Poemas

sabes que no existen los regalos

a gisela

sabes que no existen los regalos
sin contrapartidas
y te quedas mirando
esa pulsera de oro macizo
con un dolor terrible
zumbando a lo lejos
ahí mismo
como si de repente se te hubiera encogido la piel cinco centímetros
mientras él sonríe bobalicónamente

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

sabes que no existen los regalos de El libro de las tentativas

Recuerdo contigo Roma, sus fuentes y librerías

a ana simón

 

Recuerdo contigo Roma, sus fuentes y librerías
aquel tranvía de Milán en el que viajamos sin pagar el billete
las bromas cuando nos descubrieron
y la suciedad majestuosa de las callejuelas venecianas
su íntimo abandono por el que deambulaban
aquellos gatos salvajes
cuyos temidos mordiscos dicen son venenosos.

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Recuerdo contigo Roma, sus fuentes y librerías de El libro de las tentativas

Los sobrehumanamente inhumanos

Lamento confirmar
que Fritz Stangl
Ivan Demjanjuk
Sandor Kepiro
Josef Mengele
Milivoj Asner
Sigmund Rascher
Otto Adolf Eichmann
y Heinrich Luitpold Himmler
eran esencialmente
seres humanos.

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Los sobrehumanamente inhumanos del libro Programa de mano

Nicomedes Expósito

Desde el Café La Moderna hasta el Guadalete llegó su fama y eso le perdió.
En el teatrillo ambulante de Manolita Chen
(la Manuela Fernández, esposa del Chino)
justo después del ballet Hong Kong, su reolina del Ní
entre aplausos de hombres
con americana y camisa blanca sin corbata y desmayos
que mal justificaban las señoras
por la calor y el aire enrarecido del local,
competía con éxito con las obras de Porcela
mientras sonaba el Vals de la Olas o el otro, el Danubio Azul,
y los vendedores y limpiabotas
voceaban tabaco, limonadas, helados y turrones.
La extraña firmeza de su elefantiasis le permitía
girar como trompo sobre su descomunal
ariete y en ofendiendo a su Eminencia el Arzobispo
de la diócesis de Sevilla
ofrecía en la sesión de madrugada gratificación pública
a la domadora de tigres
hasta que las convulsiones epilépticas de la vestal
anunciaban el fin del espectáculo.
Apoteosis en la Feria de Jerez cuando el querido público
a quien la Chen
decía jurando por su santa madre deber tanto
perdió la apuesta de la supuesta prótesis
mediante corte sangriento que se auto infligió
el enano en lo más extremo de su encanto.

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Nicomedes Expósito del libro Programa de mano

Jeanne Duval

“La enfermedad y la muerte hacen cenizas de todo cuanto
fuego ardió en nosotros.”
Le portrait. Les fleurs du mal. Charles Baudelaire.

 

Entonces era hemipléjica y Baudelaire, que tanto la necesitó,
hacía mucho le había contagiado la sífilis.
El pintor impúdico de la Olympia cual Reina de Picas saliendo del baño
no se atrevió más que con su decadencia, con la tristeza infinita de su enfermedad,
con la mirada consumida y fría de ciega en ciernes,
con su soledad de orgullosa y herida amante abandonada.
Ni la vaporosa falda de tarlatana con tiras malvas,
ni el angosto corpiño realzando la cintura
de la Venus Negra de acuerdo con la moda parisina,
ni el diván verde, ni las cortinas de transparente encaje,
ni la ociosidad femenina tan digna de la época
dejan vislumbrar esas escandalosas flores haitianas
de todo cuanto para él había de malo y viciosamente bello.
Conoció a la mulata en un vodevil del teatro Parthénon
cuando ya era mentirosa, alcohólica y, porque la estupidez demora las arrugas,
magníficamente ignorante.
Nada en el retrato de su mestizaje sensual de tez tropical y cobriza
nada de la profundidad abismal de sus ojos nocturnos
ni de sus labios carnosos temblando en su reclamo constante de besos
ni del olor del tabaco mezclado con opio y azúcar en su cabellera de cobalto
ni de su porte salvaje de osado animal divino. Nada.
El pintor más bien nos describe casi con indolencia
la inmovilidad del brazo oculto y la otra cara del poeta
la de la nota del suicidio ridículo al amor de su vida
y la del testamento aun más villano como pago por los raros placeres.

