Soy el ángel de la sangre que fluye a contracorriente
enfureciendo mis sentidos para alimentar tu corazón.

El ángel ciego que no volverá a servir
más que al reloj de los niños en las esquinas sin ángulos.

Ángel moribundo prodigándose
en los acontecimientos inesperados
de las noches donde intentas cobijar tu miedo
y en mí abrigarte con el ritual
que ahuyenta lo desconocido.

Soy el ángel de los eternamente incurables y he venido
para poseerte muy a tu pesar y al mío.

Soy el ángel capaz de saber del mundo tal cual es.
De verle al adivino la cola de lagarto,
al adulador la corona de estiércol,
al insistente el alarido del castrado
y al educado su silencio de heces.

El ángel sacrílego que escapó a tiempo
de los manipuladores y de las alimañas
para no retornar más que contigo, hijos predilectos,
al hogar del que vinimos.

del libro Amapolas en las roderas y cigüeñas en los campanarios

Soy el ángel de la sangre que fluye a contracorriente (1′ 05″)