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Ricard Opisso Sala, dibujante, Tarragona, 1880-1966

Ilustrador, humorista e historietista español

Nacido en Tarragona, se trasladó con su familia prontamente a Barcelona. Hijo de una familia acomodada (su padre fue el crítico de arte Alfredo Opisso), comenzó a dibujar a finales del siglo XIX, en 1898, en Luz. Se formó en los talleres de Gaudí y comenzó a publicar sus dibujos en prensa francesa y española de principio de siglo, como Pel i Ploma, Hisánia, Garba, Fantasio, Le Rire o KDT, donde ya utilizó su seudónimo Bigre usado para firmar viñetas “picantes”. Participó en otras revistas de este tipo, como Flirt, Guindilla o Papitu.

Gran humorista, destacó su firma en revistas catalanas emblemáticas como ¡Cu-cut!, La Campana de Grácia y L`Esquella de la Torratxa. Fue pionero de los tebeos españoles, pues su firma se vio ya en Dominguín. Se sumó al grupo de autores convocados por Buigas para TBO en 1917 y se encargó del diseño de la revista (logotipo, logoforma) y de aportar las más recordadas historietas de portada para la misma, amén de hacer las delicias de los niños con sus historietas de “cuello largo” y otros personajes. Fue muy popular su trabajo con multitudes, en viñetas atestadas de personajes y elementos. Trabajó con Buigas en otras publicaciones de la casa Ediciones TBO, como B B, donde firmó eventualmente con las siglas “BB”..

En los años treinta también dibujó en Pocholo y, tras la guerra, en Chicos.

Desarrolló en paralelo una carrera como ilustrador y pintor, desde 1928, destacando en esta disciplina artística sobre todo durante los años cuarenta y cincuenta. En 1953 recibió un homenaje en Tarragona. En 1965 se publicó el Álbum Opisso, escaso muestrario para tan gran artista, cuya obra tuvo gran valor plástico y, sobre todo, sociológico.

Ricard Opisso
Ricard Opisso
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James Ensor, pintor, 1860-1949

James Ensor, el pintor de las máscaras

James Sidney Edward Ensor nació en 1860, en la ciudad de Ostende, en Bélgica. Este pequeño pueblo de pescadores adquirió cierta notoriedad en 1834, cuando el rey Leopoldo I° instaló aquí su residencia de verano, antes de convertirse a lo largo de las siguientes décadas, en una animada estación balnearia, muy de moda.
Fue en Ostende donde el padre de James, James Frederic, un inglés culto, conoció a su madre, Marie Catherine Haegheman, una pequeña burguesa local cuya familia posee una tienda de recuerdos y de curiosidades. La tienda hace vivir la familia de Ensor, y el futuro pintor crece en este decorado de “conchas, encajes, peces raros disecados, libros antiguos, grabados, armas, porcelanas de China, un desorden inextricable de objetos heteróclitos” (Carta de Ensor a Louis Delattre, 4 de agosto de 1898). El recorrido de la exposición está además puntuado por máscaras, conchas, sirena… procedentes de la tienda y de la casa de Ensor.

Este original entorno ejerce una influencia determinante y duradera en el pintor, como lo reconoce más tarde: “Mi infancia estuvo poblada de sueños maravillosos y la frecuentación de la tienda de mi abuela toda irisada por los reflejos de conchas y por suntuosidades de encajes, extrañas bestias disecadas y armas terribles de salvajes que me aterrorizaban […] desde luego el ámbito excepcional ha desarrollado mis facultades artísticas”. A partir de las primeras manifestaciones de su vocación, el joven pudo contar sin duda con el apoyo de su padre, un hombre intelectual y sensible.

Formado en la Academia de Bruselas, en la que se matrícula en 1877, Ensor rechaza rápidamente la enseñanza y prefiere volver al trabajo en su ciudad de Ostende, a partir de 1880. Excepto para unos cuantos viajes a Londres, a Países Bajos o a París, y numerosos pasajes por Bruselas, se quedó aquí hasta el final de sus días. Tras su estancia en la capital belga, se pone a elaborar su universo personal, explorando su entorno, en numerosas pinturas y dibujos.

Ensor realiza paisajes, bodegones, retratos, así como escenas costumbristas que muestran a su hermana, a su madre y a su tía. La mujer comiendo ostras, obra de mayor relevancia del periodo, combina magistralmente estos diversos géneros pictóricos. En ella vemos a su hermana Mitche absorta comiendo ostras. Una profusión de flores, platos y mantelería, se despliega ante ella. Pero La mujer comiendo ostras es sin duda un cuadro demasiado audaz para los muy conservadores medios oficiales y fue rechazado por el Salón de Amberes de 1882.

Pese a no fracasar totalmente acerca de los círculos tradicionales, Ensor expone un cuadro en el Salón de Bruselas en 1881 y dos más en el de París, en 1882, se compromete entonces en la liberalización de las exposiciones artísticas y lucha por convertirse en jefe de escuela. Participa en particular en la creación del grupo de los XX que desempeña rápidamente un protagonismo de primer orden en el seno de la vanguardia.