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Jeanne Duval del libro Programa de mano

Bougetah Smoky

Su padre, Enoc, sobrino-nieto del Jefe Appiatan,
ayudó a los “Cinco” con el alquiler de una casa en Norman
(Spencer Asah, Auchiah James, Hokeah Jack, Stephen Mopope y Monroe Tsatoke)
donde entonces todos vivían juntos creando el “Ledger Art”.
Ella fue la primera kiowa de todos los tiempos
que pintó la figura humana: niños y mujeres indias
con sus vestidos de piel caminando nómadas
por las planicies del Oeste de Texas.
Así que ahora ya es sabido que los cinco fueron seis
aunque a eso ella nunca le dio mayor importancia.
Se casó con Lois Kaulaity, tuvo hijos y marcharon
a Verden (Oklahoma) donde siguió haciendo preciosos abalorios
pero nunca nunca más pintó. ‘It’s just impossible now with the children’,
dijo una vez cuando le preguntaron.

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Bougetah Smoky del libro Programa de mano

Algur Hurtle Meadows

Algur nació en Vidalia, Georgia.
En 1936 cofundó en Texas la General American Oil Company.
En dos años, ya siendo presidente de la compañía,
le compró a Elmyr de Hory quince Duffys, siete Modiglianis,
cinco Vlamincks, ocho Durains, tres Matisses, dos Bonnards,
un Chagall, un Degas, un Laurencin, un Gauguin y un Picasso,
obteniendo en tan corto espacio de tiempo
el noble rango del hombre que poseía
la mayor colección de falsificaciones del mundo.

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Algur Hurtle Meadows del libro Programa de mano

La belleza

La belleza verdadera reúne toda la tristeza posible
expande su potencia en los calurosos días de agosto
busca nuestra rendición antes de ser derrotados
nos hace pagar un tributo mesiánico
a veces obligándonos a la quietud
otras provocando la acción no deseada.

La belleza suele ser un fracaso inexplicable.

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

La belleza del libro Programa de mano

El Catalán

Cuando abrieron en la montaña un casino un hotel y un parque de atracciones
y los viejos tranvías que trajeron para jubilar tartanas y omnibuses
tampoco podían con los siete kilómetros de escalada
fabricaron un nuevo modelo, era 1924, que salía de la esquina
de la Av. República Argentina con la calle Craywinckel.
Luego Primo prohibió el azar, la guerra lo complicó todo
y los autobuses recién inventados tomaron posiciones.
Tan solo uno de esos tranvías sobrevivió y a finales de los años 70
aun circulaba arrastrando trenes de mercancías por la zona de Candas,
entre Gijón y Avilés. Allí era el tractor eléctrico número dos
popularmente conocido como «El Catalán».
Iniciado como ascensor de lujo para llevar millonarios
al Casino de la Rabassada, acabó sus días como tractora de mercancías
en una mina de hierro de Asturias.

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

El Catalán del libro Programa de mano
El Catalán del libro Programa de mano
El Catalán del libro Programa de mano
El Catalán del libro Programa de mano

Polifemo

Alguien como Polifemo
que adora el vino
le disgusta el hígado frito
y detesta a Reyes y Héroes
parece buen compañero
para una larga partida de cartas.

 

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Polifemo del libro Programa de mano

Retrato de grupo con dos señoras

Carlomagno respetó la casa de Píndaro y los templos de Tebas
Visconti enseñó a caminar a la Callas
un cigarrillo siempre encendido en la mano derecha del pétreo Gardel
la enfermera de Einstein no era alemana así que no entendió sus últimas palabras
San Jerónimo tradujo Kamelos por camello y lo hizo todo más difícil
sin darme cuenta llego a la edad del suicidio de Lampedusa
el metrónomo de Beethoven no era preciso lo que genera curiosos interrogantes
hace 700 años el número miríada era cantidad suficiente para contarlo todo
en Arkansas su río tiene prohibido crecer más que el puente de Main Street de Little Rock
Dylan Thomas dice “acabo de beberme 18 whiskeys puros, creo que es el record.”
y sin embargo entre el 5 y el 15 de octubre de 1582 no pasó absolutamente nada.

