De verdad que que quiero yo morir

 


de verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mí.

Y al marchar me decía: Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti.

Pero yo contestaba entonces:
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por ti sentí,

y, si no, recordarte quiero,
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:

las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí,

las guirnaldas que tú trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo con flores mil,

perfumado tu cuerpo luego
con aceite de nardo todo
y con leche y aceite del de jazmín.

recostada en el blando lecho,
delicada muchacha en flor,
al deseo dejabas tú ya salir.

Y ni fiesta jamás ni danza,
ni tampoco un sagrado bosque
al que tú no quisieras conmigo ir.

Me parece que igual a los dioses

 

Me parece que igual a los dioses
aquel hombre es, el que sentado
frente a ti, a tu lado, tu dulce
voz escucha

y tu amorosa risa. En cambio,
en mi pecho el corazón se estremece.
Apenas te miro,
la voz no viene más a mí,

la lengua se me inmoviliza, un delicado
incendio corre bajo mi piel,
no ven ya mis ojos
y zumban mis oídos,

el sudor me cubre, un temblor
se apodera de todo mi cuerpo y tan pálida
como la hierba no muy lejana de la muerte
me parece estar. . .

Pero todo debe soportarse si así es.

Sigue siendo mi amigo

 

Sigue siendo mi amigo
pero busca una esposa más fresca,
que vivir no podría contigo
siendo yo la más vieja.

Se ha ocultado la luna

 

Se ha ocultado la luna
También las Pléyades
Es la media noche y las horas se van deslizando,
y yo duermo sola.

Bajo tierra estarás

 

Bajo tierra estarás,
nunca de ti,
muerta, memoria habrá

ni añoranza; que a ti
de este rosal
nada las Musas dan;

ignorada también,
tú marcharás
a esa infernal mansión,

y volando errarás,
siempre sin luz,
junto a los muertos tú.

 

De la hermosa luna

 

De la hermosa luna los astros cerca
hacia atrás ocultan luciente el rostro
cuando aquella brilla del todo llena
sobre la tierra…

Inmortal celeste

 

Inmortal celeste, de ornado trono,
dolotrenzadora, Afrodita, atiende:
no atormentes más con pesar y angustias
mi alma, señora,

sino ven aquí, si mi voz de lejos
otra vez oíste y me escuchaste
y dejando atrás la dorada casa
patria viniste,

tras uncir el carro: gorriones lindos
a la negra tierra tiraban prestos
con sus fuertes alas batiendo el aire
desde los cielos.

Y llegaron pronto, y tú, dichosa,
con divino rostro me sonreías
preguntando qué me pasaba, a qué otra
vez te llamaba

y que qué prefiero que en mi alma loca
me suceda ahora: «¿A quién deseas
que a tu amor yo lleve? Ay dime, Safo,
¿quién te hace daño?

Pues, si huyó de ti, pronto irá a buscarte;
si aceptar no quiso, dará regalos;
te amará bien pronto, si no te ama,
aun sin quererlo».

Ven también ahora y de amargas penas
líbrame, y otorga lo que mi alma
ver cumplido ansía, y en esta guerra,
sé mi aliada.

Dicen que una tropa de carros

 

Dicen que una tropa de carros unos,
otros que de infantes, de naves otros,
es lo más hermoso en la negra tierra;
que uno ama.
Y es sencillo hacer que cualquiera entienda
esto, pues Helena, que aventajaba
en belleza a todos, a su marido,
alto en honores,
lo dejó y se fue por el mar a Troya,
y ni de su hija o sus propios padres
quiso ya acordarse, pues fue llevada

y esto me recuerda que mi Anactoria
no está presente,
de ella ver quisiera su andar amable
y la clara luz de su rostro antes
que a los carros lidios o a mil guerreros
llenos de armas.

Pienso yo que jamás

 

…pienso yo que jamás
joven habrá
viendo la luz del sol,
que se pueda decir
que en su saber
se te parezca a ti…

Inmortal Afrodita

 

A ti, en tu trono multicolor, inmortal Afrodita,
hija de Zeus, tejedora de ardides, yo te suplico:
¡no me paralices, con melancolía y hastío,
oh soberana, el ánimo!

Ven aquí, como hacías antaño,
cuando oyendo mi voz desde lejos
me escuchabas y abandonando la casa paterna
venías.

Unciendo el carro dorado bellos y veloces gorriones,
te traían alrededor de la oscura tierra,
batiendo velozmente las alas en remolino, desde el cielo,
a través del éter.

Llegaban pronto y tú, bienaventurada, sonriendo
con tu inmortal rostro preguntabas
cuál era mi padecimiento y por qué
te llamaba nuevamente.

