Aleluya… He oído que había un acorde secreto que tocaba David, y al Señor le gustaba. ¿Pero a ti la música no te importa, verdad? Era así: la cuarta, la quinta, desciende la menor, la mayor asciende, el rey confuso componía el Aleluya. Aleluya… Tu fe era intensa, pero necesitabas pruebas. La viste bañándose en el tejado su belleza bajo la luna te derrocó. Te ató a la silla de la cocina, destrozó tu trono, cortó tu cabello y con tus labios dibujó el Aleluya. Aleluya… Dices que pronuncié su nombre en vano pero ni siquiera sé su nombre y aunque lo supiera, ¿por qué te importa? Hay una llama de luz en cada palabra. Qué más da cuál de los dos escucharas, si el sagrado Aleluya o el que está hecho pedazos. Aleluya… Hice lo que pude, no fue mucho, no sentía nada, traté de alcanzarlo. Dije la verdad, no vine para engañarte. Incluso cuando todo se derrumbe permaneceré frente al Señor de la Música y no pronunciaré más que el Aleluya. Aleluya…
Suzanne Suzanne te lleva abajo hacia su lugar cerca del río. Puedes oír las barcas pasar, puedes pasar la noche junto a ella y sabes que está medio loca, pero por eso mismo quieres estar allá. Y te alimenta con té y naranjas que trajo desde la China. Y justo cuando tratas de decirle que no tienes amor para darle, te introduce en su longitud de onda y deja que el río conteste que siempre has sido su amante. Y quieres viajar con ella, y quieres viajas a ciegas, y sabes que confiará en ti porque has tocado su cuerpo perfecto con tu forma de pensar. Y Jesus era un navegante cuando caminaba sobre las aguas y pasó largo tiempo observando desde su solitaria torre de madera. Y cuando supo al fin con certeza que solo los que se ahogaban podían verle dijo: «Todos los hombres serán navegantes hasta que el mar los libere». Pero él mismo estaba roto mucho antes de que el cielo se abriera. Rendido, casi humano, se hundió entre tu sabiduria como una piedra. Y quieres viajar con él, y quieres viajar a ciegas, y sabes que podrás confiar en él porque ha tocado tu cuerpo perfecto con su forma de pensar. Ahora Suzanne te toma de la mano y te conduce hacia el río. Lleva pieles y harapos de los almacenes del Ejercito de Salvación. Y el sol cae como la miel sobre nuestra dama de la bahía. Y te muestra dónde has de mirar de entre la basura y las flores. Hay héroes entre las algas, hay niños en la mañana que tienden hacia el amor y lo harán así por siempre mientras Suzanne sostenga su espejo. Y quieres viajar con ella, y quieres viajar a ciegas, y sabes que puedes confiar en ella porque ha tocado tu cuerpo perfecto con su forma de pensar.
Todo el mundo sabe Todo el mundo sabe que los dados están cargados Todo el mundo lanza con los dedos cruzados Todo el mundo sabe que la guerra ha terminado Todo el mundo sabe que los buenos perdieron Todo el mundo sabe que la pelea estaba amañada Los pobres se quedan pobres, los ricos se hacen más ricos Eso es lo que pasa Todo el mundo lo sabe Todo el mundo sabe que el barco hace aguas Todo el mundo sabe que el capitán mintió Todo el mundo tiene ese sentimiento desgarrado Como si su padre o su perro acabase de morir Todo el mundo habla por lo bajo Todo el mundo quiere una caja de bombones Y una rosa de tallo largo Todo el mundo lo sabe Todo el mundo sabe que me amas, nena Todo el mundo sabe que realmente lo haces Todo el mundo sabe que has sido fiel más o menos una noche o dos Todo el mundo sabe que has sido discreto Pero había mucha gente con la que debías encontrarte Sin tu ropa Y todo el mundo lo sabe Todo el mundo sabe, todo el mundo sabe Eso es lo que pasa Todo el mundo sabe Todo el mundo sabe, todo el mundo sabe Eso es lo que pasa Todo el mundo sabe Y todo el mundo sabe que es ahora o nunca Todo el mundo sabe que es o tú o yo Y todo el mundo sabe que es eterno Ah, cuando te has metido una raya o dos Todo el mundo sabe que el trato se ha podrido El viejo negro Joe sigue recogiendo algodón para tus cintas y lazos Y todo el mundo lo sabe Y todo