La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo soy yo, vosotros sois vosotros.
Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo
Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho.
No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste.
Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.
La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?
Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.
¿Veis? Todo está bien.

No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudiérais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudiérais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudiérais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.

AMÉN

Agustín de Hipona (Cuarta carta, en la que escribe a su hermano Sapidas, que a pesar de que ha muerto todavía está allí…)

Charles Péguy

LA MUERTE NO ES EL FINAL

La muerte no es nada.
Simplemente pasé a la habitación de al lado.
Yo soy yo, ustedes son ustedes.
Lo que fui para ustedes lo seguiré siendo siempre.
Llámenme con el nombre con que siempre me llamaron.
Háblenme como lo hicieron siempre, no cambien el tono de voz.
No se pongan solemnes ni tristes.
Sigan riéndose de lo que juntos nos reíamos.
Recen, sonrían, recuérdenme…
Que mi nombre sea pronunciado en casa como lo fue siempre,
sin ningún énfasis, ni asombro de sombra.
La vida significa todo lo que siempre fue.
El hilo se cortó.
¿Por qué estar ausente de sus pensamientos?
¿Sólo porque no me ven?
No estoy lejos… estoy sólo al otro lado del camino.
Verán, todo está bien.

Poema erróneamente atribuído a Charles Péguy

Fue en los años 90 cuando apareció este texto por primera vez en las ceremonias de entierro en Francia, cada vez con la mención del autor (Charles Péguy). Atónitos, algunos Péguystes, entre ellos Jean Bastaire, estudiaron el caso para concluir definitivamente “el texto es una falsificación, un apócrifo”. En cualquier caso, Charles Péguy no es el autor de este texto.

Henry-Scott Holland

Su investigación le llevó a poemas de Henry Scott Holland, canónico inglés (1847-1918), amigo de Chesterton y Belloc. Según otras fuentes (Eric Thiers), el texto está tomado de un sermón sobre la muerte titulado “El rey de los terrores”, pronunciado 15 de de mayo de 1910 en la catedral de Saint Paul’s Cathedral de Londres, poco después de la muerte del rey Eduardo VII.

La versión original del texto sería la siguiente:

«Death is nothing at all, I have only slipped away into the next room.
I am I, and you are you.
Whatever we were to each other, that we still are.
Call me by my old familiar name, speak to me in the easy way which you always used, put no difference in your tone, wear no forced air of solemnity or sorrow.
Laugh as we always laughed at the little jokes we shared together.
Let my name ever be the household word that it always was.
Let it be spoken without effect, without the trace of a shadow on it.
Life means all that it ever meant.
It is the same as it ever was.
There is unbroken continuity.
Why should I be out of mind because I am out of sight?
I am waiting for you, for an interval, somewhere very near, just around the corner.
All is well.»

“La muerte no es nada en absoluto. No cuenta. Solo me escabullí a la siguiente habitación. No pasó nada. Todo sigue exactamente como era. Yo soy yo y tú eres tú, y la vieja vida que vivimos juntos con tanto cariño está intacto, sin cambios. Lo que estábamos el uno al otro, que todavía estamos. Llámame por el antiguo nombre familiar. Hablar de mí en el camino más fácil que siempre utilizó. Ninguna diferencia en su tono. Use sin aire forzado de solemnidad o tristeza. Reír, ya que siempre se rió de las bromitas que disfrutamos juntos. Juega, sonríe, piensa en mi, ora por mi. Mi nombre sea siempre la palabra de casa que siempre fue. Que se habla sin esfuerzo, sin la sombra de una sombra sobre ella. La vida significa todo lo que se entiende cada vez. Es lo mismo que lo fue siempre. Hay una continuidad absoluta e ininterrumpida. ¿Cuál es esta muerte, pero un accidente insignificante? ¿Por qué debería estar fuera de la mente porque estoy fuera de la vista? No soy más que a la espera de que, durante un intervalo, en algún lugar muy cerca, a la vuelta de la esquina. Todo está bien. Nada está herido; nada se pierde. Un breve momento y todo volverá a ser como era antes. ¡Cómo vamos a reírnos de los problemas de separarse cuando nos encontremos otra vez!”.

Esta oración explora las respuestas naturales, pero aparentemente contradictorias, a la muerte: el miedo a lo inexplicable y la creencia en la continuidad. A día de hoy se sigue repitiendo frecuentemente en los funerales británicos sin el título original (El rey de los terrores) sino bajo el de “La muerte no es nada”.

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