Entrevista al artista conceptual y escritor uruguayo Luis Camnitzer (Lübeck, Alemania 1937).

Pregunta. ¿El arte es el lugar donde puede suceder lo que no puede suceder en otro sitio?

Respuesta. Sí, pero es necesario informar a los otros lugares de qué sucede allí, de cómo en ese lugar se pueden mezclar órdenes que se supone que no se pueden mezclar y hay sistemas alternativos y quizás mejores. El arte es como el Aleph borgiano que abre la expansión del conocimiento.

P. ¿El arte olvidó al público?

R. La obra se realiza en el público, pero hoy el artista no quiere entender que hay muchos públicos, y que hay que elegir al que se dirige. Ocurre lo mismo en los colegios donde los maestros creen que todos los estudiantes son iguales. El artista olvida que el reto consiste en atraer a nuevo público, en convencer al adversario.

P. Los museos se han convertido en supermercado de lujo para el consumo. ¿Qué función deberían cumplir hoy día?

R. Los museos se autodefinen como un recinto cerrado. Su futuro pasa por abrirse y conectar con las escuelas para integrar el pensamiento artístico en el sistema educacional y corregir la fragmentación del conocimiento. Al final te dan un título por los créditos que has comprado pero no por la educación que tienes, y el sistema te absorbe como una pieza de mercado. Es una forma de esclavitud escondida y el arte es lo que puede inmunizar contra ella.

P. Usted propone actuar contra esa enseñanza en la que los profesores digieren los contenidos para que los consuman pasivamente los alumnos.

R. La pedagogía de la educación está concebida como un entrenamiento en el que se transfiere a las otras personas el modo de conocimiento que más conviene. En cambio, en una educación real se facilitarían el descubrimiento y la creatividad para que el alumno llegue a sus propias conclusiones. El arte no es una forma de expresión, es una forma de pensar, la más libre que hay, pero siempre se ha dejado de lado en la educación porque se supone que es un instrumento emocional que no es útil.

P. ¿Cómo se enseña a pensar el arte?

R. Proponiendo problemas para que uno explore alternativas, siempre que el sistema en el que está sea el correcto para sus propósitos, y busque una solución indispensable, capaz de romper las limitaciones para que el artista logre la subversión crítica del sistema convencional. Enseñando la percepción de la complejidad.

P. Pero si uno pasea por Arco o por las galerías, observa que el arte ni se desafía a sí mismo ni perturba al espectador.

R. El arte se convirtió en una forma de producción de objetos y de situaciones de espectáculo, y es difícil crear constantemente un modelo nuevo. Yo defiendo que el arte sea un agente de transformación cultural y de percepción crítica. Que busque la elegancia de la complejidad y no de la complicación. Que desafíe las etiquetas y las categorías.

P. En su libro Didáctica de la liberación, alude a Roberto Jacoby y su póster del Che en el que se dice: “Un guerrillero no muere para que se le cuelgue de una pared”. ¿Cómo devolverle al arte ese espíritu de combate?

R. Desacralizándolo. Teniendo claro que se trata de pensar críticamente sobre a quién le conviene que esto sea así y que no cambie. Al final todo conduce a quién tiene el poder, por qué lo tiene, cómo lo usa. Con esas preguntas el artista tiene que imaginar respuestas indefinidas y ser capaz de concretarlas en la realidad.

P. Otro de sus argumentos es el papel clave de la ignorancia.

R. La ignorancia está considerada como algo negativo porque todo se enfoca desde la aplicación del conocimiento, y si no sabes, estás fallando. Sin embargo, es un fascinante campo más allá del conocimiento. Es un campo de misterio, de exploración. El ignorante es más rico porque su espacio de aprendizaje es más grande, y es estimulado a lanzarse a descubrir y colonizar ideas para sumarlas al conocimiento.

Fuente | Guillermo Busutil, el País Cultura