Poemas de "Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero"

Poemas del libro «Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero», publicado por DaRa Editores (España, 2019)

Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero, poemario que homenajea, a través de sus siete pasajes, el devenir de la vida. Así, en “Desde el origen más remoto” se agradece el esfuerzo de los antepasados más próximos con el telón de fondo de esa infancia que ya solamente reside en el autor, sin más referentes que el recuerdo de sus propias vivencias; en “Los pies en la tierra, la mirada en el cielo” se inventaría lo adquirido y lo perdido, lo aprendido y lo olvidado, miedos, descubrimientos y naufragios; en “Los dioses tienen caprichos y el destino voluntad” se enfrenta con denuedo a la complejidad del mundo, a sus dobleces, aristas, senderos, tránsitos, a lo que nace y a lo que muere dejando tras de sí un rastro de huellas y de sangre. En “Desconocemos y desconoceremos” se describe, sin desazón ni amargura, lo subjetivo, la tensión interna del libre albedrío mediante el fugaz retrato de anónimos momentos íntimos. En “Ama y haz lo que quieras” se trasluce al desengaño amoroso en su intento de dar sentido al viejo dilema que enfrenta a Eros y Tanatos. Por último, “Pan y circo” es un breviario de fugacidades, un cajón de sastre de medias verdades.

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Wall Street

Abramos la puja. Igualar, retirarse, subir.
La suerte está echada. Ahí están los que juegan
sin importarles que su ganen o su pierdan
lo paguemos entre todos.

 

 

del libro de poemas Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Wall Street de Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Nueva vía

Esta vía nueva que desbrozas, señalas y abandonas,
esa que fue, inacabada, la tuya, la adecuada,
te aseguro encontrará mañana
un caminante que sea su alma y la concluya.

 

 

del libro de poemas Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Nueva vía de Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Bata azul, bata rosa

Bata azul, bata rosa,
cromos, hielo, carbón,
banderines, tardes de radio, sopa de pan,
papel cebolla, papel de calcar,
alcohol, mercromina, esparadrapo,
come y calla, si escuece cura, penalti y gol es gol.

El afilador hace girar la muela
junto al remendón de la esquina
y el velador guarda el pan duro de ayer para mañana.

Hace mucho el lampista de nuestra calle dejó viuda y bajó persiana
y tampoco resistió mucho más la pastelería Fontanet en la esquina con Travesera.

 

del libro de poemas Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Bata azul, bata rosa de Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

En el que ayer, pusilánimes, nos cobijamos

Las bestias aplauden, en el circo romano,
el deshonor y la brutalidad
cuando destrozan, sucias de dolor,
las carnes al esclavo que nos representa.
Vitoreamos, de su muerte, la agonía,
porque tal es lo que la nuestra posterga.
Nuestros abucheos lo condenan a la no clemencia
y nos salvaguardan hasta que llega la hora y pisamos la arena
y nos denuesta el tumulto
en el que ayer, pusilánimes, nos cobijamos.

 

del libro de poemas Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Lo que nunca te dan del libro Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Lo que nunca te dan

Te dan un reloj y una cuerda
una vela y un papel
una semilla
un copo de nieve
una chistera mágica
una cajita sin fondo
el sonido de la lluvia
unos puntos suspensivos
una hoguera y un pincel
un remo, una piedra,
una palabra del revés
un ojo crítico
un pulgar oponible
un drama, una comedia,
una tragedia y un entremés.
Muchas perspectivas
y una forma de ser.
Lo que nunca te dan
lo que no te dan nunca
es lo que debes hacer.

 

del libro de poemas Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Lo que nunca te dan del libro Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Hubo una época

Hubo una época en que Carpanta y el Coyote
eran pozos de sabiduría
¡Qué mala es el hambre!

En los arrozales de Vietnam
cazaban mujeres y niños desde los helicópteros
¡Qué puta es la guerra!

Arrimar el hombro por imperativo legal, afeitarse cada mañana
y que puntualmente le lleve el chofer a la agencia de publicidad
¡Es este un mundo muy cabrón!

En las fosas comunes, donde algunos eran enterrados vivos,
el último de la fila encala los muertos
¡Qué amarga es la victoria!

Perdonavidas, engreído y depredador
y no tener a nadie cerca digno de tales proezas
¡Oh, en el éxito cuánta soledad!

No quiero que nada malo le pase,
por eso, para protegerla, la vigilo noche y día
¡Qué incomprendido es el amor!

