En la introducción del titulado Panfleto Antipedagógico que usted publicó en el año 2006 decía expresamente que aquella publicación no tenía copyright y que como autor hacía un agradecimiento expreso a todo aquel que quisiera difundirlo porque se trataba de “un aviso perentorio, un grito de socorro, una llamada de atención sobre un problema que urge resolver, porque pronto será demasiado tarde”. ¿Doce años después cómo valora lo que ha pasado en la educación española desde entonces?  Han pasado doce años y las cosas van a peor. Los mentores de la reforma siguen empeñados en negar sus nefastos resultados, y como mucho reconocen que “no se invirtió lo suficiente”. Pero no es así, la reforma de la LOGSE fue un disparate, e invertir más para financiar un disparate no es la solución. En algo sí se ha mejorado: cada vez son más y más autorizadas las voces que denuncian la desastrosa situación de la enseñanza en España. Y si hace años me llamaban fascista y reaccionario, ahora me lo llaman un poco menos y con la boca más pequeña.

¿Desde su experiencia como profesor cuál sería la primera medida para mejorar el sistema educativo que usted llevaría adelante si tuviese en su mano su puesta en marcha?  Mantendría la educación obligatoria hasta los dieciséis años, pero la común la reduciría a seis años, entre los seis y los doce. A partir de allí se podría elegir entre una formación profesional y un bachillerato de seis años, sólido y riguroso para quienes deseen seguir cursos superiores. Y tanto al final de la etapa común, a los doce años, como al final del bachillerato, a los dieciocho, habría que hacer una reválida.

Hoy día se desprecia la memoria y los conocimientos, con lo cual se bloquea la inteligencia porque se le hurta la materia prima. Y también se olvidan los modales, indispensables para poder dar una clase en condiciones

Fernando Savater ha dicho que usted no ha hablado sobre la enseñanza en España desde la abstracción y la mera teoría, sino desde el sentido común y la práctica docente cotidiana, y que todos sus planteamientos pueden ser discutidos, pero ninguno puede ser pasado por alto, lo cual no es poco viniendo de quien ha escrito El valor de educar. Savater empezaba su libro con una cita de Montaigne “El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender”. ¿En España hoy en día qué estamos haciendo con nuestros niños y jóvenes en las escuelas e institutos? De acuerdo con Savater, pero el fuego no puede arder espontáneamente, sin combustible, y el fuego no genera su propio combustible. ¿Y cuál es el combustible que enciende el fuego de la inteligencia?: El conocimiento. El niño no es una botella, cierto, pero posee un cerebro en el cual han de entrar los contenidos del conocimiento, porque sin ellos no se puede pensar. La erudición y el saber son la sustancia sobre la que ha de actuar la inteligencia, porque la inteligencia no puede reflexionar sobre la nada, y solo puede reflexionar sobre aquello que se sabe. Hoy día se desprecia la memoria y los conocimientos, con lo cual se bloquea la inteligencia porque se le hurta la materia prima. Y también se olvidan los modales, indispensables para poder dar una clase en condiciones.

Por bueno que sea un sistema de enseñanza, más de la mitad del esfuerzo le corresponde al estudiante, y sin ese esfuerzo nada pueden hacer los mejores profesores

En fechas recientes usted dio una conferencia en Barcelona dirigida a docentes en activo con un título nada pacífico: “En contra de una escuela inclusiva”. ¿Cuál es exactamente la idea que quería transmitir en esta conferencia?  La idea que defiendo consiste en que no puede haber una escuela inclusiva por la misma razón que es imposible una sanidad completamente inclusiva. La sanidad excluye necesariamente a quienes no hacen caso a los médicos. Esto no es criticable, quien no quiere dejarse operar y opta por seguir fumando y bebiendo y haciendo lo que desaconsejan los médicos aunque eso suponga vivir menos está en su derecho, y hasta cierto punto puede ser una persona admirable, pero su temprana muerte no puede ser achacada a que la sanidad no es lo suficientemente inclusiva. Del mismo modo, la escuela ha de estar al alcance de todos, pero nada podrá hacer por un alumno que no atiende en clase, no estudia ni hace las tareas escolares. Por bueno que sea un sistema de enseñanza, más de la mitad del esfuerzo le corresponde al estudiante, y sin ese esfuerzo nada pueden hacer los mejores profesores.

Si la escuela no puede ser plenamente inclusiva para alcanzar el cumplimiento de sus objetivos, ¿cuál es la fórmula que usted defiende para que, como sociedad democrática, cumplamos en lo referente a que todos los alumnos tengan el mismo derecho a la educación? En realidad no se puede hablar de que todos tengan el mismo derecho a la educación, sino del mismo derecho al acceso a la educación. Después los muchachos trabajadores y dispuestos a poner de su parte podrán disfrutar de ese derecho y los que no quieran esforzarse, pues es una pena, pero ni la mejor escuela les sirve de nada. Es verdad que chicos igualmente trabajadores pueden tener capacidades distintas y diferentes aficiones, por eso creo que se debe dar a elegir a los doce años.