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Retrato de grupo con dos señoras del libro Programa de mano

El papiro de Artemidoro

El papiro de Artemidoro del libro Programa de mano

Hay que empezar por el principio
y en el inicio está la mano de un dibujante que trabaja en un taller de Alejandría
a mediados del siglo I antes de Cristo.
El dibujante tiene ante sí un papiro de 32 centímetros de ancho y 240 de largo.
Un escriba ha copiado con atramentum un texto del geógrafo Artemidoro de Éfeso
muerto hace unas décadas.
El dibujante se equivoca y hace lo único que puede hacerse: pedir un nuevo papiro.
El primer papiro, con su texto y su dibujo desafortunado,
queda en un taller y lo utilizan como muestrario.
Llega un momento en que el papiro, ajado y con dibujos anticuados,
es enviado a un servicio de pompas fúnebres donde, empapado en agua,
amasado y transformado en papier maché, se mezcla con cartas
y documentos de la administración romana en Egipto,
para rellenar el interior de la máscara mortuoria de una momia.
El mapa más antiguo que conocemos
pasa los siguientes 20 siglos en una tumba del Nilo Medio
para mayor honor y gloria de Constantine Simonides.

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Hudson Lowe

Sir Hudson Lowe, Comandante y Caballero
de la Orden de San Miguel y San Jorge,
siguió las normas al pie de la letra
y, aun con más esmero y precisión,
el espíritu de esas mismas normas,
por lo que obtuvo los honorables títulos británicos
del “estúpido que no sabía nada acerca del mundo”
y también la del “envidioso y desconfiado
cual todos los hombres que desconocen dicho mundo”.

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Hudson Lowe del libro Programa de mano

Ulysses

¡Qué decir de voluntad y destino
si náufrago llegó a la isla de Ogigia, donde Calipso enamorada,
y tuvo tiempo, mientras Penélope, la de la afamada belleza, tejía,
de engendrar a Nausítoo y a Nausínoo
partiendo tan sólo cuando, por encargo de Zeus, Hermes lo dictó!

 

del libro «Programa de mano«
(otros poemas del libro «Programa de mano«)

Ulysses

Ha llovido y los charcos del camino

Ha llovido y los charcos del camino
reflejan como lágrimas negras
la huidiza parsimonia de la impronta del celaje de los días
su devenir minúsculo en un lugar que es sombra de sombras
y hay una vigilia de mundos escindidos en ese momentáneo
espejo de agua estancada, una piedad,
una gravedad, una ternura,
y en ese preciso momento que es ahora y que ya no es
todo contiene su propio desconcierto…
lo resumo como puedo
en este hombre solitario escribiente de poemas
desde el territorio de las necesidades
¿escribiendo una esperanza?
¿una bisectriz en el gobierno de los raíles?

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Ha llovido y los charcos del camino de El libro de las tentativas

No sé como arrepentirme

No sé como arrepentirme, tampoco como amar:
en todos los estribillos siempre hay
una cláusula que no comparto.
Nos movemos en demasiadas direcciones, viejos y altaneros,
sin más rumbo que la rutina y el desconcierto
y no me he ido nunca pero vuelvo siempre de muy lejos
caminando por la orilla de la playa con los zapatos en la mano
soñando con lo sagrado
rumiando si cuando digerimos la comida somos nosotros
y si era libre Cristo de elegir otro destino

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

No sé como arrepentirme de El libro de las tentativas

Oh, poderosos prolegómenos

Oh, poderosos prolegómenos
de la austeridad del seguir vivos:
saldremos un día de nosotros mismos
de la paz protocolaria y del sexo perdido
dispuestos de nuevo a ser
y el rugido de los atributos de la noche
anunciará que nos preparamos para algo
que alguna otra vez ya pasó
sin darnos seguramente cuenta.

