La mayoría de grandes empresas en la actualidad considera fundamental un ambiente de trabajo agradable, acogedor y motivador para obtener los mejores resultados en la productividad de sus colaboradores.

Cuando el ir a trabajar se convierte en un suplicio tal que supera al hastío y se presentan síntomas fisiológicos, es que el cuerpo nos está dando la alerta de que debemos parar y analizar bien qué está pasando, si no queremos pagar caras las consecuencias de no tratar a tiempo un stress que puede convertirse en fatal.

Los ambientes de trabajo tóxicos presentan síntomas típicos que incluyen injusticias, actividades ilegales e inmorales, peligro físico, jefes abusivos y colegas venenosos o simplemente “pesados”.

En muchos casos, se está tan acostumbrado al maltrato laboral, que se termina pensando que estas situaciones son normales, que son parte del costo de tener un trabajo estable. Sin embargo, si no se actúa, las consecuencias del estrés y la rabia contenida pueden ser muy serias para la salud física y mental.

 

 

Actitudes tóxicas

Es muy duro reconocerse como “persona tóxica”, pues implica darse cuenta de una serie de sentimientos que son los que provocan estas conductas dañinas hacia el prójimo y que probablemente impregnen todos los ámbitos de nuestra vida, no sólo el laboral.

Sin embargo, lo que hace tóxicas a algunas personas, en realidad, son sus actitudes, que pueden ser características permanentes de su personalidad o haber aparecido luego de algún episodio puntual en sus vidas y, por lo tanto, desaparecer luego de un periodo más o menos determinado.

Las “personas tóxicas” no son muy difíciles de reconocer:
• Siempre encuentran algo negativo en todo lo que sucede en su entorno
• Siempre tienen la razón
• Son hirientes, agresivos, inflexibles y no aceptan que se les contradiga
• Disfrutan de la humillación del otro
• Sólo hablan de sí mismas y no escuchan al prójimo, mucho menos se interesan por los problemas o necesidades ajenas
• Necesitan constantemente la aprobación de los demás, sentirse importantes, ser reconocidos, a pesar de no tener logros relevantes en la vida
• Buscan manipular con mentiras
• Agreden innecesariamente y desvalorizan al otro para sentirse bien ellos mismos
• Dañan con intención sin jamás proponer una reparación
• Incomodan con sus imposturas
• Critican incansablemente a los demás, son envidiosos y resentidos
• Algunas veces son pasivos, llorones y viven de la lástima ajena, buscando ayuda constantemente y aprovechándose de los demás
• Se sienten vacíos y buscan llenar ese hueco con nuestra amistad, tiempo o compañía, absorbiéndonos por completo, sin dar nada de sí a cambio

Lamentablemente, lo queramos o no, cualquier contacto con una de estas personas probablemente nos deje alguna repercusión poco placentera. Los síntomas más comunes de haber estado en contacto con personas tóxicas son:
• Pérdida de energía, malhumor
• Dolor de cabeza, de estómago, agotamiento
• Angustia y/o depresión por su visión tan negativa del mundo y de todas las situaciones de la vida
• Pérdida de motivación y de entusiasmo

Usualmente la aparición de estos síntomas parece no tener causa real. Sin embargo, haciendo memoria, uno puede darse cuenta de que ha estado en contacto con una de estas personas tremendamente negativas a lo largo del día, así sea por pocos instantes. Los “vampiros emocionales” son capaces de transmitir toda su frustración aun a nivel inconsciente.

 

 

“Vampiros emocionales”, cómo neutralizar su influencia:

La manera más sencilla de protegerse de personas negativas o “tóxicas” es, evidentemente, no relacionarse con ellas. Lamentablemente existen entornos donde es imposible negarse a convivir con personas de todo tipo, como el ambiente de trabajo, por lo que es imperativo desarrollar herramientas para no verse afectados.

A esas personas se las controla quitándoles su poder, evitándolas, escapando de ellas o no permitiéndoles acceso a nuestra intimidad.

Cuando surge un comentario o comportamiento “tóxico”, sencillamente no debemos darle importancia alguna, tomarlo como una broma o simplemente desoírlo.

También resulta eficaz cambiar de tema rápidamente.

Al “tóxico” se lo neutraliza con amabilidad. Su afán por lastimar con comentarios o actos desagradables resulta estéril si él percibe que carece de efecto.
Si no es posible evitarlos porque usan el teléfono con asiduidad e insisten, registrar sus teléfonos y protegernos con el identificador de llamadas es ideal, además de reducir al mínimo el contacto personal con ellos.

Si una persona “tóxica” forma parte del equipo de trabajo, se deben de establecer de antemano y claramente las reglas de convivencia.

Si se trata del jefe, hay que hacerle saber, de la manera más sutil y cuidadosa posible, que todo el equipo pierde eficiencia frente a comportamientos negativos, poniéndole ejemplos concretos. Es verdad que lleva tiempo y es un asunto muy delicado de manejar, pero siempre, por poco que se consiga, merecerá la pena. De lo contrario, la vida laboral del grupo puede volverse un martirio.

Si el “tóxico” no es alertado sobre su toxicidad, la extenderá en el ambiente. No se pueden dejar pasar por alto esas actitudes, sino conversarlas inmediatamente con él. Tampoco se debe comentar el asunto primero con los demás, pues el tema se convertiría en chisme y el resultado sería exactamente lo opuesto del deseado: un argumento más para el “toxico” para decir “que el mundo entero lo detesta”.

También es fundamental ejercitar nuestra propia autocrítica y revisar con asiduidad qué tipo de actitudes y comportamientos tenemos para con los demás. Podría ser que nosotros también resultemos ser “tóxicos” para otros. La regla es simple: no hay que hacer a los demás lo que no deseamos que nos hagan a nosotros.

Personas tóxicas: Cómo reconocerlas y neutralizar su influencia