Criado en las riberas del mar del Norte, Ensor se apasiona por los efectos de la luz. En un cuadro como La comedora de ostras, los líquidos que resplandecen en los vasos, hasta los reflejos en el espejo, ya traicionan el interés del pintor por el poder y la calidad de la luz. Para él, ésta se encuentra al opuesto de la línea, que ella misma es “enemiga del genio” y “no puede expresar la pasión, la inquietud, la lucha, el dolor, el entusiasmo, la poesía, sentimientos tan bellos y tan grandes […]”.

Este interés por la luz incita algunos críticos a intentar un paralelo con el impresionismo francés. Pero Ensor rechaza la comparación con fogosidad: “Se me ha clasificado equivocadamente entre los impresionistas, elaboradores de aire libre, ligados a los tonos claros. La forma de la luz, las deformaciones a las que somete la línea, no han sido comprendidas antes de mí. No se le otorgaba ninguna importancia y el pintor escuchaba su visión. El movimiento impresionista me ha dejado bastante frío. Edouard Manet no ha superado a los antiguos”, afirmó en 1899.

Alentado por estas certezas, amplía sus búsquedas, y otorga a la luz una potencia tan unificadora como espiritual. A la inspiración moderna de sus primeros temas, se añade un espíritu místico. Sus paisajes se distancian de este modo de la realidad, para convertirse en caos primitivo, dominados por un soplo divino.

Esta búsqueda culmina en la serie de dibujos Visiones. Las Aureolas del Cristo o las sensibilidades de la luz (1885-1886). Solo la figura de Cristo puede expresar la potencia que Ensor ha descubierto en la luz. Ésta es omnipotente y traduce todos los estados del alma. También es “alegre”, o “cruda”, o “triste y rota”, o “intensa”, o también “radiante”. Mengua, crece, lucha con la sombra o triunfa hasta la ceguera.
Presentados en el Salón de los XX de 1887, estos inmensos dibujos no generan el entusiasmo esperado por Ensor. Su envío no recibe más que una acogida mitigada, mientras se hacen elogios del Domingo en la Grande Jattede Seurat, también expuesto en el XX.

 

Muy sensible a la crítica, Ensor aparece herido, decepcionado, desesperado tras los XX de 1887 y su confrontación con el gran lienzo de Seurat. Durante el mismo año, debe enfrentarse a la muerte de su padre y de su abuela, con los que estaba muy ligado. Estos acontecimientos marcan profundamente Ensor y provocan un giro en su carrera y en su planteamiento.
Ya presentes en su obra desde 1883, las representaciones de máscaras y de esqueletos, ocupan, a partir de 1887, un espacio preeminente. Retoma incluso parte de su producción de comienzos de los años 1880, con el fin de poblarla de estos motivos. Máscaras y esqueletos recuerdan por supuesto el extraño ambiente de la tienda familiar, así como la tradición del carnaval de Ostende, pero tienen también un alcance simbólico. Los primeros camuflan y exacerban una realidad que el pintor encuentra demasiado fea y demasiado cruel, mientras que los segundos apuntan la vanidad y lo absurdo del mundo.

En 1888, Ensor ataca la monumental Entrada de Cristo en Bruselas en 1889 (2,52 x 4,3 m., Los Angeles, The Paul Getty Museum), su respuesta al cuadro de Seurat y a sus detractores. Esta obra mezcla todos los principios del arte de Ensor: la luz que exalta los colores hasta lo más llamativo, la preocupación por la modernidad que transplanta al Cristo en el Bruselas del siglo XIX, que se debate entre movimientos políticos contradictorios, las máscaras que nublan la realidad, la apoteosis por fin del pintor. Ensor da sus rasgos al Cristo entrando en Bruselas, como si sacrificase su vida y su paz a la pintura.

Paralelamente a la realización de su programático cuadro, Ensor se venga de los ataques de los que es el objeto en una serie de paneles virulentos, de grabados, de dibujos, que denuncian tanto las grandes injusticias de su época como sus pequeñas mezquindades. Estas obras son de una vehemencia y de una libertad inigualadas, en este fin de siglo.

“Sería sorprendente que Ensor, que amaba antes que el mundo su arte y por consecuencia quería sobre todo al que lo hacía, es decir a él mismo, no hubiese multiplicado al infinito su propia efigie” escribe el poeta y crítico Emile Verhaeren en 1908, en su monografía dedicada al artista. De hecho, Ensor nunca dejó de representarse. Joven, apuesto, lleno de esperanza y de fogosidad, triste pero soberbio a veces, así es como aparecía en sus primeros cuadros. Pronto sin embargo, deja explotar su rencor sometiendo su imagen a múltiples metamorfosis. Es un abejorro, se declara loco, se “esqueletiza”… Se identifica con el Cristo, y luego con un pobre arenque ahumado. Se caricatura, se ridiculiza… Es el autor y la marioneta de las comedias o de las tragedias a las que invita de vez en cuando a sus detractores para crueles ajustes de cuentas.

