El rocío (1) divino o la leche (2) virginal

 

1 Envuelto en luz de amor,
en el blando regazo de tu Madre,
¡oh, mi dulce Jesús!, te muestras a mis ojos,
radiante de amor (3).
El amor:
misteriosa razón
que te alejó (4) de tu mansión celeste
y te trajo al destierro.
Deja que yo me esconda bajo el velo (5)
que a la humana mirada te disfraza.
Solamente a tu lado, ¡oh Estrella matutina!,
mi corazón pregusta un avance del cielo.

2 Cuando al nacer de cada nueva aurora
aparecen del sol los rayos de oro,
la tierna flor que empieza a abrir su cáliz
espera de lo alto un bálsamo precioso:
la rutilante perla matutina,
misteriosa y henchida de frescura,
es la que, produciendo rica savia,
hace abrirse a la flor muy lentamente.

3 Tú eres, Jesús, la flor que acaba de entreabrirse,
contemplando aquí estoy tu despertar primero.
Tú eres, Jesús, la encantadora rosa,
el capullito fresco, gracioso y encarnado.
Los purísimos brazos de tu Madre querida
son para ti tu cuna y trono real.
Es tu sol dulce el seno de María,
tu rocío, la leche virginal.

4 Divino Amado y hermanito mío,
columbro en tu mirada tu futuro:
¡pronto a tu Madre dejarás por mí,
pues ya el amor te empuja al sufrimiento!
Pero sobre la cruz, ¡oh flor abierta!,
reconozco tu aroma matinal,
reconozco las perlas de María:
¡es tu sangre la leche virginal!

5 Este rocío se esconde en el santuario,
hasta el ángel quisiera poder beber de él:
al ofrecer a Dios su plegaria sublime,
como san Juan repite: «¡Hele aquí!».
¡Oh sí!, miradle aquí a este Verbo hecho Hostia,
eterno Sacerdote, sacerdotal Cordero.
El que es Hijo de Dios es hijo de María…
¡Se ha hecho pan de los ángeles la leche virginal!

6 El serafín se nutre de la gloria,
del puro amor y del perfecto gozo;
yo, pobre y débil niña, sólo veo
en el copón sagrado
de la leche el color y la figura.
Mas le leche es un bien para la infancia.
Del corazón divino el amor no halla igual…
¡Oh tierno amor, potencia incalculable!
¡Mi hostia blanca es la leche virginal!

 

 

NOTAS P 1 – EL ROCÍO DIVINO
Fecha: 2 de febrero de 1893. – Compuesta para: sor Teresa de San Agustín. – Publicación: HA 98 (once versos corregidos) – Melodía: Minuit, chrétiens.
Un capullo de rosa que se abre con los primeros rayos del sol, bajo el efecto del rocío de la mañana: a nadie puede sorprender el encontrarse en el umbral de las Poesías con un símbolo tan teresiano.
Con la audacia serena de un niño, y como quien se siente a gusto en el misterio, Teresa va siguiendo el itinerario de ese «rocío celestial». Reconoce su «aroma matinal» en la Flor sangrante del Calvario; vuelve a encontrar su sabor en el Pan de los ángeles», el Cuerpo eucarístico del Señor, el «Verbo hecho Hostia» después de haberse hecho carne por la mediación de María. En definitiva, Teresa canta, en su propio tono, y aunque sea balbuciendo, el mismo Ave verum que santo Tomás de Aquino.
Para quien nunca había compuesto un solo verso era una empresa temeraria hacer sus primeros pinitos abordando un tema tan difícil. Detrás de la inexperiencia, especialmente en la continuidad y la apropiación de las imágenes, se revela la capacidad de la autora para hacernos entrar, a través de la modalidad poética, en «misterios más ocultos y de un orden superior» (Cta 134).
Sor Teresa de San Agustín ha contado cómo pidió a Teresa esta poesía (Souvenirs d’une sainte amitié, publicados en VT nº 100, pp. 241-255), antes de hacerla practicar la caridad de manera heroica al final de su vida (cf Ms C 14rº)…
La lactación del Hijo de Dios por una Madre Virgen es un aspecto de la Encarnación que ha sido cantado por la Iglesia a través de lo siglos. Teresa recibió esa tradición de la liturgia y de diversos autores espirituales (entre otros, a través de El Año Litúrgico de Dom Guéranger). Es también innegable el influjo de la Vida de sor María de San Pedro, de la que Teresa de San Agustín era una ferviente lectora.

(1) Esta palabra aparece cincuenta veces en los escritos. Como buena normanda, Teresa toma en un principio sus imágenes de las riquezas de la naturaleza (cf Cta 141). El rocío será una metáfora de la Sangre de Jesús (P 15; RP 2, 8rº), del Bautismo (P 28; RP 2, 6vº), o de la Eucaristía (Cta 240).
(2) Uso más bien escaso: catorce veces (de las cuales siete aquí); Teresa nunca digirió la leche…
(3) «Jesús, ¿quién te ha hecho tan pequeño? El amor» (San Bernardo, citado en Cta 162).
(4) Cf P 8,9, 2+.
(5) Cf P 8,4+.