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Oh, poderosos prolegómenos de El libro de las tentativas

Cuando la veo se dirige

Cuando la veo se dirige
a la parada del autobús. Siempre.

Es rubia, es joven y bonita
y puede que dulce.
Es demasiado poco
para decir nada.

Atrapada en una fórmula de varias incógnitas
sonríe para sí misma.
Atesora un brillante falso en el anillo
de su mano derecha y una turbia mirada desconcertante.

Nos separan
tiempos ajenos
direcciones diferentes
y también esta fugaz intersección de cada mañana.
Nos separan infinitos
escombros y bisuterías.

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

Cuando la veo se dirige de El libro de las tentativas

A los que padecemos de los nervios

A los que padecemos de los nervios
el verano nos asfixia
estaba en el billar y pensaba en mi niña
y esto no se puede quitar de la cabeza
¿sabías que hoy hace trece meses?
¡tanto que yo la quería!
sin embargo estoy seco, no lloro
salvo que coja un retrato de ella…
me han dicho que no fuerce la pena
que poco a poco se apaciguará el dolor
cumplo 57 el día de San Juan
pero no quiero celebrar nada
a Él le hubiera dado un gran puñetazo
sí, a Jesucristo le iré perdonando poco a poco.

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

A los que padecemos de los nervios de El libro de las tentativas

La Julia y la Laia

La Julia y la Laia
son amigas
viven lejos de aquí y viajan juntas
en el autocar escolar.
Ahora permanecen atentas por lo de las alergias primaverales.
Se cuentan todo lo importante.
También les fascinan las nubes
y las veo solícitas fruncir los labios
o mover las manos sobre sus cabezas cuando hace viento.
Laia envidia un poco a Julia
porque con once años ya tiene la menstruación
y respiran entrecortadamente
cuando notan entre ellas la sombra de la mujer que serán.
Se sienten solemnes y poderosas. Es un secreto
que sólo se adivina en algunas miradas.

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

La Julia y la Laia de El libro de las tentativas

sus besos son

sus besos son
prisioneros
de la obviedad

un deseo turbio y soñado
descompuesto
en dispersas secuelas llenas de rutina

sus ensoñaciones son
los arietes de una inquietud
que se precipita
y dispone de ella

cuando la encuentro
yace imbuida por el fervor
-hasta la insensatez-
de una vida razonable

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

sus besos son de El libro de las tentativas

era tan bondadoso

era tan bondadoso
oh sí
era tanta su predisposición
que más que un alma
debía tener dos almas
¡qué digo dos almas!
tres, siete, veinticinco almas…
era una profesional
de la bondad
y un usurero
de almas

 

de El libro de las tentativas
(otros poemas de El libro de las tentativas)

era tan bondadoso de El libro de las tentativas

cuando nos sentamos en las rocas

cuando nos sentamos en las rocas frente al mar de los inviernos dejándonos morir en la suave somnolencia, mórbida melancolía, del abandono como animales desenfocados la suerte acaba y la vida, inconsciente, sigue adelante siendo así la falta de amor motivo de pasiones desenfrenadas   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
cuando nos sentamos en las rocas de El libro de las tentativas

La decisión tomada es enterrarla

La decisión tomada es enterrarla hasta el cuello para lapidarla hasta la muerte y que sea su marido quien arroje la primera piedra a la vista de todos sus hijos. Esa fue la decisión tomada por el gran consejo de sabios.   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
La decisión tomada es enterrarla de El libro de las tentativas

Cuando Noé se dijo

I Cuando Noé se dijo “voy a echar el ancla” la mayoría de sus convidados habían muerto devorados entre sí o colmados de inanición o sacados de contexto: parejas desparejadas, animales neuróticos y violentos… el hedor de la descomposición hacinándose en el perplejo mundo de los elegidos: un mosaico divino sellado por sedimentos de hambruna y devastación: la locura del mandamiento hecha verbo, graznido, bufido… II Y la paloma volvió porque, acostumbrada a su dieta de trigo hebreo, le compensaba el comer de la mano.   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
Cuando Noé se dijo de El libro de las tentativas

