PREGUNTA.– En una semana, la política en España ha dado la vuelta como un calcetín. ¿Un historiador se sorprende de estos cambios vertiginosos o le resultan familiares?

RESPUESTA.- Son absolutamente frecuentes en todos las etapas de la historia; frecuentes, inesperados o imprevisibles, y casi siempre bastante efímeros. Siempre ha sucedido así, no tenemos por qué sorprendernos. Para conocer el resultado final de esos cambios sí que hace falta más perspectiva y analizar las actuaciones concretas que se realicen.

R.- En movimientos tan complejos, supongo que hay de todo, pero lo que de verdad debe interesarnos es que se ha hecho dentro del marco constitucional. Más allá, no voy a valorar nada; hablo solo como historiadora…

P.- Tras la convulsión política que ha traído consigo la moción de censura, Pedro Sánchez se ha convertido en el séptimo presidente de la democracia española. Unos días antes, tomó posesión el presidente de la Generalitat y todos los medios de comunicación dijeron que es el número 131 de Cataluña. El primero fue un obispo del siglo XIV… ¿Eso tiene alguna consistencia histórica?

R.- Ninguna, ninguna… No hay una continuidad ni de pueblos étnicos, ni culturales, ni de ningún tipo. No es más que una fantasía propia de los regímenes autoritarios, y los separatistas catalanes tienen una tendencia totalitaria muy clara. Son elementos comunes muy conocidos: un chivo expiatorio, que en este caso es España, el ‘España nos roba’, un sistema de recompensas y marginaciones, y una fantasía histórica. Decir que la Generalitat existe desde hace siglos es una fantasía, al igual que la manipulación de la Guerra de Sucesión como una guerra contra Cataluña, porque fue una guerra internacional. Lo que sí ocurrió es que la oligarquía catalana de entonces le juró fidelidad a Felipe V, que se lo dio todo, y permanecieron a su lado hasta que la escuadra anglo-holandesa se situó frente a Barcelona y se pasaron al infante Don Carlos, pensando que iba a ganar. La historia fue otra, en definitiva. Como cuando dicen que todos eran antifranquistas, que es como de broma… Hannah Arendt decía que “cuando los hechos son sustituidos por la opiniones hay que salir corriendo” y eso es lo que está ocurriendo en Cataluña.

“Hannah Arendt decía que ‘cuando los hechos son sustituidos por la opiniones hay que salir corriendo’ y eso es lo que está ocurriendo en Cataluña”

P.- ¿Qué explicación le da la historia a este tipo de fenómenos en el que, como sucede en Cataluña, en todos los sectores y clases sociales se comienza a asumir como cierta esa fantasía? Es una especie de alucinación colectiva…

R.- El fanatismo es una constante en la historia y tiene siempre sus raíces en necesidades básicas del ser humano como la creencia en algo, la pertenencia al grupo o el reconocimiento. Uno de los logros fundamentales de la civilización occidental es la prevalencia del individuo; en estos movimientos fanáticos se trata de lo contrario, el grupo, la tribu, prevalece sobre el individuo. Existen avances científicos en la actualidad sobre el cerebro humano que explican todo esto, la necesidad de creencia en fábulas, el deseo de pertenencia al grupo y aquello de Goebbels de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. El grupo le aporta seguridad al ser humano, existe una tendencia a ir en la manada, y en esas situaciones lo complejo, lo difícil, es la individualidad.

R.- El separatismo beneficia siempre a las clases poderosas. Si hiciéramos un estudio de las familias que mandaban en Cataluña, no en el siglo XIV, pero sí desde el siglo XVIII hasta la actualidad, veríamos cómo se reproduce una oligarquía catalana que nunca pierde. Ahora, esas grandes familias abanderan el independentismo y, para mantener esa posición de privilegio, de poder, les hace creer a los demás que la independencia les va a traer el paraíso perdido. La inmersión lingüística, por ejemplo: lo que se crea es una mano de obra barata. Cuando se le hace una inmersión lingüística a un inmigrante que llega hablando español, hasta hacerlo desaparecer como lengua con la que se pueda mover por el mundo, lo que se está es limitando enormemente sus opciones de futuro. Mano de obra barata. Igual que a esos inmigrantes, a generaciones enteras de catalanes porque el catalán es una lengua espléndida, pero el español lo hablan 500 millones de personas en todo el mundo. Los oligarcas y los intelectuales orgánicos que se están beneficiando del independentismo mandan a sus hijos a estudiar al extranjero, pero para los demás lo que han hecho es cargarse la escuela pública.