Santa Cecilia

«Mientras sonaban los órganos,
Cecilia cantaba en su corazón»
(Oficio divino)

 

¡Oh santa del Señor, yo contemplo extasiada
el surco luminoso (1) que dejas al pasar;
aún me parece oír tu dulce melodía
y hasta mí llega tu celeste canto.
De mi alma desterrada escucha la plegaria,
déjame que descanse
sobre tu dulce corazón de virgen,
inmaculado lirio
que brilla en las tinieblas de la tierra
con claro resplandor maravilloso
y casi sin igual.

Castísima paloma, pasando por la vida,
no buscaste a otro esposo que no fuera Jesús.
Habiendo él escogido por esposa a tu alma,
se había unido a ella,
hallándola aromada y rica de virtud.

Sin embargo, otro amante,
radiante de hermosura y de virtud,
respiró tu perfume, blanca y celeste flor.
Por hacerte flor suya y ganar tu ternura,
el joven Valeriano
quiso darte, sin mengua, todo su corazón.
Preparó sin demora, bodas maravillosas,
retembló su palacio de cantos melodiosos;
pero tu corazón de virgen repetía
cánticos misteriosos,
cuyo divino eco se elevaba hasta el cielo.
Tan lejos de tu patria
y viendo junto a ti a este frágil mortal,
¿qué otra cosa podías tú cantar?
¿Deseabas, acaso, abandonar la vida
y unirte para siempre con Jesús en el cielo?
¡Oh no, que no era eso! Oigo vibrar tu lira,
la seráfica lira de tu amor,
la de las dulces notas,
cantando a tu Señor este sublime cántico:
«Conserva siempre puro
mi corazón, Jesús, mi tierno Esposo».

¡Inefable abandono, sublime melodía!
Revelas el amor en tu celeste canto,
el amor que no teme, que se duerme y olvida
como un niño pequeño en los brazos de Dios (2)…

En la celeste bóveda brilló la blanca estrella
que a esclarecer venía con sus tímidos rayos
la noche luminosa que nos muestra, sin velo,
el virginal amor
que en el cielo se tienen los esposos…

Entonces Valeriano se iluminó de gozo,
pues todo su deseo, Cecilia, era tu amor.
Mas halló mucho más en tu noble alianza:
¡le mostraste la vida que nunca acabará!

«¡Oh, mi joven amigo -tú misma le dijiste-,
cerca de mí está siempre un ángel del Señor
que me conserva puro el corazón!
Nunca de mí se aparta, ni aun cuando estoy dormida,
y me cubre gozoso con sus alas azules.
Yo veo por la noche brillar su amable rostro
con una luz más suave que el rayo de la aurora,
su cara me parece la transparente imagen,
el purísimo rayo de la cara de Dios».

Replicó Valeriano: «Muéstrame ese ángel bello,
así a tu juramento podré prestar yo fe;
de lo contrario, teme desde ahora
que mi amor se transforme
en terribles furores y en odio contra ti».

¡Oh paloma escondida
en las hondas cavernas de la piedra (3),
no temiste la red del cazador!
El rostro de Jesús (4) te mostraba sus luces,
el sagrado Evangelio reposaba en tu pecho (5)…,
y con dulce sonrisa al punto le dijiste:

«Mi celeste guardián escucha tu deseo,
tú le verás muy pronto, se dignará decirte
que tienes que ser mártir para volar al cielo.
Mas antes que tú veas a mi ángel,
es cosa necesaria que el bautismo
derrame por tu alma una santa blancura,
que el verdadero Dios habite en ella,
que el Espíritu Santo
le dé a tu corazón su propia vida.

El Verbo, Hijo del Padre, y el Hijo de María,
con un inmenso amor se inmola en el altar;
tienes que ir a sentarte
al sagrado convite de la vida,
para comer a Cristo, que es el pan de los cielos (6).
El serafín, entonces, te llamará su hermano,
y al ver tu corazón ya convertido
en trono de su Dios,
hará que tú abandones las playas de la tierra,
tú verás la morada
de este celeste espíritu de fuego».

«Mi corazón se quema en una nueva llama
-exclamó, transformado, el ardiente patricio-,
quiero que el Señor venga y que habite en mi alma,
¡oh, Cecilia, mi amor será digno del tuyo!»

Vestido con la blanca vestidura,
emblema de inocencia,
Valeriano vio al ángel hermoso de los cielos,
y contempló, extasiado, su sublime potencia,
vio el dulcísimo brillo que irradiaba su frente.
El serafín brillante sostenía en sus manos
frescas y bellas rosas, y blanquísimos lirios,
flores abiertas, todas, en el jardín del cielo
bajo el rato de amor del Astro creador.

«¡Oh, queridos esposos, a los que el cielo ama
-así les dijo el ángel del Señor (7)-,
las rosas del martirio
servirán de corona a vuestras frentes,
y no hay lira ni voz que cantar pueda
este inmenso favor.
Yo que vivo abismado
en mi Dios y contemplo sus encantos,
no puedo ni inmolarme ni sufrir por su amor,
ofrecerle no puedo la sangre de mis venas
ni el llanto de mis ojos,
yo no puedo morir para expresar mi amor.
La pureza es del ángel brillante patrimonio,
su inabarcable gloria nunca terminará;
¡mas vosotros, mortales,
sobre el ángel tenéis la gran ventaja
de poder ser muy puros y de poder sufrir!

