Si un pequeño montón de tierra guarda

 

Si un pequeño montón de tierra guarda,
merced a Dios, el alma eterna y grande,
no halla un objeto igual a su deseo
ni encuentra paz en guerra tan continua.

Del albergue veraz cierra a sí misma
la puerta, y tanto baja cuanto sube;
y entre escaleras vanas y falaces
del laberinto humano, anda y delira.

No tiene el fin del hilo de la vida
pero trama y dispone, coge y suelta,
afloja y tira de su tela frágil.

Mas al deseo solo lo redime
de la niebla mortal que lo entorpece,
la fe en las cosas altas y divinas.

Solo escribo para aliviar el daño

 

Solo escribo para aliviar el daño
que suele al pecho enviar la luz del mundo
y no para alumbrar a mi sol bello
al claro espíritu y al honrado despojo.

Justa razón a lamentar me lleva,
a doler que su gloria yo decrezca;
con otra pluma y palabras más sabias
hay que a la muerte arrebatar su nombre.

La pura fe, el ardor, la intensa pena
todos a mí me excusen, que el gran llanto
es tal, que tiempo ni razón lo frenan.

Amargo lagrimar, no dulce canto,
foscos suspiros que no voz serena
no de estilo mas de dolor presumo.

 

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SCRIVO SOL PER SFOGAR L’INTERNA DOGLIA…

 

Scrivo sol per sfogar l’interna doglia,
Ch’al cor mandar le luci al mondo sole;
E non per giunger luce al mio bel Sole,
Al chiaro spirto, all’ onorata spoglia.

Giusta cagione a lamentar m’invoglia,
Ch’io scemi la sua gloria assai mi dole;
Per altra lingua, e più saggie parole,
Convien ch’a Morte il gran nome si toglia.

La pura fè, l’ardor, l’intensa pena
Mi scusi appo ciascun, che ’l grave pianto
E’ tal, che tempo, nè ragion l’affrena.

Amaro lagrimar, non dolce canto,
Foschi sospiri, e non voce serena,
Di stil no, ma di duol mi danno il vanto.

 

Rime, 1538.

Tan solo escribo para ahogar el llanto

 

Tan solo escribo para ahogar el llanto
que a mi pecho alimenta únicamente,
y no por añadir luz a mi sol,
que dejó en tierra tan preciados restos.

Justa razón a lamentar me empuja;
mucho me duele el reducir su gloria;
con palabras más sabias y otra pluma
quitarán a la muerte otros su fama.

Mi fe pura, mi ardor, mi interna pena
ante todos me excuse, que es tan grave
que no la enfrentan la razón ni el tiempo.

Un amargo llorar, no un dulce canto,
no voz serena, lúgubres suspiros,
no en estilo, en dolor me dan ventaja.

De mi sol claro, con la muerte ciego…

 

De mi sol claro, con la muerte ciego,
aquí miro doquier las dulces huellas;
ciego no; más allá de las estrellas
arde con luz más clara y vivo fuego.

Aquí vencido de mi amante ruego,
él me mostró sus cicatrices bellas,
y yo mis labios estampaba en ellas,
y las bañaba de mi llanto el riego.

Sus brillantes victorias me contaba
y el modo y la ocasión con la serena
faz con que abría la contienda brava;

de llanto rompo en dolorosa vena,
pues lo mismo que un tiempo me alegraba
me causa ahora inconsolable pena.

Vittoria Colonna, Italia, 1490-1547

Recuerdos de su esposo

 

De mi sol claro, con la muerte ciego,
aquí miro doquier las dulces huellas;
ciego no; más allá de las estrellas
arde con luz más clara y vivo fuego.

Aquí vencido de mi amante ruego,
él me mostró sus cicatrices bellas,
y yo mis labios estampaba en ellas,
y las bañaba de mi llanto el riego.

Sus brillantes victorias me contaba
y el modo y la ocasión con la serena
faz con que abría la contienda brava;

de llanto rompo en dolorosa vena,
pues lo mismo que un tiempo me alegraba
me causa ahora inconsolable pena.

Cuando el gran resplandor por el oriente

 

Cuando el gran resplandor por el oriente
levanta el negro manto de la noche,
y al hielo y sombra fría de la tierra
los disuelve y ahuyenta con sus rayos:

con las primeras cuitas, que mi sueño
mitigó dulcemente, ahora me oprime:
arroja sombra en todos mis placeres
cuando en todos los otros la levanta.

Así me fuerza la enemiga estrella
a escapar de la luz y amar lo oscuro,
a odiar la vida y desear la muerte.

Luce en los míos si a otros ojos ciega,
porque se abren las puertas, si los cierro,
a la ocasión que hasta mi sol conduce.

Al cardenal Bembo

 

¡Ay! ¡cuánto fui a mi sol, contrario al hado
que antes el numen con su rayo ardiente
no os encendió, para que eternamente
fuerais más claro vos, el más loado!

Con vuestro estilo noble y levantado
entre todos famoso y excelente
su nombre hubierais del ocaso a oriente
de la segunda muerte preservado.

¡Pudiese daros yo el ardor, que siento,
o vos a mí la inspiración suprema,
para cantar un mérito tan nuevo!

Mas al cielo dejamos descontento
vos porque no escogisteis ese tema,
yo porque de tal sol a hablar me atrevo.

¡Ay! ¡cuánto fui a mi sol, contrario al hado…

 

¡Ay! ¡cuánto fui a mi sol, contrario al hado
que antes el numen con su rayo ardiente
no os encendió, para que eternamente
fuerais más claro vos, el más loado!

Con vuestro estilo noble y levantado
entre todos famoso y excelente
su nombre hubierais del ocaso a oriente
de la segunda muerte preservado.

¡Pudiese daros yo el ardor, que siento,
o vos a mí la inspiración suprema,
para cantar un mérito tan nuevo!

Mas al cielo dejamos descontento
vos porque no escogisteis ese tema,
yo porque de tal sol a hablar me atrevo.

Vittoria Colonna, Italia, 1490-1547