La cizaña es una gramínea, muy parecida al trigo, tanto que también se le llama falso trigo. Pero la gran diferencia está en que suele ser parasitada por un hongo cuya tóxina se acumula en el grano, lo que hace que después de la cosecha, y a la hora de preparar la harina, ésta puede contaminarse si no se separan ambos granos: cosa muy complicada y laboriosa. A veces la cizaña surge espontáneamente, pero en la mayor parte de los casos su aparición es fruto del más sucio sabotaje.

La parábola de la cizaña es muy significativa y, supongo que el uso malvado de esta gramínea ha sido bastante habitual a lo largo de la historia. También supongo que la mentira y el engaño han sido prácticas habituales en los campos de la información, la comunicación, el marketing o la política, para manipular a los colectivos menos críticos o ingenuos, y la literatura popular está rebosante de refranes que nos advierten de su práctica.

Creo que fue Jon Juaristi quien dijo que sus mayores le habían mentido sobre los vascos. Ese es un sentimiento muy generalizado entre los que hemos nacido en Euskadi y hemos escuchado verdaderas historietas fantásticas sobre nuestros orígenes, cualidades, capacidades… Las letanías de Sabino Arana sobre los vascos dejan a las de la Virgen María como un simple piropillo de nada. Lo que ocurre es que aquellos nacionalistas románticos no mentían, porque realmente se sentían superiores a los demás, porque eran unos narcisistas que se creían que alguna divinidad había traído a los vascos de una galaxia lejana.

Por suerte la ciencia ha apagado esos fogonazos, y los sigue apagando día a día. Pero la máquina de adoctrinar estaba ya en marcha y, por suerte hoy no necesita ya de ese combustible mágico y místico que, a estas alturas, se niegan a mantener en su catálogo de ventas. Les basta con defender sus privilegios forales, como un derecho histórico, y el victimismo, que es otra gran máquina de manipular los sentimientos con las mentiras más descaradas.

Ahora están con el derecho a decidir, una simpleza infantil que no existe en ninguna democracia moderna. El nacionalismo es una fábrica de mentiras, que se mantiene a toda marcha para perpetuarse en el poder. Contrapone la legitimidad a la legalidad cuando le interesa y usa los conceptos de pueblo, nación, nacionalidad, estado a su antojo. Y en el caso de Cataluña y Euskadi, tras cuarenta años de manejar Educación y Cultura, han creado una masa social adoctrinada muy importante con la que engrasan sus puertas giratorias.

Las redes sociales son en el siglo XXI, una herramienta muy efectiva para sembrar cizaña. Los mensajes se multiplican en progresión geométrica a una velocidad digital. Aquél “pásalo”que se organizó contra el PP, la víspera de las Elecciones Generales del 2004, acusándolo de ser el culpable del atentado del 11M, hizo que el PSOE ascendiera al poder. El librito de Stephan Hessel,¡Indignaos!, vendió en España en 2011, más de millón y medio de ejemplares, en pocos meses, gracias a las RRSS. Aquella marea del 15M fue aprovechada por un grupo de jóvenes profesores de la Complutense de Madrid, con gran destreza en el manejo de esas nuevas artes, para organizar Podemos, que ha conseguido en muy poco tiempo hacerse con toda la fantasía revolucionaria del sector más joven e inquieto de la sociedad española, difundiendo un ideario utópico, populista y lleno de contradicciones, que el espíritu naturalmente rebelde e ingenuo de sus seguidores no tiene en cuenta. Lo importante es romper el modelo de sociedad para crear otra para los nuevos tiempos. De ahí surgen postulados sinsorgos como “yo no voté esta Constitución”, o “yo no voté al rey”. O apoyar regímenes populistas e inviables como Venezuela o Bolivia, o tontear peligrosamente con Rusia o Irán. La mentira y la manipulación lo inundan todo. No hay duda de que las redes sociales socializadas hasta la saciedad nos han puesto en manos de un poder incontrolable, con infinitas posibilidades de información instantánea, adoctrinamiento tóxico y manipulación efectiva. Lo mejor y lo peor de la comunicación nos llega mezclado como el trigo y la cizaña, sin que a veces seamos capaces de distinguir el uno de la otra.