…………………………………………….

«En estos blancos lirios perfumados
estáis viendo vosotros
el misterioso símbolo de la virginidad,
que es el dulce presente del Cordero.
Coronados seréis con la blanca aureola,
por siempre y para siempre vuestro canto
será el cántico nuevo.

Vuestra unión casta engendrará a otras almas (8)
que por único esposo buscarán a Jesús;
junto al trono divino, y entre los elegidos,
vosotros las veréis alzar su lumbre
cual purísimas llamas».

¡Oh, préstame, Cecilia, tu dulce melodía!
Quisiera conquistarle a Jesús corazones,
y, como tú, quisiera sacrificar mi vida,
darle toda mi sangre y el llanto de mis ojos…
Haz que yo guste en la extranjera playa (9)
el perfecto abandono, del amor dulce fruto.
¡Oh, mi santa querida, haz que vuele a tu lado,
muy pronto y para siempre, muy lejos de la tierra…!

 

NOTAS P 2 – SANTA CECILIA
Fecha: 28 de abril de 1894. – Compuesta para: Celina al cumplir los veinticinco años, unida a la Cta 161. – Publicación: HA 98 (diez y siete versos corregidos). – Melodía: Himno a la Eucaristía: Dieu de paix et d’amour, o bien Prends mon coeur, le voilà, Vierge, ma bonne Mère.
Este primer poema espontáneo de Teresa es también una especie de «Primera Sinfonía» por su extensa composición, el entrelazado de los temas, un cierto aire de nobleza y la disposición en grandes estrofas. Es un mensaje para Celina, que se ha quedado sola junto a un padre anciano y casi inconsciente. Aunque se ha consagrado a Dios con un voto privado, Celina se siente tentada por el matrimonio. Teresa acaricia el sueño de tenerla a su lado en el Carmelo (Ms A 82rº). Para seducirla sin violentarla, recurre al lenguaje poético: «la historia de Cecilia» ¿no es acaso una parábola profética de «la historia de Celina» (cf Cta 161)?
Teresa intenta «balbucir» las relaciones que descubre entre virginidad, matrimonio y martirio. No desprestigia la admiración de su hermana por el matrimonio; sin embargo, la orienta hacia una fecundidad espiritual todavía mayor: la de la virginidad consagrada.
Pero este poema es también un canto personal en el que Teresa quiere expresar su «ternura de amiga» hacia Cecilia, su «santa predilecta» (Ms A 61vº; cf Cta 149), que es por encima de todo «la santa del abandono». Pronto hará Teresa de ese abandono una de las componentes fundamentales de su «caminito».
Teresa toma los elementos históricos de su poema del Oficio propio del Breviario romano (22 de noviembre) y de Sainte Cécile et la société romaine aux deux premiers siècles de Don Guéranger (1875).

(1) Cf Ms A 22rº; P 11, 3o; y VT nº 61, p. 74.
(2) Los versos «¡Inefable abandono … en los brazos de Dios» son ya una especie de anticipo del «caminito».
(3) Cf el comentario de san Juan de la Cruz a la canción 35 del Cántico Espiritual.
(4) En 1889 Teresa descubrió ya, no sólo la Faz dolorosa, sino también la Faz luminosa de Jesús; cf Cta 95. Veintiún veces la menciona en sus Poesías. Cf P 13.
(5) Cf Ms A 61vº. Teresa seguirá el ejemplo de Cecilia llevando constantemente el Evangelio sobre su corazón.
(6) En estos once versos condensa Teresa lo esencial de la iniciación cristiana.
(7) Estas palabras del ángel desarrollan una idea muy querida de Teresa, la de la superioridad del hombre sobre el ángel (P 7,9,1; P 8,2,2; Cta 83; RP 2, final, nota; RP 5,1rº; CA 16.8.4); de ahí una cierta envidia en los ángeles.
(8) Esta pincelada delicada y muy teresiana precisa la índole específica del apostolado de Cecilia y Valeriano: al elegir la castidad perfecta, engendran espiritualmente una posteridad a imagen de sí mismos, enamorada de la virginidad (cf la exclamación de Teresa en el borrador de PN 26: Poésies II. p. 178).
(9) Estos cuatro últimos versos datan sin duda de mayo de 1897

Cántico para obtener la canonización de la venerable Juana de Arco

 

1 Dios vencedor, tu Iglesia, toda entera,
rendir pronto quisiera honor en los altares
a una virgen y mártir, a una niña guerrera,
cuyo nombre resuena ya en el cielo.

Estrib. 1 Por tu poder,
¡oh Rey del cielo!,
dale a Juana de Francia }
aureola y altar. } bis

2 Para salvar a Francia, a la Francia culpable,
no desea tu Iglesia ningún conquistador.
A Francia solamente Juana puede salvarla:
¡todos los héroes juntos pesan menos que un mártir!

