“La ansiedad, la depresión, se pueden revertir con el método adecuado de forma rápida”, asegura usted en el libro. Entiendo que alguien se podría sentir ofendido con esta afirmación.

 Sí, más que los pacientes, algunos psicólogos, que creen que el método correcto tiene que ser muy largo. Pero la verdad es que todos hemos conocido a alguna persona que ha tenido un accidente, o una enfermedad muy grave, y tras superarlo te ha dicho: ‘Oye, después de la que he pasado, he cambiado. Me tomo la vida de otra manera, disfruto de las pequeñas cosas’. ¿Cuánto tiempo tardó esa persona en cambiar? El cambio fue fulminante, y es que la mayor parte de las veces o es rápido o no es. Esa es la verdad.

Estamos hablando de un caso extremo.

Pero nos demuestra que la depresión o la ansiedad son una manera de mirar la vida, y que si tú cambias ese parámetro, modificas también tus emociones inmediatamente. Nosotros, con nuestro método, explicamos en la consulta que tardamos unos cuantos meses en resolver estos problemas, y ya es mucho, porque cuesta que la persona haga el clic. Pero, en realidad, la revelación que te ayuda a ver que las cosas son de otra manera es instantánea.

Entiendo, por lo que explica, que usted no considera la depresión como una patología.

No lo es. En todo caso habría que definir qué entendemos por patología. En un 95% de los casos, las depresiones o los cuadros de ansiedad son producto de una manera de pensar, no tienen nada de físico. Te puedo aportar más ejemplos…

Adelante…

Yo dejé de fumar gracias a un maravilloso libro titulado ‘Dejar de fumar es fácil si sabes cómo’. De repente, ya no tuve ganas de fumar, incluso lo veía como una cosa asquerosa que no producía placer. Y de esto han pasado ya 18 años. Y tú me dirás: ‘¿El mono del tabaco era real?’. Pues no, era mental en un 98%. ¿Pruebas? Yo, y millones de personas más. Ahora, ¿que hay alguien que prefiere pensar que el mono del tabaco es algo durísimo de pasar?, ¿y lo mismo con la depresión o la ansiedad? Pues nada, pero esas no son las evidencias que tenemos.

“La ansiedad, la depresión, se pueden revertir con el método adecuado de forma rápida”, asegura usted en el libro. Entiendo que alguien se podría sentir ofendido con esta afirmación.

 Sí, más que los pacientes, algunos psicólogos, que creen que el método correcto tiene que ser muy largo. Pero la verdad es que todos hemos conocido a alguna persona que ha tenido un accidente, o una enfermedad muy grave, y tras superarlo te ha dicho: ‘Oye, después de la que he pasado, he cambiado. Me tomo la vida de otra manera, disfruto de las pequeñas cosas’. ¿Cuánto tiempo tardó esa persona en cambiar? El cambio fue fulminante, y es que la mayor parte de las veces o es rápido o no es. Esa es la verdad.

Estamos hablando de un caso extremo.

Pero nos demuestra que la depresión o la ansiedad son una manera de mirar la vida, y que si tú cambias ese parámetro, modificas también tus emociones inmediatamente. Nosotros, con nuestro método, explicamos en la consulta que tardamos unos cuantos meses en resolver estos problemas, y ya es mucho, porque cuesta que la persona haga el clic. Pero, en realidad, la revelación que te ayuda a ver que las cosas son de otra manera es instantánea.

Entiendo, por lo que explica, que usted no considera la depresión como una patología.

No lo es. En todo caso habría que definir qué entendemos por patología. En un 95% de los casos, las depresiones o los cuadros de ansiedad son producto de una manera de pensar, no tienen nada de físico. Te puedo aportar más ejemplos…

Adelante…

Yo dejé de fumar gracias a un maravilloso libro titulado ‘Dejar de fumar es fácil si sabes cómo’. De repente, ya no tuve ganas de fumar, incluso lo veía como una cosa asquerosa que no producía placer. Y de esto han pasado ya 18 años. Y tú me dirás: ‘¿El mono del tabaco era real?’. Pues no, era mental en un 98%. ¿Pruebas? Yo, y millones de personas más. Ahora, ¿que hay alguien que prefiere pensar que el mono del tabaco es algo durísimo de pasar?, ¿y lo mismo con la depresión o la ansiedad? Pues nada, pero esas no son las evidencias que tenemos.

Usted asegura que el trabajo es algo innecesario, pero yo le veo trabajar.

Escojo trabajar, pero podría no hacerlo.

Pero lo hace.