el mundo sabe que la plaga está llegando Todo el mundo sabe que se está moviendo rápido Todo el mundo sabe que un hombre y una mujer desnudos son sólo un artefacto brillante del pasado Todo el mundo sabe que la escena está muerta Pero habrá un contador en tu cama que dirá Lo que todo el mundo sabe Y todo el mundo sabe que estás en problemas Todo el mundo sabe por lo que has pasado Desde la sangrienta cruz en la cima del Calvario A la playa de Malibú Todo el mundo sabe que se está desmoronando echa una última mirada a este Sagrado Corazón Antes de que estalle Y todo el mundo sabe Todo el mundo sabe, todo el mundo sabe Así es como va Todo el mundo sabe
Leonard Cohen, cantautor, Montreal, 1934-2016
Famous blues raincoat (1971) Son las 4 de la mañana, finales de diciembre te escribo para saber si estás mejor. Hace frío en Nueva York, pero me gusta donde vivo. En Clinton Street lleva sonando música toda la tarde. He oído que estás construyendo tu pequeña casita en lo profundo del desierto. Ahora no tienes nada por lo que vivir, espero que no pierdas la cuenta de los días. Sí, y Jane llegó con un mechón de tu pelo. Dijo que tú se lo diste la noche en que lo vuestro terminó. ¿Terminó realmente? Ah, la última vez que te vi parecías mucho más viejo, tu famoso impermeable azul tenía los hombros rotos. Has estado yendo a la estación a esperar los trenes pero volviste a casa sin Lili Marlene. Y trataste a mi mujer como otra escama más de tu vida. Y cuando volvió ya no era la mujer de nadie. Y te imagino con una rosa entre los dientes como otro débil gitano ladrón cuando veo a Jane despierta. Te manda saludos. ¿Qué puedo decirte, mi hermano, mi asesino? ¿Qué quieres que te diga? Supongo que te echo de menos, y supongo que te perdono. Me alegro de que te cruzaras en mi camino. Si alguna vez vuelves, a por Jane o a por mí tu enemigo está durmiendo y su mujer es libre. Sí, y gracias por llevarte el dolor de sus ojos pensé que nunca desaparecería, por eso no intenté llevármelo yo. Y Jane llegó con un mechón de tu pelo. Dijo que tú se lo diste la noche en que lo vuestro terminó.
First we take Manhattan (1988) Me sentenciaron a veinte años de aburrimiento. Por intentar cambiar el sistema desde dentro. Ahora vengo, vengo a recompensarlos. Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín. Camino guiado por una señal del cielo. Camino guiado por ésta marca de nacimiento en mi piel. Camino guiado por la belleza de nuestras armas. Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín. Me amaste como a un perdedor. Pero ahora estás preocupada porque probablemente he ganado. Sabes como detenerme, pero no tienes la disciplina para hacerlo. Cuantas noches recé por ésto: dejar que mi trabajo comenzara. Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín. No me gustan sus negocios de moda, señor. Y no me gustan esas drogas que le mantienen delgado. No me gusta lo que le sucedió a mi hermana. Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín. Y gracias por esos artículos que me ha enviado. El mono y el violín de madera contrachapada. He practicado cada noche, y ya estoy preparado. Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín. Recuérdame, solía vivir para la música. Recuérdame, le gané a tus tiendas de supermercados. Es el Día del Padre, y todo el mundo está herido. Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín.
Cielo Los grandes pasan pasan sin tocarse pasan sin mirarse cada uno sumido en el gozo cada uno en su fuego No tienen necesidad el uno del otro tienen la más profunda de las necesidades Los grandes pasan Registrados en algún cielo múltiple grabados en alguna risa sin fin pasan como estrellas de diferentes estaciones como meteoros de diferentes siglos Fuego inalterado por el fuego que pasa risa inatacada por el confort se pasan los unos a los otros sin tocarse sin mirarse necesitando saber tan sólo que los grandes pasan   De «Flores para Hitler» Traducción de Antonio Resines.
