Poemas

Soy el penúltimo de la fila

Soy el penúltimo de la fila.
Las chimeneas llenan de terrible humo el aire.
Ahora que aun no sabemos si moriremos algunos o todos
y que la lucidez del horror cruza el cielo
intuimos que todos desapareceremos
sin dejar rastro
y que los supervivientes serán malditos
muertos en vida.
Ya soy el tercero de la fila.

 

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Soy el penúltimo de la fila de El libro de las tentativas

Una vez desaparecida la campana del campanario

a mi tío antonio
in memoriam

 

Una vez desaparecida la campana del campanario
solamente el balanceo de la cuerda
como vestigio de los antiguos repiques
y es en esta gravedad de añicos
donde rozan mis dedos tus dedos lejanos
y me dicen “hay en el acantilado senderos que llevan al mar”.

 

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Una vez desaparecida la campana de El libro de las tentativas

Camino entre los que duermen

Camino entre los que duermen.
Pánico y determinación.
Lo hago con sigilo por temor a despertarlos.
Me acompañan y los acompaño.
Cuando me abandonan los abandono.

Duermo, pánico y determinación,
en una estancia dorada y oscura
donde todo puede brillar pero todo
yace apagado en su propia penumbra.

Es, creo, pánico y determinación, la Casa de un Dios
que ha renunciado a serlo
y vaga ebrio de silencio y soledad.

 

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Camino entre los que duermen de El libro de las tentativas

Nadie puede pagarme como es debido

Nadie puede pagarme como es debido
mi deseo de vida, el rostro exclusivo
el desgarro de tanta locura
el gesto curvo del arco tenso
el ángulo exacto del fuego propicio
que purifica y consume.
Nadie puede pagarme como es debido
ni tampoco nadie puede devolverme lo aplazado.

 

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Nadie puede pagarme como es debido de El libro de las tentativas

Era jueves por la tarde y anochecía

Era jueves por la tarde y anochecía.
Llegó confuso a su casa. Lo habían despedido.
Estaba muerto y dijo hola.
Notó como en su interior crecía una idea sagrada.
Había abandonado las posibilidades
cuando entró en su cuarto
y descendió lentamente.
Su madre y su hermana no le oyeron llegar.
Estaba muerto.
En su mundo no había cuarta pared:
todo abocado siempre al vacío, al abismo.
Su baraja de mentiras se había agotado.
Durante años inventando
una enfermedad para ser tenido en cuenta
y no llegar a saber nunca que nunca conocería
su verdadera enfermedad.
Que era peor, que era otra. Y que no se curaría.
Todos tienen la culpa se dijo por enésima vez.
Ahora no tenía salvación. Liberado, había soltado amarras.
Salió de su habitación
y empezó por su madre y su hermana.
Luego siguió descendiendo muy lentamente.

 

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Era jueves por la tarde y anochecía de El libro de las tentativas

Han visto a Luz en el Barrio Chino

a Luz

Han visto a Luz en el Barrio Chino.
Nunca más.
Tras la investigación policial
queda en la bolsa de plástico
una foto de Elvis Presley
una caja de condones
un escudo del Real Madrid.
Su última guarida, este sótano
del médico forense.

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Han visto a Luz en el Barrio Chino de El libro de las tentativas