3 Juana es obra maestra de tus manos, Señor.
Un corazón de fuego y un alma de guerrero
diste a la virgen tímida,
coronando su frente de lirio y de laurel.

4 En su humilde pradera oyó voces del cielo
que a los campos de lucha la llamaban.
Partió rápidamente para salvar la patria,
y, tierna jovencita, a soldados mandó.

5 De los fieros guerreros Juana ganó las almas:
el resplandor divino de este ángel de los cielos
y su mirada pura y su palabra en llamas
hicieron que las frentes atrevidas
al suelo se inclinaran.

6 Por un prodigio,entonces, que es único en la historia,
un monarca cobarde y tembloroso
reconquistó su gloria y su corona
valiéndose del brazo de una débil doncella.

7 Mas no son éstas las victorias grandes
que de Juana hoy queremos celebrar;
la verdaderas glorias que en ella celebramos
son y serán por siempre, ¡oh Dios!,
sus virtudes, su amor.

8 Salvó a Francia en los campos de batalla,
mas su grandes virtudes
necesitaban el divino sello
del sufrimiento amargo,
que fue el sello bendito de su Esposo, Jesús.

9 Sobre la pira en llamas sacrificó su vida,
y en aquel mismo instante
ella escuchó las voces de los santos,
abandonó el destierro por la Patria,
el ángel salvador se remontó a los cielos…

10 Tú eres, pura doncella, nuestra dulce esperanza,
escucha nuestras voces, ven de nuevo a nosotros.
Baja y convierte a Francia,
y por segunda vez ven a salvarla.

Estrib. 2 Por el poder
del Dios de las victorias,
¡salva, salva a tu Francia, }
ángel libertador! } bis

11 Hija de Dios, bellos fueron tus pasos,
arrojando al inglés de tu nación.
Mas no eches en olvido
que en los días primeros de tu infancia
te dedicabas a cuidar corderos.

Estrib. 3 Sé tú la defensora
de los que nada pueden,
conserva la inocencia }
en las cándidas almas }
de los niños. } bis

12 Tuyos, ¡oh dulce mártir!, son nuestros monasterios,
tú sabes que las vírgenes hermanas tuyas son;
y sabes que el objeto de sus ruegos
es, como fue el objeto de los tuyos,
ver que en todas las almas reina Dios.

Estrib. 4 Salvar las almas
es su deseo,
de apóstol mártir }
dales tu llama. } bis

13 Muy lejos de nosotros huirán temor y miedo
cuando la Iglesia ensalce la figura
de Juana, nuestra Santa,
coronando su frente, limpia y pura.

Entonces cantaremos:

Estrib. 5 En ti tenemos puesta
toda nuestra esperanza.
¡Oh, ruega por nosotros, }
santa Juana de Francia! } bis

 

NOTAS P 3 – CÁNTICO PARA OBTENER LA CANONIZACIÓN DE LA VENERABLE JUANA DE ARCO
Fecha: 8 de mayo de 1894. – Compuesto para sí misma y dedicado a Celina. – Publicación: HA 98 (quince versos corregidos). – Melodía: Pitié, mon Dieu.
Poesía patriótica y religiosa en la que la expresión es casi trivial. Teresa pone el acento en las virtudes cristianas y profundas de su heroína. En algunas estrofas reúne los principales temas de sus dos obras teatrales dedicadas a Juana de Arco: la vocación (estr. 3 y 4), tema de RP 1 (21 de enero de 1894); la misión y la pasión (estr. 5-6 y 8-9), tema de RP 3 (21 de enero de 1895), y la misión póstuma (estr. 10-11). La estrofa 3 recoge una estrofa de RP 1, 5rº. Sobre las circunstancias de esta composición, véanse las introducciones a estas dos Recreaciones.
Del entusiasmo de Teresa nos ofrecen variados matices los títulos que ella misma puso en la copia original de su cántico – «Un soldado francés, defensor de la Iglesia y admirador de Juana de Arco»-, que dedica a su hermana, el «Valeroso caballero C. Martin».

Mi canto de hoy

 

1 Mi vida es un instante (1), una efímera hora,
momento que se evade y que huye veloz.
Para amarte, Dios mío, en esta pobre tierra
no tengo más que un día:
¡sólo el día de hoy!

2 ¡Oh, Jesús, yo te amo! A ti tiende mi alma.
Sé por un solo día mi dulce protección,
ven y reina en mi pecho, ábreme tu sonrisa
¡nada más que por hoy!

3 ¿Qué me importa que en sombras esté envuelto el futuro?
Nada puedo pedirte, Señor, para mañana.
Conserva mi alma pura, cúbreme con tu sombra
¡nada más que por hoy!

4 Si pienso en el mañana, me asusta mi inconstancia (2),
siento nacer tristeza, tedio en mi corazón.
Pero acepto la prueba, acepto el sufrimiento
¡nada más que por hoy!

5 ¡Oh Piloto divino, cuya mano me guía!,
en la ribera eterna pronto te veré yo.
Por el mar borrascoso gobierna en paz mi barca
¡nada más que por hoy!

