“En el espíritu puedan hallarse juntas como en un saco, tan diversas cosas y tan heterogéneas, cada una contingente para la otra, tanto más cuanto que éstas no se muestran como cosas muertas en reposo, sino como movimientos inquietos”. G. W. F. Hegel

 

La conciencia que observa (la razón que observa), sólo opina en cuanto las cosas. Dice Hegel que, si llegase a opinar de aquello que opina sobre las cosas que observa, éstas opiniones quedarían “limitadas a describir y relatar opiniones y ocurrencias de la naturaleza” [1]. Para Hegel opinar por opinar (en libertad) es una libertad sin espíritu que tendría que “pedir” leyes, huellas de necesidad, alusiones al orden y la seriación, referencias ingeniosas y de cierta apariencia, que terminan siendo “una gran influencia” [2]. La razón observa, esto es, inmoviliza y mantiene congelado el contenido que presume tener bajo su control. Cree que aquella imagen que observa, que ha aislado, es representación de lo universal, fallando en comprender ambos: la vida y el pensamiento. La descripción y clasificación realizada en las secciones anteriores corresponde a cierta lógica que es adecuada para la existencia elemental. Pero, como apunta Hyppolite, “la lógica de la esencia y aquella de conceptos trasciende la observación” [3]. Es más deseable la concepción que la descripción, el proceso que el producto. Sin embargo, observar el movimiento de la inteligencia es imposible, de ahí que la razón que observa necesite leyes, que, aunque lo que buscan es describir el movimiento, sólo hace eso, “describir”, pues no son el movimiento.

Las leyes del pensar
A partir de la singularidad desarrollada, darse cuenta del concepto de lo individual es sólo dentro de la autoconciencia. Cuando la conciencia se vuelve a sí misma es que observa las leyes del pensar, de pensar en sí mismo, que son, para Hegel, como ya se mencionó, conceptos abstractos (movimiento abstracto), sólo lógicos y que están “fuera de la realidad” [4], no verdaderas (la formal por lo menos, apunta Hegel), aunque verdades formales sin una referencia real no son más que cosas irreales (e.g. Drácula). Las leyes del pensar son del pensar puro, entiendo que sólo tienen eso, pensar. ¿Qué piensan? El ser inmediato; son conceptos absolutos. Pero son sólo eso, conceptos sin ser sensible. Entendemos entonces que, efectivamente, podemos hacer toda una novela sobre Drácula (contenido) sin tener el ser sensible (al Sr. Drácula y sus colmillos) en frente de mí. Dice Hegel que “tendrían que ser tomadas [las leyes] como saber, o como movimiento pensante, mas no como leyes del pensar” [5].

La multiplicidad de las leyes contradice la unidad de la autoconciencia
Al observar obtenemos contenidos, que solamente son. Como son ya, son estáticos, “un ser tranquilo de referencia” [6]. Referencias que en su conjunto hacen que el contenido observado sea particular y necesario (siempre), determinado, que “deben de tener verdad” y se les dice formas. Y dice Hegel que “[e]sta verdad absoluta de determinidades fijas o de muchas leyes diversas contradice, empero, la unidad de la autoconciencia, o del pensar y de la forma en general” [7]. La contradicción surge de querer fijar el movimiento… imposible. Si se desea fijar por medio de una ley, entonces la tendencia será el movimiento y el dejar de responder a esa ley para dar paso a otra ley. Ambas leyes, la multiplicidad de leyes, sólo conviven una a la vez, pues dependen de la reflexión dentro de sí de la conciencia, es decir, no puedo responder a dos leyes a la vez en mi consciencia sólo a una. Cuando una ley se instaura (fuera del movimiento), tiene un contenido determinado que “deben supuestamente valer como algo absoluto” [8]. Este juego en movimiento de momentos que desvanecen por la actualización del pensamiento son eso, movimiento pensante más no leyes del pensar.

La Psicología también es un conjunto de leyes que “explican” como un espíritu se comporta frente a aquello que no es ella (la autoconciencia) sino lo que le aparece “realmente”, en realidad efectiva (es decir, la realidad en la que el espíritu es un objeto más), un “ser-otro encontrado”, como le llama Hegel. Por una parte, admite el conjunto de leyes “dentro” de sí, “adecuando las costumbres, usos y mentalidades que se encuentra” [9] sin mayor involucramiento de ella y, por otra parte, participa de ellas (de las leyes), obteniendo “sólo lo particular”, como el espíritu interpreta las leyes, haciendo que el objeto que se observa termine adecuándose a la razón que observa habiendo incorporado las leyes en sí. La particularidad de lo observado se elimina por un comportamiento negativo de la razón que observa, volviéndolo universal. Es decir, si comprendemos lo que pretende Hegel, se comete un “crimen, una infracción” pues se cancela la manera singular de lo observado (único, irrepetible) o se le observa desde el paradigma universal (esto, en su singularidad, es uno más de aquellos).