Y que lo que más deseara en mi corazón atormentado
lo tendría. ¿A quién pretendes que Peitho conduzca hacia tu amor?
¿Quién, oh Safo,
te causa pena?

Pues si ahora huye, pronto perseguirá,
si no acepta regalos, en cambio ella te los dará,
y si no ama, ¡pronto amará
aún contra su voluntad!

¡Ven hacia mí también ahora! ¡Líbrame
de pensamientos tristes y haz
que se cumpla lo que mi corazón ansía!
¡Sé tú misma mi compañera de lucha!

De veras, quisiera morirme…

 

De veras, quisiera morirme.
Al despedirse de mí llorando,
me musitó las siguientes palabras:
“Amada Safo, negra suerte la mía.
De verdad que me da mucha
pena tener que dejarte.” Y yo le respondí:
“Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí,
porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado.
Y si no, quiero recordarte lo que tú olvidas:
cuantas horas felices hemos pasado juntas.
Han sido muchas las coronas de violetas,
de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo,
que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los
collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos
de flores fragantes por nuestras manos.
Han sido muchas las veces que derramaste
bálsamo de mirra y un ungüento regio sobre mi cabeza.”

…de verdad que morir yo quiero

 


de verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mí.

Y al marchar me decía: Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti.

Pero yo contestaba entonces:
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por ti sentí,

y, si no, recordarte quiero,
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:

las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí,

las guirnaldas que tú trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo con flores mil,

perfumado tu cuerpo luego
con aceite de nardo todo
y con leche y aceite del de jazmín.

recostada en el blando lecho,
delicada muchacha en flor,
al deseo dejabas tú ya salir.

Y ni fiesta jamás ni danza,
ni tampoco un sagrado bosque
al que tú no quisieras conmigo ir.

Safo de Mitilene, Lesbos, 650/610-580 a.C.

Llegaste

 

Llegaste, lo hiciste y yo te deseé ardientemente
y helaste mi corazón, encendido en deseo.

Aunque sean

 

Aunque sean
solo aliento

las palabras que comando
son inmortales.

Con dolor, oh, Attis, pensará ahora

 

(Con dolor, oh, Attis, pensará ahora
Anaktoria en nosotras) lejos, en Sardes,
dirigiendo a menudo hacia acá su pensamiento.

Cómo vivíamos antes y ella (por cierto)
te honraba igual que a una diosa
y se deleitaba con tu encanto más que ninguna.

Pero ahora se presenta ante las mujeres de Lidia
Como Selene con sus dedos rosados
cuando Helios se ha puesto.

Eclipsa a todas las estrellas y vierte su luz
tanto sobre el salado mar
como sobre los campos cubiertos de flores.

Y el hermoso rocío se ha derramado y florecen
las rosas y los blandos perifollos
y los lotos melifluos.

Pero yendo y viniendo repetidas veces
piensa en la suave Attis con ansias
en su delicado pecho y su corazón está colmado de tristeza.

Con voz aguda nos llama para que vayamos
allá, pero no es perceptible el sonido para nosotras, el viento
(hacia acá sobre el mar profundo) en medio.

Cypris

 

Cypris…..
Ven, desciende pronto
de las alturas del cielo
hacia aquí, hacia mí, donde otrora los cretenses construyeron el templo,
el sagrado, donde hay para ti una floresta encantadora
de manzanos y altares
que humean de incienso

y dentro susurra el agua fresca a través de las ramas de manzanos.

Todo el lugar está sombreado de rosas
y de las hojas temblorosas
fluye un sueño liviano.

En la pradera que alimenta los caballos
florece la hierba flamígera y el anís respira
melosamente, y…….
lotos melifluos

¡Allí vierte ahora el jarrón Cypris,
y obsequiando con alegría el néctar
en los vasos de oro,
sirve el vino!

Haré una confesión

 

Haré una confesión:
amo lo que me acaricia

creo que el amor forma parte
del brillo
y la virtud del sol.

Hoy entonaré hermosos cantos

 

Hoy entonaré hermosos cantos
para el placer de mis amigas

Que todo el mundo
lo sepa

¡Vamos a disfrutarlo!

Pero si alguno ve en ello
una falta

¡La necedad y la tristeza
se lo lleven!