Porque me sale a cuenta trabajar en algo que me gusta, que me hace disfrutar. Pero sé que también podría no trabajar y ser igualmente feliz, o más. Es una elección. Los seres humanos somos como niños, de manera natural exploramos el mundo. Jugamos y escogemos la manera de jugar. Mi trabajo me lo tomo como un juego. ¿Podría no jugar a nada y pasármelo bien también? Totalmente. Que nadie me diga que el trabajo de psicólogo tiene alguna importancia, porque no la tiene, es un juego. Cualquier día cae un meteorito y lo revienta todo. En consecuencia, ¿qué es importante?

Visto así… pero la ciencia asegura que hay pocas posibilidades de que un meteorito impacte contra la Tierra hasta el punto de destruirla.

Entonces, podemos escoger otro ejemplo.

Tengo la sensación de que usted propone planteamientos extremistas para que sus pacientes al menos se queden con el término medio.

Eso me lo dices porque tienes un pensamiento muy supersticioso, nada científico. Si Charles Darwin, Isaac Newton o Albert Einstein levantaran la cabeza dirían: ‘¡Sacad a este ignorante de aquí!’ [risas por ambas partes]. Dices que apelo a los extremos, y yo digo que me muevo en el terreno de lo normal. ¡Somos un grano de arena en el Universo! ¡Y eso no es un extremo, es la pura verdad! Entonces, ¿qué importancia tiene mi trabajo? Es sólo un juego.

La mejor manera de disfrutar de las cosas es saber que no las necesitas

Supongo que sus pacientes no lo verán igual…

Yo juego a curar de la mejor manera posible. Y como me gusta jugar, me sale muy bien. Es así como lo hago. Pero no sufro por ellos.

¿En serio?

En absoluto. Porque entiendo que ni ellos ni yo valemos nada. Y tú me dirás: ‘Pero a esa persona sí le importa su enfermedad y su sufrimiento’. Pues no debería. Y si yo consigo convencerla de que no se preocupe por ello, ya estará prácticamente curada.

Pero un mínimo de preocupación tendrá en que esa persona no llegue a hacer el cambio de chip mental que necesita.

Ninguna. Cero. ¿Por qué tendría que estar preocupado? Si no mejora, no me sentiré mal, porque es solo un grano de arena en el Universo. ¡Cómo quieres que me sienta mal por un grano de arena del Universo! ¡Es de locos!

Me vuelve a parecer un planteamiento extremista.

Tú piensas que vivimos un mundo donde todo es muy importante, crucial, porque dices que hago planteamientos extremos. Pero lo que yo digo está enunciado en la ciencia; en cambio lo que tú dices es lo que aparece en las películas de Walt Disney. Vivir en una fantasía es la peor manera de vivir, porque damos importancia a cosas que no la tienen.

Las cosas excepcionales surgen de las personas que no aspiran a ser nada

En otro orden de cosas, usted asegura que fallar o acertar tiene poca importancia en la vida. Incluso anima a las personas a celebrar sus fallos en el trabajo. Pero en el libro explica que uno de sus colaboradores no era muy diligente y que usted intentó que no fallara tanto. Ahí se atisba una contradicción…

Muchos fenómenos de la naturaleza son paradójicos, no contradictorios. Porque paradójico significa que en un momento dado ‘A’ es cierto, pero en otro instante deja de serlo. Depende del momento y del contexto. Y esto sucede mucho en psicología.

Pues no hablemos de contradicción y sí de paradoja.

Yo amo a mi colaborador cuando está orgulloso de sus fallos, aunque me repercutan, porque eso me indica que como persona es increíble, que tiene un sistema de valores fantástico en el que la eficacia no es importante. Por eso esa persona para mí es muy valiosa a nivel personal.

Sin embargo…

Al mismo tiempo, intento que haga las cosas muy bien. Y si sigue teniendo fallos que se los siga tomando así.

Pero quiere que no se produzcan, cuando al mismo tiempo pregona que no son importantes.

Intento que los disminuya, porque que los deje de hacer es imposible. Pero cuando los comete, si se lo toma bien, lo alabo.

Sigue siendo un planteamiento paradójico.

¿Sabes qué pasa?, que millones de fenómenos son paradójicos. El fallo en sí mismo no es maravilloso ni deja de serlo. Lo que es maravilloso es que no le des ninguna importancia. Prefiero que mi colaborador cometa pocos fallos, pero que los que cometa, se los tome de una manera maravillosa. Fallar y darte cuenta de que el fallo no tiene ninguna importancia, ajusta tu sistema de valores, y eso te hace mejor persona.

 

Fuente | Rafael Santandreu | Josep Fita | La Vanguardia (16/05/2016)

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