, Fermoselle (Zamora), 1468-1529

Hoy comamos y bebamos

 

Hoy comamos y bebamos
y cantemos y holguemos,
que mañana ayunaremos.

Por honra de Santantruejo
parémonos hoy bien anchos,
embutamos estos panchos, [llenemos estas barrigas, panzas] recalquemos el pellejo. [llenemos] Que costumbre es de concejo [es costumbre pública] que todos hoy nos hartemos,
que mañana ayunaremos.

Honremos a tan buen santo
porque en hambre nos acorra; [socorra] comamos a calcaporra,[a más no poder] que mañana hay gran quebranto.
Comamos, bebamos tanto
hasta que nos reventemos,
que mañana ayunaremos.

Bebe Bras, más tú Beneito.
Beba Pedruelo y LLorente.
Bebe tú primeramente
quitarnos has de esse preito. [pleito] En beber bien me deleito:
daca, daca, beberemos, [dame acá] que mañana ayunaremos.

Tomemos hoy gasajado, [regocijo] que mañana vien la muerte; [viene] bebamos, comamos huerte, [fuerte] vámonos carra el ganado. [hacia] No perderemos bocado,
que comiendo nos iremos,
y mañana ayunaremos.

Del rosal vengo, mi madre

 

Del rosal vengo, mi madre,
vengo del rosale.

A riberas de aquel vado,
viera estar rosal granado;
vengo del rosale.

A riberas de aquel río,
viera estar rosal florido;
vengo del rosale.

Viera estar rosal florido.
cogí rosas con sospiro;
vengo del rosale, madre,
vengo del rosale.

Una sañosa porfía

 

Una sañosa porfía
sin ventura va pujando
Ya nunca tuve alegría
ya mi mal se va ordenando.

Ya fortuna disponía
quitar mi próspero mando
Qu’el bravo León d’España
mal me viene amenazando

Su espantosa artillería
Los adarves derribando
mis villas y mis castillos
mis ciudades va ganando.

La tierra y el mar gemían
que viene señoreando
sus pendones y estandartes
y banderas levantando.

La muy gran caballería
hela, viene relumbrando
sus huestes y peonaje
all aire viene turbando.

Correme la morería
los campos viene talando
mis compañas y caudillos
viene venciendo y matando.

Las mezquitas de Mahoma
en iglesias consagrando,
las moras lleva cativas
con alaridos llorando.

Al cielo dan apellido
Viva el gran Rey don Fernando
viva la muy gran leona
Alta Reina prosperando.

Una generosa Virgen
esfuerzo les viene dando
un famoso caballero
delante viene volando.

Con una cruz colorada
y una espada relumbrando
d’un rico manto vestido
toda la gente guiando.

Intérpretes: La Capella Reial de Catalunya – Hespérion XX – Jordi Savall

Juan del Encina, poeta, Fermoselle (Zamora), 1468-1529

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