La tendencia del mundo en dos aberraciones: cada vez más opciones y menos criterios.

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Solamente os arrepentís cuando llegáis a las manos y sois noqueados. Entonces recordáis, tarde, siempre tarde, mis cobardes advertencias.

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Lo que más sistemáticamente regala la vida son días… llamadlo posibilidades, llamadlo decrepitud.

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La meta es el camino.

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Ya sabía era un encantador de serpientes. Tan sólo me sorprendió la ingente cantidad de reptiles.

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El vencedor no sólo gana sino que se apropia de lo único que le queda al vencido, la derrota.

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Que apenas pueda recordar por qué decidí quedarme es el mejor argumento que puedo ofrecer para seguir aquí.

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No me importa porque desaparecieron los dinosaurios, sino porque “todo eso” no pudo pasar ni antes ni después.

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Lo halagable es material exigiendo a gritos su putrefacción.

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Si quieres que algo que no es de todos no sea de todos, responsabiliza a todos para que sea de todos, para que entre todos lo hagamos imposible.

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Ya hemos conseguido mayor nivel de formación en el que “no sabe, no contesta”, que en el que contesta lo que sabe.

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La inteligencia, mucho más propensa a perder el tiempo en estupideces que la estupidez.

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La necesidad es un anciano del que hay que saber aprender y el deseo es un   niño al que hay que saber educar.

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Lugares comunes: cárceles de lujo donde practicar impunemente adocenamiento e irresponsabilidad.

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Anestesió el sufrimiento sufriendo por placer.

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Autodestrucción como consagración del rencor a uno mismo.

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Elogios para nuestro sistema por haber alcanzado la invisibilidad de la complacencia con la estafa, el blanqueo y la malversación de fondos públicos.

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Afortunadamente todo queda resumido en un epitafio sin posteridad.

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“¡No te muevas!” le dice el pomo al pestillo.

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El narcótico de la costumbre me distrae de la ebriedad de los desalmados.

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Soy de los que tienen más brazos que mangas. Dos más.

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Es como las estrellas muertas. Solamente alumbra si muy lejos.

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Toda esta ingrata historia es la del cerebro intentando emanciparse del cuerpo.

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Es difícil que apreciemos la esencia de la Naturaleza, esa crueldad desapasionada que nada sabe de mezquindades.

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Aristóteles predijo que la escritura iba a atrofiar la cabeza. ¡Cuánta sinrazón tenía!

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¡Qué no le hablen de nacionalismos a un nómada de lo sedentario!

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La metódica paciencia del pescador, el pundonor exquisito del matarife… en todo crimen cohabita la eficiencia.

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Ante la intransigencia del semáforo, el diálogo de la rotonda.

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