Leonard Cohen, cantautor, Montreal, 1934-2016
Destino Quiero que tu cálido cuerpo desaparezca educadamente y me deje solo en la bañera porque quiero considerar mi destino. ¡Destino! ¿por qué me encuentras en esta bañera ocioso, solo, sin lavar, sin siquiera la intención de lavarme excepto en el último momento? ¿Por qué no me encuentras en lo alto de un poste de teléfonos, reparando las líneas que van de ciudad a ciudad? ¿Por qué no me encuentras cabalgando a través de Cuba, un hombre gigantesco con un machete rojo? ¿Por qué no me encuentras explicando máquinas a pupilos poco privilegiados, españoles negroides, contentos de que no sea un cursillo sobre escritura creativa? Vuelve aquí pequeño y cálido cuerpo, es la hora de otro día. El destino ha huido y yo te elijo a ti que me encontraste mirándote fijamente en un almacén una tarde hace cuatro años y has dormido conmigo desde entonces. ¿Qué te parecen mis ojos de pescador después de todo este tiempo? ¿Soy lo que esperabas? ¿Acaso estamos demasiado tiempo juntos? ¿Acaso se avergonzó el destino ante la doble toalla turca, nuestro conocimiento de nuestras pieles, nuestro amor que es proverbial en todo el bloque, nuestro acuerdo de que en cuestiones espirituales yo debo ser el Hombre del Destino y tú la Mujer de la Casa?   De «Flores para Hitler» 1964. Traducción de Antonio Resines.
El autobús Fui el último pasajero del día. Estaba solo en el autobús. Me sentía contento de que se estuvieran gastando tanto dinero sólo para llevarme por la Octava Avenida arriba. ¡Conductor! Grité, estamos usted y yo esta noche. huyamos de esta gran ciudad a una ciudad más pequeña más propia para el corazón, conduzcamos más allá de las piscinas de Miami Beach, usted en el asiento del conductor, yo varios asientos más atrás, pero en las ciudades racistas cambiaremos de lugar para mostrar lo bien que le ha ido arriba en el norte, y busquemos para nosotros alguna diminuta villa pesquera americana en la Florida desconocida y aparquemos justamente al borde de la arena, un enorme autobús como una señal, metálico, pintado, solitario, con matrícula de Nueva York.   De «Flores para Hitler» 1964. Traducción de Antonio Resines.
El estado del cajón ¿Existe algo más vacío que el cajón donde uno solía guardar el opio? ¡Cómo se parece a una margarita amarilla cegada, convertida en una margarita común mi precioso cajón de la cocina! Cómo se parece a una nariz sin agujeros mi desnudo cajón de madera! ¡Cómo se parece a una cesta sin huevos! ¡A un estanque sin su tortuga! Mi mano ha explorado mi cajón como una rata en un experimento de laberintos. ¡Lector, puedo decir con seguridad que no existe un cajón más vacío en toda la cristiandad!   28 de noviembre de 1961. De «Flores para Hitler» 1964. Traducción de Antonio Resines.
El primer asesinato Supe que no había ocurrido No había asesinato en la pradera La hierba no estaba roja La hierba era verde Supe que no había ocurrido He llegado a casa cansado Mis botas están veteadas de suciedad Para qué sirve predicar nunca les pasó nada a los cuerpos asesinados en la pradera Decid la verdad he fumado hasta llegar al amor en esta noche inocente Jamás ocurrió Jamás ocurrió No hubo asesinatos en la pradera Había una casa en la pradera La pradera en sí era grande y estaba vacía Era de noche Era noche cerrada Había luces en las diminutas ventanas.   De «Flores para Hitler» 1964. Traducción de Antonio Resines.
Esperando a Marianne He perdido un teléfono que olía a ti Vivo junto a la radio todas las emisoras a la vez pero capto una nana polaca la capto entre la estática se desvanece yo espero mantengo el ritmo viene de vuelta casi dormida Acaso tomaste el teléfono sabiendo que yo lo olfatearía inmoderadamente tal vez hasta que calentaría el plástico para recoger hasta la última migaja de tu respiración y si no piensas volver cómo ibas a telefonear para decirme que no piensas volver para así por lo menos Poder discutir contigo   De «Flores para Hitler» 1964. Traducción de Antonio Resines.