6 ¡Ah, deja que me esconda en tu faz adorable (3),
allí no oiré del mundo el inútil rumor.
Dame tu amor, Señor, consérvame en tu gracia
¡nada más que por hoy!

7 Cerca yo de tu pecho, olvidada de todo,
no temo ya, Dios mío, los miedos de la noche.
Hazme un sitio en tu pecho, un sitio, Jesús mío,
¡nada más que por hoy!

8 Pan vivo, Pan del cielo, divina Eucaristía,
¡conmovedor misterio que produjo el amor!
Ven y mora en mi pecho, Jesús, mi blanca hostia,
¡nada más que por hoy!

9 Uneme a ti, Dios mío, Viña santa y sagrada,
y mi débil sarmiento dará su fruto bueno,
y yo podré ofrecerte un racimo dorado (4),
¡oh Señor, desde hoy!

10 Es de amor el racimo, sus granos son las almas,
para formarlo un día tengo, que huye veloz.
¡Oh, dame, Jesús mío, el fuego de un apóstol
nada más que por hoy!

11 ¡Virgen inmaculada, oh tú, la dulce Estrella
que irradias a Jesús y obras con él mi unión!,
deja que yo me esconda bajo tu velo, Madre,
¡nada más que por hoy!

12 ¡Oh ángel de mi guarda, cúbreme con tus alas,
que iluminen tus fuegos mi peregrinación!
Ven y guía mis pasos, ayúdame, ángel mío,
¡nada más que por hoy!

13 A mi Jesús deseo ver sin velo, sin nubes.
Mientras tanto, aquí abajo muy cerca de él estoy.
Su adorable semblante se mantendrá escondido
¡nada más que por hoy!

14 Yo volaré muy pronto para ensalzar sus glorias,
cuando el día sin noche se abra a mi corazón.
Entonces, con la lira de los ángeles puros,
¡yo cantaré el eterno, interminable hoy!

 

 

NOTAS P 4 – MI CANTO DE HOY
Fecha: 1 de junio de 1894. – Compuesto para: María del Sagrado Corazón, a petición suya, para su santo. – Publicación: HA 98 (veintiún versos corregidos). – Melodía: Himno a la Eucaristía «Dieu de paix et d’amour», o bien Une religieuse à son crucifix.
Esta poesía nació de una conversación con María del Sagrado Corazón en la primavera de 1894. Teresa expresa los pensamientos de ambas con ocasión del onomástico de su hermana mayor. La imagen, la actitud del alma, se va desarrollando de manera armoniosa y sin violencias a lo largo de todo el poema: la de un ser débil que nada puede prometer ni pedir para mañana, pero que vive entregado totalmente a Dios, confiado en su gracia. Esta poesía, de una gran riqueza, reúne como en un manojo varios de los grandes temas preferidos de Teresa.
El lenguaje es sencillo, con imágenes que le son familiares a Teresa, y el entusiasmo va creciendo poco a poco, conservando sin embargo su sencillez, gracias al estribillo: «Nada más que por hoy». La última estrofa es típicamente teresiana con su vuelo potente y definitivo.
Es innegable una tonalidad lamartiniana, que refleja los gustos de María del Sagrado Corazón. Pero a la observación negativa del poeta: «Sólo tenemos el día de hoy» (L’Homme), Teresa responde de forma positiva: «Lo que cuenta para nosotras es el día de hoy», ese día de hoy que nos trae su gracia. Hay que subrayar la coherencia de esta poesía con toda la vida de Teresa (cf Cta 89, 96, 169, 241 y CA 19.8.10).
Además de Lamartine, puede notarse también el parentesco con una hoja, «Mi hoy», que Teresa conservaba en un libro de uso corriente. Pero el enfoque supera aquí la perspectiva de paciencia en el sufrimiento a que se limita el texto de esa hoja.

(1) Palabra muy teresiana, que encontramos ciento diez veces en sus escritos.
(2) Única vez que aparece en Teresa.
(3) Este versículo bíblico (Sal 30,21) volverá a repetirse cuatro veces más en las Poesías (PN 11,3; 12,8; 16,1; 20,5 = P 12,5) y lo elegirán para el recordatorio del señor Martin.
(4) Cf P 36,8+.
(5) Acerca de María como Estrella, cf RP 1,11rº/vº; RP 3,12vº; Ms A 85vº+.

Canto de gratitud a la Virgen del Carmen

 

1 Desde el primer instante de mi vida
me tomaste en tus brazos,
y desde aquel momento,
amada Madre mía,
me das tu protección aquí en la tierra.
Para guardar intacta mi inocencia,
me escondiste en un blando y dulce nido,
custodiaste mi infancia
a la sombra bendita
de un retirado claustro.

2 Y más tarde, al llegar
mi juventud a sus primeros días,
escuché la llamada de Jesús.
Me mostraste el Carmelo
con ternura inefable.
«Ven a inmolarte por tu Salvador
-me decías entonces con dulzura-.
Cerca de mí te sentirás dichosa,
ven a inmolarte con tu Salvador».
………………………………….