Saltó la alarma durante las Elecciones Generales de EEUU, cuando se sospechó que Rusia había manipulado información y datos para perjudicar a Hillary Clinton. O que también había intervenido en las Elecciones Francesas. Ahora, con el lio de Cataluña ha ocurrido algo parecido, y se sospecha que son Rusia, nuevamente, y Venezuela los responsables de toda la contaminación informativa. Ellos lo niegan y quizás solo sean los espejos que reflejan lo que se les envía desde otro lugar. Es que, ya no sé si lo que está ocurriendo da risa o da pena. ¡O pánico!

Todos los días aparecen noticias, que ya no sabes si nos hemos vuelto todos idiotas, o estamos en ese camino. Sale la una diciendo que le han roto los dedos da las manos, uno a uno. Y el mensaje corre por todas las pantallas digitales… ¡y todo el mundo se lo cree! Aunque la víctima de la tortura vaya gesticulando con los dedos con el garbo con que Lucero Tena tocaría las castañuelas en La Boda de Luis Alonso. Se habla de manifestaciones pacíficas, mientras ves como algunos estelados saltan sobre los Patrol de la Guardia Civil, como si fueran mandriles. Salta la Marta Rovira con que Rajoy amenazó a Puigdemont con sembrar la calle de muertos, o algo parecido. Pero eso… ¿no es delito de injurias o calumnias? O es que ya no existe ese delito. O que la Fiscalía de Bruselas pida informes a la juez de la Audiencia Nacional sobre las condiciones de las cárceles españolas, ante las insinuaciones de Puigdemont supongo. Deberían meterle, a éste, en una cárcel belga, para que se entere de la diferencia, entre una cárcel-pensión y una cárcel de cinco estrellas. La verdad es que da asco navegar en internet, entre tanta mierda. O, entre tanto mierda, porque las redes sociales se han convertido en un estercolero de gente e ideas. Es una multicopista de etiquetas estúpidas, tatuadas en las sienes de la gente que no se borran ni con laser. Los argumentos no sirven para nada. Ves un debate entre representantes de diferentes partidos y aquello no es debate ni es nada, es un monólogo de besugos de piscifactoría, lleno de acusaciones, amenazas y proclamas. Ni un solo argumento serio… ¿Para qué? Si no se trata de convencer a nadie. Es cuestión de ganar por KO. Me recuerda a esos muñecos chinos que mueven el brazo sin parar.

Cuando recuerdo que siendo crío, una señora me contaba que cuando el Papa daba la bendición universal “Urbi et Orbe”, la daba en euskera “Ongi Etorri” (Bienvenidos), me da la risa, y me alegro de que por aquellos años no hubiera facebook ni twitter, ni nada de eso. O cuando veo que hay quien le quita lo blanco a un buen jamón, porque le han contado que la grasa es mala… pues me da mucha rabia. O pensar en aquella familia de Normandía que preguntaba en Donosti dónde estaban los bandoleros de Sierra Morena… Pues eso son bulos inofensivos o manipulaciones ecológicas, vegetarianas, veganas o de cualquier otra escuela alimenticia. Pero si en un debate televisivo alguien dice que España está a la cola mundial en valores y prácticas democráticas, y cita no sé qué listados de indiscutible prestigio, pues creo que es sospechoso de pretender desprestigiar e incitar al odio hacia nuestro país. Y yo creo que eso es delito y debería estar castigado. Aunque hoy la libertad de expresión tiene el tamaño de la Liberty que regaló Francia a EEUU.

Estoy harto de oír que el PP es el partido más corrupto del mundo, cuando aquí se ha practicado el tonto el último; o que la Iglesia es un nido de pederastas, o que en España sigue gobernando Franco… Ya hemos aguantado bastante en el País Vasco, con el relato de la Guerra Civil, con las historietas de ETA, sus presos y sus políticos delegados… Y me temo que la historia que se está tratando de escribir, sobre estos cincuenta años de terror, va por esos derroteros si no hacemos algo por evitarlo. Es una pena, pero los malos siempre salen ganando, porque este mundo está lleno de hormiguitas que siguen, entre aterrorizadas, sumisas o cómodamente asentadas, haciéndole la ola al más bruto.

 

Fuente | Josemari Alemán Amundarain | El arterisco (26/11/2017)