Leonard Cohen, cantautor, Montreal, 1934-2016
Goebbels abandona su novela y se afilia al partido Su último poema de amor se rompió en la bahía donde rubios personajes blasfemaban cargando chatarra en oxidados submarinos. Al sol se sintió sorprendido al sentirse tan carente de deseos como una rueda. Más simple que el dinero se sentó sobre un poco de sal derramada y se preguntó si volvería a encontrar alguna vez las cicatrices de las farolas úlceras de verja de hierro forjado. Recordaba perfectamente cómo dispuso el ataque cardíaco de su padre y cómo dejó a su madre en un pozo con la memoria en blanco por la pérdida de culpabilidad. Precisión bajo el sol los elevadores las piezas de hierro dispersaron a cualesquiera de vosotros cuyo dolor hubiera dejado igual que un silbato dispersa a un equipo de hombres sudorosos Preparado a unirse al mundo sí, sí, dispuesto a casarse convencido de que el dolor es una cuestión de elección un Doctor de la Razón empezó a contar los barcos a condecorar a los hombres. ¿Amenazarán acaso los sueños esta disciplina? ¿le llevarán el pelo favorito los muslos favoritos los ganadores de apuestas de las carreras de caballos de la vida anterior llevarán a aventureros cafés? ¡Ah, mis queridos pupilos! ¿creéis que existe una mano tan bestial, tan despiadada con la belleza que pueda apagar su religiosa luz eléctrica antidiarreica?   De «Flores para Hitler» 1964. Traducción de Antonio Resines.
La reina Victoria y yo Reina Victoria mi padre y todo su tabaco te amaban Yo te amo también bajo todas tus formas delgada feucha virgen con la que se acostaría cualquiera blanca figura flotando entre barbas alemanas mezquina gobernanta de los enormes mapas rosa solitaria plañidera de un príncipe Reina Victoria Yo soy frío y lluvioso Estoy sucio como el tejado de cristal de una estación de ferrocarril Me siento como un modelo vacío de hierro forjado Quiero que todo esté ornamentado porque mi amor se ha ido con otros muchachos Reina Victoria tienes algún castigo bajo el encaje blanco serás seca con ella y la harás leer pequeñas biblias la azotarás con un corsé mecánico Yo la deseo pura como el poder quiero que su piel esté ligeramente rancia de enaguas ¿querrías lavar los fáciles bidets de su cerebro? Reina Victoria No me siento demasiado alimentado por el amor moderno Querrías entrar en mi vida con tu dolor y tus negros carruajes y tu perfecta memoria Reina Victoria El siglo veinte nos pertenece a ti y a mí Seamos dos severos gigantes (no menos solitarios por nuestra mutua compañía) que decoloran tubos de ensayos en los salones de la ciencia que aparecen inesperadamente e indeseados en cada Feria Mundial cargados de proverbios y correcciones confundiendo a los turistas anonadados por las estrellas con nuestro incomparable sentido de pérdida   De «Flores para Hitler» 1964. Traducción de Antonio Resines.
Lot Devuélveme mi casa Devuélveme a mi joven esposa Le grité al girasol que había en mi camino Devolvedme mi escalpelo Devolvedme mi vista de las montañas les dije a las semillas que había a lo largo del sendero Devuélveme mi nombre Devuélveme mi lista de la infancia le susurré al polvo cuando se terminó el sendero Ahora canta Ahora canta cantaba mi maestro mientras yo esperaba azotado por el crudo viento Acaso he llegado tan lejos para esto Me preguntaba mientras esperaba en medio del frío puro dispuesto al fin a discutir a favor de mi silencio Dime maestro se mueven mis labios o de dónde viene este suave canto total que incrusta mi alma como una lanza de sal en la roca Devuélveme mi casa Devuélveme mi joven esposa   De «Flores para Hitler» 1964. Traducción de Antonio Resines.