Desde Creta ven, Afrodita

 

Desde Creta ven, Afrodita, aquí
a este sacro templo, que un bello bosque
de manzanos hay, y el incienso humea
ya en los altares;
suena fresca el agua por los manzanos
y las rosas dan al lugar su sombra,
y un profundo sueño de aquellas hojas
trémulas baja;
pasto de caballos, el prado allí
lleno está de flores de primavera
y las brisas soplan oliendo a miel…
Ven, Chipriota, aquí y, tras tomar guirnaldas,
en doradas copas alegremente
mezclarás el néctar para escanciarlo
con la alegría

En mi sueño cerca se me aparece

 

En mi sueño cerca se me aparece
tu graciosa imagen, sagrada Hera,
la que los ilustres reyes Atridas
vieron con ruegos;

pues llegado el fin de la empresa de Ares,
junto al Escamandro voraginoso,
no pudieron ir desde aquí sus naves
hasta su casa

sin hacer ofrendas a ti y a Zeus
y al amable dios que engendró Tiona.
Sacrificios puros te ofrece el pueblo
hoy como entonces:

las doncellas traen un hermoso peplo
y a tu altar se agrupa junto con ellas
la apretada fila de las mujeres…

Eros ha sacudido mis entrañas…

 

Eros ha sacudido mis entrañas
como un viento abatiéndose en el monte
sobre las encinas.

Muéstrate, Gongula…

 


muéstrate, Gongula, que aquí te llamo
ven con tu vestido color de leche:
¡cómo vuela ahora el deseo en torno
a tu belleza!

pues con sólo ver tu pequeña capa
siento ya el hechizo, y estoy contenta
de que sea la diosa nacida en Chipre
quien te reprocha…

…ponte guirnaldas, oh Dica

 

…ponte guirnaldas, oh Dica, por tus graciosos cabellos
tras enlazar con tus manos suaves los tallos de eneldo,
que hasta las flores las Gracias siempre felices se acercan,
pero rechazan la vista de quien guirnaldas no lleva.

Llegaste, hiciste bien -te buscaba con ansia…

 

Llegaste, hiciste bien -te buscaba con ansia-
refrescaste mi pecho que ardía de deseo.

Lo inmutable

 

Para las bellas
-para vosotras-
mi pensamiento
nunca es mudable.

¿Quién no padecería con frecuencia?…

 

¿Quién no padecería con frecuencia,
oh soberana Cipris, por quien ama
y quiere que regrese? Examina
este deseo,
habiéndome exhortado a que yo en vano
me agarrara….

Estás chismorreando que Caraxo viene

 

Estás chismorreando que Caraxo viene
con su nave llena. De eso, creo yo, es Zeus
quien sabe, y los dioses: a ti no te toca
pensar sobre ello,

mas a mí enviarme y hacerme el encargo
de pedirle y pedirle a la reina Hera
que al fin aquí llegue conduciendo salva
su nave Caraxo

e indemnes nos halle. De lo otro, de todo,
a los démones la cuita dejemos,
que las bonanzas tras grande tormenta
se hacen de repente.

Esos de quien quiera el rey del Olimpo
que a su lado un demon de todos los males
al punto libere, felices son ellos
y muy afortunados.

Nosotros, si acaso su cabeza sosiega
Lárico y un día un hombre se hace,
saldríamos, sí, de la honda tristeza
libres de repente.

 

Traducción de Luis M. Macía

Igual parece a los eternos dioses…

 

Igual parece a los eternos dioses.
Quien logra verse frente a ti sentado:
¡Feliz si goza tu palabra suave,
Suave tu risa!
A mí en el pecho el corazón se oprime.
Solo en mirarte: ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir; y rota
Calla la lengua
Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo
Presto discurre: los inciertos ojos
Vagan sin rumbo, los oídos hacen
Ronco zumbido
Cúbrome toda de sudor helado:
Pálida quedo cual marchita hierba
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte
Parezco muerta.

Y cuando te miro de frente creo

 


y cuando te miro de frente creo
que jamás Hermíona fue tan bella
y que no está mal que a la rubia Helena
yo te compare…

Quiero decir algo

 

Quiero decir algo, pero el pudor me impide.

Si tuvieras deseos de bondad y belleza
y no fuera algo malo lo que tu lengua agita,
no tendrías pudor entre los ojos,
y hablarías de ello limpiamente.

Dulce madre mía, no puedo trabajar,
el huso se me cae de entre los dedos.
Afrodita me ha llenado el corazón
de amor a un bello adolescente
y yo sucumbo a ese amor.

Y la noche entera con sus canciones

 


y la noche entera con sus canciones
celebrando pasan tu amor las virgenes
y el de tu mujer de florido seno,
junto a la puerta;
mas, despierta, novio, que los amigos
de tu edad te esperan; puese deseamos
ver hoy menos sueño que los pardales
gorgoriteantes.

Safo de Mitilene, Lesbos, 650/610-580 a.C.