Pergolero Aúreo (Sericulus Aureus), un donjuán de las aves que crea una ilusión óptica para conquistar a las hembras

En el enrevesado mundo de las artes amatorias y el cortejo de las parejas, un pájaro australiano es el más ‘pájaro’ de todos. Es el pergolero, de la familia Ptilonorhynchidae, un maestro de la seducción, el Don Juan de las aves.

Los machos de la especie han diseñado un elaborado ritual para atraer a las hembras de la especie y conseguir aparearse con ellas mediante la recreación de una ‘trampa’: crean una ilusión óptica con la que las hembras se quedan perplejas.

Lo primero que hacen es construir una gran estructura, como si fuera un ‘túnel’ y parecido a una pérgola, con las ramas de los árboles con la que consiguen que las hembras se paren cuando pasan por delante.

Para captar su atención, los pergoleros reúnen una gran colección de huesos, conchas, piedras y diferentes objetos con los que forman un lecho que se conoce como gesso, un material al blanco similar al yeso. Pasan horas y horas colocándolo en la parte final del túnel, escogiendo cuidadosamente donde situar cada objeto.

Los materiales más grandes los colocan en la parte más alejada de la salida de la pérgola y los pequeños los ponen más cerca, en forma de triángulo, como si fuera una alfombra. Todo el conjunto se conoce como la ‘avenida’ del pergolero, y aunque pueda parecer un nido, solo se usa para el cortejo.

Como los objetos parecen más pequeños con la distancia, consiguen crear la sensación de que son del mismo tamaño y que el área es más pequeña de lo que parece. Pero no es real, es una ilusión óptica conocida como perspectiva forzada. “Cuando la hembra se para a contemplar el espectáculo, el macho da paso al truco final“. La atención ya está captada. Solo queda un paso. Cautivar a las hembas. Cuando se paran a contemplar semejante espectáculo, el macho da paso al truco final. Exhibe sus tesoros -objetos brillantes, piezas de fruta, metales- y se los muestra uno a uno, esparciéndolos con el pico delante de ella.

La hembra no hace otra cosa sino contemplar el espéctaculo. Mientras, el macho, aprovecha la situación y da la vuelta para situarse detrás de la hembra y conseguir su objetivo. Aparearse.

No obstante, los investigadores señalan que no está claro porqué la ilusión está ligada al éxito del apareamiento, aunque una de las posibilidades que reflejan los autores es que los objetos brillantes captan mejor la atención de las hembras cuando el gesto está repartido de forma más uniforme.

El ángulo ciego

Átomo: Símbolo de la Ciencia