Sin embargo, parece que Hegel apuesta por que “el recuerdo” hará no caer en la trampa de que las percepciones de los modos universales de esa conciencia que observa sean toda realidad efectiva, pues él, el recuerdo, dice Hegel que “no dejándose reprimir en la unidad de la autoconciencia”, continua, avanza, evitando la represión de las leyes psicológicas, asombrándose de ver que en un mismo punto puedan convivir “tan diversas cosas y tan heterogéneas”, donde cada una no le es necesaria (o siempre en presencia) de la otra, sino más bien en contingencia, azarosamente, accidentalmente. Y que de lo anterior, de lo contingente de la situación es que podemos dar cuenta que se trata de algo vivo, no predecible, estimable probabilísticamente al cien por ciento de certeza, pues no se deja fijar.

Es importante señalar que Hegel entiende por Psicología lo que hoy en día llamamos teoría del conocimiento.

La Psicología
Como explicábamos en la pregunta dos, Hegel critica una lógica que considera leyes del pensar separadas de la unidad del pensamiento. De manera similar, Hegel critica la psicología (el estudio de actuar autoconcientemente) en contraste a su propuesta de ser el precursor de una nueva filosofía del espíritu en la que el desarrollo dialéctico de las facultades del espíritu sean consideradas, en vez de ser tratadas por separado, y comenta “en el espíritu puedan hallarse juntas como en un saco, tan diversas cosas y tan heterogéneas, cada una contingente para la otra, tanto más cuanto que éstas no se muestran como cosas muertas en reposo, sino como movimientos inquietos” [10].

¿Por qué la Psicología no logra su propósito?
Hegel parece sugerir su deseo de reemplazar una lógica formal inorgánica con su lógica ontológica y reemplazar un psicología que permanecía empírica por una filosofía del espíritu (subjetiva, objetiva y absoluta). Más adelante, Hegel explica como cuando se enumeran las diferentes facultades de un objeto, en ese momento la observación está en un modo universal, teniendo como contraposición la “individualidad efectivamente real”, que sería la unidad de las múltiples capacidades. Entonces, por ejemplo, observamos a una mujer, con todas aquellas actitudes, facultades, características que podemos observar, una representación de la universalidad del concepto de mujer. Seguido nos damos cuenta de que esta mujer que observo, que está en frente de mi conciencia, es una mujer en particular, de lo universal transito a la unidad. Sin embargo, Hegel cree que la Psicología tiene poco interés en la unidad, en la particularidad de los objetos (en nuestro caso de ésta mujer) pues “es bastante menos interesante que enumerar uno mismo las especies de insectos, musgos, etc.” [11]. Y sí, basta con recordar la Psicología de inicios del siglo XX (y uno que otro adentrado en el s. XXI) para darnos cuenta que la Ciencia Psicológica no busca comprender la particularidad del hombre sino describir y predecir el comportamiento de las masas o, en su defecto, lo que hará este individuo en base a la estimación probabilística de miles de observaciones anteriores que, con petulante seguridad, prometen un porcentaje de eficiencia sobre sus estimaciones en el comportamiento de María, José, Gabriel o quien quiera que tengan en frente… eso no interesa, requiere datos duros, hechos.

Para Hegel, las leyes Psicológicas permiten “tomar” una individualidad consciente de sí, carente de espíritu, encontrando concordancia con la ley, con aquello que se quería observar previamente, de manera que “parece tener ahora un fin racional, y afanarse en un negocio necesario”. [12]

 

Bibliografía:

G. W. F. Hegel, Fenomenología del espíritu, Tr. Antonio Gómez Ramos. Madrid: Abada, 1ª edición, 2010.
Jean Hyppolite, Genesis and structure of Hegel’s Phenomenology. Illinois: Northwestern University Press, 5a impresión, 2000.
Notas al pie de página:
[1] G. W. F. Hegel, p. 375, [2] ibidem, [3] Jean Hyppolite, Genesis and structure of Hegel’s Phenomenology. Illinois: Northwestern University Press, 5a impresión, 2000, p. 259, [4] G. W. F. Hegel, p. 377, [5] G. W. F. Hegel, p. 379, [6] ibidem, [7] ibidem, [8] ibidem, [9] idem, p. 381, [10] G. W. F. Hegel, p. 381, [11] ibidem, [12] G. W. F. Hegel, p. 383

 

Fuente | Gilberto Santaolalla

La crítica de Hegel a la Psicología, Gilberto Santaolalla

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