¿Quién haría algo así?
es lo primero que pregunta el asesino
¡Qué grandeza tirando la piedra y escondiendo la mano!

Semen, saliva y marcas de mordiscos
¿noche de amor o dictamen forense?
¡200 euros de bonus para quien resuelva el acertijo!

 

del libro de poemas Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Hubo una época del libro Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Sueño recurrente

Crecen animales lentamente horribles,
seres deformes, nuevos.
Allí, de piedras que palpitan gotean líquidos
(imposible distinguir lo animal de lo vegetal y de lo mineral).
Sapos enormes, tigres champawat con escamas
y diferentes especies de insectos
del tamaño de una cafetera, copulan
bajo las hojarascas podridas,
engendrando novedades aún más dolorosas.
Homínidos enanos de cuerpos lechosos, desnudos,
al mismo tiempo suaves y viscosos,
me miran sin párpados ni músculos en los labios.

Habitantes en un foso, colindante a mi terraza,
desde donde podría tocarlos, si me atreviera,
llagado por el olor putrefacto de sus miradas.
Una zona del patio que me pertenece,
un edén inverso y retorcido y grotesco
del que no salen, pero sé perfectamente
que podrían si quisieran.
Todo allí se mueve despacio o se aquieta vertiginoso,
extrañamente, sin violencia alguna,
más bajo el signo permanente de la más atroz de las amenazas.

A veces descubro a mis hijos paseando
por la densidad de esa jungla inexplorable,
que por el miedo me ha sido vedada,
y no puedo hacer nada más que temer por ellos y preguntarme
¿de qué se puede alimentar esa malignidad
contrahecha y latente más que de mis propios terrores?

 

del libro de poemas Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Sueño recurrente del libro Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Esos papeles

Estos papeles desperdigados
llenos de palabras que se acumulan en el trasiego de las idas y venidas,
ese tiempo, ¡tanto!, dedicado,
secuestrado sin rescate,
horas y horas solo mías
requisadas al comercio, al sueño, al trabajo,
al poniente de los faros, a la cordura del suicida,
a las noches sin terapia, a los trasplantes, a los inventos,
a la compañía de bellezas inquietantes,
a los entierros, a las tormentas, a las botas de siete leguas,
al telón del comediante, al perro de la vecina,
al dolor de muelas, de cartílagos, de caligrafías,
a los lazos familiares, al soborno de los gremios,
a los pesticidas de los huertos, a los pleitos judiciales,
a la horma de los rituales, al golpe seco de las milicias,
a los síndromes de abstinencia, a las vírgenes arrepentidas,
a las hostias consagradas, a los exámenes de conciencia,
no sostienen más paredes que unos pocos gramos de mi vida
ni valen lo que un buen puchero de judías pintas.

 

de Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Esos papeles del libro Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Churro, mediamanga

La madre comprobó que no hay
más tela escondida
en el dobladillo de la falda
de mi hermana
y que a los dos se nos quedó corto
el abrigo del invierno pasado.

El carbón escasea en el capazo
y hace dos días que no pasa
el carro del basurero
(la última vez el jamelgo cojeaba).

Los niños se caldean en la calle
jugando al churro media manga mangotero
y la picadura que está liando
mi tío abuelo formará
un celaje azul amable
que flotará durante horas
en la penumbra del comedor
y nos picará en la garganta.

Hoy cenamos, hace frío,
con los guantes de lana puestos
otra vez sopa de pan
y un poco de membrillo
y nos repartimos
los gajos de la naranja
con los que ya hemos jugado a barquitos…
tal vez luego
calentaremos castañas
sacaremos la gaseosa
y el comedor será una fiesta.

El mendigo de la esquina
cierra su jornada
en la bodega
reparando el pescuezo
con garnacha
y una esposa, hace mucho
no se tiñe, pela patatas
y ya no recuerda que tuvo un amante
que la maltrataba.

“… media manga, mangotero… adivina lo que tengo
en el puchero…
de mi abuelo Baldomero…”
y el niño que soy se hunde
bajo el peso
de las circunstancias.

 

de Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

Churro, mediamanga de Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero
Churro Mediamanga Mangotero

El hombre del saco

Carga el Hombre del Saco
con las vituallas de los escombros,
mientras la chiquillería lo provoca
ensayando bravuconería desde la distancia,
retando así, no al más temido de los enemigos,
sino a la madre que lo contrata.

 

 

 

de Jornalero, ebanista, minero, revisor y camarero

El hombre del saco del libro Jornalero, ebanista, revisor y camarero