Estoy de negligencias previas

Estoy de negligencias previas y expongo con claridad hechos consumados ¡con qué vulgaridad me pregunta por la verdad toda la verdad y nada más que todo eso! eh si yo tuviera la verdad no pediría justicia ni tan sólo la necesitaría digo de buenos modos pero de mala gana.   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
Estoy de negligencias previas de El libro de las tentativas

Cerca de la orilla donde vive el río

Cerca de la orilla donde vive el río la última apoteosis busco un sentido en el viento que anochece una fisura en la noche que me permita saber lo que entiendo y lo que no. Diferenciarlo. En medio del río viro el barco en redondo y ruge la combustión a gas-oil del viejo motor alemán. Viro el barco en redondo una y otra vez una y otra vez llenando de ciegos gemidos el cielo. Estoy loco y él asiente y discrepa, asiente y discrepa. La noche enciende sus hogueras negras, sus llamaradas de calor invisible, su ley oscura. Y ahora que todo es impalpable todo se presiente ya no hay orillas ni necesidad de orillas ni riscos, ni agua tal como la entendemos, ni sentido alguno que dar a nada. El barco a la deriva y el timón precisa una orden y yo aun no sé si sé darla, si puedo darla, si quiero darla.   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
Cerca de la orilla donde vive el río de El libro de las tentativas

Las mariposas anticipan la primavera

Las mariposas anticipan la primavera y las amapolas el verano más hoy es invierno en los aguazales y resuena el eco de la lluvia en la plaza del Obradoiro mientras, al fondo, en off, el mugido de un tren fantasma rasga, cual inesperado batir de olas, la noche, la noche largamente condenada a ser.   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
Las mariposas anticipan la primavera de El libro de las tentativas

Era un asunto decente

Era un asunto decente (esa es la expresión que utilizaron, decente) y querían decir que nada lograría involucrarlos. Al devolverles las llaves anoto un desánimo en sus certezas: había procedido al pie de la letra según, pues, lo estipulado y, evasivos, me dieron las gracias y me pagaron. Me odiaron por haberlo conseguido ¡Ah, viejo y aburrido mundo de soldados, funcionarios y empleados aduaneros!   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
Era un asunto decente de El libro de las tentativas

En algún lugar

En algún lugar he leído «si callo desaparezco» lo he intentado durante minutos horas días nada que hacer no se percatan que ya no soy siguen ahí fuera apostados dispuestos a embargarme el orgullo el piano y el sueldo.   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
En algún lugar de El libro de las tentativas

cuando el tiempo es propenso

cuando el tiempo es propenso junto piedras marinas cuento cruces me siento me levanto miro repaso el lomo de los libros pienso en ti que te fuiste tan temprano no añoro nada es sólo vacío abro los cajones todos tan bien ordenados los cierro y no me permito sentirme culpable de nada miro la habitación la de mi vida la que llevo conmigo donde nada hay especialmente importante tras la ventana un poco de viento vislumbro los trenes sus estaciones perdidas pero me fastidia ser fatalista o, aun peor, tan simple me dejo llevar por la marea sin querer pienso en ti que estás cerca de mí aunque no sepas que existo y también en ti que existes en mí por el solo hecho de pensarlo de escribirlo cuando el tiempo se derrama sin pretensiones pido morir apacible como un niño que mira las estrellas pido vivir lo preciso para seguir deseando morir apacible como un niño que mira las estrellas   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
cuando el tiempo es propenso de El libro de las tentativas 2

Tenzing Norgay

El sherpa murió en la montaña y en contra de lo que todos creyeron eso no le hizo más feliz. Era un trabajo una forma honrada de ganarse la vida no de morir.   de Programa de mano (otros poemas de Programa de mano)
Tenzing Norgay de Programa de mano

Leo tus poesías de amor triste

Leo tus poesías de amor triste paso las páginas una tras otra hasta darme cuenta que en realidad hablan más de un extravío que de una pasión más hablan del amor que sientes por ti del que dices sentir por ella.   de El libro de las tentativas (otros poemas de El libro de las tentativas)
Leo tus poesías de amor triste de El libro de las tentativas