Los autorretratos de Ensor, tan variados, tan diferentes, son el reflejo de toda su obra, difícilmente cernible y a priori incoherente. Por sus técnicas – dibujo, grabado, panel, óleo sobre lienzo – y por sus formatos – del minúsculo al muy grande –, demuestran la impaciente fogosidad de Ensor que experimenta diversos medios para seguir lo más cerca posible su necesidad de expresión. Por sus estilos – realista, onírico, sardónico, caricatural, macabro –, traducen los movimientos de su cambiante humor. Sin embargo, es obviamente mediante el autorretrato que Ensor se aplica en demostrar “la unidad” de su obra. Representándose en su casa, en medio de sus máscaras, de sus fantasmas y de sus cuadros, clasifica, organiza, jerarquiza su producción, tan abundante y brillante como heteróclita. Pinta, detenidamente, su mitología, prepara su lugar en la historia de la pintura.

James Ensor, pintor
James Ensor, pintor
James Ensor, pintor
James Ensor, pintor
James Ensor, pintor
James Ensor, pintor
James Ensor, pintor
James Ensor, pintor
James Ensor, pintor
James Ensor, pintor
James Ensor, pintor

Honoré Daumier, 1808-1879

Honoré Daumier, caricaturista, pintor, ilustrador, grabador, dibujante y escultor francés de la época realista

Gran pintor, gran dibujante, gran escultor: Daumier no se ha limitado a las notables caricaturas litografiadas que lo hicieron célebre con justa razón.

La exposición, primera retrospectiva parisiense que se le dedica desde 1934, explora con más de 300 obras todas las facetas de su genio: reúne pinturas y dibujos dispersos en el mundo entero, la casi totalidad de sus esculturas y una selección importante de las más bellas reproducciones de la obra grabada. Admirado por Baudelaire y Degas, Daumier encuentra así el lugar que le corresponde entre los principales artistas del siglo XIX.

Honoré Daumier nace en el seno de una familia modesta; su padre, que ejerce el oficio de vidriero, también es poeta en sus ratos libres. En 1815, viene a París –su familia se reúne con él un poco más tarde– para lanzarse en una carrera literaria, pero no tiene éxito. Honoré tendrá que trabajar, desde los doce años, como dependiente en la oficina de escribano, luego en una librería del Palais Royal, cerca del Louvre, que empieza a frecuentar con seguridad. Muy pronto practica el dibujo, después la pintura según Alexandre Lenoir, el fundador del antiguo museo de los Monumentos franceses; también asiste a las academias Suiza y Boudin.

El talento de Daumier se revela en la efervescencia política y social de la Monarquía de Julio (1830-1848). Republicano, toma parte en las “Tres gloriosas” jornadas revolucionarias que inflaman París los días 27, 28 y 29 de julio de 1830, y se cuenta que recibe un sablazo en la frente. Sus litografías comprometidas contra el régimen de Louis-Philippe se publican en La Caricature, semanario satírico fundado en 1831, y Le Charivari, diario publicado a partir de 1832 bajo la dirección de Charles Philipon. Este último encarga a Daumier los bustos-caricaturas de las “celebridades del término medio” (hombres políticos o magistrados). El conjunto de estos pequeños bustos en barro crudo policromo, material particularmente frágil, constituye uno de los puntos fuertes de la exposición.

Las litografías del inicio del reino de Louis-Philippe son las más virulentas. Dos de ellas, Gargantúa y La corte del rey Pétaud, valen al artista una condena a seis meses de prisión, en 1832, pero éste rápidamente obtiene su traslado de Sainte-Pélagie a la clínica del doctor Pinel. Sus litografías posteriores prosiguen el combate de “Philipon contra Philippe”; la cara del rey aparece allí en forma de una pera.

En 1834, Daumier rinde homenaje a las víctimas de la calle Transnonain en una plancha célebre. Después del atentado de Fieschi (28 de julio de 1835), y de las leyes contra la libertad de prensa que siguen, se orienta hacia la sátira costumbrista. Más adelante, aprovechando la relajación de la censura, volverá a la caricatura política.

La caricatura costumbrista en Le Charivari constituye una auténtica comedia humana, en particular, con la serie de Robert Macaire –personaje de comedia, arquetipo del burgués malhonesto– los Tipos parisienses, los Bas-bleus y la Gente de justicia, a los que dedicará varias veces las pinturas y acuarelas. Paralelamente, Daumier ilustra diferentes obras románticas (Balzac, Eugène Sue…). en esa época trabaja en el número 9, quai d’Anjou, donde reside con su esposa Marie-Alexandrine, en el último piso de un inmueble, cerca de Baudelaire y de Théophile Gautier.