P.- La historia, dice usted, nos explica cómo una sociedad puede caer en esos fenómenos de fanatismo, pero ¿cómo se sale?

R.- ¡Buff! Eso sí que es complicado… Las salidas de esos fenómenos en la historia suelen ser trágicas, traumáticas. Tendremos que ver cuál es la evolución del conflicto. Hasta ahora, la estrategia del independentismo es una constante provocación, como se ha visto con el nombramiento del señor este [Quim Torra], que se ha aprovechado de la pusilanimidad del Gobierno de España. Y matizo esto, no me refiero al Estado porque la Jefatura del Estado sí que respondió en su momento como correspondía. Pero ha habido pusilanimidad, todo esto se debió cortar en septiembre y no hubiera llegado a donde ha llegado. Ni Francia, ni Inglaterra ni Alemania hubiera consentido una cosa así. Porque técnica de golpe de Estado, es decir, desde dentro de las instituciones se intenta reventar el sistema. Eso está en todos los libros de Ciencia Política: hay que cortar desde el primer momento.

P.- Hablaba antes de la deslealtad de la oligarquía catalana con Felipe V. También en la Segunda República se quejó de lo mismo Azaña o Indalecio Prieto. ¿Se equivocaron los protagonistas de la Transición al volver a confiar en la palabra de los nacionalistas catalanes?

R.- La deslealtad viene de antiguo y, precisamente por eso, vascos y catalanes han sido beneficiados por los gobiernos españoles en distintas épocas, es decir, financiados por todos los españoles. Protección de sus industrias, desarrollo de sus infraestructuras… Pero bueno, eso ha funcionado durante un tiempo hasta que se han creído que es ese mayor desarrollo se da porque ellos son superiores. Fíjese que el separatismo no surge en Cataluña hasta la pérdida de las colonias, de Cuba en 1898. Por la importancia de ese momento histórico, el 98 está siendo revisado constantemente y los historiadores económicos han comprobado que para España fue un alivio muy grande: se acabó la sangría de jóvenes soldados y, además, se repatriaron grandes fortunas con las que se crean los grandes bancos españoles, como el Bilbao o el Santander. Sin embargo, a quien le viene muy mal es a Cataluña porque pierde el mercado textil y, anteriormente, el esclavista. En historia a veces es difícil establecer una relación causa efecto, pero naturalmente que el separatismo tiene que ver con la conmoción económica que provoca la pérdida de las colonias. En fin, me preguntaba por la Transición… Yo creo que los errores más graves se producen después, cuando no se cierra el estado autonómico. ¿Qué es eso de los derechos históricos? Son absolutamente anacrónicos y antidemocráticos y, sin embargo, aquí seguimos pagando un cupo vasco, como un chantaje. Todos los gobiernos han pasado por ahí, sin solucionarlo, porque han sido todos cortoplacistas con el objetivo puesto a mantenerse en el poder.

P.- Alguna vez le he oído decir que en España faltaba cultura política. ¿Se refiere a eso, a la paradoja de que a la clase política española le falte cultura política?

R.- Por supuesto. Siempre hay excepciones, pero la clase política española siempre ha tenido poco sentido de Estado. Si se hubiera reformado, por ejemplo, la ley electoral, que era facilísimo, nos habría ahorrado muchos problemas. Sin embargo, siempre se ha optado por pactar con gente, como Arzalluz, que decía cosas como que “unos mueven el árbol y otros recogen las nueces” [en referencia a ETA]. Es que se piensa en eso y… terrible. En fin, que los vicios que se han detectado en el sistema político español se tendrían que haber corregido pero nunca se han molestado en corregirlos.

P.- Todavía recuerdo su cara de perplejidad cuando compareció en el Congreso recientemente y dijo usted que era absurdo que en Cataluña se enseñe en inglés la historia de España.

R.- Sí, sí. Antes de eso, lo que dije es que siempre recuerdo con verdadero estupor el día que me enteré que las ambulancias no podían pasar de una autonomía a otra: tienen que cambiar de ambulancia o establecer algunos protocolos. Eso es el regreso a lo peor del Antiguo Régimen, aduanas interiores. Pero lo de Cataluña, también. En la Academia recibimos cartas de profesores catalanes, muchas, que las vamos acumulando y que demuestran que estamos en la locura total. Gente que nos escribe para decirnos que enseña Historia de España o Historia de la Lengua española en inglés. ¿A dónde hemos llegado? He de decirle, de todas formas, que a mí lo de la Educación pública me ha escandalizado desde el primer momento, desde los primeros gobiernos del PSOE que, además, eran de gente muy cercana. Pero era eso, el corto plazo siempre. Nunca se ha querido llegar a un acuerdo sobre algunos temas fundamentales en la educación en España.