Y en el caso de los alumnos con mayores dificultades, por ejemplo aquellos que tienen minusvalías diagnosticadas, ¿qué es lo que debe hacerse desde el sistema educativo para que se materialice del mejor modo posible el derecho a la igualdad de oportunidades? Quienes tienen una patología diagnosticada, como los ciegos o los que padecen síndrome de Down han de tener una educación aparte. Esto de mezclarlos con los demás alumnos puede parecer muy progresista e integrador, pero impide que vayan todo lo lejos que puedan ir a pesar de su patología, porque la metodología a seguir y los contenidos a aprender han de ser escogidos pensando en su minusvalía. Y por otra parte, hay que aceptar que las patologías disminuyen las posibilidades. Nadie se dejaría operar por un cirujano ciego, ni se subiría a un autobús conducido por un ciego. Pero nos pasa a todos, yo tampoco puedo ser cirujano porque me marea la sangre, ni cantante de ópera porque carezco de oído, ni premio Nobel de matemáticas porque soy un poco tonto. La naturaleza ya me vedó bastantes oportunidades, pero en lugar de sentirme víctima de una injusticia he procurado reconocer mis limitaciones y ser feliz dentro de ellas.

Una escuela que pretende ser tan completamente inclusiva que mantiene encerrados a chicos que no quieren estar en ella al final excluye a los de las clases más desfavorecidas que sí quieren aprender

En esa misma ocasión usted afirmaba que nuestro sistema educativo cercena la libertad de los alumnos y que las primeras víctimas son los alumnos de las familias más desfavorecidas. ¿En concreto, a qué libertades de los alumnos se refería y por qué ese impacto es más negativo en los económicamente más débiles?  Me refiero a la libertad de quienes quieren aprender de verdad, que lo tienen difícil porque quienes no quieren (y que a lo mejor estarían más felices aprendiendo un oficio) se dedican a boicotear las clases. Y si quienes no tienen ambiente de estudio en casa tampoco la tienen en la escuela porque el profesor tiene que gastar la mayor parte de las energías en mantener a raya a los más gamberros, está perdido para siempre. Por eso digo que una escuela que pretende ser tan completamente inclusiva que mantiene encerrados a chicos que no quieren estar en ella al final excluye a los de las clases más desfavorecidas que sí quieren aprender.

También citó al expresidente norteamericano Barack Obama en una alocución de éste sobre la responsabilidad de los agentes educativos, incluida la de los propios alumnos. ¿Usted cuál considera que es la responsabilidad exigible a los alumnos en lo referente a su educación durante la enseñanza obligatoria?  Un niño tiene que responsabilizarse de hacer las tareas escolares, esté o no motivado, escuchar la explicación del profesor y pedir la palabra cuando desea que le aclaren una duda. Y no escudarse en las malas condiciones familiares para no estudiar. Las explicaciones que no le pueden dar en casa se las dará el profesor, y la falta de ambiente intelectual no es un obstáculo insuperable para un chico que esté dispuesto a poner de su parte.

¿En su larga experiencia profesional docente con alumnos de instituto, qué tipo de colaboración precisaba o deseaba que se diera por parte de los padres?Fundamentalmente dos. La primera, que llegaran a la escuela con los modales ya aprendidos. Saber pedir por favor, no hablar a gritos y a sonarse los mocos en lugar de sorberlos. La segunda, que se le exija hacer las tareas, y que el tiempo en que los niños estén dedicados a ellas se mantenga la televisión apagada y la casa en silencio.

Se puede hacer una enseñanza más barata y más eficaz

Portugal es el único país europeo que ha mejorado su nivel educativo desde el año 2000 según los datos del informe PISA. Es decir, un país muy cercano en todos los sentidos y con recursos económicos inferiores a los nuestros avanza positivamente mientras nosotros empeoramos. ¿Qué deberíamos aprender de ellos? y ¿qué es lo que de modo principal vienen haciendo mal los responsables políticos de nuestro sistema educativo?  En primer lugar, que no es cuestión de gastar más dinero. Se puede hacer una enseñanza más barata y más eficaz. Si un niño es conflictivo porque está incómodo, no le interesa lo que se le cuenta en la clase, ni tiene ilusión por seguir estudios superiores, y lo que le gustaría es estar preparándose para ser un electricista, es mejor ahorrarse el psicólogo y dejarle que estudie una formación profesional de electricidad. Dinero ya se ha gastado bastante en asesores (que suelen ser profesores muy adictos a la reforma pero que son los primeros voluntarios en huir del aula para convertirse en asesores de la administración y no soportar así el resultado de sus propias teorías), en cursillos que no valen para nada, y en todo ese ejército de expertos, orientadores, pedagogos y psicólogos que en muy gran número pululan por los institutos y crean más problemas de los que resuelven.

¿En nuestro país a quién cree que es más difícil convencer para que se realicen los cambios que usted considera necesarios: a los políticos de derechas, a los de izquierda o a todos por igual? En mi opinión es más difícil convencer a la izquierda, porque tienen más metida en la cabeza la idea (completamente falsa) de que para que la educación llegue a todos es preciso degradarla. Y piensan que inculcar el hábito de trabajo y de estudio es represivo y franquista. Pero si a un niño pobre no se le inculcan estos hábitos nunca aprenderá nada y jamás saldrá de pobre. La educación en España dejó de ser un ascensor social por culpa de la izquierda.

 

Fuente | Ricardo Moreno | El Asterisco (8/4/2018)

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