Simbólicamente, el esbozo para la figura de La República (museo de Orsay) marca el giro de la Revolución de 1848. Entonces puede dedicarse a “su sueño” (Edmond Duranty): la pintura, pero también la escultura. En efecto, Daumier responde a la actualidad política a través de dos nuevas esculturas: los relieves de los Fugitivos, que evocan probablemente los “transportes” masivos consecuencia de la represión del levantamiento de las jornadas de junio de 1848, y la estatuilla de Ratapoil, tan admirada por Michelet, que representa al hombre fuerte de la propaganda bonapartista que prepara el golpe de Estado del futuro Napoléon III. Más allá del contexto político, Fugitivos responde a la ambición de Daumier de conjugar en un mismo tema, pintura, escultura y dibujo.

Tras los encargos del Estado bajo la II República, Daumier ocasionalmente expone pinturas en el Salón. Despedido del Charivari en 1861, se vuelca hacia un público de aficionados que desde entonces se interesa en sus acuarelas. El fin del Segundo Imperio posibilita el retorno de Daumier a la caricatura política. Es durante el “año terrible” que realiza grandes alegorías fúnebres y patrióticas. En sus cuadros se reconoce la influencia de los maestros flamencos del siglo XVII, de Rubens (principalmente, el ciclo de Marie de Médicis en el Louvre), así como del siglo XVIII francés, de Boucher a Fragonard. En 1878, Daumier, prácticamente ciego, no puede asistir a la exposición organizada por iniciativa de sus amigos. Se celebra en París, en casa de Durand-Ruel, bajo la presidencia de Victor Hugo y es un fracaso. Daumier muere unos meses más tarde, el 10 de febrero de 1879, en su casa de Valmondois, cerca de Pontoise.

El carácter “inacabado”, o el aspecto inacabado, tan característico de la pintura de Daumier –y que la crítica no dejó de reprocharle–, traduce el temor de sacrificar lo esencial a lo accesorio. Las lavanderas agobiadas que pinta en la serie del muelle de Anjou tienen los mismos gestos lentos, la misma inclinación hacia el suelo que las espigadoras de Millet; como él, Daumier eleva lo cotidiano al rango de la pintura de historia. Para Baudelaire, es “el pintor de la circunstancia y de todo lo que ésta sugiere de eterno” (Curiosidades estéticas).

Daumier fue ciertamente uno de los más grandes artistas del siglo XIX. De los primeros ensayos litográficos de 1822 a los cuadros inspirados en la década de 1870, la exposición presenta las obras según un orden cronológico, que da lugar a algunas agrupaciones temáticas, como el excepcional conjunto consagrado a Don Quijote. La escenografía se esmera en presentar el aspecto intimista y humanista de la obra de Daumier. La última sala reúne documentos, algunos inéditos, sobre Daumier y sus contemporáneos.

Honoré Daumier, 1808-1879
Honoré Daumier, 1808-1879
Honoré Daumier, 1808-1879
Honoré Daumier, 1808-1879
Honoré Daumier, 1808-1879
Honoré Daumier, 1808-1879

Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960

Pionero del fotoperiodismo en Inglaterra

Kurt Hübschmann, nacido en 1893 en Estrasburgo, fue un fotógrafo de origen alemán que fue pionero en el fotoperiodismo en Inglaterra en los años 1930 y 1940. Hübschman era hijo de un profesor de la Universidad de Estrasburgo. Después de su graduación, salio en 1911 de la escuela local protestante, y fue enviado a estudiar derecho a Oxford. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, regresó a Alemania para servir como oficial de caballería. Desde 1918 Hübschmann se dedica a la fotografía de aficionados. En 1923, tomó lecciones de un fotógrafo de retratos de Berlín. A continuación, abrió un estudio de retrato, con su esposa Gertrude Engelhardt que funciono hasta 1930. Comenzó a trabajar como fotógrafo y reportero gráfico para revistas y periódicos. Stefan Lorant, editor en jefe de la revista Múnich Press publicó 1932 sus imágenes sobre una escuela de danza. En 1934, Hübschmann viajó a Inglaterra para fotografiar el torneo de tenis de Wimbledon. Se decidió a establecerse en Londres, donde se reunió con Stefan Lorant. En los años siguientes trabajo como reportero gráfico. Con Lorant, en 1938 fundó la revista ilustrada Picture Post, Hübschmann se incorporó a la redacción como fotógrafo y cambió poco después su nombre a Kurt Hutton. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue internado junto a otros alemanes como extranjero enemigo en la Isla de Man. Después de su liberación en 1941 volvió al trabajo en Picture Post. Muróo en Aldeburgh, Suffolk en 1960.

Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960
Kurt Hutton, fotógrafo, 1893-1960

Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947

Grabador, pintor y dibujante

Tsunetomi terminó su vida siendo reconocido como pintor en el estilo ‘Nihonga’, pero su formación original fue en el negocio de la impresión en madera. Nacido en Kanazawa, marchó a Osaka en 1892 y fue aprendiz de Nishida Suketaro. También estudió pintura, escultura y talla en madera de estilo ‘Nanga’ con varios maestros antes de unirse a la sección de tallado del periódico ‘Hokkoku shinpo’ en 1897, donde pudo estudiar ilustraciones de periódicos; pero pronto regresó a Osaka para estudiar pintura con Inano Toshitsune, un artista menor que estaba en una línea de la escuela ‘Ukiyo-e’. De él adoptó el elemento ‘Tsune’ en su nombre artístico y absorbió un estilo de pintura de mujeres hermosas que fue una transición entre ‘Ukiyo-e’ y ‘Nihonga’.

Inano lo hizo trabajar como cortador de bloques de madera. Publicó la primera de sus ilustraciones para novelas serializadas en un diario de Osaka. Mientras se ganaba la vida de esta manera, continuó pintando y exhibiendo por primera vez en el espectáculo de Bunten patrocinado por el gobierno en 1910. En 1912 ayudó a crear la Sociedad de Arte Taisho dedicada al fomento de artistas infantiles y en 1915 la Sociedad de Arte de Osaka. en la que se convirtió en un expositor habitual. En 1917 fue elegido para el Instituto de Arte de Japón, y posteriormente se mantuvo como expositor regular en exposiciones oficiales. En 1934 fue invitado a contribuir con pinturas murales en el Shotoku Memorial Painting Hall en el Santuario Meiji, en Tokio. Nihonga ‘. Inano lo hizo trabajar como cortador de bloques de madera.

Publicó la primera de sus ilustraciones para novelas serializadas en un diario de Osaka. Mientras se ganaba la vida de esta manera, continuó pintando y exhibiendo por primera vez en el espectáculo de Bunten patrocinado por el gobierno en 1910. En 1912 ayudó a crear la Sociedad de Arte Taisho dedicada al fomento de artistas infantiles y en 1915 la Sociedad de Arte de Osaka. en la que se convirtió en un expositor habitual. En 1917 fue elegido para el Instituto de Arte de Japón, y posteriormente se mantuvo como expositor regular en exposiciones oficiales. En 1934 fue invitado a contribuir con pinturas murales en el Shotoku Memorial Painting Hall en el Santuario Meiji, en Tokio. Nihonga ‘. Inano lo hizo trabajar como cortador de bloques de madera. Publicó la primera de sus ilustraciones para novelas serializadas en un diario de Osaka.

Mientras se ganaba la vida de esta manera, continuó pintando y exhibiendo por primera vez en el espectáculo de Bunten patrocinado por el gobierno en 1910. En 1912 ayudó a crear la Sociedad de Arte Taisho dedicada al fomento de artistas infantiles y en 1915 la Sociedad de Arte de Osaka. en la que se convirtió en un expositor habitual. En 1917 fue elegido para el Instituto de Arte de Japón, y posteriormente se mantuvo como expositor regular en exposiciones oficiales. En 1934 fue invitado a contribuir con pinturas murales en el Shotoku Memorial Painting Hall en el Santuario Meiji, en Tokio. continuó pintando y expuso por primera vez en el espectáculo de Bunten patrocinado por el gobierno en 1910. En 1912 ayudó a establecer la Taisho Art Society dedicada al fomento de niños artistas y en 1915 a la Osaka Art Society, en la que se convirtió en expositor habitual. En 1917 fue elegido para el Instituto de Arte de Japón, y posteriormente se mantuvo como expositor regular en exposiciones oficiales. En 1934 fue invitado a contribuir con pinturas murales en el Shotoku Memorial Painting Hall en el Santuario Meiji, en Tokio. continuó pintando y expuso por primera vez en el espectáculo de Bunten patrocinado por el gobierno en 1910. En 1912 ayudó a establecer la Taisho Art Society dedicada al fomento de niños artistas y en 1915 a la Osaka Art Society, en la que se convirtió en expositor habitual. En 1917 fue elegido para el Instituto de Arte de Japón, y posteriormente se mantuvo como expositor regular en exposiciones oficiales. En 1934 fue invitado a contribuir con pinturas murales en el Shotoku Memorial Painting Hall en el Santuario Meiji, en Tokio. y posteriormente se mantuvo como expositor regular en exposiciones oficiales. En 1934 fue invitado a contribuir con pinturas murales en el Shotoku Memorial Painting Hall en el Santuario Meiji, en Tokio. y posteriormente se mantuvo como expositor regular en exposiciones oficiales. En 1934 fue invitado a contribuir con pinturas murales en el Shotoku Memorial Painting Hall en el Santuario Meiji, en Tokio.

El tema de Tsunetomi era generalmente mujeres hermosas del mundo del entretenimiento y la moda en el área de Osaka, y su trabajo es importante como un registro de esa forma de vida. Muchas de sus pinturas han sido rescatadas del sentimentalismo común de la época por una inquietud que no es diferente a las primeras impresiones de Ito Shinsui (qv). Diseñó algunas impresiones en hojas, y todas parecen haber sido adaptadas de pinturas anteriores. Su impresión más conocida es ‘Sagimusume’ (Heron Maiden), publicada en 1925. Tsunetomi fue una figura importante en los círculos artísticos de Osaka, donde enseñó a muchos alumnos, incluido el pintor y diseñador de estampas Shima Seien (1892-1970).

Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947
Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947
Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947
Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947
Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947
Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947
Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947
Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947
Kitano Tsunetomi, pintor, Japón, 1880-1947

Luis Baylón, fotógrafo, Madrid, 1958

Fotógrafo de la calle

Luis Baylón  es uno de esos maestros a la hora de captar la verdad en las ciudades y sus gentes. Es un fotógrafo profundamente implicados con su ciudad y sabio conocedor de todos sus rincones, desde los que extrae la esencia de su identidad en un permanente anhelo de lo verdadero. Su obra es un recorrido con escalas en la India, Marruecos, Portugal, Zamora y finalmente Madrid.

Luis Baylón ( Madrid 1958 ) compro su primera cámara a la edad de 18 años. Su interés por la fotografía le lleva a instalar su primer laboratorio fotográfico para blanco y negro.

En 1986 publica su primera foto de encargo en La Luna de Madrid. Un año después con dos amigos, montan un estudio fotográfico. El grupo se disuelve un año y medio después. Empieza a colaborar con la revista Ajoblanco. En 1991 Publica por primera vez en prensa la serie “A pie de calle”, Magazine Semanal de El Mundo con texto de Francisco Umbral. dos años después realiza su primera exposición individual en una galería comercial, resultado de su primer viaje a India. Comienza su colaboración con la revista mensual El Europeo.

Con Javier Campano y Mauricio d’Ors, edita su primer libro de autor, “ Tarde de toros”. En 1999 Publica un número en la colección de fotógrafos madrileños de Photobolsillo. A propuesta del Museo Das Peregrinacions de Santiago de Compostela expone y publica su trabajo sobre Benarés.

En 2005 recibe la Beca Endesa de Fotografía, en relación con esta beca decide viajar a Pekín (China), e iniciar una serie acerca de la capital y sus gentes, debido a la transformación notable que se vislumbraba por la celebración de los JJOO.

En 2010 viaja por segunda vez a Pekín, publicando un número en la colección recién aparecida de fotógrafos españoles contemporáneos con la editorial Lunwerg. Un año después inaugura una exposición en la nueva galería de la escuela de fotografía Man Ray y se edita catálogo . En 2013 Segundo viaje a India para asistir al Festival hindú Maha Kumbha Mela. Exposición “ Pequineses “ en la Galería EspacioFoto dentro del Festival Off de PhotoEspaña.

Luis Baylón, fotógrafo
Luis Baylón, fotógrafo
Luis Baylón, fotógrafo
Luis Baylón, fotógrafo
Luis Baylón, fotógrafo
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Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971

La madre del fotoperiodismo

Margaret Bourke-White fue una fotógrafa norteamericana que nació en Nueva York el 14 de junio de 1904. Comenzó a interesarse por la fotografía cuando estudiaba en la Universidad de Cornell y poco después de describir su pasión, abrió su propio estudio donde se especializó en la fotografía arquitectónica. Margaret fue la primera mujer corresponsal de guerra en 1939, la primera mujer a la que se le permitió trabajar en zonas de combate en la Segunda Guerra Mundial.y la primera mujer fotógrafa que trabajó para la revista estadounidense Life. Siendo una fotografía suya la portada de la primera edición, el 23 de noviembre de 1936.

Era una mujer progresista, valiente y reivindicativa que hizo varios viajes a la antigua URSS hasta que consiguió, en 1930 ser la primera fotógrafa occidental a la que se le permitió fotografiar la industria soviética. Llegó incluso a retratar a Joseph Stalin, una imagen que la llevó a la fama. Ella misma comentó sobre esta fotografía que al estar allí, en aquella época, sintió la necesidad imperiosa de fotografiarle llegando a convertirse incluso en una obsesión para ella: “Me dije a mí misma que no podía irme de allí sin una foto de Stalin sonriendo. Pero, cuando le vi, me dio la impresión de que su cara estaba esculpida en piedra. No pensaba mostrar ningún tipo de emoción. Me volví loca tratando de conseguirlo: me tiré al suelo y adquirí todo tipo de posiciones absurdas tratando de conseguir un buen ángulo. Stalin observaba mis esfuerzos y finalmente esbozó algo parecido a una sonrisa, así que conseguí mi foto.

Un año después publicaba todo su trabajo en la Unión Soviética bajo el nombre de “Eyes on Russia“. También fue, junto a su marido Erskine Caldwell, los únicos periodistas extranjeros en la ocupada URSS tras la invasión del ejército alemán en 1941. Quizá fue durante la Segunda Guerra Mundial su periodo de mayor actividad aunque con anterioridad también había participado en proyectos que le otorgaban un estatus elevado dentro de su profesión. Otras de sus fotos más destacadas son las capturadas durante la Gran Depresión de Estados Unidos, donde intentó retratar la pobreza que asolaba al país americano durante la década de los 30.