Escuchando en todas las esquinas A veces recuerdo que he sido elegido para perfeccionar a todos los hombres; me lo recuerdan las luciérnagas, el arroyo que pasa al lado de mi cabaña. Si yo hubiera tenido que ser poeta no podría hacer los perfectos anillos de humo por los que soy bien conocido; me distraería la posible belleza de mi pluma, pero no lo soy; me perdería, me habría perdido con las mujeres que tan implacablemente perseguí, pero no lo hice, yo estaba llamado a ser la semilla de vuestra nueva sociedad, yo estaba llamado a ser el rey invisible y sin corte. Yo soy eso: el más claro ejemplo de realeza que te sirve esta noche mientras hace la cama para el perro y las luciérnagas brillan a sus distintas alturas.   De «La energía de los esclavos», 1972 Traducción de Antonio Resines
Dejé a una mujer esperándome. Me encontré con ella algún tiempo después; me dijo: Tus ojos están muertos. Qué es lo que te ha pasado, mi amante. Y como me hablaba con la verdad traté de contestarle de igual forma. Lo que le haya pasado a mis ojos le ha pasado a tu belleza. Vete a dormir, mi fiel esposa, le dije con cierta crueldad. Lo que le haya pasado a mis ojos le ha pasado a tu belleza.   De «La energía de los esclavos», 1972 Traducción de Antonio Resines.
Leonard Cohen, cantautor, Montreal, 1934-2016
Los asesinos que dirigen los demás países están intentando que nosotros derribemos a los asesinos que dirigen el nuestro. Yo por mi parte prefiero el yugo de los asesinos nativos. Estoy convencido de que el asesino extranjero mataría a más de nosotros que nuestros viejos y conocidos asesinos. Francamente no creo que ninguno de esos de fuera quiera que resolvamos nuestros problemas sociales. Para decir esto me baso en lo que siento hacia el vecino. Sólo espero de él que no se vuelva más feo. Por lo tanto, yo soy un patriota. No me gusta ver quemar una bandera, porque eso excita a los asesinos de los dos lados, hasta que llegan a excesos desafortunados que continúan alegremente, casi totalmente incontrolados, hasta que todo el mundo ha muerto.   De «La energía de los esclavos», 1972 Traducción de Antonio Resines.
Lentamente me casé con ella… Lentamente me casé con ella Lenta y amargamente me casé con su amor Me casé con su cuerpo en el aburrimiento y el gozo Lentamente fui a ella Lenta y resentidamente llegué a su cama Fui a su mesa por hambre y por hábito fui a que me dieran de comer Lentamente me casé con ella sancionado por nadie con la bendición de nadie en nombre de nadie en medio de advertencias generalizadas en medio de la burla generalizada Fui a su fragancia con las narices distendidas Fui a su codicia con semilla para un niño Años para la llegada y años en retirada Lentamente me casé con ella Lentamente me arrodillé Y ahora estamos heridos tan profundamente y tan bien que nadie puede hacernos daño excepto la propia Muerte Y a través de la totalidad del sueño de la Muerte Me muevo con sus labios El sueño es una noche pero eterno es el beso Y lentamente voy a ella lentamente nos despojamos de los ropajes de nuestras dudas y lentamente nos desposamos LENTAMENTE ME CASÉ CON ELLA Es un largo trayecto el que hay hasta casa Fairfax abajo hasta la Autopista de Santa Mónica, una siniestra extensión de la Imaginación. El torzal de su fragancia chisporrotea sobre mí como un antiguo cable de tranvía. Polvo de la exhausta primavera de L.A. en la palanca del cambio de luces, alzando su sombra de humo a humo entre los marcadores luminosos de carril. Y qué es esta canción sino un poco de música ambiental para aquellos que salen demasiado, que hablan a sus esposas divorciadas incorporeizadas entre el parabrisas y las estrellas siguientes con voces de secreta intimidad, tales como las que jamás usaron en el sempiterno régimen de separarse.   De «Memorias de un mujeriego», 1978 (Death of a lady’s man) Traducción de Antonio Rasines.