3 Cerca de ti, oh tierna Madre mía,
he encontrado la paz del corazón;
en esta tierra nada más deseo,
sólo Jesús es toda mi ventura.
Si alguna vez me asaltan
la tristeza o el miedo,
en mi debilidad tú me sostienes
y siempre, Madre mía, me bendices.

4 Otórgame la gracia
de mantenerme fiel
a mi divino Esposo,
Jesús.
Para que un día
su dulce voz yo escuche,
cuando a volar me invite y a sentarme
entre sus elegidos.
Entonces ya no habrá
ni más destierro ni más sufrimiento.
Ya en el cielo,
yo volveré a cantarte
mi amor y gratitud,
amable y dulce Reina del Carmelo.

 

NOTAS P 5 – CANTO DE GRATITUD A LA VÍRGEN DEL CARMEN
Fecha: 16 de julio de 1894. – Compuesta para: sor Marta de Jesús, con motivo de sus veintinueve años. – Publicación: Poésies, 1979.
Unos versos sencillos, cuyo interés es más histórico que poético. Destacan la delicadeza de Teresa para con su novicia (huérfana desde los ocho años) y nos ofrecen más información acerca de la personalidad de ésta última que acerca de la vida mariana de la autora. Notemos, no obstante que ya aquí María aparece como «más Madre que Reina».

Plegaria de la hija de un santo

 

1 Recuerda que en la tierra, en otro tiempo,
en querernos cifrabas tu delicia.
Dígnate ahora oír nuestra plegaria,
protégenos, y sigue bendiciéndonos.
Hoy vuelves a encontrar allá arriba, en el cielo,
a nuestra amada madre (1),
que hace tiempo llegó a la patria santa.
Allí reináis los dos (2).
Velad por vuestras hijas.

2 Acuérdate de tu María ardiente (3),
de tu fiel corazón la más querida.
Recuerda que su amor
llenó toda tu vida de encanto, gozo y gracia.
Por Dio s tú renunciaste a su dulce presencia,
y bendijiste la divina mano
que el sufrimiento en pago te ofrecía.
De tu Diamante (4) bello,
cuyos reflejos cada vez más brillan,
¡acuérdate!

3 Acuérdate de tu maravillosa Perla fina (5),
a quien tú conociste
tierno, débil y tímido cordero.
Mírale ahora fuerte, divinamente fuerte,
y conduciendo del Carmelo santo
al pequeño rebaño (6).
Hoy es ella la madre de tus hijas,
ven y conduce a la que tanto quieres…
Y, sin dejar el cielo,
de tu amado Carmelo
¡acuérdate!

4 Acuérdate de la oración ferviente
que un día formulaste por tu tercera hija (7).
¡Dios la escuchó!
Ella es, igual que sus hermanas,
un lirio que brilla sin igual.
Ya la Visitación la esconde y cela
a los ojos del mundo y su malicia.
Ama al Señor, y ya su paz la inunda,
su dulce paz y su quietud divina.
De sus ardientes
suspiros y deseos
¡acuérdate!

5 Acuérdate de tu leal Celina,
de la que fue tu ángel, como un ángel del cielo (8)
cuando en tu rostro de elegido insigne
se posó la mirada de la faz divina <9 y 10>.
Tú reinas ya en el cielo…,
su tarea a tu lado está cumplida,
y ahora (11) a Jesús consagra ella gozosa
su servicio, su amor, toda su vida.
Protege a tu hija,
que con frecuencia dice:
¡acuérdate!

6 Acuérdate también de tu Reinecita,
de la que fue «la Huérfana de la Bérézina» (12).
Recuerda que tu mano
en su camino incierto le fue guía.
Recuerda que en las horas de su infancia
para Dios conservaba su alma limpia.
De sus bucles de oro
que encantaban tus ojos,
¡acuérdate!

7 Recuerda que en la paz del mirador (13)
gustabas de sentarla en tus rodillas,
y en ellas, murmurando una plegaria,
con tus dulces canciones la mecías.
En tu rostro un reflejo del cielo ella veía
cuando, al mirar tus ojos
en el lejano espacio se perdían…
y de la eternidad
cantabas la belleza.
¡Acuérdate!

8 Recuerda aquel domingo luminoso:
unida a ti tu Reina,
en apretado y paternal abrazo,
le diste aquella florecilla blanca,
y con ella, el permiso de volar al Carmelo.
Recuerda, ¡oh padre!, que en sus grandes pruebas,
del más sincero amor pruebas le diste.
En Bayeux, luego en Roma,
le mostraste los cielos.
¡Acuérdate!

9 Recuerda que la mano del Santo Padre, en Roma,
sobre tu noble frente se posó;
mas no pudiste comprender entonces
el oscuro misterio doloroso
que aquel sello divino en ti imprimía…
Ahora tus hijas te alzan su plegaria,
y bendices tu cruz y tu dolor amargo.
En tu frente gloriosa
nueve rayos de cielo se iluminan,
¡nueve lirios (14) en flor!

