Poema de consuelo en repudio a la guerra

 

El pobre campesino dejó todo detrás
Igual que la paloma cuando el halcón se acerca.
Y huye desesperada: él está a la intemperie,
asaltaron su tierra, incendiaron su hacienda
mataron su ganado, su granero abatieron,
arrancaron su viña con despótica mano.
Ya no le quedan árboles, desolado está el huerto;
la hoz y el arado ahora son filosas espadas.
Altas como las nubes se alzan cortinas de humo,
y un océano de llamas lo está cubriendo todo
y hasta el fiero enemigo a lo lejos se espanta.
El duro pavimento recalentado arde,
se tambalenan las torres y sudan sus metales;
los hombres que escaparon a la lluvia de balas,
van a parar al fuego y en él se carbonizan.
El humo los asfixia, los muros los aplastan;
las canas de los viejos, el llanto de los niños,
el clamor y el lamento de grandes y pequeños,
los ayeres al unísono de pobres y de ricos.
en nada conmovieron a estás bestias feroces.
No valió la nobleza, ni posición alguna,
forzados a salir, pasados a cuchillo,
como cuando entra un lobo a un establo de ovejas
y matan a los corderos sin hacer diferencias.
Tuvo que ver el hombre su lecho profanado,
a su hija ultrajada sin poderlo impedir
y cuando la lujuria de las bestias cedió
la vio morir a manos de quien la violaron.
La hermana caía muerta en brazos de sus hermano,
amos y servidores fueron estrangulados,
y hasta los no nacidos con saña asesinados.
Los niños, inocentes, murieron en lo oscuro
en el seno materno, antes de ver la luz.
A las pobres criaturas les robaron la vida.

Martin Opitz, Polonia, 1597-1639
Martin Opitz, Polonia, 1597-1639