1913. “Nada más frecuente que despreciar a muchos que debieran más bien despertar nuestra envidia”.
1914. “Amor u odio no son creadores, sino reveladores de calidades que nuestra indiferencia opaca”.
1915. “Lo que aleja de Dios no es la sensualidad, sino la abstracción”.
1916. “La madurez del espíritu comienza cuando dejamos de sentirnos encargados del mundo”.
1917. “El futuro del verbo es el tiempo predilecto del imbécil”.
1918. “La estupidez es el combustible de la revolución”.
1919. “El ritualismo es el protector discreto de la espiritualidad”.
1920. “Hay que apreciar los lugares comunes y despreciar los lugares de moda”.
1921. “Las concesiones al adversario llenan de admiración al imbécil”.
1922. “No les demos a las opiniones estúpidas el placer de escandalizarnos”.
1923. “Marx ha sido el único marxista que el marxismo no abobó”.
1924. “Orar es el único acto en cuya eficacia confío”.
1925. “Los problemas no se resuelven, meramente pasan de moda”.
1928. “Los hombres son menos iguales de lo que dicen y más de lo que piensan”.
1929. “Las estupideces modernas son más irritantes que las antiguas, porque sus prosélitos pretenden justificarlas en nombre de la razón”.
1930. “Al fin y al cabo, — ¿qué llama ‘Progreso’ el moderno? Lo que le parece cómodo al tonto”.
1931. “En la historia es sensato esperar milagros y absurdo confiar en proyectos”.
1933. “La inteligencia se capacita para descubrir verdades nuevas redescubriendo viejas verdades”.
1934. “Dialogar con el imbécil es escabroso: nunca sabemos dónde lo herimos, cuándo lo escandalizamos, cómo lo complacemos”.
1935. “Nada obliga al que tan sólo medita a disputar con todo tonto que arguya”.
1936. “El inferior siempre tiene razón en las disputas, porque el superior se ha rebajado a disputar”.
1937. “La libertad es derecho a ser diferente; la igualdad es prohibición de serlo”.
1938. “La incuria con que la humanidad actual disipa sus bienes parece indicar que no espera descendientes”.
1939. “El ateo se consagra menos a verificar la inexistencia de Dios que a prohibirle que exista”.
1940. “‘Pueblo’ es la suma de los defectos del pueblo. Lo demás es elocuencia electoral”.
1941. “La imposibilidad de encontrar soluciones nos enseña que debemos consagrarnos a ennoblecer los problemas”.
1942. “Si queremos que algo dure, hagámoslo bello, no eficaz”.
1943. “El ateísmo democrático no disputa la existencia de Dios, sino su identidad”.
1944. “Los gestos públicos deberían estar regulados por el más estricto formalismo para impedir esa espontaneidad fingida que tanto place al tonto”.
1945. “Las ciencias, particularmente las ciencias humanas, vienen depositando sucesivos estratos de barbarismos sobre la literatura”.
1946. “El que se cree original sólo es ignorante”.
1947. “Solo la libertad limita las abusivas intervenciones de la ignorancia”.
1948. “La cortesía es obstáculo al progreso”.
1950. “Renunciamos más fácilmente a una realidad que a sus símbolos”.
1951. “El cristiano sabe que nada puede reclamar, pero que puede esperar todo”.
1952. “Sociedad civilizada es aquella donde dolor y placer físico no son los argumentos únicos”.
1953. “Lo difícil no es creer en Dios, sino creer que le importemos”.
1954. “Morir es el signo inequívoco de nuestra dependencia. Nuestra dependencia es el fundamento inequívoco de nuestra esperanza”.
1955. “El que se dice respetuoso de todas las ideas se confiesa listo a claudicar”.
1956. “Ser de ‘derecho divino’ limitaba al monarca; el ‘mandatario del pueblo’ es el representante del Absolutismo absoluto”.
1957. “Sociedad noble es aquella donde obediencia y mando son comportamientos éticos, y no meras necesidades prácticas”.
1958. “La educación moderna entrega mentes intactas a la propaganda”.
1959. “Ser civilizado es poder criticar aquello en que creemos sin dejar de creer en ello”.
1960. “Son muchas las cosas ante las cuales hay que aprender a sonreír sin irrespetar”.
1961. “Bien educado es el hombre que se excusa al usar sus derechos”.

Nicolás Gómez Dávila, aforismos
Nicolás Gómez Dávila, aforismos
Nicolás Gómez Dávila, aforismos

“…

De ahí lo contradictorio y casi agónico de mi pasión por Gómez Dávila: no comparto ninguno de sus axiomas, pero sí la mayoría de lo que deduce de ellos. Sobre todo cuando niega y rechaza, aunque mucho menos cuando afirma. Lo cual no le resta interés, porque, como él mismo escribió, “muchas doctrinas valen menos por los aciertos que contienen que por los errores que rechazan”. Insisto en este punto, ya que no admiro sus Escolios simplemente por su espléndido tino expresivo, duro como la roca y trémulo como la rama según su propia inolvidable descripción, ni tampoco por su evidente ingenio y su tonificante humor sino ante todo porque da la casualidad -lo mismo que advirtió Borges sobre las aparentes boutades de Oscar Wilde- de que suele decir verdades, sobre todo cuando critica. Y para mí, que no soy posmoderno y mucho que lo lamento, la verdad es más importante que el estilo, que el ingenio y al menos tan importante como el mismísimo humor.

Quizá el aspecto más interesante del pensamiento de Gómez Dávila consista en que no puede ser sencillamente clasificado como un pesimista a lo Cioran o como un nostálgico de los felices tiempos pasados, como tantos aristocratizantes que no echan de menos la ilusoria armonía perdida de la sociedad antigua sino sólo sus desaparecidos privilegios. Gómez Dávila no es ese laudator temporis acti de que habla Horacio en su Arte poética. Por el contrario, revela frecuentemente una sensibilidad desprejuiciada -por crítica que sea- ante los ritos y mitos de la modernidad. El escolio en que afirma “el bárbaro o totalmente afirma o totalmente venera. La civilización es sonrisa que mezcla discretamente ironía y respeto” entronca con un comentario muy parecido de Isaiah Berlin, quien señaló en oposición al fanatismo del bárbaro que la persona civilizada está dispuesta a luchar e incluso morir por ideas en las que no cree del todo. No es el pesimismo, sino la lucidez la que le lleva a afirmar “madurar no consiste en renunciar a nuestros anhelos, sino en admitir que el mundo no está obligado a colmarlos”. Ningún verdadero pesimista admite nunca del todo que la auténtica cordura implica frustración pero no se reduce a ella.

…”

Fuente | Artículo “El reaccionario inconformista” de Fernando Sabater en El País