 

NOTAS P 6 – PLEGARIA DE LA HIJA DE UN SANTO
Fecha: agosto de 1894. – Compuesta para: ella misma, en recuerdo de su padre (fallecido el 29 de julio). – Publicación: HA 98 (veinticinco versos corregidos). – Melodía: Rappelle-toi.
Primera poesía de Teresa para su uso personal y exclusivo. Durante las semanas que siguen a la muerte de su padre, hay un largo fluir de recuerdos, en medio de una gran paz (cf Cta 170). Teresa se encuentra con él en la oración y va hojeando con él el álbum familiar.
«Recuerda», «Acuérdate» es un término importante en su vocabulario, expresión de un temperamento apto para grabarlo todo de manera indeleble.
En esta poesía histórico-biográfica, pequeño exvoto en el santuario familiar, Teresa dedica una estrofa a los papás Martin, otra a cada una de las cuatro hijas, otra a sí misma, y termina con la pasión y la glorificación del señor Martin. No se trata de una simple evocación. el recuerdo se desdobla ya en una interpretación, como volverá a hacerlo pronto en su primer Manuscrito.
La desafortunada falta de sintaxis (se rappeller de), que irá repitiendo hasta el final, desfigura algunos versos [en el original francés, naturalmente]. En cambio, apenas hay «escoria» en esta meditación lírica, que fluye con soltura.
Un año más tarde, Teresa retomará la misma melodía y la misma métrica para un gran poema contemplativo en el que recuerda a Jesús todo lo que él ha hecho por ella (P 15).

(1) La señora de Martin había fallecido diez y siete años antes, el 28 de agosto de 1877.
(2) Sobre la certeza que tiene Teresa de que su padre está en el cielo, cf Ms A 82vº.
(3) Que María, la hermana mayor, sea la preferida de su padre no es un secreto para ninguna de sus hermanas.
(4) Sobrenombre que el señor Martin daba a María y que Teresa usa con frecuencia en las cartas que escribe a su padre.
(5) Sobrenombre que el señor Martin daba a Paulina.
(6) Inés había sido elegida priora el 20 de febrero de 1893.
(7) Leonia, entonces en la Visitación de Caen.
(8) Cf Cta 142, 161, 165 y Ms A 82rº.
(9) Para Teresa, el sufrimiento nace de una «elección gloriosa», de una mirada de la Santa Faz a una persona, una «mirada velada» (Cta 120, 127, 134, 140; Or 12), que imprime en ella la imagen del Siervo sufriente.
(10) [En el original francés, «glorieux»] que en el Ms A se aplica cuatro veces a la enfermedad del señor Martin (20vº, 21rº, 49vº, 73rº; cf Cta 83 y CA 27.5.6).
(11) Así pues, la decisión está tomada: Celina entrará en el Carmelo un mes más tarde: el 14 de septiembre.
(12) Dos sobrenombres que el señor Martin daba a Teresa.
(13) El mirador de los Buissonnets; cf Ms A 18rº y P 11, estr. 12 y 13.
(14) Dado que el cabeza de familia está ya en la gloria, todos los miembros de la misma están también potencialmente allí (cf Cta 173).

Teresa de Lisieux, Francia, 1873-1897

Plegaria de la hija de un santo

 

1 Recuerda que en la tierra, en otro tiempo,
en querernos cifrabas tu delicia.
Dígnate ahora oír nuestra plegaria,
protégenos, y sigue bendiciéndonos.
Hoy vuelves a encontrar allá arriba, en el cielo,
a nuestra amada madre (1),
que hace tiempo llegó a la patria santa.
Allí reináis los dos (2).
Velad por vuestras hijas.

2 Acuérdate de tu María ardiente (3),
de tu fiel corazón la más querida.
Recuerda que su amor
llenó toda tu vida de encanto, gozo y gracia.
Por Dio s tú renunciaste a su dulce presencia,
y bendijiste la divina mano
que el sufrimiento en pago te ofrecía.
De tu Diamante (4) bello,
cuyos reflejos cada vez más brillan,
¡acuérdate!

3 Acuérdate de tu maravillosa Perla fina (5),
a quien tú conociste
tierno, débil y tímido cordero.
Mírale ahora fuerte, divinamente fuerte,
y conduciendo del Carmelo santo
al pequeño rebaño (6).
Hoy es ella la madre de tus hijas,
ven y conduce a la que tanto quieres…
Y, sin dejar el cielo,
de tu amado Carmelo
¡acuérdate!

4 Acuérdate de la oración ferviente
que un día formulaste por tu tercera hija (7).
¡Dios la escuchó!
Ella es, igual que sus hermanas,
un lirio que brilla sin igual.
Ya la Visitación la esconde y cela
a los ojos del mundo y su malicia.
Ama al Señor, y ya su paz la inunda,
su dulce paz y su quietud divina.
De sus ardientes
suspiros y deseos
¡acuérdate!

5 Acuérdate de tu leal Celina,
de la que fue tu ángel, como un ángel del cielo (8)
cuando en tu rostro de elegido insigne
se posó la mirada de la faz divina <9 y 10>.
Tú reinas ya en el cielo…,
su tarea a tu lado está cumplida,
y ahora (11) a Jesús consagra ella gozosa
su servicio, su amor, toda su vida.
Protege a tu hija,
que con frecuencia dice:
¡acuérdate!