Después de la guerra, produjo un libro titulado “Dear Fatherland, Rest Quietly“, un proyecto que le ayudó a entender la brutalidad de la que había sido testigo durante y después de la guerra. Este proyecto fue la premisa que despertó su interés por la por la campaña de la no violencia impulsada por Mahatma Gandhi. A él también lo inmortalizó en una de sus obras de arte momentos antes de que éste fuese asesinado cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, se dirigió a la India para documentar los conflictos presentados a raíz de la independencia de la región. Otro de sus libros, titulado “Margaret Bourke-White, momentos de la historia”, empieza con la frase: “Nada me atrae tanto como una puerta cerrada”. Una cita que revela aquel espíritu inquieto y revolucionario que la caracterizaba.

Margaret Bourke-White no fue una activista femenina, ni utilizó directamente sus imágenes como recurso para defender su género, sino que fue sutil a la vez que arrolladora. Margaret pretendió simplemente demostrar cómo de lejos podía llegar con su trabajo y que eso sirviese para tomar conciencia de algo que ya se había gestado durante la Primera Guerra Mundial: la creencia de que una mujer era igual de válida que un hombre para desarrollar trabajos relacionados con algo más que meras tareas domésticas. Y es que es realmente triste que cuando se piense en fotografía bélica, a muchos les vengan a la cabeza las instantáneas de Robert Capa durante, por ejemplo, el desembarco de Normandía. Sin embargo, aún reconociendo los méritos del húngaro, existen otros personajes como Margaret Bourke-White que merecen el mismo reconocimiento a su valentía por documentar conflictos bélicos desde primera línea. Como la propia Margaret dijo en una entrevista que le realizaron en 1960, ella sólo quiso ser “el ojo de su tiempo” y estar en cualquier lugar digno de capturar con imágenes para posteriormente reportar al resto del mundo.

Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971
Margaret Bourke-White, fotografía, New York, 1904-1971

Klaus Pichler, Viena (Austria), 1977

Klaus Pichler nació en 1977 en Viena, Austria

Klaus Pichler nació en 1977 en Viena, Austria,  donde reside actualmente. Después de graduarse en la universidad en 2005 decidió seguir sus impulsos, así que dejó su profesión como arquitecto paisajista y se dedicó a la fotografía a tiempo completo. Des de entonces crea proyectos de fotografía libre que han sido extensamente publicados, exhibidos internacionalmente y parcialmente publicados en formato libro.

Los principales temes de sus obres son los aspectos escondidos del día a día en sus variadas formas, así como los grupos sociales con sus propios códigos y normas.

Klaus Pichler, Viena (Austria), 1977
Klaus Pichler, Vienna (Austria), 1977
Klaus Pichler, Vienna (Austria), 1977
Klaus Pichler, Vienna (Austria), 1977
Klaus Pichler, Vienna (Austria), 1977
Klaus Pichler, Vienna (Austria), 1977
Klaus Pichler, Vienna (Austria), 1977
Klaus Pichler, Vienna (Austria), 1977
Klaus Pichler, Vienna (Austria), 1977

Tanaka Kazuhiko, Kofu City (Japón), 1947

Kazuhiko Tanaka nació en la ciudad de Kofu, Prefectura de Yamanashi

Kazuhiko Tanaka nació en la ciudad de Kofu, Prefectura de Yamanashi.

1965 – Graduado de Kofu First High School.
1971 – BFA, Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio con especialización en Diseño Arquitectónico.
1976 – Licencia de arquitecto de primera clase adquirida.
1982 – Abre su propia oficina de diseño arquitectónico en Tokio.
1991 – Abrir una compañía limitada, Zakurosha en Tokio.

Durante más de cuarenta años, ha trabajado como arquitecto en Tokio.

Tanaka Kazuhiko, Kofu City (Japón), 1947
Tanaka Kazuhiko, Kofu City (Japón), 1947
Tanaka Kazuhiko, Kofu City (Japón), 1947
Tanaka Kazuhiko, Kofu City (Japón), 1947
Tanaka Kazuhiko, Kofu City (Japón), 1947
Tanaka Kazuhiko, Kofu City (Japón), 1947

Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910

Henri Julien Félix Rousseau, llamado el Aduanero; Laval, Francia, 1844 - París, 1910

Pintor francés. Por sus humildes orígenes no pudo recibir una formación artística y no se dedicó a la pintura hasta 1893, por lo que se le considera autodidacta. Su peculiar pintura figurativa, que combina la ingenuidad formal con la sofisticación temática y compositiva, constituye un caso único en el marco de las experiencias innovadoras de su época. Después de unas primeras obras (paisajes y naturalezas muertas) en las que describe minuciosamente la realidad eliminando por completo la perspectiva, Henri Rousseau pasó a colocar sus figuras en un espacio bidimensional de ambiente mítico, como es el caso en La cabalgata de la desolación. Sin embargo, sus obras más interesantes son aquellas que representan un mundo exótico, lleno de visiones oníricas, a menudo ambientadas en la jungla. En esta línea se inscribe sobre todo el famoso cuadro La encantadora de serpientes(1907). Su obra ejerció una destacada influencia en la pintura naif.