P.- Pues me parece a mí que el modelo autonómico es intocable, ni siquiera sujeto a revisión.

R.- Claro, porque es muy beneficioso para quienes se benefician de él; las clases políticas que han encontrado unos nichos ahí para estar unos años y salir luego con pensiones mayores que las del resto de los ciudadanos. Ha habido un serio deterioro de los fundamentos de la clase política.

P.- ¿La corrupción es una constante en la historia de España o no nos diferenciamos en eso del resto de países?

R.- La corrupción es una constante en la condición humana… El poder tiende a corromperse porque pierde el sentido de la realidad. Se cree omnipotente, el cuerpo segrega unas sustancias químicas cuando se ostenta el poder que daña el cerebro y les hace pensar que son inmunes a cualquier cosa. Es decir, que no es sólo porque tengan la tentación de meter la mano en la caja, que también; lo fundamental de la corrupción es que se pierde el sentido de la realidad. Lo positivo de momentos como el que estamos viviendo es que de la corrupción sale una gran luz, no sólo en España sino en los países en los que ocurre algo parecido. La diferencia de España está en que aquí se dimite poco…

P.- ¿Superará España, alguna vez, el sentido trágico y pesimista de su propia existencia? Ya que nos llevamos tan mal con nuestra historia, por lo menos podríamos encontrar un ‘punto cero’ reciente como la Transición, que ha citado usted alguna vez.

R.- Cuando uno hace historia comparada, se da cuenta de que eso no es así. Fíjese si en la Generación del 98 hubieran conocido los aspectos beneficiosos de aquel momento, como le contaba antes. Pero se ha asumido ese pesimismo, como se ha asumido la falsa leyenda negra, la ‘Imperiofobia’ de Elvira Roca. En otros países, cuando miran su historia, cualquier cosa la aprovechan para unir y nosotros la utilizamos para todo lo contrario. Yo reivindico la Transición porque es un motivo de orgullo. Cuando se murió Franco, seguro que en el extranjero hubo quien se frotó las manos: “¡Otra guerra civil en España!’ Y, sin embargo, hicimos algo ejemplar. La Transición fue una obra maestra, lo cual no quiere decir que sea perfecta.

En un sistema en el que la norma es cortar todo lo que sobresalga, pues gente como yo, que me gustaba estudiar, no hubiera podido salir adelante

P.- A veces he pensado que la clave de la Transición fue el miedo; eso fue lo que hizo posible el consenso: el miedo a la involución.

R.- Exacto. Por eso yo siempre he negado que la Transición fuera posible porque se olvidó lo ocurrido. Es justo lo contrario, justo porque había memoria de lo ocurrido, lo que todo el mundo quería es que ese pasado no se volviera a repetir. El miedo a la involución es el que nos hizo arriesgar para que se pudiera avanzar y no volver atrás.

P.- Usted fue la primera mujer académica de la Historia, la primera mujer que dirigió la Real Academia de la Historia, la primera mujer del Centro de Estudios Constitucionales, la primera mujer del Consejo de Estado… Mire, al final, lo que me aterra de todo es haberle oído decir: “Personas como yo, que procedo de una familia de perdedores, de becas y de trabajo, en una enseñanza pública como la que hay ahora no hubiera podido salir adelante”.

R.- Pues así lo creo, en esta escuela pública no podría haber salido adelante. Es esta corriente pedagógica que tanto daño ha hecho. Yo he llegado a escuchar, a alguien que además estimaba, que era posible que enseñara matemáticas un profesor que no supiera matemáticas. Es una cosa absolutamente de locos. Y, por supuesto, nada de competitividad entre los alumnos… Cuando yo estudié, había competitividad y, al mismo tiempo, éramos muy solidarios. Recuerdo un catedrático muy duro y muy bueno, maravilloso, que nos ponía en fila y perdíamos puestos si te equivocabas. En un sistema en el que la norma es cortar todo lo que sobresalga, pues gente como yo, que me gustaba estudiar, que sacaba buenas notas, no hubiera podido salir adelante. Y en la Universidad, lo mismo.

 

 

Fuente | Carmen Iglesias | El confidencial (09/06/2018)

La corrupción es una constante en la condición humana, Carmen Iglesias

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