No hay nadie mirando Acuéstate. No hay nadie mirándote. En hilos innumerables los copos de nieve son retraídos al filo de la noche. Se acabó la nevada. Gratifica con grandes puñados de nalga. La muchacha ha venido.   NO HAY NADIE MIRANDO una noche maravillosa una mujer maravillosa se casaron en invierno se separaron en primavera ella arrojó su alianza al Lago de las Decisiones ella continuó él continuó se encontraron de nuevo en el sur de Francia ella vivía sola pero con gran belleza él apareció ante ella como un sapo ella le persiguió hasta echarle del siglo 18 el piensa en ella todo el tiempo pero en invierno enloquece camina por su habitación arriba y abajo cantando a Hank Williams la policía pone multas a su automóvil el personal de retirada de nieves lo cubre de nieve finalmente es remolcado lejos a una inmensa pradera blanca de perros congelados     De «Memorias de un mujeriego», 1978 (Death of a lady’s man) Traducción de Antonio Rasines.
Leonard Cohen, cantautor, Montreal, 1934-2016
Qué hago aquí No sé si el mundo ha mentido Yo he mentido Yo no sé si el mundo ha conspirado contra el amor Yo he conspirado contra el amor El clima de tortura no constituye ningún consuelo Yo he torturado Aunque no hubiera existido la nube en forma de hongo habría odiado Escuchadme Yo habría hecho las mismas cosas aunque no existiera la muerte Me niego a que se me sujete como a un borracho bajo el frío grifo de los hechos Yo rechazo la coartada universal Como un ninfomaníaco que ata a un millar en una extraña hermandad Yo espero a que cada uno de vosotros confiese   De «Memorias de un mujeriego», 1978 (Death of a lady’s man) Traducción de Antonio Rasines.
Tu chica Ponla en cualquier parte apoyada contra una pared Desnuda sobre tu lecho vestida de gala para el baile Métele algunos pensamientos en la cabeza Ponle algo de dinero en las manos Asegúrate de que puedes hacerla correrse al menos una segunda vez Hermano, esa es tu chica TU CHICA y hablad juntos de la era que se avecina en la que vestirás carne de mujer y dejarás que tu belleza adopte una vez más el valor de un corazón para empezar de nuevo informa mi soledad con momentos de la inminente unidad, confiesa tu cuerpo a mi absoluta ignorancia y haz descansar al soñador de su falta de sueños (misteriosas cuartetas de los Cuadernos de Notas en los que trata de pleitear por la paz)   De «Memorias de un mujeriego», 1978 (Death of a lady’s man) Traducción de Antonio Rasines.
Un sentido de la mañana No puedo soportar el sonido de una pizarra al ser arañada. Es esto lo que tú estás haciendo en mi oído medio. Es así como hacen confesar a los espías. Vine hasta aquí para averiguar por qué eres fea. Las campanas de mediodía gobiernan un lado del cielo. Están finalmente poniendo las tejas a ese tejado colina arriba. Estás en el centro de tu mundo. Nosotros estamos intentando circuncidar tu corazón. Pero no podéis evitar que grite. Sí, hemos amortiguado tu voz. Tienes Tienes Tienes. Esto nos deja con un sentido de la mañana.   UN SENTIDO DE LA MAÑANA Ya has dicho lo que tenías que decir. Tu mañana fracturada. Tus frases de aceite y agua. Ya no deseamos quedarnos contigo. Nadie lo desea. No puedes casarte con hormigas y gotas de lluvia. La gente tiene derecho a esquivar tu granja. Estos arneses deformes y estas correas sin objeto -¿para quién son y qué trabajo les obligarás a hacer?-, espíritus deformes cuyo destino era la muerte que tú revives, sedes de curiosidad y venganza. Alguien más te ha declarado la guerra. Lo averiguamos en los Libros de Notas:   No me persigáis por no ser hermosa y no hagas como que soy una niña pequeña que no ha aprendido aún a utilizar el maquillaje ¿Deseas realmente combatir conmigo a muerte? Tengo hijos por los que debo seguir viviendo Tú tan sólo tienes Belleza   De «Memorias de un mujeriego», 1978 (Death of a lady’s man) Traducción de Antonio Rasines.
Leonard Cohen, cantautor, Montreal, 1934-2016