La misteriosa poesía y la sencilla técnica de los cuadros de Henri Rousseau, ambientados con frecuencia en escenarios exóticos, hicieron de él el prototipo del llamado artista naif o ingenuista. En la década de 1890 su obra fue objeto de la atención de Degas y Gauguin, entre otros; más tarde sería celebrado por los cubistas como uno de los innovadores de la pintura europea de finales del siglo XIX.

De origen humilde, durante su juventud pasó cuatro años en el ejército, y en 1871 se estableció con su esposa en París como empleado de los arbitrios (oficinas fiscales) municipales, lo que daría origen a su sobrenombre. Apasionado por la pintura pese a su carencia de formación técnica, en 1886 presentó en el Salón de los Independientes su primer cuadro conocido, El carnaval de los animales, que pasó inadvertido y que mostraba ya su tendencia a la representación detallista (producto de su admiración por el arte académico) y al empleo de colores intensos y sutilmente modulados, que serían rasgos característicos de toda su obra.

En 1893 Rousseau, aunque ignorado o ridiculizado por los críticos, abandonó su trabajo para dedicarse plenamente a la pintura. Vivió de una pequeña pensión y de los retratos que pintaba a sus vecinos, y fundó una pequeña escuela donde enseñaba arte y música. Formalmente carecía de instrucción artística, pero con trabajo metódico y tenaz llegó a dominar la técnica del óleo. Admiraba el formalismo de la pintura academicista, pero su propia obra se caracteriza ante todo por la ingenuidad, el calor humano y la percepción poética.

Pronto obtuvo cierto reconocimiento en los círculos artísticos de vanguardia gracias a obras como La guerra (1894), alegoría de gran fuerza expresiva, y La gitana dormida (1897), cuyo paisaje desolado e irreal, interrumpido sólo por las figuras de una joven yacente y un león situado junto a ella, fue una de las primeras muestras de su capacidad para crear mundos de un onírico lirismo. Admirado por artistas de la talla de Pablo Picasso y el escritor Guillaume Apollinaire, que apreciaban su talante a un tiempo ingenuo y orgulloso, Rousseau creó desde 1905 una serie de extraordinarias escenas selváticas (El león hambrientoLa encantadora de serpientesEl sueño de Yadivigha) cuya apelación a un perdido paraíso natural influyó no sólo en el arte naif, sino en numerosas corrientes imaginativas de la pintura posterior.

Dentro de la serie de pinturas sobre la jungla, La encantadora de serpientes(1907) es una excelente muestra del estilo de Rousseau, antirrealista y evocador de espacios y situaciones entresacados de la infancia y de los sueños. En esta tela, la figura principal se presenta oscurecida, lo que incrementa su misterio, tocando una flauta a cuyo son parecen acudir los animales, además de las serpientes mencionadas en el título. El marco que sirve de fondo a la escena se presenta ricamente ornado por una abundante y variada vegetación, más fabulosa que real. El cuadro fue pintado a partir de la narración de un viaje a la India que le hizo la madre del pintor Robert Delaunay.

Tomada en su conjunto, los temas de la obra de Henri Rousseau van desde los barrios pequeño burgueses de París a las flores, pasando por imágenes de sueños simbólicos y paisajes de fantasía. Sus imaginarios animales y extrañas flores están inspirados en estudios hechos en los jardines botánicos y zoológicos, y posiblemente también por un viaje a México que realizó en su juventud, aunque actualmente se tiende a pensar que tal viaje no es más que una leyenda. Los colores de sus cuadros son intensos y elementales, y el dibujo está simplificado hasta el punto de recordar las producciones infantiles.

No obstante, este acercamiento al arte del pueblo está teñido de una paradójica sofisticación, y las composiciones (que tienen cierta similitud a veces con las de Marc Chagall, otro artista empeñado artificialmente en alcanzar una expresión de apariencia espontánea) poseen una vigorosa carga romántica. Uno de sus paisajes, El sueño, tuvo su interpretación poética en un poema del escritor y crítico Apollinaire, que al igual que Picasso y otros, apoyaron a Rousseau y lanzaron su obra.

El interés del público europeo por el arte primitivo de finales del siglo XIX allanó el camino para la pintura ineducada y poética de Rousseau. Su obra halló pleno reconocimiento ya antes de su muerte, y actualmente el Aduanero está considerado como uno de los principales representantes de la pintura naif y de las tendencias neoprimitivistas. Sus motivos alegóricos y simbólicos señalan también el camino del surrealismo.

 

Fuente | Biografías y Vidas

Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910
Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910
Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910
Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910
Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910
Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910
Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910
Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910
Henri Rousseau, pintor, Laval (Francia), 1844-1910