6 Acuérdate también de tu Reinecita,
de la que fue «la Huérfana de la Bérézina» (12).
Recuerda que tu mano
en su camino incierto le fue guía.
Recuerda que en las horas de su infancia
para Dios conservaba su alma limpia.
De sus bucles de oro
que encantaban tus ojos,
¡acuérdate!

7 Recuerda que en la paz del mirador (13)
gustabas de sentarla en tus rodillas,
y en ellas, murmurando una plegaria,
con tus dulces canciones la mecías.
En tu rostro un reflejo del cielo ella veía
cuando, al mirar tus ojos
en el lejano espacio se perdían…
y de la eternidad
cantabas la belleza.
¡Acuérdate!

8 Recuerda aquel domingo luminoso:
unida a ti tu Reina,
en apretado y paternal abrazo,
le diste aquella florecilla blanca,
y con ella, el permiso de volar al Carmelo.
Recuerda, ¡oh padre!, que en sus grandes pruebas,
del más sincero amor pruebas le diste.
En Bayeux, luego en Roma,
le mostraste los cielos.
¡Acuérdate!

9 Recuerda que la mano del Santo Padre, en Roma,
sobre tu noble frente se posó;
mas no pudiste comprender entonces
el oscuro misterio doloroso
que aquel sello divino en ti imprimía…
Ahora tus hijas te alzan su plegaria,
y bendices tu cruz y tu dolor amargo.
En tu frente gloriosa
nueve rayos de cielo se iluminan,
¡nueve lirios (14) en flor!

 

NOTAS P 6 – PLEGARIA DE LA HIJA DE UN SANTO
Fecha: agosto de 1894. – Compuesta para: ella misma, en recuerdo de su padre (fallecido el 29 de julio). – Publicación: HA 98 (veinticinco versos corregidos). – Melodía: Rappelle-toi.
Primera poesía de Teresa para su uso personal y exclusivo. Durante las semanas que siguen a la muerte de su padre, hay un largo fluir de recuerdos, en medio de una gran paz (cf Cta 170). Teresa se encuentra con él en la oración y va hojeando con él el álbum familiar.
«Recuerda», «Acuérdate» es un término importante en su vocabulario, expresión de un temperamento apto para grabarlo todo de manera indeleble.
En esta poesía histórico-biográfica, pequeño exvoto en el santuario familiar, Teresa dedica una estrofa a los papás Martin, otra a cada una de las cuatro hijas, otra a sí misma, y termina con la pasión y la glorificación del señor Martin. No se trata de una simple evocación. el recuerdo se desdobla ya en una interpretación, como volverá a hacerlo pronto en su primer Manuscrito.
La desafortunada falta de sintaxis (se rappeller de), que irá repitiendo hasta el final, desfigura algunos versos [en el original francés, naturalmente]. En cambio, apenas hay «escoria» en esta meditación lírica, que fluye con soltura.
Un año más tarde, Teresa retomará la misma melodía y la misma métrica para un gran poema contemplativo en el que recuerda a Jesús todo lo que él ha hecho por ella (P 15).

(1) La señora de Martin había fallecido diez y siete años antes, el 28 de agosto de 1877.
(2) Sobre la certeza que tiene Teresa de que su padre está en el cielo, cf Ms A 82vº.
(3) Que María, la hermana mayor, sea la preferida de su padre no es un secreto para ninguna de sus hermanas.
(4) Sobrenombre que el señor Martin daba a María y que Teresa usa con frecuencia en las cartas que escribe a su padre.
(5) Sobrenombre que el señor Martin daba a Paulina.
(6) Inés había sido elegida priora el 20 de febrero de 1893.
(7) Leonia, entonces en la Visitación de Caen.
(8) Cf Cta 142, 161, 165 y Ms A 82rº.
(9) Para Teresa, el sufrimiento nace de una «elección gloriosa», de una mirada de la Santa Faz a una persona, una «mirada velada» (Cta 120, 127, 134, 140; Or 12), que imprime en ella la imagen del Siervo sufriente.
(10) [En el original francés, «glorieux»] que en el Ms A se aplica cuatro veces a la enfermedad del señor Martin (20vº, 21rº, 49vº, 73rº; cf Cta 83 y CA 27.5.6).
(11) Así pues, la decisión está tomada: Celina entrará en el Carmelo un mes más tarde: el 14 de septiembre.
(12) Dos sobrenombres que el señor Martin daba a Teresa.
(13) El mirador de los Buissonnets; cf Ms A 18rº y P 11, estr. 12 y 13.
(14) Dado que el cabeza de familia está ya en la gloria, todos los miembros de la misma están también potencialmente allí (cf Cta 173).

Teresa de Lisieux, Francia, 1873-1897
Resumen
Teresa de Lisieux, Francia, 1873-1897
Título del artículo
Teresa de Lisieux, Francia, 1873-1897
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Poemas de Teresa de Lisieux
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